Mi mujer tan santa…y tan puta.

Me llamo César y actualmente tengo 40 años. La siguiente  historia  sucedió  hace  mas  de  10   y  considérala como ficción o realidad ¿qué más da? Si cumple con su función,  -excitarte-  es suficiente.

Conocí a Carolina mientras hacíamos fila para obtener copias certificadas en unas oficinas del Registro Civil en el Estado de México.  Yo le sonreí y ella correspondió por cortesía, pues tenía el porte de una mujer educada.  Más tarde nos re-encontramos en una fonda donde compartimos mesa.

-¿Qué leés? – me cuestionó.

Verónica decide morir. Paulo Coelho.

-¿y es bueno?

-como los sabores del helado. Tienes que probarlo –respondí.

Intercambiamos números de teléfono y cinco meses después estábamos viviendo juntos.  Ambos, con un divorcio a cuestas, nos tomamos con calma el asunto, dejando la opción de casarnos legalmente solo si la relación funcionaba.

Nos instalamos en un departamento solo para nosotros dos. Un compañero de trabajo me había dicho que las divorciadas cogían como locas porque ya le sabían al asunto y no se reprimían. En el caso de Carolina, parecía que encajaba con lo dicho. Ella  tenía la combinación de docilidad y pasión y no dejamos lugar en el departamento sin hacerlo.

Caro tenia –como dice la cantante Marta Gómez- ritualitos. Antes de bañarse,  colocaba la ropa que se pondría en un perfecto orden: calzado, pantalón o falda, blusa, y los accesorios al lado, sobre nuestra cama. Ella decía que así se visualizaba mejor.

En una ocasión que nos alistábamos para salir a un bar, vi su vestuario y me atreví a cambiarlo por uno más revelador. Un putivestido que había visto en un bazar.  Ella salió del baño y se lo puso.

-jamás había algo tan ajustado y corto –me dijo cuando ya estábamos de regreso.

-¿te sentiste incomoda?

-más bien diferente. Tengo 37 años, ya no soy una adolescente.  Pero eres mi pareja y me agrada darte gusto.

Caro era una mujer de medidas y peso normales pero daba el plus cuando se maquillaba y vestía sensual. Destacaba.

Las veces que salimos de antro me percate que ella podía vestirse derramando sensualidad pero solo tenía actitud para mí. Jamás coqueteaba ni daba pie a que lo hicieran con ella. Era de esas mujeres que cuando alguien las piropea, jamás voltean. Yo, no creía que hubiera mujeres así, no en la vida real. Tanta fidelidad, me tenía desconcertado sobre todo cuando en “mi mundo Godínez” todos andaban con todos. Desde la Sra. de la limpieza hasta el “jefazo”. Todos y todas cogían con todos y sin problemas.  (Los de vigilancia tenían “un bono” si cachaban con las cámaras de circuito cerrado a una parejita y nos compartían el video)

Carolina tenía una vida social escasa. Le gustaba mucho leer y no veía programas basura en la televisión, solo películas con una buena crítica. Cuando salía, visitaba a su hermana Bety o a algunas de sus compañeras de su anterior empleo. Y me llamaba para decirme dónde y con quien estaba.

Yo laboraba en una oficina y en una ocasión invite a tres de mis compañeros al departamento, donde nos tomamos una botella de ron. Caro nos acompañó eventualmente. Por ratos hacia su aparición y después nos dejaba. Cuando mis compañeros se fueron, le pregunte sus impresiones.

-son divertidos -contestó secamente.

-¡vamos! ¡Son buenos muchachos!

-en eso tienes razón. Se comportan como adolescentes.

Al mes, le tocó a otro compañero “Godinez” hacer la reunión porque tuvimos buen desempeño. Cuando le pedí a Caro que me acompañara, me dijo que no me lo tomara a mal, pero prefería quedarse.

-te divertirás mejor sin mí. No soy buena compañía en ambientes tan juveniles.

Traducción: tus amigos son unos simios y a ti te encanta estar con ellos.

Y me fui a celebrar, solo.

Por orgullo propio, -un mes después- llevé a uno de mis jefes a cenar al departamento, esperando que pasara el  “control de calidad de mi pareja”: Ingeniero, cincuenta y tantos, bilingüe, según yo, una joya de educación.

La cena trascurrió perfecta entre una botella de vino blanco hasta que fui al baño. Regresé tan rápido que alcance a escuchar su conversación.

Caro le decía:

-Ing. López, ahora que usted se marche, tendré que ir a la regadera de inmediato…

Yo pensé: “ ya le salió lo puta, seguro ese cabrón le dijo algo cachondo”

-¿por qué Carito? –contestó con aires de Don Juan

-siento sus ojos pegados a mi piel. No solo con palabras se ofende. ¿Debo acaso recordarle que soy una mujer con un compromiso, con el que gentilmente lo invitó a cenar?

Asombrado, volví al baño. Me eché agua en el rostro y después trate de integrarme a una cena que ya no fue la misma. Caro ahora hablaba más y López evitaba mirarla. A la media hora  se marchó.

Mi primer matrimonio me dejo una lección muy clara: jamás, jamás, reclames o te peleés cuando las cosas acaban de pasarDeja que la situación se enfrié y ya con la mente tranquila, hablas.

Hice como si no hubiera pasado nada.

-¿quieres un café? –me preguntó mi mujer.

-si, por favor

Mientras yo me tomaba el café sentado en el sillón de la sala, Caro lavaba los trastes y me dio tiempo para verla a detalle: Las zapatillas levantaban su  trasero y lo hacían mas redondo, más apetecible. La abertura de su falda quedaba en los límites del encaje de las medias. Su cabellera le llegaba a los hombros y se desparpajaba con sus tonos grises y dorados. Se veía bien.

Me preguntaba si era normal que me agradara que otros hombres la vieran con los ojos que yo la veía.Sexy.

Si era normal pedirle que mostrara sus encantos dentro de la seguridad del departamento con mis amigos o en los antros con los desconocidos.

Tal vez mi ambiente “Godínez” me había corrompido. La esposa del Ingeniero López era una madura que llegaba a las oficinas con botas altas y mallones blancos, dejando entrever su ropa interior. López me había dicho en broma –o en serio- que Estelita podía andar de puta y mostrando lo que fuera, que a su edad ya estaban lejos de el que dirán  Casi todos pensábamos que andaba con Heriberto de R.H. pero aun no teníamos el video para corroborar.

Tal vez era el porno entre los descansos o las revistas eróticas en los baños –que la señora de la limpieza cambiaba de los baños de mujeres a los de los hombres- y sus historias.

Tal vez buscaba aprobacion  -a traves de la admiracion o enviadia de los demás hombres-.

O tal vez era parte de mi proceso sexual y debería sencillamente disfrutarlo.

Escuche una voz:

-ven, házmelo arriba de la mesa.

Caro estaba sobre ella , mostrándome su sexo abierto.

-espero que mi sabor y aroma, combinen con tu café –sonrió.

Dejé mis pensamientos de oficina e introduje mi lengua en su concha. Y no me soltó  del pelo hasta que le saque un orgasmo.

Semanas después, mi cuñada Bety nos invitó al cumpleaños de uno de sus hijos. La idea no me sedujo por dos motivos: Bety y Caro llevaban una relacion de hermanas muy, muy cerrada. Eran como un sindicato de dos miembros y era muy dificil hablar o convivir con ellas cuando estaban juntas. ¿celos de su relación? Sí, tambien en su momento me lo pregunté, pero no eran celos, era mas bien enojo , algo así como: dejenme entrar a su relación, ¿si? Convivimos un rato como grupo y despues ustedes siguen en su sindicato, no les voy a quitar nada.  Y el segundo motivo: Las fiestas infantiles no son de mi agrado.

Pero Caro insistió e insistió. Y asistimos.

Por fortuna, la reunión estuvo agradable. El payaso resultó un profesional y nos dejó a todos con ganas de seguir con su show y recomendarlo. Anochecía cuando los invitados se fueron retirando -unos más ebrios que otros- pero sin mayores incidentes.

(Aclaración si lees esto fuera de México: aqui en el país es común que en una fiesta infantil, se dé alcohol a los adultos como si se tratara de un convivio de mayores. A mi no me agrada eso, pero cada quién hace de su fiesta y su familia un papalote).

Bety le pido a Carolina le ayudara a lavar platos y demás,  y ella aceptó.

-mientras hazle compañía a mi marido –me pidió Bety.

Llegué con Mario -esposo de Bety- que estaba en la etapa de “ebrio conciente y feliz”.

-Tómate una, pinshe concuño.

Después de la segunda me enteré de algunos pasajes de Caro y su vida de casada y de la admiración de Mario por Caro.

-hace años estaba más joven, pero ahora está más…mas…-caviló

-¿guapa?

-guapa siempre ha sido, es una belleza –respondió cuasi enojado.

-mas… ¿frondosa? ¿buena?

-mmm… pues tú lo dijiste, no yo ¡eh! Sip,  más buena. Mi mujer también tiene lo suyo, pero de un tiempo para aca, Caro si lo muestra ¡vaya que lo muestra! Y pues Bety, ella es maestra y no puede ir con falditas, capaz que se la comen

-tenemos suerte. Ambas son atractivas –rematé.

Ya en el departamento, Caro me preguntó:

-¿Qué tanto hablabas con Mario?

-me dijo algunas cosas de su trabajo pero sobresalió la admiración que siente por ti

-es el marido de mi hermana, y sí, me quiere mucho. Yo también lo aprecio.

-pues creo que despiertas en él más que aprecio

-vamos, somos cuñados ¿acaso tienes celos?

-no, curiosamente a ti seria a la mujer que jamás celaría. Más bien…

-¿qué?

-eres DEMASIADO fiel.

Caro dejó el vaso que sostenia y me miró fijamente:

Traduccion para hombres solteros: hablaste de más. ¡Preparate cabrón!

-soy una mujer honesta si a eso te refieres. Y no tengo la mínima intención de cambiar. Sabes que me divorcié porque mi anterior pareja no respeto la fidelidad. Una mujer puede cerrar los ojos un tiempo, pero no caminar el resto de su matrimonio en total oscuridad. No una mujer que se respete a sí misma. (Caro se divorció cuando se enteró que su marido tenía otra mujer y un hijo)

-pues ser un poquitín coqueta no te haría mal, tal vez así sociabilizarías más…

-no entiendo que es lo que quieres. Por favor, dame un ejemplo.

-cuando vinieron mis tres compañeros te comportaste distante y yo quería que estuvieras con nosotros

-¿cómo si fuera una más del grupo?

-¡podría decirse!… una actitud más cordial, con más empatía

-¡pero si se comportan tan inmaduros!

-pero tú tienes más experiencia que todos nosotros,  así que puedes emplear eso en comprendernos y no tomarte el papel de esposa perfecta tan en serio. Te quiero imperfecta, aquí, conmigo y mis aficiones, que perfecta y lejos. Y  con el Ing. López…

-…ese no es tu amigo…casi me comía con los ojos por no decir otra cosa

-sí, lo noté…

-y ¿Por qué no dijiste nada?

Me lleve a Caro frente a un enorme espejo que teníamos en el pasillo y la abracé por detrás.

-esa mujer que ves ahí es muy atractiva y todos los hombres que conozco te van a ver con ganas de tener algo contigo, desde piropearte a… cogerte. Perdona si me escucho vulgar.

-¿y eso no te molesta?

-un hombre en México, siempre va a mirar. Pero mientras no te digan nada ofensivo ¿Por qué habría de molestarme? Sé que mis amigos y López te consideran una mujer atractiva, pero también una mujer sangrona… un tanto creída.

-no estoy para complacer a tus amigos…

-¿y a mí? No pasa nada si socializas más con ellos. El que coquetees un poco no va a hacer que yo te deje de querer.

-diferimos en lo que es una mujer honesta –y añadió- mis normas no me permiten coquetear para sociabilizar.

puede que este enfocando mal la situación. ¿Puedes estar conmigo y mis compañeros aunque no sean de tu agrado y sepas que ocasionalmente te van a mirar con  morbo?

podría aunque no me voy a comportar como una suripanta.

-muy bien, eso es un avance –finalicé.

No paso mucho tiempo para que festejara mi cumpleaños. Invité a mis compañeros de siempre -que asistieron con recelo acompañados de sus esposas- al Ing. López que fue con su mujer e hija recien divorciada y a dos compañeros más de conocí en la última reunión Godínez, además de la familia.

-por lo que veo, tu mujer se está divirtiendo más que tú, -dijo Mario que traia una cerveza en la mano.

-esta noche me ha sorprendido -contesté incrédulo. Mirala, bailando y hablando con los demás ¡Riéndose!

-pues en una de esas, te la bajan, hoy se ve muy bien – contestó mirandóla de pies a cabeza.

-no hay nadie aquí que le dé a Caro lo que yo le doy. Y Ella es muy fiel, creo lo sabes.

Me alejé de Mario pues su comentario lo sentí viborezco, mala leche. Fui a la cocina y cuando regresé con más hielos para los invitados,  Mario y Caro bailaban.   Mi cuñada Bety se acercó a mí . Ya estaba un poco achispada, lo cual me sorprendió pues ella jamás tomaba nada.

-¿a quién miras? -preguntó

-a nuestras parejas

-se acoplan bien bailando. Si Caro no fuera mi hermana, estaría celosa.

-¡vamos! Mario solo tiene ojos para ti.

-es buen padre, nadie tan entregado como él con sus hijos, y sí, me ama

Me aventuré a abrazar a Bety -un abrazo de ladito- y ella lo aceptó. Los seguimos mirando hasta que se dieron cuenta.

-¿Por qué no bailan también?

Ambos nos miramos.

-no, dijimos al mismo tiempo.

Seguimos platicando

-oye… ¿crees que si modifico un poco mis vestidos de maestra tenga más admiradores?- inquirió

-¿lo dices por Caro?

-¿te has dado cuenta?

-claro, soy su pareja. Aquí entre nos, yo se lo sugerí…se vé mejor ¿no crees?

-súper bien…pero Mario jamás me dejaría…

-¿a quién quieres impresionar? ¿A Mario o a…otro admirador? –le contesté chocando mi vaso con el de ella

-¡ay, como eres! Bueno, supongamos ¡solo supongamos! …que es a otro…uno que está bien tontito

-¿edad? ¿Compañero tuyo? ¿Casado?

-¡ay, como crees que me metería con un casado!

-bueno, necesito un poco de información para darte una opinión

Bety levanto su dedo. Al fondo, en un sillón, un tipo de unos 50 años, canoso y con lentes, bebía con los vecinos del departamento de abajo.

Cuando iba a preguntar más, Caro apagó las luces y comenzó a cantar Cumpleaños Feliz seguido por los invitados. Después de la partida del pastel y la degustación, comenzó la trova, algo que gustaba a Caro y a mi

Una hora despues de “hay algunos que dicen, que todos los caminos conducen a Roma”..el hombre señalado por Bety aprovechó una pausa del trovador y contó  una historia que tenia como principal oyente a mi cuñada.  Atrás del grupo de los cuentistas, estaba López y su mujer, mirando a todos pero sin integrarse a nadie. Me acerque a ellos.

-¿les ofrezco algo? –pregunté

-yo estoy bien –respondió López.

-a mi regálame un wisquito –dijo Estelita.

Lo prepare según sus indicaciones y me quede un momento platicando con ambos.

-tu mujer es muy agradable- dijo Estelita. Espero algún día Julio –su esposo- los invite a la casa. Nos la pasaríamos muy bien los cuatro.

-Carolina es un poco especial y no creo acepte –intervino López.

-bueno si ella no va, tu si puedes ¿cierto? -me dijo con voz melosa.

-pues si mi amigo me invita, si voy . Pero estoy seguro que Caro si va.

-pues solo o acompañado eres bienvenido a casa- contestó la mujer- quien se acomodaba el escote dejándome ver el encaje se su sosten y un par de melones duros.

-cuidado, no lo vayas a dejar bizco –rió López

-perdón, no quise incomodar –respondí

-no lo digo por ti, sino por ella. Le encanta presumir a sus niñas.

-quedaron divinas  ¿cierto? –me preguntó.

-pues…se ven bien –con todo respeto-.

Por cautela -Mario me veia- me alejé de ellos y me dedique a atender a los otros invitados.

Más tarde las personas se despedían. El Ing. López  me tomó del brazo asi que los acompañe a su auto. Él subió a conducir y Estelita me dijo:

-¿de mi no te vas a despedir?

Me di la vuelta y cuando bajó el cristal me encontré con sus tetas desbordándose mostrando sus pezones morenos y duros.

López me miro y dijo:

-si quieres tocárselos, ahora es el momento antes que llegue mi hija.

Me acerque tímido como ratón y ella me tomo la mano  y recorrió ambos senos. Fue como recorrerlos con un guante puesto. Estaban duros… pero raros.

-gracias por la distinción – le dije.

-vé a la casa y nos divertiremos más –contestó.

Regrese al departamento y me cruce con la hija de López que se besaba con el ayudante del trovador. Lo trae en la sangre, no hay duda -pensé-. Y me alegré por ella.

Caro despedía a los últimos. Los hijos de Bety y Mario dormían en el cuarto de invitados así que Carlo les ofreció el departamento para quedarse esa noche. y aceptaron.

Caro fue a lavar platos mientras Bety y yo recogíamos el tiradero. Mario fue a acondicionar la recamara.

-¿Qué música te pongo, hermana? –preguntó Bety

-Vicente Fernández, por favor.

Caro cantaba. Me acerque a Bety y le dije:

-creo que no será con vestuario que impresionaras al elegido

-¿Cómo lo notaste?

-el tipo es compañero tuyo ¿cierto?

-es supervisor de zona y tenemos 20 años de conocernos.

-¿recuerdas que mencionó que hay una conferencia de costumbres virreinales o algo así? Deberías ir con él.

-si le digo que me invite, me vería muy mal, como mujer coscolina.

-la conferencia es abierta y no necesitas invitación. Encuéntralo ahí.

-¿como si fuera casualidad?

-si…y ahí…

-ahí tú das el paso siguiente…

-¿Por qué yo?

-porque eres tú la interesada. Además, él no va a hacer nada. Llevan muchos años de conocerse y los dos se han instalado en una zona de confort. Ambos se conocen como amigos y con eso tienen…

-yo no…bueno, ya no.

-pues cambia la situación

-¿cómo?

-Ya en la conferencia, te sientas a su lado y a mitad de charla lo tomas de la mano, como si fuera lo más normal del mundo…

-¿y porque no del brazo?

-¿ves como no quieres salir de tu zona de confort?

-tomarlo del brazo es lo mismo…

-no cuñadita. Las intenciones son diferentes. ¿Tú verías de la misma manera que Caro tomara de la mano a Mario, que del brazo?

-bueno, Caro es mi hermana y Mario mi marido, creo que no tendría nada de malo, ellos llevan años de conocerse.

-ok, pues aunque tus ojitos así lo vean, el mensaje que das a los otros es diferente. Tomarse de la mano implica compromiso de pareja. No de amigos. De pareja.

-pero yo no quiero a Edmundo de pareja…

-claro que no, lo quieres de amante

-eso se escucha muy fuerte. Yo soy una mujer casada y no me lo permitiría.

-¿tener amante?

-yo amo a Mario…

-mmmm a lo mejor yo estoy entendiendo mal. Si fue así, te pido una disculpa. Tú, ¿quieres tener una relación sexual con Edmundo?

-una relación no, tal vez encontrarnos una vez o dos…

-¿pero si quieres?

-si eso no cuenta como relación, si quiero

-según tú, ¿Cuántos encuentros son necesarios para que cuente cómo relación?

-el que estén juntos por un año o más…

-¿entonces si son una o dos veces…?

-eso sería como una aventurilla sin importancia, una canita al aire, diría mi tío Panchito.

-probemos con otro ejemplo: supongamos que Mario, tu marido, se acuesta con Caro, tú hermana, dos veces…

-ellos no lo harían…

-es un supón…supongamos que lo hacen dos veces. ¿Qué pasaría?

-se terminaría mi matrimonio con Mario y mi relación con Caro

-¿Por qué?

-¡porque se acostaron! ¿Porque más?

-¿hubo una relación?

-claro que la hubo, lo hicieron. ¡Y dos veces! ¿Y eso que tiene que ver con Edmundo?

-con Edmundo, nada. Pero contigo sí. Al sol, no le quieres llamar sol.

-¿sabes que cu-ña-di-to? Eres un idiota y no sé porque me atreví a confesarme contigo. Olvida lo que te dije.

-Sin problemas. Yo no sé nada.

Bety se alejó de mí y fue con Caro a ayudarla a secar algunos platos.

Mario regresó y se me acercó como si fuera yo su mejor amigo

-¡invítame una copita, plis!

-lo siento pero los invitados arrasaron…

-si no hay problema, voy por algo y le seguimos

-sí- respondió Caro al fondo-. ¡Y me traes unas papas fritas!

Sinceramente no tenia ganas de desvelarme y mucho menos con Mario, pero queria integrarme a su grupo, a ellos y no repetir lo cortante de Caro con mis amigos.

A las 9 de la mañana, nosotros cuatro seguíamos en la sala. ¿de que hablamos? Pues prácticamente de experiencias de ellos tres. Que si esto, que si lo otro… yo escuchaba. En ocasiones salia el tema del ex de Caro y ahí cuidaban las palabras hasta que dejé en claro que no me afectaba lo sucedido ni que se hablara de él, pues era pasado. Cuando Mario dijo que él no soportaria que su mujer hablara de su ex, le respondí:

-a eso se le llama criterio. No pasa nada.

-pues aun así. Es mucho pasado para soportar- recalcó.

Bety terminó por dormirse en el sillón largo y Caro en el sillón individual . Mario estaba en las ultimas, a punto de caer de sueño y alcohol, pero se resistía. Yo, ya me sentía mareado. Miré la mesita de centro llena de latas vacías y dos botellas en el piso. Los niños ya se habían levantado y desayunaban lo que habían encontrado en la alacena y refrigerador.

-me llevo a Caro a dormir – le dije a Mario.

-Primero échame una mano a llevar a Bety. No creo poder cargarla.

-pues tu dime de donde la tomo o cómo la cargamos

-tómala de los brazos y yo de los pies.

Cuando la tratamos de cargar, Bety se despertó enojada y casi gritando dijo:

-¡déjenme aquí!

Ya no insistimos.

Tomé a Caro de los brazos y Mario de los pies. Mientras íbamos rumbo a la recamara, Mario Jr. dijo:

-¡a la tía Caro se le ven los calzones!

¿Conciencia o inconsciencia? Yo, al tomar a Caro del pecho, le había subido su vestido quedando muy arriba. Las medias traslucían su tanga que a su vez, traslucía su depilado montecito. Vi a Mario con la intención de bajarla al frio piso.

-¡no lo hagas! ya estamos medio camino, mejor apúrate

Depositamos a Caro en la cama. Le quite las zapatillas y le dije a Mario:

-trata de meterla bajo el cobertor en lo que voy al baño.

No tardé mas de un minuto y cuando regresé Mario no había hecho nada. Solo recorría con su mano desde el tobillo a la rodilla de caro, sin dejar de mirarla.

-¿Qué haces? –le dije

-estoy tan ebrio que si trato, seguro la tiro. Me quede aquí para que no se cayera.

-bueno, yo lo hago.

Vi al tipo embelesado con Caro, así como si viera a Bety mirando a su casi amante. Y me salió lo voyeur.

-¿quieres quitarle las medias? Yo me encargo de meterla a la cama

-¿yo?  Imposible. Estoy obrio ¡obrio! Las pocas veces que se las he quitado a Bety, las rasgo con mis uñas y quedan pa´ la basura.

Mario se quedó parado y sin hacer nada. Yo moví el cobertor a la mitad, gire a Caro sobre él, le quite las medias y tanga, y la deje a la vista por puro morbo.

-¡qué bonita panochita tiene Caro. ¡Ella siempre limpia!-dijo Mario.  Si yo no fuera tan bruto y ella tan mojigata…

Tomé a Mario del hombro y lo lleve a su recamara donde literalmente, cayó como tabla.

Regrese con Caro a nuestra recamara y cuando ella me sintió, repegó sus nalgas. Me baje el bóxer y la penetre despacio. Minutos después me vine y me quedé dormido.

Al siguiente día, tenía una cruda “moral” por mostrar a mi pareja a su cuñado y esperaba algún comentario o insinuación de él , pero no. Nada de nada. Me quede callado también. Y de lo de López y Estelita, tampoco le dije a Caro.

En las semanas siguientes, me enteré que Bety visitaba a Caro, pero lo hacía cuando yo no estaba.

-supongo que se siente más cómoda estando solo contigo – le dije a Caro

–gracias por comprender – Y me abrazó.

No le di importancia al distanciamiento de Bety. Era mi cuñada pero siendo sincero, no la estimaba.

Dias después, Carolina recibió una invitación de su prima Soledad por el cumpleaños 5 de su hija Julia, así que fuimos. Ellos vivían en una ranchería al sur del estado y por una avería del auto, nos tuvimos que quedar a dormir ahí. Ellos se durmieron con su hija y nosotros en la cama de la pequeña. Ambas, en la misma habitación, no había para más.

Era pasada la medianoche y Caro no se dormía ni me dejaba dormir.

-espera a que se duerman y cogemos. Tengo muchas ganas –me dijo.

– ¿aquí? ¿Con ellos al lado?

-lo que hacemos es legal, lo hacemos dentro de una relación formal. Si fuéramos compañeros sí que estaría mal, pero somos pareja –respondió enfadada.

-¿pero y ellos? ¿No te da penita?

-no se ve nada…

-pero se oye…

-por eso, espérate a que se duerman

Yo me dormí. Desperté cuando sentí una boca chupándomela y después ella montándose. Después, la cama crujiendo.

-más despacito – le decía.

Ella, no hizo caso hasta que se vino.

Al día siguiente en el desayuno -frente a su marido e hija- su prima nos dijo:

-a que primos tan ganosos, no dejaban dormir anoche.

-pues no te quedes con las ganas prima, ¿para eso tienes a Chema, no? –respondió Caro sin vacilar. (Chema = Salvador)

-a ver qué barbaridad dices, mujer –contesto el aludido

-si me cumplieras, no estaría yo como fogón… ¡Mírale la cara a Caro! , ¡Yo quiero una sonrisa de esas, cuando la tienen a una bien cogida!

-Caro se conforma con su marido y no anda de cuzca –respondió enojado Chema.

Después del desayuno, Chema y yo fuimos al mecánico y mientras éste terminaba el trabajo, Chema conversó conmigo.  Me cayó bien , era un buen tipo buscando sacar adelante a su familia pero con una terrible adicción. En dos horas que charlamos escuché otra forma de llevar una relación. La de la dependencia. Soledad, su esposa, era su droga. Chema le soportaba todo, todo. Malos tratos, mala comida, e infidelidades.

-creo que tengo mala suerte -sentenció.

Ya de regreso, Caro y Soledad estaban bajo un árbol, tomado pulque.  Yo me abstuve de tomar para evitar accidentes y también porque no me gusta por el dolor de cabeza que dá. Ni que decir que regrese con Caro, ebria.

En el auto, Caro me confesó que Soledad era muy, muy, muy coscolina y que dudaba que Julia fuera hija de Chema.

-Si Soledad pudiera, se metía en la cama contigo –me dijo. ¡Ha estado con mas de 10 hombres!

-¡ha de ser excelente amante! ¡que bien por ella!

-yo no aplaudiria esa conducta…

-no la aplaudo, pero si a ella y a Chema les funciona asi su relación, pues esta bien ¿no?

-no es correcta…

-uno o diez hombres …¡qué mas da! es una mujer feliz y Chema también.

-hay una gran diferencia a andar con uno a andar con diez…

El foquito del tablero del auto se encendió , evitando dos cataclísmos. Mientras esperábamos que el auto se enfriara, seguimos conversando.

-me sorprendiste anoche con tanto atrevimiento  -le dije. Realmente me dejaste anonadado. Eres muy buena en  la cama y fuera de ella.

-pues solo contigo me he soltado. Me das confianza. Con mi exmarido, era todo muy feo. Me lastimaba mucho. Nada de caricias o palabras. Solo me penetraba y yo lo aceptaba. Contigo siento que puedo ser yo, que me dejas ser yo.

-¿por eso lo de anoche?

-un poco. Si yo se lo hubiera pedido a mi ex, ni me hubiera tomado en cuenta. Se habría dormido o tal vez  me agarraría de la cabeza y no me dejaría hasta que se vaciara y se durmiera. Era muy egoísta.

-¿se la chupabas a tu ex?

-el me obligaba. A veces me la metía por el culito pero era tan brusco que ya no lo deje más. Cuando se ponía muy borracho me obligaba y me cogía por atrás.

–¡que terrible situación tenías!

-la parte física era dolorosa pero la parte sentimental, peor. ¡Mi ex le decía a Mario como me cogía por atrás! ¿Te imaginas? Mario sabía cómo me humillaban. Otro hombre, que no era mi marido, sabía mucho de mi cuerpo, de mi intimidad, de mi placer, si es que eso que recibía podría calificar como placer.

Y ¿sabes cómo me enteré de eso? No por Mario, sino por Bety. Mario trató de hacerle lo mismo que mi ex me hacía y ella lo mando al demonio a la primera…

-…¿y eso? ¿Por qué?

-Bety ha sido estreñida desde niña. Para ella es muy, muy doloroso.

-por lo que me cuentas, la relación entre tu ex y ustedes tres era muy estrecha, de confidentes

-Bety y yo somos muy unidas y desde que mi madre nos abandonó, solo nos tenemos la una a la otra. Es natural que nuestras parejas estén ahí, con nosotros.

-ahora entiendo porque tienes hechizado a Mario

-no digas tonterías, Mario es el esposo de mi hermana

-sí, pero también es hombre…

-pues él y yo somos como hermanos -respondió

-yo no metería las manos al fuego por él

-¿y por mí?

-claro que si, por ti siempre.

Puse música y me quedé dudando de lo que dije.

Cierta noche que tuve que quedarme a laborar demás, llegué al departamento y me encontré a Caro sentada en el piso del baño, llorando y muy ebria.

-¿quieres platicar? -pregunté

-¡no!

-ok. Estaré en la recamara por si me necesitas

La dejé sola y puse la consola de videojuegos. Me enfrasque en mi partida y me olvide de todo.

(para los solteros y mujeres románticas: insensible no soy. Si y No son palabras que entiendo perfectamente . No entiendo el “deberías saber que es lo que quiero” Para eso están sus amigas. Supérenlo)

Cuando vi a Caro llegar, puse pausa.

-¿tienes unos minutos? –dijo.

-claro.

-siento que la relación con mi madre está destruida . Ella  me llamó a media tarde y me dijo que quiere que vaya a su casa para festejar su cumpleaños. Yo no quiero ir

-pues no vayas

-pero es mi madre…

-entonces vé…

-no quiero ir. Me dañó mucho. No sé si Mario ya te haya dicho algo, pero si no, te lo voy a decir: cuando tenía 10 años, vivíamos Bety, mi madre y yo en una departamentito. Bety tenía 6 o 7 y mi madre salía a trabajar vendiendo cosas.

Un día, no regresó.

Ella me había dicho que no saliera de la casita pasara lo que pasara así que me quede ahí con mi hermana casi una semana esperando a mi mamá.  Hasta que una vecina se dio cuenta y nos sacó de ahí. Fuimos a una casa de asistencia del Gobierno y a los pocos días un familiar nos llevó a su casa a vivir.  Meses después nos enteramos que mi madre se había ido con un hombre. Así de sencillo, nos abandonó. Le interesó ser más mujer que madre.

Hace un par de años que habló con nosotras y nos pidió un “borrón y cuenta nueva” . No, si siquiera se disculpó. Nada de pedir perdón. Si, lloró y dijo que lo lamentaba pero hasta ahí. Yo, esperaba algo más –como siempre- de ella, pero ni siquiera eso me dio. Ahora quiere que convivamos como si nada hubiera pasado. Y yo no la he perdonado y no sé si algún día lo haga.

He estado llorando toda la tarde en el baño, primero de dolor y después de borracha. Dime,  ¿tenemos que pasar por tanto dolor o solo yo? ¿Sabes que se siente cuando estas tirada en el piso y tienes más confianza en el cemento frio que en alguien que dice es tu familia?

-no tengo respuestas para lo que dijiste, pero un baño puede ayudarte a aclarar tus ideas. Usa el agua caliente hasta que se acabe y casi al final tal vez te sientas mejor.

-¿me puedes acompañar?

Ya en el baño, me quede sentado en el w.c. mientras Caro seguía llorando bajo la regadera. Después, la sequé, le puse su bata y la lleve a dormir.

A media semana le llamé a Mario para indagar sobre la madre de Caro. Me corroboró lo dicho por mi pareja y dejó muy en claro el desprecio que sentía por ella.

-les hizo un daño inmenso a las muchachas. Bety casi no le habla.

-pues el fin de semana es su cumpleaños

-si, nos llamó también, pero no vamos a ir.

-ah, entonces los espero en el departamento. Tengo una botella de brandy.

-le digo a Bety y te confirmo. Ya sabes cómo es ella.

-igual vé …

-gracias pero no me gusta salir sin ella.

Y el fin de semana, Caro salió a ver a su madre. Me  puse a jugar videojuegos.

Le llame a Caro a las 2, 3 y 4 de la mañana y no contestó. A las 5 un taxi la dejo afuera del departamento y tuve que bajar por ella pues estaba  ebria.

-¿Cómo fue que te viniste en este estado? ¿y si te pasa algo? –le dije muy enojado.

-no me iba a quedar allá ¿verdad? Además, son taxis de base. Y conocen a mi mamá.

Pensé que caro iba a dormir pero no. Se quedó sentada en la cama.

-¿vas a seguir jugando?

-no, ya no. Mejor duérmete.

-uy, ¡que aburrido! ¡mejor me hubiera quedado allá! Vieras que relajo se traían.

-pues dime, no sé nada de tu maravillosa familia…

-botellas a morir, cigarros a morir y comida a morir…¿Qué más quieres saber?

-mucha muerte…¿no? ¿Quiénes eran los invitados?

-compañeros de trabajo de la pareja de mi mamá, 1,2,3,4,5,6…y unos vecinos…y después más vecinos.

-Caro, ¿no crees que fue una inconciencia haber tomado de más con unos desconocidos?

-nop…además ahí estaba mi mamá…

-ah, ¿entonces ahora si ya puede cuidarte?…

-tú no tienes derecho a criticarla. Ella a ti no te ha hecho nada –respondió gritando.

-mejor me voy a la otra recamara para que descanses

-no vas a ningún lado. Aquí te quedas conmigo.

-no, no lo voy a hacer

-vete y te juro que destrozo la consola de tus jueguitos.

Tragándome mi coraje, me quede. No había visto jamás a Caro enojarse así. No conmigo.

-está bien. ¿Nos acostamos, pues?

Cuando se desvestía, me arrojó su suéter.

-¡huélelo! Ahí viene el humo de 10 cajetillas de cigarros o más. ¡Y vieras cuanto bailé! Si no me querían dejar venir…

-me imagino…

-no, ni te imaginas…creo que fui la mujer que más bailó en toda la noche. Pero bien, ¡eh! Nada de dejar que se pasaran conmigo. Al quien trato de abrazarme de más, lo puse en su sitio de inmediato. Hasta mi mamá les dijo que yo si era una mujer decente.

-¡Pues me da una tranquilidad saber que tengo a una mujer decente! Borracha, pero decente.

-deberías estar orgulloso. A nadie se las he soltado

-¿a qué te refieres?

-a las nalgas, pues. Solo ha habido dos hombres en mi vida. Mi ex y tu.

-una mujer santa…

-pues aunque lo dudes.

-¿nunca te han dado ganas de acostarte con otro?

-no, nunca. Pero los tímidos me gustan. O los sumisos. Me agrada saber qué puedo hacer con ellos lo que quiera, desecharlos.

-y ¿Cómo sabes que son tímidos?

-su mirada y la manera en que me tratan. Me suben a un pedestal y ahí sé que los tengo en mis manos. A esos me gusta provocarlos, pero solo un poco. Cuando avanzan, me alejo y si me reclaman, les digo que equivocaron las cosas. Como son tímidos, se lo creen. Con ellos, no hay problema.

-¿y si te llega un aventado, de esos que no tienen miedo?

-¡já! Hace unas horas uno se quiso creer galán conmigo. Lo dejé bailando solo. ¡Que si yo muy bonita, que quería salir conmigo! ¡Idiota!

Caro fue al baño y cuando regreso, yo estaba más que dormido. Según ella, me la chupo hasta que me vine en su boca. Yo, no lo recuerdo bien.

La siguiente semana, Caro estuvo excepcionalmente alegre y atenta conmigo. Estábamos en el departamento cuando me confesó que Bety le había dicho que había salido  con su amigo, -el compañero de trabajo- y que la veía muy entusiasmada.

-qué bueno que se decidió a tener una aventura – dije

-no es aventura, solo son amigos. Llevan años conociéndose

-si llevan tantos años de conocerse ¿Cuál es el motivo de su entusiasmo? Vamos Caro, somos adultos. Bety se está acostando con Edmundo, creo se llama.

-te equivocas. Ellos son amigos. Sabes, mejor olvida lo que te dije –respondió ya molesta.

-de acuerdo. No discutamos por definiciones y relaciones que no nos incumben.

Caro me dejó en la sala y fue al baño. Con un grito, me pidió que fuera. Ahí la encontré recargada en el lavabo con las nalgas desnudas

-¡cógeme! Por adelante…y por detrás.

Si por adelante Caro gozaba, por atrás era el acabose. Gemía, gritaba, pataleaba pero no dejaba que se la sacara.

-¡aunque llore, no me la saques! ¡Aunque llore no lo hagas! –gritaba.

Nos dimos la cogida de nuestra vida que hasta el lavabo quedo un poco dañado, del zangoloteo.

Días después, Caro me llamó por telefono al trabajo.

-¿Qué crees? Hay una fuga de agua en el lavabo…

-seguro es por aquella ocasión…

-ni me recuerdes que te obligo a que lo repitas

-¿te gustó?

-muchísimo

-pues cuando tu gustes, lo repetimos

-deja me preparo y te digo, ¿si? Pero ¿Qué hacemos con el lavabo?

Pensé en Mario pues el tipo era muy hábil con las herramientas y las manos.

-llama a Mario, a ver si puede ir a repararlo mientras yo pregunto quién conoce un plomero.

-está bien, te llamo más tarde.

A la hora, Caro llamó.

-que se va a dar un tiempecito y si viene, pero con su hijo, el chiquilín- dijo.

-seguro quiere ir a jugar…

-bueno, te aviso para que ya no te preocupes.

Me olvide del lavabo, de Caro y lo demás.

En la noche cuando llegue, Caro lavaba platos y vasos. Estaba hiper guapa, muy sensual, mucho. Traía un escote que solo lo había usado en un restaurante fuera de la ciudad porque no permitía sostén y enseñaba mucho. Minifalda breve y sus zapatillas.

Me acerque por atrás, olí su perfume y le toque las nalgas. Ella se repegó más.

-¿Por qué tan guapa?

-te estaba esperando, ¿por qué más?

Me aventure bajo la faldita y al tocar sus labios, me lleve otra agradable sorpresa. ¡Estaba empapada!

-tengo muchas ganas

-pues si quieres, vamos al baño

-no ahí no. Házmelo aquí

Le hice a un lado la tanga y se la metí de un solo golpe que la lastimé.

-¡cógeme, pero no me violes!

-perdón, lo lamento…

Tuvimos sexo, de ese salvaje.

-no te derrames enfrente. Hazlo atrás.

Le dí a Caro con fe. Trataba de escaparse pero no la deje ni aunque lloró. La dejé recargada en la tarja, con la falda enrollada en su cintura y la tanga en el piso y me fui a bañar.

Al día siguiente le llamé a medio día para invitarla a comer pues no iba a estar en oficina. Escogi un restaurancito discreto, para poder hablar abiertamente con Caro.  Despues que el mesero se alejó, le dije:

-platícame ¿así como te encontré ayer, te vió Mario? Ese vestuario es muy , muy sexy.

-cuando llegó, yo estaba en pants pues terminaba de lavar. Mientras el chiquitín jugaba, Mario revisó el lavabo pero se tardó mucho. Despues le serví un café bien caliente en lo que yo me bañaba. Fui a nuestra recamara y pensé en recibirte súper guapa pues eres un excelente marido

-¿Por qué lo dices?

-me porté muy grosera contigo el día que regresé del convivio de mi madre y tu te portaste muy comprensivo conmigo. Mi ex, me hubiera insultado o dado una cachetada, por lo menos y después me violaría.

-aun no entiendo eso ¿cómo puede un esposo violar a su esposa?

-cuando una mujer dice no, es no. Aunque exista un papel de por medio. No todos los días son buenos o no todos los días se está de buen humor para tener sexo. Los hombres deben respetar eso porque no han comprado una cosa, sino se han unido con otro ser humano que decide libremente, si sí quiere, o no tener relaciones sexuales. Y cuando las peleas y humillaciones son más que los buenos momentos entre una pareja, la mujer ya no siente la confianza de entregarse, así que se reserva lo que a ella le pertenece: su cuerpo. Y la gran mayoría de hombres no respetan eso, así que las violan.

-no sé. La palabra violación se me hace muy fuerte y más entre dos personas que en algún momento se amaron o se aman y por diferencias y en un arranque, se lastiman. Tal vez relaciones forzadas entre pareja, pero no violación.

-tal vez, como eres hombre , defiendes a los tuyos.

-está bien, no entremos en controversias. Regresando al tema de tu vestuario revelador…

-pues eso fue todo. Me vestí así para ti. No hay más motivos o segundas intenciones. Soy tu mujer y me agrada estar guapa para que me veas.

No insistí más.

En un mundo tan egoísta como el actual, ¿Quién tiene tiempo y ganas de conocer realmente a su pareja? ¿Quién se interesa por reparar los daños que hace y quien por olvidar los que le hacen?

Ya me había percatado -y ahi lo corroboré- que mi amada Caro tenía una personalidad cuando estaba sobria y otra muy diferente cuando estaba ebria. En la primera, era muy cortés, sensual, excelente y fiel esposa, y en la segunda, una mujer muy dañada emocionalmente, explosiva, mal hablada y sexualmente diferente.

Con la primera Caro, era imposible acercarme y hablar de cosas profundas acerca de ella. Sencillamente no se dejaba. Así que tenía que recurrir  a la segunda Caro.

Pero Caro conmigo, no tomaba. No hasta dejar la rigidez de su conciencia. Si acaso una o dos copas y no más. Cuando se excedía, lo hacía por alegría o confianza, como con Bety o Mario, o por dolor por su madre. No sé porque lo hizo con Soledad.

Bety obviamente no se me acercaba. Mario salia solo con su esposa  o bien, porque Caro se lo pedía.

Caro ocasionalmente me hablaba de Bety pero con muchas reservas, como midiendo palabras así que tenía que leer entre líneas –o entender-.

-Bety va a salir este sábado por la tarde con unas compañeras de trabajo y quiero traerme a los sobrinos al departamento para que jueguen –me dijo.

-si está bien. Supongo viene Mario.

-pensaba solo en los sobrinos, pero si quieres le digo a Mario que venga

-para que no se quede solito en su casa.

-¿quieres que prepare algo de comer?

-no , nada de eso. Compramos pizzas.

-¿y si preparo algo de espagueti con albóndigas para nostros y pizza a los niños?

-mira, es buena idea. ¿Cerveza o vino de mesa?

-whisky, Canadá dry y hielos

El sábado llegaron los niños y se fueron de inmediato a nuestra recamara a jugar con la consola. Caro aun no terminaba la comida así que Mario y yo nos pusimos a ver videos. Mas tarde, comíamos todos en la mesa. Los niños despacharon la comida rápidamente y nos quedamos los tres.

Mientras Mario nos hablaba de un proyecto que traía entre manos, Caro me tocaba el pene por encima del pantalón cada que podía sin que el invitado se percatara de ello. Yo lo veía como algo agradable pues Caro lo hacía cada que tenía oportunidad, así estuviéramos en la calle, el auto o en algún otro sitio. Y lo repetía si ella estaba sentada e iba al baño.

-ahorita vengo –decía-. Y al levantarse, se apoyaba en mi pene con una mano.

Los niños tenían su fiesta en la recamara así que Mario les pidió  bajaran el volumen al televisor o cerraran la puerta. Hicieron lo segundo.

Cuando Caro fue al baño por segunda ocasión, la alcance ahí y la encontré sentada en el w.c.

-ven aquí –dijo.

Me acerque, me bajo el cierre y saco mi pene a medio levantarse. Lo chupo despacio y después se lo metio a la boca.

La levante de la taza, la recargue otra vez en el lavabo y la penetré.

-me has estado calentado en la mesa y es justo que lo pagues amorcito –le susurré.

Levantó su pierna y la sostuvo en el lavabo

-asi entra mas…

Yo no quería terminar asi que deje que ella tuviera su orgasmo y después me salí.

-tu no acabaste –dijo.

-tengo toda la noche para eso –respondí.

A las 11 de la noche  Mario ya estaba inquieto por la tardanza de Bety. Caro lo tranquilizo y comenzamos la segunda botella de whisky.

Vi a Caro con todas las intenciones de embriagar a Mario aunque no sabia el motivo. Tal vez trataba de encubrir a Baty, seducirlo o una combinacion de ambas.

Bailamos un rato los tres y después Caro y yo. Mario a regañadientes aceptó bailar solo con ella.

-vamos amargado, no te voy a comer, puedes abrazarme más – le dijo

Dirigió su mirada hacia mi.

-por mí no hay problema.

A media canción, Mario se separó de Caro y nos dijo que iba a ver a sus hijos

-si, chécalos. Nosotros mientras vamos a revisar si dejaste el lavabo bien fijo -respondió Caro

Me tomó la mano y me llevo aprisa al baño

-¿Por qué le dijiste eso a Mario? –pregunté

-¿Qué tiene? Somos una pareja y podemos hacerlo ¿cierto? En ocasiones eres muy puritano

-¿Quién? ¿Yo?

-no veo otro por aquí

Senti mi pantalón en el piso. Me había quitado el cinturón y mi bóxer estaba ya con su mano dentro.

-esta vez me vas a coger y los quiero dentro –dijo

Me la chupo con ganas hasta lastimarme. No la deje continuar y la empiné en el lavabo otra vez.

-dame por adelante y después atrás –contestó

Mientras nos cogíamos, escuchamos un toc-toc en la puerta

– ya se durmieron los peques –dijo Mario tras la puerta.

-¡ay que rico!, ¡que rico! – dijo Caro. No pares

-¿Qué hacen, pillines? –preguntó  Mario

-probando tu lavabo, ¿no te dije? –le respondió

-¿es en serio? ¡uf! Mejor los dejo. Los espero en la sala.

-como gustes –dijo Caro. Y tú, no pares –dirigiéndose a mí.

Caro estaba desatada y ebria – sino jamás hubiera llegado a ese punto- Mientras la penetraba vaginal, ya tenía un dedo incrustado en su puerta trasera, para prepararla.

-espérame –dijo.

Y se quitó de mí  y se desnudó.

-Ahora sigamos…

Entre por su culito, despacio, mientras le amasaba las tetas.

Se repegó aún más y me dijo al oído:

-¿quieres que Mario nos vea? Sigue afuera, del otro lado de la puerta.

-¿cómo sabes?

-se ve la sombra por la rendija, abajo…¡Dios! Ya entro toda! ¡dame ¡ Dame mas! – gritó.

Mientras Caro se ensartaba sola, miré hacia el piso y vi una sombra reflejarse pero no estaba seguro que fuera Mario. Por otro lado, él nos había dicho que sus hijos ya dormían, así que las probabilidades que ellos nos vieran eran mínimas. Estiré mi brazo y quitando el seguro, entreabrí la puerta.

Tome a Caro de la cintura y me la cogí suponiendo que teníamos público. Caro estuvo gritando, gimiendo y diciendo cachondearía y media, hasta que terminamos.

-me voy a la sala, ahí te espero –le dije-

-yo, me voy a dormir. Más tarde los alcanzo –respondió.

Cuando llegue con Mario, estaba sentado y fumando ¡y él nunca fumaba!

-¿Y Caro? –preguntó

-fue a dormir un rato, mas tarde viene.

Mario no hizo ningún comentario ni yo lo saque a colación. Hablamos de Bety, quien llegó a los pocos minutos.

-los dejo, ustedes quédense con sus hijos en nuestra recamara y Caro y yo en la de invitados – señalé.

Cuando entré al cobertor con Caro, escuché a Bety decir:

-aquí no, nos van a oir. Y los niños pueden salir en cualquier momento.

-aquí o en el baño, parados. Pero de que te la voy a meter ahorita, te la voy a meter

-mejor vamos al baño. Yo también estoy inquieta…

Al siguiente día, Caro regresó a su conducta habitual de pareja. Dócil, entregada a su casa, fiel, y reservada. No mencionó jamás ese día ni los siguientes lo sucedido en el baño. Según ella, se excedió en la bebida y lo último que recuerda es cuando ella y yo bailábamos. Después, nada.

Aquí casi termina mi historia.

El buen Mario siguió con su papel de cuñado ejemplar, deseando a Caro pero incapaz de hacer algo, -aunque fuera una estupidez-.  Decir que yo le puse a Caro para que se la cogiera seria pecar de ingenuo. Caro me ayudaba a que yo la mostrara pero sin comprometer jamás su imagen de esposa honesta. No sobria.

¿Cómo puedes reclamar algo cuando tu estas ahí tomando y no dices nada?

Trate de replicar lo vivido en el baño con un amigo y después con otro pero Caro jamás quiso entrar al juego. Cuando estaba a punto de…se disculpaba y se encerraba en su recamara sin permitirme intimar con ella, por lo menos esa noche.

-no me violes –decía. Obligarme es violarme.

Bety siguió asistiendo a sus reuniones con sus amigas y Caro la encubría quedándose con sus sobrinos. Para Caro, Bety seguía siendo la hermana y madre ejemplar. Nunca dejó que nadie dudara de eso. La única ocasión que tuve la ocurrencia de decir que Soledad era infiel pero honesta y Bety infiel mentirosa e infantil, Caro dejó de hablarme por una semana.

Finalmente acepte la invitación de López y su mujer pues  Caro dijo que no le interesaba su amistad. Antes de llegar a la casa de ellos, Lopez me pidió que fuera en extremo discreto, pues de eso dependía nuestra amistad, compañerismo y –entre líneas –trabajo. Estelita me recibió en putivestido y me la cogí en el sillón de su sala, con López viéndonos. Ellos eran swingers, aunque ella se desempeñaba más como hotwife.

Durante dos meses, una vez a la semana, Estelita llegaba a la oficina a saludar y discretamente  nos íbamos a los baños del último piso y ahí nos cogíamos duro.  Pero yo no era el único amante de ella, así que las cámaras la captaron en el estacionamiento en el auto del subdirector. Aunque no se le veía bien el rostro, las tetas eran inconfundibles. Los de vigilancia recibieron su bono (una cajetilla de cigarros y una coca cola de cada uno de los 50 y tantos empleados) por el vídeo y a Estelita ya no se le vio mas por las oficinas. Mi amigo, el Ing. López, me llamó a su oficina y me dijo que por el momento suspendían los encuentros, en lo que pasaba la tormenta.

-Lo que más lamento de todo esto, es que tal vez ya no haya oportunidad de cogerme  a Caro. Tu mujer tenía todo, pero todo lo necesario  para ser una maravillosa puta, de aquellas que entregan el culo por placer.

Cerré la puerta. Quise decirle que tenia razón.

Muchas veces estuve tentado a decirle a Caro lo de Lopez y Estelita, pero me detenía su visión tan corta que tenia ella de las relaciones sexuales y las personas. Caro tenia un egoísmo inmenso, donde solo ella – y Bety – eran buenas esposas , y las demás, unas putas.

Carolina, esa mujer con porte ejecutivo que conocí en el registro civil dos años antes, entró  en una profunda depresión que no soportó ni con ayuda psicológica y después psiquiátrica.

El padre de Caro –ese gran ausente que nunca vio por ella- apareció un día y le propuso ayudarla llevándosela fuera del país. Caro lo rechazó.

La relación entre Carolina y yo  se fue erosionando no por malos tratos, ni palabras, sino –creo- porque mirábamos en distintas direcciones. Le dejé sobre la cama el libro con el que me conoció y nos separamos así como nos encontramos.

Con una dignidad solitaria.

******************************************************************************************************************************************************

Me agradaría saber tus comentarios. Escríbeme un comentario y te daré mis redes sociales.

Busco intercambio de opiniones y matrimonios sw o ckd

Y por favor, no te robes mi historia y la copies en otro sitio argumentando que es tuya o es anónima.  Buena o mala, es mía.

 

Me gusta / No me gusta

Espiando a mi novia y su amante ocasional

Nunca había escrito un relato, pero después de encontrar esta pagina, me dieron ganas de contar una experiencia que tuve hace un par de años.

En ese tiempo llevaba saliendo con una chica ya mas de un año, de nombre Ana, aunque nunca fuimos novios oficiales, siempre se dio por entendido entre nosotros. Ella estudió en una de las universidades de pago mas prestigiadas en la ciudad, tenía la facha de modelito y una cara de niña que no rompe un plato, aunque solo era la imagen.

Era muy delgada, con senos y trasero pequeños pero bastante apetecibles, unas piernas muy largas que terminaban en unos pies chiquitos que parecían de llavero que siempre llevaba enfundados con tacones altos, así fuera para salir a comprar el pan a la tienda. Tenia la piel blanca bronceada y un pelo castaño que ha traído de muchos estilos, en ese tiempo lo tenia largo y ondulado, unas manos pequeñitas de muñeca también, y la concha depilada casi totalmente, pero a pesar de eso lo que mas llamaba la atención de ella eran sus ojos esmeralda, que siempre se veían totalmente inocentes y juguetones.

Aunque no era de mucho dinero, siempre se las arreglaba para traer cosas de marca, ropa, zapatos, cosméticos, etc. Ella vivia junto con su hermano, ya que eran de otra ciudad y estaban en un departamento en una zona cercana a la universidad en la que estaba el hermano, ya que ella ya había salido y se había quedado en la ciudad a trabajar en la misma empresa en la que yo trabajaba, al salir de la carrera.

En ese tiempo ambos teníamos 24 años y laborábamos hacia un par de semanas en la misma empresa que, por su giro, tenía como empleados mayormente a gente joven, en ese rango, donde los chismes, rumores, parejas e historias estaban a la orden del día.

Con ella había tenido la oportunidad de hacer realidad todas las fantasías que había guardado mucho tiempo, ya que siempre estaba dispuesta para seguir lo que le proponía, por atrevido y loco que esto fuera. Dado que nuestra situación nunca estuvo clara, solo para nosotros, en la empresa no era raro ver que los hombres se le acercaran. Era bastante común que recibiera ofertas de llevarla a las fiestas de la empresa, o a las reuniones que hacíamos, pero siempre terminaba yendo conmigo a los eventos, por lo cual siempre hubo rumores, pero nunca los confirmamos.

Ante tanto acoso que sufría por los varones, me empezó a rondar la idea de como seríaa verla con alguien más.

Por fin un día, dentro de la calentura del sexo, se lo propuse, como era de esperarse le llamó la atención la idea, y me pregunto que si ya tenía pensado algo, a lo cual le dije que no, pero que no se preocupara que ya veríamos como realizar esta nueva aventura.

Al día siguiente me puse a pensar ya mas fríamente y la verdad es que la idea seguía provocándome demasiado morbo y decidí seguir adelante, dentro de los muchos hombres que se le acercaban, había uno al cual si le había aceptado alguna que otra salida, cuando yo no había podido ir a algún lado, y dado que eramos completamente abiertos el uno con el otro, ya alguna vez me había confesado que si le llamaba la atención, se llamaba Ernesto y llevaba algún tiempo en la empresa en otro departamento y era asiduo al gimnasio por lo cual tenia un cuerpo muy atletico y musculoso, aunque algo inocente y por lo mismo victima de las bromas de los demás empleados, en la hora de comida y demás.

Le hice saber mi decisión y la acepto sin demostrar mucho interés por la persona, sino mas que nada por la situación y la excitación que nos provocaba la idea en si.

Tuvimos que esperar hasta que el hermano saliera de vacaciones de la escuela, ya que el se regresaba a su tierra y ella se tenia que quedar a laborar con el departamento para ella sola. Fue entonces cuando planeamos el evento, decidimos que fuera en el cumpleaños de otro compañero, el cual se festejaría en un antro de la ciudad, quedamos que ella aceptaría ir con Ernesto, ella fingiría sentirse mal por la bebida para que la llevara a su casa y ver que sucedía, la verdad es que nunca hablamos de que tanto pasaría o hasta donde llegaríamos, pero creo que era parte del morbo de la situación, me dio una copia de la llave de su departamento y llego el gran día.

Llego la noche esperada de sábado, decidí no hablarle en todo el día, y llegue al antro acompañado de la líder del departamento, Liz, una chica bastante guapa, con muy buen cuerpo y cara muy linda, aunque siempre llevaba unos lentes que la hacían ver un poco anticuada, la verdad es que era una chica muy muy linda, y muy muy lista lo que la había llevado a ser líder en poco tiempo, ella tenia un novio al que veía poco en los Estados Unidos.

Liz se había arreglado bastante y quitado los horribles lentes lo que la hacia ver bastante sexy, con su top con la espalda libre y unos jeans ajustados, pero yo ni la volteaba a ver, yo estaba totalmente concentrado esperando la llegada de Ana; a los 15 minutos llego vestida también bastante sexy, con un vestidito completo negro todo pegado que la hacia verse bastante rica y unos tacones altos de doble correa. Nos saludamos como si nada pasara y se retiro a bailar con Ernesto. Yo la verdad es que no podía pensar mas que en eso, aun y que entrada la noche me di cuenta que Liz estaba algo animosa y probablemente si hubiera actuado, hubiera conseguido algo.

La verdad es que yo estaba totalmente metido en mi aventura, cada 5 minutos buscaba a Ana con la mirada y la veía comportándose bastante normal, lo mas atrevido que hizo fue tocarle el bíceps a Ernesto mientras se reía de algún comentario de el, lo que si es que los veía cada vez con bebidas diferentes a ambos, yo sabia que Ana a pesar de ser tan exquisita aguantaba como cualquiera de mis ebrios amigos, pero aun para ella empezaba a pensar que seria de mas. Se llegaron las 2:30 de la mañana y me despedí de todos ya que habíamos acordado que a las 3 ella se saldría fingiendo estar ebria.

Fui a dejar a Liz a su casa, después de escucharla 15 minutos diciendo que se sentía muy sola por su novio lejos, y diciéndome si no quería pasar a tomar algo, yo solo pensaba que tenía que llegar rápido al departamento de Ana para poder instalarme dentro del closet en su cuarto.

Llegue a las 3:10 al departamento me tuve que estacionar a unas cuadras trote a su casa y al llegar vi que solo estaba el carro de Ana, subí rápidamente y batallando un poco para abrir por los nervios, deje todo listo y me instale en el closet respirando aun un poco agitado por la emoción y el recorrido para llegar al departamento.

Paso bastante tiempo, miraba constantemente el reloj, y empece a desesperarme, pero alrededor de las 4 por fin se escucho que intentaban abrir la puerta. A lo lejos escuchaba que hablaban y reian, aun estaba muy enfiestados, ella recargada en el se veía que no podía caminar sola mientras entraban al cuarto, y por fin distinguí sus voces.

Ella decía, “No, no me sueltes”, mientras él hacia ademanes como que la dejaría sola, aunque se notaba que el tampoco tenia mucho equilibrio.

Los note que estaban bastante tomados, nunca había visto a Ana tan ebria y Ernesto hacia los típicos gestos de cuando ya estas completamente ebrio, No se si por eso Ana ni se molesto en voltear a ver el closet, ni siquiera se le notaba que lo tuviera presente.

Por fin llegaron a la orilla de la cama y la soltó jugando ya que sabia que caeria en la cama, al caer el vestidito se le levanto un poco dejando ver las piernas largas y el principio del trasero y note la cara de bobo que ponía Ernesto, pero al final como les digo el era inocente y muy respetuoso, solo pudo decir: “Creo que ya me voy a ir”.

Fue entonces cuando Ana se volteo y dijo, dificultosamente, “Espérame que me cambie”.

Ernesto que no quitaba la cara de susto, solo pudo decir: “si”, a lo que Ana solo respondió: “ayúdame a vestidor”, ahí se le acerco y con mucha dificultad la llevo a la una entradita al fondo del cuarto que daba a un vestidor y luego al baño de su cuarto.

Yo solo alcanzaba a ver esta entradita y vi como Ernesto se quedaba en la puerta viendo hacia fuera, ya que se escuchaba que Ana decía algo que supuse era “no veas”.

Por fin se escucho un fuerte golpe ante lo que Ernesto se volteo y rápidamente entro al vestidor, yo estaba con la expectativa y el corazón a tope, porque se escuchaban sus voces y de pronto ya no se les oía hablar.

Después de un buen rato, vi que salían los 2 caminando a tropezones, él sin la camisa y ella con el vestido con la parte de arriba colgando hasta la cintura y los pequeños senos al aire.

Fue ahí cuando mi miembro se levanto como un resorte, los vi que se estaban comiendo completamente, Ana ha sido la mujer que he conocido que mas moja, asi que a estas alturas supuse que ya estaría empapadísima, cuando el bajo su mano solo la escuche dar uno de sus pequeños gemidos que tanto me gustan mientras ella le besaba el pecho y los brazos como si lo estuviera adorando.

Podía ver que ella era la que llevaba el mando, ya que el solo respondía ante lo que ella hacia. No sabía hasta que punto llegaría y si es que recordaba algo de lo que habíamos hablado.

Pero vi como sus manos se dirigieron al cierre de Ernesto y supe que no pararía ahí. Lo empujo a sentarse en la cama mientras ella se arrodillaba enfrente de el.

Le bajo los pantalones ayudado por él, y le saco el miembro que era un poco mas largo que el mio, pero muy gordo, lo empezó a masturbar lentamente mientras se le quedaba viendo al miembro y lo volteaba a ver con esos ojos esmeralda preciosos, estaba como hipnotizada. Ella lo introdujo en su pequeña boca y lo empezó a besar, lamer y chupar con bastante devoción, el solo la tomaba de la cabeza suavemente. Se veía bastante morbosa la situación ella muy pequeña y frágil en su gordo pene. Temí que fuera mucho para ella aunque se que Ana a pesar de su físico es capaz de recibir mucho en su conejita, ya que hemos usado juguetes y frutas en otras ocasiones. Estuvieron así bastante rato, mientras yo estaba ya sin darme cuenta sobándome el miembro.

Después de estar bastante rato probándole el pene, se separo, podía ver que no estaba completamente rígido, supongo que por la bebida, pero ella se levanto y se retiro completamente el vestido que traía a la altura de la cintura y dejo ver una tanga negra también bastante sexy, fue ahí cuando Ernesto mostró un poco de iniciativa, la tomo, la acostó y le empezó a besar los senos, boca, cuello, mientras ella gemía por lo bajo.

En ese momento la volteo, y la comenzó a besar por la espalda, se le notaba bastante mas suelto, le bajo la tanga y se la paso por los tacones y le empezó a besar las nalgas para después comenzar a besarle entre las nalgas, no se si seria el culo o la rajita pero duro ahí un buen rato, mientras Ana gemía ya bastante fuerte.

Entonces Ernesto, se incorporo y le levanto un poco la colita mientras ella seguía boca abajo en la cama, la acomodo como si fuera una muñequita, mientras Ana estaba totalmente dócil, le apunto el pene que ya se veía mas firme y aun mas grande, se lo puso en la entrada de la rajita, se recostó encima de ella sin meterlo completamente y le empezó a besar el cuello mientras se lo dejaba ir despacio mientras Ana gemía como loca a cada centímetro que entraba, una vez dentro Ana levanto las manos hacia atrás para tocarle las nalgas y animarlo a bombearla, él la empezó a empujar rápidamente como si se le fuera a acabar el mundo mientras veía como Ana estaba gozando como loca, la sentí venirse un par de veces en ese tiempo, hasta que hizo el ademan de querer cambiar de posición, a lo que Ernesto le sujeto las manos en la espalda y la bombeo mas fuerte, ella ya gritaba muy fuerte, aunque nunca sentí que fuera de dolor o molestia, vi que al parecer se vino una vez mas y entonces si Ernesto la volteo y le levanto las largas y delgadas piernas hasta que sus rodillas dobladas estaban a la altura de sus hombros y la sujetaba de los tacones mientras le dejaba caer todo el peso muy dentro.

Después de varias posturas y de perforar a Ana por todos lados, Ernesto se notaba ya un poco zombie, mientras que Ana por otro lado ya solo estaba como en trance, recibiendo el instrumento de Ernesto, pero se le notaba perdida. Vi como se acostaron los dos de lado y le empezó a meter la verga de cucharita, hasta que de pronto se salio de Ana, se volteo en la cama quedando boca arriba y ella aun de lado y ya no se movieron.

No hicieron gestos de venirse o de orgasmo, así que me mantuve a la expectativa un rato, hasta que percibí que se habían quedado dormidos, Ernesto ya se oía respirando pesadamente y Ana no se movía ni un centímetro, en ese momento yo aun con la emoción dentro, y hasta un buen rato después, salí sigilosamente de mi escondite, me acerque a la cama y empece a probar la situación haciendo ruiditos y moviendo ligeramente la cama para notar reacciones, preparado para esconderme en caso que hubiera respuesta.

Pero no hubo nada, ahí estaba Ana totalmente mojada y recostada aun vistiendo sus tacones altos y Ernesto aun con el pene algo rígido, la situación me daba un morbo total, y sin saberlo me vi acercándome, palpando el trasero de Ana y la empuje suavemente para que quedara también boca arriba y le metí un dedo suavemente sin que notara respuesta alguna, después el morbo se apodero de mi y creo que por la calentura que traía me provoco a tocarle el pene a Ernesto, lo toque suavemente sin respuesta, cada vez me empezó a llamar más la atención y tenía demasiada curiosidad por ese pene, ya que lo tome con ambas manos y aún quedaba un pedazo libre, lo empece a masturbar suavemente, y con la otra mano le volví a meter el dedo a Ana, hasta que sentí como él se movió un poco, me asuste bastante, pero me di cuenta que aún estaba dormido, el morbo de la situación me llevo a volver a tomarle el pene y a darle una lamida, nunca había tenido ni pensamientos en este sentido, pero ahí estaba muy excitado y empece a mamarle el pene, sentí como se movía un poco entre sueños y el miedo me abandono, seguía trabajándole el pene mientras masturbaba a Ana con una mano, aunque ella la verdad ni la mas pequeña respuesta tenía.

Después de un buen rato de estar mamándole el pene, sentí como se contraía un poco como indicando que se venia, alcance a quitarme antes del primer chorro que salio volando sin ver donde caía, después de eso le levante las piernas a Ana y me la empece a coger aunque dure menos de un minuto después de tanta excitación y me vine en encima de ella alcanzándole la cara mientras me volteaba para dispararle también a Ernesto al cual alcance en el cuerpo, nunca en mi vida había soltado tanta leche.

Acto seguido rápidamente me subí el pantalón, le puse la tanga a Ana, la pijama y y me fui tan rápido como pude, ya que el día ya estaba totalmente claro.

Me dormí ya entrada la mañana y me desperté a medio día, con una cruda moral principalmente por lo de Ernesto, ya que a pesar de que toda la experiencia había sido totalmente nueva, esa parte había sobrepasado cualquier otra cosa que hubiera hecho, pero yo soy de las personas que le gusta probar cosas nuevas sin inhibiciones así que me tranquilice y pensé que había sido una nueva experiencia y que ya vería que saldría de eso. Ahora ya lo recuerdo como una vivencia mas que no he sentido deseos de volver a buscar.

Fue hasta la tarde-noche que sonó mi celular, era Ana, la note apenada y sin saber que decir, no tocamos el tema y quede de pasar por ella.

La fui a recoger y ya platicando entre bromas le reclame si no pensaba decirme nada de nuestro fracasado plan de ayer, a lo cual la note algo sorprendida, le “confesé” que yo tuve que ir a dejar a Liz y que en el camino se puso necia/caliente y que habíamos tenido algo ligero y que a la hora de regresar vi que ya había llegado ella y Ernesto, ante lo cual ya no pude entrar a su cuarto. Como me imagine no me reclamo ni pregunto nada de Liz, así que le dije que me diera los detalles ya que yo pensaba que no se había dado nada con Ernesto, ya que no llegue al closet a darle la señal, porque para esto habíamos quedado que le marcaría y colgaría al celular cuando llegara a su cuarto con Ernesto indicando que ahí estaba, cosa que con la excitación ni recordé.

Pensé que respiraría aliviada, pero la note más consternada y me dijo que la verdad era que no recordaba nada.

Ella y yo teníamos una relacion muy abierta y nos platicábamos todo, así que no supe si creerle o no, le dije que algo tenia que recordar y me hice notar mas interesado.

Me dijo que recuerda haber salido del antro, llegado a su casa, y empezó a divagar diciendo que recordaba que había bromeado con Ernesto, que se había intentado cambiar de ropa y se dio un golpe (no menciono a Ernesto aquí) y que despertó en su cama con la pijama y la puerta sin llave.

La verdad yo ya no quise indagar mas en el asunto, yo supongo que debió notar restos de semen duro o supongo que debió haber sentido algo en la panocha después de tanto fierro que le dieron, pero lo quise dejar así.

Tiempo después me dijo que por platicas con Ernesto sospechaba que algo había pasado, pero yo lo tome muy relajado hasta hacia bromas mientras me la cogía diciendo que de seguro Ernesto se la había metido toda y ni cuenta se había dado.

Nunca oí rumores de nada de esa salida, solo que se habían ido muy ebrios los dos, pero como era de esperarse Ernesto que era muy respetuoso al parecer nunca dijo nada.

Con el tiempo me cambie de trabajo y se fue perdiendo todo, no sin antes muchas platicas y promesas. Hasta que eventualmente conocí otra chica y ella empezó a salir con otra persona después de cambiarse también de esa empresa y nos dejamos de frecuentar.

Solo guardo de recuerdo algunas fotos y vídeos de esa etapa.

Espero les haya gustado esta experiencia, ha sido de lo mas intenso que he vivido, junto a otra historia que espero contar después con una esposa de un compañero de trabajo.

Me gustaría saber sus comentarios

Me gusta / No me gusta
sexo en londres, sexo en canarias, relato erótico

Yo a Londres, tú a Canarias (MARCOS Y DIANA)

Hola de nuevo, un saludo a tod@s, en especial a Marcos Pérez por sus palabras, espero que guste también este relato. Os voy a contar algo de lo que nos ha sucedido a Diana y a mi después de nuestro último viaje a Canarias, la verdad es que todo ha estado bastante tranquilo hasta hace algunos meses.

En primer lugar deciros que las cosas no se han arreglado con Ricardo y Sandra, como os dije en mi relato anterior, los estúpidos celos.

Hacía muchos meses que no veía a mi inglesita, había ido un par de veces a Londres desde que nos conocimos en Canarias, pero en una ocasión mi horario era demasiado apretado y en la otra ella tuvo que resolver problemas familiares con su ex y, sinceramente, no me apetecía ser el paño de lágrimas de nadie.

Durante estos meses nos habíamos comunicado por Sky, yo le había solicitado en varias ocasiones que se desnudase y que se masturbase para mí, pero ella se negaba. Tampoco me seguía el rollo con los mensajes subidos de tono que intentaba intercambiar. No estaba nada contento con cómo se estaba desarrollando todo, no quería una relación seria con ella, creía haberle dejado claro que amaba a Diana y que eso no cambiaría. Yo quería alguien con quien follar sin ataduras cuando nos viésemos, desinhibida y no lo estaba consiguiendo, pero le pondría remedio lo antes posible o lo dejaríamos.

Tenía que ir tres días a Londres, pero el horario sería tan apretado que no tendría ocasión de verla al igual que las veces anteriores. Diana me sugirió,

  • Porqué no reservas la semana entera, le das una alegría y perfeccionas tu inglés. Además yo hace mucho que no veo a mi yogurín canario y podría reservar unos días para follar con él.

“Unos días”, si la vez anterior estuvo poco más de un día completo con él y le dejó su coñito inservible durante casi una semana, ¡cómo se lo dejaría ahora! Me hubiese gustado mucho estar allí para verlo todo, pero también me apetecía enviciar a mi inglesita, a la que por cierto llamaré Samanta, por Samanta Fox (como os he dicho sus tetas son XXL). Di me aportó algunas ideas para emputecerla, hice alguna llamada y lo dejé preparado.

Los dos salíamos el mismo día para nuestros destinos, Di llegaría a Canarias antes de que yo embarcase para Londres. Estaba en la terminal leyendo un periódico cuando recibí una llamada, era Diana, imaginé que sería para decirme que había llegado bien y todas esas cosas, descolgué y antes de que pudiese hablar pude oír:

  • Venga, si lo estás deseando – era la voz de Mario, me puse rápidamente los auriculares del móvil. Por el ruido iban en un coche con el manos libres. Seguro que Diana quería que lo escuchase.
  • No seas malo, no tardaremos en llegar y entonces podremos…
  • ¡Venga zorrita! Seguro que no has vuelto a probar una igual que ésta desde que estuviste conmigo – la verdad es que tenía razón.
  • Tengo que conducir, vamos a tener un accidente.
  • ¡Vamos sácamela! – se oyeron unos ruidos sordos durante unos segundos.
  • Ves qué fácil, ¡mira cómo me tienes! – yo también estaba empalmado en el aeropuerto.
  • Joder Mario déjame conducir, que ya nos falta poco para llegar.
  • No dejes de tocármela, me duelen los huevos de las ganas que tengo de descargarme.

Unos segundos sin oír nada y luego unos gemidos,

  • ¡La tienes ardiendo! Mira ya casi estamos en la casa, ahora podemos seguir más tranquilos…
  • No pares, ¡sigue putita! – este chico ya no era tan inocente como cuando lo conocimos.
  • Esa es la casa, ya hemos llegado. Vamos dentro ¡por favor!
  • ¡Chúpamela aquí!
  • ¡Joder Mario! Vamos dentro y podrás hacer de mi lo que quieras.
  • ¿No me has oído? ¡Quiero follarme tu boca!
  • A ver si te vas a correr y luego no puedes conmigo. ¡Ja, ja!
  • No te preocupes, que te vas a hartar estos días. ¡Vamos!

Por la respiración de Diana le estaba haciendo una mamada al chico. Pasaron varios minutos en los que se oían los chupetones de Di y los gemidos de Mario,

  • Vamos dentro zorrita, que antes no querías chuparla, pero ahora no la sueltas. ¡Quiero reventarte el coño!

Se oyeron las puertas del coche y Diana cortó la comunicación. Yo tenía un calentón tremendo, mi pantalón de vestir parecía una tienda de campaña y necesitaba masturbarme con urgencia, así que me metí en los baños y me imaginé a Diana intentando encontrar aire bajo el peso de Mario y soportando las embestidas de su polla…

Cuando llegué a Londres fui a una casita muy discreta que alquilo cuando mi mujercita y yo necesitamos discreción, normalmente voy a un hotel, pero no quería que Samanta supiese demasiado de mis clientes, ni de los lugares por los que me muevo, por si se encaprichaba conmigo. Como esperaba, los tres primeros días fueron realmente una locura de trabajo y reuniones, además como la casa queda un poco retirada, uno de mis mejores clientes, al enterarse, insistió en que durmiese en su casa, por cierto que a su mujercita creo que no le era del todo indiferente, así que quién sabe…

Al cuarto día, después de la reunión de la mañana tomé el metro y me fui hasta la parada más próxima a la casa, Samanta me estaba esperando en su coche. Para mi disgusto no llevaba nada provocativo, una blusa blanca, una chaqueta y una falda por debajo de las rodillas. Entré en el coche, me saludó con una gran sonrisa, yo sin contestarle, le di un beso tremendo mientras con mi mano izquierda literalmente amasé su pecho derecho, ella gimió al contacto y sus pezones se erizaron.

  • ¡Dios mío! Sí que tenías ganas chico – me dijo jadeando.

Desabroché varios botones de la camisa para que me dejasen ver mejor su escote,

  • Mucho mejor así – se le veía casi medio sujetador y buena parte de sus apretados pechos sobresalía por encima de las copas.

Un hombre que pasaba por allí nos miraba con los ojos como platos. Los dos nos reímos de su cara de sorpresa y Samanta arrancó.

Hablábamos de tonterías, pero yo quería calentarla lo más posible, sólo tenía unos días para convertir a esa divorciada en una zorrita. Subí su falda justo por encima de las rodillas, nos miramos y vi su nerviosismo, volví a subirle la falda hasta donde me permitió su asiento, dejando medio muslo al aire,

  • Espera hombre, ya falta poco para llegar – sonreí maliciosamente acordándome de Diana.
  • Estoy deseando meterme en tus bragas. Por cierto, ¿de qué color las llevas?
  • Blancas, pero no sigas distrayéndome, ¡por favor!

Llevé mi mano a sus muslos y comencé a acariciar la parte interior. Ella gemía mientras mordía su labio y miraba asustada alrededor. A los pocos minutos llegamos a la casa, si llego a saber lo divertido que iba a ser el viaje la hubiese citado en el centro. Bajamos deprisa su maleta y entramos, nada más entrar la aprisioné contra la pared y la empecé a besar. Desabroché toda su camisa y contemplé ese par de montañas que apenas podía contener su sujetador semitransparente, le bajé las dos copas y mordí sus pezones, ella se quejó, pero apretó mi cabeza contra ella.

  • ¡Te he echado de menos!
  • A mí o a mi amigo…- le dije mientras pegaba mi polla contra su falda.
  • A los dos, no he vuelto a follar desde que estuve contigo.
  • Muy mal, eso no es nada sano señorita. Vamos a ver si te acuerdas de cómo tratar a mi amigo

Ella sonrió pasándose la lengua por los labios, se arrodilló, bajó mis pantalones y empezó a pajearme con el bóxer puesto mientras me miraba a los ojos. Una buena mancha en el bóxer acreditaba que mi polla estaba preparada. Me la sacó y lamió la punta un buen rato, sobre todo el frenillo, metió mi polla entera en su boca,

  • Bien, bien, veo que recuerdas perfectamente cómo hacer feliz a mi amigo.

Ella sonrió y siguió mamando mientras corría su mano por mi polla.

  • Seguro que se estará haciendo una paja pensando en ti – le dije.
  • ¿Quién?
  • El de la estación, le tendría que haber dicho que viniese para ayudarme.
  • ¡Joder, eres un depravado!

Se empezó a reír, pero pude ver cómo llevaba su mano por debajo de su falda, imaginé lo que estaría haciendo… después de unos instantes, tiré de ella para levantarla, le desabroché la falda y le di un azote en el culo. Necesitaba follarla ya. La llevé a la habitación, sólo llevaba su tanga blanco, pude observar que había perdido algo de peso, su culo estaba algo más firme, aunque seguía siendo un buen culazo, menos mal que sus tetas no parecían haber perdido ni un gramo. Se acostó en la cama. Ladeé su tanga y comencé a lamer su sexo deprisa, ya tendríamos tiempo de besitos y caricias en otro momento, ahora necesitaba descargarme. La verdad es que podría habérsela metido directamente, porque estaba tan caliente como yo,

  • ¡Qué bonito, sin ningún pelo! – le dije contemplando su depilado sexo.
  • Ya sabes que me acuerdo de lo que le gusta a tu amigo. ¡Ja, ja!

Le di un cachete en la vulva, ella se retorció, agarraba con fuerza la colcha mientras su cuerpo se crispaba como si la recorriese una corriente. Volví a repetirlo varias veces, cada vez un poco más fuerte, sus ojos mostraban dolor y placer a la vez. Agarré el tanga y tiré hacia arriba de él, pasaba la tira de un lado a otro de forma que rozaba su clítoris y sus labios.

  • Por favor, métemela. Me estás matando.

Me puse entre sus piernas y le metí sólo el glande, comencé a entrar y salir, ella parecía desconcertada. Después de unos segundos le di una culeada hasta meterla toda, me clavó las uñas en la espalda mientras echaba hacia atrás la cabeza. Me retiré y otra vez a entrar y salir sólo el glande,

  • ¡Te quiero dentro! ¡Por favor!

Y le volví a meter la polla hasta el fondo provocando la misma reacción. Un par de veces noté que se iba a correr, ella me abrazaba con sus piernas para que la penetrase profundo, pero yo no la dejaba. Cuando me pareció que estaba ya desesperada por correrse la culeé con fuerza, rápido y explotó en un maravilloso orgasmo. Gritó con ganas y se quedó tendida sin moverse. Yo notaba los líquidos calientes que salían de su sexo. Me tendí a su lado y nos abrazamos durante un buen rato,

  • ¡Qué desconsiderada soy! Tú no has llegado – me decía mientras pasaba sus uñas por la piel de mi verga.

Comencé a acariciar su culo,

  • Ya sé lo que estás pensando, ¡vicioso!…

Apoyó la cara en el colchón y levantó su culo. Yo empecé a acariciarlo con la punta de los dedos, no hacía falta lubricarlo, los líquidos de su sexo habían escurrido hasta ahí. Lamí su culito mientras acariciaba su sexo, ella comenzó a gemir de nuevo,

  • Espero que lo hayas mantenido abierto para mí.
  • No, pero tú me lo puedes abrir…- me decía mientras echaba su mano hacia atrás para tocármela.
  • ¿Te has masturbado pensando en mi?
  • Alguna vez.
  • ¿Sólo alguna?
  • En realidad muchas. ¡Ah, ah! – gemía sonoramente
  • Quiero que también te masturbes tu culito pensando en mi – ya le tenía dos dedos metidos en su interior
  • ¡Siiiii, siii! ¡No me hagas esperaaaaar!
  • ¡Espero que lo hagas zorrita!

Me incorporé, me puse un condón y penetré en su culo. Empecé a bombear despacio, pero no parecía que le molestase tenerme dentro, así que aceleré algo más el ritmo. A mí no me faltaba mucho, pero quería que ella se corriese de nuevo,

  • ¡Tócate tu coñito!

Llevó su mano a su sexo y comenzó a moverla en círculos sobre su clítoris. Notaba la punta de sus uñas en mis testículos. Sus gemidos y la tirantez de sus piernas me indicaban que estaba a punto,

  • Mete tus dedos, quiero que notes mi polla.

Introdujo dos dedos, yo los notaba en la parte inferior de mi polla, a través de la pared de separación, notaba cómo entraban y salían,

  • Imagínate que en tu coño está metido el tipo de la estación. ¡Dos pollas para ti solita!

Ella no dijo nada, sólo aceleró el movimiento de sus dedos y se volvió a correr. Los gritos quedaron amortiguados por el colchón. Yo me salí, me saqué el condón con la intención de correrse sobre su culo, pero ella se volvió, metió mi polla en su boca y con un par de sacudidas me vacié en su boca. Tragó todo,

  • También echaba esto de menos – decía mientras lamía golosa los pocos restos que quedaban en mi glande.

Más tranquilos nos tendimos en la cama a charlar. Me contó que su ex marido se la había intentado llevar a la cama, pero que no había aceptado, incluso varios compañeros de trabajo lo habían intentado y todavía seguían interesados. También me dijo que se había comprado un par de vibradores,

  • También he cambiado la alcachofa de la ducha y he puesto una con función de chorro, que me sirve para acordarme de ti – cuando la conocí en Canarias le enseñé lo que se puede hacer con el chorro de una bañera cayendo sobre su clítoris.

Pasamos el resto de la tarde hablando y jugueteando ya más tranquilos después de la primera corrida. Por la noche fuimos a cenar fuera y luego rematamos el día con un polvo mucho más “de pareja”. La verdad es que no había estado nada mal para el primer día, su reacción cuando le hablé del tipo de la estación me había gustado.

A la mañana siguiente nos levantamos pronto y me llevó de ruta por unos cuantos lugares nada habituales para los turistas. Nos dirigíamos a un restaurante para comer cuando recibí una llamada de Diana, con el ajetreo de reuniones y las ganas de follar del día anterior no había vuelto a hablar con ella. Nada más oír su voz sabía que algo no iba bien. Al parecer Mario ya no era el inocentón al que había desvirgado, durante los meses que no le había visto se había follado a más de 50 chicas, de todas las edades y colores, había hecho de todo. Hasta tal punto que se había atrevido sugerirle a Diana que desvirgase a un amiguete suyo y poder hacer un trío. No conoce a mi mujer, es muy posible que hubiese aceptado si la idea hubiese salido de ella, pero intentó forzar la situación y consiguió que Diana se cabrease, le dijo que ella era lo suficientemente capaz para encontrar los tíos que quisiera, así que lo dejó y se volvió para casa. Cuando se lo conté a Samanta alucinó. No se acababa de creer el tipo de relación que tenemos, pero cuando le dije que Diana era la que estaba en la playa nudista donde nos conocimos… Su expresión de asombro me hizo soltar una carcajada,

  • ¡Así que ella se ha ido a follar con el chaval de la playa! ¡Vaya zorra tienes en casa!
  • Bueno, nos gusta pasarlo bien y que el otro también lo haga.
  • Pero, ¿no te volverás a España?
  • No, ella sabía que corría el riesgo de que el chaval se encaprichase de ella o todo lo contrario. Pero seguro que lo habrá disfrutado estos días.
  • Lo que no sé es cómo le puede caber todo lo del chico dentro… – los dos nos reímos con ganas.

Después de comer fuimos a una calle de artesanos y de ahí de vuelta a casa, previo paso por una tienda a comprar helado de chocolate. Cuando llegamos a casa, con el helado derretido, se lo dejé caer por sus tetas, no hay mejor forma de degustarlo, ella también lo comió de mi polla. Estuvo bien el día, pero hubiese preferido algo más fuerte, menos “matrimonial”.

Al día siguiente nos estuvimos bañando juntos por la mañana, quitándonos los restos de helado y le di un repaso a la depilación de su coñito, pues ya se notaba que los pelos le habían empezado a crecer. Mucha caricia y mucho beso, pero no hicimos el amor en todo el día, la quería tener bien caliente esa noche. Más tarde fuimos caminando a cenar a un restaurante. Los dos bebimos una buena cantidad de vino. Al regresar del restaurante, ya de noche, oímos un ruido en una de las callejuelas que iban a dar a la calle por la que caminábamos. No muy lejos vimos a una pareja besándose, estaban apoyados contra un coche, él tenía la polla fuera, se veía claramente la silueta con la luz de fondo. Nos quedamos mirando y ellos no parecieron enterarse, ella se arrodilló,

  • ¡Se la va a mamar en plena calle! – susurró Samanta.

El movimiento de la cabeza de la chica no dejaba lugar a dudas. Samanta no dejaba de mirar,

  • Te gusta mirarles, ¿no?

Ella afirmó con la cabeza sin dejar de mirar,

  • ¡Ahora vuelvo!

Ella intentó detenerme, pero no consiguió agarrar mi brazo. La pareja se adecentó lo más que pudo cuando percibieron mi presencia. Hablé con ellos como cinco minutos y después me acompañaron hasta encontrarnos con Samanta. Hicimos las presentaciones y nos dirigimos a la casa. La chica no es que fuese el prototipo de inglesa, morena, alta y muy delgada, él sí parecía inglés, pelo lacio castaño y de piel clara. Samanta estaba tan sorprendida que no acertaba a decir prácticamente nada.

Al llegar a casa sacamos unas cuantas bebidas alcohólicas y charlamos un rato de tonterías. En un momento determinado los dos se levantaron y yo les hice un gesto para indicarles las escaleras, mi inglesita no salía de su estado de shock. Al poco se empezaron a oír gemidos, cogí a Samanta de la mano y la llevé arriba. La luz de una de las habitaciones estaba encendida, entramos. La chica estaba desnuda sobre la cama y el chaval (ninguno de los dos pasaría de los 25 años) lamía su sexo. El cuerpo de la chica era delgado, sus pechos redondos, pequeños, con unas aréolas oscuras y unos pezones que sobresalían mucho. Tenía piernas largas, su sexo tenía el pelo corto en el pubis y los labios mayores totalmente depilados. Sin duda lo mejor era su culo, redondito, un poco pequeño para mi gusto, pero firme y respingón.

  • ¿Qué es todo esto? – acertó a decirme Samanta en voz baja.
  • Bueno, me pareció que te gustaba lo que estabas viendo en la calle. Ellos follarán sin pasar frío y ganarán un dinero haciendo lo que tú les pidas, nada que no tuviesen pensado hacer esta noche.

Ella me miró con cara de incredulidad,

  • Tú sólo diles lo que quieres que hagan y ellos lo harán.
  • ¿Hasta dónde?
  • Tú prueba.

Se volvió a mirarlos, dudó unos segundos,

  • ¡Sácale la polla! – le indicó a la chica.

El chico se puso de pie y ella se sentó al borde de la cama. Le desabrochó el pantalón y lo dejó caer, su calzoncillo dejaba ver una erección muy evidente. Bajó la ropa interior y dejó al aire una verga de buen tamaño y muy gruesa, coronada con un glande rojo. No se la tocaba, Samanta me miró y yo le hice un gesto animándola a seguir pidiéndoles cosas,

  • Tócasela.

La chica le sonrió y comenzó a correr la mano adelante y atrás. Samanta no separaba sus ojos de la escena. Me situé a su espalda y besé su cuello, gimió sin dejar de mirarles,

  • ¿Te gusta su polla? – le pregunté al oído.

Movió su cabeza afirmativamente.

  • Se la puedes tocar si quieres.

Dudó un instante, avanzó hasta la pareja, tomó ligeramente el pene en su mano y la corrió a lo largo un par de veces, la soltó y volvió junto a mí,

  • La tiene muy caliente… y gorda.

Yo sonreí. Le empecé a desabrochar los botones de la camisa y luego el broche del sujetador, ella se lo sacó sin quitarse la blusa. Con una mano le acariciaba sus pechos y con la otra su sexo por encima de la falda,

  • ¿No vas a pedirles nada más?
  • ¡Chúpasela! – les dijo despertando del trance en que parecía estar.

La chica metió el capullo en su boca y comenzó a chupar, la verdad es que no lo hacía nada bien, además no alcanzaba a introducir ni la tercera parte de la polla del chico,

  • ¡Más adentro! – le gritó.

Ella lo intentó, pero le daban arcadas. Samanta fue hacia ellos, agarró la polla del chico por la mitad y empujó la cabeza de la chica para que llegase con la boca hasta su mano, pero le era imposible,

  • ¡Vaya tetas! ¿Puedo? – le dijo el chico mirando su camisa abierta.

Ella sonrió orgullosa y se quitó la camisa. Sus pechos caían blandos y enormes. El chico se los tocaba admirando su tamaño y se los besó, mordiendo los pezones. Samanta se había apoderado de su polla y corría su mano despacio por su verga, disfrutándola,

  • Ahora túmbate en la cama y que ella te cabalgue – acertó a decir con la voz entrecortada.

Volvió a mi lado. Seguía mirándoles fijamente. Se acariciaba su sexo, así que quité el cierre de la falda y la dejé caer, también le quité sus bragas, ella se empezó a masturbar abiertamente. La llevé más cerca de la pareja para que pudiese ver mejor la escena,

  • ¡Mira cómo le entra! ¿No quieres seguir tocándosela?

Fue hacia ellos de nuevo, deseaba tocarla, pero no quedaba mucho trozo fuera, así que acarició los testículos del chico. Yo me arrodillé y comencé a lamer el coñito de Samanta, estaba empapada, sus gemidos se mezclaban con los de la pareja. Me hizo levantar,

  • Vamos a la otra habitación. ¡Necesito que me folles!

Le sugerí follar allí, pero se negó, aunque no muy convincentemente. La llevé a nuestra cama en la habitación de al lado y le comí el coño despacio, por los laterales, evitando su clítoris, no quería que se corriese demasiado pronto. En la otra habitación los gemidos de la chica indicaban que se estaba corriendo. La puse a cuatro y se la metí. Al poco aparecieron en nuestra puerta nuestros amigos. Él tenía la polla erecta, así que imaginé que no se habría corrido todavía, se situó a nuestro costado para ver cómo se movían las tetazas de Samanta, incluso se acercó a tocarlas, dejando su polla muy cerca de la boca de mi inglesita. Ella la miró, yo esperaba que se la chupase, pero no lo hizo.

Se fue hacia su chica y comenzaron a besarse mientras nos miraban, él la hizo apoyar sus manos contra el marco de la puerta y se la metió desde atrás. La escena era muy excitante, los golpes de nuestras pelvis contra sus culos, los gemidos de las mujeres… Samanta explotó en un orgasmo tremendo, se dio la vuelta quitándome el condón y mirando a la chica engulló mi polla totalmente, no tardé nada en correrme en su boca. El chico estaba admirado de que se la introdujese entera y le preguntó si quería seguir con la suya, todos nos reímos.

La pareja se fue a su habitación, se seguían oyendo los gemidos hasta que oímos correrse al chico, después silencio. Los dos estábamos desnudos sobre la cama, yo acariciaba su costado y el lateral de su pecho,

  • Te gustó que nos mirasen, ¿verdad? – le pregunté.
  • La verdad es que sí, me calentó mucho.

Hablamos un poco más, luego nos quedamos abrazados, relajados. Yo me hice el dormido, notaba que Samanta no tenía sueño ni mucho menos. Como media hora después se empezaron a escuchar ruidos de la cama vecina, estaba claro que habían empezado otra vez. Samanta se incorporó y me miró, imagino que para comprobar si estaba dormido. Se levantó y entró en nuestro baño, oí la ducha, después de un rato salió, por el ruido estaba buscando algo en el armario. Salió de la habitación, yo esperé sin moverme. Después de unos minutos pude escuchar claramente que la saludaban, estaba con ellos… Poco después creí oír sus gemidos, me levanté sin hacer ruido y fui hasta la habitación. Abrí un poco más la rendija de la puerta y allí estaba mi inglesita, se había puesto un corpiño que no tiene copas completas para los pechos, los sujeta desde abajo y los eleva dejándolos al aire, haciendo que parezcan aún más grandes de lo que son, llevaba unas medias de rejilla hasta el muslo con ligas, el conjunto le daba un aspecto de prostituta de las películas del oeste. Estaba de rodillas mamándosela al chico, ahora era la chica la que empujaba su cabeza, no entendía lo que le decía, pero estaba claro que le ordenaba que chupase más adentro, ahora era ella la que mandaba. Llegaba hasta algo más de la mitad, pero estaba claro que su talla era superior a la mía. La hizo levantarse y la chica comenzó a besarla y a acariciar su sexo, a Samanta no parecía agradarle. Ella le desabrochó el corpiño, le dijo algo y Samanta se puso a cuatro en la cama. El chico se puso detrás, la chica abrió las nalgas de Samanta con sus manos, él apoyó su polla en su sexo y la metió hasta la mitad,

  • ¡Ahhh! ¡Dios mío! ¡Despacio, por favor! ¡Demasiado profundo! – fue lo único que entendí, de toda la palabrería lastimera que dijo.

La chica le dio un azote fuerte en el culo y le dijo algo al oído. Él la follaba despacio ya con toda la polla dentro. La chavala se colocó delante de Samanta con sus piernas abiertas y le bajó la cabeza para que lamiese su coño, Samanta se retiró. A ella no le hizo nada de gracia, la sujetó con las manos en los hombros y le dijo algo al chico. Comenzó a bombearla duro, además la muy zorra empujaba los hombros de Samanta contra el chico, para aumentar la violencia de la follada. No entendía lo que decía mi inglesa, pero seguro que la estaba partiendo. Después de unos minutos la chica le dijo algo y Samanta afirmó con la cabeza, soltó sus hombros y Samanta bajó su cabeza para lamer el sexo de la joven. Después de un buen rato la chica se situó junto a mi inglesita también a cuatro, el chico empezó a ir de un coño al otro, yo recordaba escenas similares con Diana y Sandra. Los crujidos de la cama se mezclaban con los gemidos,

  • ¡Me corro, me corro! ¡No me dejes ahora! – dijo Samanta.

El chico siguió dándole y la chica metió su mano entre las piernas de Samanta para acariciarle su sexo, se corrió entre gritos. Cuando se la sacó se quedó tendida en el colchón, su pelvis todavía se movía como si lo tuviese dentro y el chico se metió dentro de su amiga, que seguía a cuatro. Unos instantes después ella se situó entre las piernas de Samanta y comenzó a lamerle el sexo mientras el chico la embestía. Samanta la aceptó de buen grado y la dejó hacer. Tras unos instantes sus gemidos y el movimiento circular de su pelvis mostraban que ya estaba preparada para más.

La chica se corrió mientras pellizcaba el coño de mi inglesa, profiriendo gritos que no conseguí entender. La joven se fue hacia el baño. Él se tendió en la cama y Samanta aprovechó para quitarle el condón y disfrutar de la polla ella sola. Se la mamó despacio, corriendo su mano desde los testículos hasta el capullo. No le podía quedar mucho para correrse, así que cogió un condón y se lo puso, Samanta se subió sobre él y se clavó emitiendo un gemido muy profundo. Yo aproveché para entrar y sentarme en el sillón, ella me daba la espalda, así que no se enteró de que estaba, ni de que me masturbaba viendo el espectáculo. Lo follaba despacio, moviendo sus caderas en círculos, apoyando sus manos en los muslos del chico, encantada de que él no quitase las manos de sus pechos.

Le dijo algo, ella le dio un beso y, sin salirse, se giró para darle la espalda, quedando de frente a mí. Sus ojos se abrieron de par en par al verme, sólo un instante, luego terminó de situarse y siguió follando. Me miraba y subía más de lo normal para permitirme ver entrar y salir la verga. La ducha se había parado y la chica salió, al verme allí intentó acercarse a mí, pero le hice un gesto de negación. El chico se corrió por fin, las últimas culeadas hicieron que Samanta quedase muy cerca del orgasmo, pero sin llegar. Se salió del chico, vino hacia mí, me besó y se sentó sobre mi polla, en un par de minutos se corrió. Yo preferí reservarme para el día siguiente. Nos despedimos de nuestros amigos y nos fuimos a la habitación,

  • ¿Qué tal lo has pasado? ¿Estás bien?
  • Muy cansada, pero relajada y satisfecha. Muy bien, la verdad, mucho mejor de lo que pensaba. Aunque el sexo con mujeres no me convence.
  • ¿Habías pensado en follarte a dos tíos?
  • Alguna vez, pero me parecía excesivo, de pervertidos.
  • ¿Y qué te ha parecido?
  • Me ha gustado, aunque…
  • ¿Qué?
  • Me habría gustado que te hubieses acercado, cuando te vi, me dieron unas ganas tremendas de tenerte en mi boca para agradecértelo mientras me follaba.
  • Pues podrías habérmelo dicho ¿Y quizá te hubiese gustado que me hubiese metido en tu culo?
  • Pues, quizá… Aunque no sé si me cabría con el pollón del chico dentro. ¡Ja, ja!
  • La disfrutaste, ¿verdad?

No me contestó, sonrió, me besó y se acurrucó junto a mí, agarrándome la polla.

Al día siguiente nos despedimos de los chicos, no quisieron quedarse a desayunar. Por supuesto ya supondréis que no fue todo casual, los había contratado desde España en una agencia, cuyos servicios ya habíamos solicitado mi mujer y yo en otras ocasiones, no iba a meter en casa a unos desconocidos y a confiar todo al azar.

  • Todavía no me acabo de creer lo que ha pasado, que te acercases a unas personas que no conoces y les propusieses… Y que yo aceptase… Me has llevado mucho más lejos de lo que nunca pensé… – no sé si llegó a sospechar que había preparado todo, pero no me dijo nada.
  • ¿Y esto es lo más lejos que quieres llegar? O quieres seguir experimentando.
  • Creo que sí, aunque me da un poco de miedo en lo que me estoy convirtiendo…
  • O sea que mi putita está aceptando follarse a dos a la vez y quién sabe qué más… ¿quizá una doble penetración? – le dije mientras le daba un azote en el culo.
  • ¡Podría ser! – me dijo moviendo el culo y riendo.
  • Tengo su móvil, así que si quieres le puedo llamar…
  • Creo que ya he tenido bastante por esta semana. Ahora lo que quiero es darte un regalito para agradecerte lo de anoche.

Me hizo sentarme en una silla del salón desnudo, ató mis brazos con unos pañuelos y se fue. Se me pasó por la cabeza que podía aparecer con una cámara de fotos, nunca se sabe. Afortunadamente, apareció con un conjunto negro de lencería, el sujetador tenía aberturas en las copas para dejar ver los pezones. La tanga era lisa y un poco transparente. También llevaba unos guantes negros. Imagino que lo habría comprado en un sexshop. Al pasar junto a mi me dio un besito y tocó ligeramente mi polla, que ya había empezado a reaccionar. Se sentó en el borde de otra silla frente a mí, los labios de su coño dibujaban dos bultitos en el tanga, no sé a vosotros, pero cuando veo eso marcado en una braga o en un pantalón… Se comenzó a acariciar los pechos, a pellizcar sus pezones, los agarraba y los juntaba, incluso llegaba a mamarse ella misma sus pezones. Luego bajó a su chocho y lo acarició moviendo los dedos a lo largo de su raja, subió una pierna al brazo de su silla, dejándome ver cómo la tira del tanga desaparecía en el interior de sus labios. Mi polla estaba tiesa.

Llevó una mano atrás y sacó algo que no identifiqué, acarició su pezón para ponerlo duro y se colocó una pinza metálica, emitió un quejido mezcla de placer y de dolor. Luego volvió a repetir con el otro pezón. Vino hacia mí, me besó y bajó hasta mi polla, la agarró y la pasó por sus pechos, el tacto áspero de los guantes de encaje me hacía daño y me gustaba a partes iguales.

  • ¡Sigue, por favor, sigue!
  • ¡Silencio! ¡Así no hay quien se concentre!

Se quitó el tanga, me lo pasó por la nariz, olía a sexo, me lo metió en la boca, luego cogió otro de los pañuelos y me amordazó. Fue a su bolso y sacó lo que parecía una barra de labios, se sentó de nuevo en la silla, lo giró y el pintalabios empezó a vibrar, lo chupó y se lo empezó a pasar por su vulva. Yo estaba que explotaba. Sus dedos pellizcaban el clítoris, lo giraba y tiraba de él de forma dolorosa, pero no parecía que le disgustase. También tiraba de las pinzas de sus pezones. Después de un rato se quitó un guante, lamió dos dedos y los llevó a su sexo, los metió hasta dentro y emitió un jadeo que casi me hace correr, luego aplicó el vibrador a su clítoris. Metía y sacaba los dedos, los giraba, yo estaba deseando meterme dentro de ella, la espera me estaba matando, los testículos me dolían… Se corrió arqueando la espalda, continuó acariciándose el clítoris con la mano unos segundos y volvió en sí,

  • ¿Te gustó el espectáculo?

Yo afirmé con la cabeza y miré hacia mi polla,

  • ¡Pobrecito! Desde anoche sin descargar.

Yo pensaba que había llegado mi turno de follarla, pero no era lo que ella tenía previsto. Se arrodilló entre mis piernas, agarró con su mano izquierda la base fuertemente y comenzó a pasar el pulgar derecho por el frenillo, no me masturbaba, sólo me hablaba en inglés despacio y acariciaba el frenillo circularmente. La presión en la base hacía que mi glande estuviese a punto de reventar. Me miraba a los ojos y hablaba, aunque yo no sabía ni lo que me decía. Estaba totalmente desesperado por correrme. Acercó la punta de la lengua a la abertura de mi glande y la lamió a lo largo, rozándola a penas, yo subía mi pelvis para meterme en su boca, pero la muy zorrita se separaba y sonreía. Después de un rato que me pareció eterno, exploté. Varios chorros saltaron hasta mi estómago, mis muslos y otra parte fluyó a lo largo de mi polla hasta su mano, que seguía estrangulando la base.

  • ¡Buen chico! ¡Buen chico! – decía mientras extendía parte del semen por mi glande.

Comenzó a lamer golosa todo el semen derramado, mi torturadora sonreía pícaramente.

  • Espero que no estés muy enfadado ¿Quieres que te desate? – yo afirmé con la cabeza.

Me desató, mi polla seguía dura, hacía años que no me ocurría eso. De inmediato la tumbé en la alfombra boca abajo, sin preámbulos se la metí sin ninguna dificultad. La bombeé con fuerza, juntaba sus nalgas con mis manos para aumentar la sensación. Ella reía y gemía mientras me animaba,

  • ¡Así, así! ¡Dame duro!

Tardé más de lo previsto, lo que a ella le vino muy bien, porque se corrió casi a la misma vez que yo por segunda vez. Nos quedamos tumbados un buen rato, riéndonos y recordando el polvo con la otra pareja.

Al día siguiente tomé el avión de vuelta con la promesa de que a mi siguiente viaje, quizá aceptase un trío. Aunque no sé si se esperará hasta que vuelva o… Antes de tomar el avión me mandó una foto al móvil, tenía una cadena de bolas anales introducida a medias “mi nuevo juguete, para mantenerlo abierto” era el texto que la acompañaba.

Cuando llegué a casa me sentía realmente cansado, aunque deseoso de contarle a mi mujercita cómo me había ido y que ella me contase también. Diana estaba preciosa, nos besamos,

  • Me ha llamado Raúl – me dijo.

Pero esa es otra historia…

Me gusta / No me gusta

Cuatro en el bar

No parece nada sórdido. Al contrario. Es sobrio. Elegante. Hay un ligero olor a que hace mucho fumaron algún puro, pero ahora el aire es frío. La luz tenue. No es oscuro, ni de día. Deja ver lo necerario y queda oculto lo que está demás. En un extremo de la barra estas tu, con un vestido blanco. Es color hueso y tu cabello rubio brilla bajo el foco que está justo en la curva de la barra. Qué mejor lugar para quedarte. El brillo de cientos de copas, de botellas llenas de dorados líquidos, la madera brilla y tu ahí estás perfecta. Choca el vaso que pedí contra mi barra y tu volteas a verme. No se quién le sonrió primero a quién, pero lo hicimos juntos. Justo cuando me disponía a acercarme a ti, llegó tu amigo. Supongo que es tu amigo, por como te tomó la cara al darte el beso. Igual sabía no tendríamos mucho tiempo. Yo también espero a alguien, así que mientras seguiré admirándote. Me acerco. Logro escuchar tu tono de voz y me gusta. Creo que siento tu perfume. No me importa que él este ahí y te rodee con sus dedos cada vez que puede. Igual te veo. Ha llegado mi cita. Justo se ha sentado entre ustedes y yo. No podía ser más acertada. así podre seguirte viendo mientras la veo a ella. Me fijo en tu vestido. Creo que no llevas sostén. Veo tu culo y creo no llevas tampoco pantys. Ahí siento las manos que me tocan y necesitan mi atención. Ella me besa en la boca y tu nos ves. Quisiera que sus labios carnosos fueran los tuyos y me pagas besándolo a él. Creo que ha comenzado un juego que nos va a llevar lejos. Quién se resiste menos, quien insista más.

Él empezó a tocar tu pierna, mientras ella me tocaba más abajo. Apretaba cada vez más fuerte y pudo sentir como yo estaba muy duro. Tu lo pusiste así mientras ella creía habían sido sus besos. Vi que él metió su mano por debajo de tu vestido y tu te rodaste al borde del banco. Le diste permiso de pasar. De entrar y estar cómodo. Ella levantó mi guayabera para meter su mano dentro del pantalón y descubrir que además de duro estaba muy caliente. Tu me veías y sonreías mientras él recién descubría que no llevabas sostén y trataba de ver tus pezones que ya había notado yo estaban muy duros. Tu piel blanca llena de lunares era hermosa. Podría perderme en ella totalmente. Vi su brazo dentro de tu vestido y tu abir la boca tratando de no escapara un gemido. Estoy seguro ya metió uno de sus dedos dentro de tu cuca. Me pregunto si estas rasurada o llena de unos pequeños vellos rubios como tu cabello. Me miras aprovechando el éxtasis de él. Te gusta que te vea mientras él te penetra. Ella se acerca y con su lengua en mi oreja me pide baje mi bragueta. No lo dudo en hacer. Quiero sentir más y quiero que tu veas más. Saca su mano de su pantalón, ahora pega sus grandes tetas de mi pecho que pareciera fueran a salir de su ajustado vestido y mete su mano sacándome el guevo. Tu has bajado la mirada y suspiras. Sonríes y disfrutas que él te esté metiendo su dedo y que tu puedas ver mi guevo mientras ella lo aprieta y me pajea suavemente. Has dado un pequeño brinco. Creo, por como se pegó a ti y metió más su mano, que ahora no tiene solo un dedo dentro de ti. Quiero imaginar tiene dos o hasta tres de sus dedos abriendo tu cuca y llenándose de todo tu flujo. Eso ha hecho me ponga más caliente. Me gusta verte así. Con tus piernas medio abiertas y el metiéndote mano. Ojalá estuviera esto más oscuro. Quizás podrían suceder más cosas. Yo no me he contenido y uso mi mano para tocarla. Primero agarro su culo, le sobo sus nalgas y ahora meto mi mano y encuentro un pequeño hilo que entra entre su culo. Lo hago un poco a un lado y con la yema de mi dedo índice se lo estimulo. Ella cierra los ojos. Tu mueves tu cabeza para ver qué estoy haciendo y te percatas que por delante no podrás ver. Echas tu cabeza hacia atrás y ves claramente como mi mano está entre sus nalgas. Sabes que estoy metiendo mi dedo en su culo. Otra vez esa sonrisa. Creo estamos a la par. Ambos hacemos mucho para estar en la barra de un bar. No sé si alguien nos está viendo.

Tu me haces una seña para que nos vayamos. Creo que estás muy intimada al igual que yo para despegarnos de nuestros compañeros. Tu le dices algo a él y vas hacia el baño, yo hago lo mismo.

Llego un minuto después y la puerta está cerrada. La fuerzo y tu abres. Me jalas. No dices nada, te levantas el vestido y pones las manos encima del lavamanos. Solo me ordenas que pase el cerrojo de la puerta. Cierro mientras me saco el guevo sin bajarme el pantalón. Tus nalgas son como imaginé. Tu cuerpo es una continuación de tu vestido. Muy blanco. Me pides te lo meta ya. te tomo de la cintura. Me agarro el guevo para penetrarte cuando me pides te coja duro. No dudo en hacerte caso y sientes mi machete entrar completamente dentro de ti. Tu cuca está muy abierta. Sin duda él tenía más de un dedo dentro de ti. Estás totalmente dilatada. Hizo un trabajo perfecto. Abierta y empapada. Te tomo con fuerza por la cintura mientras empujo lo más duro y profundo que puedo. Tu te agarras con fuerza y gritas. No soporto. La pajeada que me dio ella ya me tenía a punto y sentir tu cuca asi me hace querer acabar. Te lo digo y me das permiso. Te aprieto con mis manos abiertas. Empujo mi guevo dentro de ti, me detengo y siento como mi leche empieza a llenarte. No me muevo. tus nalgas están calientes y pegadas a mi. He dejado hasta la última gota de mi semen dentro de ti. Mientras acabas conmigo. No te limpias, yo tampoco. Solo estiramos la ropa y salimos.

A mitad de camino están ellos esperándonos en la barra. Hablan. Te tomo de la mano. Te detengo. Vamos. Salgamos. Te jalo y tu no ofreces resistencia. Salimos del bar. Tu y yo.

Me gusta / No me gusta

Comida para compartir (Otros Mundos II)

El viernes tocaba cena en mi casa y Emilia y yo compramos los ingredientes en un centro comercial cerca de casa. Todos los últimos viernes de mes cenábamos con un par de compañeros de trabajo y cada vez lo organizaba uno. El anterior fue en casa de Paolo y su mujer, Roberta, una morena napolitana preciosa, que nos preparó un menú italiano casero para chuparse los dedos. El próximo le tocaría de nuevo a Moha, un marroquí maduro y soltero, al que todos llamábamos Tronco, que tenía a todas las chicas de la empresa coladitas por él. Sus casi 1’90 m y su porte deportivo y moderno atraía las miradas de todas las mujeres con las que se cruzaba. Aunque musulmán practicante, su apariencia era más de profesor norteamericano que de currante magrebí. Sus cenas, sin alcohol y sin cerdo, eran siempre una sorpresa porque tenía buena mano para la cocina y se atrevía con platos difíciles y muy elaborados. Si con Paolo las cenas derivaban en chistes, risas y picardías, las de Moha siempre tenían la calidez de una grata conversación, en la que nos asombraba con su vasta cultura y en la que Paolo intervenía bastante poco; siciliano de familia más bien pobre, paliaba su falta de cultura con un atractivo típico mediterráneo, moreno, con el pelo rizado largo y unos ojos verde mar encantadores; sin embargo, la cocina de Roberta le había ensanchado visiblemente la cintura y había dejado de ser, en lo que debía de haber sido el plan perfecto de su mujer, el latin-lover de su juventud.

  • ¡Es que es un encanto! – dijo Emilia con sincera admiración, mientras iba llenando el carro de la compra.
  • Ya lo sé pero eso no le da derecho a tocarte el culo, y menos delante de mí – Paolo se cogía muchas confianzas con mi mujer y, aunque yo no le daba mucha importancia, creía que a veces se pasaba y no entendía porqué Emilia nunca lo regañaba.
  • ¡Pero si es un sol! Total, por dos pellizcos que me dio, el pobre. Seguro que tú se los das a Roberta y tampoco pasa nada – lo disculpó Emilia.
  • ¿Dos pellizcos? ¡Pero si vi cómo te metía mano bajo la falda cuando le servías la cena! Se pondría morado, el cabronazo. Si le hago algo así a Roberta, me gira la cara de un sartenazo. ¡Menuda es, la mamma!
  • ¡Qué exagerado eres, Jorge, de verdad! Yo no hago ni caso; tú haz como si no lo vieras y en paz – sentenció.

Dejamos a los chicos en casa de mis padres y a las 20.00 h empezaron a venir los invitados. Moha fue el primero, como siempre, y trajo té para después de cenar. Besó educadamente a mi mujer y se sentó con nosotros en la cocina mientras acabábamos de preparar los aperitivos. Casi media hora después llegó Paolo.

  • ¡Hola a todos! Siento el retraso pero Roberta no ha podido venir: su hermana ha llegado hoy de visita inesperada y se ha tenido que quedar. Las dos tenían mucho de qué hablar, así que me he traído a su marido, Beppe, espero que no os importe. Le he hablado tanto de vosotros que ha insistido en venir.
  • ¡Claro que no! Es un placer, Beppe. – Los cuñados se adelantaron y saludaron a Emilia con sonoros besos. Paolo rodeó a mi esposa y abrió una olla para oler el contenido.
  • ¡Qué bien huele! ¿Le falta mucho? – preguntó Paolo, hambriento, como siempre.
  • No, unos diez minutos. Abrid unas cervezas, que vamos en seguida.- Paolo dejó la tapa en su sitio y se dirigió a la nevera, no sin antes apretarle el culo a mi mujer con disimulo. Su cuñado, que se percató, me miró inmediatamente pero yo me hice el despistado y él no dijo nada. Cogieron sus cervezas y salieron con Moha al salón. Yo me rezagué en la cocina.
  • ¡Ya te ha metido mano otra vez!
  • ¿A mí? ¡Qué va! Te habrá parecido.
  • ¿Cómo que no? ¡Venga ya, pero si te ha apretado el culo!
  • Yo no me he dado ni cuenta. Te habrá parecido, hombre, que estás muy susceptible. Venga, tonto, vamos dentro – dijo, zalamera, dándome un beso y un apretón a mi trasero.
  • Sí, sí, susceptible. ¡Pues yo sí me he dado cuenta! – Emilia se rio y entró al salón. En el sofá pequeño estaba sentado Moha y en el grande los dos cuñados, que se abrieron para dejar sitio a mi mujer, que se sentó entre ellos.

Beppe era del mismo tamaño que Paolo pero carecía de cualquier gracia que pudiera tener su pícaro cuñado: enjuto, con la perenne sombra azul de la barba, el pelo muy escaso y una barriga marca de la casa. Si la mirada franca de Paolo transmitía cordialidad, la de Beppe intimidaba al más pintado. Aunque parecía entenderlo todo, según nos aseguró Paolo, no sabía ni una palabra en nuestra lengua y no soltó ni media. Pero me fijé en que, cuando Emilia no lo miraba, echaba miraditas al escote de mi mujer, que llevaba un vestido negro y púrpura sin tirantes y con volantitos en la falda hasta medio muslo. Emilia no era una mujer muy grande y su figura tampoco era despampanante; unas tetas menudas pero bien puestas, el culito respingón de una quinceañera y una carita pecosa le daban un aire juvenil muy gracioso. Paolo contaba sus gracias de siempre y mi mujer se partía de risa con ellas; habían enlazado sus brazos y se apretaba contra él con las carcajadas. Él, siempre con las manos en movimiento, apretaba el codo contra el pecho de Emilia y, de vez en cuando, dejaba caer la mano un segundo en la rodilla o el muslo de mi mujer. Yo no les quitaba ojo y me estaba poniendo muy nervioso. Le pedí ayuda a Moha y fuimos a la cocina.

  • ¿Estás alterado por algo? – preguntó cauto Moha.
  • ¡No me jodas, Tronco! ¿No ves a Paolo? Se toma demasiadas libertades con Emilia, no digas que no te has dado cuenta.
  • He visto que tu mujer es una magnífica anfitriona, una señora prudente y una buena amiga. Ya es como si fuera uno más de la fábrica y se comporta como tal. Es fantástica y hoy está preciosa, si me permites decirlo.
  • Sí, ya. Pero Paolo le mete mano a la señora estupenda en cuanto puede y en mis narices.
  • Hombre, ya sabes que Paolo hace lo mismo con los hombres. No puede hablar sin dejar de mover las manos y de tocar a todo el mundo. No lo hace con mala intención.
  • Bueno, en eso tienes razón, Tronco. Supongo que no tendría que pensar mal. Ni debería importarme un pellizco en el culo. Creo. En fin, no importa. ¿Me ayudas a sacar los platos? Voy a descorchar una botella de vino para nosotros y a sacar agua para ti.

Yo seguía con la mosca tras la oreja y continué observándolos. La cena transcurrió entre risas, chascarrillos y picardías de Paolo, al que apuntaba algo de vez en cuando su cuñado en un italiano ininteligible, y las muestras de conocimiento de Moha sobre literatura, política y economía. Cuando Emilia sirvió la cena a cada uno, me fijé adrede cuando le tocó a Paolo. No podía ver nada, porque estaban justo enfrente de mí, pero cuando Emilia se inclinó a su lado para servirle, su mano debió subir por los muslos, acariciando las medias y se ocultó bajo su falda, aunque el movimiento de los volantes  me dejaba adivinar lo que no podía ver. ¡El muy cabronazo se hinchaba a sobarle el culo a mi mujer delante de mí! Miré a Emilia pero se mostraba impertérrita y agaché la mirada al plato para no cabrearme más. ¿Es que veía algo en Paolo? No estarían liados, ¿verdad? Mientras mi mujer pasaba a servir a Beppe, Paolo siguió hablando sin parar como si no hubiera pasado nada. Entonces Emilia dio un respingo y dejó escapar un gritito.

  • ¿Qué pasa, cariño? – me extrañé. Creía que le había caído algo del caldo al suelo. Todos la miraron y se ella azoró visiblemente.
  • ¡Nada, nada, que me he quemado un poco, no te preocupes! – dijo, un tanto nerviosa, y siguió sirviendo a Beppe. No le di más importancia hasta que, con el rabillo del ojo, vi el reflejo en el televisor apagado, a la espalda de Beppe: ¡también él le metía mano a mi mujer bajo la falda! ¡Menudos hijos de puta! ¡Me parecía que aquello ya era excederse! ¡Con Paolo había confianza pero a Beppe lo acabábamos de conocer! Seguro que Paolo lo había llevado allí con la lección aprendida y el tío se estaba poniendo al día. Pero Emilia no sólo no decía nada sino que se demoró sirviéndole su ración y además, extrañamente solícita,  le escanció vino en la copa aunque no estaba vacía. Empecé a pensar que a ella, más que importarle, le estaba gustando que la sobaran. Y aunque yo estaba indignado, me di cuenta que también estaba terriblemente excitado y apuntaba ya una erección que no sabía si podría disimular cuando nos levantáramos de la mesa.

Después del café, del té y los postres, nos servimos unas cuantas copas y seguimos la tertulia. A mí, con la cerveza, tres copas de vino y mi segundo gin-tónic, la cabeza me daba vueltas pero había conseguido cambiar mi predisposición para con los dos sobones. El alcohol había acabado ahogando mis objeciones y ya me daba todo igual. Le daba conversación a Moha, que se estaba explayando en algún tema del que yo no hacía ni caso porque no podía dejar de vigilar a los italianos, enfrente de mí, sentados a la mesa con mi mujer en medio de los dos. Los tres habían bebido tanto o más que yo por lo que estaba seguro de que no perdían el tiempo, así que tiré un palillo al suelo y fui a recogerlo para mirar bajo la mesa. Creía que vería a los dos cuñados acariciando los muslos de Emilia pero me equivoqué. A ver si es que estaba exagerando y allí no pasaba nada. Sí, eran sobones pero tampoco iba a armar un escándalo por eso. Creo que hasta sentí un poco de decepción…

  • ¡Eh, Tronco! Le estás dando una paliza al pobre Jorge. Déjalo un ratito, anda. ¡Y tómate una copita, cazzo, que no te va a pasar nada! – Moha no contestó el comentario de Paolo y bebió de su vaso de té.
  • ¿Alguien me podría decir por qué llamáis Tronco a Moha? No me parece un apodo muy poco acertado – preguntó Emilia, inocente.
  • ¡Eso, Tronco! ¡Explícale a Emilia porqué te llaman Tronco! – estalló Paolo en una sonora carcajada a la que se unió Beppe con su risa de rata. Yo tercié para que Moha no se ofendiera.
  • Déjalo, Moha, no le hagas caso. Hoy está especialmente imbécil.
  • ¿Qué pasa? ¿Qué es tan gracioso? – siguió Emilia – A mí me lo puedes contar, ¿verdad, Moha? ¿Verdad que sí? – Emilia se hizo la niñita preguntona, haciéndole mohines sexys a Moha, que me miró poniendo los ojos en blanco.
  • Tranquilo, Jorge, no me importa. Ya estoy acostumbrado.
  • ¿Tan terrible es? Me estáis asustando – Emilia estaba muerta de curiosidad y yo me maldije por no habérselo contado antes. Todos en la fábrica lo sabían y no podía creer que Emilia no lo supiera todavía.
  • ¡Sí que es terrible, sí! – siguió riendo Paolo.
  • No es nada terrible, Emilia, querida – empezó Moha – He sido bendecido con un cuerpo maravilloso y doy gracias al cielo por ello.
  • ¡Hombre, eso ya lo sé yo! ¡Salta a la vista, guapo! Pero no entiendo qué tiene que ver…
  • ¡Qué tiene una polla como mi brazo, joder! ¡Si la tuviera yo, me llamarían Trípode! – Paolo se revolcaba de risa en el sillón y palmeaba los muslos de Emilia para acompañar las carcajadas. El asombro se dibujó en la cara de Emilia y tardó un rato en reaccionar, roja como un tomate.
  • ¡Caramba, Moha, qué callado te lo tenías! Y oye… es que… de verdad… ¿tan grande es?
  • ¡Emilia, por favor! ¡No seas impertinente! – la reñí yo sin mucho éxito.
  • Para los estándares habituales entre varones de mi edad, raza y complexión, yo diría que ocupo una franja de medidas entre las más altas de un hipotético ránquing, que…
  • ¡Tiene un pollón que no lo puede esconder! ¡Y los cojones, tendrías que verlos! ¡Como una cabeza de bebé! – Paolo evidentemente exageraba pero era verdad que el miembro de Moha llamaba la atención. Era muy divertido ver a los nuevos la cara que ponían el primer día que coincidían con él en las duchas. En seguida adivinaban el porqué del mote. Emilia no dejaba de mirarlo sin decidirse a hablar. Al final encontró el valor y se dirigió a Moha.
  • Oye, Moha, cariño…tú y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo…no sé porqué nunca me lo dijiste pero ahora que lo sé…no sé si te importaría…en fin…ya sabes… – la mirábamos esperando la pregunta que no alcanzábamos a imaginar. Excepto Paolo, que se le adelantó; lo que estaba quedando claro es que conocía mejor a Emilia que yo.
  • ¡Que le enseñes la polla, Tronco! ¡Mira que os cuesta ir al grano a todos! – Beppe aprobaba las palabras de su cuñado y dio unas palmas con mímica.
  • Bueno sí… ¿me la enseñarías? – dijo Emilia con un mohín de niña inocente.
  • ¡Pero bueno! ¿Estamos todos locos o qué? ¡Emilia, me parece que ya has bebido suficiente! ¿Estás tonta? – estaba realmente escandalizado. No podía creer que mi mujer hubiera hecho semejante pregunta. ¿Le había pedido a nuestro amigo Moha que le enseñara el pene? ¿Qué le pasaba aquel día?
  • No me importa, de verdad, amigo Jorge. Si me das tu permiso, vamos a la habitación y Emilia puede saciar su normal curiosidad. Será un minuto.
  • ¿Pero estás loco tú también? ¿Qué os pasa a todos hoy? De eso ni hablar. ¡Vamos, anda! Aquí el único que le enseña la polla a mi mujer soy yo, ¿estamos? Y se acabó.
  • ¡Jorge, eres imbécil! – Emilia se levantó y salió hacia la cocina. Paolo la siguió y Beppe hizo el ademán de levantarse para seguirlos pero captó mi mirada asesina y volvió a sentarse para echar un trago largo de su bebida.
  • Lo siento, Jorge. No creía que te fueras a molestar. No se hable más. Si me disculpáis, creo que es hora de volver a casa. Ha sido una velada interesante, no dejéis que se estropee al final. Buenas noches – Acompañé a Moha a por su chaqueta y fui con él hasta cerrar la puerta. Al volver, los italianos ya se habían despedido de Emilia, apuraban sus copas y se preparaban para seguir el camino del marroquí.
  • Me parece que la has cagado, tío. Tu mujer no va a estar muy contenta. No sé por qué te pones así, colega.
  • Me pongo como me da la gana. Ya hablaremos tú y yo – y salieron sin decir nada más.

Esa noche, Jorge no pudo dormir tranquilo. Con sólo cerrar los ojos veía a Beppe y Paolo rozándose con Emilia y tocándole el culo con descaro, mientras los tres se reían de él. Fue la peor noche desde que se casaron y su mujer lo tuvo sin sexo durante todo un mes; al final, optó por introducir a Paolo y Emilia en sus fantasías cuando se masturbaba y aquello le ayudó a superarlo. Siguieron quedando a cenar cada último viernes de mes, Paolo siguió tocándole el culo a su mujer pero no se habló nunca más de la polla de Moha.

Por su parte, Emilia se quedó un rato en el salón después de que Jorge se acostara. Aún estaba demasiado enfadada para compartir la cama con él. Al menos no antes de que se durmiera. Pero también estaba caliente: las caricias de Paolo habían sido más atrevidas de lo que estaba acostumbrada pero le dejó hacer, como siempre. Esta vez no se contentó solo con tocarle el culo, sino que le acariciaba la vulva bajo la falda. Estaba muy acostumbrada al italiano y lo quería mucho. Tenía algo que la obligaba a hacer ese tipo de tonterías sin pensar. Pero la sorpresa se la llevó con Beppe, el cuñado de Paolo: lo acababan de conocer y el tío no solo la tocó como hacía su cuñado, ¡sino que se atrevió a bajarle las bragas! Aunque casi se delató con aquel grito que soltó, consiguió disimular hasta que Beppe se las quitó del todo y se las guardó. ¡Y menos mal que era un pequeño tanga! ¡Menudo tipo, el cuñado! Mientras tomaban las copas, Paolo se comportó como siempre, rozándole las tetas con el brazo o palmeando su muslo. Pero Beppe metió la mano bajo la mesa hasta acariciar su coño y la estuvo calentando hasta que lo tuvo que parar para no correrse. Ese día se hubiera dejado follar por los dos italianos sin dudar un segundo. Pero tuvo que ponerse tonto Jorge y estropear la magia. Aquella negativa de su marido la obsesionó de tal manera, que no paró hasta convertir a Paolo en su amante: si las cenas eran los últimos viernes de mes, los primeros jueves, que Jorge siempre salía de viaje, los dedicaba a follar con el italiano. Y su marido no se enteró jamás.

Todo esto pasó en realidad y nada más que eso. Pero existen realidades alternativas, donde pequeños cambios en nuestras decisiones o en nuestros actos han creado nuevos mundos con nuevas historias. Y en uno de esos mundos Emilia no se fue a la cocina con rabia. En uno de ellos, Emilia le plantó cara a su marido:

  • ¡Jorge, eres imbécil! – saltó Emilia con furia – ¡Estamos entre amigos, no seas tonto! ¿Ahora te has vuelto un puritano recatado?
  • Pero mujer, ¿tú crees que es normal pedirle a nuestro amigo que te enseñe la polla?
  • Precisamente se lo pido porque somos amigos. ¡Yo no voy por ahí pidiendo a desconocidos que me enseñen su cosa, a ver que te has creído! Nos conocemos desde hace mucho y hay confianza. ¿Verdad que sí, Moha, cariño? ¿Qué dices tú?
  • Yo ya he dicho que, si Jorge da su permiso, te mostraré encantado mi…
  • A mí no me hace falta el permiso de nadie. ¡Esto no es una dictadura! ¡Decido yo! Así que ya estás viniendo y enseñándome la polla. ¡Pero ya! ¡Y la quiero ver aquí mismo! – Moha se quedó un poco sorprendido y se volvió para mirarme.
  • ¡Haced lo que os dé la puta gana! Está claro que yo aquí no pinto nada. Pero yo no quiero saber nada, tampoco – dije, ofendido, recostándome en el sofá y bebiendo de mi copa.

Moha se levantó, se descalzó, se quitó la camisa y el pantalón y, después de plegarlos y dejarlos en el respaldo de una silla, se acercó a mi mujer vestido con un calzoncillo bóxer ancho, que disimulaba a duras penas el tamaño de su paquete. Se plantó en jarras delante de ella y se dejó admirar su vientre trabajado y duro y sus piernas musculosas con el vello corto y ensortijado. Emilia se incorporó entre los dos italianos, que permanecieron aplastados en el sofá, y se sentó al borde del cojín, dejando que los pies de Moha flanquearan los suyos.

Por primera vez, Emilia estaba cortada y solo acertaba a admirar el bello cuerpo del marroquí, de los ojos al paquete y vuelta a empezar. Paolo se incorporó, se sentó junto a ella en su misma posición, le plantó la mano sobre el muslo y le susurró cerca de la oreja.

  • Bájaselos, tú, preciosa. Te está regalando el momentazo para que decidas tú cómo y de qué manera – Emilia lo miró, mordiéndose el labio inferior, llena de dudas. Pero se rehízo en seguida y cogió el elástico del calzón con las dos manos. Pero se detuvo antes de seguir y me miró. Yo le di un trago a mi copa como si no fuera conmigo la cosa. En realidad, me sentía totalmente turbado: desde donde yo estaba, veía a mi mujer sentada de tal manera que casi le podía ver las bragas; Paolo, a su lado, le acariciaba el muslo sin recato y Beppe, al otro lado, la rodeaba con una mano en la cintura; Moha, de perfil a mí, esperaba a que mi mujer lo desnudara. Yo no sabía cómo se sentía Moha, pero yo, haciendo como que seguía enfadado, en realidad estaba luchando con un huracán de sentimientos: aunque me sentía humillado y ninguneado, estaba empalmado como un burro y esperaba impaciente el siguiente movimiento de Emilia.

Ante mi desdén, Emilia volvió a fijar su atención en Moha, aspiró profundamente y empezó a tirar lentamente del calzón hacia abajo. Primero asomó el vello púbico, tupido y ensortijado y a continuación empezó a verse la base del miembro. Emilia amagó un nuevo grito ante lo que estaba viendo y se apresuró a destapar su regalo, bajándolos con un par de tirones. La polla de Moha, que ya estaba a medio empalmar, saltó cuando se liberó y rozó la cara y el pelo de Emilia mientras ella acababa de quitarle los calzoncillos por los pies al marroquí. Se quedó mirando boquiabierta la polla monumental de nuestro amigo y se tapaba la boca con la mano de puro asombro. En ese momento Paolo volvió a hablarle a la oreja.

  • ¿Qué te parece? ¿Te ha gustado verla? Es grande, ¿verdad? ¿Habías visto alguna vez alguna igual? – Emilia negaba con la cabeza sin destaparse la boca. Él la beso levemente en la mejilla y le susurró otra vez – ¿A que también te gustaría tocarla? – Emilia soltó un gemido sordo y largo. Se humedeció los labios y me miró de nuevo. Mantuvo la mirada durante unos segundos mientras quién sabe qué pensaba y volvió la vista a la polla de Moha.
  • ¡Es impresionante! Nunca había visto ninguna así de grande, Moha. ¿Me la dejas tocar? ¿Por favor? – Emilia lo miraba de abajo hacia arriba, implorante y Moha se volvió una vez más a buscar mi aprobación.
  • ¡A mí no me mires, ya la has oído antes! ¡Tú verás, Tronco!

Moha se giró y adelantó la cintura hacia Emilia y esta se acomodó en el borde del asiento. Ahora ya podía verle hasta las bragas pero me pareció ver mal y volví a mirar más atentamente: ¡pero si no llevaba bragas! Estaba casi seguro de habérselas visto al principio de la velada, cuando se sentó en el sofá antes de cenar. ¿Cuándo se las había quitado? En esas estaba yo, cuando Paolo ya había pasado de nivel y alargaba sus caricias desde las rodillas hasta tocarle la vulva a mi mujer. Beppe estaba al otro lado de Emilia, en el asiento más próximo a mí, y se contentaba en observarlo todo, sin apenas tocarla.

Emilia, por su parte, apoyada con una mano en la rodilla de Moha, coloco la palma de la otra sobre la base del pollón, cerca del pubis, y la fue deslizando a lo largo del tronco, muy despacito, hasta llegar al prepucio, que aún cubría la mayor parte del glande. Allí, giró la palma de la mano, cogió la punta y deslizó la mano de nuevo hacia arriba hasta topar en los huevos. Hizo lo mismo un par de veces y a la siguiente, con la polla aún morcillona, apretó el glande y subió y bajó la piel para descapullarlo unas cuantas veces hasta que notó que la verga estaba totalmente empalmada. Aún así, la polla de Moha no se levantaba más allá de estar  perpendicular al cuerpo y se curvaba un poco hacia abajo desde la mitad hacia la punta. Emilia la acarició una vez más hacia arriba y cuando llegó a los huevos los cogió con dulzura, sopesándolos y magreándolos con placer. Cambió los huevos de mano y le cogió la polla para empezar a meneársela.

  • ¡Dios, Moha, qué polla más hermosa! ¡Me encanta tocarla! ¡Mmmmm! ¡Qué bueno! – Emilia lo pajeó y mantuvo el glande descubierto unos segundos, mirándolo fijamente. Su mano era incapaz de abarcar aquel pedazo de carne marrón oscuro. De repente, me miró y, sin más, besó el glande con pequeños besos rápidos. Sin quitarme la vista de encima, abrió la boca y se metió la punta del pollón, abrazando toda la cabeza y chupándola. En sus labios se notaba el escalón entre el tronco y la cabeza, abultando en cada movimiento de succión, adelante y atrás. Cuando se la sacó, aspiró aire como si se estuviera ahogando y la volvió a acariciar con un sonoro beso – ¡Mmmmm! ¡Qué buena, Moha! ¡Cómo me gusta tu polla, cariño! ¡Cómo me gusta, por Dios! – y sacó la lengua para lamer los hilos de líquido seminal que colgaban entre sus labios y la polla de mi amigo.

En ese momento, Beppe volvió a sorprendernos: dejó tranquilamente el vaso a su lado, en la mesa del rincón, y se levantó del sillón, plantándose al lado de Moha. Con un par de movimientos rápidos se bajó el pantalón y los calzoncillos hasta medio muslo, y liberó su polla delante de Emilia que dejó por unos segundos de mirar la de Moha, aunque sin dejar de acariciarla.

  • ¡Viva Italia! – con este grito, el menudo napolitano sacó a la luz una verga que, sin ser como la de Moha, era más grande que las de la mayoría de tíos, incluido yo. La de Beppe, sin embargo, conseguía apuntar hacia el cielo, aunque se torcía en una pequeña curva hacia la derecha. El contraste era espectacular: bajo su barriga peluda, la polla, del color tostado de su piel mediterránea, salía de una maraña de pelos hirsutos que rodeaban unas buenas bolas, gordas y sin descolgar.

Emilia se la miraba con lujuria mientras seguía masturbando al marroquí. Este pasó el brazo por los hombros del italiano y lo pegó a su costado, quedando las dos pollas a poca distancia y al alcance de Emilia. Beppe rodeó a Moha con el brazo y lo cogió por la cintura, mientras que con la otra se pelaba el cipote delante de los morros de mi mujer. Sin dejar de pajear lentamente a Moha, Emilia miraba a Beppe con cara de viciosa disfrutando de la vista. Beppe se aplastó la polla contra la barriga y apoyó un pie en el sofá. Emilia entendió su deseo y se acercó, solícita, para comerle los cojones al italiano, que dejó caer la polla en la cabeza de mi mujer. Yo me incorporé para verlos desde la espalda de Beppe y agaché la cabeza para mirar entre sus piernas. Podía ver la lengua de mi mujer lamiendo los cojones del italiano y pasando la puntita, de vez en cuando, por la raja peluda de su culo.

En aquella pose, Paolo no podía acariciar a Emilia y aprovechó para desnudarse. ¡Por fin una polla normal! Me reí entre dientes al pensar que me hubiera molestado que Paolo la tuviera más grande o más bonita que yo. Mi mujer se iba a comer las pollas de tres amigos míos y yo competía en ego con Paolo. Creo que tenía bien merecido todo lo que estaba pasando, al fin y al cabo. Sería cosa del karma. Resignado pero muy caliente por el show del que era testigo, me desnudé también y me senté en mi sofá lo más cerca que pude del trío.

Los tres hombres desnudos rodearon a mi mujer, que ahora se acuclillaba delante de ellos; Emilia chupaba sus pollas por turnos, saltando de una a la otra sin casi respirar y sus manos no tenían reposo, llenas de la carne de los tres hombres. Cuando alguno de ellos estaba libre de sus lamidas, daban rienda suelta a su deseo particular: Moha acariciaba a mi mujer, masturbándola dulcemente; Paolo se dedicaba a su culo, follando su ano con un dedo y chupando su oreja; por su parte, Beppe estaba obsesionado con frotarle la verga y los huevos por la cara y la cabeza, de modo que no hubo ni un centímetro por el que no dejara rastros de líquido seminal. Desde entonces, no podría besar a mi mujer sin ver aquel enorme pollón rozándose por toda su cara. Y yo me pajeaba furiosamente mientras lo veía.

  • ¡Ayúdame, joder! – Cuando a mi mujer empezó a dolerse de la mandíbula, hizo acostarse a Moha en el sofá, con los pies en mi dirección, y ella se subió sobre él para hundirse su verga en el coño. Pero viendo que le costaba encontrar la manera de hacer entrar aquel monstruo en su coñito y con un poco de miedo por si le dolía, me pidió ayuda. Pero lo escupió como una exigencia, con desprecio – ¡Méteme su polla, cabrón! ¡Quiero que me folle!

Dejé de masturbarme y así el cipote del moro con una mano, intentando que la punta entrase en el coño de mi mujer. Pero con la curvatura y el grosor de aquel miembro resultaba imposible encaminarlo correctamente. Loca de deseo, volvió a gritarme.

  • ¡Quita de ahí, inútil! ¡No sirves ni de mamporrero! – se bajó del sofá, levantó a Moha, sentó a Paolo en su lugar y me ordenó – ¡No te muevas de ahí! ¡No quiero que Moha se desempalme, así que ya le estás pajeando hasta que yo te diga! ¿Estamos?

Sin rechistar, abracé la cintura de mi amigo, que me miró con comprensión, me rodeó los hombros con el brazo y cogí su polla. Los dos mirábamos la escena del sofá mientras que yo, sin poder creerme lo mucho que me estaba gustando todo aquello, le hacía una paja al marroquí. Me gustaba ver cómo hacía aparecer y desaparecer el glande hinchado de sangre; me gustaba notar el grosor y la dureza del miembro, bombeando sangre por unas venas como tuberías; me gustaba notar el peso y la textura de los enormes cojones del moro que, a buen seguro, descargarían un río de semen caliente en las entrañas de mi mujer. Y enloquecía, mirando como otros hombres disfrutaban del sexo con mi propia esposa, la madre de mis hijos; aquel día una verdadera marrana, de la que, a pesar a todo, estaba locamente enamorado.

  • ¡Chúpame el culito, Paolo, amor! – Con Paolo sentado en el sofá, Emilia subió de pie en él, de espaldas al italiano y se dobló por la mitad para pajearlo. Paolo le lamió el ojete hasta dejarlo chorreando, apretando y abriéndole las nalgas a mi mujer.

Cuando lo creyó oportuno, se incorporó y se fue sentando en cuclillas, apuntando la polla de Paolo hacia su culo. Se acarició el ojete con el glande y fue sentándose sobre él muy despacio hasta que el glande fue absorbido por su esfínter y se dejó caer del todo, sin prisas, atravesada por la polla de Paolo. Él la cogió por las tetas, magreándolas, mientras Emilia lo cabalgaba a su ritmo, acostumbrando su estrecha puerta al miembro de mi amigo. Con aquella pose, pues, se preparaba para la entrada de Moha, mucho más cómodo, dirigiendo su propio ariete.

  • Sei una puttana, ma sei la mia puttana! Muove il culo, sporca! Comme ti piace, puttana, che ti guarda il tuo marito!! – Aquello debía ser verdad porque Emilia soltó un alarido y se recostó en el pecho de Paolo con su polla metida en el culo hasta los huevos. Se quedó así, mirándome, viciosa, y lamiendo la lengua de Paolo al mismo tiempo. Yo seguía meneándosela al moro, que no desfallecía, sintiéndome más excitado que si yo mismo fuera el que estuviera follándole el culo a mi mujer.
  • ¿Te gusta lo que ves, cabrón? ¿Estás viendo cómo Paolo me folla el culo? ¿Ves como no me lo pellizca, imbécil? Me lo está follando con su polla. ¿Te gusta más así, cariño? Dime, ¿lo prefieres? ¡Ven y tócame, cornudo! – Como la postura era incómoda y le dolían ya las rodillas, Paolo la cogió por las corvas y la abrió de piernas, moviendo las caderas para seguir follando su culito delante de mí. Yo me senté en el suelo entre los pies de Paolo y miré cómo su polla entraba y salía del culo de mi mujer, haciendo temblar el esfínter con cada acometida.
  • ¡Tócame! ¡Te digo que me toques! – gritaba Emilia como una posesa, sudando a mares. Yo me acerqué y acaricié sus ingles y su coño, apretando los labios al pasar por su hendidura mojada. Paolo se tomó un descanso y yo aproveché para lamerle el coño y morderle el clítoris hinchado. Entre jadeos, empujó mi cabeza hacia abajo hasta que lamí, no sólo el esfínter dilatado, sino también la polla que lo ensanchaba y las bolas que hacían de tope.

Sentí entonces que me empujaban los hombros hacia atrás y vi que Moha pedía paso. Me aparté, me coloqué detrás del sofá y relevé a Paolo en la tarea de abrir de piernas a mi esposa. Más descansado, ya podía dedicarse a follarle el culo a Emilia con comodidad. Ahora era yo el que dejaba el paso franco a otro amigo mío para que enterrara su verga en el coño de mi mujercita. Mejilla con mejilla, sentía su calor a través de la piel y sus jadeos me llenaban de excitación tanto como sus palabras, dirigidas a morder mi sentido de posesión y mi hombría.

  • ¡Oh, Moha, cariño! ¡Métemela despacito, por favor! ¡Es muy grande, por Dios, no me va a caber! – suplicó mi mujer. Moha acercó el glande a la entrada del coño y lo dejó allí reposando entre los pliegues de los labios. Asentó bien los pies, le dio unos besos con lengua a mi esposa y empezó a hacer fuerza con la cadera. Al final todo fue muy fácil. Emilia estaba tan mojada que su coño se abrió como una flor hambrienta y dejó pasar el enorme rabo de mi amigo. Moha, sin embargo, no se emborrachó con la lujuria. Sabía que, en condiciones normales, nunca podría meter su polla hasta los huevos sin lastimar la matriz y ahora compartía espacio con la polla de Paolo, que no dejaba de bombear carne en el culo de mi mujer.

Moha empezó a follarla con mucho cuidado y yo dejé que las piernas de Emilia descansaran en los muslos del marroquí. Pasé otra vez delante del sofá y me quedé mirando cómo aquellos dos hombres le daban placer juntos a mi esposa, en un bocadillo de sexo increíble. En una pausa, les pedí que se detuvieran un momento. Necesitaba hacer algo y necesitaba que se estuvieran quietos. Metí la cabeza como pude entre sus piernas y me dediqué a lamer todo lo que encontraba por allí: quería chupar el espacio de piel que quedaba entre el coño y el culo de Emilia y lo lamí, junto con los huevos y las pollas de aquellos que se la follaban. Me tuve que apartar en cuanto empezaron a taladrarla de nuevo, lleno de semen, flujo y sudor pero no me alejé mucho. Los contemplaba extasiado y los acariciaba sin vergüenza, gozando de las sensaciones mientras me masturbaba.

De nuevo Beppe, que no había intervenido desde las mamadas anteriores de Emilia, se acercó y me dijo algo que no entendí. ¿¡Qué puñetas hablaría aquel tipo!? Viendo que no se hacía entender, me cogió de los brazos y me sentó en el sofá, me cogió por la cabeza y, antes de que pudiera siquiera preguntar, me metió la polla en la boca. Estaba en un punto en que no sabía si no sería yo mismo más puta que mi mujer. Lejos de protestar lo cogí de las nalgas y le dejé actuar, abrí la boca y dejé que Beppe me la llenara con su polla. Quería probarlo todo, saborear todo aquel brutal caos de sexo, retenerlo en la memoria para siempre. El italiano me cogía de la nuca y me follaba la boca, provocándome arcadas y ahogándome. De vez en cuando paraba y, con el pie sobre el sofá, me hacía lo que antes había hecho a mi mujer, obligándome a chuparle los huevos y el culo, cuando no me golpeaba la cara a base de pollazos.

  • ¡Traelo aquí, maricona! Esa polla es mía y la quiero en mi boca, no en la tuya – como suponía que no me iba a entender, obedecí a mi mujer y arrastre a Beppe hasta el sofá y le señalé la boca de Emilia. Los tres se movieron un poco hasta que consiguieron una postura que permitiera moverse a los tres machos con comodidad. Beppe comprendió, subió al sofá y acercó su cipote a mi mujer, que se lo tragó de un bocado. Yo volví tras el respaldo y me acerqué hasta besar la cara de mi mujer. La polla de Beppe, torcida, hinchaba el carrillo izquierdo de Emilia con cada embestida y, a través de ella, yo notaba la fuerza del golpe en mis labios.

Emilia debió de perder la cuenta de sus propios orgasmos y, cuando Beppe se lo permitía, gritaba obscenidades, rogando para que la llenaran de leche. Por una vez Paolo tuvo más sentido común que el resto e hizo una propuesta.

  • Chicos, yo estaría así toda la vida pero vamos a matar a la pobre Emilia. Propongo que la saquemos todos y que nos acabe ella como quiera – Emilia empezó a protestar, pidiendo la leche dentro de ella, de modo que optaron por una solución intermedia: acabarían todos en su puesto pero de uno en uno. De ese modo, Paolo siguió como estaba y fue el primero en correrse, llenando de semen los intestinos de mi mujer. Yo pajeaba a Moha hasta que fue su turno y empecé con Beppe. Moha se corrió a su vez y dejó encharcado el coño de Emilia, que rezumaba riachuelos de leche. Si dejaba preñada a mi mujer, me parece que no iba a poder hacerlo pasar como mío. Emilia nos llamó a Beppe y a mí y, mientras ella le mamaba la polla al pequeño italiano, me hizo lamerle los goterones de leche de su culo y de su coño. Yo tenía la polla morada de pajearme a rabiar de pura excitación. No dejaba de pensar en cómo en unas horas había pasado de marido indignado a cornudo consentido y bisexual; de alarmarme por una caricia al culo de mi mujer, a chupar las pollas que se la habían follado de todas las formas posibles; de preocuparme por si tenía una aventura, a participar en la orgía más bestial de mi vida, con mi esposa como destino de la eyaculación de cuatro hombres.

Beppe, por fin, se corrió en su boca y obligó a mi mujer a tragar toda su corrida. Emilia no podía tragar tan rápido y con la boca tan llena; él la forzaba a tragar, cogiéndola por la nuca, mientras ella le daba cachetes en el culo y las piernas para que la dejase respirar. Los ahogos de Emilia excitaban aún más a aquel hijo de puta, que no se amilanó y siguió follándole la boca a pesar de todo, así que la corrida le cayó a  mi mujer por entre las comisuras, se atragantó, le salió semen por la nariz y con los ojos llenos de lágrimas, consiguió retener toda aquella avenida de leche calentita en su estómago sin devolver.

Cuando por fin tomó aire, empujó al gordito italiano y se arrodilló delante de mí, cogiéndome de la polla. No me esperaba aquel final. Estaba resignado a que tendría que acabar corriéndome sólo, mirando a mi mujer entre los tres hombres, cornudo y apaleado. Pero no fue así, ¡gracias al cielo!

  • ¿Creías que te iba a dejar sin tu parte? ¡Qué tonto eres! – Emilia comenzó a pajearme mientras me hablaba, con cariño – Si no me hubiera comportado así contigo, no habrías disfrutado como lo has hecho. Y has disfrutado mucho, ¿no es verdad, guarrete? – La verdad es que tenía razón, para qué iba a negarlo…
  • Pensaba que me despreciabas, que ellos te daban lo que yo no te daba, que estabas disfrutando tanto que …
  • ¡Claro que he disfrutado, cariño, pero yo te quiero, bobo! ¡Era todo un teatro y lo jugaremos tantas veces como quieras, cornudito mío! ¡Ahora calla y disfruta! – y empezó a mamar como había hecho antes con mis amigos, con más arte que una puta vieja. ¡Un teatro!, pensé. No lo fue para mí, desde luego. Sufrí su desdén, la vergüenza de verme excluido, la picazón de los celos cuando tres hombres a la vez poseían a mi mujer, la humillación de verme usado, el shock de tener sexo con hombres, la excitación bestial que todo ello junto me producía. El deseo de repetir en cuanto acabara.

Beppe, Paolo y Moha rodeaban a mi mujer, desnudos, exhibiendo sus miembros aún hinchados y goteantes por la acción reciente. Los cuatro formamos un círculo, con mi mujer en el centro, arrodillada a mis pies y dándome placer. Por fin, entre gritos de lujuria, rodeado por mis amigos, mi mujer recibió en su boca el esperma del cuarto hombre aquel día, dejando resbalar la mayor parte hacia sus tetas, ahíta de tanto sexo. Al cabo, me arrodillé frente a ella y nos abrazamos con cariño durante unos minutos, recordándonos que nuestro amor era lo más importante. Los hombres lo entendieron y nos dejaron solos mientras se adecentaban y se vestían.

Un encuentro como aquel no volvió a repetirse nunca. La verdad es que no tuvimos oportunidad de coincidir todos juntos otra vez. Pero tanto Moha como Paolo fueron nuestros compañeros de juegos, juntos o por separado, durante mucho, mucho tiempo. En otra ocasión explicaré qué pasó con la mujer de Paolo…

Me gusta / No me gusta

EL bar de Barcelona

Era verano, y la noche sofocante, no dejaba lugar para hacer otra cosa, que tomar unos tragos por algún lugar de Barna.

Así fue que con mi pareja nos fuimos a un bar, no sin antes arreglarme un poco, ya que me gustaba que él me viera linda. Entonces me pinte y me puse una remera lo suficientemente escotada como para que él y todos vieran parte de mis tetas; me puse unos tacos altos y una pollera cortita que justo terminaba donde acaba mi culo. Cuando me vio, me sonreí de su cara, me miró entera y su cara se transformó, ya que era un gesto de sorpresa y a su vez de maldad. Eso me encanto y me excitó, pero…íbamos a salir, así que le dije:

– ¿ Que tal me veo?-.

– Excitable-. Dijo él.

– ¿ Salimos?-. Dije sonriéndole.

– Vamos.

Y así fue que salimos, no sin antes, cuando pase por su lado, rozar mi culo por su pija, y comprobar que ya se le había parado.

Salimos, y una vez en la calle, comprobé como todas las miradas se posaban en mi escote. Mi chico también se dio cuenta, y automáticamente me abrazó, ya que debía haber creído que si me dejaba caminar sola, a la cuadra siguiente ya no me tendría a su lado, porque seguramente algún hombre me hubiera secuestrado.

Creo que en el fondo le gustó, que todos me observaran y desearan.

Llegamos al lugar que él tenia pensado llevarme, ya que cuando yo le dije que tenia ganas de ir a un sitio que yo conocía, dijo que él conocía uno mejor.

Entramos y me di cuenta que su mirada escondía algún secreto que ya me seria desvelado.

El lugar aparentemente era un lugar tranquilo, con velas y luz tenue. Nos recibieron y nos sentaron en una mesa bastante intima; pedimos para tomar unas copas; mientras charlábamos, él no paraba de mirar mis tetas, eso hacia que me sintiera cada vez mas excitada. Yo hablaba y hablaba y él en silencio me observaba, en un momento comencé a sentir que comenzaba a rozar con su pie mis piernas y que sutilmente hacia fuerza para descruzarlas; yo entre sorprendida y excitada continuaba hablando.

El no paraba de observarme y sentía que con su mirada él me penetraba.

Cedí y descrucé las piernas, él sonrió, sabia que ya estaba caliente, continuo subiendo su pie hasta meterse en mi entrepierna, emití un pequeño suspiro ya que imaginaba como metería sus dedos en mi concha; estaba súper caliente. El llegó hasta allí y su mirada de sorpresa me hizo reír. Cuando llegó a mi concha se dio cuenta de que estaba desnuda.

– ¿ Como salís así?-. Dijo irónicamente.

– Salgo preparada para cualquiera que quiera tocarme-.

Parece que mi respuesta le gustó bastante, porque en menos de un segundo tenía sus dedos dentro de mi. Sus dedos comenzaron a rozar mi clítoris, y lancé un pequeño gemido de placer.

El miraba mis ojos desafiante, esperando mi reacción, por ahí estaba esperando que le dijera que parara…; pero de mi boca lo único que salía eran suspiros de placer, y mi mirada, dirigida a él, le decía que continuara.

Mientras él seguía tocando, mi gran fuente de placer, yo sentía que mis piernas comenzaban a tener un pequeño temblor y que en cualquier momento tendría un orgasmo, ya que me estaba mojando entera. En eso estábamos cuando abandonó mi clítoris y sentí como introducía sus pequeños dedos del pie, dentro de mi concha; la verdad que deliré; sentía como esos dedos cortos querían llegar adonde no podían y se quedaban al principio de mi agujerito, jugando allí.

Mis líquidos me estaban mojando toda e iba a llegar en cualquier momento; me estaba empapando.

– Estas toda mojada. ¿ Te calienta que te toque acá, delante de la gente, no?. Sos una calentona que te gusta que te toquen en cualquier lado-.

No le dije nada, no podía estaba a punto de estallar, solamente le dirigí una sonrisa cínica. Justo en ese momento, se acerca el mozo, para preguntar si queríamos algo más. Yo me puse un poco incómoda; mi novio, empujó más fuerte sus dedos dentro de mí, emití un pequeño grito y el mozo me miró.

No me quedó otra que mirarlo y decirle como pude, que no necesitábamos na

da, quería que se fuera pero seguía ofreciendo cosas; nos invitó a que pasáramos si deseábamos a la parte trasera del lugar, que era más intimo y que seguramente nos iba a gustar. Luego se retiró.

Nosotros nos miramos y comenzamos a reírnos.

No se si nos había dicho eso porque nos estaba observando, nos quedamos con la duda, ya que mi novio seguía con sus dedos haciendo movimientos circulares, mientras que a la vez los metía y sacaba. Yo estaba empapada y por mas que me contenía para llegar, ya que deseaba disfrutar un poco más de ese momento, iba acabar igual. Me parece que la llegada del mozo, logro que me calentara más y aceleró mi calentura. Mi chico, cada vez con movimientos mas rápidos me seguía excitando y se dio cuenta de que estaba empapada y que iba a tener un orgasmo.

– Mojate toda puta, quiero hacerte llegar, quiero ver tu cara de puta y de placer cuando acabes-.

– Seguramente tu pija debe estar muy parada y dura, tengo ganas de meterla en mi boca y tragarla entera, chupartela toooooda, pasarle mi lengua a la cabeza y quedarme ahí esperando que acabes en mi cara y después seguir y seguir hasta lo infinito del placer… -. Le dije.

Mientras le decía eso, acabé una y mil veces como una perra en celo, más, no sabia como controlarme, ya que mi cuerpo entero temblaba de placer.

El abandonó su rincón de trabajo y se empezó a reír.

– Sos una puta bárbara, que se calienta en cualquier lado-.

Yo me sonreí, le dije que le parecía si íbamos a tomar algo donde nos había indicado el mozo, así bajábamos los decibeles. El aceptó.

La verdad que cuando entramos a ese sector, jamás pensé con lo que me iba a encontrar allí dentro.

– Era una sorpresa que te tenía preparada-. Dijo picaramente, esperando mi reacción.

No dije nada, solo me dedique a observar lo que tenía delante de mis ojos.

Era un lugar oscuro con luces tenues rojas y azules, en donde lo único que se veía era la sombra de la gente. Estas personas estaban cogiendo como yo nunca había visto, a no ser en películas. Era una orgía, todos contra todos los que tuvieran ganas, también había gente observando, masturbándose, hombres, mujeres, todos juntos cogiendo, no importaba el sexo de la gente que te tocaba.

Solo se escuchaban gritos de placer, gemidos de todo tipo, sutiles, desesperados, gente que rogaba que la cogieran más y más.

No podía creer lo que tenía delante de los ojos, a nadie le importaba si yo miraba o si quería participar, todos jugaban al juego que quisieran jugar.

Con mi pareja nos sentamos, me dedique a mirar, de pronto vi como una mujer sentada en una silla tenía a un tipo con su cabeza en su concha, y se veía como él le metía la lengua en su agujero, y la penetraba con ella, mientras alguien le iba tocando todo el cuerpo, le pellizcaba las tetas, las piernas, el culo, todo. Ella mientras, tenía en sus manos dos pijas enormes que se las pasaba por toda su cara y se las metía en su boca, una de las pijas acabó y le llenó de leche su cara, ella se relamía y pasaba su lengua por su cara y también por la pija, no hacía mas que gritar de placer.

Yo al ver eso me calenté muchísimo y quería que me hicieran lo mismo, así que en ese momento lo agarre a mi novio y le baje los pantalones, vi su pija, que estaba muy buena, por cierto, vi lo parada que estaba, y de golpe se la empecé a chupar con todas mis ganas, primero solamente la chupaba con mi lengua, y luego la tragaba entera, la sacaba y la metía en mi boca una y mil veces, de golpe empecé a sentir manos que iban y venían por todo mi cuerpo, no se si eran de hombre o de mujer, no importaba, yo las deje, al principio eran sutiles sus caricias después se hicieron más fuertes hasta rasguñarme, yo sentía dolor, pero eso me gustaba, empecé a sentir varias manos…por todo mi cuerpo. En algún momento sentí como alguien bajó y empezó a chupar mi concha, como nunca me la habían chupado y sentía dedos que se metían en mi agujero, de repente alguien metió muy despacio su dedo en mi culo y comenzó a introducirlo en forma circular, lo metía y lo sacaba.

Yo no daba mas, no puedo explicarles el éxtasis que se sentía en ese momento, el hecho de tener mil manos tocándote, poder chupar las pijas que se quisieran y dejarse hacer lo que uno quiera.

En un momento alguien empezó a cogerme de forma animal y yo grité que me cogieran como a una bestia, en ese momento lo mire a mi novio que me miraba sin poder creerlo, y me reí, se la empecé a chupar con mas fuerza, y este acabo, toda su leche se había desparramado por toda mi cara y empecé a limpiar con mi lengua mi cara y su pija; cuando estuvo limpia el se retiro, no se adonde fue, no me importaba, porque quería que me siguieran cogiendo como lo estaban haciendo.

Alguien acerco su pija a mi boca y me agarro la cabeza, con fuerza y me metió su larga pija en mi boca, era como una violación. Yo no paraba de gritar, mientras me cogían por detrás, y alguien me chupaba las tetas y me arrancaba con furia mi remera; mi cuerpo era acariciado por todos lados y los dedos en mi culo los habían introducido por completo.

De golpe empecé a sentir que querían meter la pija en mi culo, yo no me negué, ya que lo estaban haciendo muy bien, sentía como esa cosa gorda se iba metiendo despacio en mi, como se abría paso; cuando la logro meter entera comenzó a sacarla y ponerla lentamente, yo sentía que me moría, luego comenzó a hacerlo mas rápido, y la verdad que el hecho de tener penetrados todos mis agujeros y que no había rincón de mi cuerpo que no fuera tocado; me hizo llegar al cielo.

No pare de acabar por un buen rato y tuve, ya no se cuantos orgasmos, y no me importaba nada, alguien acabo en mi espalda y desparramaba su leche en ella, mientras la pija que tenia en mi boca acabo dentro de ella y yo seguí chapándola.

Cuando todos habíamos saciado nuestro placer, se comenzaron a ir, menos mi novio; que se quedo conmigo haciéndonos caricias.

Me preguntó si me había gustado el lugar, le dije que me encantó.

Y la verdad era que me había gustado demasiado.

Nos levantamos y nos fuimos, cuando salimos, nos encontramos con la mirada picara del mozo.

– ¿ Les agrado el lugar?-.

– Nos encantó-. Dije yo sonriéndole, y nos fuimos, no sin antes decirle que pensábamos volver.

FIN.

Me gusta / No me gusta

Aprendiendo a conducir II.

Como os decía, una vez dentro de la Sala, mi marido se quedó en la barra y yo me instalé en una mesa cerca de la pista de baile, a fin de poder elegir mas fácilmente a mi nuevo profesor de conducir….mi sexualidad, jajaja. Pronto se fueron acercando algunos a invitarme a bailar y como no acababan de gustarme, los fui rechazando cortésmente, diciéndoles que esperaba a mi marido de un momento a otro hasta que…apareció mi elegido acercándose a mi….un morenazo de unos treinta y tres años, alto, con aire de deportista y guapísimo. A medida que se acercaba a mi mesa, mas me gustaba su porte masculino y elegante. Lo recibí con una sonrisa nerviosa y él, muy ceremonioso, me tomó la mano y la besó y, sin esperar a que lo invitase se sentó a mi lado. Me dijo llamarse Julio, yo también le dije mi nombre y así estuvimos un rato hablando de dónde éramos y cosas así. Como a los diez minutos me invitó a bailar, a lo que acepté muy gustosa. Un vez juntos en el baile me di cuenta que me sacaba casi 15 centímetros, cosa que me gusta en los hombres. Claro que eso no quita que después he conocido hombres bajitos, muy bien dotados y que han resultado ser verdaderos y potentes machos. Julio bailaba muy bien, yo me dejaba llevar por sus poderosos brazos y me iba recreando en el tacto de su musculado pecho y su ancha espalda y recosté mi cara en su hombro. El, con una mano acariciaba mi pelo y cuello y con la otra recorría toda mi espalda e incluso más abajo. Bailamos muy juntos, rozando mutuamente nuestros cuerpos y ajenos a cuanto nos rodeaba. En un momento dado, me cogió la cara con sus grandes manos y mirándome a los ojos, acercó su boca a la mía. Ni que decir tiene que yo lo recibí con total entrega, abrí mi boca y la acoplé a la suya. Nos besamos largamente, con deseo por ambas partes, con sensualidad…apretábamos nuestros cuerpos y, con nuestras manos, nos recorríamos mutuamente…

El tiempo iba transcurriendo sin darnos cuenta, mientras nuestra calentura subía a tope. Tenia la boca seca y nos fuimos a la mesa a tomar algun trago. Miré a la barra disimuladamente y allí estaba mi marido sin perder detalle, con disimulo alzó su copa saludándome con una sonrisa de complicidad. Despues del primer trago, Julio me cogió las manos y me dijo si nos íbamos al hotel o a su casa. A eso le contesté que tenia que consultarlo con mi marido. Con cara de extrañeza pero decidido me dio su teléfono móvil, para la consulta. Jajajaja, me dio la risa y él seguía aún mas intrigado sin comprender nada. Cuando me calmé le dije que mi marido estaba allí, en la barra, esperando. Julio se quedó muy tenso y con cara de preocupación. Lo tranquilicé e hice señas a mi marido para que se acercase. Cuando llegó lo besé y los presenté y mi marido trató de tranquilizarlo y le dio una breve explicación de nuestra circunstancia y su deseo de que yo encontrara por fin mi camino hacia una sexualidad más completa. Julio se interesó por el tema y quiso cooperar. Entonces yo les dije que me gustaría estar con los dos en el hotel. A mi marido le encantó la idea y Julio dijo que no tenia inconveniente, es más, dijo que él había hecho algunos tríos con su esposa y algún amigo. Yo, loca de contenta, les propuse irnos ya al hotel. Tenía verdaderos deseos de Julio y me gustaba la idea que mi marido estuviera presente y participara.

Una vez en el hotel, Julio y yo nos abrazamos y besamos, mientras nos desnudábamos uno al otro. Mi marido, muy nervioso por las circunstancias, se acercó al refrigerador a preparar unas copas. Una vez que tuve a Julio desnudo, me lancé a su hermosa, grande y dura polla, a saborearla, caímos sobre la cama y pronto nos unimos en un sesenta y nueve apasionado. Qué miembro viril tenia entre mis manos y mi boca…uuuummmm, era la mas grande y hermosa que había tenido hasta ahora (la verdad que esta era la tercera que conocía, la de mi marido, la de Renier ayer y hoy esta). Mimaba aquella polla con mi lengua y la engullía con fricción, con cariño y glotoneria…uuuummmmm que gozada… Julio se había apoderado de mi chochete con su boca y, unas veces metia su lengua hasta lo mas profundo de mi vagina y otras veces se entretenia con mi clítoris, arrancándome profundos gemidos de placer y acercándome a mi primer orgasmo. Pasó su lengua al ojete del culo y me lo ensalivó copiosamente, metiendo después un dedo…uuuummmm y, al volver a masajear mi clítoris con su lengua…exploté en un orgasmo interminable, profundo y placentero…uuuummm qué ricoooooo…Cuando me recuperé y tumbada todavia en la cama, con Julio a mi lado besándome las tetas, observé que mi marido se habia desnudado tambien y con una copa en una mano y la otra alrededor de su dura polla, me miraba embelesado. Lo atraje hacia mi y mirándole a la cara con muchísimo amor, le chupaba su miembro con ternura, mientras con una mano le masajeaba los testículos. En eso estaba cuando Julio acercó su boca a la mia y me acompañó en la mamada. La sorpresa y el morbo que esto le produjo a mi marido, hizo que no aguantara más y nos soltó en bocas y caras toda su leche contenida, seguimos hasta sacarle hasta la ultima gota y después Julio y yo nos dedicamos a limpiarnos con la lengua nuestras caras mutuamente.

Después de esto, sin dejar de tocarnos, nos sentamos en la cama a tomarnos una copa, con la sonrisa de la felicidad en nuestras caras. A Julio no se le bajaba la erección y yo, de vez en cuando, le daba unos chupetones a su capullo. En esto que Julio me tumbó boca arriba en la cama, colocando debajo de mi una almohada y él se arrodilló delante de mi, me alzó las piernas y me colocó la punta de su polla a la entrada de mi vagina, poco a poco la fue introduciendo hasta que sus huevos chocaron en mis nalgas…uuuuffff me sentía tan llena….Empezó el mete y saca despacio y fue acelerando al verme transpuesta de placer. Con sus manos masajeaba mis tetas y de vez en cuando se acercaba y me besaba, sin parar de bombear su dura polla en mi mojadisimo coño. Pronto me vino un orgasmo y otro y otro…se sucedían interminablemente…qué gozada mamma mía…cuánto placer estaba disfrutando con mi nuevo amigo…uuuufffff….Mi marido estaba a nuestro lado con su polla durisima por el espectáculo de placer que le estaba brindando, se la agarré con una mano y tiré de él para besarlo, mientras mis orgasmos se sucedían una y otra vez….Nunca en mi vida había tenido tantos orgasmos seguidos. Julio aceleró el ritmo y se vino dentro de mi….era su primera corrida conmigo y me llenó la vagina a rebosar, yo no pude aguantar otro orgasmo acompañado de gemidos de placer, gemidos que mi marido recibía en su boca y sentí como mi mano se pringaba igualmente de semen con la corrida de mi marido. Uuuuufffffff quedamos los tres deshechos y felices, tirados sobre la cama, sin parar de acariciarnos y besarnos suavemente.

El primero en levantarse fue mi marido que preparó unas copas y unos canapés en una bandeja. Se vino a la cama y, sentados sobre ella, descansamos un rato entre trago y trago. Mi marido me decía que estaba muy orgulloso de mi, que se sentía muy feliz de verme tan feliz y Julio me decía que conocía a pocas mujeres tan positivas como yo y que mi cuerpo y sensualidad le encantaba, aparte de mi persona.

Me fui al baño a asearme y cuando volví, Julio estaba tumbado en la cama, me lancé sobre su polla y, literalmente, me la tragué…jajaja eso era imposible porque, por esas fechas, apenas podia engullir la mitad de esa polla grandiosa, que tanto placer me viene dando desde aquel dia. Pronto se la puse dura como un palo y me senté sobre él, mirándolo a la cara. Una vez que tuve toda su polla dentro de mi vagina, moviéndome suavemente me incliné y comencé a bersarlo en la boca. Mi marido se acercó por detras y me besaba las nalgas, hasta que llegó al ojete del culo, donde se entretuvo con su lengua dándome placer. Metió después un dedo y a continuación otro. Los movía lentamente, los giraba, entraba y salia…uuuummmmmm y le pedí que me penetrara el también, cosa que hizo con un poco de dificultad por la presencia de la otra polla en mi vagina. Una vez dentro, empezaron un suave mete y saca acompasado y ….uuuuffffff que placerrrrrr, era mi primera vez que estaba siendo follada por dos pollas a la vez…que gozada mamma mía…sentía gusto por delante, por detrás…por todos sitios….. Nunca había experimentado un placer tan completo, poderoso, envolvente…Ellos seguían penetrándome, ahora mas rápido y profundo y yo empecé a orgasmar incontroladamente, reía, lloraba, gritaba de tanto placer….y de pronto mis músculos vaginales y anales empezaron a contraerse y dilatarse sin control, espasmódicamente y me vino un nuevo orgasmo mucho mayor que los anteriores, m´s sutil y envolvente, mas profundo…todo mi cuerpo era un puro orgasmo grandioso, celestial…Los dos, casi simultáneamente, me soltaron sus chorros de caliente semen en mi interior y yo…dando un alarido..me desmayé entre espasmos y convulsiones… Después supe, por mi marido, que me había orinado y hecho caca. También me contó que entre los dos me limpiaron y me pusieron cómoda para que durmiera. Ellos, según supe al día siguiente, se quedaron a mi lado por mas de una hora, hasta que vieron que ya dormía placenteramente. Estuvieron conversando y se intercambiaron los teléfonos. Nació una bonita amistad que, hasta el día de hoy, se ha ido fortaleciendo más y más. Mi marido lo animó a que me llamara y concertara conmigo una nueva reunión, si es que ami me apetecía. Ya lo creo que me apetecía y, cuando me llamó, nos deshacíamos los dos en darnos las gracias mutuamente, por lo bien que lo habíamos pasado. Quedamos en vernos el viernes siguiente por la tarde y después, por la noche, se uniría mi marido con nosotros para cenar e irnos a un hotel para continuar con las clases de aprender a conducir….mi sexualidad…jajaja. Tomé clases el viernes, el sábado y parte del domingo. Uuummmm…

Bueno, amigas y amigos…así empezó mi vida sexual actual, después he hecho muchos progresos y mi pena es no haber empezado antes. Actualmente Julio es mi amante y amigo preferido. Mas adelante conocí a su magnífica esposa. Ese encuentro y lo que siguió…ya os lo contaré pronto. Desde aquellas fechas hasta hoy… ha sido un año muy intenso y con acontecimientos que jamas hubiera yo pensado antes. Espero que os podré contar las más interesante muy pronto.

Antes de terminar, quisiera expresar una reflexión: De una parte, he conocido que tenia una capacidad enorme para disfrutar de la sexualidad, algo que desconocía en mis 41 años de vida anterior. También he visto lo feliz que es mi marido con esta nueva faceta mia, que la disfrutamos los dos a tope y estamos mucho mas unidos y confidentes. De otra parte, aconsejo a las mujeres que piensan de la sexualidad, como yo pensaba antes, que prueben nuevas experiencias que, seguramente tienen en su ser una mujer mucho más capaz de gozar la vida. A los maridos de estas esposas, aparentemente frígidas, les aconsejo que aprendan de esta lección y, si realmente quieren disfrutar conjuntamente con su esposa de los placeres que la vida nos proporciona en la intimidad, que dejen sus miedos y sean valientes, como lo fue mi marido y ahora se alegra.

A todas y a todos…besos.

Me gusta / No me gusta

Aprendiendo a conducir I

Soy una mujer de 41 años, con una educación bastante anticuada, casada con un hombre maravilloso y con dos hijos, Daniel de 21 años, guapísimo, moreno, alto, atlético y muy cariñoso. La niña, Amapola tiene 18 años, también morena y alta, pelo largo rizado, ojos negros grandes y también muy guapa y cariñosa. Yo mido 1,73, peso 58 kilos, con grandes y firmes pechos, estrecha cintura y anchas caderas, piel muy blanca con pelo muy negro, ondulado y largo. Mi nombre es Carmen y mi marido Manuel, de pelo castaño y cuerpo atlético, mide 1,86 y pesa 92 kilos Somos una familia muy feliz y económicamente nos va bien. Vivimos en una ciudad del Levante español, donde nací yo y mis hijos.

Pero…. siempre hay un pero en la vida, mi marido estaba insatisfecho con nuestra vida sexual. Decía que me encontraba muy pasiva y que nuestra sexualidad era muy pobre. Supongo que es por mi anticuada educación en una familia muy religiosa. Desde que me casé ya no practico la religión, solo voy a la iglesia cuando hay alguna boda en la familia, bautizos y cosas así. O sea, yo creo que no me condicionan los tabúes religiosos, pero tampoco sabia abrirme a esa sexualidad de la que me hablaba mi esposo. El caso es que yo algunas veces he tenido orgasmos muy placenteros, aunque muy de tarde en tarde es verdad. Nunca me atreví a hacérselo con la boca y tampoco me gustaba que me lo hiciera a mí, me parecía algo sucio. Tampoco le permitía que me lo hiciera por detrás, también lo consideraba sucio. Mi marido y yo hablamos con mucha confianza de estas cosas y llegó a decirme que quizás él no supo despertar en mi la sexualidad. Desde hace algún tiempo me viene proponiendo que tenga una aventura con otro hombre a ver si así me despierto sexualmente. Que él esta dispuesto a pasar por eso si redunda en beneficio nuestro. Nunca le tomé en serio esa proposición, es mas me molestaba que me lo dijera. No me atraía la idea de estar con otro hombre, era algo que rechazaba por instinto o quizás por la educación restrictiva, que había recibido en mi juventud.

El caso es que hace como un año me dijo lo siguiente: cariño, ¿te acuerdas lo que te costó de tiempo y esfuerzo aprender a conducir? Te suspendieron dos veces en los exámenes y estuviste a punto de renunciar. Pero tu querías a toda costa tener el permiso de conducir para tener tu propio coche, eh?. Al final lo conseguiste y me decías que te valió la pena el esfuerzo. ¿te acuerdas cariño de todo aquello?. Era verdad, estuve varias veces a punto de renunciar, pero mi deseo de tener mi propio coche y no tener que depender de ellos, pudo mas y lo conseguí. Bien, me dijo, pues ahora vas a aprender a conducir pero….conducir tu sexualidad. Yo no entendía qué quería decirme, la verdad, pero por respeto a él le dije que bueno, como él dijera. Después de ese preámbulo me dijo que había reservado hotel en una población muy turística de la costa, lejos de casa, para mi primera lección durante el fin de semana. Llegamos un viernes por la tarde al hotel, nos duchamos y cambiamos de ropa. Me hizo ponerme un vestido muy corto y ajustado, color turquesa, sin tirantes. El se había ocupado de comprarlo y, la verdad, me sentaba muy bien, aunque yo lo veía muy provocativo. También se había ocupado de la ropa interior y las medias y los zapatos. Las braguitas eran minúsculas, un tanguita de hilo que por detrás ni se veía y por delante no me tapaba completamente la pelambrera. El sujetador era de copa, sin tirantes, que casi no cabían mis pechos y sobresalían por arriba. Las dos piezas eran de color granate. Las medias, hasta medio muslo, del mismo color turquesa que el vestido e igualmente los zapatos de alto tacón. La verdad es que me veía elegante y atractiva pero muy provocativa para mi gusto. Mi marido me tranquilizó y me dijo que allí no nos conocía nadie y que casi todo el mundo eran turistas extranjeros. Me llevó a un restaurante de lujo y el menú consistió en ensalada y pescado, aparte de mucho marisco, que me encanta. Parecía nuestra luna de miel, él estaba súper cariñoso conmigo y muy mimoso y atento, pero también se encargó que bebiese mas vino de lo que acostumbro y eso me puso muy alegrey desinhibida.

Ya habían pasado las once de la noche y me llevó a un bonito y elegante lugar de música y baile. Me dijo que allí empezaba la primera clase de conducir y consistía en que si algún hombre me sacaba a bailar, que fuera con él tranquilamente y si me gustaba que repitiera. Si no fuera por el vino que había tomado, hubiera formado la bronca, seguramente, pero le sonreí y asentí con la cabeza. Ya había reservado mesa junto a la pista de baile. Nos sentamos, pidió bebidas y salimos a bailar. Yo estaba como flotando por culpa del vino y, como me gusta mucho bailar, aproveché y me lucí bastante. Yo no me daba ni cuenta, pero había algunos hombres que no me quitaban la vista de encima, eso me dijo después mi marido. Después de un rato bailando, nos fuimos a la mesa y él fue al baño, recordándome que bailase si algún hombre me invitaba. Apenas se había retirado mi marido que ya tenia a varios alrededor, me miraban y me hacían señas para bailar. No sé que me pasaba, la verdad, pero aquello me hacia gracia, todo era nuevo para mí y en mi estado alcohólico, me excitaba.

Uno de ellos, muy alto y guapo, un pelirrojo francés, como de 35 o 38 años, se me acercó e invitó a bailar. Como una autómata, me levante agarrada a su mano y lo seguí a la pista. Era música lenta y me pegó a él. Bailaba muy bien, cerré los ojos y me dejé llevar por la música y su cuerpo. Parecía estar en una nube y, lo mas extraño, no sentía ningún rechazo hacia ese hombre. De vez en cuando miraba hacia la mesa, pero mi marido no aparecía y su copa tampoco. Después lo vi apoyado en la barra y con su copa en la mano, me observaba discretamente, me sonrió y me hizo señas para que siguiera bailando y así lo hice por casi una hora, hasta que lo vi sentado en la mesa y le dije al francés que quería descansar y beber algo. Me acompañó y saludó a mi marido, que lo invitó a quedarse con nosotros. Nos contó en buen español, que era divorciado, francés, su nombre Renier y que estaba allí para dos semanas de vacaciones. Mi marido no se anduvo por las ramas y le dijo que yo estaba haciendo un curso de aprendizaje a conducir….mi sexualidad. A pesar de mi estado, me dio vergüenza, pero él se rió bastante y nos dijo si podía cooperar a la enseñanza. El tipo era muy simpático y atractivo. Mi marido me miró pidiendo aprobación y yo le sonreí y le di un beso en la mejilla. Entonces mi marido le dijo a Renier que me sacase a bailar y que empezara la primera clase, jajaja. Ni se cortó, se levantó y tomando mi mano me ayudó a levantarme y me llevó a la pista de baile. Ahora sí, ahora me pego mas a su cuerpo y bailábamos completamente unidos, recosté mi cabeza en su hombro sin ningún rubor y me dejé llevar. Le pasé mis brazos por detrás de su cuello y él me tenia una mano en la cintura y la otra en la nuca. Jamás pensé que yo pudiera estar así con otro hombre y, además, delante de las narices de mi marido que me incitaba a ello. No pensaba, me dejaba llevar en una nube y él acercó su boca a mi oreja y me lamía suavemente, qué delicia.

Me apartaba cada vez mas de donde estaba mi marido, porque veía que yo lo miraba constantemente. Una vez lejos de la mirada de mi marido, paso su boca de la oreja a la mejilla y de la mejilla a mi boca. Entonces yo reaccioné, aparté mi cara y lo miré a los ojos un poco asustada. Él, con una picara sonrisa, me dijo: recuerda que soy tu profesor y estas aprendiendo a conducir. Jajaja aquello me deshizo y volví a pegarme a él, que nuevamente intentó besarme en la boca. Esta vez yo no dije nada, pero la mantenía cerrada, mientras él hurgaba con su lengua tratando de introducirla en mi boca. Aquello me estaba excitando hasta tal punto que abrí mi boca y le dejé mi lengua a su merced. Así me tuvo un rato besándome, chupando mi lengua y enroscándola con la suya. Ya no pensaba yo en nada, no podía, me gustaba. Nos apartamos, nos miramos a los ojos y esta vez fui yo la que acerqué mi boca a la suya con desesperación, me lo comía y como tenia mis manos en su nuca, apretaba su cara a la mía. El mientras, deslizó una mano hacia mis pechos y por encima de la ropa me masajeó suavemente. Sobre mi pubis notaba la dureza de sus atributos masculinos. Tuve la sensación que algo húmedo meresbalaba por los muslos y baje mi mano a comprobar, eran mis propios jugos vaginales. Eso nunca en mi vida me había ocurrido y ahí estaba yo, con mi mano tocándome en mis intimidades levantó de la silla y subiéndome el vestido hasta la cintura, me sentó en una mesita que allí había, acercó su cara a mi intimidad, apartó el tanga a un lado, me abrió los labios vaginales con los dedos e introdujo su lengua en mi encharcado coñito. Aquello fue la locura, no tarde ni dos minutos en berrear como una vaca de tanto placer y del orgasmo bestial que estaba teniendo. Caí hacia atrás sobre la mesa, no me podía sostener pero él siguió trabajándome con su sabia lengua y tuve otros dos orgasmos igualmente grandiosos. Después de esto me ayudó a levantarme y me apoyó sobre la baranda de la terraza mirando hacia la calle. Desde atrás me metió suavemente su larga y gorda polla en mi chochito. Solo meterla y ya me estaba corriendo yo otra vez, qué delicia, nunca en mi vida me había corrido mas de una vez en una sesión. Él siguió bombeando su polla dentro de mí y mojándose un dedo en mis jugos, me lo introdujo en mi culito virgen, tuve otro orgasmo. Después metió otro y otro, me dilató bien el agujerito y ni me dolía de tanto placer como estaba sintiendo con su polla dentro de mi vagina. Al rato, la sacó y me la metió por el culo….uuuummmmm qué placer me inundó. Tuve que agarrarme bien de la baranda porque me iba a caer desmayada. Me venia un orgasmo tras otro sin remedio. Gemía, chillaba, me retorcía de placer y le pedía mas, mas, más.

Así estuvimos como media hora de locura celestial hasta que me inundó las tripas con su leche caliente y nos quedamos quietos tal cual un ratito. Al final se le salió ya floja y dándome la vuelta nos besamos con locura, pasión, ternura….Se subió los pantalones y me ayudó a componer mi ropa, pero antes me pidió el tanga como recuerdo, cosa que accedí por supuesto. Me fui directa al baño a limpiarme y reparar el maquillaje. Mientras me veía en el espejo no me reconocía, era otra mujer. Era una satisfacción y bienestar el que inundaba mi cara, era un despertar a otra clase de vida, era un despertar a nuevas vivencias ocultas en mi hasta ahora, era una mujer nueva, diferente y feliz. Me fui hacia la mesa y allí estaba mi marido buscándome con la mirada. Se levantó al acercarme y nos abrazamos, nos dimos un largo beso en la boca. Me acariciaba el pelo y me decía….tranquila mi amor, tranquila mi amor….De Renier ni rastro, ya no lo volvimos a ver aquella noche. Estuvimos de acuerdo en irnos enseguida al hotel, quería estar a solas con él, hacer el amor con él, abrazarnos, querernos, amarnos infinitamente. Una vez en nuestra habitación nos fundimos en un abrazo de amor, tierno e interminable.

Ahora me llegaban los remordimientos de lo hecho anteriormente con el francés, el sentimiento de culpa, la inseguridad de su posible reacción cuando lo supiera. Parece que él adivinó mis pensamientos y mirándome a los ojos me dijo: mi amor, quédate tranquila, has sido una gran alumna y aprendiste rápido a conducir….el sexo. Estoy muy orgulloso de ti mi amor. Yo lo miraba incrédula, tanta felicidad, tantas cosas nuevas que me habían ocurrido esa noche, tantas sensaciones inolvidables y desconocidas para mi y….tanto amor y comprensión que me demostraba mi adorado esposo. Para tranquilizarme me aclaró que…cuando os fuisteis a la terraza, os seguí disimuladamente y he podido ver con mis propios ojos cuanto has gozado, cuanto sexo contenido había en tu interior, esta es la mujer nueva que yo quería. Mi amor, cariño mío, estoy muy orgulloso de ti. Nos volvimos a abrazar y caímos sobre la cama, desapareció rápidamente nuestra ropa y  pronuncié la palabra mágica, su polla dio un salto y se le puso como un palo de dura. Me puse a cuatro patas y él, desde atrás me pasó la lengua por el agujerito e introdujo un dedo y como vio que entró con facilidad, rápidamente se situó y me la metió hasta sentir sus huevos golpear contra los cachetes de mi culo. Uuuummmm, ahora gozaba conscientemente de lo que hacia, qué delicia me había perdido tantos años, toda mi vida con mi amado esposo le había negado ese placer suyo y mío. Tuve un orgasmo y otro y otro…no sé cuantos, antes que él soltara todo su jugo de amor dentro de mí. Caí de bruces sobre la cama y el encima, sin desacoplarnos, nos quedamos dormidos.

A la mañana me desperté con una rica sensación, él me estaba dando con la lengua en mi clítoris, le pasé la mano por la cabeza y nos miramos con cara de felicidad y amor. Me cambie de postura para hacer el sesenta y nueve. Cuando observé que se iba a correr paré y lo tumbé boca arriba en la cama, yo me subí sobre él y me introduje yo misma su dura polla en mi coño y empecé el sube y baja. En eso estábamos cuando entró la camarera para arreglar la habitación….jajajajaja….ella salió rápida al ver la escena y a nosotros nos dio la risa, pero seguíamos y seguíamos dándonos placer. Como a las doce del medio día salimos a una terraza a desayunar y planear qué haríamos esa noche. Me propuso que, después de la cena, iríamos a otro sitio diferente a bailar y que tenia libertad de tomar otra lección de conducir con un nuevo y experto profesor, jajaja. Entre risas…le dije que necesitaría muchas lecciones, jajaja y el me contestó que todas las que fueran necesarias. De ahora en adelante, me dijo, todos los fines de semana serán para aprender a conducir.

Esa tarde, después de la comida, nos fuimos a nuestra habitación a hacer el amor nuevamente. Ya no había tabúes para mi, ya lo quería todo, gozaba de todo y en todas las posturas. Todo me parecía limpio, bueno, gozoso….

Por la tarde bajamos a la boutique del hotel, compramos nuevas tanguitas y otras ropas muy sexy para esa noche. Ya no me lo tenia que pedir, yo misma escogía lo mas provocativo y me lo probaba para que el me viese. El estaba en el séptimo cielo y yo muy feliz también. Antes de irnos esa noche tuve que hacerle una buena mamada para bajarle su dura polla, jajaja. Una vez que cenamos, tomamos un taxi y le pedimos que nos llevara a algún pub elegante de música y baile. Una vez dentro, el se quedó en la barra y yo me senté en una mesa bien a la vista. Pronto empezaron a acercase los tíos. Yo los iba rechazando con la excusa de que esperaba a mi marido hasta….que apareció mi elegido…un morenazo de unos treinta y dos años, alto, fuerte, guapísimo y elegante….

En este momento del relato de cómo aprendí a conducir…sexualmente, jajaja, me dice mi marido que lo escriba en otro capitulo, porque seria largo. El fue quien me insistió para que relatara cómo fue mi despertar sexual, cómo aprendí a conducir…..jajajaja.

Si desean hacerme algún comentario..

Me gusta / No me gusta