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INTERCAMBIOS EN BOGOTA

18 de enero de 2007

Hola, el siguiente relato habla sobre nuestra primera experiencia.

Tras más de 20 años de matrimonio un día pensé que tal vez, por tacharnos de moralistas, habíamos perdido la posibilidad de tener experiencias que hubiesen enriquecido nuestra vida sexual. Hoy, tras conocer el medio y recordando los situaciones que se dieron, estoy seguro que hace ya varios años, por lo menos dos parejas nos hicieron avances con miras a realizar un intercambio.

Bueno, le comenté a mi esposa lo que estaba pensando y ella me dijo que si no creía que esto pudiese cambiar para mal nuestra relación, que hasta entonces había sido excelente. Yo le indiqué que podríamos conocer algo del ambiente swinger, sin necesariamente involucrarnos en actividades. Pero que de todas formas sería interesante saber que pasaba en esos sitios, y más aún hasta donde podíamos llegar sin que en ningún momento ella como yo no sintiésemos forzados a realizar algo con lo cual no estuviésemos mutuamente de acuerdo.

En el fondo a mi me excitaba la idea de ver si a mi esposa siendo seducida por otro, e igualmente saber que sentiría yo al seducir a otra mujer, pues durante nuestro matrimonio nunca habíamos tenido relaciones con otras personas.

El fin los dos estuvimos de acuerdo y decidimos asistir a un bar swinger que quedaba en nuestra ciudad (Bogotá), hacia el centro de la ciudad, a menos de una cuadra de un área verde llamada el Parque Nacional. Hoy, desgraciadamente este lugar ya no existe como bar swinger y fue transformado en un bar gay. Al llegar nos dieron un tour por el local, el cual constaba de un área de bar y pista de baile, con un jacuzzi y un baño turco hacia el fondo, y en el segundo piso un sauna y algunos cuartos reservados que se podían cerrar por dentro, algo estrechos, dotados de una especie de camilla con colchoneta.

Una vez terminamos el tour, nos indicaron que si queríamos continuar con la experiencia desnudaron y colocarnos unas toallas en forma de ruana (poncho o zarape) que apenas nos llegaban a la parte superior de los muslos, y ante cualquier movimiento dejaban al descubierto nuestras partes pudendas. Igualmente nos dieron unas zapatillas plásticas. Estábamos decididos, aunque con mucha inquietud y ambos sentíamos mariposas en el estómago.

Al encontrarnos con nuestros respectivos atuendos puestos entramos al área del bar y no sentamos en una mesa. Pudimos observar unos 3 parejas más, pues siendo día de entre semana (jueves), no era mucha la asistencia. Igualmente ese día permitían entrar varones o mujeres solos, pero en el momento no vimos a nadie en ese plan. Pedimos unos tragos y pusieron música tropical (merengue) la cual le gusta mucho bailar a mi esposa por lo cual salimos a la pista.

En este momento es bueno aclarar que ella es muy bien formada, a pesar de su edad conserva un cuerpo espectacular y su cara es muy bonita, por lo cual no deja de concentrar las miradas de los hombres. Uds. imaginarán que bailando merengue con este atuendo era muy poco lo que quedaba a la imaginación, lo cual no dejó de excitarme. Tras unas cuantas piezas decidimos sentarnos e inmediatamente se nos acercó un señor que había asistido solo y seguramente fue deslumbrado por mi esposa. Yo nunca había pensado en que se diera un acercamiento con una sola persona, y menos varón, pero de todas formas el señor era bastante simpático y conversador por lo cual no lo rechazamos inmediatamente. Volvieron a poner merengue y él me pidió permiso para bailar con mi esposa y yo no puse inconveniente. No noté nada especial durante este baile, pero ocasionalmente el acercó su cuerpo algo más de lo prudente, sin que yo pudiese alarmarme, pero extrañamente me excitó la idea de que esto ocurriese.

Al volver a la mesa el se fue hacia el bar y yo le pregunté a mi esposa como se había sentido. Ella, con una sonrisa pícara me dijo que hacia el final de la primera pieza el se acercó algo y ella pudo notar que él tenía una tremenda erección, él se disculpó diciendo que ella le producía todo eso. Ella le contestó que para ella era agradable, a su edad, despertar ese tipo de reacciones en un hombre. Yo le pregunté como le parecía el se&ntilde

;or, quien era moreno, de aproximadamente unos 35 años y bien parecido.

Ella contestó que le parecía muy bien pero que de ninguna manera se haría nada con él pues nuestro arreglo era que todo lo haríamos en conjunto. De las parejas que habían asistido esa noche ninguna nos parecieron adecuadas, por lo cual decidimos continuar nosotros dos solos. Posteriormente volvió el señor y tras algunos tragos se decidió a proponernos ir los tres a uno de los reservados, lo cual rechazamos al unísono, explicándole nuestras razones y diciéndole que si él tenía una pareja que fuese de nuestro agrado lo podríamos intentar. Él dijo que tenía una pareja, pero que se encontraba en Cali, por lo cual por el momento nada se podía hacer.

Con mi esposa fuimos al baño turco y posteriormente al sauna, dado que en los TV que había en las salas de descanso pasaban películas fuertes, y dado el ambiente que se observaba en el local fuimos haciéndonos caricias cada vez más intensas y a cada momento no encontrábamos más excitados.

En un momento dado, encontrándonos en una sala de descanso, mientras acariciaba a mi esposa no pudimos dar cuenta que el señor se había sentado frente a nosotros y nos observaba, nosotros continuamos acariciándonos por todas partes, mi esposa me practicó en dos ocasiones unas fabulosas mamadas, sin llegar yo a derramarme, yo le introduje los dedos en la vagina y logré por lo menos en dos ocasiones que ella llegase al orgasmo. El hecho de estar siendo observados nos excitaba y el señor en dos ocasiones más nos volvió a proponer el trío, siendo nuevamente rechazado, pero noté que mi esposa cada vez era menos enfática en el rechazo.

En un momento dado, cuando ella se acercaba al tercer orgasmo él volvió a proponernos que nos encerráramos en un reservado y ella se decidió diciendo "¡Bueno, vamos!". Yo no lo podía creer, ni me imaginaba hasta donde llegaríamos, pero la situación me pareció en extremo excitante y nos paramos e introdujimos a uno de los reservados. Mi mujer estaba enrojecida de la excitación y tan pronto cerramos la puerta se sentó en la camilla. Nosotros nos despojamos de las toallas y ella, por ser algo corta de vista, resolvió tomar en sus manos nuestras vergas al tiempo, cada una con una mano y calibrarlas inicialmente, luego comenzó a mover sus manos hasta tenernos al rojo vivo. En ese momento decidí que lo que había de suceder, que sucediera.

Le pasé un condón a mi esposa pero ella por la mezcla de excitación y nerviosismo no pudo ponérselo y el tuvo que colocárselo. Ella se recostó en la camilla y abrió las piernas ofreciéndonos su cuerpo, yo me coloqué a su lado y le murmuré al oído que como se sentía, ella me dijo que bien.

En ese momento él la acometió con una profunda estocada, penetrándola hasta el fondo (pues, como había dicho antes estaba muy bien dotado). Para lograr una penetración más profunda se colocó las rodillas de mi mujer sobre los hombros y comenzó una serie de acometidas que arrancaban gemidos de placer a mi mujer, que con sus manos empujaba las nalgas y las cadera de su amante para sentirlo más adentro, mientras el le murmuraba al oído que nunca había sentido una mujer tan "apretadita". Tras algunos minutos pude apreciar que ambos se derramaban en medio de intensos quejidos. Por lo visto, y como ella me lo confirmó al día siguiente, fue uno de sus polvos más espectaculares. Al levantarse al y extraer su verga me miró preocupado y me dijo "el condón se rompió, no aguantó tanta arrechera", yo le pregunté si había tenido alguna vez una enfermedad venérea y me informó que nunca, y por su manera de decirlo intuí que era cierto. Con una de las toallas le limpié el poco semen que había quedado en la vulva de mi esposa y ahora yo la acometí, llegando rápidamente a uno de los orgasmos más intensos que he tenido, tal era mi estado de excitación.

Ella también quedo exhausta y pasamos a la sala de descanso. Allí le pregunté a mi esposa como le había parecido la verga del señor y me dijo que tal vez era más larga que la mía, pero algo menos gruesa (yo tampoco estoy nada mal al respecto), y que había disfrutado del episodio, a pesar de los nervios. El señor se volvió a reunir con nosotros, insinuando

repetir la experiencia, pero ya se hacía tarde y queríamos hablar sobre lo sucedido mas en la intimidad por lo cual nos vestimos y nos despedimos. Al salir, el señor se me acercó y me dio una tarjeta de presentación personal, con sus datos. Yo le dije que no era necesario y se la devolví. Hoy me arrepiento pues él fue el primer y mejor amante que mi esposa ha tenido desde que frecuentamos el ambiente swinger.

Hasta el momento solo lo hemos vuelto a hacer con una pareja que conocimos por medio de una revista, pero en estas situaciones lo que se busca es alguien que sea igual o mejor que lo que nosotros mismo podemos ofrecernos y este no ha sido el caso, por lo cual, si el señor que conocimos nuestra primera vez llegase a leer este relato, puede contactarse con nosotros al e-mail, o ojalá su pareja haya vuelto de Cali.

Autor: Alejandro y Adriana alejandroyadriana53 (arroba) hotmail.com

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