G, primera vez en su hermoso culito

G era mi novia, delgada, 1.60 de estatura, senos pequeños pero firmes y unas nalgas que antojaban profanarlas por el medio. En ese tiempo yo contaba con 27 años, ella 24.
Pertenecía yo a un cuerpo de rescate y atención prehispitalaria, daba clases de primeros auxilios y, para liberar el estrés, me movía en bici por la ciudad y alrededores. Mi cuerpo en excelente condición física.
Ella recién salida de la facultad de medicina, trabajando en un hospital y dando clases en una preparatoria de la localidad.
Nos conocimos durante una semana en la que se enseñaban primeros auxilios, tecnicas de evacuación y de aeguridas en general, al término de la semana se hacía un simulacro de desastre para evaluar lo aprendido.

Ella salía de una relación de varios años, dónde se prometieron, y cumplieron hasta ese momento, llegar vírganes al matrimonio, pero llegué a su vida y todo cambió.

Nos hicimos novios en la siguiente semana, los primeros escarceos fuerin deliciosos, pero no pasaba a más. Al primer mes, saliendo de cenar, regresamos en auto a su casa, me pidió parar y platicar, a los minutos las manos de ambos viajaban por la piel del otro, la ropa fué retirada, estábamos en el asiento posterior, empezó a llover intensamente, mi lengua empezó su recorrido por todo su cuerpo, mis dedos jugaban con sus pezones, mi boca iba por sus muslos y me dispuse a comerme esa vagina virgen. Empecé pof besarla, separando sus hinchados labios, ella se estremeció cuando mi lengua empezó a lamer su clítoris, sus jadeos eran intensos, hasta que de su boca salió un gemido más alto al tiempo que su espalda se arqueba y sus manos apretaban las mías, y yo seguía comiendo ese manjar, un minuto o dos después su cuerpo se relajó.

Sus mirada vidriosa, las pupilas dilatadas, lo hinchado de sus labios vaginales pero, sobretodo, lo hermoso de su sonrisa, decían de aquel orgasmo, aquel hermoso e inolvidable primer orgasmo.

La cubrí con mi cuerpo, la abrigué con mis brazos y, mientras la besaba, ella derramaba lágrimas soterradamente. Nos vestimos y calladamente fjimis a su casa, al llegar me dió las gracias por los momentos anteriores.

La siguiente semana me presentaría ante su familia, llegamos temprano, en ese momento llamó su madre a su celular diciendo que su padre quería aplazar el hecho, por lo que, llevaría a la familia al cine y, eso, nos daría unas horas a solas en su casa.

Los besos llevaron a las manos, que llevaron a quitarnos la ropa, ahí, en su sala, le hice un oral delicioso, acostada en el sillón, la coloqué en cuatro y la volví a comer, ahora hasta el culito. No hubo rincón sin explorar, hasta que se corrió, vaya que se corrió, dejando mojado todo el piso.

Pasó el tiempo, conocí a la familia, sienso rechazado por la madre. 

Un día, teniendo unos seis meses de relación, una mañana escapamos a mi casa, el almuerzo sería el pretexto, nomás cerrar la puerta y nos fuimos a las manos, rapidamente la ropa estuvo por el suelo, hacíamos un delicioso 69 y sin previo aviso, se corrió en mi boca. Minutos después, con calma me dice “amor, es tanto el placer que me das, con tus manos y boca, que quiero agradecerte dándote mi virginidad…”

Me excité de inmediato, pero había que prepararla a ella, así que mi boca entró en franca lucha contra su vagina, esa rica y jugosa vagina. Poco a poco la fui llevando a la cama, dónde la lid sería completa. Al tener otro orgasmo, sin decirle nada, levanté sus piernas, las abrí y deslicé suave, pero sin pausa, mi pene dentro de ella, solo gimió fuerte y cerró los ojos al tiempo que sus uñaa se enterraban en mis manos. 

El movimiento era suave, constante, ka sacaba hasta la punta y la metía de nuevo, empujando cada vez más hasta el fondo, sentía el cuello del útero en mi glande, ella gozaba, decía mi nombre una y otra vez, enterró más las uñas cuando un orgasmo fuerte le llegó, hice más suave mi movimiento hasta que aflojó el cuerpo.

Notó que aún no terminaba yo, me pidió seguir, la puse en cuatro, suavemente la penetré y duramos unos minutos más, un orgasmo más la llenó y, entonces, sin pensarlo me salí de ella, apoyé mi pene el el surco, lo tomé con mi mano y bajé entre sus nalgas, al sentir el hueco solamente arremetí, li sentí más estrecho, dolía un poco al entrar la cabeza pero la lubricación de su sexo bastó para, con un poco de fuerza, se fuera lento hasta el fondo. Ella solo arqueó la espalda y bufó, sin pensar que estaba dentro de su culito pregunté ¿ahora dime, amor, lo quieres suave o fuerte? Respondió “suave, sé gentil, es mi primera vez en ambis lados”, eso me hizo reaccionar, mientras me movía dentro y afuera observé sus nalgas, separadas, y mi pene entrando y saliendo de ese culito recién abierto.

Poco a poco los movimientos se hicieron fuerte, ella solo pedía más, yo tenía que contenerme lo más posible, alargar el fin por más tiempo, pero no fué mucho, en menos de cinco minutis le estaba llenando el culo con semen y ella tenía un orgasmo largo. Caímos en la cama, yo arriba de ella, sin movernos, apoyado en los codos para no sofocarla, hasta que se achicó y salió sola.

Otra vez lloraba en silencio, me confesó que nunca había pensado que el culo pudiera darle tanto placer.

Dormimos hasta media tarde, cuando repetimos todo el ritual, nis bañamos, cenamos y la llevé a su casa. Desde ese día, y por tres años, cada fin de semana nos amábamos en mi casa, a veces entre semana y, en pocas veces, en casa de sus padres.

Hoy, pasados 20 años, nos hemos visto de nuevo, platicamos de nuestras vidas, ambos divorciados, con hijos. Le invité un café, lo rechazó diciendo que iba tarde, pero que el sábado podría almorzar en mi casa si la invitaba. Es sábado temprano y ya avisó que viene en camino…

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