INTERCAMBIO IMPREVISTO Y MUY SABROSO

El negro empujó contra la vagina de mi mujer y se fue a fondo, no podía creer lo que estaba viendo, un negro de casi 2 metros con una polla de unos 30 cm arremetiendo contra mi mujer. La situación era muy caliente. Ver a mi mujer sobre la mesa del comedor donde íbamos a cenar festejando nuestro aniversario siendo sometida por un negro y chupándoles las pollas a otros dos negros.

¡Hola a todos! Soy un asiduo lector de esta página y después de pensarlo mucho me he decidido a escribir mis experiencias.

Me llamo Juan Carlos, estudio Arquitectura en la ciudad de Córdoba, Pcia de Córdoba Argentina, soy alto mido 1.97 cm, tengo el pelo rubio y ojos negros. Actualmente convivo con mi novia desde hace 5 años… La experiencia que les voy a contar sucedió es el inicio de mi actual vida… ese hecho que hizo que mi vida pasara de ser una vida normal a una vida que merece ser compartida con todos Uds.…  Si bien ahora lo puedo contar… en su momento fue muy traumatizante… Bueno a los hechos…

Me acuerdo la fecha… era el jueves 3 de Abril… ese día con mi mujer cumplíamos diez años de habernos conocido y dado que aun no nos casamos festejamos esa fecha como si fuese el aniversario de bodas… Resulta que ese día tuve problemas con mi jefe y dado que era fin de bimestre, me tuve que quedar hasta muy tarde…

Cuando llegué a mi casa, esperaba disfrutar de la noche con mi mujer y tener una cena especial… era una noche hermosa… Cuando llego a mi casa todo estaba oscuro… pensé que era una sorpresa que mi mujer me quería dar… así que entré como si todo fuese normal…  En ese momento entro por la cocina y escucho voces en el comedor… eran voces desconocidas y le hablaban a mi mujer como ordenándole que haga algo…

Ante mi sorpresa me oculte detrás del modular para observar que sucedía… Cuando me asomo veo que mi mujer estaba sentada en el sofá y al frente de ella estaban tres negros encapuchados… quien era el más alto, y que parecía tener el mando, le dijo a mi mujer “¡Sacalas y chupalas!”… Ante la negativa de mi mujer, el más chico le dio un bofetazo en la cara y le amenazó con un chuchillo… Al verse obligada, mi mujer desabrochó los pantalones dejando tres pollas totalmente erectas…

No me considero con una polla chica… mide aprox 18 x 6 cm… pero esas tres eran muy grandes… no exagero si digo que la más chica media 25×7 cm… mi mujer las tomó… cuando en ese momento uno de los negros le dice “¡Mamalas puta!” mi mujer se negó pero de nuevo le pegaron en la cara… la situación me empezó a calentar… ver así a mi mujer rodeadas de tres vergotas puso a mía al tope…

Habrán estado así unos 15 minutos… conociendo a mi mujer la situación ya la estaba calentando, porque lo hacía con muchas ganas… cerraba los ojos y disfrutaba… parecía que las iba a gastar… Cuando el más grande de los negros le ordena a mi mujer que se ponga sobre la mesa boca abajo… mi mujer sin dudarlo… cumple y abre las piernas… En ese momento dice algo que todavía lo recuerdo “Estaba necesitando que un hombre me abra completa”… ella siempre me hizo pensar que yo la satisfacía, pero en ese momento me daba cuenta que no era así… que estaba necesitando una verga que la satisfaga…

La cuestión es que el negro empujó contra la vagina de mi mujer y se fue a fondo… no podía creer lo que estaba viendo… un negro de aproximadamente 2 metros con una polla de casi 30 cm arremetiendo contra mi mujer… El negro le decía “Toma puta… toma… ahora va a venir tu marido y lo vas a esperar bien abierta”… Mi mujer decía “No pares… dame duro… me atraviesas”… Mientras tanto los otros negros le acercaron sus pollas para que se las mame… La situación era muy caliente… Ver a mi mujer sobre la mesa del comedor… donde íbamos a cenar festejando nuestro aniversario… siendo sometida por un negro de dos metros y chupándoles las pollas a otros dos negros… era extremadamente excitante para mí…

Yo estaba con la polla que me estallaba… concentrado en la escena… Es así que alguien grita “Miren quien está acá!” En ese momento tomé conciencia que un cuarto negro estaba detrás de mí… Se dan vuelta todos y empezaron a gritar “Así que tu marido es puto”… comienzan a reírse de mi… De repente el negro más grande que estaba sometiendo a mi mujer dijo “Ustedes dos encárguense de él”… mi mujer no se podía dar vuelta, trataba de observarme pero no podía… el negro le decía “Quedate quieta o le damos también a tu marido”… No pareció importarle mucho a ella que pasaba conmigo solo gritaba:

“¡Daaaaaaaaame maaaas duroooo, hasta el fondoooooo!”

Ahí estaba yo… con dos negros con las pollas erectas… no me acuerdo cuan grandes eran… estaba muy sorprendido por como habían cambiado los hechos… No sabía si me iban a matar o amenazar… Cuando uno de los negros me dice “Vas a hacer lo que te ordenamos o no contás la historia”… Yo me quedé quieto… no podía reaccionar… Entonces el otro me dijo “Arrodíllate y mamalas”… yo no entendía lo que pasaba pero un golpe en la cara me hizo reaccionar… “mamalas puto” me dijo uno de los tipos… Yo no podía hacer otra cosa… tomé las dos pollas y las llevé a mi boca… comencé a mamarlas… era un gusto salado… y fuerte… las pollas comenzaron a endurecerse en su totalidad… eran realmente grandes… yo chupaba y chupaba … estaba tan caliente que me empezó a gustar la situación y los tipos lo notaron y le empezaron a decir a mi mujer:

“Al final le tomó el gusto, puta” y el otro le decía “ jajaja En cualquier momento nos pide que le rompamos el culo” …

Luego de pasado un tiempo… el negro más grande le dice a los dos que me estaban sometiendo “pónganlo sobre la mesa y denle lo que necesite”… Entonces en ese momento uno de los negros me toma y me tira sobre la mesa… estaba boca a bajo sobre la mesa… y al lado estaba mi mujer siendo sometida por el negro con los ojos cerrados gritando:

“Dame más… que rico… al fondo”… pero en un momento paró y me mira a los ojos…

No podía creer que me estaban por sodomizar… pero el negro que la estaba sometiendo le preguntó:

“Decime putita… ¿querés que nos vayamos y los dejemos en paz?” y mi mujer dijo “¡Noooo, por favor… no pareeeeeeeen!…”

Entonces los negros empezaron a reírse y dijeron:

“¿Le vamos a romper el orto a tu marido?” y ella respondió “Hagan lo que tengan que hacer pero sigan”…

Yo no podía creer lo que estaba pasando… mi mujer estaba aceptando que violen al marido con tal de seguir… estaba desconocida… En ese momento sentí algo duro que invadía mi recto… el dolor era inmenso… se me caían las lágrimas… me iban abriendo… En ese momento mi mujer empezó a gritar “yo también quiero… rómpeme la cola!” y el negro no dudó… y al rato mi mujer gritó “Aaaaahhhhhh, me rompes todaaaaa”… comenzó a llorar y gritaba “No pares, no pares… de ahora en más, cada vez que vengas me inclinaré para que me cojas por todos mis agujeros”…

A mi ya me empezaba a gustar… no lo podía creer… era el día de mi aniversario y yo y mi esposa estábamos siendo el manjar de cuatro negros que nos estaban partiendo a los dos…

De repente el negro que estaba violando a mi mujer dijo “Me corroooo” y mi mujer le dice “Llename de leche el culo” y el negro gritó… “Ahí te va putaaaaaa”… yo miré a mi mujer… ¡ una cara de satisfacción! … parecía que había perdido la virginidad … Yo estaba con una polla en la boca y la otra en el culo abriéndome… Luego de unos minutos quien estaba partiéndome el culo dijo “¡me corro!” y lo le dije “quiero sentir tu leche en mi culo” y en ese mismo momento el que estaba en mi boca largó toda su leche mi cara” desde ese momento no me acuerdo más…

Al otro día… me levanté del piso… y estaban tres negros durmiendo con mi esposa en nuestra cama… Me pregunté donde estaba el otro… Cuando voy a la cocina a tomar algo el otro estaba desnudo… tomando un vaso de jugo y me dice:

“No te creas que lo de ayer fue todo, mira como estoy”

Miro para abajo y tenía la polla erecta… “Sabes que tenés que hacer” me dijo… pero eso es otra historia…

Espero que les haya gustado.

Envíen sus comentarios en el mismo relato.

Autor: Juanchi

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LA COMISIÓN

Por eso mismo, por la comisión que mi marido les pagaba, a las damas de compañía (por no decirles putas) cuando él necesitaba de sus servicios, para algún cliente, fue que terminamos siendo el cabrón y yo puta.

Ignacio mi marido, desde hace varios años, es el jefe de relaciones públicas de un banco. Aunque yo estaba al tanto de algunas de sus operaciones especiales, no terminaba de gustarme eso, de que en ciertas ocasiones dependiendo de qué tipo de cliente se tratase mi marido contrataba a un par de dichas damas de compañía para llevar a cenar a su cliente, desde luego que lo que Ignacio buscaba, era que dicho cliente la pasara fenomenal.

Mi marido me contaba que al llegar al hotel, su cliente se iba a una habitación con la que le hubiera tocado en suerte, mientras que Ignacio, supuestamente entraba en la habitación contigua, acompañado de la que a él le hubiera tocado a él. Según mi marido, jamás le ponía un dedo encima a esas tipas, porque se trataba de negocios estrictamente. Pero cuando me dijo de la jugosa comisión que se llevaba cada una de ellas, y la que a él le tocaba, me quedé sorprendida. Ya que según él, si el cierre de ese tipo de negocio le dejaba una magnifica ganancia al banco, bien se podía invertir en las damas de compañía.

Como la idea de que él estuviera encerrado con una tipa de esas no terminaba de gustarme, un buen día le propuse que me llevase a mí, como su dama de compañía, y así esa comisión se quedaría en casa. La idea desde el principio no le agradó para nada, me dijo a manera de advertencia que en ocasiones sus clientes se antojaban de cambiar de pareja, o querían hacer un trío con las dos mujeres. Yo por mi parte le dije que de seguro cuando algo así se presentase, podríamos manejarlo de manera inteligente. Bueno finalmente y a regaña dientes, Ignacio aceptó.

Realmente no era nada del otro mundo, eso sí me debía vestir muy bien, lucir seductora, reírme de los tontos chistes de sus clientes, cenar y en ocasiones salir a bailar para después todos terminar en la habitación de un lujoso hotel. La mayoría de las veces Ignacio y yo nos quedábamos en nuestra habitación, teniendo sexo. Pero un día o mejor dicho una de esas noches, desde que nos encontramos con su nuevo cliente, tuve una especie de raro presentimiento, ya que el tipo ese, a pesar de que su pareja era una hermosa chica bien formada y simpática, el cliente no hacía otra cosa que clavar sus ojos en mi cuerpo, la mayor parte del tiempo, cosa que se la hice notar a Ignacio, a lo que él me respondió, que no le hiciera el menor caso, y no dijo más nada.

Después de la cena, nos fuimos a bailar, en cierto momento cuando la chica y yo regresábamos del baño, el tipo ese en lugar de sacarla a bailar a ella, se levantó, me tomó de la mano y me condujo a la pista de baile, mientras que yo con cara de sorpresa no dejaba de mirar a mi esposo, quien me hizo señas de que continuase.

Ya bailando me di cuenta de que el tipo era todo un aprovechado, cada vez que podía deslizaba alguna de sus manos hasta mis nalga y  me apretaba con fuerza contra su cuerpo, al punto que llegué a sentir su erecto miembro bajo la tela del pantalón que lo presionaba contra mí vientre, a lo que yo simplemente respondía de manera discreta, con una tonta sonrisa, mientras que volvía a separarme de él, aunque esas cosas me excitaban mucho, el que mi marido estuviera tan cerca de nosotros, me hacía actuar de manera muy cuidadosa.

Cuando regresamos a la mesa, aprovechando que el tipo ese sacó a bailar a su compañera, le conté casi todo a mi marido, menos el hecho, de que en parte los acercamientos de su cliente, me habían gustado. Mi marido me dijo, acuérdate que te advertí que cosas así y peores, podían suceder. Vamos a tratar de que no se repitan, así que ya mismo pagó la cuenta y nos vamos al hotel.

Durante todo el trayecto, mientras íbamos en el auto, el muy desgraciado le comentaba a mi esposo una y otra vez, lo importante que era su firma para que se cerrase el negocio, como yo iba sentada al frente al lado de mi marido, sentí una de las manos del tipo ese, tocándome la nuca, por lo que procuré sentarme de manera que no lo pudiera seguir haciendo. Ya en nuestra habitación contigua a la del tipo ese, de momento alguien comenzó a tocar la puerta, era el cliente de mi marido, quien tras hablar con mi marido, se retiró. Fue cuando Ignacio me comentó que estaban a punto de perder ese jugoso contrato, ya que la chica que le había tocado al cliente no era de su agrado, que el tipo lo que deseaba era acostarse conmigo.

Ignacio tras cerrar la puerta de nuestra habitación, me dijo con tono de voz bien triste. Bueno perdimos una de las más jugosas comisiones, de nuestra vida. Yo no sabía qué hacer, de momento lo escuché decirme, con cierto tono de rencor en su voz. Te lo advertí, que algún día se nos presentaría una situación como esta, y tú que dijiste. Que lo podríamos manejar de manera inteligente, bueno dime que hacemos. Si fueras una dama de compañía, yo simplemente le diría, te acuestas con él, pero lo que nos queda es que mandamos todo al carajo.

Ante tal situación, me sentía como una porquería, ya que como decía Ignacio si yo realmente fuera una de las damas de compañía con cambiar de cama bastaba. De inmediato me dijo, bueno, pudiera ser si tú estuvieras de acuerdo, yo por mi parte le dije, yo estoy de acuerdo con todo lo que tú decidas. Ignacio se quedó en silencio y después dijo, bueno siempre y cuando tú también lo quieras hacer, por el bien de los dos. Después de eso no se dijo nada más, yo tomé la cartera y me dirigí a la puerta. Pero antes de salir le dije, después no me lo vayas a echar en cara, a lo que mi marido respondió, te juro que no.

Al entrar en la habitación del cliente, la chica salió, con una gran sonrisa en su rostro, y de inmediato entró en la habitación de mi marido. Mientras que yo entraba en la habitación del cliente de Ignacio, quien al verme, esbozó una tremenda sonrisa, tras lo cual me invitó a pasar. Lo cierto es que en medio de todo tenía ganas de salir corriendo, pero al mismo tiempo también sentía un deseo intenso de acostarme con ese tipo. Quizás por lo que había pasado también deseaba serle infiel a Ignacio, y el consentimiento me excitaba mucho más.

Una vez que él cerró la puerta de la habitación, sin demora alguna dejé que mi corto vestido, se deslizase por mi cuerpo hasta llegar al piso de la habitación, lo recogí con toda mi calma y lo coloqué sobre una de las butacas. Mientras que él se me fue acercando hasta quedar justo frente a mí, me tomó en sus brazos y apretándome contra su cuerpo me comenzó a besar y acariciar todo mi cuerpo sin restricción alguna. A medida que me besaba y acariciaba, terminó por desnudarme completamente, mientras que él continuaba del todo vestido.

Fue cuando me preguntó si yo sabía mamar, la verdad es que si, ya que a mi marido le encanta que le haga eso, y para mi es una de las maneras de conseguir de Ignacio lo que yo quiera. Así que sin pensarlo mucho me arrodillé frente al cliente, y bajando lentamente la cremallera de su pantalón extraje su miembro, que de por sí ya se encontraba bastante erecto. Comencé primero a manipular su cosa con mis dedos, lentamente, con calma. Para después dedicarme a pasar mi lengua por sobre su colorado y oscuro glande. Hasta que entendí que era el momento apropiado, de ponerme a mamar como es debido.

De cuando en cuando levantaba la vista, y observaba como él me miraba, con ese desagradable aire de superioridad. Hasta que de momento me extrajo su verga de mi boca, al tiempo que me tomaba por el brazo, y me levantaba del piso diciéndome. Ahora lo que deseo es metértelo, así que lo de la mamada lo dejamos para más tarde.

Entramos al dormitorio, y de inmediato me acosté sobre la cama con mis piernas bien abiertas, mostrándole aunque con algo de vergüenza, la totalidad de mi depilado coño. El tipo ese, se me fue acercando con su verga agarrada entre una de sus manos, sin tan siquiera desvestirse, se fue colocando sobre mí. Lentamente sentí como su miembro comenzó a penetrarme, era algo que apenas comenzó a suceder, me mojé toda por dentro, a medida que él continuaba, yo comencé a mover mis caderas, hasta tener toda su verga dentro de mi cuerpo. Sus manos apretaban mis senos, y con su lengua me lamía todo mi rostro.

El que ese hombre me hiciera todo eso, me excitaba tanto que comencé a pedirle que me diera más y más duro, lo que él hacía con todo gusto, diciéndome. Así es que me gustan las putas, no como la pendeja de tu amiga, que se las da de señorita. Lejos de sentirme ofendida, me encantó escuchar sus palabras, hasta que después de un rato me dijo. Antes de que me venga quiero darte por el culo. Como también cuando busco que mi marido me compre algo, otra de las cosas que se que lo vuelven loco, es que yo lo dejé que me dé por el culito.

Así que extrayendo su verga de mi coño, simplemente me tomó por los tobillos, y tras separarla, después levantó mis piernas, dirigió su verga contra mis nalgas y comencé a sentir como me penetraba. Ya una vez que me lo había metido todo, tanto él como yo comenzamos a movernos. Mientras que enterraba alguno de sus dedos dentro de mi vulva, haciendo de esa manera que alcanzara un tremendo orgasmo. Para posteriormente venirse dentro de mí, sin sacar su miembro de mi cuerpo, hasta que finalizó. Después de eso, se levantó de la cama y regresó con una botella y dos copas.

Tras invitarme un trago, tomó asiento en una butaca y me llamó para que se lo volviera a mamar, pero como dijo él mismo, hasta el final. Cosa que hice, después de que se lo limpié con una toalla húmeda y bastante jabón, mientras pensaba que realmente no me sentía nada mal, por lo que me estaba sucediendo, es más hasta el estar mamando lo disfrutaba intensamente, mientras que al mismo tiempo con mis propios dedos me auto satisfacía yo, introduciéndolos y apretando mi clítoris una y otra vez, hasta que nuevamente alcancé otro orgasmos. De tanto chupar ese mustio miembro, se volvió a tonificar completamente, y a los pocos minutos sentí, el inconfundible sabor a semen en mi boca.

El resto de la noche hasta la mañana del día siguiente, ese hombre se dedicó a que yo me pusiera hacer, cuanta locura se le ocurría, introduciéndome alguna que otra fruta dentro de mi coño y mi culo, mientras que él  me observaba hasta que finalmente ya cansado se quedó dormido. Cuando eso sucedió regresé a la habitación de Ignacio, para encontrarlo durmiendo con el coño de la chica en su boca. Cuando finalmente despertó, no dijimos nada. Por lo menos no hasta que llegamos a nuestra casa, donde después de unos cuantos rodeos Ignacio me preguntó qué había sucedido, entre su cliente y yo, como si él no lo supiera.

Le conté con lujo de detalles todo, mientras que él al principio, parecía algo molesto, pero al poco rato prácticamente me saltó encima y a medida que yo seguía contándole detenidamente, lo que su cliente me había hecho y lo que después me ordenó hacer. Ignacio me penetró salvajemente por el culo, mientras que una de sus manos me la enterraba divinamente dentro de mi coño.

Ese día decidimos, que no volvería a hacerme pasar por su dama de compañía. Pero a la semana de haber sucedido todo eso, me llamó por teléfono desde a oficina, preguntándome si estaría dispuesta a acompañarlo con un nuevo cliente. Cuando estaba a punto de decirle que no, me comentó. Lo que sucede es que este cliente es amigo de aquel otro que se acostó contigo, y lo primero que me preguntó fue por ti. Así que en medio de todo me sentí halagada, y de inmediato le dije que sí. A sabiendas de las cosas que me esperaban, y de la jugosa comisión que me ganaría por eso.

Autor: Narrador

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Crimen & Castigo (I)

Hola, lo que me paso fue terrible, todo comenzó cuando esa mañana, para caer bien en el colegio nuevo, decidí usar el auto de papa y esto sin pedírselo prestado.

Se que estuvo mal sacarle el auto sin pedirle permiso, pero realmente quería causar una buena impresión a mis nuevos compañeros.

El día marchaba bien y mis nuevos compañeritos y compañeritas me recibieron de maravilla, to-dos muy atentos y cordiales. Al medio día, una vez finalizado el primer día de clases me marche a mi casa y para redondear una buena impresión acerqué a un par de nuevas amigas a sus casas, y allí comenzó el día que nunca olvidaré.

Llegando a mi casa volvía distraída pensando en la lindo que había sido el día y en como impre-sionaría al día siguiente, y así fue como doblando a la esquina no puse suficiente atención y me lle-ve puesto un auto que estaba estacionado. No podía creer lo que había hecho, me baje del auto y me di cuenta que la había roto un farol y rayado el guardabarros.

Rápidamente reaccioné y me di cuenta que si aparecía el dueño del auto al que había chocado las cosas se pondrían aun peor, claro esta por que aun no tenia el registro ya que tengo solo 16 años, y además mis padres no sabían que me había llevado el auto, cosa que no me hubieran permitido hacer jamás y motivo por el cual me lo lleve sin pedir.

Así, me subí rápidamente al vehículo y arranque. Minutos después había metido el auto en la co-chera y aun temblando comencé a pensar como lo solucionaría. Lo primero que se me ocurrió fue mentir o desaparecerlo para que crean que lo habían robado, pero seguramente alguien me habría visto y, a pesar de que somos nuevos en el barrio por lo cual ningún vecino se acercaría a preguntar a mis padres como me encontraba, seguramente con la investigación policial saldría todo a la luz.

De este modo, llegue a la única solución posible. Como mis padres no llegarían sino hasta el día siguiente por la mañana y como el daño no había sido tan grande como en un comienzo creí, se me ocurrió llevarlo a un taller mecánico y pedirles que lo arreglen lo más rápido posible sin importar el dinero. Como no tenia dinero para pagar siquiera los repuestos o la mano de obra y menos aun pi-diéndoles que lo hicieran en tan poco tiempo se me ocurrió pedirles que lo arreglasen para primera hora del día siguiente sin importar lo que cueste. Así, suponiendo que lo dejarían arreglado desde la noche anterior para entregármelo en cuanto llegue a la mañana siguiente, yo entraría en la noche para llevármelo sin pagar el arreglo, por lo menos hasta que juntase el dinero.

Planifiqué todo, mire el reloj y me dispuse a llevar el coche hasta un taller mecánico que había visto ya alguna vez al pasar. Llegue hasta el lugar y mientras esperaba a que me atendiesen me de-dique a mirar como y por donde entraría esa noche, el lugar era un gran galpón situado entre medio de dos fabricas que nunca supe a que se dedicaban, pero si sabia que dejaban su maquinaria funcio-nar durante toda la noche. Esto en un comienzo me preocupo por miedo a que hubiera trabajadores cerca a la hora en que pensaba entrar, pero luego me tranquilice e incluso me alegré pensando que no están las salidas por la misma calle, por lo que no me cruzaría con nadie y además el constante ruido de los equipos me permitiría llevar a cabo mi plan sin preocuparme por el ruido que pudiera hacer.

Luego de que me atendiera un mecánico y le explicara lo urgente del trabajo, logre que dejara de mirarme con cara de depravado y que coordináramos en que horario temprano de la mañana pasaría para buscar el auto el día siguiente. Ya a esa altura me sentía sumamente intimidada por que la úni-ca cliente que quedaba en el garaje era yo, y todos los mecánicos me miraban de un modo muy obs-ceno, por lo cual, trate de dejar en claro todo lo más rápidamente posible y me retiré casi a las corri-das.

Al anochecer, comencé a prepararme para mi primer delito, la verdad estaba comenzando a arre-pentirme pero ya era tarde, tenia que seguir adelante. Tomé la ropa interior deportiva que tenia pen-sado usar la cual consistía en una tanga elastizada que, típico de la ropa interior deportiv

a, la parte de abajo era bastante calada en el frente y casi “cola-less” atrás para que no se marque la sombra en las calzas y la parte de arriba no tenia breteles. Luego me puse un pantalón deportivo para moverme con facilidad, ya que además de estirarse me quedaba bien entallado, a pesar de que soy delgadita, y así además no me engancharía con ningún alambrado o reja. Luego me puse un top de gimnasia que también me quedaba ajustado, por un lado por ser de lycra y además por que tengo una delantera bien dotada. Me coloque una campera deportiva, me anude mi cabello largo y castaño y salí a cum-plir con mi plan.

Ya eran más de las doce de la noche y me encontraba caminando por mí, a estas horas, solitario barrio. Llegue hasta el taller, miré a mis alrededores y al no notar movimiento alguno ni en las ca-lles ni en el interior del taller me decidí a entrar. Mientras ingresaba, bastante despreocupada por llamar la atención ya que el ruido de los talleres lindantes parecía magnificarse en el silencio de la noche, observe como el portón de entrada estaba entreabierto. No podía creer la suerte con la que estaba corriendo, suerte que por cierto se acabaría pronto. Entré al garaje e inmediatamente pude ver mi auto, me acerqué y note lo impecable que había quedado. Lo primero que me vino a la mente fue que si lograba sacarlo rápido de ahí, mi travesura no tendría mayores consecuencias, y lo segun-do fue que cuando juntase algún dinero seria correcto volver al taller para agradecer al tan bien hecho trabajo de estos hombres.

Miré en el interior del coche y pude ver que las llaves se encontraban colocadas en el arranque. Mire en los alrededores y al no encontrar a nadie, tomé valor y me subí. Puse en marcha el motor y lentamente comencé a salir del galpón.

Al llegar al portón me encontré con la novedad de que el portón, que hasta hace instantes se en-contraba abierto, ahora estaba cerrado. Sorprendida, me bajé rápidamente del auto y me dirigí hacia el. Cuando quise volver a abrirlo no lo logre, un nuevo intento me hizo caer en la cuenta de que estaba cerrado con candado.

En ese instante, asustándome completamente, se encendieron las luces del auto y quedando com-pletamente encandilada pude ver la figura de tres hombres en los lados del coche…

– ¿Que haces tu aquí, jovencita?

– Nada, no hago nada – Les dije muy asustada y sorprendida.

– ¿Cómo que nada? – dijo uno de ellos – A mí me parece que algo estarías haciendo.

– No es que yo, eh, nada, solo estaba, eh – Y no pude decir nada, nada se me ocurría –

– ¿Tú que?, Estabas haciendo algo ¿O no?

– Disculpe señor, ya me iba.

– No niña, – me dijo quien me había atendido esa tarde – Tu no te vas a ningún lado.

– No pero…

– Tu eres la chica que me trajo este auto, ¿Querías llevarlo sin pagar?

– No, es que yo…

– Ven aquí – me dijo mientras me tomaba del brazo y me llevaba casi al vuelo hacia una habi-tación en el fondo del garaje –

La habitación era una especie de cuarto de descanso, supongo yo, para el jefe o dueño. Tenía un escritorio bastante desordenado contra una pared, una cama cuya limpieza dejaba mucho que desear situada en la pared opuesta, un sillón de un par de cuerpos y unas estanterías con muchos papeles y un Televisor. Por lo demás no era de grandes dimensiones y la iluminación era más bien tenue, a excepción de la zona del escritorio que al tener una lámpara encendida sobre él, estaba más ilumi-nada. Esta luz me permitió observar lo que más me llamó la atención de la habitación, esto fue que al observar las paredes, estas estaban prácticamente empapeladas por fotos y recortes de mujeres desnudas, o en actos extremadamente obscenos. Parándose el jefe frente a mí, y quedando yo situa-da en el centro de la habitación, prácticamente rodeada por los, ahora, cuatro hombres, intente con-tinuar con mis excusas:

– Espere, yo le diré que es lo que pasó.

– Bien, te escucho – Dijo quien parecía ser el dueño –

– Nada, es que tuve un problema con el auto, pero yo pensaba pagarlo.

– ¿A si?, ¿Y Cuando pensabas hacerlo?

– En algún tiempo, estoy juntando dinero para….

– Niña, seré directo. ¿Tienes el dinero o no?

– No pero yo…

– Pues entonces, lo pagaras de algún otro modo, además me has puesto cachondo desde esta tarde.

En ese

momento me sentí paralizada del miedo. Este hombre con quien había tratado desde un comienzo, y que suponía yo era el jefe, hizo un gesto a los otros tres hombres, uno de los cuales, que era flaco y alto a quien yo debía llegarle no más allá del pecho, era quien más obscenamente me había estado mirando esa tarde, y que poco importaba si me había molestado o no, pues en ese ins-tante sentí como su mirada me despojaba por completo de mis prendas.

El jefe le reiteró la seña a el tercero, que seria un hombre de unos cuarenta y tantos años y bastan-te obeso, y este, automáticamente salio del cuarto. Unos instantes después pude escuchar que un motor extremadamente ruidoso se encendía. Este ruido prácticamente no dejaba que pudiera decir nada debido a su potencia, ruido que se silencio considerablemente cuando, ya de regreso, el hom-bre obeso cerró la puerta tras de si.

Yo, ya palidecida de miedo, comencé a lagrimear, temiendo mucho que estos hombres me golpea-ran o me lastimaran.

El jefe, se acerco a mi y me indico que me sentara en la cama, y yo paralizada no pude ni mover-me.

– Ven niña, siéntate, hablaremos de las formas de pago, – y tomándome del brazo me condujo hasta la cama donde sin forzarme, pero guiándome, me sentó. –

– Disculpe, – le dije -, le aseguro que pensaba pagarlo, solo necesitaba unos días más.

– Pues has hecho mal, ahora tendrás que pagarnos de algún otro modo.

– ¿De que modo?

– Ya veremos, pero primero quiero ver que no te estés robando nada.

– No, no señor, yo no me robé nada.

– Ya lo veremos, sácate la ropa.

– ¿Qué?, no, no haré eso.

– Pues entonces tendré que palmearte.

– Pero yo no robé nad… – y sin darme lugar a terminar me interrumpió –

– Elige, o me muestras o te palmeo.

– La idea de que ese hombre tocara alguna parte de mi cuerpo no me agradaba en lo más mínimo, pero menos aun me agradaba la idea de quedar desnuda frente a todos ellos.

– Elige niña, – replicó – ¿Nos muestras o te reviso?

– Está bien, si quiere revíseme, pero vera que no tengo nada.

Pero claro está, ese no era su objetivo. El hombre me hizo parar de frente a las estanterías que-dando él a mis espaldas, y pasando sus brazos por mi lado comenzó a bajarme el cierre de la campe-ra, aprovechando para rozar su bulto contra mis glúteos. A esto yo no pude reaccionar, como tam-poco lo hice cuando me sacó la campera por completo. Acto seguido, me indicó que apoyara las manos en uno de los estantes superiores y que separara un poco las piernas. Yo, a lo de las manos respondí sin decir nada, pero a lo de separar las piernas no accedí, y permanecí quietita.

El hombre, mientras los otros tres miraban con grandes sonrisas, comenzó a recorrer los laterales de mi cuerpo, subiendo por mis caderas, revisando mi abdomen para comprobar que no tuviera algo allí escondido, y causándome un escalofrío, recorrió el lado interno de mis brazos hasta rozar los lados de mis pechos. El ruborizado y el salto que esto me causó deben de haber sido notorios ya que al instante sentí las rizas de los otros quienes seguían mirando cada vez más atentos.

Su recorrido siguió desde mis tobillos cuesta arriba, así, a través de mis apretados pantalones, podía sentir sus manos recorriendo mis piernas y muslos, del mismo modo que él podía sentir mis firmes piernas. Supongo que esto causó algún efecto en él por que las recorrió durante eternos se-gundo llegando incluso a dar algún apretón en mis muslos. Detonante fue cuando al llegar a mis glúteos, no se contentó con rozarlos sino que los apretó e incluso comenzó a separarlos, esto auto-máticamente causó mi reacción y girando me apoyé de espaldas en las estanterías.

Los cuatro se sonreían e incluso reían con todo descaro, y yo no podía más que sujetarme a las estanterías intentando calmar mi respiración.

– Ven. – me dijo el hombre guiándome hacia la cama nuevamente – relájate que conversare-mos un rato sobre como solucionar esto.

Me senté, y a mi lado se sentó este señor. Yo no podía dejar de mirar de reojo las fotos que me rodeaban, por que si bien ya había visto este tipo de publicaciones en lo de alguna amiga, e incluso en mi casa, nunca fueron de un tono tan su

bido. El jefe, se dio cuenta de esto y luego de señalarle al flaco alto un cajón, comenzó a preguntarme al respecto.

– ¿Te gusta este tipo de material?

– Nnno sse… señor – le dije aún con miedo –

– ¿Por qué las miras con tanto entusiasmo entonces?

– Perdone, no las miro más.

– No niña, no quise decir que no las podías mirar, solo que tengo más, y si quieres podemos verlas.

En ese momento el flaco alto, quien había sacado del cajón una serie de revistas, se las entrego al jefe y se sentó a mi otro lado.

– ¿Quieres verlas?, ¿Tengo algunas muy entretenidas?

– Bu…bu… bueno, – Dije más por miedo que por gusto. –

– ¿De que tipo quieres ver?

Acto seguido el hombre que me había manoseado comenzó a pasar las paginas de una de ellas, allí se veía a una chica de menos de veinte años que a medida que se sucedían los cuadros, aparecía cada vez con menos ropas, pasó una pagina más y ya se podía ver a través de cada cuadro, como esta chica quedaba completamente desnuda haciendo poses que la dejaban completamente expuesta a primerísimos planos de sus zonas más privadas. Al ver esto, lo primero que pensé fue lo humilla-da que se debería haber sentido la modelo al posar, pero luego me comenzaron a llamar la atención detalles como lo sensual que sabia mostrarse o como tenia completamente afeitado su triangulito intimo. Este se veía muy distinto al mío, dejaba a la luz su tierna y suave montañita de un modo mucho más erótico.

La siguiente página mostraba como un muchacho se situaba junto a ella y comenzaba a acariciar-la, comenzando en sus senos, siguiendo en sus glúteos y terminando situando su boca sobre su va-gina. Unos cuadros más en donde la chica se retorcía de placer completaban la página. Al pasar la hoja, el cuadro más grande era un primer plano del rostro de ella, haciéndole una mamada al mu-chacho, varios cuadros como este se siguieron hasta que en un cuadro de la siguiente hoja se veía como dos hombres más ingresaban en la habitación y comenzaban a sobar su cuerpo, a lo cual, para mi asombro, la chica respondía gustosa.

Las imágenes se sucedían, y la chica utilizaba sus manos para satisfacer a un par de ellos mientras con su boca succionaba el miembro del otro, pasando de miembro en miembro como si fuera uno solo. Al voltear a una nueva página, ya se podía observar como su ano albergaba completamente el miembro de uno de los hombres que la sodomizaba, mientras sus manos y boca la daban placer o los otros dos. Las páginas se completaban así, con imágenes de ella siendo sodomizada por unos y por otros alternadamente, o siendo penetrada por su vagina.

La secuencia de esta pagina concluía con la chica situada como en un sándwich, siendo penetrada por sus dos orificios al mismo tiempo y succionando el miembro restante.

La página siguiente fue la más desagradable de todas, ella situada con los tres miembros que la rodeaban a la altura de su rostro comenzaba a recibir una a una, la descarga del semen en su boca, para terminar con su rostro y labios derramando los fluidos de sus amantes a la vez que les limpiaba sus glandes. La revista se cerró, y yo quede atónita.

– ¿Alguna vez has hecho algo así?, – Me preguntó el jefe –

– Nnno, no. – Respondí rápidamente mientras meneaba la cabeza –

– Sabes que eres una niña muy bonita, ¿No?

– ¿Pp…puedo irme señor?

– No, aún no nos has pagado.

En ese momento sentí un escalofrío que me recorría todo el cuerpo, el hombre flaco y alto había apoyado una mano en la cara interna de uno de mis muslos y comenzaba a acariciarlo, yo intuitiva-mente apoye mi mano sobre la de él para que se detuviera. En ese instante el jefe me abrazo pasan-do uno de sus brazos por mi espalda y mientras me besaba el rostro y el cuello, con su otra mano comenzó a acariciarme uno de mis pechos por sobre mi top de lycra, que es con lo que había queda-do vestida, ya que la campera había quedado sobre una silla.

A esto, no supe como reaccionar y quede por unos instantes con la mente en blanco. Los dos se-guían sobándome, uno mis muslos, y el otro alternadamente mis pecho mientras me besaba el cuello que se encontraba completamente al alcance al igual que mis hombros, ya que, ni la parte superior de mi ropa interior ni el top tenían breteles y además tenia el pelo recogido. Mi mente salió de ese estado cuando sentí com

o la mano del flaco se posaba sobre mi entrepierna. Esto causó que rechace sus manoseos casi con violencia, a lo cual el flaco respondió tomándome de los brazos y tensándo-los a mis espaldas, mientras gritaba pidiéndoles que me suelten e intentando, inútilmente, forcejear.

Estaba yo, casi en estado de pánico, y en ese momento un bofetazo del jefe hizo que me quede callada y quieta de repente.

– Bueno niña, parece que no tienes intenciones de pagarnos así que no me dejas otra solución que la de denunciarte a la policía, y claro esta, tener que pedirle a tus padres que sean ellos quienes paguen por el arreglo.

– No, no haga eso, se lo suplico. ¿Qué quiere de mí?

– Mmm…, hagamos una cosa, nos tienes loquitos desde hoy a la tarde así que…

– ¿Qué quiere señor?

– Tendrás que ser buenita con nosotros por un rato.

– ¿Buenita…?

– Si – Y en ese instante el jefe se paró delante mío, y bajando su pantalón, dejó ante mi un miembro a medio crecer –

– Pero, yo nuca he…

– Como prefieras niña, es tu decisión. Además, con esto quedarían todas las deudas saldadas – Yo tenia náuseas solo de pensar en eso, pero solo quería terminar con esto, y haciendo este sacrificio, en un rato todo habría terminado. –

– Esta bien, acepto, pero de a uno por vez, y a solas.

– Esa es una niña buena, venga.

El jefe les hizo una seña a los otros hombres y estos salieron del cuarto. El jefe se sacó por com-pleto el pantalón y se recostó en la cama.

– Venga niña, bájame lo que queda de ropa y comienza tu labor.

Yo me incline sobre él, y le bajé su ropa interior hasta las rodillas. Luego, cerré los ojos, abrí mi boca y comencé con esa labor que nunca había hecho, pero que debía aprender por la fuerza y rápi-do.

Los primeros intentos fueron lo más distantes posible, me limitaba a darle besitos casi sin separar mis labios y lo sujetaba con solo algunos dedos, pero un grito y un tirón de pelos de quien me esta-ba forzando a semejante labor hicieron que cambie de técnica.

– Usa tus dos manos….

– Ahora métetelo en la boca. – Replicó –

– Si no lo haces como te mostré en la revista, me enojaré mucho.

Ya no podía escaparle a esta labor, además cuanto antes los satisfasciera más rápido me iría. To-mé ese miembro, que ya había crecido muchísimo, y comencé a succionarlo mientras los sujetaba entre mis manos. Le pasaba la lengua por su glande, lo deslizaba hacia arriba y hacia abajo, y lo introducía, hasta donde podía, dentro de mi boca.

Los cristalinos fluidos que emanaban como lubricantes de esa masa de carne y venas, se mezcla-ban con mi saliva empapando mi boca y labios.

Luego de unos minutos de hacer esto, ya había logrado superar el desagrado y las náuseas que esta denigrante labor me producía, y si bien estaba lejos de disfrutar algo de lo que sucedía, comen-zaba a sentir que no era un precio tan alto el que estaba teniendo que pagar por el error que había cometido.

Mientras, con la ambición de finalizar lo antes posible con esto, me mantenía concentrada en la tarea de darle placer, sentí un leve ruido detrás. Rápidamente giré mi cabeza y observé como los otros hombres habían ingresado nuevamente, y mientras se acariciaban sus miembros, miraban lo que, humillada, tenia que hacer. Quieta por unos instantes debido a la desorientación de lo que hací-an, fui metida nuevamente en mi labor por las manos de quien se cobijaba en mi boca. Por unos instantes dude si decirles que salieran o si, a pesar de lo acongojada que me sentía por estar entre todos estos hombres mientras realizaba tan obscena labor, me convenía más que sigan acelerándose, lo que me facilitaría el trabajo luego. Pero esta duda desapareció en el instante en que me di cuenta de que uno de ellos portaba una cámara y había estado filmando todo desde quien sabe cuando.

– No. – Les dije – No pienso seguir con esto.

– Basta niña – Dijo el jefe con el seño fruncido – Me has cansado, ahora si llamaré a la poli-cía, a tus padres e inclusive a los diarios locales.

– No, espere. Hablemos, yo …

– Ningún hablar, y además de denunciarte a ti y a tus padres, por que también los denunciaré a ellos –Aclaró para mi horror – Mostrare y haré publico lo ya filmado.

– NO. –Dije de un grito- No haga eso. Mis padres se morirían.

– Bueno, esta es tu última oportunidad, sigue tu labor sin decir palabra alguna.

– Pero…

– Nada, ¿Acaso quieres que lo haga? – Me dijo mirándome a los ojos, y segundos después me inclino la cabeza sobre su miembro e incrusto nuevamente su pene en mi boca – Sigue.

Mi humillación era indescriptible, ya los otros hombres se habían acercado sentándose en el borde de la cama para, mientras seguían acariciándose ya con sus miembros completamente desenfunda-dos, aprovechar para ver más de cerca mi mamadas. Y completando la situación, se encontraba uno de ellos que registraba con lujo de detalle todo lo que acontecía. Por momentos filmando toda la escena con los hombres que me rodeaban y a mi en el centro dándole placer a ese hombre, y por momentos hacia acercamientos tomando en primer plano mis labios y manos deslizándose por ese cilindro de carne.

– Que linda sales perrita – Me decía quien filmaba – Sigue chupando como te gusta.

Seguí haciendo lo mío, a pesar de que comenzaba a sentir como cada tanto alguna mano se posaba sobre mis pechos dando algún que otro pellizco a la zona donde asumían estaban mis pezones, haciéndome pegar saltos, gritos y respingos cada vez que lo hacían, lo cual conseguí evitar dificul-tándoles el acceso al taparme con los codos el costado de mis colgantes senos. Y si bien esto dio resultado, ahora para poder seguir con mi labor tenia que inclinarme aun más sobre aquel miembro lo cual le daba un acceso más directo a mi garganta y me ponía en una posición en la que mis nalgas quedaban mucho más expuestas, sobre todo teniendo en cuenta la ropa que llevaba puesta. Fue cuestión de instantes hasta que se tentaron con mis partes posteriores, digo esto por que pude sentir claramente sus manos palpando, al comienzo y apretujando después, mis glúteos. Situación inco-moda si las hay, que me llevo al borde del llanto cuando de cuando en cuando sentía algún dedo que pasaba por entre mis apretados muslos para recorrer con la yema de sus dedos mi tierna y tímida canaletita. Esto y cómo liberarme de esa situación, me estaba llevando casi toda la atención, hasta que sentí en mis labios las contracciones del miembro que lamía, lo cual confirmado por los mugido que se hacían más notorios, me indicó que estaba a punto de eyacular. Instintivamente retire mi bo-ca de allí. – Pues no dejaría que un hombre, y menos aun uno tan repulsivo como este, descargara sus asquerosos fluidos en mi garganta – Pero no pude escapar del todo al desagradable acto ya que este perverso, al ver que me retiraba y estando a punto de terminar, apoyó mi cabeza de costado contra su abdomen y apuntándome con ese asqueroso mounstro de un ojo al que sacudió un par de veces más, comenzó a descargar el espeso fluido sobre mi rostro. Yo quería quejarme, pero no po-día retirar mi cabeza de allí, y la idea de que algo de eso entrará en mi boca, descartaba por comple-to la idea de intentar pronunciar palabra alguna.

Cerrando los ojos y boca con fuerza, aguante las emanaciones que ese aparato escupía en mis par-pados, pómulos y labios, o mejor dicho, en toda mi cara. Sentí como las eyaculaciones cesaban y, produciéndome un desagrado que me llevaba al borde de las arcadas los grumos comenzaban a des-lizarse cuesta abajo esparciéndose por mi rostro. Luego quise usar mis manos para llevarme el top al rostro con la idea de limpiar ese desagradable liquido, pero no contento con haberme hecho todo lo que me hizo, me sujeto mis muñecas juntas, yo no sabia por que lo hacia e intenté abrir los ojos a través de ese espeso liquido.

– No niña – Me dijo – Antes de limpiarte tú, límpiame a mí.

– Suélteme, quiero limpiarme por favor. – Le suplique ya asqueada –

– No, primero limpia mi miembro.

Y asqueada con la idea de seguir con esos fluidos por mi rostro, y descartando por completo la idea de seguir hablando, ya que cada vez que habría la boca sentía como el semen que había queda-do en la comisura de mis labios tendía a irse hacia adentro de mi boca, accedí a lo que me decían. Si al comienzo fue asqueroso, ahora todo cubierto por sus propios fluidos me desagradaba aun más, pero solo deseaba sacarme de una vez ese néctar que comenzaba a escurrir por mi cuello y se secaba en mi cara, por lo tanto, y además ya estaba curada de espanto, mientras aun me sujetaba las ma

nos tome ese mimbro solo usando mi boca, y mientras lo sujetaba con los labios lo limpiaba con la len-gua.

Una vez hecho esto y con el miembro ya casi fláccido entre mis labios, por fin me soltó y yo le-vante mi top de lycra para limpiarme el rostro y cuello. Con la ansiedad por sacar esos restos de mi cara, no me di cuenta de que al haber levantado mi top quede más expuesta y se me veían los pe-chos contenidos en mi sostén. Recién me di cuenta de esto, una vez que casi ya limpia pude obser-var como los tres que quedaban sin satisfacer me miraban fijamente. Para cuando reaccioné, fue tarde, el más flaco de los tres que estaba a mi lado, antes de que pudiera bajar de nuevo mi top y aprovechando que mis brazos estaban levemente alzados, la tomó de atrás y rápidamente me lo reti-ro por sobre mi cabeza dejándome solo con el sostén.

– No, devuélvame eso.

– No te preocupes, ya te lo devolveré, pero primero cumple con los demás.

Realmente no quería quedar expuesta de ese modo pero deseaba irme rápido, así que para no dis-cutir me dispuse a seguir con lo mío. Mire a mí alrededor y observe al obeso que sentado en el bor-de de la cama y con su miembro completamente erecto me indicaba que era su turno. Yo me acer-que de rodillas, que es como me encontraba, y me situé entre sus piernas inclinándome así para co-menzar de cero con este nuevo aparato.

Comencé introduciéndome el miembro en la boca y sujetándolo de la base con una de mis manos lo recorría arriba y abajo con los labios, y si bien para esta altura ya me sentía una experta, el des-agrado que me daba no me dejaba hacer esta labor lo suficientemente cómoda como para terminarla lo antes posible. Luego de un rato, el desagrado comenzó a hacerse menor, pero me incomodaba mucho como el sujeto con la cámara, que era un muchacho negro como el ébano de más de un me-tro noventa bastante menudito y de no más de treinta años, seguía filmando. En ocasiones haciendo primeros planos de ese desagradable miembro cobijado en mi boca el cual salía casi en su totalidad haciéndome presionarle la cabeza con mis labios para luego introducirse, lenta pero rítmicamente, hasta casi producirme arcadas por la profundidad que alcanzaba.

Luego de un tiempo de seguir con la mamada que hacia, el más flaco de todos se sentó inmedia-tamente al lado del gordo al que placía y con su mástil erecto me tomó una de las manos, la cual usaba para apoyarme sobre la cama, y la colocó sobre su propio miembro, y más allá de que al sa-carme la mano de apoyo casi me incrusto el miembro que chupaba hasta el fondo de la garganta ahora tenia que placerlos de a dos a la vez. Esto, que en un principio me había negado a hacer ahora lo tomaba como mal menor con la intención de terminar lo antes posible mi castigo, castigo que no creía merecer pero que estaba cumpliendo.

– Haz como las fotos que viste en la revista – me dijo el más flaco

– ¿Cómo? – Pregunté con parte del pene del hombre más gordo aun en mi boca.

– Ponte entre medio de nosotros dos tomando con cada mano una de nuestras baritas mágicas, y pasa con tu linda boca de uno al otro.

Esto no me resultaba tan aterrador como podría haber creído hasta un día antes, y si bien ya nunca más podría decir que no había estado con dos hombres a la vez, estaba dispuesta a hacer ese sacrifi-cio o simplemente mentir con tal de disminuir a la mitad el tiempo dedicado a algo tan desagrada-ble. Así que me puse manos a la obra, o mejor dicho, manos y boca a la obra. Me sitúe de rodillas en el piso quedando entre medio de ellos, y tomando un miembro con cada mano me dispuse a pa-jearlos a los dos al mismo tiempo, lo cual por una cuestión de coordinación no resulto fácil, pero luego de unos minutos y ya usando también mi boca para chuparles alternadamente, lo fui logrando.

El inconveniente resulto ser que para poder pasar de un pene al otro tenia que tirar todo mi cuerpo hacia un lado o hacia el otro, dependiendo de a quien le tocara, y esto hacia que quedara en una si-tuación en la que me resultaba casi imposible cubrir mis pechos con mis brazos para evitar el mano-seo que ambos me daban. Al comienzo no me resultaba tan incómodo por que ya no me pellizcaban y además el manoseo lo hacían por encima de la tela del sostén, y aunque a cada rato tenia que sol-tar alguno de los miembros para volver a acomodarme la delantera dentro de la ropa, no me resulta-ba tan incomodo. Pero des

pués, cada quien puso una de sus manos por encima de cada una de las mías, cada una de las cuales quedaba inexorablemente apretando cada uno de sus miembros, y a partir de allí no pude volver a soltar los penes que masturbaba ni tampoco volver a acomodar el sostén.

Claro está, con la mano libre que le quedaba a cada uno, y ahora ya metiéndola directamente por dentro del sostén, los dos continuaban con sus manoseos en mis pechos.

Mucho tiempo tampoco tuvieron que estar con sus manos entre mis pechos y el sostén por que aprovechando lo muy ocupada que estaba entre todas estas acciones casi acrobáticas y estando un poco a los sacudones para sacarme esas manos de encima, como si de dos moscas se tratara, el ne-gro alto que tenia la filmadora, destrabo hábilmente mi sostén y en cuestión de un segundo mis dos pechos quedaron colgando a la intemperie. Asunto al que quise reaccionar, pero el más gordo, a quien en ese instante masturbaba y satisfacía con mi boca, rápidamente soltó uno de mis pechos para incrustarme nuevamente contra su miembro con el cual casi me ahoga.

Por lo tanto, con mis manos aun sujetas a esos miembros y forzadas a seguir masturbándolos, más las apretadas que quien aun seguía manoseando mi pecho me daba para que no me incorporara, hicieron que tenga que soportar esta nueva situación como si nada. Además, la verdad tenía miedo de que se enojaran y esto les diera una excusa para ir más allá de donde ya habían llegado.

– Esta es una toma que no me puedo perder – Dijo el de piel negra que estaba filmando.

Acto seguido, sentí como de un tirón bajaba mi pantalón deportivo hasta mis rodillas, y si no lo bajo más allá fue por que precisamente de rodillas me encontraba. Y yo, totalmente abochornada, por que si bien no era virgen tampoco había estado expuesta así delante de ningún hombre, de hecho nunca un chico me había visto muy de cerca allí abajo y menos aun acercado su cara, pero bueno ahora lo estaba, y sumado al susto se imaginarán que quise salir de un salto, y también se imaginarán que de ningún modo me soltaron para que lo haga. De hecho, luego del tirón inicial que intenté hacer para incorporarme, me volvieron a enterrar la cabeza en esos penes llenos de sus flui-dos y mi saliva, y así ascendí un escalón más en el rango de mujerzuela.

Seguimos en estas acciones durante algún que otro minuto hasta que quien filmaba fue otro paso más allá, así en uno de los tantos acercamientos que hacia sobre mi trasero y sobre la parte de mi vulva que asomaba hacia atrás por debajo de mi ropa interior, la que al ser ajustada marcaría todo, ahora para hacerlo aun más explícito, me corrió la tanga deportiva hacia un lado dejando entrever, entre medio de mi cabellera púbica, toda la parte inferior de mi vagina, labios y agujerito inclusive. A lo cual, ahora sí reaccione de un salto, parándome al tiempo que me volvía a acomodar la tela de mis braguitas y subía nuevamente mis pantalones.

– Basta, ya está, déjenme ir. – Le dije casi suplicando –

– No, aun no has terminado – Me dijo el más gordo que se había parado y me indicaba que me acercara nuevamente a la cama –

– Entonces cumplan su palabra y no vallan más allá de donde prometieron. – Les dije inten-tando tomar coraje –

– Bueno, ven y recuéstate en la cama, seguiremos con lo que estábamos pero en otra posición.

La verdad que no me resultaban personas de confiar, pero ahora, nuevamente un poco más tran-quila, por algún motive me pareció que respetarían lo pactado. El mismo gordo me indicó que me recostara sobre la cama transversalmente y con la cabeza fuera de la misma, es decir, colgando hacia atrás. Hecho esto, él se colocó de rodillas detrás de mi cabeza dejando así su miembro a la altura de mi rostro, seguido lo cual, empezó a pasar la cabeza húmeda de ese instrumento por mis labios y luego lo comenzó a introducir nuevamente en mi boca.

– Vamos niña, tómalo con tus manos y ponte a chupar nuevamente.

Esto no era lindo, pero no era distinto a lo que venia haciendo desde ya un rato atrás. El flaco del-gado a quien antes había estado atendiendo junto con el gordo se colocaba ahora con una pierna a cada lado de mi cuerpo y colocando su pene entre medio de mis pechos, que aun estaban descubier-tos, comenzaba a masturbarse con ellos dándome una suerte de penet

ración de tetas. Y por supues-to, se podrán imaginar que el negro alto y delgado seguía filmando con todo lujo de detalle.

Ver a este negro filmando, a esta altura ya, no me hubiera llamado la atención, pero me quedé congelada cuando al ver que con la mano libre se acariciaba su bulto por encima del pantalón noté el tamaño que tenía ese bulto, y lo que debería medir semejante “cosa”. Lo primero que me pasó por la mente, fue las charlas con mis amigas en las que bromeábamos a cerca de la fama de esta raza, pero luego prácticamente palidecí al pensar que quizás tendría que satisfacerlo también a él. Y no es por una cuestión racista, si bien tengo que aceptar que me daba la impresión de que me daría un poco más de asco, el problema resultaba que si tenia que colocar mi boca alrededor de lo que pare-cía ser inmenso, lo más probable es que no podría volver a comer en una semana.

Todo esto se fue rápido de mi mente cuando comencé a escuchar los mugidos del más gordo, au-tomáticamente cerré mis ojos y boca y me dispuse a tolerar nuevamente las escupidas de semen en el rostro. Cosa que tardo uno o dos segundos en suceder, y que, a pesar de que la cantidad que me depositó resultaba abundante, no duró mucho haciéndolo. Mi reacción al notar que había terminado fue la de recordar que me haría limpiárselo así que sin que me dijera nada tomé el aparato y lo in-troduje en mi boca. Finalizado esto, intenté conseguir algo con que limpiarme pero nada encontré, y teniendo en cuenta que él otro estaba sentado, sin hacer fuerza pero apoyado al fin, sobre mi pecho, tuve que soportar esa leche escurriendo por mi rostro hasta que el flaco alto terminó, cosa que no tardó en hacer y que hizo sobre mis pechos. Esto no me resultó entretenido, pero la verdad que no quería más de ese asqueroso néctar esparcido por mi pelo y rostro. Además, ya todo había termina-do y me podría limpiar e ir a casa, si es que el negro no quería su parte también.

Me limpié nuevamente con mi top deportivo y miré al negro con una expresión que mezclaba la súplica de que no me hiciera hacerle eso también a él, pero con la resignación de que quizás me lo pediría.

– No te preocupes gatita – Me dijo este negro – No te cobraré hoy.

– ¿Cómo que “hoy”? ¿Qué quiere decir? – Pregunté asustada –

– Bueno niña, no te preocupes por eso – Dijo el jefe quien hacia rato estaba sentado en un si-llón.

– Bueno, ahora ya me tienen que dejar ir, y con mi auto.

– Si, vete tranquila, el portón está abierto y las llaves puestas en el auto. Además ya tenemos tu dirección y cuando lo necesitemos te contactaremos.

Realmente no sabia de que estaba hablando ese señor. En lo que a mi respectaba el trato ya estaba cumplido y no les volvería a ver la cara, pero en ese momento no tenia ninguna intención de averi-guarlo, lo único que quería era irme a mi casa a bañarme dejar el auto y dormirme con la esperanza de levantarme al día siguiente creyendo que todo había sido un mal sueño.

De cualquier modo, mientras volvía hacia mi casa seguí preguntándome, ¿Qué habría querido de-cir con que me contactarían cuando me necesiten?

Continuará…

Autor: ElMariscal

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