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Haciendo el amor con María

5 de junio de 2009

Quedo sentado con ella cabalgándome y me dedico a sus senos, los cuales beso con pasión, ella está como posesa cabalgándome. Salta como si tuviera resortes y se clava mi pene, tiene los ojos cerrados y se aferra a mí como si fuera a írsele este momento de entre las manos, llega al clímax, junto a mí, tenemos nuestros orgasmos simultáneamente, y siento que ella se deja caer hacia atrás, rendida.

No iniciaré esta historia con el típico este es un caso 100% real, ni diciendo que tengo un pene de 25 cms. y que la protagonista de la historia es una mujer 10. El relato se basa en algo que me sucedió, soy un tipo normal, y lo que me pasó no se si le pase a cualquiera. Lo cuento porque llevo un tiempo leyendo las historias relatadas en esta web. Vivo en Colombia. No entraré en detalles, digamos que mi nombre es Eric y el de la protagonista de la historia es María.

Esa noche me conecté al MSN como tantas otras, estaba revisando mi correo cuando vi que uno de mis contactos se puso en línea. Era María, llevábamos un buen tiempo de conocernos, pero hasta esa noche entre nosotros no había pasado nada que fuera más allá de una simple amistad. Nos bromeábamos y comportábamos como buenos amigos, y en las noches nos encontrábamos a veces en el MSN y charlábamos un poco por ahí.

Esa noche no fue diferente, estábamos platicando acerca de nuestro día, como nos había tratado, y lo cansados que estábamos. En eso le hice una pregunta que a veces hacíamos en tono de broma, ¿María, ya estás con tu pijama puesta?, si es así, ¿me dirías como es?, a lo que ella respondió, No se si decirte, pensarás que esta niña anda muy pobre. Vaya, ese comentario me despertó la picardía y le insistí e insistí hasta que me lo dijo, me dijo que sólo tenía puesto un panty y una camisetita muy delgada, porque tenía calor. Su respuesta fue más de lo que esperaba, pero a la vez, a mi mente se me vinieron miles de pensamientos.

Ella no es para nada fea, piel blanca, ojos castaños, aproximadamente 1.70 mts. de estatura, unos senos paraditos de esos que invitan a ser devorados, un culo de esos de infarto, en resumen, un monumento de mujer. Me encontraba divagando hasta que sus mensajes me devolvieron a la tierra, pero la conversación subió de tono, hasta que me dijo que se iba a dormir, a lo cual respondí diciéndole que le enviaba un abrazo grandísimo y un par de besos igual de inmensos para que los dejara llegar a donde ella quisiera, otro de nuestros comentarios a modo de broma que antes de esa noche no había significado demasiado.

María me respondió diciendo que le daban cosquillas ahí, a lo que pregunté donde habían llegado, y me dijo que a sus senos, que si me molestaba o no. Por supuesto que le dije que no, pero que era una lástima que no fueran un par de besos reales, sino cyber besos, a lo que le contesté que si, que era una lástima, y ella me dice: ¿Quisieras venir a mi apartamento y hacerlos reales?, a mis senos les encantaría, están aquí todos paraditos. En ese momento sólo recuerdo que no pensé, de haberlo hecho pude pensar que era una broma y que me haría ir a su departamento para luego decirme que era un fresco, o que había caído. En lugar de eso, le dije que en 15 minutos estaba en su departamento, apagué la computadora a toda velocidad y me dirigí hacia allá.

Tras llegar a su edificio y llamar a su puerta ésta se abrió lentamente, dentro había poca luz, pero ella estaba tal cual me lo había descrito. Su panty a duras penas escondía su sexo, y a través de su blusa se entreveían sus pezones erectos. Era todo un pedazo de mujer a mi disposición, y se veía lujuriosa, deseosa de mí. Antes de decir algo se llevó su dedo índice a la boca para decirme que no dijera nada, y me abrazó, nos besamos en ese momento, fue nuestro primer beso, y como olvidarlo, no todos los días se da ese paso de amigo a amante, y menos con una de esas mujeres que cualquiera desearía tener. Ella tenía su plan, desvestirme lo más pronto posible, pero el mío era diferente, así que a tientas la llevé hasta su cuarto, aprisionándola contra mi cuerpo, quería sentir su piel desnuda, era suave, y olía delicioso.

Ya en el cuarto la recosté en la cama, mientras le sacaba su blusa, ahí estaban sus senos, no me hice esperar, comencé a besarla, desde la boca, bajando hasta sus senos, me pegué a ellos como un bebé buscando su leche, he de decir que no veía su cara, pero sentía como su cuerpo se movía de un lado para otro y sus gemidos comenzaban a salir de su boca. Después de unos minutos ahí comienzo a bajar, con mis labios rozando su piel, hasta llegar al elástico de su panty, el cual comienzo a bajar muy despacio, mmmmm, se ve tan tentador, pensar que antes de esta noche no pensé conocerlo nunca, y ahora esta ahí, todo mío.

Pero no pienso en penetrarla inmediatamente, antes quiero hacerla estallar de placer, así que bajo su panty y sigo besando sus muslos, cada vez yendo más hacia su parte interna, cada vez más cerca de su sexo. Ella siente mi respiración ahí y me dice que le dan cosquillas, pero antes que responderle comienzo a besarla ahí, con mi lengua acariciándola junto a mis labios. Los gemidos comienzan de nuevo, comienzo a hacer movimientos circulares con mi lengua, eso la enloquece, mientras encuentro su clítoris, el cual consiento como si fuera un bebé.

María no soporta más, me pide que le haga el amor, mientras soy testigo de cómo llega a su primer orgasmo. La dejo que se relaje un poco y termino de desvestirme, para ese punto solo llevaba mi jeans y mis bóxer, los cuales me saco, y comienzo a jugar con mi pene en la entrada de su vagina, y cuando menos lo espera la penetro, primero suavemente, pero aumento mi ritmo cada vez más, siento que se enloquece, grita y gime, pero esta posición del misionero me cansa, además de que me vengo más rápido, así que sin sacársela la giro con ella y queda sobre mí, levanto mi tronco y quedo sentado con ella cabalgándome, mientras lo hace me dedico de nuevo a sus senos, los cuales beso, estrujo, se podría decir que los castigué con cariño, con pasión, mientras ella está como posesa cabalgándome.

Salta como si tuviera resortes en las nalgas y se clava mi pene más y más, tiene los ojos cerrados y se aferra a mí como si fuera a írsele este momento de entre las manos. Hasta que llega al clímax, junto a mí, tenemos nuestros orgasmos simultáneamente, y siento que ella se deja caer hacia atrás, rendida, la tomo con mis brazos y nos recostamos juntos, a descansar un momento de este momento que acabamos de vivir. Nos quedamos así un rato, hablando de lo que hicimos, de cómo llegamos hasta ahí, y de que ojalá esto no afectara nuestra amistad, bueno, en realidad nunca lo hizo, por el contrario, nos compenetró más.

Ahora ella y yo estamos un poco alejados, por razones de nuestras ocupaciones, pero nunca olvidaré esos momentos que compartimos.

Autor: Ericdraven

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