Mi mujer, mi cuñada y yo

Llevaba 3 semanas fuera de casa. Había estado trabajando en el extranjero, realizando un trabajo en una fábrica, en Corea. Había acabado y ya podía volver a mi hogar. Dos días antes de lo esperado. No solía yo salir de viaje, pero en esa ocasión así había sido requerido. Era tal el ansia de volver que me fui corriendo al aeropuerto de ese maldito país para poder cambiar el vuelo y pillar el avión. Los viajes de trabajo son una lata. Y más cuando no tienes claro cuando podrás volver. No podía llamar a mi mujer hasta que no supiese nada concreto, ya que no quería ilusionarla en vano. Quizás no pudiera cambiar el vuelo.

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