Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Inyectando en la colita

18 de abril de 2009

La excitación vence a la inexperiencia, se sacude como una hoja en la tormenta, aúlla con desenfreno, una sensación nueva la invade no sabe qué y cómo actuar, la novedad se impone al cuerpo afiebrado y tenso. Por primera vez en su vida ha llegado a tocar el cielo con las manos, sostengo el húmedo beso, la deliciosa explosión llenó de nuevos jugos la cavidad virginal.

Cuando era estudiante siempre andaba falto de dinero, mi tío, dueño de una farmacia, sabiendo que la magra mensualidad que me daban en casa no alcanza demasiado para los gastos, me propuso realizar guardias nocturnas en su farmacia y además aplicar inyecciones. Cabe mencionar que había hecho un curso el verano anterior de ayudante de enfermería, sin falsa modestia tenía habilidad y “buena mano” para aplicación de inyecciones.

Como sobrino del dueño, tenía algunos beneficios sobre los otros empleados, además, ingreso extra proveniente de la aplicación de inyectables, si a todo le sumamos alguna “propina”, como gajes del oficio. Pero el motivo de este testimonio es referente a alguna de esas “propinas”. Para la aplicación de inyecciones se utilizaba una dependencia anexa, independiente del local, para ingreso y egreso. Esta dependencia había sido consultorio médico, aún conservaba el mobiliario, camilla, incluida.

Era sábado, de tarde, el dependiente avisa que un cliente necesita una aplicación. Abro la puerta y pasa, una jovencita de… más o menos mi edad, del barrio, nos conocíamos de mirarnos nada más. Franqueo el acceso, camina por el pasillo, delante de mí, qué cuerpo tiene esta pendeja, pensé en un rapto de lujuria que ese cuerpo estaba para cosas mayores, con qué ganas me la cogería.

Le indico que ingrese al consultorio y que tome asiento mientras voy en busca del material descartable, al regreso la encuentro sentadita, no atemorizada pero sí con cierta inquietud. Pregunto si está incómoda o algo le molesta, niega con la cabeza y asegura que no, que es olor propio de la farmacia, lo que la inquieta, pero que me quede tranquilo es solo eso.

Me alcanza la ampolla, me mira, otra vez esa sensación de aprensión, pensé que sería por estar a solas conmigo. La tranquilizo hablando de cualquier cosa, siempre es más fácil la aplicación cuando el paciente está relajado, ella aún conserva el aspecto de tensión, acondiciono los elementos descartables, y le indico que se recueste, de bruces sobre la camilla, dejando las nalguitas libres para la aplicación. La joven se suelta el pantalón vaquero, lo deja caer alrededor de los tobillos, con la mano levanta un poco la camisa, sostenida a la altura de la cintura.

La visión de ese trasero era para excitar a un muerto, piel muy blanca y tersa, libre de manchas o granitos, impoluta y deseable como hacía mucho no tenía oportunidad de contemplar. La vista de tamaña cola, me conmueve de pies a cabeza, hago cualquier cosa por demorar el momento, quiero seguir admirando esa perfección de mujer. El efecto no se hizo esperar, debí acomodarme el guardapolvo de modo que la evidencia pasara un tanto desapercibida. Me aproximo a ella, jeringa en una mano, algodón y alcohol en la otra, voltea la cabeza estudia mi reacción y dice:

- ¿Duele? – Muy poquito, tengo buena mano para colocarla.

Froto el desinfectante en la zona a inyectar, se queja por el frío contacto, río por la reacción refleja que agita su nalguita derecha. Aún se estaba quejosa y concentrada en el frío, cuando, ya había finalizado la aplicación.

- Cómo, ¿ya terminaste?, ni me di cuenta. – ¿Notaste que bueno soy? – ¡Sí!, claro, tenés… buena mano –sonríe con ironía y gracia natural.

Ahora tenemos que masajear un poco la zona para difundir el líquido, ponía el gesto adusto para jugar un poco a lo serio, para que no te vaya a quedar un hematoma. Procedo a friccionar con la mano, movimiento circular sobre la nalga en cuestión. Se queda, mansita para la friega. Esta, se va transformando en casi una caricia, se muestra visiblemente complacida, vuelve a mirarme un par de veces, suspira de manera más que sugestiva.

Con el pantalón a los pies, solo la tanga, cola less, de color blanco. Los glúteos paraditos duritos, en óptima forma para una pletórica mujer de no más de diecinueve briosos años. Estaba abocado con todo a la tarea, diría que posesionado en realizarlo con toda lentitud, tratando de gozar el tratamiento, jugando a despertar su libido, pero la tentación llegó a niveles incontrolables, vencido por la tentación de la tersura y calidez de la carne, las besé, una y después la otra.Estaba por disculparme, preparado para una cachetada, pero qué importaba, por haberlas besado era un costo mínimo. Cuál no sería mi sorpresa, que se vuelve sin hacer aspavientos, con toda serenidad, me mira y dice:

- ¿Qué te pasa, tanto te gustan? – vuelve a sonreír, ni sombra de estar enfadada. – Y… sí, me perdí, disculpame. –simulaba estar apenado – Por qué, ¿por decir la verdad? ¿No sabés pedir permiso? – ¡Permiso!…, ahora di dos besos a cada una.

Rió limpiamente por la ocurrencia. Ahora acariciaba con las dos manos, de forma descarada la cola de la muchachita. El masaje surtía efecto en ella, sus mejillas se enrojecen, suspira y gime levemente. La actitud pasiva y permisiva de la chica me da vía libre, lanzado, voy abajo con la mano, palma arriba, frotando por encima del pequeño trozo de tela que cubre su intimidad, enseguida lo mismo pero haciéndola a un lado, entro en contacto con el sedoso vello.

Espero que procese la caricia, la excitación va ganando el terreno que la vergüenza le cede, un dedo se me pierde dentro de la conchita, tan mojadita. El ambiente se llena de su aroma, el espacio con suspiros y gemidos cada vez más frecuentes. Se estremece, empuja su trasero hacia mí, hasta sentir como la verga, encerrada se hace notar entre sus nalgas, adquiere más y más rigidez, al contacto con sus duritas carnes.

Por un momento pensé que todo había terminado, cesó la audacia, parecía arrepentirse de la acción espontánea, lo importante en estos casos es que el cazador lleve siempre la iniciativa, la sorpresa es la mejor arma, apurarla, atropellar no dejar que arme la defensa. Antes que reaccione y decida, doblé la apuesta: bajé el pantalón y el slip, todo en un solo y rápido movimiento, ahora el miembro libre apunta directo al objetivo, sola se le anima a entrar entre los cachetes, siento el contacto con esa cola fabulosa.

El calor producido por la verga enhiesta, sigue su derrotero erótico, separo los cachetes con una mano, avanzo rozando las cachas, se excita y asusta por igual: desea y teme. Lleva una mano atrás, al tanteo la encuentra, agarra, aprieta, percibe tamaño, textura, la siente latir en su mano. Se voltea para mirarla.

- ¡Qué gorda!… dura y calentita…

Esta indecisa, me aprovecho de la actitud dubitativa, antes que gire la cabeza pongo mis labios sobre los de ella, mi lengua dentro de su boca. No sabe qué hacer con la suya, la mía le enseña. Aprende enseguida. Nos besamos con todo el alma.

Tracciono hacia mí sus caderas, la pija se incrusta en su rajita, el cordón de la tanga está fuera de lugar, no incomoda demasiado, acomodo la cabeza entre sus labios que rezuman la humedad que he sabido conseguirle. Los gemidos ahora son jadeos, cada vez más fuertes y vehementes, beso su cuello, recorro su espalda con mi lengua, en cada contacto se estremece, y jadea, me aprieto contra ella. Estoy en las postrimerías de la penetración arrolladora, se vuelve, nos miramos profundo como tratando de adivinar cuál será el próximo movimiento de piezas en el ajedrez del sexo.
Nos miramos, mezcla de temor y deseo dice como disculpándose de ser novata en cuestiones sexuales.

- Soy virgen, nunca lo hice… – Estás excitada ¿no? – ¡Sí! mucho, mucho, mucho. –lo repite varias veces para poner énfasis en el deseo.

Ahora me siento como su rey, le hablo suave, calmo, aquieto el ánimo, calmo la ansiedad, dirijo los movimientos previos. Accede, se deja hacer, subordina sus ganas a la experiencia del macho que la va a poseer. La libero del pantalón, tanga y de la blusa, del corpiño se ocupó ella. La siento en el borde de la camilla, elevo sus piernas hasta dejarlas apoyadas en mis hombros, beso los pechos jóvenes y tan duros, lamo y muerdo suavemente los pezones, reacciona estrujando mi cara contra las dureza palpitante de sus senos. Bajo con la boca dejando una estela de saliva camino al pubis angelical, me acomodo entre los muslos, aprovecho para darle las mejores caricias, de arriba abajo, varias veces, teniendo especial cuidado de no tocar el sexo…

Se crispa de ansiedad, retuerce para que vaya hacia ellos, retaceo las caricias como forma de llevarla exacerbar la pasión y crear la ansiedad por hacerse mujer.

El juego lingual se traslada en contacto boca a boca, lamo suave y lentamente los labios mayores, luego de abajo arriba lamiendo y abriendo el camino a los internos, gime y arquea la espalda casi a punto de vencer la tensión de las articulaciones, me engolosino con el dulce que emana de la conchita intacta, la nariz se embriaga con los aromas de la hembra en celo.

Jugosa como fruta madura, ¡para comerte mejor!, la dejo retorcerse de gozo. Vuelvo a sumergirme en ella, enloquecerla aprisionando la perla cultivada para el placer, retenerlo en mi boca, apretarlo entre la lengua y el labio superior, para proceder a chupar con entusiasmo. La excitación vence a la inexperiencia, se sacude como una hoja en la tormenta, eleva la pelvis, quiebra la cintura, tensa músculos y tendones, aúlla con desenfreno, una sensación nueva la invade no sabe qué y cómo actuar, la novedad se impone al cuerpo afiebrado y tenso. Por primera vez en su vida ha llegado a tocar el cielo con las manos, sostengo el húmedo beso, la deliciosa explosión llenó de nuevos jugos la cavidad virginal.

Mantengo la guardia de su intima abertura, cerrada por mis labios, nos volvemos a besar de lengua, sigo haciendo las delicias en el deseo, estragos en la resistencia, apuro la acción nuevamente, el asedio con más continuidad, “paleteo” nuevamente el clítoris, ahora dos dedos dentro del vestíbulo ayudan, acrecienta el nivel de calentura. La mandíbula está al límite del calambre, chupo más lento, la espero, el ciclo de calentura vuelve nuevamente a disparar los fuegos de artificios, cierra los ojos, se muerde los labios, un gemido salido de lo profundo da la buena nueva: un señor orgasmo la invadió. La dejé de cama, como muerta, muy quietecita, la felicidad tenía el sello de una sonrisa plena.

Se recupera rápido, me mira, besa lindo, húmedo, aprendió pronto, espera el curso de los acontecimientos, el segundo paso está por ser ejecutado.

Ahora es su turno, de dar placer a su hombre, la tomé de la cintura, bajé de la camilla y me apoyo contra ella La hice colocar en cuclillas, presurosa no esperó indicación, me todo de la verga, aprisionada en sus manos, comprueba la dureza y aprecia las venas cargadas de sangre ansiosa por hace una mujer de ella. Tan duro está que hasta siento dolor, le hago saber que lo mueva para calmar la molestia que produce la erección sin acción.

- ¿Yo qué debo hacer con él?

Le bajo la cabeza hasta dar con él en su boquita, indico que lo bese con los labios y con la lengüita. Con los dedos abro los labios para que pueda entrar más y mejor en la boca de Claudia, acomodo sus mejillas para introducirlo sin molestias. Muevo la pelvis, tomada por la cabeza ayudando al movimiento de vaivén de la pija dentro de la boca, es lo más parecido a un coito, la estoy cogiendo por la boca. Alumna aplicada, aprende rápido, esta chupando con total seguridad, lo que le falta de experiencia lo suple con la dedicación y esmero en hacer un trabajo eficiente y sensual.

Se avecina el momento, aviso que estoy por eyacular, no hace nada, no sabe o no quiere, salirse, entiendo que accede a que lo haga dentro. Apuro el vaivén, me aprieto cuanto puedo contra ella, descargo una larga serie de chorros de semen calentito dentro de la cavidad bucal. Una arcada, un asquito, y se lo traga, a pedido.

Se nota que me está tragando, levanta la vista y me mira, dice todo con esa mirada de chiquilla traviesa, el brillo de sus ojos dicen que está dejando de ser chiquilla y que no es una travesura. Tan intensa acabada, que me dejó temblando las piernas. Somos jóvenes, nos recuperamos tan rápido, como si nada. Me recuerda que es virgen y tiene un poquito de miedo, dice si no podemos hacer otra cosa para que me quede tranquilo. Repite que tiene ganas, pero teme a lo que pueda pasarle.

Estamos en el punto sin retorno, confiesa con un dejo de vergüencita, que el único contacto sexual fue con un primo hace como tres años, por la colita, ahora… no sé, la tenés muy grande y gordota, la del primo era más fina y no tan larga, tengo miedito. Juega a la nenita asustada, pero se le nota que lo está en verdad: si lo dejamos para otro día ¿y lo hacemos por la colita?

Dijo la palabra mágica, colita, “se me encendió la lamparita” (léase, paró la pija). Ahí no más la di vuelta, de bruces sobre la camilla, ella misma separa las nalgas, mientras busco el salvador pote de vaselina que facilitará la penetración de su culito con mi caliente vara de carne. Bien lubricado por fuera y por dentro, con su propio flujo y la vaselina, un poco en el glande ayudará.El dedo se desliza con facilidad dentro de ella, está todo a punto, busqué el “hoyo marrón” con el glande, apoyando firme y continuado. Entra, despacio pero sin pausa, la presión vence la resistencia del anillo exterior del esfínter, ahora traspone el segundo anillo, a mitad de camino la espero, beso la espalda, acaricio el clítoris. El tacto la excita y distrae, es momento de entrarle de un solo tirón.

Me muevo, sacándola y poniéndola hasta que los testículos hacen tope, descanso dentro apoyado contra sus nalgas, placer y gozo en el “reposo del guerrero” ganador en la batalla vencedor de la carne.

Como decía el poeta catalán “se hace camino al andar”, se siente algo más suave deslizarse por el tobogán de su recto, si bien sigue casi tan estrecho como al inicio se hace más fácil entrar y salir del conducto. Arremeto con decisión y calentura, el típico movimiento de vaivén, los quejidos se van espaciando, menguan la intensidad, en esta etapa de la cogida ya son gemidos, la tolerancia se está convirtiendo en placer.

Por la forma de moverme ella debió intuir que está cercana la culminación del acto. Le indiqué que con una mano se tocara el clítoris, frotando con la misma intensidad que recibía la penetración. Se decide a colaborar en pro de su propio goce, sacude sus caderas con movimientos de acercamiento.
Vaya si apura las acciones, que la colaboración coordinada, empujando ambos a un mismo tiempo dio sus frutos, la calentura me consume de tal modo que no hay forma de prolongar el inigualable placer de culearla, llega el momento del desenlace en ciernes, aviso que se prepare, se aprieta más y más contra mí pelvis, estoy a punto de irme dentro del culito que estoy rompiendo como a ninguna otra mujer.

- ¡Vení, Vení, rompelo de una buena vez!

Con el angustioso pedido de ella, grito y acabo. Juntos. Un torrente de semen se va dentro del recto, le termino de largar todo. Quedamos un rato, enganchados por la carne. Se la saco con cuidado para no lastimar más ese precioso culo, que acabo de hacer mío. La ayudo, higienizando la concha y lugares aledaños, con una toalla húmeda. Nos recomponemos y besamos, con pasión y mucho de incipiente ternura.

Quedamos en vernos al día siguiente. Nos vemos y un par de días después, al abrigo de una cómoda habitación de hotel me dio su virginidad, nos amamos, fuimos novios un par de meses, luego tomamos caminos diferentes pero este hecho siempre tendrá un lugar preferencial entre los recuerdos más preciados. Cuando se tienen buenas colas a mano, se puede “pinchar” de lo lindo.

A las lectoras que se sientan representadas o identificadas, me gustaría conocer su opinión y comentarios, las espero en mi dirección de correo.

Autor: Luganes

luganes83@yahoo.com.ar

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Inyectando en la colita, 10.0 out of 10 based on 2 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados