EL HAMBRE DE MI NOVIA 2

Luego de esa noche de sexo donde ella me contó que había un compañero de trabajo que le pedía nalgas y la excitaba tanto que hasta se había masturbado en su propio trabajo. Tomé el autobús a mi empleo que como mencioné esta a tres horas, por lo que estaría una semana fuera de la ciudad.

Al ir avanzando en ese autobús, imaginaba que esa semana ella sería penetrada por Mario, ya que la forma en que cogimos ese día fue más intenso de lo común. En especial, cuando le dije que pensará que era Mario. La cama casi se rompe de la intensidad. Ella sólo gritó del susto su nombre.

La semana se me fue tan lenta. Mandábamos mensajes todas las noches a excepción de una. Donde no supe nada. Hasta el día siguiente. Mi intuición me daba a entender que ya se lo había comido ese día.

Cuando llegó el viernes tomé el camión volado y sentía tan lenta la espera. Sentí que tardamos más de tres horas en el traslado. Cuando llegué a la estación de TRT y la vi, al inicio ocultaba su mirada y estaba ansiosa. Me preguntó si quería ir a comer o a su casa porque se sentía muy cansada. Le dije que primero iríamos a coger a un hotel como siempre.

Así lo hicimos. Estaba desnudandola y ella apagó la luz. Le dije que no. Que quería ver su enorme culo como siempre. Así que la encendió. Ahí aprecié enormes mordidas en su culo en forma de manzana y sus dos tetas. Ella muy apenada me dijo:

– No te molestes, por favor. Déjame explicarte.

– Cuéntame qué ocurrió (Me encontraba sobre actuando, sabía que ya Mario había probado la manzana y me excitaba, pero no se lo confesaría).

– Mira. Luego de la noche pasada. Donde tras tener el sexo donde jugamos que eras Mario y me tomaste fotos desnuda. Estaba tan excitada que todas las noches veía esas fotos y recordaba lo ocurrido y me masturbaba de forma frenética. Pensé que mis ganas estarían apagadas con eso, pero no era así. Nada más lo veía y el me decía dame tus nalgas y te haré vibrar. Mi cuerpo se humedecía. Él siempre sin que me diera cuenta agarraba mi celular y en uno de estos días, lo tomó y vio las fotos donde me empinabas y te lamía la verga. Me quedó viendo y se reía diciendo que vaya que era una juguetona. Que si le daba chance podría enseñarme que él me podría coger como nunca.

-¿Y qué hiciste? ¿Sabe tu contraseña de celular? Ni yo lo sé.

– Es que una vez le pedí que contestara un mensaje mientras hacia una entrevista y de ahí revisaba mi celular.

– Cuéntame ¿Qué ocurrió? ¿Cuando te cogió?

-Era de noche, después de un día de trabajo. De pronto, me sentí un poco caliente, con ganas de coger. No sé exactamente por qué, pudo ser lo de las fotos o el que vi un hombre musculoso levantando pesas por la calle y me imaginé siendo alzada en sus potentes brazos, mientras me cogía de pie. No puedo negarte que se me antojó que me penetraran esa noche. Entonces decidí buscar a Mario, quien siempre estaba disponible para acompañarme a mi casa y todo el camino me decía que me cogería tan bien que nunca lo olvidaría. Ese día, le dije que me vendrían a buscar; así que se podría ir antes. Así lo hizo. A los quince minutos le escribí que me habían dejado plantada y estaba molesta. Quería seguir charlando por algo que había quedado pendiente del trabajo, que me tenía triste, ya que de nuevo mi jefe me había pagado menos de lo que yo creía merecer. Él me dijo que ya había llegado a su casa, que si quería poder ir a verme a algún lugar. Le dije que estaba bien, yo estaba cerca de parrilla. Él llegó a buscarme y le pregunté si no tenía algún lugar donde charlar sin que nadie nos viera, pues estaba cerca de mi casa. Él me dijo que vivía cerca un amigo. Llegamos y él amigo estaba por salir. Le dijo a Mario que ya sabía que no habría problema por quedarse en el cuarto, que le dejara la llave donde ya sabía. Y remató, sólo cambia la sabana. Este comentario me excitó más de lo que de por sí estaba. Apenas entré no lo deje decir ninguna palabra. Lo desnudé al igual que yo. Cogimos intensamente, me mordía las tetas mientras me clavaba su verga. Yo gritaba y saltaba como loca. Siempre estuve encima de él. Sólo una vez le deje penetrarme la vagina por detrás. Sólo fueron 30 minutos, no duró lo que había prometido, pero me había gustado. Quedamos cansados y dormimos no sé cuanto tiempo. Cuando reaccioné eran las tres de la mañana, me bañe y me fui a mi casa, donde mi mamá y hermanas me reclamaban por el horario. Les dije que había tenido un evento nocturno y me exigieron pasar mis notas.

-¿Y?

– Te debo decir que Mario no es guapo, pero tiene una verga grande. Sabes que me gustan las vergas grandes como la tuya. Pero la de él se me fue antojando en estos meses, porque se le notaba en esos pantalones ajustados que usa. Recuerdo que a veces me agachaba para excitarlo, que sufría por querer cogerme sin poder. Era evidente como le excitaban mis tetas y mi trasero. Hasta que se le hizo al maldito y al acabar mientras me bañaba se acercó a mis nalgas y me las mordió. y Gritó te dije que me dejarás cogerte y no te arrepentirías.

-No sé que decir de lo ocurrido. Estoy algo confundido.

-Callate mejor. Él sacio ese día por un momento mi hambre. Hoy de recordarlo, tengo hambre de ti.

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