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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

por AZARIAS

Llevo casado siete años. Mi mujer, de 34 años, tiene un hermano de 32, Emilio, que a su vez está casado con Vanesa, una mujer de 31 años, de 1,78 de altura, delgada, de pechos no muy grandes, un tanto desgarbada y no muy guapa. Pero eso sí, con una mirada de viciosa que tira para atrás.

Vanesa y yo siempre hemos intercambiado miradas un tanto subidas de tono. Mis suegros tienen una casa de campo a la que vamos tanto nosotros, mi mujer y yo, como mi cuñado y Vanesa, todos los fines de semana, y los pasamos en familia. Ella aprovecha la ocasión para salir de la piscina cuando yo estoy tumbado justo enfrente de ella, y arreglarse el bikini, tanto en sus tetas como en su culo y su coño. Me pone a cien y ella lo intuye, no hay duda. Pero no nos llevamos especialmente bien. Discutimos y porfiamos en las tertulias familiares, más que quizás el resto de la familia.

El mes pasado, a través de Internet, compré una cámara espía, de esas que van camufladas en un reloj de sobremesa, y lo coloqué en la habitación que habitualmente ocupan Vanesa y mi cuñado. Establecí la conexión a mi ordenador portátil y esperé a que Vanesa saliera de la piscina y subiera a su dormitorio a cambiarse. Rápidamente me fui a mi habitación, conecté el portátil y establecí la conexión. Allí estaba Vanesa, desnuda, nunca antes la había visto así. Se secaba el cuerpo, el pelo y pude ver dos tatuajes que desconocía, justo en su sexo depilado. Pero lo que me sorprendió fue cómo se tumbó en la cama y empezó a masturbarse hasta llegar a un orgasmo que pareció intenso.

Al día siguiente, mis suegros fueron invitados a una comida que organizaban unos amigos, y mi cuñado y mi mujer fueron a visitar a su abuela, que vive en el pueblo de al lado. Estaríamos Vanesa y yo solos hasta el mediodía.

Vanesa se dispuso a dar un chapuzón en la piscina y yo la observaba con mis gafas de sol, tumbado, simulando que leía el periódico. Ella lo sabía; yo lo notaba. Cuando terminó su chapuzón, y tras colocarse justo en frente de mí, se dispuso a la maniobra de componerse el bikini. Sus pezones estaban duros como piedras. El bikini blanco dejaba intuirse los pliegues de su vagina y me estaba poniendo completamente duro. Después me dijo que iba a subir a su dormitorio a cambiarse el bikini húmedo por otro seco, y subió. Yo, rápidamente conecté el ordenador y vi de nuevo cómo se comenzaba a masturbar, sólo que esta vez, dejé el ordenador y subí a su dormitorio. La puerta estaba cerrada. La abrí y allí estaba Vanesa encima de la cama con su mano derecha estimulando su clítoris.

Instintivamente se puso en pie y se trató de tapar con la mano, su sexo y comenzó a gritarme que me fuera. Yo le pregunté serenamente: qué pasa, cuñadita, es que Emilio no te monta lo suficiente? Necesitas correrte más veces? Y le quité la mano de la vagina. Ella se resistió pero finalmente dejó destaparse sus labios que ofrecían una preciosa vista y un mejor olor a humedad femenina.

En ese momento mi polla estallaba en mi bañador. Tomé la mano de Vanesa y la dirigí hacia mi rabo. Ella empezó a masturbarme. Yo le dije: no, cuñadita, no es eso. Y me bajé el bañador. La tumbé de un ligero empujón sobre la cama y me puse encima de ella. Le sujeté los dos brazos en cruz y, sin usar manos, le metí la polla de una sola vez. Mi polla es bastante gruesa, y de unos 16 cms. La estuve follando así, hasta que supe que se corría. En ese momento aflojé y me corrrí, llenándola de leche.

- No te laves más de lo necesario, cuñada. Quiero que el cornudo de tu marido se coma mi leche esta noche.

Esa noche, cenamos todos juntos y mi cuñada apenas si habló conmigo. Aproveché que ella iba a la cocina a por unos platos, para ir detrás a por un cuchillo y le toqué el culo llegando a su raja, que se notaba perfectamente bajo su pantaloncito corto ajustado.

Después de la cena, mi mujer se fue pronto a acostar pues tenía jaqueca. Luego mis suegros se retiraron a dormir. Nos quedamos sólos mi cuñado, mi cuñada y yo, tomando una copa. Aproveché para sentarme a su lado y le estuve pasando la mano por su entrepierna en cada ocasión que pude. Ella, en un momento que mi cuñado fue al baño, se me acercó al oído y me dijo “yo necesito un macho con la polla gorda como tú. Emilio no me satisface del todo. Yo necesito más.”

Pero fue cuando mi cuñado volvió del baño, cuando me llevé la sorpresa de mi vida. Vanesa le dijo a Emilio, en mi presencia, y como si tal cosa: Emilio, esta tarde tu cuñado me ha echado un polvo y ha sido fantástico. Folla mejor que tú y tiene la polla más gorda. No estoy dispuesta a que se me vaya la juventud, siendo follada por alguien como tú, que no sabe y encima la tiene pequeña.

Mi cuñado comenzó a llorar sin emitir palabra. Las lágrimas caían por su cara. Fue un momento tenso. Cuando se calmó, sólo acertó a decir: Cuñado, por favor, tienes que tirarte a mi mujer. Si no lo haces tú, buscará otro y, seguro, me dejará. Si al menos es contigo, sé que se quedará a mi lado.

Yo, anonadado, sólo acerté a decir, “no te preocupes, Emilio, yo me la tiro”. Mi cuñada sonreía. Parecía haberse quitado un peso de encima. Se acercó a su marido y le dijo en voz alta: Emilio, eres un cornudo, un mierda. Quiero que esta noche veas cómo me folla tu cuñado. TE sentarás en el suelo viendo como me la meten. Y me tomó de la mano y subimos a su dormitorio. Yo, que nunca tuve mucho aprecio a mi cuñado, le iba tocando el culo y las tetas a su mujer delante de él, mientras subíamos, y le sonreía. Ya en la habitación mi cuñada intentó dirigir el acto, pero yo se lo impedí: quieta, puta, y date la vuelta. TE voy a follar el culo sin quitarte ni las bragas y aquí en presencia del mierda de tu marido, que además me va a chupar el rabo para lubricarlo.

Mi cuñado dijo que no, pero su mujer le advirtió: cornudo, o haces lo que te manda mi nuevo macho, o me voy para siempre. Él, gimoteando empezó a chuparme la polla, mientras yo le metía dos dedos en el culo de su mujer, que se estaba bajando el pantaloncito corto. Le decía a mi cuñado: mira Emilio, que mujer más puta tienes, y ahora es mi zorra. Cuando me pareció suficiente humillación, le metí el rabo de una sola vez a Vanesa, que dio un grito ahogado por la almohada. La bombeé hasta correrme; su culo estaba abierto, lleno de mi leche. Le di una palmada en la frente a mi cuñado y le dije “misión cumplida, tu mujer está follada por hoy” a lo que él, en voz baja me dijo “gracias” y me fui a dormir con mi esposa.

Desde entonces, quedamos cuando me apetece, y me tiro a mi cuñada delante del cornudo de su marido, al que trato despectivamente; a veces me follo a Vanesa poniéndola encima del torso de su marido, para que arquee la espalda y suba la pelvis. Me gusta verle la cara a Emilio cuando empujo. Tiene prohibido follarse a Vanessa. Le pego collejas, le obligo a lamerme la polla, y cualquier otra cosa que me haga apropiarme de su hombría y de su mujer. Tiene prohibido darle ninguna orden ni indicación de ningún tipo en mi presencia. Cuando yo estoy, procuro manosear las tetas de mi cuñada en presencia de su marido para marcar quién es el macho; le mando a por una cerveza, que me sostiene mientras me tiro a su esposa. Ahora les he dicho que Vanesa debe dejar de tomar la píldora anticonceptiva. Quiero preñarla y que el cornudo de Emilio críe al bebé como si fuera suyo.

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Humillo a mi cuñado follandome a su mujer, 6.9 out of 10 based on 72 ratings
  
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