Con mi hermano gemelo acepté mi homosexualidad IV

Gay, amor filial Gay, República Dominicana.  Con una suerte estupenda y sorprendidos de que nuestros padres nos dejaran viajar solos, llegamos a la Isla de San Martin.

Con cuantos deseos e ilusiones arribamos a esa hermosa isla del Caribe. Steven y Noah habían llegado un día antes y ya en otras ocasiones habían estado en ese maravilloso país. Conocían prácticamente todo. Nosotros nada. Solo lo que vimos desde el avión y lo que ellos nos habían contado cuando les conocimos en las islas Turcas y Caicos. Al aterrizar en el aeropuerto “Princesa Juliana”, ya estaban allí esperándonos.

 

Estos dos chicos tenían muchas cosas en común. El color bronceado de su piel, cabello negro azabache, ojos negros, cuerpos delgados, atléticos, depilados totalmente, como nosotros. De unos cinco pies y nueve pulgadas de altos. Ellos tuvieron la gentileza de hacer la reservación en el hotel y de alquilar el coche. A nosotros nos correspondió asumir todos los demás gastos de compra, alimentos, bebidas, restaurantes, etc.

 

Fue simpático verles en el aeropuerto con unas camisillas diminutas, en bañador y chancletas. Nosotros, aunque vestidos de forma sport teníamos demasiada ropa para el lugar y el clima. En el mismo estacionamiento donde estaba nuestro coche nos hicieron cambiarnos de ropa y zapatos. Nada unas camisillas, bañador y chancletas como ellos y gafas para el sol.

 

De camino al hotel entramos a un supermercado para hacer la compra necesaria para todos los días que íbamos a estar allí. Compramos de todo lo que ellos y nosotros deseábamos. Por parte de ellos muchas bebidas con alcohol, cervezas, vino y hasta condones. Aunque todo eso nos chocaba no dijimos nada pues no queríamos que se sintieran incómodos por nada. Además era nuestra responsabilidad comprar lo que deseaban.

 

Llegamos finalmente al hotel. Que genial la villa que nos correspondía. Estábamos en la misma playa nudista. Aunque todavía no habíamos visto el agua. Rápidamente acomodamos toda la compra y nos fuimos a la playa. ¡Wow! Qué espectáculo, que belleza de playa. Prácticamente todas las personas estaban desnudas. Steven y Noah se despojaron de sus camisetas y bañadores y nos invitaron a entrar al agua. Nosotros estábamos con erección. Temíamos que eso nos pudiera suceder y nos sucedió. Por lo que decidimos entrar con los bañadores y las camisetas puestas al agua. Mientras más pasaba el tiempo más fuerte era la erección de nuestros penes pues veíamos cantidad de personas lindas desnudas. Era demasiada la estimulación. Quisimos nadar hasta unas balsas de madera fijas que había en la playa, algo retiradas de la orilla y así perder la erección. Llegamos hasta el lugar los cuatro y al subirnos a la balsa nuestros penes se marcaban muy claramente en los bañadores. Entonces quise disculparme con los chicos. Pero ellos nos dijeron que no era nada. Que también les había sucedido lo mismo la primera vez que habían ido a esa playa nudista.

 

Entonces Noah recomendó ir a la casa y buscar cervezas pues estas nos ayudarían a perder la erección. Aceptamos. Nadamos nuevamente hasta la orilla y esperamos las cervezas. Era la primera vez que tomábamos alcohol. Con el calor que se sentía nos hizo sentir muy bien aquella bebida fría. Nos tomamos la segunda y sí perdimos la erección. Así pudimos salir del agua. Estábamos un poco mareaditos. Todo nos daba gracia. Y por la insistencia de los chicos, nos quitamos los bañadores y las camisillas. Quedándonos como ellos totalmente desnudos. Steven se nos queda mirando y nos dice: “a la verdad que sus testículos son envidiables, qué enormes, que gordos, se ven gigantes. Quisiera tenerlos como ustedes”. José Diego les dice: “y nosotros quisiéramos tener el pene del tamaño que tienen los de ustedes”.

 

Después de mucho tiempo allí decidimos irnos a la casa para bañarnos y salir a cenar. Había planes de irnos en pantalones cortos, camisilla y chancletas al restaurante. Sin embargo, cuando nos estábamos bañado había comenzado a llover torrencialmente y la noche se puso súper fría. No habíamos llevado pantalones largos. Por lo que decidimos ponernos medias súper largas, de esas que llegan hasta los genitales. Son muy ajustadas y protegen del frío. Esa noche usamos medias negras. Y en lugar de chancletas, botas, camisetas y un abrigo ligero. Para el frío que comenzó a hacer por la lluvia, estábamos más que bien. Aunque a los cuatro nos encantaba vestir de esa manera, pensábamos que llamaríamos la atención en el lugar donde íbamos a cenar, pero nada que ver. Había otros chicos vestidos de la misma manera. Lo cierto es que con nosotros cuatro éramos más de diez los chicos que estaban vestidos así. Obviamente de distintos colores de ropa. Nos sentíamos sexy.

 

Cenamos, bailamos, tomamos más licor y regresamos a la casa. Nos quitamos el abrigo, la camiseta, los pantalones cortos y las botas. Solamente estábamos en slip y en las medias largas.

 

Después de dialogar mucho de toda clase de temas, nos fuimos calentando bastante al punto que Noah y Steven comenzaron a acariciar nuestras piernas. Eso nos excitó demasiado por lo que nosotros también comenzamos a acariciar las piernas de ellos. Como ya habíamos hablado del problema que tenemos mi hermano y yo pues eyaculamos rápido, ellos nos dijeron que nos iba a ayudar a retardar la eyaculación. Cuando nos estábamos acariciando las piernas cubiertas por las largas medias, nos dijeron que avisáramos cuando comenzáramos a sentir la primera sensación de que estaba cerca la eyaculación. Así lo hacíamos y ellos dejaban de acariciar nuestras piernas. Respirábamos profundamente y después de un buen rato, volvíamos a acariciarnos las piernas. Los cuatro teníamos erección pero a ellos se les hacía incómodo seguir con el slip puesto pues sus penes eran muy largos y se les salían fuera por lo que se despojaron de sus slip, quedando solo con las medias largas color negro. Nosotros, aunque teníamos también erección, nuestros penes no se salían del slip por lo que no sentíamos incomodidad. Ellos nos pidieron que nos bajáramos los slip y lo hicimos. Entonces estábamos los cuatro desnudos, solamente en medias y con nuestros penes erectos. Fue entonces cuando ellos, en lugar de acariciar nuestras piernas, comenzaron a acariciar nuestros penes y testículos. Era la primera vez que dos chicos nos tocaban los genitales. Intentamos aguantar la eyaculación lo más posible pero sencillamente no pudimos. Comenzamos a eyacular. Estábamos uno al lado del otro. Nuestras piernas se pusieron rígidas y nos temblaban. Nuestros testículos se pegaron mucho a nuestro cuerpo, como suele suceder cuando los hombres eyaculamos y lucían como si tuviéramos en el escroto un solo testículo gigante. Ambos nos comenzaron a lamer los testículos, lo que provocaba mayor placer durante nuestra eyaculación. Nuestros gemidos se quedaron con la casa hasta que finalmente dejamos de eyacular. Nos sentíamos incomodos por no haber podido aguantar más tiempo sin eyacular. Ellos limpiaron todo el semen que nos había salido con toallas de papel y después con toallitas húmedas y perfumadas terminaron de limpiar todas las áreas de nuestros cuerpos donde habían caído chorros de semen.

 

No perdíamos la erección pues teníamos deseos de continuar. Entonces fuimos nosotros los que les acariciamos los testículos a ellos mientras se masturbaban. Ellos tenían mucha resistencia por lo que tardaban mucho en eyacular. Nos pusimos condones los cuatro y nos hicimos sexo oral. Sus penes eran enormes como para poder meterlos en la boca. Por el contrario ellos sí podían meter todo nuestro pene en sus bocas. Nos pidieron que les hiciéramos sexo oral en el área del ano y que después les penetráramos pero les dijimos que eso no nos gustaba. Nunca habíamos tocado el ano de nadie y menos con nuestras bocas. Nos dijeron que no pasaba nada y que observáramos. Entonces comenzaron entre ellos dos a lamerse el ano mutuamente. Gemían de placer, tanto, que sentimos curiosidad y deseábamos probar cómo se sentía, pero no dijimos nada. Entonces ellos dos se penetraron uno al otro mientras nosotros nos besábamos y acariciábamos. Terminaron eyaculando en el condón y nosotros aún seguíamos con nuestras caricias. Estábamos acostados de lado, uno frente al otro. Con nuestras piernas cubiertas con las medias nos rozábamos, lo que nos excitaba demasiado. Noah se ubicó detrás de José Diego y Steven detrás de mi. Comenzaron a acariciarnos nuestras espaldas, los glúteos y las piernas mientras mi hermano y yo seguíamos besándonos. No sé si se pusieron de acuerdo pero ambos chicos agarrando nuestros glúteos, los separaron un poco, quedando nuestro ano visible y comenzaron a lamernos el mismo. ¡Qué sensación tan rica e intensa! No podíamos con tanto placer. Nunca habíamos imaginado que en esa área se sintiera el enorme placer que estábamos sintiendo. Eran sentimientos encontrados. Por un lado no queríamos que nos tocaran el ano pensábamos que un hombre no se deja tocar esa parte de su cuerpo, segundo porque erróneamente pensábamos que el hombre pierde su masculinidad haciendo eso. Pero al mismo tiempo sentíamos un placer tan grande que comenzamos a gemir. Les decíamos que no, que se detuvieran, que no nos tocaran más con sus lenguas nuestro ano, pero al mismo tiempo seguíamos gimiendo a tal nivel que literalmente lloramos del placer hasta eyacular como nunca antes lo habíamos hecho. Mientras eyaculábamos a borbotones ellos seguían estimulando nuestro ano. Cuanto placer. Era como una sensación no acababa, como un placer inmenso que demandaba más y más. Quizás un deseo reprimido de ser penetrados. Pero no sucedió. Al finalizar nuestra eyaculación y nuestros gritos, ellos seguían haciéndonos sexo oral en el ano, por lo que les suplicamos que se detuvieran, que era demasiado el placer. No podíamos controlar los movimientos de temblor de nuestros cuerpos. Cuando nos dejaron de lamer, tanto mi hermano como yo, nos llevamos nuestras manos a nuestro ano como para apretar el área y así dejar de sentir tanta sensación de placer. Estábamos exhaustos. Completamente rendidos. Noah y Steven estaban encantados con lo que había sucedido y nosotros más aún. (Continuará bajo el título: HERMANOS GEMELOS CON SUS DOS NUEVOS AMIGOS EN SAN MARTIN).

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