Joven Macho me Volvió Su Puta

Historia Real Acontecida en un Hotel de Bogotá, Colombia

Me encanta que me llenen el culo de leche. Pero hay que tener muchas precauciones por cuestiones de salud. Por eso siempre conozco bien a quien le doy mi culo. Conocí en una página a un chico muy delgado, pero de aspecto rudo y masculino que me gustó. Hablamos como un año por email y teléfono, hasta el punto que se puede decir que éramos muy buenos amigos. Hasta que un día, como es obvio, él me dijo que quería culiarme, al fin y al cabo ya nos conocíamos muy bien.

Acepté, y fuimos a un bar aquí en Bogotá. Mi sorpresa fue mayúscula cuando se acercó, me besó la oreja y luego introdujo su lengua en ella. Era larguísima. Me hizo ver el cielo con su lengua en todos los rincones de mi oreja. Terminamos las cervezas y me dijo que fuéramos a un hotel. Estábamos calientisimos. El trayecto al hotel era corto, pero se me hizo largo de la excitación que tenía.Una vez en el cuarto, nos denudamos con rapidez y quedé aterrado al ver su verga, es la más grande que he visto, y eso que soy un poco puta, medía al menos unos 25 centímetros y era muy gruesa. Me sorprendió. Me dio miedo que me doliera tener semejante monstruo en mis entrañas. Él lo notó, al parecer tenía mucha experiencia a pesar de tener solo 19 años, y me tranquilizó. Fue muy cariñoso y tierno.

Una vez acostados. bajo hasta la raja de mi culo y me llevó al paraíso con su fantástica lengua, sentía como si esa lengua mágica me estuviera penetrando, la sentía muy adentro, fuerte, dura, como una buena verga. Completamente poseído por el placer, me tomó y me hizo poner en cuatro, yo estaba tan excitado que ya no pensaba en lo grande de la verga. Solo quería que me la metieran con todos y huevos (enormes y pesados, por cierto).

Entró y sentí que me partían en dos. comencé a sudar mucho, podía sentir mi cara ardiendo, imaginó que la tendría roja. Intenté apartarme, pero mi macho no me dejó. Quería decir algo, pero no podía, sentía una mezcla de sensaciones, por un lado, sentía que me partían en dos, como si la verga fuera un cuchillo caliente, y de otro lado sentía un placer que me dominaba y hasta me impedía pensar o hablar. Se me llenaron los ojos de lágrimas. Poco a poco mi macho empezó a moverse y con cada embestida sentía que me moría. Creí que me iba a desmayar. Pero entonces, comencé a gozar mucho. Él empujaba con fuerza y yo la aceptaba con placer, sentía sus huevos golpeándome la raja y sentía que el culo se me abría pidiendo más.

Él se dió cuenta de cuanto gozaba y me la sacó, se acostó boca arriba y me ordenó sentarme en su verga. Para mi sorpresa, entró toda sin problema. Me movia como la más experta puta, a él le brillaban los ojos de placer, supongo que yo me vería como un enloquecido gozando. De repente preguntó: “Cómo te sientes?”. Yo respondí, con esfuerzo: “bien”. Preguntó de nuevo: “Cómo te sientes?”, nuevamente le dije, “bien”. Y entonces preguntó una tercera vez: “Cómo te sientes?”. Lo miré atónito y entonces me dijo: “te sientes hombre?” . Ahí comprendí todo. Le dije: “No”, con una sonrisa gigante. Me preguntó: “te sientes mujer?” entonces con complicidad le dije: “Claro!! No ves que estoy clavada??” Reímos. Con este diálogo todo cambió.

Me culió sin compasión. Teníamos el cuarto por dos horas y en esas dos horas no me la sacó. Se vino varias veces hasta que nos vinieron a sacar del cuarto.

Yo creo que todos en el hotel se dieron cuenta de lo que pasaba en el cuarto porque él me cogió durísimo y jalandome del pelo (en la pose del perrito) me obligó a gritar: “soy tu puta!”, y me preguntaba,, igualmente duro: “eres mi puta?” y si decía “sí”, me ordenaba: “dilo completo, dí: soy tu puta!”, y no tenía más opción que obedecer ensartado como estaba por este joven macho. La cuestión es que la situación me excitó mucho, sentirme puta y gritarlo era entregarme por completo, además no podía negarlo, tenía una enorme verga en el culo y me escurría mucha leche del culo.

Disfruté gritando que era una puta (para hacerme sentir más dominado, me había obligado a bajarme de la cama y ponerme en cuatro en el frío y duro piso, diciendo que una puta como yo no necesitaba de cama). Me culió por todo el piso, incluso hasta e el piso del baño, diciéndome que a una puta como yo se la culiaban en cualquier parte, en la cama, en el piso, en el baño, donde fuera, y cada vez me obligaba a gritar más fuerte: “Yo soy tu puta”.

Con mucha delicadeza, tocaron en la puerta y nos dijeron que el tiempo se había acabado.

Duré con el culo adolorido como dos días, pero me masturbé mucho en esos dos días, el dolor me hacia acordar de todo lo que habíamos hecho y me excitaba tremendamente. De ahí en adelante, él me trataba como a su puta y con eso me calentaba mucho, cuando hablaba con él, el culo empezaba a latirme, como pidiendo esa enorme verga. Lástimosamente él se fue de la ciudad y perdimos el contacto dos años después de esta experiencia.

Si quieres hacerme tu puta o que te cuente de mis experiencias como puta, escribeme.

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