Con mi hermano gemelo acepté mi homosexualidad III

En este tercer relato volvemos a dar una descripción física de nosotros. Mi hermano se llama José Diego y yo Diego José. Tenemos 18 años. Seis pies de alto y ciento sesenta y cinco libras de peso. El color de la piel es blanca, ojos verdes, cabello rubio. Hacemos todo con la mano izquierda. Jugamos béisbol, natación y mi hermano José Diego además es bailarín de ballet. Estamos depilados completamente. Somos gemelos idénticos. Todo es igual en nuestro cuerpo, hasta un pequeño lunar del mismo tamaño y forma en la espalda. Ya se imaginaran cuando digo que somos en todo iguales. Y la palabra todo es todo.

 

Quisimos tomarnos unas pequeñas vacaciones y viajamos con nuestros padres a las islas Turcas y Caicos. Estas son un territorio británico de ultramar dependiente del Reino Unido. Están ubicadas al norte de la isla La Española, donde se encuentran Haití y la República Dominicana, en aguas del Océano Atlántico.

 

Estas islas son hermosas. Playas con el azua azul turquesa, arenas blancas. Allí se practica todo tipo de deporte acuático. Sencillamente un paraíso. Gente encantadora. Hoteles extraordinarios, en fin, una maravilla de lugar.

 

Conocimos muchas personas que también estaban de vacaciones. Chicos y chicas de diferentes partes del mundo y con diferentes formas de proceder. Algunos arriesgados y otros, como mi hermano y yo, tímidos. Esta experiencia nos sirvió para darnos cuenta que el mundo es bastante complicado y que nosotros todavía estábamos ajenos a esa manera de vivir, y me explico.

 

Una noche fuimos los cuatro a una discoteca. Un ambiente estupendo. Nuestros padres y nosotros bailamos cantidad entre los cuatro. Pasada la media noche nuestros padres decidieron irse a la habitación del hotel y nosotros nos quedamos en la disco. Una vez solos, se nos acercaron chicas y chicos a invitarnos a bailar y tomar. Nosotros no tomamos, pero estuvimos a punto de tomar por la insistencia de los demás. Finalmente no lo hicimos, pero fue lo mejor. A ambos algunas chicas y algunos chicos también nos expresaron que les atraíamos. Algunas chicas, que son más arriesgadas que los chicos, intentaban tocarnos nuestros genitales mientras bailábamos. A mi hermano le llegaron agarrar por los testículos pero algo momentáneo y ligero. Aún así la chica, que estaba tomada, le palpo bien pues le dijo que se sentía que tenía los testículos gordos. Pero no pasó de ahí.

 

Por otro lado dos chicos me dijeron que nos habían visto en la playa, en bañador y que nos veíamos geniales. Bien “equipados” fue la frase que utilizaron refiriéndose a nuestros genitales. Yo solamente me sonreí y le di las gracias, pues no sabía cómo reaccionar. Después pensé que con esa respuesta tímida les demostré que era gay o que al menos sus comentarios con relación a los genitales de mi hermano y míos, no me habían incomodado. Después me decía en mi mente: “debiste quedarte callado y serio”. Pero ya era tarde. Estos dos chicos, de unos diecinueve años o más, nos pidieron que aceptáramos una invitación a su apartamento. José Diego y yo siempre estamos en sintonía y quizás por nuestro condición de hermanos gemelos, podemos percibir lo que estamos sintiendo, al menos, anímicamente y mentalmente. Esto nos llevó a ambos a darle las gracias a esos dos chicos por la invitación y a indicarles que quizás en otro momento. Entendíamos que ya era hora de irnos de aquella discoteca a nuestra habitación.

 

Esa noche tuvimos muchas inquietudes. Nos preguntamos qué pudo haber pasado si hubiésemos aceptado esa invitación. Pensamos que ellos querían tener sexo con nosotros. Aunque no nos arrepentimos de la decisión, sí nos quedamos con la incógnita sobre qué pudo haber sucedido.

 

Mi hermano me dice: “quizás ellos querían ser penetrados por nosotros”. Y le dije: “y si era lo contrario”. Por primera vez hablábamos de penetración. Nunca se nos había ocurrido y quizás ni deseado tener ese tipo de sexo. La idea de penetrar la veíamos como algo apetecible y normal. Pero la idea de ser penetrados no. Nuestro pensamiento respondía a la concepción errónea de que un chico que se dejase penetrar perdía su masculinidad. Sé que por esa manera de ver las cosas mi hermano y yo, no deseábamos ser penetrados por nadie. Entonces sentimos alivio por haberle dicho a esos chicos que no íbamos para su apartamento.

 

Toda esta conversación la tuvimos en nuestra habitación en voz baja porque nuestros padres estaban en la habitación de al lado. Aunque sentíamos deseos enormes de tener sexo entre nosotros dos, no lo hicimos pues sabíamos que ambos, al eyacular, gritamos demasiado. Y eso no lo podíamos evitar.

 

Al otro día en la playa estaban los dos chicos. Utilizaban unas tangas azul turquesa, muy diminutas. Se veían muy lindos. Nosotros, por el contrario, estábamos en bañadores de competición, uno rojo y el otro azul royal. Como ya en la discoteca les dijimos que no tomábamos alcohol, se acercaron con un vaso de sumo de naranja para mi hermano y para mi. Lo agradecimos y lo aceptamos. De forma simpática uno de ellos, que se llamaba Steven, nos pregunta: “Oye, ¿quién es quién?” Nos reímos y José Diego le dice que yo soy Diego José y que él es José Diego. Entonces el otro chico de nombre Noah dice: “Ok, Diego José en bañador azul royal y José Diego en bañador rojo”. Y así nos distinguían por eso día por el color del bañador. Después de mucho compartir en la playa y la piscina, fuimos, mi hermano y yo a unos baños comunes a quitarnos un poco la arena y decidimos intercambiarnos los bañadores. Y efectivamente ellos no podían distinguir que habíamos cambiado de bañadores. Quisieron ir a las duchas para también quitarse la arena de su cuerpo y decidimos ir con ellos para mostrarles dónde quedaban las mismas. Al entrar a las duchas ellos, inmediatamente se despojaron de sus tangas diminutas y se quedaron totalmente desnudos. Nosotros volvimos a meternos a las duchas pero nos quedamos con nuestros bañadores puestos. Vimos como sus penes comenzaron a ponerse duros. Ambos lo tenían enormes pero sus testículos pequeños, comparado con los nuestros. Al verles empalmados nosotros tuvimos también erección. Y aunque seguíamos con los bañadores puestos, y nuestros penes empalmados solo miden cuatro pulgadas, ellos se dieron cuenta. Entonces de forma provocativa comenzaron a masturbarse cada uno de ellos frente a nosotros. Esos nos excitó demasiado y nosotros nos acercamos a ellos pero si atrevernos a tocarles. Solamente les mirábamos masturbarse. Nuestros penes estaban por reventar. Nos dimos un beso entre mi hermano y yo. Eso hizo que ellos se excitaran más. Nosotros también a verles. Finalmente decidimos masturbarnos mutuamente, sin quitarnos los bañadores y así frente a ellos mi hermano me masturbó y yo a él simultáneamente. Pero como siempre, y ahora más que estábamos viendo a esos dos chicos desnudos, comenzamos a eyacular muy rápido. Mientras nos veníamos ellos nos miraban y decían frases como “que lindos se ven”, “¡cuanta cantidad de leche!”, “que enormes y gordas se les marcan las bolas en el bañador”, “que rico como gritan cuando se corren”. Con esas y otras frases dichas por ellos, terminamos nuestra eyaculación pero ellos no terminaban. Nos pidieron que no nos fuéramos y que nos bajáramos los bañadores para ellos poder mirarnos. No nos bajamos los bañadores. No perdíamos la erección. Nos pidieron que si nos podían tocar los testículos, por encima de nuestros bañadores llenos de semen y aceptamos. Con una de sus manos nos tocaban los testículos pero no el pene, pues nos cubrimos los mismos con nuestras manos. El dejarles tocar nuestros testículos hizo que eyacularan. Se veían lindos eyaculando. Sus penes eran enormes, quizás ocho pulgadas, es decir, dos veces el tamaño de los nuestros. Yo les dije que tenían los penes enormes y ellos dijeron: “ustedes tienen los testículos más grandes que hayamos visto. Por eso los queríamos tocar”. Después se pusieron los bañadores, nosotros nos echamos mucho agua para quitarle la cantidad de semen que tenían nuestros bañadores y regresamos a la piscina los cuatro. Ellos y nosotros desahogados y felices por lo que vimos.

 

De camino a la piscina uno de ellos nos preguntó que si habíamos estado con otros chicos. Le dijimos que no, pues solamente habíamos hecho el amor entre nosotros dos. Entonces querían saber si éramos (top, bottom o versatile), activos, pasivos o versátiles. Y nos quedamos mudos pues no sabíamos a qué se referían. Nos explicaron y dijimos a coro (top). Ellos, aunque no les preguntamos dijeron que eran versátiles.

 

Como nuestros bañadores no estaban bien lavados, pues aún había semen en los mismos, decidimos irnos a la playa y no a la piscina. En la playa, dentro del agua, nos quitamos los bañadores y los lavamos lo mejor que pudimos. Por ser agua cristalina y muy clara, ellos podían percibir nuestros genitales. Sí que tienes los testículos enormes y están circuncidados. Ambos, mi hermano y yo abrimos los ojos sorprendidos porque pensábamos que ellos no nos veían. Pero sí se veía a través del agua que estábamos desnudos.

 

Nos dijeron: “no se preocupen, eso nos es nada. ¿han ido a alguna playa nudista?” Obviamente dijimos que no. Nos pusimos los bañadores y les preguntamos que dónde había playas nudistas. Y nos hablaron de la isla de San Martin. Ellos habían estado allí y nos contaron maravillas de ese lugar. Eso nos entusiasmó demasiado y quedamos en planificar unas vacaciones en dicho lugar. Nos quedamos con los correos electrónicos de ellos y así tuvimos una de las vacaciones más extraordinarias de nuestras vidas. Eso lo contaremos en el relato número IV.

 

Veo que algunas personas votan sobre si les gusta o no los relatos. Eso es genial. Solamente quiero señalar que todo lo expresado en nuestros relatos es verídico. (continuará).

 

 

 

 

 

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