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Grandes tetas

6 de marzo de 2009

Me dirigí rápidamente a la última pieza del patio, ella, dejó el lavado, entró a la casa y como a los cinco minutos sale con dirección a la última pieza. Al llegar, yo trato de cerrar la puerta, pero ella me dice que no. Se apoya contra la pared y de levanta la polera, sorpresa mía que ya venía sin sostenes. Desesperado se las empiezo a chupar mientras ella me acaricia el pelo.

Viajé a Santiago a continuar mis estudios universitarios. Me costó mucho conseguir un lugar donde quedarme, ya que quería algo cerca de la universidad, pero ya todo estaba copado. Me interesaba un departamento, pero al no encontrar ninguno, me tuve que buscar una pensión. Un compañero me dio el dato que en la casa de su abuela, tenían una pieza que me la podía arrendar. Nos fuimos a la casa de su abuela y cerramos el trato.

Su abuela de unos 60 años, era una mujer grande. Debe medir un 1.75, bastante corpulenta y con un busto increíble, sin quedarme corto, pienso que sería talla 120, eran monstruosamente grandes, y su culo, andaba por las mismas.

La casa era grande y vieja. Con muchas piezas, pero el único que arrendaba era yo. El Abuelo, de unos 70 años, era un viejito flaco, enfermo, sordo y que casi ni se sentía en la casa, a diferencia de ella que era muy conversadora.

Desde un principio la señora me tomó cariño y me regaloneaba como si fuera su nieto. Me preparaba cosas ricas para comer etc. Fue un día en que volvía de la universidad con unas ganas increíbles de ir al baño.

En mi apuro, no alcanzaba a llegar al baño del fondo donde me correspondía, a si que me metí en el baño del principio y cual fue mi sorpresa al entrar al encontrarme a la Sra. con todo el culo al aire, levantándose de la taza. La imagen me dejo helado. Nos quedamos mirando ambos, de repente reaccioné, pedí disculpas y me fui al otro baño.

Me daba vergüenza la situación que había vivido, sin embargo el culo de la Sra. Me dejó empalmado todo el día y no tuve más remedio que desahogarme solo en la noche pensando en ese culo.

Al otro día, llegué a tomar desayuno. La Sra. me saludó y me empezó a servir. Yo la miraba de atrás y me recordaba ese tremendo culo que había visto el día anterior, ahora si tapado con una falda larga. Al agacharse al servirme la taza, pude ver como sus tremendas tetas se juntaban. Me dejo muy caliente y estuve pensando en ese par de tetas todo el día en la universidad.

Me moría de ganas por chupar esas tetas a mi antojo…mmmmmmmm… estaría horas y horas chupando esas monumentales tetas, pero no se me ocurría nada.

En la universidad, entraba a esta página, y leí muchas historias tratando de sacar alguna idea, pero nada. No podía mostrarle alguna historia caliente, o dejar alguna foto en mi PC por que en la pensión no tenia. Tirarme de frente, ni pensarlo por que ni siquiera me había dado una mirada, aparecer con mi verga parada dentro de mis short, tampoco por que estaba el viejito.

Así transcurrió un año entero. Volví a mi ciudad, pasaron las vacaciones de verano, y volví nuevamente a la pensión. Continuábamos solos los tres. Fue un día viernes en que estaba haciendo un trabajo con el nieto de ella. Él tenía que traerme parte de su trabajo, pero lo había dejado en su casa. Me dijo que hoy me lo llevaría a la noche a la pensión, como estaba de cumpleaños su abuela, irían a visitarla. Yo no tenía idea.

Al llegar la saludé y le di un abrazo por su cumpleaños, asegurándome, obviamente , de sentir bien apretaditas las tetas contra mi pecho. Eran como las nueve de la noche cuando llegó su hijo con su señora y su nieto (mi compañero). Él me pasó el trabajo y estuvimos cenando y bebiendo hasta las 11 de la noche. Luego ellos se fueron. El abuelo había ido a acostarse hace rato, ya que no se sentía muy bien. En fin, nos quedamos los dos solos conversando. El hijo le había llevado una botella de vino. La cual solo quedaba un poco.

- Estaba tan rico el vino, hacía tiempo que no tomaba, lástima que se acabó, quedé con gusto a poco. – Si quiere yo voy a comprar uno a la esquina. – No, ¿cómo se te ocurre? – Pero no se preocupe, es su cumpleaños y hay que celebrarlo – me levanté y fui a comprar otra botella a la bodega de la esquina.

Seguimos con la otra botella, conversando de cualquier cosa. De repente me doy cuenta que ya el vino estaba haciendo efecto. Yo lo mezclaba con coca cola, para hacerlo cundir, mientras que ella lo tomaba solo.

Al poco rato, se le empezaron a enredar las palabras y me dijo que se sentía mal. La ayudé a pararse y apenas me la podía. Me dijo que la llevara al baño que quería vomitar. La tomé de la cintura y no sin grandes esfuerzos la llevé al baño. Se arrodilló delante de la taza y vomitó todo. La ayudé a pararse y por primera vez le agarré las tetas, para ayudarla. Ella no lo notó. Luego la acomodé en el lavamanos, para que se enjuagara la boca, mientras yo la afirmaba de la cintura y me apoyaba con toda mi verga en su culo.

Salimos del baño y me dijo que la dejara un rato en el sofá para reponerse. Quedó sentada y se durmió al instante. Yo le hablaba y la movía, pero nada, estaba completamente borracha, la moví más fuerte y nada… era mi oportunidad.

Le desabroché la blusa y me encontré ese tremendo par de tetas que hacia tiempo me tenían caliente.

Sin pensarlo dos veces, le subí el sostén y me encontré con dos hermosas tetas, enseguida empecé a chuparlas, eran exquisitas, grandes, blancas y con un pezón grande y negro. Las debo haber chupado como media hora, es más, me acosté en su regazo y con las tetas sobre mi cara, me empecé a masturbar. Podría haber tratado de subirle el vestido para comérmela completamente, pero estaba demasiado ajustado y no quería abusar de mi suerte.

Terminé mojando toda mi polera. Me levanté, fui a la cocina y me limpié. Volví le acomodé la blusa y traté de levantarla, pero me fue imposible, a si que opté por taparla con una manta e irme a mi dormitorio.

Al otro día me levanté y fui a la cocina. Al pasar por el living, noté que ella ya no estaba. A la hora de almuerzo, transcurrió sin ningún comentario. Ella se notaba que aún le dolía la cabeza por la resaca del día anterior.

Pasó como una semana, eran las cuatro de la tarde, y mientras ella lavaba ropa, yo me acerqué a conversar fumándome un cigarrillo.

- Sra María, no me ha contado como lo pasó la otra noche, el día de su cumpleaños. -¡ Ni me lo recuerde, que me da dolor de cabeza! Nos reímos. – En todo caso, lo que pasó después, no estuvo nada de mal – …. Yo quedé helado, no sabía que contestar…

- ¿O usted cree que estaba tan borracha para no darme cuenta que se propasó conmigo?

Yo seguía helado… que contestarle…

- La verdad no se que decirle, pero el alcohol me hace hacer cosas que no haría bueno y sano. – No se preocupe, si no me molestó, al contrario, me gustó mucho…. hacía tiempo que no me hacían sentir como mujer.

Yo estaba rojo de vergüenza.

- Disculpe Sra. María, no volverá a suceder.

Ella se rió y me dice:

-Que lástima, que no volverá a pasar… -¿De verdad, le gustó? – Si, y no me molestaría que vuelva a ocurrir. – Es cosa que usted me diga y yo estaré feliz de volver hacer que usted se sienta deseada. – Es más, si usted quiere, podríamos ir ahora a la pieza del fondo, ya que mi marido duerme la siesta… sin pensarlo dos veces, le dije que si. – Vaya usted y yo lo alcanzó.

Me dirigí rápidamente a la última pieza del patio , ella, dejó el lavado, entró a la casa y como a los cinco minutos sale con dirección a la última pieza. Al llegar, yo trato de cerrar la puerta, pero ella me dice que no. Se apoya contra la pared y de levanta la polera, sorpresa mía que ya venÍa sin sostenes.

- Tome mijito, son todas suyas…

Desesperado se las empiezo a chupar mientras ella me acaricia el pelo. Luego de una buena sesión de chupada de tetas, me levanto y trato de besarla, ella me dice que no.

Mis manos se apoderan de ese tremendo culo que también me quitaba el sueño. Meto una ano por de bajo de su falda, siento su tremendo culo blando entre mis manos, trato de bajarle la falda y me dice que no, trato de subírsela y también me dice que no.

Le acerco su mano a mi verga y también la rechaza.

- No cariño, solo quiero que me las beses, pero de ahí, nada más.

No hubo caso, no se dejaba nada más que chupar las tetas y tocarle el culo. Luego de esa sesión tuvimos varias más, pero nunca llegamos más allá de eso.

Casi todas las tardes, yo esperaba que su marido se fuera a dormir, le hacia una señal, me iba a la pieza del fondo del patio, ella llegaba, se desabrochaba la blusa y me dejaba chuparle las tetas y tocarle el culo hasta que me corriera, eso sí, siempre dentro de mis pantalones.

Autor: Hechizerodelamor

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