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INICIACION LESBICA CON MI MADRE

20 de noviembre de 2007

Mi nombres es Karol Alexa y mi historia es de mi amor lésbico con mi madre, “ma” como la llamaré. Yo tengo 22 años y soy algo delgada, ma es de unos 45, rolliza, más bajita que yo, pero bien formadita. Desde los 16 años supe de mis tendencias lésbicas cuando veía a mis compañeras en el vestidor del colegio. No me imaginé que ver a mi madre una noche, semi desnuda, despertara tremendamente mis apetitos sexuales. Con ella somos amantes desde hace unos tres años, y también amigas y confidentes. No nos importan los tabúes ni otras hipocresías de nuestra sociedad. Disfrutamos mucho de nuestra relación y punto. Yo misma seduje a ma y nunca me he arrepentido. Después del divorcio con mi padre, ma pasó meses de desánimo; tuvo un novio, pero al final nada resultó. Salvo pocas amigas se aisló mucho. Poco hablábamos juntas, a pesar de vivir las dos solas en la casa que quedó a nombre de mi madre. Una noche al pasar a mi cuarto ella estaba en el baño y la puerta entre abierta. Estaba peinándose, con una blusita y apenas en cucos. Quedé paralizada, nunca la había visto así. Su cuerpo me pareció hermoso y provocativo y ese pensamiento me asustó. Ella estaba de espaldas y de lado, pude ver la silueta de una de sus tetas, caída, pero rellenita; su trasero era precioso, un poquito caído, pero delicioso, nalgas bien tornadas. Pasé rápido al cuarto, pero esa escena se me quedó.

Una noche me masturbé pensando en su cuerpo, y para mi espanto, soñé acariciándolo. Desde esos días me hice más cercana y cariñosa, hasta que una noche de mucha lluvia entró gotera a mi cuarto. Después de una inspección del fontanero, Ma me dijo que la reparación del techo tardaría. No importa, le dije con entusiasmo, dormimos juntas. Ella sonrió. La noche la pasé casi sin dormir al sentir su cuerpo cerca y la imagen del baño. La tercera noche me arrullé a ella y al sentirla dormida no puede evitar pasar mi mano sobre su cuerpo. Con mucha delicadeza puse mi mano sobre una de sus tetas y la acaricié lentamente. Mi corazón latía tan duro que temía despertarla. Al ver que seguía dormida, me atreví a pasar la mano por debajo de su blusa de dormir, tocando la base de sus pechos. Con mucha calma y nervios mi mano subió por su pecho derecho hasta que toqué su pezón. Pasé saliva. Mamá se movió un poco y retiré mi mano. Nada pasó y esperé un rato. Al poco mi mano, más atrevida, volvió al pezón y lo sobó suavemente. Aquí comencé a calentarme, pero los nervios no me dejaron seguir adelante.

A la mañana le pregunté como había dormido y su respuesta me encantó. Me confesó que su sueño era muy pesado y casi nada la despertaba. Esto me excitó mucho y estaba muy ansiosa por que llegara la noche. Una vez en la cama esperé con poca paciencia; casi me delato. Cuando la sentí dormir profundamente, mi mano volvió, con más descaro, a explorar ambas tetas. Me di el gusto de acariciarlas a mi antojo, siempre vigilando cada movimiento. En efecto, no despertaba. Con mi corazón a mil, me incorporé sobre ella y con delicadeza le abrí la blusa. La luz de la calle fue suficiente para mostrarme un hermoso par de tetas, algo grandes y caídas, pero con un pezón oscuro y grande. Me quedé extasiada, y sin darme cuenta, mi boca se acercó a un pezón y le dio un beso suave. Me asusté y me quedé quieta; ma ni se movió. Esta vez avancé un poco más, y al beso al pezón siguió un lamido tímido. Su blandura y olor me calentaron y sentí la humedad en mi chochito. El sueño profundo de mi madre no fue más que una invitación al ataque, y con mi boca procedí a besar y chupar cada teta. Me sentí en el cielo. Ma se movió un poco, asustada me recosté. ¿Se habría despertado? Fingí dormir, y así me quedé.

A la mañana volví a preguntarle y me dijo que hab&iacu

te;a tenido el sueño pesado, pero que esperaba no haberme incomodado. De ninguna manera, me apresuré a responderle. Como en la tarde se quejaba un poco de cansancio, le insistí en que se tomara una pastilla para dormir bien. Sólo con insistencia aceptó. A la noche, después de mis tareas, esperé a que se acostara y le llevé agua con dos pastillas (no una). Le di un beso en la frente y le dije que volvería más tarde. Más tarde entré al cuarto, ma dormía plácidamente, una revista en una de sus manos y el TV prendido delataban el efecto de las pastillas. Con mucho nerviosismo apagué TV y luces y me dejé en bata de dormir. La llamé y moví varias veces y para mi satisfacción (y lujuria) no se despertó. Me sentí como una diablilla que podía hacer lo que se le antojara. Me acosté y apreté mi cuerpo y le susurré: Ma, te quiero mucho, debes saberlo, me gustas mucho, y tu cuerpo me enloquece. Déjame tocarlo. Con menos tacto que antes, abrí su blusa y me deleité viendo sus tetas a la luz tenue de la ventana. Las besé con dulzura, las lamí y ensalivé un buen rato. Que tetas tan buenas tienes… Ma, déjame comerlas, le decía.

Chupé sus pezones como un bebé, hasta que me cansé. Me recosté otra vez sobre ella y pensé en que hacer. Mi mano derecha se fue sobre su vientre y con nervios me acerqué a su monte de Venus. Pasé a sus piernas y las acaricié un rato; mi lujuria me empujaba a acariciar su coño, pero el temor de despertarla me lo impedía. Al fin me animé y le acaricié su sexo sobre su pantalón de dormir. Mi corazón se aceleró y perdí la calma. Puse mi mano debajo de su pantalón y le sobé otra vez el coño. Sentí sus labios y esto me hizo humedecer de la excitación. Sin más, metí mi mano por debajo de su calzón y me llevé mi primera sorpresa excitante: una abundante mata de pelos salvaguardada su tesoro. Mi mata de pelos es normal, pero esta era abundante, me sentía como en un bosque. Exploré la mata un rato, hasta que mis dedos bajaron y tocaron su vulva. Aquí gemí quedamente. Sin importarme nada, mis dedos iniciaron la exploración de su vulva. Miré a ma; ni se movía. ¡Maravillosas pastillas para dormir! Tan confiada estaba que separé un poco sus piernas y mi mano sobó con más atrevimiento su panocha; mis dedos exploraban sin temor este nuevo terreno.

Me acerqué a su rostro y la besé suavemente en la boca, susurrándole al poco: Que labios tan lindos tienes, ma, no sólo de tu boquita sino de tu coñito tan rico… Seguí besándola y sobando su vulva, mi coño ya arrojaba gotas. Entonces me incorporé y, sentada en la cama, le bajé poco a poco su pantalón de dormir, hasta un poco encima de las rodillas. Su calzón era un poco grande, pero veía claramente sus labios dibujados. Tomé su calzón y lo bajé poco a poco, al ver la mata de pelos pasé saliva. Cuando la bajé casi todo, me quedé extasiada. ¡Era todo un bosque! No me imaginada que ma tuviera tanto pelo. ¿Por qué lo mantenía así? Después sabría que le crecía mucho y se aburrió de afeitarse; no volvió a hacerlo excepto cuando debía visitar al médico. Sabia decisión que me alegraría mis días, pues esa panocha peluda ha sido mi mayor delirio, pasión y distracción, además de su lindo culo. Buen rato pasé admirando la mata de pelos, hasta que la lujuria me llevó a desnudarla de la cintura para abajo. Su sueño era realmente pesado y ya ni me preocupé por ver si despertaba o no.

Me puse frente a ella, le abrí las piernas y me quedé extasiada viendo su coño. La gruesa mata de pelos por arriba y los lados iba casi hasta el ano, pero no ocultaban sus labios gruesos que salían casi desafiantes. Me abalancé sobre ella y la besé con pasión. Volví sobe sus tetas y las chupé y lamí, seguí con su vientre hasta llegar a su tesoro. Me restregué en su mata de pelo, y sin más, le besé la vulva. Que lindo coñito, ma, déjame chuparlo… Mi lengua lo exploró de arriba abajo, hasta que comencé a chuparlo sin miedo. Mientras tanto una de mis manos se entretenía sobando mi coño ya muy mojadito. Hasta que abrí sus labios y mi lengua entró en la gruta del placer, y entre jadeos y espasmos me com&i

acute; su panocha. Me vine como nunca, y me recosté sobre ella un poco. Estaba deliciosamente cansada; la vestí nuevamente y dormí hasta que el día me despertó.

Durante los siguientes días nada pasó, volví a regañadientes a mi cuarto. Un sábado ma volvió a estar agotada, y esta vez no se opuso a mi recomendación. Otro par de pastillas benditas y sueño profundo. Sobra decir que esa noche mi visita no se hizo esperar, con más calma, pero igual pasión, volví a mis tareas incestuosas. Besos en la boca, comer tetas, desnudar, abrir piernas y comer chocho. La pasé fabuloso. De pronto se me ocurrió vestirla y voltearla suavemente. La tenía boca abajo. Le subí la blusa y le besé y acaricié su espalda. Bajé hasta su trasero, y con cuidado bajé su pantalón de dormir. ¡Que nalgas! Besé y lamí cada una. Hasta que sin más, bajé sus calzones. Desde mi posición vi su coño y sus abundantes pelos. Pero di un grito de alegría cuando separé sus nalgas y vi por primera vez su anillo. No podía creerlo cuando mi lujuria me llevó a ensalivarlo y darle un beso. Estaba como loca; nada me importaba. Más saliva, nalgas aparte y uno de mis dedos inició la conquista de un terreno inexplorado. ¿Sería virgen del ano? Mi dedo entraba poco a poco, siempre ayudado por abundante saliva. Dedo adentro, dedo afuera, al principio lentamente, después más rápido. Besaba sus nalgas, el ano, lamía y chupaba como loca. Casi me vengo de la excitación. Así pasé el resto de la noche. Al otro día no vi ninguna reacción en ma o al menos nada me dijo.

II No me atreví a repetir esas dos noches; mi temor por el uso de las pasta de dormir era superior al deseo. En vez de eso decidí conquistarla y desde entonces todo fue coqueteos y tratos cariñosos. Ma estaba complacida. Una que otra noche me le aparecía en su cama alegando tener frío y si estaba muy dormida hacía algo de meneos, pero sin el atrevimiento de las noches pasadas. Pero una noche pasó lo que tanto anhelaba. Ese día ma estaba muy deprimida pues había discutido con pa. Cuando llegué a casa y me contó la consolé como pude; también me confesó de su fracaso con el otro supuesto novio que intentó tener. Aproveché para hablar pestes de los hombres y otras sandeces, así como de la importancia de tenernos unas a otras. Por supuesto a la noche le hice mi visita a su cama y la abracé un buen rato. –Has sido tan buena conmigo, hija… La tomé con ternura en mis brazos y sin darme cuenta le di un beso en la boca. Retiré mi boca asustada. Ma nada dijo y yo me quedé quieta y confusa. Después ma siguió hablando de otras cosas como si nada. No supe que pensar. ¿Se habría dado cuenta del beso o estaba tan preocupada?

Al poco volví a decirle que yo estaba con ella todo el tiempo, y volvía a besarla en la boca. Esta vez ella abrió sus ojos. Nos quedamos un rato silenciosas. Súbitamente, ambas nos besamos. No se como, pero sentimos la necesidad de hacerlo, sin palabras ni gestos. Simplemente nos besamos en la boca. Mi corazón latía con violencia. Ma no estaba dormida, estaba bien despierta y me besaba. La tomé en mis brazos y la besé con fuerza. De pronto ella se soltó azorada. – Espera, hija, yo… – Lo siento, no sé por qué… Le acaricié el rostro con mucha dulzura. – Ma, no te asustes, todo está bien. Te quiero mucho, has sido todo para mí, y quiero que lo sepas. – Pero, soy tu madre y… No la dejé terminar. La besé con más fuerza, ella simplemente se quedó quieta. Esta pasividad me agradó. Marcaría el futuro de nuestra relación, pues soy agresiva sexualmente y ma es justo lo opuesto. Este beso fue más allá, mi lengua entró en su boca y la poseyó. Ma intentó una resistencia más, pero muy débil. Estaba en mis manos. – Ma, llevas un año de injusta vida monótona, sin disfrutar de tu hermoso cuerpo. Déjame recuperar el tiempo perdido… Ma se asustó. La besé una vez más y no la dejé hablar. – Pero hija, yo… Nada que hacer. La recosté sobre la cama y me puse sobre ella y de lado, y la besé como nunca. Lengua y saliva compartida, besos apasionados y sonoros, toda mi boca como un volcán. Ma apenas se dejaba hacer.

Mi mano derecha se lanzó al manoseo de su teta más cercana, y después fue mi boca la que se posesionó del manjar, cul

minando con su delicioso pezón. Lo chupé como niño que hacía tiempos no había probado dulce alguno, y ma dejaba que su niña poseyera ese frutito. Pasé al otro pecho y repetí mi gozosa comilona. Ma lanzó por fin un gemido. –Que rico, mi niña, que rico… – Ma, no es justo que un cuerpo tan hermoso lleve tanto tiempo sin que se le trate como corresponde – le dije directamente – Prométeme que vas a dejarme hacerte feliz esta noche, ¿de acuerdo? Ella dudó un poco, pero mi mirada fue amenazante. – Si, mi niña, haz como quieras… La besé no ya como hija sino como amante, esta vez ella fue más receptiva, y nos pasamos un buen rato dándonos lengua y saliva. Mi mano bajó de una a su vientre y le sobé la vagina por sobre la ropa de dormir. Metí mi impaciente mano por debajo de su calzón y suspiré al volver a perder mis dedos en su bosque. Ma abrió un poco sus piernas. En ese momento la sentí totalmente mía y mi lujuria se multiplicó. Me puse al frente de ella de rodillas y le quité pantalón y calzón, de una. Su mata de pelos y labios quedaron expuestos a mi vista. Lancé un grito de placer.

La luz de la mesa de dormir no era fuerte, pero suficiente para disfrutar del espectáculo. – Ábrete – le ordené. Ma abrió sus piernas y su fruta quedó a mi merced. Besé sus muslos un rato, jugueteando con acercarme o no a su vulva, hasta que no pude contenerme más y le besé su rica vulva. Ma gritó y se movió un poco, pero mis manos la contuvieron. Lamí de arriba abajo con fruición, con mordiscos suaves, halando sus labios y besando sonoramente. – Que cuca tan rica, tan dulce… que tesoro tan rico… jadeaba. Al fin mis dedos separaron los labios y mi lengua entró, otro gemido de ma. ¡Pobre ma, con su coño sin atención por tanto tiempo! Ma jadeaba quedamente y me obsequiaba con sus jugos. Yo seguía comiendo sin parar. Entonces tomé sus piernas y la obligué a ponerlas hacia atrás, sobre sus pechos. Su trasero totalmente expuesto me calentó a mil. Puse una almohada debajo. Ma se sostuvo sus piernas con sus manos, en total actitud de sumisión. Sumisión que me aceleró. Volví a devorar coño, esta vez con lengua y dedos, el jadeo de ma era más continuo. Unté un dedo saliva y lo puse en el ojete. Ma gimió. Sin cesar mi ataque de lengua, el dedo se hundió más hasta que entró seguido de un grito de ma.

La poseí con el dedo largo rato, sin dejar de penetrar su gruta con mi lengua. Abrí sus nalgas y sin más le besé el agujero, ya dilatado. Yo estaba como loca y ya nada me importaba. Ma gemía casi de continuo. – Hija, que rico, como lo haces, que rico… ohhh…. Entonces levanté su trasero de tal forma que quedó a mi altura, la tomé de las caderas para acercar su trasero a mi boca. Ma se ayudó. – Abre las nalgas – le ordené. Obedeció al instante. Al hacerlo su ojete quedó totalmente expuesto. Lo inundé de saliva y con una mano lo manoseé sin misericordia. Un dedo, ahora dos, entraban y salían a su antojo. Ma se abrió aún más sus pobres nalgas lo cual me gustó, y la recompensé con mi lengua, la cual entró victoriosa. Ma se corrió, y mi rostro se llenó de sus jugos orgásmicos. Ambas gritamos de placer, y nos tumbamos, exhaustas, sobre la cama. Dormimos un poco como dos angelitas. Pero mi calentura no me dejó tranquila. Al despertar me abracé a ella desde atrás, mis pechos contra su espalda. Manoseé sus tetas un rato, ma ya estaba despierta. La tomé de las caderas e inicié un culeo frotándome contra sus nalgas. Ella se arqueó un poco y con placer seguí mi empuje. Le besaba la nuca mientras mis manos la acariciaban toda. Entonces me volteé toda, con mi cara dando a su trasero. Le besé las nalgas. Ma tembló un poco. – Ma querida, ¿te gustó? – Si mi niña, me hiciste muy feliz… no sabía que una mujer podía hacer tan feliz a otra… ¿Te gustó a ti? – Me pones loca y muy caliente. Le lamí una nalga. – Hija, ¿te puedo pedir algo? – Lo que quieras. – Chúpame el culo, me encantó mucho… Diciendo esto levantó su pierna libre. Yo quedé complacida. – Ma, que cosas dices… fingí sorpresa. – Por favor mi niña, lo hiciste tan rico… Con mi mano le separé las nalgas de arriba y le di un beso. – ¿Así? – le pregunté coquetamente. – Sí, sí, así…

Ensalivé el ojete

a gusto, y probé primero con un dedo, el cual entró sin problema, sacando un gritito de ma. Al poco lo besé y con ayuda de mis manos lo penetré con mi lengua. Ma gimió. – Que rico, que rico… esto es el cielo, sigue, sigue, ohhhhhh… De paso mis lametones tomaban su vulva, y repartí lengua entre ambas partes. Le abrí sus labios con descaro y la penetré con mi cansada lengua. – Me vengo, nena… Ma se sacudió y otra vez mi rostro se empapó de los abundantes jugos de Ma. Esta vez gritó. Aquí supe que algunas veces, cuando está muy excitada, ma derrama tantos jugos que eyacula. Yo heredé esa cualidad de ella. Yo seguí mis ataques hasta que yo misma me vine. Otra vez nos dormimos un rato hasta que ella misma me despertó cuando aclaraba el día.

Me besó en la boca, bajó a mis pechos y los devoró con su boca. ¡Ya estaba desnuda! Ma me chupaba con un poco de torpeza, pero con pasión. No aguanté mucho y le bajé su cabeza hasta mi chocho húmedo, me abrí y le ofrecí mi tesoro. Ma me besó los labios y cerré los ojos. Sus chupetones no eran expertos, pero me agradaba dejarme chupar. Al fin separó mis labios y su lengua tomó su papel protagonista. Yo jadeaba. Ma mejoró, dedos y lengua me poseían. Estaba tan excitada que me vine rápido, y como ma, la obsequié con una descarga de mis jugos. Ambas somos generosas en este punto. Ma siguió un rato más, pero yo estaba exhausta. Se recostó sobre mí y me besó largamente agradeciéndome esa maravillosa noche. A la mañana nos despertamos con un largo beso. Pasamos el día como colegialas enamoradas. Ma estaba feliz. Temí que reaccionáramos con sentimientos de culpa, pero no fue así. Los días y semanas pasaron como una larga luna de miel. Hacíamos el amor en cualquier momento que podíamos, de día o de noche, en el baño, en su cuarto, en mi cuarto. Una noche nos invitaron a una fiesta. A la medianoche estábamos algo bebidas, y Ma me tomó la mano y me llevó a uno de los baños con la excusa de que le ayudara a ajustarse la ropa o algo así. Entramos al baño y cerró. Sin más me tomó en sus brazos y me besó largamente. La bebida le daba mucho impulso. Me bajó los pantalones y calzón, se arrodilló y comenzó de una vez a lamerme la panocha. Lo hacía con tanta avidez que me incliné y me abrí más. Me chupó como poseída. Después me volteó y desde atrás prosiguió su ataque, sin dejar de lado mi ano. Me vine en instantes.

Al poco salimos para no despertar sospechas, con una sonrisa grande en ambos rostros. Intentamos seguir con la fiesta, pero ma se inventó una excusa y salimos con prisa. Las copas que tomó ma la tenían muy lasciva, lo cual me encantaba; yo apenas había probado una copa y estaba lúcida. No más bajarnos del taxi y entrar a casa, cuando ma me tomó en sus brazos y me besó con una pasión y furia que no le conocía. Yo simplemente me dejaba llevar. Entre besuqueos y manoseos me fue llevando al segundo piso y a su cuarto, donde me tumbó sobre la cama y se me montó besando y manoseando mis tetas por sobre mi blusa. En instantes me despojó de zapatos, y pantalón, el calzón me lo puso de lado dejando expuesto mi coño. Realmente mi madre estaba loca de sexo, gracias a las copas.

Me besó los labios y chupó con sed de jugos. Yo me dejaba. Su lengua se movía con pasión de arriba abajo, entre chupetones y sonoros besos. Mi pobre clítoris tuvo que resistir varios ataques, y al fin sus dedos abrieron la inundada almeja para permitir la entrada de su lengua. Mis gemidos y los suyos se confundían en uno sólo. Sus chupadas eran apasionadas, calientes, lujuriosas, como si fuera la última vez. Yo me dejé llevar en todo. Mis jugos la excitaban aún más. Me puso de lado con mi pierna izquierda hacia arriba, y siguió sus lametones en mis labios con su dedo largo entrando en mi ano. – Que coño tan rico, nena, déjame comérmelo todito… – Todo tuyo mi amor, así… Lengua y dedos siguieron no se cuanto maravilloso tiempo, la una ensartada en mi vagina, los otros entrando de a uno o en par en mi ojete. No pude más, y en un orgasmo tremendo bañé la cara de mi amante. Quedé rendida, aunque ma siguió un rato más chupando. Me incorporé y la besé con mucha fuerza, mezclando mis jugos y nuestras salivas. – Estuviste marav

illosa, má…

Continuará…

Autor: Karol

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1 comentario »

  1. luli dice:

    hermoso relato Karol

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