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Follando con mis hijas

6 de abril de 2009

Me chupaban la verga como un par de expertas, y me ofrecían su coño para que con mi lengua recorriera y le prodigara placer, creo que fue producto de las ganas y de tanta pasión reprimida que me corrí muy rápidamente, y ellas se tragaron toda mi leche, pero a pesar que me había corrido mi verga no quería perder su erección lo que ellas aprovecharon para seguir chupándomela.

Mi nombre es Carlos y tengo 43 años, casado hace 22 años, y con tres hijos, un par de morochas que han cumplido 21 años y un varón que tiene 15. Nunca pensé contar mis experiencias sexuales, pero el leer algunos relatos me ha animado a compartir una de mis experiencias que he disfrutado con los dos últimos años y han sido espectaculares.

Como les conté anteriormente tengo tres hijos, dos de las cuales son un par de morochas de 21 años, las cuales me han dado la dicha de disfrutar del sexo de una manera como nunca lo imaginé, este relato es un poco largo, pero quiero contarles como pasaron las cosas y no decirles que de repente me estaba cogiendo a mis hijas.

Todo comenzó cuando ellas estaban cumpliendo sus 18 años, estaban entrando a la edad adulta, se estaban graduando de mujer, pues estaban entrando a la etapa en la que empiezan a emanciparse de la tutela de nosotros, y creían que ya eran dueñas de su propio destino, y vaya que si.

Mary, mi esposa, es la auditora de la compañía para la cual trabajamos los dos, y este fin de semana del mes de julio, tuvo que ir a otra ciudad a adelantar una auditoría no programada debido a los rumores de malos manejos por parte del gerente de esta sucursal, así que una vez terminado toda la celebración del cumpleaños de nuestras hijas la llevamos al aeropuerto para que pudiese llegar temprano a realizar su trabajo.

Era sábado y como era mi costumbre salí temprano para la oficina para adelantar trabajo de la semana siguiente, y le había dicho a las nenas que llegaría tarde ya que aprovecharía el día, esto fue lo que les dio confianza a mis hijas para que estuvieran tan despreocupadas haciendo lo que estaban haciendo.

Eran como las 2 de la tarde cuando recibí una llamada de mi esposa, me llamaba para que le enviara una información que precisaba, pero esta la tenía en el PC de nuestra casa, así que tuve que ir para poder enviarle la información que requería con urgencia, llegué a casa y noté que estaba en silencio, al parecer las nenas habían salido así que me dirigí al estudio a buscar lo que se me había pedido, al estar esperando que el ordenador terminara de cargar, escuché unos ruidos que provenían del segundo piso, y decidí ir a averiguar que era mientras el PC terminaba su labor de cargue.

Me dirigía instintivamente a mi alcoba, pero al pasar por el cuarto de mis hijas noté que la puerta estaba entre abierta y los ruidos provenían de allí, pero ya los ruidos eran más claros y esto me desconcertó, eran gemidos de placer, pensé que una de mis hijas estaría teniendo sexo con su novio, así que empujé la puerta lentamente esperando no hacer ruido para descubrir in fraganti a mi hija y darle su reprimenda, pero cual no sería mi sorpresa al ver lo que estaba sucediendo en la habitación, mis dos hijas estaban teniendo una relación lésbica, las vi una encima de la otra en un 69 dándose placer mutuamente, este día pude apreciar con detenimiento en el par de hembras en las que se habían convertido mis hijas.

Me quedé unos pocos instantes viéndolas, contemplando esos cuerpos jóvenes y libidinosos, cuerpos que hasta este día habían estado ocultos a mis mejores fantasías sexuales, pude ver ese par de tetas que cada una tenía y pude ver esos coños afeitados que eran deliciosamente recorridos por la lengua de cada una de ellas, no se porqué no dije nada o hice algo para que ellas notaran mi presencia, solo entrecerré nuevamente la puerta de tal manera que pudiera ver lo que ellas estaban haciendo y que no me descubrieran, estaba ensimismado contemplando como mis hijas se prodigaban placer que solo el ruido de la moto de mi hijo me sacó del trance en el que me encontraba y regresé a pasos agigantados al estudio, como si fuera un chiquillo que no quisiera ser descubierto haciendo algo indebido.

Cuando Raúl entró a la casa, ya estaba en el estudio, no se si se dio cuenta de mi agitación, pero me saludó y se dirigió a la cocina, y 10 minutos más tarde bajaban mis hijas y se sorprendieron de verme en la casa y me preguntaron que desde cuando estaba, les contesté que acababa de llegar prácticamente con Raúl, no supe porque les mentí, solo me vi tratando de ver tras las pijamas que se habían puesto esos cuerpos que hacía unos instantes había contemplado en plena faena.

A partir de este día mi vida se convirtió en una tortura, y solo en algunas noches Mary era la que recibía mis descargas furiosas cuando llegaba a la casa y con mi mente afiebrada de tantas fantasías que habían empezado a aflorar después de descubrir lo que había descubierto, y me atormentaba el pensar que mis hijas fueran lésbicas a pesar que tenían novio y eso echara a perder lo que hasta ese momento no había pasado por mi mente y ahora me estaba volviendo loco, cogerme a mis dos hijas.

Empecé a idear un plan para poder seducir a mis hijas, regresaba sorpresivamente a casa y en silencio con la esperanza de volver ver a mis hijas en sus faenas sexuales, lo cual conseguí algunas veces y esto hacía que crecieran aún más mis deseos. Un fin de semana invité a la familia ir a la playa, esto sonó como algo normal, pero mi intención era poder contemplar a mis hijas con poca ropa y el vestido de baño era la mejor excusa, así podría contemplarlas y recrearme.

Ya en la playa Mary dijo que quería disfrutar del sol y aprovecharía para broncearse y Raúl se dedicó a atender a su novia y los novios de mis hijas no habían podido venir, bueno, esto lo había planeado para que sucediera de esta manera, así que ellas me invitaron para que entráramos al mar, y ya con mis intensiones muy bien definidas entré con ellas y las llevé a la parte más profunda posible y donde el oleaje era un poco fuerte, para empezar con mi plan de conquista, esperaba que me diera resultado.

Aprovechando que el mar estaba un poquito movido y era una parte un poco profunda, yo aprovechaba en cada ola tocarlas como el que no quiere la cosa, procuraba hacerlo desprevenidamente para que ellas no descubrieran mis verdaderas intensiones y se formase un problema, y fue así, como con cada movimiento de las olas les rozaba las tetas con mis manos, o les tocaba la cola, y cuando ellas se me abrazaban para soportar las olas les acercaba mi verga.

Todo parecía normal hasta ese momento, hasta que empezó el mismo juego por parte de ellas hacia mí, al principio creía que ellas no habían notado mis verdaderas intenciones, pero que equivocado estaba y a partir de este momento empecé a vivir una de mis mejores experiencias sexuales.

Ellas empezaron a rozar mi verga con sus manos y cuando yo le acercaba mi verga en sus abrazos de auxilio ellas empezaron también a restregarme sus coños de una manera muy tímida al principio, pero descaradamente cuando cada uno descubrió el juego del otro.

Estaba descubriendo que era cierto que a las morochas las unía algo más que ser hijas de los mismos padres, compartían los mismos gustos y juegos, ya después de un par de horas de estar en este juego en el que no me atrevía a dar el paso definitivo, María José, Una de las morochas me abrazó por detrás apretando sus tetas contra mi espalda y empezó a besar mis orejas por detrás y con sus manos acariciaba mi pecho, y quedé petrificado ante esta osadía de mi hija, pero no estaba preparado para lo que vino después, Carmen, se me plantó delante y extendió su mano hacia mi verga y la agarró, y me la apretó suavemente, y escuché la voz sensual de María José que me decía al oído, ¿Te gusta así papá?

Al principio no supe que responder entonces Carmen fue más directa y metiendo su mano entre mi bóxer empezó a sobarme la verga y me espetó, ¿esto es lo que quieres o deseas algo más de nosotras? debo reconocer que mi corazón latía a millón y no encontraba palabras para contestar solo quería disfrutar lo que estaba sucediendo en este momento, instintivamente extendí mis manos hacia las tetas de Carmen que era la que tenía de frente y empecé a acariciarlas, a eso María José también bajó su mano hacia mi verga para acariciármela.

Estuvimos así unos instantes que a mi me parecieron eternos y no quería terminarlos, pero no quería que fuésemos muy evidentes así que les dije que saliéramos un rato a la playa y habláramos con tranquilidad.

Ellas asintieron y me acompañaron hasta la carpa donde se encontraba Mary dormitando mientras el sol hacía su trabajo de broncearle su piel, nos sentamos a una distancia prudencial donde pudiésemos hablar sin que Mary nos escuchara, fue en esta conversación que les conté lo que había visto en la casa aquel sábado y mi preocupación por que fueran lesbianas.

Ellas me confesaron que ese día se angustiaron porque no sabían si alguno de nosotros las había visto y me dijeron que a pesar que ellas se complacían sexualmente eso no significaba que no desearan tener sexo con hombres y que ahora lo deseaban tener conmigo, yo quería morbosamente saber si ellas tenían sexo con sus novios y me contestaron que solo habían llegado a las caricias, pero que no había penetración que ellos solo le acariciaban sus tetas y coño y ellas le hacían unas pajas de antología, pero que no se habían puesto de acuerdo para tener sexo real.

Esto me alegró un poco, pues no me hacía a la idea que mis hijas se acostaran con sus novios, una vez confesados mutuamente empezamos a hacer planes para tener un encuentro sexual y dar rienda suelta a nuestros deseos, especialmente el mío que veía como se me podía hacer realidad este deseo que me estaba atormentando los últimos meses.

Fue así como convinimos aprovechar la próxima salida de Mary a una auditoría de rutina, para dar rienda suelta a nuestros libidinosos deseos, no tuvimos que esperar mucho, Mary el miércoles siguiente tuvo que salir a adelantar el entrenamiento de una nueva empleada de la compañía y Raúl viajaba a la capital a presentar los exámenes para ingresar a la universidad.

Llegado el tan esperado miércoles, me excusé en la oficina y me dirigí a casa donde sabía me esperaban mis dos hijas, ellas estaban hermosas, cada una con un traje muy sensual y provocativo, el solo verlas así hizo que mi verga se me parara y deseaba escapar de los bóxer que los detenían, era tanta esta presión que empezó a dolerme, una vez dentro, las abracé y empecé a besarlas y a acariciarles sus tetas y sus coños, ellas acariciaban mi verga y correspondían a mis besos, no podía esperar más y las tumbé ahí en la sala, sobre la alfombra.

María José me quitó la camisa mientras Carmen me quitaba los pantalones cuando mi verga estuvo liberada de la prisión en la que se encontraba y quedó a disposición de mis hijas ellas me enseñaron todo lo que habían aprendido viendo películas porno y lo que sus novios le decían.

Fue increíble todo lo que hicimos ese día, como le dimos rienda suelta a nuestra pasión, y como me desfogué con ellas de ese deseo que me había venido atormentando últimamente.

Me chupaban la verga como un par de expertas, y me ofrecían su coño para que con mi lengua recorriera y le prodigara placer, creo que fue producto de las ganas y de tanta pasión reprimida que me corrí muy rápidamente, y ellas se tragaron toda mi leche, pero a pesar que me había corrido mi verga no quería perder su erección lo que ellas aprovecharon para seguir chupándomela, y acariciarla y mientras yo me entretenía con sus coños, besándolos, y buscando su clítoris hasta que ellas tuviesen un orgasmo.

Después de un rato las acosté boca arriba y empecé a chuparles sus tetas y con mis manos a acariciarles sus coños, ellas apretaban sus piernas cuando les metía los dedos dentro de sus cucas que ya estaban lubricadas por mi saliva y sus jugos, sentía como se retorcían de placer bajo mis caricias, aquí puse en funcionamiento mis años de experiencia.

No recuerdo en que momento empecé a penetrarlas, sólo recuerdo que una vez le introduje mi verga, bombeaba con tanta furia que parecía que el alma se me iba a escapar, ellas pedían más, a cada instante, mientras le enterraba mi verga a una, la otra se las ingeniaba para lamer mis huevos y mi verga cuando entraba y salía del coño.

Esta fue una tarde de explosión y de rienda suelta, mis hijas habían aprendido muy bien, tenían la teoría, pero conmigo estaban ejecutando la práctica y que práctica.

Después de esta tarde nuestros encuentros sexuales se hicieron más frecuentes y aprovechábamos cualquier oportunidad para hacerlo, a veces los tres o a veces con una de ellas, ya han pasado dos maravillosos años, los he disfrutado al máximo.

María José se casa a final de año, pero ella me ha prometido que sacará tiempo para venir a casa y disfrutar del sexo conmigo y Carmen, esto me pone un poco triste y celoso pues hubiera querido tenerlas solo para mí, pero bueno así es la vida, pero con su promesa se que seguiremos haciéndolo por mucho tiempo más.

Autor: Carlos

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Follando con mis hijas, 8.0 out of 10 based on 15 ratings
  
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3 comentarios »

  1. regalometro dice:

    no te creo una palabra de lo dicho

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  2. firenan dice:

    Esa misma declaracion leo varias veces en diferentes comentarios
    amigo regalometro te han pedido un comentario sobre el relato
    que seas creyente o no es asunto solo tuyo .ahora sobre el relato entretenido ,si,SI NO NO LO HUBIERA LEIDO TODO EL REGALOMETRO JAJAJA MEJOR PONTE ALGUNOS RELATOS TUYOS PUES REGALITO. AL MARGEN DEL TEMA O SI ES VERDAD O NO EL RELATO ESTA BIEN HECHO.

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  3. kanzaki_hitomi dice:

    buen relato

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