Hola:
Se acordarán aún de Elenita, les conté con lujo de detalles la sesión que tuvimos luego de un cumpleaños. Pues una de sus amigas, Carlita, es una chica que no se lleva bien con los cursos pero con suerte pasó todos. Ahora le tocó llevar uno conmigo y valgan verdades, ella se esfuerza y logra aprobar con la nota mÃnima. Pero una pregunta subjetiva me permitió desaprobarla en un curso e iniciar conversaciones con ella.
Su padre fue mi jefe en una empresa donde trabajé antes y creo que no supo valorar mi trabajo porque me despidió. Felizmente ahora estoy muy bien y estoy seduciendo a su hija con algunos regalitos. Carla es más alta que yo y eso me hace imaginarla como una yegua salvaje a pesar de su carita de inocente ovejita. Su piel es clara, no pálida, y su cabello castaño.
A ver, ¿qué creen que le he visto que me ha llevado a planear una estrategia para llevármela a la cama? Su vocecita, su inocencia y sobre todo su par de tetas que veo a través de su escote y su culito que tiene la forma de una manzanita.
Ella siempre asiste a clases en minifalda lo que me provoca ver qué calzoncitos usa. Asà que preparé un maletÃn con una cámara de video dentro de él y me decidà a filmarle su ropa Ãntima. Además para esta ocasión conversé antes con MartÃn, un guardián de la facultad, para que me ayude a comunicarle el mecanismo de aprobación del curso que tenÃa reservado para la ricotona de Carlita. Él habÃa quedado con una alumna para que le cuente una ficticia experiencia el año pasado en la cuál le habÃa colocado la calificación necesaria para aprobar pero a cambio de una hora de sexo oral en mi casa.
Vayamos a la fecha tan esperada. Llegada la entrega de notas parciales fui entregando uno por uno mientras iban saliendo del salón, le entregué primero a los amigos de Carla para que fueran los primeros en salir del aula y luego de entregar treinta y cuatro exámenes le tocaba el turno a mi futura comidita.
- Señorita Carla. la llamé. – Usted ha obtenido una calificación desaprobatoria en este examen.- Pero profesor. – me dijo con voz de rogarme que la ayude. – No entiendo los temas del curso, es que no les presto mucha atención porque no son mi rama de Derecho. Yo voy a la parte penal, no civil. – Carla, este curso es obligatorio y lo mejor es que de una vez te liberes de él. M- Profesor, yo me voy a esforzar y de seguro que aprobaré aunque sea con once.
Al ver que ella no estaba asustada utilicé mi semblante más serio y le dije con lentitud:
- Tú no vas a aprobar mira tus notas, no te alcanza.
Allà ella hizo algunas sumas mentales y realmente me di cuenta que ni revisaba las notas de ese curso. No le interesaba en lo más mÃnimo. Yo le habÃa cambiado un dieciocho por un once y ella no se daba cuenta. Coloqué la planilla de notas a mi derecha para que ella se empinara a ver las notas. Sutilmente empujé el maletÃn por debajo de sus piernas para grabar su ropa interior. Fueron minutos en los que tenÃa cerca de mà sus senos, sentÃa el aroma de un perfume que se habÃa echado en el pecho. Pero casualmente ese olorcito provenÃa también de más abajo, se lo habÃa echado en sobre su pubis.
No me aguanté las ganas de ver su interior y la dejé con la planilla para que revise bien sus calificaciones. Cogà mi maletÃn y me fui al baño a ver la imagen de su entrepierna. Llevaba una tanguita blanca, con estampado de corazoncitos. Qué dulzura de mamacita. Se le veÃan las nalgotas y sus piernas de leche, blancas y grandes. Vi a MartÃn revisando las puertas de las aulas vacÃas, le dije:
- MartÃn, ya tengo a Carla en el salón, manda a la chica que dices. Rápido pues varón, jajaja. Que se me va ese culito.
Él llamó por celular a una chica y le dijo que viniera en ese instante. Le pagué a MartÃn por su colaboración y le dejé un billete más para la chica que habÃa contactado.
La vi subir p
or las escaleras, y al ver a MartÃn le hizo una seña preguntándole por el salón al que tenÃa que entrar. Justo esta en la puerta del Z-202 y MartÃn le indicó que allà debÃa entrar. Yo entré por la otra puerta y encontré a las dos chicas conversando. Asà que cogà una revista y empecé a hojearla. Le dije a Carla que por favor se apresurase en revisar su examen, para darle presión y lograr que tome una decisión sin pensarla tanto.
Noté que la chica le decÃa a Carla que ella habÃa llevado el curso el año pasado y con su mano le hizo el ademán de que agarraba un pene y se lo metÃa a la boca. Carla se tapó la boca con ambas manos, en una expresión de sorpresa y me miró asustada. Yo mantenÃa mi mirada seria haciéndome el desentendido.
La chica se fue y Carla permanecÃa sentada. De pronto se puso de pie, se acercó despacio a mi escritorio y me preguntó:
- Profesor, ¿Si doy el examen oral?
Me sentà en la gloria Carla habÃa accedido a chupármela y no sabÃa que en mi casa luego de unas copas terminarÃa abierta de piernas sobre mi. La miré a los ojos, y le dije:
- Está bien Carla, vamos en mi auto.
Ella cerró los ojos, y luego miró al techo. Buscaba la respuesta a lo que estaba haciendo.
- Vamos. – le dije.
Y empujándola suavemente por la parte baja de la cintura, la conduje delante mÃo hasta la puerta del salón y luego hasta el estacionamiento del primer piso. Marqué mi salida del campus y llamé a Carlita. Ella permanecÃa mudita, sólo asentÃa con la cabeza. Salimos en el auto y tomé una vÃa rápida a un hotel que está a dos cuadras, como tenÃa un vino en el auto pensé en acelerar las cosas porque esta chica ahora estaba algo nublada y aprovechar esa circunstancia era la clave de una noche de pasión inolvidable.
Llegamos al hotel y no tenÃa estacionamiento discreto. A plena luz del dÃa salimos del auto y en la puerta le dije:
- Carla, esto va a ser rápido, deja todo en mis manos.
Ella volvió a asentir con la cabeza. La noté triste y dejé de mirarla porque sino iba a ser imposible para mà follármela como a una perra que es la forma en la que me gusta poseer a las jovencitas con las que consigo tener relaciones sexuales.
Vi autos de otros profesores pasar por la avenida y algunos alumnos caminando. Pero me dio la gran sinvergüencerÃa y querÃa mostrar a todos el lomazo de hembra que me estaba llevando a la cama. Ella si estaba algo sonrojada e incomoda, y yo con el celular hacÃa como que leÃa mensajes. Hasta que ella me dijo:
- Ya, entremos. – Ya, mi amor. – le respondÃ. – No te apures.
Entramos y la señorita que atendÃa me miró con cara de odio, sabÃa que me la chica que estaba conmigo no era ni mi esposa, ni mi novia, ni mi amiga. Se notaba que era una alumna varios años menor que yo y que estaba nerviosa. Le pedà las llaves de un cuarto. Me dio las de un cuarto barato y no se las acepté. Le pedà la mejor suite del hotel. Carla esbozó una sonrisa, sintió vanidad de saber que para mà ella no era cualquier chica. Asà que aproveché para decirle: – Tú me gustas Carla. Perdóname por hacerte esto, pero deseo tu cuerpo.
Y la besé. Ella sollozó un poco. Yo tenÃa ya la llave del cuarto en mi mano y le dije que vaya avanzando. Le di las llaves a ella y me fui a traer el vino que estaba en el auto. Al regresar entré al cuarto y la encontré mirándose al espejo, se habÃa lavado la cara, estaba sin maquillaje. Me acerqué detrás de ella y la abracé.
- Carla, ves mi vida, te ves hermosa.
Desabroché su blusa.
- Mira tus senos, ¿no son perfectos? ¿Qué más puedo desear yo que besarlos y tocarlos?
Sentà que sus hormonas estaban desplazando a su razón. Y más aún cuando se dejó caer hacia atrás pegando sus nalgas a mi pantalón. Y empezó la pasión entre los dos. Besé su cuello y terminé de sacarle la blusa. Su espalda estaba cubierta por su cabello castaño lacio. Lo hice hacia un lado y besé su espalda desde la nuca, hasta su cintura. Jalé su faldita hacia abajo pero estaba abrochada, ella solita la desabrochó. Y vi el calzoncito con los corazoncitos. Y besé su culo sobre el calzoncito. Ella se reÃa, sintió cosquillas. Sopl&eac
ute; sus nalguitas y apliqué todos los juegos que sé que recibÃan con placer las chicas de su edad. La palpé bien y le di unas tanditas. Viendo su potito firme moverse todo junto, estaba tan durito. Le dije:
- Carlita, que rico culito tienes, mamacita. ¿Vas al gym? – Corro en las mañanas y hago aerobics en mi casa. – Me respondió, presumiendo su manjar de carnes. Y tus piernazas, te deseo toda Carla. Toda y la puse frente a mÃ, frente a frente. Miré sus ojos con lujuria e hice que me mire mientras observaba sus pezoncitos remarcados sobre el brasier y un punto de humedad marcado en su calzoncito.
- Qué rica eres Carlita, te has excitado para mÃ. Ven tómate este vino para que te desinhibas y de una vez hagas lo que has venido a hacer para irnos.
Totalmente cÃnico, porque yo la querÃa tener horas de horas.
Ella tomó mucho vino de un sólo trago. Y cogiéndola de una mano y de la cintura hice la maña de bailar con ella. Frente a un espejo viendo sus caderas moverse. Mientras más la movÃa noté que ya estaba haciendo efecto el vino. Le eché sobre la cama y le dije: – No vamos a tener sexo pero te voy a sacar toda la ropa.
Le saqué el calzón y se lo puse en una mano. Le dije:
- Mira, tal vez tú no quieras hacerlo ahora pero tu vagina dice otra cosa.
Saqué su brassier y se lo puse en la otra mano. Le besé los senos. Ambos pezones y toda la redondez de sus tetas. Dejándolas mojadas con mi saliva. Me dirigà a su vagina y le hice una rica sopita, el sexo oral a ella. Lamiéndole el clÃtoris, y besando sus labios vaginales. Le sobé su conchita rica y miraba su carita de placer.
Cuando noté que su conchita me contaba lo excitada que estaba me fui rápido cerca de su cabeza, al otro extremo de la cama y le mostré mi boca entreabierta. Sin palabras le dije que abra su boquita. Ella obedeció y acerqué mi pene sólo un poco. Ella estiró su cuello para alcanzarlo y yo lo retiraba. Estábamos en el juego en que ella quiere chupármela y yo no le dejo. Hasta que noto mi pene bien erecto y se la emboco.
Estaba parado al borde de la cama y allà tenÃa tendida a una hembrasa chupándomela. Ella me mamaba la verga, chupaba y chupaba. SentÃa el sonido de sus chupadas y el placer en mi glande y a lo largo del falo. Ella soltó sus prendas Ãntimas y dirigió sus manos a su zona vaginal. Se estaba masturbando. Que escena tan erótica verla chupándomela y buscando placer en su conchita.
Miré la botella de vino aún por la mitad la cogà y le dije que tomara más. Ella aún con la boca abierta recibió todo el resto de la botella. La cargué. Ella estaba trepada en mÃ. Yo la cogÃa bien de su culito y le iba jugueteando la vulva y el anito. Ella tenÃa su cabeza sobre mi hombro derecho. Era toda una yegua, pesaba mucho pero era mi trofeo sexual.
La encajé aún cargada sobre mi pene. Y asà trepada en mà empecé a penetrarla mientras ella daba pequeños saltos. Empezó el coito rico que sólo una veinteañera te puede dar. Que delicia sentir su piel suave y su concha caliente. Todas las hormonas revoloteando dentro de ella y su cuerpo que se deja llevar por el mÃo.
Rico me hacÃa sentir sus apretones aunque era incómodo tenerla cargada. El placer me daba la fuerza para cargar tremenda potra. Le dije:
- Bebita, a la camita.
Ella sonrió, ya era mi hembrita. Estaba gozando conmigo. Me recliné sobre la cama pero su peso me venció y caà de espaldas en el colchón, ella sobre mà sus mangazos firmes frente a mÃ, su cara de tierna pasó a la de una ninfómana. Y fue ella la que empezó a cabalgar sobre mÃ. Meneando sus caderas y apoyando sus manos sobre mi pecho. Yo le cogà las tetas, le jalaba los pezones. No descuide su colita que acariciaba con lujuria. Era un monumental rabo, en el espejo veÃa su rabo blanco asfixiando a mis testÃculos, y dando saltitos la muy putita.
Fue un golazo llevar a esta chiquita a la cama, se mueve bien, está rebuena y es una nenita. Le dije que me venÃa que se la tome y ella obediente cogió mi pene con su mano y me la mamó, se tomó mi semen.
Lo dejó caer sobre las sábanas. Ella se paró sobre la cama y con las piernas separadas me mostró su vagina, me dijo:
- Mira, la tengo húmeda. ¿Te gusta? – Si mami, es rosadita y tus labios hinchados me vuelven loco.
Ella se vol
teó de espaldas a mà y acercó sus nalgas a mi cara, tapándome la cara. Le cogà las nalgas con las manos y le lamà el anito y la conchita. Mi dedo se internó en su abertura anal explorándola y sintiendo el calor de su cuerpo.
Ya con la erección recobrada, ella se inclinó hacia delante y empezó a chupármela yo le correspondà y quedamos en un rico 69, con mis manos en sus piernas y culo y su boca en mi pene. La estaba haciendo mÃa.
Ya era mucho placer oral y querÃa volver a penetrarla. Ella misma vino hacia mà y me besó. Yo le acariciaba la cinturita. Y ella meneaba su cola, esta hembrita estaba con el instinto a flor de piel. Pidiendo más fricción.
La coloqué en cuatro al borde de la cama, para acomodarla la manoseé como quise. Le agarré las piernas, las tetas. Las caderas, y junté sus rodillas. TenÃa la manzanita frente a mÃ, perfecta y bella. Bajo sus nalgas se encuadraba un hermoso rosoncito, era su conchita húmeda, sus labios separados y pegados a los bordes delataban mi penetración cuando la habÃa cargado.
Asà con la presión ideal, de sus rodillas juntas. La fui penetrando trepado sobre ella. Impactando sus nalgas en cada embestida. Me dediqué a hacerla gozar como perrita, en cuatro patitas, viendo su ano contraerse de placer, su cabello agitándose, su tremendo culo meneándose en la pose que es mi favorita. Siento que la someto y su expresión de placer me excita más. Verla a ella entregada a mi satisfacción, sus genitales mojaditos con lo mÃo ensartado dentro de ella. Tan jovencita y tan putita.
- Toma Carlita, recibe mi verga. – Mmmm, dámela todita. – Toma mi nenita. Cómo me gusta tu culo.
PoseÃda por la pasión ella empezó a responder mis embestidas y dejé que ella haga todo solita. Se movÃa y masajeaba mis huevos y principalmente mi pene. Era la hembra que tuve en sueños húmedos, hambrienta de sexo y colaboradora.
Su conchita exprimÃa mi pene de una forma única, y su olorcito a perfume se iba volviendo un olor a sudor, sus jugos me empapaban todo el pene. Me excitaba cada vez que la penetraba y mi pene salÃa mojadito dentro de su cuevita rica. Allà entre sus piernas que habÃa abierto para mÃ. No soltaba sus caderas mientras le metÃa cada vez más al fondo mi verga, tenÃa que aprovechar esta primera vez que caÃa Carlita, tal vez nunca más habrÃa una oportunidad con ella.
Sus movimientos y su ritmo no se detuvieron hasta que la abracé para eyacular. La abracé y la penetré profundo cuando sentà que me venÃa. Mucho semen salió de mi pene. Estaba satisfecho de follar a Carla. Ella estaba algo adolorida, en esa última pose habÃa forzado mucho a su vagina.
- Te portaste bien princesa.
Le di unas suaves nalgadas y le dije para irnos.
Fueron tres polvitos deliciosos con Carlita. Quedé cansado y echado en la cama veÃa su hermosa figura, ella vistiéndose solita, acomodando su ropa interior a su cuerpo. Creo que nunca la habÃan llevado a un hostal porque no se bañó. No me importó porque preferÃa su olor a sexo en el auto que tenerla limpia.
Me cambié, y asà vestidos la besé y manoseé a mi gusto. Apretándole las nalgas. Le dije que habÃa estado fabulosa. Ella se dejaba tocar, y sonreÃa.
- Vamos ya. – Le dije.
Fuimos al auto y le dije que la dejarÃa cerca a su casa. Ella me pidió que la dejara cerca de la universidad porque la recogerÃa un amigo suyo. Le dije:
- O sea que lo que hoy me invitaste tiene dueño. – No, en realidad mi papá me va a recoger.
No le respondà nada en el camino. Pero al divisar a lo lejos el auto de su padre ella me dijo que me detuviera por allà no más. Me hice el que no escuché y aceleré hasta detenerme al lado del carro. Su hijita bajaba de mi auto recién follada y bien atendida. Sin maquillaje, sudadita.
- Hola hermano. – lo saludo. – Nos vemos. – Hola. – me responde.
Termino este relato con un pseudo refrán. No hay que tener resentimientos con nadie. Por salud mental. Gracias a Carlita y sus dotes en la cama yo ya no tengo resentimientos con mi colega…
Pregunto, ¿Después de cepillarme una hembrita asà no merezco su aprobación?…Entonces gracias por sus votos…
Autor: FranzBec3
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