Historia de un invertido

Mientras me limpiaba la cara de los restos de semen, Joan preparaba dos gin-tonics. Se acercó al sillón desde donde, apenas pocos minutos antes, el de pie y yo sentado le hice una mamada, hasta hacerle estallar de placer, anegándo mi boca y mi cara de un semen salado y abundante.

Depositó los gin-tonics en la mesita de centro y se sentó en el sofá, sonriéndome con la satisfacción del que ha pasado un buen rato. Joan era un hombre maduro, 52 o 53 años, alto, que mantenía con gimnasio la barriga y la flaccidez a raya.

Lo había visto en el patio de entrada del piso de veraneo, él era propietario de uno de los pisos y volvía de llevar a su mujer al trabajo en el turno de tarde. Yo volvía, de la parada de taxis, donde deje a los cinco italianos, cuatro chicos y una chica de vuelta a su país. Durante 10 días mi amo me había cedido a los italianos con los que conectó por internet para que fuera su criado sexual. Todo previo acuerdo firmado por todas las partes, por supuesto.  

Joan me reconoció por haberme visto alguna vez en la piscina del apartamento, pocas veces, pues yo raramente salía del piso, donde siempre tenía alguna polla que saciar. Pero me reconoció sobre todo por la noche en la que mis anfitriones me llevaron a un club de ambiente donde me entregaron a todo el que quisiera en una habitación reservada. Ellos se sentaban en los sillones bebiendo y riendo. Regularmente salía uno de ellos a invitar a alguien del público, yo los recibía en el centro de la habitación enmoquetada, desnudo y con los ojos vendados, preparado para mamársela y que me penetraran. No fueron pocos los que se atrevieron, llevados por el morbo, a follarme delante de todos. En verano y en la costa brava había mucho ambiente. Al parecer Joan fue uno de ellos.

Coincidimos en el patio y cogimos el ascensor. Joan me abordó

        ¿Tú eres…?- lo dejó en suspenso, queriendo dar a entender qué ya sabía quién era.

        Vecino del séptimo, estoy alquilado.-le contesté.

        ¿Con los italianos?

        Si, se han ido hoy pero como tenemos el apartamento alquilado hasta el domingo, me quedo yo.

        Entonces..-me lanzó una mirada llena de significado- ..¿ya no volverás a “Sutilezas”?.

Lo miré fijamente, calibrando el significado de sus palabras, pero también apreciando su atractivo, su vigor y el deseo que sentía por mí.

        No, no creo.

        Quizás quieras un gin-tonic en mi casa, estoy solo.

        Vale- le dije sonriendo, no soy chico de muchos remilgos. Estaba claro, que su invitación incluía algo más.

Entramos en su casa, nos sentamos en los sillones del comedor. Me preguntó por los italianos, yo me lancé a contárselo todo. Puesto que había estado en el club de ambiente, no era necesario disimular.

Mi amo me había cedido a los italianos porque se iba de viaje a Thailandia. Les había puesto como condición, que no me dejarán heridas o marcas que perdurarán más de 15 días (el tiempo que él iba a tardar en verme) y que grabaran una película conmigo de protagonista, siguiendo el guion, escena por escena, que él había escrito.

Joan se mostró muy interesado.

        ¿Una peli porno?, ¿cómo es?

        Buf, muy fuerte, he sufrido mucho haciéndola. Tiene de todo, me han azotado, violado, penetrado con objetos, cera, enemas y hasta lluvia y coprofilia. Un espanto.

        Me gustaría verla.

 

Lo miré fijamente

        Quizás te deje verla, arriba tengo el pen con la película. La hicimos ayer noche.

        Estarás muy cansado.

        Sí la verdad es que sí, no estoy para nada- vi la cara de contrariedad y decepción de Joan y me supo mal. Me empezaba a caer bien. Era un hombre maduro, atractivo, de buenos modales. Pensé en ese momento que sería un buen amo. – Pero si para mamártela, si es lo que quieres- le dije con un guiño.

 

A Joan se le iluminó la cara. Se incorporó y se acercó hasta el sillón donde estaba yo sentado. Puse mi mano sobre sus bermudas playeras, apreciando el contorno de su polla y testículos. Le desabroché y le bajé el pantalón y los slips. Aprecié un pene en semireposo, gris, con caperuzón, con una mata de pelo alrededor, negra y con canas. Joan no era de los que se depilaban. Cogí el pene, lo levanté con la mano, lo besé y bajé el prepucio con los dedos, pasando mi lengua por el glande en círculos, una y otra vez, hasta que sintiendo como se erguía me lo llevé todo a la boca. Mis labios contra su mata de pelo, mi cara hundida en su pubis, con dos movimientos de entrada y salida sentí como su pene se desplegaba en toda su longitud. Lo recorrí todo hasta sacármelo de la boca.

        Tienes una buena herramienta- le dije, y sin esperar comentario me la volvía a meter con avidez. Él suspiró. Desde que me había visto había empezado a excitarse y ahora no podía más.

Se la mamaba mientras con la mano derecha le cogía los testículos y los acariciaba. Yo imponía el ritmo hasta que él me hizo parar, me cogió la cabeza con las dos manos, inmovilizándome y con movimientos de su cadera, se folló mi boca. En ese momento comprendí que veía en mi al esclavo, al joven sin voluntad que era follado una y otra vez en el club por deseo de sus amos. 

Ya no abandonó sus movimientos hasta que se vino, en ese momento la metió todo lo que pudo en mi boca, con exclamaciones de placer. Yo me coloqué de tal manera que pudiera alojar toda la polla, más allá de las amígdalas hasta la tráquea. Con esa técnica no había polla, por muy larga que fuera que no pudiera comerme. Me relajé para que el semen que vertió directamente no me provocara arcadas. La sacó lentamente y todavía pude degustar su semen en mi lengua y aún en mi cara cuando me restregó su pene por toda ella. 

Una vez relajados, con la copa de gin-tonic en la mano, me preguntó.

        ¿Te gusta ser esclavo?.

        La verdad es que es cómo mejor estoy

        ¿Cómo empezaste?

        Empecé con mi tío. Cómo muchos otros, con un familiar que abusa de tu confianza, pero yo quería mucho a mi tío. Y todo lo que me hizo, que no es poco, lo hice por amor.

        Cuéntamelo, me interesa saberlo.

        Es largo,

        Tenemos tiempo

        Está bien.

Y empecé a contarle la historia de mi vida, de la que dejaré testimonio aquí en posteriores entregas.

 

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