No todas las parejas son como las “tradicionales”. Existen parejas con un estilo de vida diferente. El intercambio de pareja o swinging incluye un amplio rango de actividades sexuales realizadas entre parejas.

Mi marido me regaló un masajista

Mientras uno salía el otro entraba y así sucesivamente lograron hacerme terminar infinidad de veces hasta desembocar en un orgasmo múltiple que fue único e irrepetible.

El verano pasado mi esposo y yo nos fuimos de vacaciones a Mar del Plata. El tercer día lo vivimos a full, hicimos un rato de playa, fuimos al faro y al puerto, entre otras cosas que hicimos desde muy temprano.

Para regresar al hotel nos tomamos un colectivo urbano, no se si era por el cansancio o qué, pero parecíamos dos desconocidos, por eso un chico de unos veinticinco años, sin percatarse de que yo estaba con mi marido, se puso detrás de mí y con el movimiento del colectivo y la gran cantidad de gente que había no tardó en comenzar a rozarme la verga en el culo, yo me hacía la desentendida y lo miraba a Juanchi (así se llama mi marido), observando por una de las ventanillas, cosa que aproveché para acomodarme mejor y sentir como la verga del chico despertaba y se incrustaba entre los cachetes de mi cola, el viaje no duró mucho tiempo, pero el flaco no paró de arrimarme la verga todo el tiempo.

Bajamos del colectivo y llegamos rápidamente al Hotel, la verdad es que el gran apoyo que había recibido me había hecho excitar y tenía la conchita caliente y chorreando de flujo, por eso lo primero que hice cuando llegamos fue sacarme la ropa y meterme a la ducha fría,.

Juanchi se acercó y me dijo –se ve que te calentó un poquito el chico del colectivo cuando te apoyó la verga en ese culito hermoso que tenés-, al escuchar esto me puse roja como un tomate y le contesté –no sabía que te habías dado cuenta mi amor, pero la verdad es que me hizo re calentar sentir como me apoyaba la verga mientras vos estabas tan cerquita- en ese momento y viendo que a Juanchi también lo excitó la situación le pregunté si no quería llevar a cabo la fantasía del masajista, la que consistía en contratar a uno para que me haga masajes sensuales y después me coja junto a él. Dale me encantaría me dijo Juanchi.

Juntos fuimos a buscar un masajista a una de las computadoras del hotel, en algunas de las páginas de acompañantes de la ciudad para ver si veíamos alguno que nos gustara. Vimos varios anuncios en los que mostraban algunas fotos de masajistas que ofrecían sus servicios en la zona de la costa marplatense, pero a mí me llamó la atención uno y le dije a Juanchi quiero ese, un muchacho llamado Martín, rubio, de cuerpo atlético, que dejaba ver una verga descomunal en una de sus fotos, y cuando a mí se me mete algo en la cabeza es difícil hacerme cambiar de opinión. Lo llamamos y quedamos en encontrarnos en media hora en el departamento donde el chico brindaba sus servicios.

Cuando llegamos nos hizo entrar y me sorprendí al verlo porque estaba igual que en las fotos que habíamos visto por Internet, la verdad es que tenía un lomo bárbaro, Juanchi arregló el precio con el chico y acto seguido Martín me dijo donde estaba el baño para poder cambiarme tranquila, entonces entré y me saqué toda la ropa dejándome puesta solo una tanguita que tenía una abertura en la zona de la entrepierna y que se abría y se cerraba tirando a través de un cordoncito que estaba en la parte de adelante. Juanchi me la había regalado para una situación especial como esta.
Volví a la habitación y me dio un poco de vergüenza que un desconocido me viera desnuda, así que rápidamente me acosté boca abajo en la camilla de masajes solo con mi tanguita y tapándome la cola con una toalla. Entonces Martín también comenzó a cambiarse, quedándose totalmente desnudo, mostraba un cuerpo espectacular, muy bien formado y trabajado, pero casi me desmayo cuando observé ese pedazo de carne colgando entre sus piernas, era una verga monumental, absolutamente depilada al igual que sus huevos, parecía todavía más grande que cuando la vimos en la foto.

En ese momento se acercó a mí y comenzó su trabajo, al principio me sentía como tiesa, estaba rígida de los nervios, el chico se dio cuenta y me dijo que me relajara y empezó a frotarme suavemente la espalda con las manos llenas de un aceite que tenía una fragancia exquisita, todo esto hizo que la situación sea muy excitante y poco a poco fui relajándome y aflojando un poco las piernas, Juanchi se sentó en un sillón que estaba en la habitación y me miraba mientras Martín acariciaba mi cuerpo.

El masaje continuó por toda la espalda, cuello, hombros, piernas y brazos, realmente tenía unas manos espectaculares, muy suavemente mientras me masajeaba me frotaba muy sutilmente la verga por mis brazos que los tenía relajados uno a cada lado de mi cuerpo, en ese momento tenía unas ganas tremendas de agarrarle la pija, pero me contuve para no parecer tan desesperada.

El masaje fue subiendo por mis piernas y muslos hasta llegar a la cola, entonces Martín corrió la toalla y empezó a acariciarme los cachetes de una manera muy sensual, rozándome con sus dedos la zona anal y los labios vaginales en varias oportunidades y haciendo erizar todo mi cuerpo, en ese momento puse mi mano debajo de mí y desaté el cordoncito de mi tanguita para que se abriera y quedara expuesta mi conchita que como siempre la tenía bien depilada, de esta forma sentía como sus dedos rozaban directamente mi concha que a esa altura me chorreaba de la excitación, mientras Juanchi observaba la escena restregándose el bulto por sobre el pantalón.

Estuve a punto de acabar cuando Martín me pidió que me diera vuelta y me ponga boca arriba, con sus manos agarró los costados de la tanguita y me la bajó muy suavemente hasta sacármela por completo y siguió su masaje por mi pecho, acariciándome las tetas y los pezones con una mano, mientras con la otra me acariciaba la zona interna de mis muslos, hasta que muy suavemente comenzó a subir su mano hasta apoyarla en mi concha que estaba ardiendo, me acarició el clítoris y ya no aguanté más, acerqué mi mano muy despacio hacia su verga y  cuando logré alcanzarla comencé a frotarla muy suavemente, la acariciaba tiernamente con movimientos hacia arriba y abajo mientras sentía como ese pedazo de carne iba creciendo entre mis dedos.

Martín seguía jugando con mi concha hasta que me metió dos dedos en mi cuevita y con la otra mano seguía acariciando mi clítoris, su verga ya había crecido de una manera increíble ensanchándose y alargándose, no podía creer lo gruesa que era, con mi mano agarraba el tronco erecto de su verga y no alcanzaba a recorrerla en toda su circunferencia, finalmente mientras Martín seguía pajeándome acabé un par de veces.

Luego me dijo que pasara a recostarme en la cama así estábamos más cómodos para continuar con el masaje, cosa que me alegró porque yo pensé que el servicio había terminado, pero no quería irme sin sentir ese palo caliente bien adentro de mi concha, entonces me recosté boca abajo y Martín se sentó sobre mis piernas acomodando de manera magistral su pija para que quedara insertada entre los cachetes de mi cola, de esta forma comenzó nuevamente el masaje con el aceite afrodisíaco por toda mi espalda y cada vez que subía a masajearme los hombros, sentía como su verga franeleaba mi orto.

Después me masajeó nuevamente la cola apretando mis cachetes de manera que su verga quedaba apretada en la raya de mi culo mientras la movía como si me estuviera penetrando, era una sensación indescriptible sentir como gracias al aceite del masaje su pija se deslizaba por mi culo, luego jugó con su glande por la entrada de mi ano y mi conchita presionando sobre mi zona genital, me dijo que me ponga boca arriba, y sentado encima de mí en la misma posición de antes comenzó a jugar primero con mis tetas masajeándolas y chupándome los pezones y luego con su pija en mi concha, ya olvidándose del masaje por completo, me acariciaba el clítoris con su verga realizando un vaivén exquisito, de esta manera me abría los labios vaginales con su verga, pero sin llegar a penetrarme, lo que me hizo calentar de una manera sobrehumana, era peor esto que si me estuviera ensartando.

Me hizo desear fervientemente que me cogiera en ese mismo instante, me quemaba la concha de placer, lo que me hizo provocar otros orgasmos, Juanchi que no aguataba más de la calentura, se recostó al lado mío y comenzó a acariciarme y chuparme las tetas. Luego los tres nos acostamos en la cama poniéndonos de costado y yo quedando en el medio de los dos, mi marido se puso de frente de mí y comenzó a besarme con mucha pasión, como si fuera la última noche que estuviéramos juntos, en ese instante sentí como desde atrás Martín incrustó su increíble pija entre mis piernas mientras me acariciaba las tetas y los pezones, el muy guacho seguía franeleándome la verga por el culo y la concha sin penetrarme y yo no aguataba más.

Por suerte en ese momento Martín agarró un forro de su mesita de luz, se lo colocó rápidamente y empezó a ensartarme la verga abriéndome la concha muy suavemente, al principio sentí un poco de ardor, pero rápidamente el placer le ganó al dolor, no podía creer que ese pijón tan grueso estuviera rompiéndome la argolla mientras Juanchi seguía chupándome las tetas y apretando mi clítoris con una de sus manos, luego las estocadas fueron subiendo en intensidad hasta provocarme varios orgasmos, después me monté encima de Martín como lo había soñado durante toda la noche, me senté encima de esa pija gigante, lo agarré con una mano y  la empecé a incrustar en mi vagina, centímetro a centímetro sentía como ese mástil me abría la concha nuevamente y llenaba mi cavidad vaginal.

Empecé a subir y bajar descontroladamente metiéndome y sacándome ese palo de mi argolla, -mírame mi amor soy tu puta, mirá como me abre la concha este animal mi vida-, – te gusta que te rompan la conchita mi amor- me dijo, -si papi me encanta- le dije a Juanchi mientras me agachaba sobre el cuerpo de Martín poniéndole las tetas en la boca para que me las chupara, cosa que hizo de una manera deliciosa, Juanchi aprovechó el momento y comenzó a jugar con su pija en mi culo, que gracias a la calentura que tenía ya se había dilatado completamente hasta que logró ensartarme comenzando un mete y saca que iba al mismo ritmo de Martín, mientras uno salía el otro entraba y así sucesivamente lograron hacerme terminar infinidad de veces hasta desembocar en un orgasmo múltiple que fue único e irrepetible.

Juanchi no aguantó más y también acabó llenándome el culo de leche, en ese momento Martín que tenía un aguante increíble me dio vuelta, me puso en cuatro patas como una perra alzada y me ensartó la verga otra vez en mi concha, gracias a esa posición las embestidas eran cada vez más profundas y mi conchita ya me dolía de tanto placer, no podía creer como esa cosa gigante y tan dura entraba y salía de mi cuerpo llenándome de orgasmos sin ninguna contemplación, en ese momento Juanchi me dijo al oído que –me encanta que seas mi putita, quiero que te comas esa verga gigante y te tragues toda su leche mi amor-, obviamente que no me hice rogar y me abalancé sobre Martín que se recostó boca arriba, le agarré con una mano la verga y comencé a lamerle muy suavemente el glande y el tronco de su verga en toda se extensión hasta llegar a los huevos.

Se los chupé y los metí dentro de mi boca durante un tiempo jugando con mi lengua con ellos, a juzgar por su cara creo que le encantaba, luego me metí ese pedazo de carne en la boca y comencé a chupárselo frenéticamente mientras lo pajeaba con las dos manos, no podía creer lo que me costaba meterme esa vergota en la boca, tenía un sabor maravilloso y no podía parar de saborearla, también le acariciaba los testículos mientras jugaba con un dedo en su ano, lo que hizo que derramara una gran cantidad de leche caliente en mi boca y en mi lengua, fue increíble la cantidad de semen que eyaculó, tragué y saboreé lo que pude y el resto se lo limpié con la lengua.

Mientras Juanchi me acariciaba muy tiernamente la concha preguntándome si me había gustado a lo que yo respondí –si mi amor me encantan los masajes-. Después de asearme y mientras Juanchi le pagó el precio convenido a Martín, nos fuimos al hotel a descansar y hasta el día de la fecha seguimos fantaseando con repetirlo alguna vez.

Autor: Ivanna y Juanchi

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La noche de fin de año

Marcos como un animal se abalanzó sobre Erika que acababa de recibir en la boca un rico polvo de Miguel. Marcos la penetró y la hizo estremecer, la besé y me transfirió el semen que no había tragado. Mari besó la cola de su hijo, Miguel asistía a la cogida de su hijo y mi esposa, el muchacho profirió un gemido y lanzó un polvo interminable en la concha de mi mujer quien explotó en otro orgasmo.

Bien, querido amigo colega, te relato, con la mayor cantidad de detalles posibles las dos hermosas noches que he pasado con Erika y nuestros amigos.

En principio me sorprendió un poco que Miguel y mi esposa propusieran encontrarnos nosotros con todos ellos, o sea él, su esposa Mari y el hijo de ambos, Marcos, un joven apuesto de 19 años. Yo ni imaginaba como terminaría la reunión y no me había hecho muchas ilusiones, más que la presencia del hijo hubiera perturbado seriamente cualquier intento de pasar a vías explícitas. Por mí no hubiera habido problema alguno, ya que estaba dispuesto a sentir como Erika se entregaba a los dos ya que los trataba a ambos delante mío con todo desparpajo sin escatimar juegos con las manos. Con Mari no tenía conocimiento que fuera otra cosa que un ama de casa diligente, alegre y confianzuda, pero hasta ahí y nada más…

Presumía que habría problemas al momento de que los dos amantes quisieran intimar. Sabía que entre ellos no había prácticamente relaciones de pareja puesto que muchas veces llamó a casa para hablar con Miguel, lo que suponía que venía regularmente a visitarnos, más bien a visitar a mi esposa. En tren de amistad y con ánimo de pasar una hermosa velada decidimos ir a Pinamar, en la costa atlántica, donde tenemos un chalet para las vacaciones.

Previamente, como fue de rigor acompañé a Erika al centro para comprar los regalos que deseaba hacer a nuestros amigos. Los chicos permanecieron en casa de la mamá de ella, de modo que estábamos prácticamente libres y eufóricos.

Fuimos a una tienda de ropa elegante y compró dos hermosos conjuntos sport para Miguel, y yo le compré una musculosa y un slip para Marcos, porque el muchacho comenzaba a hacerme sentir generoso con él. A las 6 de la tarde del sábado estábamos en casa preparando los bolsos, y llamó Miguel para decirnos que efectivamente, como había concertado con Erika vendrían Mari y Marcos también a Pinamar. Bueno, pensé yo, no pasará nada, pero al menos pasaremos fin de año bien acompañados.

A la media hora llegaron a casa cuando estábamos subiendo los petates al auto. Bajaron de un taxi, distendidos, y me sorprendió gratamente Mari pues vino vestida con un conjunto sport muy juvenil (para sus 43 años), muy elegante e inusualmente provocativa, pues nunca le conocía más que vestidos correctos, pulcros, sin audacia desmedida. Llevaba el pelo medianamente corto, y su carita denotaba picardía, con sus ojitos chispeantes y la boquita a punto de reírse.

Subió Erika adelante conmigo, y ellos tres atrás. Tras comentarios livianos acerca del tránsito y de la tranquilidad que hallaríamos lejos de Buenos Aires noté que Erika se había dormido. Miré por el espejito a Miguel y alcé los ojos como inquiriendo que podría pasar. Me hizo un gesto como diciéndome: tranquilo, que todo va a estar ok. Luego el ronroneo del motor lo hizo dormir también a él y al muchacho.

Mari estaba sentada justo detrás mío y de pronto siento su aliento cerca de mí y una caricia suave en mi nuca. Me susurra: estos se han dormido, que ocasión Alberto para nosotros ¿no? No supe que decir. Y ella me tranquilizó: es broma, Alber. No me hubiera disgustado que no lo fuera, pero mi idea no era convertirme en swinger. De todos modos la calidez de su voz denotaba cierta agitación que luego comprendí. Le dije: despacio Mari que el chico oye. Naaa… respondió, está dormido. Lo estaba o se hacía, tal vez esto último.

Llegamos una hora antes de la medianoche y Miguel, con su autoridad que siempre me seducía me ordenó, ve a comprar bebidas y buena comida, Alber. Bajaron las cosas y Erika los acompañó a sus respectivas habitaciones mientras yo cumplía diligentemente las órdenes del amante de mi mujer. Llegué con los bolsos cargados de exquisiteces y botellas de Champán, lo que provocó en Mari un alegre batir de palmas y en Erika una mirada de reojo como diciendo: hoy nos vamos a embriagar. Erika llevaba un jeans muy apretado con sandalias transparentes y un top anudado bajo los senos, el pelo castaño suelto, sin maquillaje. Su andar provocaba no solo a Miguel sino a Marcos que no le quitaba los ojos de encima a mi esposa.

Las miradas de ambos se encontraron varias veces, pero el muchacho la retiraba enseguida pues no quería que el padre lo notara. Mari estaba seria y me hacía señas imperceptibles que los mirara. Entonces me di cuenta que Mari estaba al tanto de las relaciones de su marido con mi mujer y del deseo de Marcos por ésta. Me extrañó que cambiara la expresión de su rostro cuando veía a Marcos sonreírle a mi mujer, pero lo atribuí a que quería mantenerse y mantenerlo discreto y dejando a los amantes sin obstáculos. Ay, exclamó en un momento Erika, falta poco para la medianoche, me iré a cambiar. Yo también, dijo Mari, y subieron a los dormitorios. Miguel me hizo preparar la mesa e hizo que le sirviera un wishki con hielo (el chalet está siempre en condiciones de ser habitado, gracias al personal de servicio que ocupa un ala del mismo).

El viaje y las palabras de Mari, junto con las miradas audaces de Marcos me pusieron un poco en ascuas. El muchacho quiso ir al toilette y como no sabía donde estaba lo acompañé. Ni bien entró se quitó la camisa y dejó al descubierto un torso musculoso levemente velludo, con pelo que se unía en una línea oscura perdiéndose dentro del jeans, que ya tenía un botón desprendido. No quise irme. Los ojos de él estaban ardientes. Se peinó frente al espejo del toilette y de pronto se dio vuelta y quedó muy cerca de mí.

Le puse una mano en el pecho y sentí la sedosidad del vello. El me quiso apartar. Me dijo: ¿te das cuenta que mi viejo se está cogiendo a tu mujer?… Si, lo se… ¿Y no vas a hacer nada? ¿Por qué? Le respondí, me gusta, y a ellos también. ¿Sos puto? Me preguntó tras un leve silencio. Nooo. Entonces como te puede gustar si no sos puto. Soy cornudo complaciente, le dije. ¿Te gustaría que me coja a tu mujer? Me preguntó con voz algo ronca. Siiiiii, claro, si ella quiere, ¿a vos te gusta mi mujer? Me tiene loco, me dice, pero mi viejo me mata si me tiro. Yo te voy a ayudar entonces, le dije. Si, porque esa hembra me tiene loco.

Mmmmm, le dije, ¿estás muy caliente con ella? Si, ¿no te das cuenta? Bajé la vista a su bragueta. Se notaba el bulto. El también bajó la vista y me dijo despacito: ¿La querés? Me mordí los labios. Me ordenó súbitamente, desabróchame. Lo hice con dedos nerviosos. Sácala del slip. Saltó como un resorte, enorme, jugosa, palpitante. Chupámela, me ordenó en forma perentoria, apoyándose en el lavabo con las piernas semi abiertas. Me arrodillé para hacerlo con comodidad. Tomé la tranca que estaba totalmente erecta y lamí el agujerito del glande, del que salían unas gotitas. Dale, chúpala, puto. Están esperando, le dije, pero no quité la boca de la pija. Dale que acabo enseguida, estoy muy caliente. Comencé una mamada dulce, suave, apretando la cabeza del pene con mis labios. Más adentro, me ordenó, dale, puto.

La metí lo más que pude, hasta la garganta. Asíiii, asíiiii, repetía el muchacho. Me sacó un poco la cabeza y tomó el pene con su mano como pajeándose. Yo reemplacé su mano con las mias y comencé un movimiento combinado entre manos y boca. Como noté que comenzaba a suspirar, lo masajeé intensamente y la apreté el glande chupándolo simultáneamente. El muchacho se arqueó… Alcanzó a decir: ahí va… se mordió los labios, y se distendió.

El placer que experimentaba era indescriptible. Y luego vino el alivio, un enorme chorro me llenó la boca, y lo tragué sin pestañear. Luego otros cinco o seis chorros menores que bebí golosamente, saboreando el sabor agridulce de un semen joven fresco. El muchacho se agarró del lavabo mientras yo absorbía las últimas gotas. Luego le abotoné la bragueta y bajó seguido por mí. Mari estaba en la cocina. Alberto, me dijo, te estaba esperando, van a ser las doce. Efectivamente, faltaba un minuto. Descorché dos botellas de champagne, las serví y con las 12 campanadas brindamos por un año nuevo feliz.

Las dos mujeres estaban vestidas de gala. Erika con un vestido cortito de chiflón fucsia, tan cortito que dejaba a la vista las empuñaduras de las medias sujetas por el liguero. Por arriba dos bretelitos que ayudaban a hacer que el vestido apretara sus senos dejando una hendidura tentadora… Mari con un vestido negro muy transparente, largo, con sandalias negras de alta plataforma. Muy elegantes y sencillas, nada de maquillaje (no hubo tiempo), la piel húmeda, los ojos brillantes… A ambos lados de Erika nos sentamos Marcos y yo, y enfrente Miguel y Mari. Bebimos más que comimos y las risas prontamente llenaron el ambiente…

Por cortesía los hombres alababan la elegancia de las mujeres y Marcos miraba a su madre que le devolvía la mirada como diciendo: ¿te gusto? Miguel no solo miraba a mi esposa, sino que con las rodillas se decían muchas cosas. Erika me dijo al oído: me está tocando mucho, no se, pero creo que me va a querer llevar a la cama enseguida. Marcos apoyó un momento su mano en el antebrazo de Erika, pero una mirada de su madre hizo que lo quitara. Erika se divertía con los chistes que ambos hombres decían, todos subidos de tono, por supuesto…

Afuera estallaban petardos y fuegos artificiales que con el transcurrir de los minutos fueron menguando. Luego seguimos con los postres, cerezas flameadas, regadas con coñac que encendí y que como una hoguera preludiaba la que iba a estallar luego. Erika tomaba las cerezas con los dedos y las ponía en los labios de Miguel mirándolo arrobadoramente. Al rato ya habíamos terminado dos botellas de Chandón, y uno de los breteles de Erika cayó del hombro.

Ver a mi mujer con medio pecho desnudo frente a los hombres me hizo latir el corazón, no por la visión de su hermoso seno sino porque lo ofrecía impúdicamente. Si hubiera estado solo su amante lo hubiera entendido y hubiera hecho algún comentario, pero estaba el muchacho que se puso rojo, y no precisamente por pudor. A pesar de que no hacía calor esa noche, noté que Erika tenía la cara encendida. Mari se levantó y le dijo algo al oido. Entonces mi esposa se levantó y fueron juntas arriba. Tardaron un buen rato en bajar. Miguel miró algo por televisión y Marcos pretextando sueño se fue a su dormitorio. Le pregunté a Miguel si sabía porqué se habían ido nuestras mujeres y me respondió que para que pasemos mejor la noche. Me dije para mí, seguro se va a acostar con su mujer y yo con Erika, y me dejan con las ganas. No te apures, se habrán ido a cambiar. Dime, me preguntó, ¿estás ansioso por ver lo que haré con tu mujer? No tanto, le dije, no se como va a reaccionar la tuya.

Estalló en una carcajada. Pero ¡que cornudo divino sos!, me dijo. ¿La querés coger? No, sabes que quiero cogerme a Erika después que te eches un polvo. Entonces no te ocupes de ella, prepará café como el otro día y después que subimos te venis al rato. Erika bajó ondulante por la escalera de madera, con un ruido de tacones seductor. Un corsé negro de encaje que le levantaba los senos dejando sus pezones descubiertos, porta ligas y medias negras, sin tanga. Una verdadera belleza, labios rojos, pelo recogido, dos pendientes de perlas hasta los hombros haciendo juego con el collar de perlas auténticas que yo le había regalado el año en que estuvimos en El Cairo.

Se sentó en el diván al lado de Miguel, se acercó y le dio un beso apasionado. Le tomó la mano e hizo que la siguiera subiendo la escalera. Al pasar al lado mío me sacó la lengua y me dijo: ¿te gusta? Si mi amor, le contesté, disfrutalo. Primero pasaré por el toilete y quiero hablar antes contigo. Me gustó porque eso quería decir que volvía a ser cómplice de ella en sus uniones sexuales. Miguel puso lo suyo ordenándome: lava todo y guarda las cosas, y luego tráenos café y algo fuerte. Y cuando te llame vienes al toilet y me lavas bien que estoy medio transpirado.

Me fui como atolondrado a mi dormitorio, y enseguida me llamó Miguel. Acudí presuroso y se estaba quitando la ropa. Ayúdame con el jeans, me dijo y cuando me arrodillé para quitárselo de los pies su verga azotó mi cara. Ah, querido, me iba a comer otra más. De inmediato me la puse en la boca y le di una mamada. Me dijo: cornudo putito, me acostumbraste a que te largue leche antes de cogerme a tu mujer. ¿Por qué te gusta? Le pregunté. Porque así duro más y ella disfruta una buena media hora de cogida. Le pregunté tímido: ¿goza mucho? ¿Cuántas veces? No menos de 4 veces y además me pone frenético porque se mueve como una espástica y lanza unos grititos, y sus orgasmos son larguísimos. Yo acabo y ella todavía está como un minuto más sacudiéndose.

Mientras me contaba eso, su pija se ponía más y más hinchada y a los dos o tres minutos de mamársela se echó un rico polvo en mi boca, no tan abundante como el de su hijo. Su pìja tampoco es tan larga aunque gruesa si lo es, y puedo metérmela toda en la boca. Cuando terminó y la lamí bien para quitarle todo el esperma, salió desnudo por el corredor y se metió sin más en el dormitorio donde estaba Erika… Cuando pasé frente al de ellos sentí ya los suspiros precopulativos, gemidos y chasquidos de besos, que Erika sabe dar tan bien. Bueno, pensé, espero como antes de ayer que me llamen, y que Mari no se entere…

Me acosté y me quedé expectante esperando el llamado que tanto deseaba. La puerta estaba abierta y podía así oir mejor los rumores del amor que se prodigaban. El tun, tun de la cama contra no se que era rítmico y bien notorio. Pensé en Mari que parece que nada le importaba, y en Marcos que lo oiría y le haría subir la fiebre, pero no como a mí sino por celos.

Mi dormitorio estaba a oscuras, y el pasillo se iluminaba solo con la luz de la calle que entraba por un tragaluz. Una silueta se marcó en la entrada del dormitorio: un cuerpo excitante y un perfume inundó el dormitorio. Era Mari que se había puesto un camisoncito de seda estampado como piel de leopardo. Debajo tenía algo que apenas se marcaba, una tanga de la misma seda. No llevaba sostén. Apenas si adivinaba sus tetas, que vi claramente cuando se sentó en mi cama, a mi lado, una de sus piernas bajo su cola.

Con un codo apoyado en la almohada, me acarició la cara y la frente. Sus ojos brillaban, aunque en la oscuridad no podía saber si eran de deseo o de compasión. Pobre Albertito, me dijo, su mujercita le pone los cuernos, y a él le gusta. ¿Por qué pobre? Le pregunté, yo disfruto esto. Lo único que no me permiten verlos en la cama juntos. ¿De veras quieres ver? Me dijo. ¿Te agrada ver como coge Miguel a tu mujer? Miguel o el que sea, le contesté, se que tu hijo también se la daría. Noooo, me dijo, no digas eso porque no lo voy a dejar. ¿Y a vos que te importa? Le respondí. Me puso los dedos en mi boca y me sonrió…

¿Y solo viendo a tu mujer te calentás? Creo que si, le dije. ¿De veras, con ninguna otra? Imaginaba lo que me diría: ¿y si me vieras a mí no te gustaría? Pero Miguel se monta a mi mujer y contigo me dijo que no pasa nada. Sonrió… ¿quien habla de Miguel? Y entonces imaginé lo que no hubiera presentido nunca. Se me hizo claro las miradas de ella y su hijo, los celos inexplicables, las ganas de competir con Erika para ver quien era más atractiva. No quería creerlo y no dije nada. Se levantó y meneó su cola amplia y generosa, que el camisón no cubría.

Se acercó a la puerta e hizo un ruido imperceptible. Luego se colocó frente al espejo enorme que cubría media pared y se arregló el pelo. Estaba hermosa y tentadora, subida a unos zapatos de tacones altísimos. De espaldas a mí me miraba por el espejo. Yo me había acostumbrado a la oscuridad y sus ojos entrecerrados eran prometedores. Te vamos a hacer un regalo, me dijo. ¿Cómo vamos? Pregunté. Soltó una carcajada queda. De inmediato entró Marcos, vestido solo con un slip escueto. ¿Cierro la puerta? Me preguntó.

Está tu mami, le dije. No dijo nada, se acercó donde ella estaba frente al espejo. Se puso detrás y se apoyó en ella, que soltó un suspiro. Le cogió las tetas con las manos y se las levantó y unió. Ella echó atrás sus brazos y le acarició la cabeza, diciéndole en un susurro, por fin te decidiste, hoy, creí que no tenías más ojos para tu mami, ya que la yegua esa te tenía babeando. Se refería a Erika. Una oleada de placer me invadió, porque Mari también se había dado cuenta que Erika era una verdadera yegua. ¿Estaría celosa por el hijo o por ella? Pronto lo iba a saber, mejor de lo que esperaba. Mari apretaba la cola contra el bulto de su hijo y gemía despacito.

Él le decía cosas al oído, alcancé a oir… mi amor… te quiero coger, vení al dormitorio… ella le respondía en un susurro, no, aquí, Alberto quiere ver. ¿No querés que le demos el gusto? Retrocedió con su madre en los brazos y se sentó en la cama a mi lado. Quítame el slip, me ordenó. Me arrodillé delante de él y le quité el slip mientras él quitaba el camisón de la madre y lo arrojó al suelo. Ni bien se sintió sin el slip hizo que su madre se inclinara un poco adelante hasta que su cara rozó la mía. Estaba en posición de ser penetrada analmente..

Mari se sentó despacio sobre la verga de su hijo mientras me besaba. Sentí su boca húmeda y su lengua penetrar en mi boca. Se notaba que gozaba porque suspiraba y jadeaba sin retirar su boca de la mía. Enseguida se acostó de espaldas sobre su hijo del que no se desprendía y abriendo las piernas me dijo: quiero sentir tu lengua. No medité un segundo y ya puse mi cabeza entre sus piernas que se movían al compás de los embates de su macho. Lamí y degusté el rico jugo que su vagina exhudaba y comenzó a estremecerse, y cuando no pudo soportar más el orgasmo que quería retener para dar tiempo a su hijo, estalló en convulsiones más potentes que las de Erika, aunque de menor duración. En ese instante Marcos suspiró y diciendo: Mamiiiiiiii, eyaculó.

Se quedaron un buen rato distendidos y yo terminé de lavar con mi lengua su vagina empapada. Ella levantó las piernas y aún con el pene de él dentro de su ano una buena cantidad de esperma se escurría por el mismo, que yo bebí con avidez. Aún de espaldas, con todo el cuerpo de su madre sobre él, sostenía sus senos con las manos al tiempo que besaba su cuello. Ella me miró y me dijo si me había gustado. Notó que si porque había tenido una erección, no completa, pero insinuaba que se iba a completar cuando fuera Erika la que estuviese en su lugar. Luego que limpié el pene del muchacho con mi lengua, él se fue al toilet, y entonces aproveché para preguntarle a Mari cuanto hacía que cogía con su hijo, a lo que me respondió que bastante. Lo de siempre, una madre que sobreprotege al hijo, no desea que se masturbe y toma el papel de cualquier mujer tentadora…

Como en tantos relatos, parece que la historia fuese siempre la misma. En algunos casos es el chico quien toma la iniciativa, y en este fue ella. Siete años antes, me dijo su marido se había separado para correr detrás de una niña de 18 años, dejándola sin las satisfacciones lógicas para una mujer en plena madurez sexual, y encontró al hijo presto a reemplazar al padre, tras provocarlo con sus miradas, su cuerpo semidesnudo y sus suspiros de deseo.

Quedamos un buen rato charlando de esas cosas, de cómo supo que Miguel había conocido a Erika y como fue su cómplice cuando le confesó el interés de él por mi esposa. Nada más me dijo, salvo que hacía grandes esfuerzos por disimular ante mí, ya que pensaba que yo no sabía nada. Hacía algunos meses Miguel le había pedido que se acostara conmigo para que yo me olvidara de Erika y así dejársela solo a él, ya que pensó que estaba muy enamorado.

Se tranquilizó cuando le dije que Erika y yo nos amamos y que todo lo que hacemos sexualmente es para nuestro deleite, pero que ahora mi morbo no estaba satisfecho si no la veía a ella coger como los había visto a ella y su hijo. En esto estábamos, ella desnuda a mi lado, no satisfecha del todo. Bajó su mano para encontrar mi verga que al contacto con ella comenzó a pararse. En que piensas, me preguntó. Ya sabes, en lo que hacen al lado…

Se levantó y se dirigió a la habitación contigua donde aún se escuchaban jadeos y risas. Unos golpecitos en la pared había sido la señal de que podía entrar. Golpeó despacio y notó la puerta sin llave. Me hizo señas para que entrara con ella. Me tomó de la mano y entramos. Los tórtolos estaban acostados. La cabeza de Erika en el pecho de Miguel. Entrá cornudo, me dijo, a ver si nos das una buena limpieza. La concha de Erika estaba empapada. Ella lánguida dejó que la lamiera a mi gusto. Luego le tocó el turno al macho. A ver si haces un buen trabajo, cornudo, repetía. Se me paró la pija como nunca. Mari se recostó al lado de Erika y se lamieron las lenguas. Erika le preguntó: ¿te animaste?. Siiiiii, mi amor, y Alberto vio todo. Erika me tomó la mano, y me preguntó: ¿Te gustó?  Si, pero quiero verte a vos. Ella se dirigió a Miguel: mi amor, tenemos que hacerlo para Alberto. Mari dijo, si, yo voy a hacer café. No, exclamó Miguel eso es trabajo del cornudo. Y entonces me mandó abajo a que les preparara café y licores.

Mari me acompañó. Estaba excitada, me abrazó, me besó, ponía mi mano en sus tetas, quería que le chupara los pezones. Mari, le dije, ¿no te alcanzó con lo que te hizo tu hijo? Con él lo hago siempre, quiero algo nuevo. Y entonces me preguntó directamente: ¿te molesta si beso a tu mujer?  No, no me molesta, vamos, acompañame que les llevo café, y llamá a tu hijo. Lo hacemos entre todos. Nooo, casi gritó, no quiero que coja con tu mujer.

Sintiéndonos conversar en la cocina Marcos bajó y al ver a su madre desnuda besándome nos abrazó a los dos y nos llevó al living. Se sentó, se quitò el jeans y me ofreció la verga que pronto la metí en la boca. Así, puto, así cornudo, me decía Marcos, te voy a romper ese culo y después me cojo a tu mujer. Eres un loco le decía Mari mientras él le chupaba los pezones. Siiiiii, repetía Marcos, tu hembra me tiene loco, déjame mami que la coja, déjame mami, por favor. Bueno, hijo, vamos, la cogeremos entre los dos mientras Alberto mira, ¿te gustará Alberto? Siiiiii, claro, dije, ya estaba caliente con mi pija erecta. Subimos casi corriendo al dormitorio. Cerramos la puerta y en la penumbra los cinco cuerpos se entrelazaron.

Marcos no había alcanzado a eyacular con mi mamada de manera que como un animal enarcecido se abalanzó sobre Erika que acababa de recibir en la boca un rico polvo de Miguel. Marcos la penetró en un instante y la hizo estremecer. Yo la besé y me transfirió a la boca una bocanada de semen que no había tragado. Mari besaba la cola de su hijo que se movía desesperado… Miguel asistía complaciente a la hermosa cogida de su hijo y mi esposa, y a los besos que Mari y yo le dábamos a ella.

En un minuto el muchacho estaba listo. Profirió un gemido gutural, se arqueó y lanzó un polvo interminable en la concha de mi mujer que instantáneamente explotó en otro orgasmo, e irían como 5. Luego me tocó el turno de siempre, lamer los restos de semen que surgían de su vagina. Creo que esa noche me alimenté opíparamente. Me levanté junto con Marcos y tomados de la cintura fuimos al toilet. Miguel nos siguió. Quieren que los bañe, les pregunté y abrí los grifos de la bañera. Métete adentro cornudo, me dijo Miguel. Temblé de emoción y gozo.

Entonces ambos descargaron una larga meada en mí, en todo mi cuerpo y cuando me mojaron la verga, esta casi explotó en un orgasmo, pero sin hacerme eyacular más que algunas gotitas de semen. Ahhhhhhhh que delicia, que polvo hermoso, humilla. Los sequé cuidadosamente, sobre todos los pies que lamí gozoso. Luego fui al dormitorio de Erika, y ella y Mari estaban confundidas en un abrazo.

Cuando Mari vio que entraba se separó y le separó las piernas a Erika, diciéndome: aquí la tienes, disfrútala. Con el recuerdo de los polvos que le habían echado los dos machos se me paró muy bien la pija y lubricada como estaba la concha la recibió con dulzura. En un par de minutos y en un beso pude eyacular bastante y me di por fin el gusto de mi vida, con mi mujer al lado de su amante, pero no de un hombre, sino de una mujer tentadora. ¿Que ironía, verdad?

Autor: Alberto C

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Las hermanas querían culear

Puse a Sole a cuatro patas y a Marga sobre Sole, ante mí tenía dos chochitos uno encima del otro, penetré a Sole, y luego a Marga. Era delicioso, dos chochitos follados por mi rabo, cada uno distinto, uno más apretadito y el otro más dilatado. Marga me pidió que le metiese el rabo en el culo y Sole se sumó a la petición, se la metí a Marga, parecía un túnel, se amoldaba a mis venas a la perfección.

Os voy a contar una nueva experiencia que me ocurrió viajando por España. Me encontraba en Burgos por motivos de trabajo y lo típico, hay que trabajar pero también dar un poco de diversión al cuerpo.

Después de una jornada un poco pesada entre Vitoria, Logroño y Burgos, salí con unos amigos por la noche a tomar algo en la zona de ambiente. Tomamos unas copas en un pub bastante agradable, el cuál se iba llenando conforme avanzaba la noche. El pub tenía un ambiente de gente que rondaba los 30 años. Yo como tengo 34 me encontraba bastante a gusto. Había mujeres bastante guapas y otras que sin serlo resultaban atractivas.

Ya se sabe, el alcohol también ayuda un poco a ver mejor las cosas. Me fijé en que alguien me observaba, eran dos chicas que estaban al fondo del pub, y de vez en cuando lanzaban alguna que otra mirada y cuchicheaban entre ellas. Yo seguí con mis compañeros riéndome un rato y comentando que buena está esa, y aquella…

Pasado un rato miré hacia atrás y me encontré a una de las chicas bailando cerca mientras la otra se apoyaba en la barra apurando un cubata. Mis amigos se fueron retirando por cansancio, además la mañana siguiente también iba a ser un poco cansada.

Cuando ya me iba a ir, la chica que bailaba me pidió fuego (que excusa más típica pensé yo). Debo confesar que a mí me gusta que las cosas me las den hechas, y por mi apariencia es una cosa que por suerte ocurre con frecuencia. Le di fuego y me preguntó que si ya me iba, y que qué poca marcha tenía. Le dije que estaba algo cansado del día y que tenía que madrugar así que no era mi mejor momento. Ella respondió que al menos esperara un rato y que les diera un poco de charla a ella y a su…hermana. Me quedé sorprendido porque la verdad no se parecían demasiado.

Comenzamos a charlar y ella me comentó que su hermana estaba soltera y ella divorciada; y que siempre solían salir juntas a tomar algo por Burgos. La conversación en un principio intrascendente fue tornándose interesante cuando me dijo que también vivían juntas y que…lo compartían todo. Me sonó en mi cabeza una alarma que me decía que la frase tenía un doble sentido, así que saqué fuerzas de donde no las había y me tomé algunas copas más en pubs cercanos con ellas.

No sé como, pero al final íbamos los tres camino del hotel donde yo me alojaba. Como es un hotel en el que entras en la habitación con una tarjeta no hubo problema, primero pasaron ellas para disimular un poco y luego yo.

Cuando llegamos a mi habitación todo se caldeó de repente. Entre las dos empezaron a quitarme la ropa. Lo hacían muy suavemente con caricias y lametones que hacían que mi polla diera señales de vida a pesar del alcohol consumido. Primero me quietaron la camisa mientras una me lamía la espalda y la otra acariciaba mi pecho y me chupaba el cuello y los oídos. Yo me sentía en la gloria.

Empezaron a quitarme los pantalones y Sole me acariciaba las piernas mientras Marga se entretenía a darme bocaditos en el rabo a través del slip. La polla empezaba a emanar líquidos preseminales. De pronto me quitaron el slip, y Marga puso una cara muy complaciente diciendo ¿esto es para nosotras dos? Yo contesté afirmativamente como pude ya que Sole me masajeaba los huevos desde atrás. Mi polla mide 18 cms, no es grande pero bueno, pasa la media.

Marga empezó a engullirla lentamente, me lamía todo el tallo con suavidad, y cuando llegaba al capullo daba mordisquitos suaves que me hacían ver las estrellas. Sole me chupaba los huevos como si fueran dos bolas de helado y se muriera de sed.

Yo notaba que mi polla estaba a punto de explotar así que cambié un poco la situación y recosté a Marga en la cama. Con rapidez le quité la ropa y vi una mujer espléndida, medía alrededor de 1m65, delgada pero con formas y con unos senos pequeños pero bien puestos con sus pezones en punta por la excitación. Sole mientras también se quitó la ropa detrás nuestra, y era una mujer también muy interesante, algo más rellena que Marga, de la misma estatura más o menos y con unos senos grandes, también muy excitados.

Sole era rubia natural, cosa que comprobé enseguida al ver los pelos de su chochito recortaditos, y Marga morena con su sexo depilado y los labios del coño muy gorditos y apetecibles.

Comencé a lamerle la rajita del coño desde el clítoris hasta el ano, y se estremecía, mientras Sole se introducía mi pene en su boca con mucha delicadeza y con lamidas suaves; se ve que no quería que eso terminase pronto. Marga se corría en mi lengua con abundancia y yo devoraba sus jugos mientras mis manos sobaban sus pezones que parecía que se iban a salir. Me pidió que la penetrase, así que comencé a meter mi polla en su coñito muy lentamente, más bien se lo introducía ella empujando hacia delante.

Ella estaba boca arriba en la postura del misionero, y Sole se me subió a la espalda y comenzó a restregar su coño sobre mi culo. Esto provocaba aún más que mis movimientos fueran más lentos. Parecía que era una loncha de jamón envuelto en queso fundido, ya que las dos abrasaban.

Cambiamos de posición, y puse a Sole a cuatro patas y a Marga sobre Sole con las manos apoyadas en la pared. Ante mí se presentaban dos chochitos deliciosos uno encima del otro, así que empecé a lamerlos con suavidad, empezaba por el de abajo y subía lamiéndole el culo y a continuación subiendo pasaba al de Marga haciendo la misma operación. Después a la inversa de arriba a abajo. Estaban totalmente húmedos y rebosantes de su delicioso zumo. Yo bebía de ellos como si de fuentes se tratasen.

Después empecé a penetrar a Sole, para a continuación hacérselo a Marga. Era delicioso, dos chochitos follados por mi rabo, cada uno distinto, una más apretadito y el otro más dilatado. Mientras mis dedos jugaban con sus anitos; primero un dedo, luego dos. Ellas estaban totalmente fuera de sí. La suerte era que al ir cambiando de chochito mi aguante era mayor todavía.

Marga me pidió que le sacase los dedos del culo y que le metiese el rabo, y Sole al oírlo también se sumó a la petición pero diciéndome que sería su primera vez, pero que los dedos la estaban matando y dándole un placer desconocido. Primero se la metí a Marga ya que lo tenía muy dilatado y parecía un túnel que se amoldaba a mis venas a la perfección.

Después de un lento mete y saca, apunté mi capullo a la entrada del ano de Sole. La puse por ser la primera vez a cuatro patas con el culito en pompa, y mientras apuntaba a su ano mis dedos jugaban con su clítoris, ella empezaba a recular intentando metérsela, primero entró la cabeza y se quedó parada.

Le preguntaba si se encontraba bien y ella me dijo que sí, poco a poco, centímetro a centímetro la hice mía. Hasta que mis huevos chocaron con su coñito. Marga mientras me lamía los huevos y jugaba con ellos. Empecé a follarme a Sole, la cual se deshacía por momentos. Decía que se corría y que le encantaba lo que le estaba haciendo. Yo notaba como mi capullo empezaba a palpitar, síntoma inequívoco de que aquello iba a explotar de un momento a otro.

Así se lo dije a ellas, saqué mi rabo del culo de Sole y entre las dos empezaron a mamármelo, de pronto empezó a escupir semen, el cual entre las dos fueron comiéndolo, haciendo que fueran varias mis descargas. No dejaron ni gota, siguiendo chupando sin parar. No sé como lo consiguieron pero mi rabo empezó a levantarse, así que no había que desaprovechar la situación y empecé primero a follarme a Marga que me cabalgaba como una posesa mientras Sole me ponía su chocho en la cara y se lo comía con desesperación mientras mis dedos seguían jugando con su culito.

Luego Sole empezó a cabalgarme y a quién le pasé a comerle el chocho fue a Marga. Sole quería que me corriese en su culo, así que tal como estaba sentada ella misma se lo introdujo en su ano despacito, y empezó a saltar sobre mi polla; cuando iba a venir la avisé y notaba como mis chorros de esperma salpicaban sus entrañas, y ella seguía moviéndose, aprovechando para restregar su coño sobre mi vientre. Yo no podía decir nada ya que Marga tenía metido su coño prácticamente en su boca. Las dos se corrían a la vez.

Luego me lamieron mi polla, limpiándome todos los restos de semen. Nos duchamos y nos despedimos; me dijeron que cuando fuese a Burgos ya sabía que pub frecuentaban, y que habían gozado esa noche, que se sentían salvajes Al día siguiente al pagar la cuenta, la recepcionista me preguntó que qué tal había dormido, a lo que le contesté que había dormido poco. Me despidió con un guiño, así que creo que no cambiaré de hotel cuando vaya a Burgos.

Espero que os haya gustado el relato.

Autor: Luisob67

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LA FANTASÍA DE MI MUJER

Mery estaba exhausta, sus piernas temblaban por los múltiples orgasmos, se acercó a mí y continuó lo que Clara había comenzado, no pude aguantar más y le hice el amor a mi esposa, que tenía un orgasmo tras otro, Clara que nos vio le dijo a Bruno que quería ser comida por dos hombres al mismo tiempo y la penetramos por ano y vagina hasta que ella llegó, luego Bruno y por último yo.

Hoy les contaré una historia que no hace mucho tiempo me ocurrió; soy Carlos, tengo 38 años de edad y de casado con Mery llevo 12 años. Un día viendo algunas películas para adultos en compañía de mi esposa, comenzamos a contarnos algunas de nuestras fantasías sexuales que quisiéramos en algún momento realizar; ella me dijo que quería experimentar con otra mujer mientras yo la miraba y me preguntó si eso me disgustaría, le respondí que no, que sería curioso ver que pasaba.

No les miento, mis miedos, producto del machismo con que fuimos criados los latinos, me hizo dudar un poco; pensé en ella, en lo que ella significaba para mí y en lo que ella quería y cerré mi mente a los malos pensamientos, a mis temores y a los prejuicios de la sociedad en la que vivo y comencé la búsqueda de la persona que sería pareja de mi esposa.

Unos días después preguntando en diferentes partes, de esas para adultos, como contactar una mujer para que realizara la fantasía a mi esposa, di con una página en donde se podía contratar una chica prepago. Llamé y no me prestaban el servicio, pero si me comentaron de una pareja que podría ayudarme.

Al día siguiente llamé al número que me dieron y contestó una mujer con una voz sensual, no era prepago súper,  le comenté lo que quería y ella me dijo que no, que lo que ellos hacían era básicamente intercambio y si tenían relaciones lesbicas también pedían que participara su pareja.

Yo acepté, pero no le comenté a mi esposa nada, logré acordar con Clara (así se llamaba la mujer), que se iniciara sin la presencia del esposo y en eso quedamos, al igual que solo nos veríamos en el apartamento de ellos.

Invité a mi esposa a salir a donde unos compañeros del trabajo, (otro acuerdo que hicimos con Clara), ella aceptó y salimos sin complicación. Ella estaba muy linda, vestía un traje oscuro ceñido al cuerpo con un escote que dejaba ver parte de sus hermosos senos, una falda corta y sensual y una bufanda delgada que combinaba con su pinta.

Cuando llegamos al apartamento conocí a Clara, una mujer linda, no de mucha estatura, pero si de medidas proporcionales a su estatura; me dijo que su esposo había tenido que viajar, pero que no importaba que ella continuaría con lo pactado, y así fue. Pedimos comida y comenzamos a tomar vino. Entre risas e historias, los temas fueron tornándose más picantes. Mery, mi esposa, ya con más confianza, hacía comentarios algo más subidos de tono (cosa que nunca hace), sonrojándose permanentemente por su timidez.

Clara propuso jugar “la verdad o se atreve”… “Chévere” dijimos los dos. Cuando ella salió a traer la botella, yo le comenté a Mery que si no había notado como Clara la miraba, como si quisiera comérsela; ella se sonrió, pero no dijo nada. El juego comenzó y de entrada perdió mi esposa, Clara preguntó: “¿la verdad o se atreve?”, la respuesta: La verdad. Clara se sonrió sin dejar de mirarla a los ojos de manera tentadora le dijo: “¿qué fantasía sexual te gustaría realizar y cuando?

Creo que por los tragos mi mujer respondió sin pensarlo un instante, “tener una relación con otra mujer”… ¿Si? Preguntó Clara, por qué no las has realizado. No se, respondió ella, tal vez por miedo o inseguridad, no se porqué otra razón y el cuando, no se. En los ojos de las dos se veían rasgos de excitación. Clara continuó jugando y sin ganar o perder y sin dudarlo un instante le preguntó a mi esposa si le gustaría tener sexo ahora mismo con ella.

Mery se sonrojó y me miró asustada como pidiendo ayuda, Clara la miró y le dijo: “no le preguntes a él, los hombres no pueden decidir por ti, además es tu fantasía… ¿o no?”

Yo me quedé callado sin modular nada; lo único que se, es que el grado de excitación era cada vez mayor, más aún cuando vi que Clara se quitaba el vestido blanco que tenía puesto y se acercaba a mi mujer. Clara se arrodilló frente a mi esposa y sin decirle nada le dio un beso muy sensual; que al principio asustó a Mery, pero con tal suavidad que la fue metiendo en el cuento; minutos más tarde, mi esposa saboreaba sin temor alguno los carnudos labios de su amante.

Yo me aparté un poco, dándole espacio para que se sintiera tranquila, pero no tan lejos como para no ver lo que allí ocurría; poco a poco, Clara la fue desvistiendo hasta dejarla completamente desnuda, sus labios recorrían su cuerpo, su boca, su cuello, besaba sus lóbulos y continuaba bajando hasta llegar a sus senos; allí se detuvo un buen rato chupándoselos y mordisqueándolos con suavidad, con pasión  entreteniéndose con sus pezones; mi mujer dejaba ver el grado de excitación que eso le producía, sudorosa y caliente permitía que su amante le hiciera lo que quisiera y dejando que de su boca salieran pequeños gemidos de placer.

Clara continúo con su trabajo, con sus labios y su lengua recorría su abdomen deteniéndose en su ombligo, jugueteó con su lengua dentro de él y continuó bajando hasta llegar a la vagina, que para entonces estaba empapada, producto de la excitación que tenía. Sin decir nada, Mery abrió sus piernas como invitando a Clara a que hiciera con ella lo que quisiera y Clara así lo entendió. Bajó hasta su sexo y comenzó a besarla, estaba humeda y rosada, sedienta de placer, con la temperatura a todo vapor y brincos que la estremecían constantemente.

Clara pasaba su lengua por encima de su clítoris, con suavidad, pero con firmeza, cada pasada la hacia estremecer, era tal el grado de excitación que tomaba la cabeza de Clara con sus dos manos y la sumergía entre sus piernas como para que no se fuera escapar;  de su boca salían gritos de placer y su cuerpo temblaba con lo que ella le hacía; de un momento a otro vi como mi esposa llegó a un súper orgasmo que le hizo cerrar las piernas y dejar a Clara atrapada en ellas.

Por mi parte, ya estaba a mil, deseaba meterme entre las dos y hacer el amor, pero era parte del trato, “solo con ella” dijo Clara. Cuando mi mujer llegó a la cúspide de su orgasmo, Clara la besó con pasión por un rato y luego le dijo suavemente: “ahora te toca a ti… hazme vibrar”, sin pensarlo un instante comenzó a besarla, llegó a sus senos y los chupó con deseo, con ganas de conocer a que sabían; jugaba con sus pezones endurecidos por la excitación; de allí se desplazó hasta su abdomen y luego a su ingle, en un principio, algo escrupulosa (talvez por ser la primera vez), luego se abalanzó sobre ella y comenzó a comerle el clítoris, los labios vaginales, la entrepierna y todo lo que a su paso encontraba. Su boca estaba humedecida por los líquidos vaginales de Clara que brotaban con el paso de la lengua de Mery.

Clara cambió de colores, su excitación no la podía ocultar, mi mujer la estaba haciendo llegar a un orgasmo, Clara solo disfrutaba sintiendo lo que mi esposa le hacía. Fue increíble el grito que lanzó cuando logró mi esposa su cometido. Las dos agotadas se quedaron por un rato en silencio. Mery se acordó que yo existía e intentó ponerse de pie, Clara no la dejó, me vio con una mirada provocativa y sin decir nada, pero sin quitarme los ojos de encima, comenzó nuevamente a comerse a mi mujer, no podía creer lo que veía, mi Mery disfrutaba de su fantasía. Orgasmos tras orgasmos, las dos jugaron por más de dos horas hasta que Bruno hizo su entrada.

Bruno era el amante de Clara, quien aprovechaba que su esposo viajaba para él reemplazarlo en su ausencia. Era un hombre de no más de 39 años, trigueño y de cuerpo atlético, quien se quedó aturdido al ver como mi esposa y su amante se comían entre si y como los gemidos de ambas se mezclaban formando la mejor melodía erótica.

Bruno se quedó de pie en silencio junto a mí, hasta cuando Clara lo vio, se sonrió un poco y lo invitó a la fiesta. Él como si nada, se desnudó; mientras tanto, ella acomodó a Mery de espaldas sobre la alfombra y se arrodilló sobre ella, dejando expuesta su cuca en su boca para que nuevamente se la comiera. Mientras tanto ella tomaba el bien dotado pene de Bruno y lo llevaba a su boca comenzando con una gran mamada, una de película porno; chupaba y mordisqueaba su glande, se lo introducía todo en su boca y lo apretaba y lo volvía a soltar, chupaba sus huevos y volvía al pene… todo un espectáculo.

Unos minutos más tarde Bruno no aguantó más, tomó a Clara y la puso boca abajo sobre mi esposa, invitándola a continuar con su trabajo, mientras él la penetraba con fuerza. Se inicia allí un mete y saca constante, fuerte y placentero para Clara y su amante furtivo. Mery estaba súper excitadísima, no se sabía si era por lo que le hacía Clara o por escuchar los gemidos de Bruno y ella. Clara retira su boca de mi esposa y Mery continua masturbándose mientras Bruno terminaba con la follada de Clara.

Clara notó la arrechura que producía en Mery verlos a ellos dos en acción y decidió tender de espalda a Bruno y colocar a mi esposa sobre él para que este le chupara su clítoris mientras ella cabalgaba sobre su enorme verga. Bruno introducía su lengua hasta lo más profundo de la vagina de Mery, rozándole fuertemente su clítoris, bebiendo sus flujos, que para entonces salían sin poderlos detener. Le mamaba tan bien su vagina, que de su boca salían espontáneamente gritos de placer; sus senos, endurecidos por la excitación y sus pezones grandes y duros apuntaban al infinito y servían de asidero al inesperado amante.

Al momento las cosas iban bien, hasta que a Bruno se le antojó probar cuca ajena…Clara se bajó del gigantesco pene y notó las intenciones de Bruno, quien colocó en cuatro patas a mi esposa para cogerla por detrás, “que culo tan rico, que cuca tan rica” le decía. Mery me miró como diciéndome que la dejara, me dijo: “quiero vivir esto” y permitió que Bruno la ensartara con su pene. Ay… fue lo único que dijo antes de ser adsorbida por su tremenda excitación.

Clara vino hacia mí y por la espalda me abrazó diciéndome al oído: “déjala”, recostándome nuevamente en la silla observando como a mi mujer se la comía otro hombre y frente a mí. Bruno la penetraba fuertemente y con cada embestida le sacaba un gemido de excitación y cada vez esos gritos eran más fuertes. Mery disfrutaba lo que Bruno le hacía, su rostro estaba empapado de sudor, su rostro reflejaba morbo, satisfacción. Bruno la estaba llevando a otro orgasmo, uno más fuerte que el anterior, uno que nunca en su vida olvidaría. Ella logró el orgasmo, él no, quien seguía taladrando con fuerza su sensible vagina mientras ella se retorcía disfrutando ese orgasmo; no podía ni sostenerse en pie. Bruno sacó su pene y se lo colocó en su cara dejando caer sobre ella su semen, para después introducírselo en su boca y terminar allí lo que había comenzado.

No se podrán imaginar por un instante lo que fue eso para mí, pues ni yo lo podía creer. Mi esposa, más que satisfecha, quedó sentada en el suelo y Clara comenzó nuevamente a besarla mientras Bruno tomaba otra copa de vino. Clara me miró, dejó a Mery y se vino gateando hacia mí: “eres buen marido” y sin decir más desabrochó mi pantalón dejando que Mery viera lo que hacía y comenzó a masturbarme con su boca, una mamada que me puso a volar.

Estaba ya súper excitado cuando salió Bruno de la cocina, se quedó un rato viendo lo que Clara me hacía, se acercó a nosotros, la tomó del brazo y la colocó sobre el brazo del sofá comenzando nuevamente su faena, pero esta vez por el ano de Clara. Mery, estaba exhausta, sus piernas temblaban como una gelatina por los múltiples orgasmos alcanzados. Con mucho esfuerzo se acercó a mí y continuó lo que Clara había comenzado. Ella sabe que me gusta como me lo mama y así lo hizo. No pude aguantar más, la tomé y la coloqué sobre mis piernas y le hice por primera vez en esa noche al amor a mi esposa, que iniciaba nuevamente un orgasmo tras otro: “no puedo más” me dijo y se bajó.

Clara notó lo que pasó y le dijo a Bruno que quería ser comida por dos hombres al mismo tiempo y así fue. Se inició una penetrada fuerte por ano y vagina hasta que ella llegó, luego Bruno y por último yo.

Nos quedamos unos instantes en silencio, yo abrazaba a Mery y Bruno a Clara; nos tomamos unos vinos, intercambiamos algunas palabras, nos reímos de algunos cuentos bobos, nos vestimos y nos fuimos y hasta la fecha no se ha hablado del tema; pero de algo si estoy seguro  Mery vivió su fantasía y la vivió al máximo.

Autor: Christian

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INTERCAMBIO IMPREVISTO Y MUY SABROSO

El negro empujó contra la vagina de mi mujer y se fue a fondo, no podía creer lo que estaba viendo, un negro de casi 2 metros con una polla de unos 30 cm arremetiendo contra mi mujer. La situación era muy caliente. Ver a mi mujer sobre la mesa del comedor donde íbamos a cenar festejando nuestro aniversario siendo sometida por un negro y chupándoles las pollas a otros dos negros.

¡Hola a todos! Soy un asiduo lector de esta página y después de pensarlo mucho me he decidido a escribir mis experiencias.

Me llamo Juan Carlos, estudio Arquitectura en la ciudad de Córdoba, Pcia de Córdoba Argentina, soy alto mido 1.97 cm, tengo el pelo rubio y ojos negros. Actualmente convivo con mi novia desde hace 5 años… La experiencia que les voy a contar sucedió es el inicio de mi actual vida… ese hecho que hizo que mi vida pasara de ser una vida normal a una vida que merece ser compartida con todos Uds.…  Si bien ahora lo puedo contar… en su momento fue muy traumatizante… Bueno a los hechos…

Me acuerdo la fecha… era el jueves 3 de Abril… ese día con mi mujer cumplíamos diez años de habernos conocido y dado que aun no nos casamos festejamos esa fecha como si fuese el aniversario de bodas… Resulta que ese día tuve problemas con mi jefe y dado que era fin de bimestre, me tuve que quedar hasta muy tarde…

Cuando llegué a mi casa, esperaba disfrutar de la noche con mi mujer y tener una cena especial… era una noche hermosa… Cuando llego a mi casa todo estaba oscuro… pensé que era una sorpresa que mi mujer me quería dar… así que entré como si todo fuese normal…  En ese momento entro por la cocina y escucho voces en el comedor… eran voces desconocidas y le hablaban a mi mujer como ordenándole que haga algo…

Ante mi sorpresa me oculte detrás del modular para observar que sucedía… Cuando me asomo veo que mi mujer estaba sentada en el sofá y al frente de ella estaban tres negros encapuchados… quien era el más alto, y que parecía tener el mando, le dijo a mi mujer “¡Sacalas y chupalas!”… Ante la negativa de mi mujer, el más chico le dio un bofetazo en la cara y le amenazó con un chuchillo… Al verse obligada, mi mujer desabrochó los pantalones dejando tres pollas totalmente erectas…

No me considero con una polla chica… mide aprox 18 x 6 cm… pero esas tres eran muy grandes… no exagero si digo que la más chica media 25×7 cm… mi mujer las tomó… cuando en ese momento uno de los negros le dice “¡Mamalas puta!” mi mujer se negó pero de nuevo le pegaron en la cara… la situación me empezó a calentar… ver así a mi mujer rodeadas de tres vergotas puso a mía al tope…

Habrán estado así unos 15 minutos… conociendo a mi mujer la situación ya la estaba calentando, porque lo hacía con muchas ganas… cerraba los ojos y disfrutaba… parecía que las iba a gastar… Cuando el más grande de los negros le ordena a mi mujer que se ponga sobre la mesa boca abajo… mi mujer sin dudarlo… cumple y abre las piernas… En ese momento dice algo que todavía lo recuerdo “Estaba necesitando que un hombre me abra completa”… ella siempre me hizo pensar que yo la satisfacía, pero en ese momento me daba cuenta que no era así… que estaba necesitando una verga que la satisfaga…

La cuestión es que el negro empujó contra la vagina de mi mujer y se fue a fondo… no podía creer lo que estaba viendo… un negro de aproximadamente 2 metros con una polla de casi 30 cm arremetiendo contra mi mujer… El negro le decía “Toma puta… toma… ahora va a venir tu marido y lo vas a esperar bien abierta”… Mi mujer decía “No pares… dame duro… me atraviesas”… Mientras tanto los otros negros le acercaron sus pollas para que se las mame… La situación era muy caliente… Ver a mi mujer sobre la mesa del comedor… donde íbamos a cenar festejando nuestro aniversario… siendo sometida por un negro de dos metros y chupándoles las pollas a otros dos negros… era extremadamente excitante para mí…

Yo estaba con la polla que me estallaba… concentrado en la escena… Es así que alguien grita “Miren quien está acá!” En ese momento tomé conciencia que un cuarto negro estaba detrás de mí… Se dan vuelta todos y empezaron a gritar “Así que tu marido es puto”… comienzan a reírse de mi… De repente el negro más grande que estaba sometiendo a mi mujer dijo “Ustedes dos encárguense de él”… mi mujer no se podía dar vuelta, trataba de observarme pero no podía… el negro le decía “Quedate quieta o le damos también a tu marido”… No pareció importarle mucho a ella que pasaba conmigo solo gritaba:

“¡Daaaaaaaaame maaaas duroooo, hasta el fondoooooo!”

Ahí estaba yo… con dos negros con las pollas erectas… no me acuerdo cuan grandes eran… estaba muy sorprendido por como habían cambiado los hechos… No sabía si me iban a matar o amenazar… Cuando uno de los negros me dice “Vas a hacer lo que te ordenamos o no contás la historia”… Yo me quedé quieto… no podía reaccionar… Entonces el otro me dijo “Arrodíllate y mamalas”… yo no entendía lo que pasaba pero un golpe en la cara me hizo reaccionar… “mamalas puto” me dijo uno de los tipos… Yo no podía hacer otra cosa… tomé las dos pollas y las llevé a mi boca… comencé a mamarlas… era un gusto salado… y fuerte… las pollas comenzaron a endurecerse en su totalidad… eran realmente grandes… yo chupaba y chupaba … estaba tan caliente que me empezó a gustar la situación y los tipos lo notaron y le empezaron a decir a mi mujer:

“Al final le tomó el gusto, puta” y el otro le decía “ jajaja En cualquier momento nos pide que le rompamos el culo” …

Luego de pasado un tiempo… el negro más grande le dice a los dos que me estaban sometiendo “pónganlo sobre la mesa y denle lo que necesite”… Entonces en ese momento uno de los negros me toma y me tira sobre la mesa… estaba boca a bajo sobre la mesa… y al lado estaba mi mujer siendo sometida por el negro con los ojos cerrados gritando:

“Dame más… que rico… al fondo”… pero en un momento paró y me mira a los ojos…

No podía creer que me estaban por sodomizar… pero el negro que la estaba sometiendo le preguntó:

“Decime putita… ¿querés que nos vayamos y los dejemos en paz?” y mi mujer dijo “¡Noooo, por favor… no pareeeeeeeen!…”

Entonces los negros empezaron a reírse y dijeron:

“¿Le vamos a romper el orto a tu marido?” y ella respondió “Hagan lo que tengan que hacer pero sigan”…

Yo no podía creer lo que estaba pasando… mi mujer estaba aceptando que violen al marido con tal de seguir… estaba desconocida… En ese momento sentí algo duro que invadía mi recto… el dolor era inmenso… se me caían las lágrimas… me iban abriendo… En ese momento mi mujer empezó a gritar “yo también quiero… rómpeme la cola!” y el negro no dudó… y al rato mi mujer gritó “Aaaaahhhhhh, me rompes todaaaaa”… comenzó a llorar y gritaba “No pares, no pares… de ahora en más, cada vez que vengas me inclinaré para que me cojas por todos mis agujeros”…

A mi ya me empezaba a gustar… no lo podía creer… era el día de mi aniversario y yo y mi esposa estábamos siendo el manjar de cuatro negros que nos estaban partiendo a los dos…

De repente el negro que estaba violando a mi mujer dijo “Me corroooo” y mi mujer le dice “Llename de leche el culo” y el negro gritó… “Ahí te va putaaaaaa”… yo miré a mi mujer… ¡ una cara de satisfacción! … parecía que había perdido la virginidad … Yo estaba con una polla en la boca y la otra en el culo abriéndome… Luego de unos minutos quien estaba partiéndome el culo dijo “¡me corro!” y lo le dije “quiero sentir tu leche en mi culo” y en ese mismo momento el que estaba en mi boca largó toda su leche mi cara” desde ese momento no me acuerdo más…

Al otro día… me levanté del piso… y estaban tres negros durmiendo con mi esposa en nuestra cama… Me pregunté donde estaba el otro… Cuando voy a la cocina a tomar algo el otro estaba desnudo… tomando un vaso de jugo y me dice:

“No te creas que lo de ayer fue todo, mira como estoy”

Miro para abajo y tenía la polla erecta… “Sabes que tenés que hacer” me dijo… pero eso es otra historia…

Espero que les haya gustado.

Envíen sus comentarios en el mismo relato.

Autor: Juanchi

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