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Jugando con el consolador

26 de septiembre de 2006

Autosatisfacción, fantasías eróticas, gay. En la búsqueda del placer experimentado por una mujer, un joven juega a introducirse un consolador en el ano, adquiriendo unas sensaciones novedosas que le fascinan y le hacen interrogarse por sus inclinaciones homosexuales.

Espero que publiques esto en tu sección de novedades, es algo que me tiene muy intrigado últimamente y, la verdad, es que no tengo las agallas de compartirlo con nadie cara a cara. De todos modos, presumo que la información que aquí descubra podrá darme una idea de lo que quiero saber.

Empezaré por comentarles que soy sudamericano y que vivo en los Estados Unidos; no me considero un hombre guapo, pero soy del tipo de hombre que, por su porte, voz y trato general, consigue a las mujeres que se propone. Nunca he tenido problemas de rechazo porque mi trato es muy cordial, soy lo que las mujeres prefieren llamar tierno, pese a esto no dejo de ser muy varonil.

Por naturaleza soy una persona muy considerada, me interesa mucho que las personas que me rodean sean felices o por lo menos estén contentas, es por ésta razón que mi desenvoltura en la cama es, por lo general, considerado muy especial y las damas que compartieron mi lecho siempre han regresado con muchas expectativas y confianzas en recibir un trato muy especial. No estoy dotado privilegiadamente o fuera de lo normal, mido 1.87 metros y todo mi cuerpo está distribuido de manera proporcional. Con esto en mente, quiero pasar a compartir algo que en los últimos dos años ha venido cruzando por mi mente con regular frecuencia. Antes de entrar en detalles, debo confesar que siempre he sido de mente abierta y eso me ha permitido lograr y hacer casi todo lo que las parejas heterosexuales hacen, todo con gusto y dentro del acuerdo mutuo. Les comento eso porque al final ustedes decidirán si ésta particular situación es el resultado de mi curiosidad o es algo más.

Como les decía, esto me viene cruzando por la mente desde los dos últimos años, he leído mucho las cartas escritas en la sección de novedades y entre las que más me intrigan son las relaciones gay. No es que las otras no me intriguen, pero éstas no las he explorado y me tienen muy intrigado. Jamás he sentido atracción por hombre alguno, es más, yo viajo mucho por motivos de trabajo y, a veces, en los aeropuertos, aviones u hoteles, suelo quedarme contemplando a los diferentes especímenes de hombres pensando si alguno me causaría el deseo natural que las mujeres me causan. Sin embargo, el otro día decidí tratar algo que me pudiese dar un punto de partida. Con tal bello motivo, me compré un consolador para damas y, en la privacidad de mi habitación, procedí a prepararme mentalmente, como si por una de esas cosas de la vida hubiera terminado una velada acompañado de un hombre.

Aquí es donde surgen aún más preguntas, este hombre que me imaginé era gay. Al mismo tiempo invadía mi mente la idea de compartir con uno de los llamados shemale, ya saben, en algunos lugares los llaman travestis, pero me refiero a mujeres con penes o a hombres con pechos, la verdad es que no sé lo que son y dudo que ellos lo sepan tampoco. La idea de mi fantasía era que, después de haber logrado llegar a mi habitación con esta persona, él estuviera al tanto de mi dilema, que yo actuaría con mucha reserva por ser ésta la primera vez que me encontraba en esta situación. Él aceptó las condiciones y cuando nos encontrábamos en la habitación procedió a desvestirse lentamente mientras yo observaba, sentado en un sofá, su piel muy tersa y suave, con pechos y facciones femeninas. Logrando sobrepasar la primera barrera, noté que me ponía muy excitado y recorría mis manos por su cuerpo con mucha suavidad, sintiendo sus curvas y acariciando sus pechos, mientras, cerrando los ojos, procedí a besarle, muy tímidamente en un comienzo. Pero, a medida que sentía su respuesta y sus caricias, el deseo se transformó en una demostración de la pasión que habían arrancado sólo las mujeres en mí. Poco a poco, y con las luces muy bajas, procedí a acariciar su pene de la misma manera que él acariciaba el mío. Sentí cómo sus dedos cubrían todo el largo de mi miembro y lo apretaban expertamente, causándome sensaciones muy originales. Yo, por mi parte y muy tímidamente, trataba de igualar sus caricias y creo que lo hacía muy b

ien por los gemidos y contracciones de sus caderas. Poco a poco él bajó a prestar una atención más personal a mi miembro y tuve que controlarme para no terminar en su boca, me preguntó si yo quería hacer lo propio y me tomó bastante tiempo, pero al fin me encontré con un miembro mucho más pequeño que el mío, muy bien formado y firme. Después de explorarlo exteriormente decidí cerrar mis ojos y lo introduje lentamente en mi boca, pude chupar el largo de ese miembro y mientras él me sostenía la cabeza con las manos, oía sus gemidos y sentía cómo empezaba a ponerse tan caliente que empezó a bombear en mi cara. La verdad es que yo no tenía la más mínima intención de recibir semen en la boca, así que me aparté casi a tiempo, él no se sorprendió de esto, e imagino que tampoco quería abusar de su suerte en esta ocasión; muy despacio se dio la vuelta y, con su saliva, se lubricó la entrada de su ano. Reconozco que desde esa posición no podía diferenciar ese hermoso trasero de algunos que vi en las mujeres con las que compartí esa posición. Lentamente y con movimientos muy excitantes mi verga empezó a perderse dentro de aquel orificio, que estaba apretado y delicioso. No pude controlarme mucho y, mientras miraba nuestra imagen en el espejo, me olvidé de que no trataba con una mujer, en el estricto sentido de la palabra, y exploté como lo había hecho muy pocas veces, él me pidió que la sacara despacio porque quería exprimirla al máximo. Luego de retirarla de su ano, nos besamos un buen rato y él empezó a lubricarme con una vaselina que encontramos en la habitación (Por ahora yo ya tenía el consolador en la mano y empecé a frotarlo contra la abertura de mi ano, tratando de empujarlo poco a poco). La sensación de sentir esa verga en la entrada de mi culo hizo que mis rodillas temblaran; poco a poco, y no sin dolor, la verga fue entrando y mi mente me decía que la sensación sería muy diferente a la que realmente estaba sintiendo, porque en la realidad la sensación venía del consolador que yo me inserté. Mientras esa verga entraba y salía, yo jugaba con mi verga logrando explotar nuevamente. Las sensaciones logradas en esta ocasión, y en otras que siguieron a ésta, me han dejado con la incógnita de querer saber si una relación de este tipo me dejaría tan satisfecho o mejor de lo que me dejan las sesiones privadas. En ellas imagino entregarme completamente y "saborear" una verga dentro de mi culo, quiero sentirme completamente controlado y estar dispuesto ha hacerlo prolongadamente, sintiendo lo que las mujeres sienten cuando yo las penetro y les doy placer. Espero comentarios e intercambio de información, yo viajo mucho por latino-américa, haciendo de México y Chile una de mis paradas más frecuentes. Me gustaría comunicarme con gente sana dispuesta a explorar nuevas sensaciones. Mi dirección es intrigadosx (arroba) yahoo.com y espero que esto funcione.

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