KARINA, JULIO, MI MARIDO Y YO

Como sabéis por mi anterior relato, aquel chico, Julio, con el que hice trío junto a mi marido, se convirtió en mi amante y mejor amigo. El fin de semana siguiente, nos instalamos los tres en una lujosa suite de hotel y pasamos tres días de fábula. La potencia y juventud de Julio, junto a mi nuevo despertar sexual y el morbo que todo esto producía en mi marido, hicieron que viviésemos una sexualidad fuera de lo común.

Fueron tres días a tope de sensualidad y sexualidad. A mi marido lo ponía muy cachondo cuando yo le chupaba su polla y Julio acercaba también su boca y me ayudaba a chupársela. Cuando yo la tenía dentro de mi boca, Julio le pasaba su lengua por los huevos hasta el agujerito del ano o, al revés, Julio se metía toda la polla de mi marido en su boca y la masajeaba con su lengua, mientras yo le chupaba los huevos y le pasaba las yemas de mis dedos a mi marido por el ojete de su culo.

Esto le producía tanto morbo a mi marido que tardaba poco en ponérsele durísima y más de una vez no pudo aguantar y nos regó a los dos con su leche, por boca y cara. Durante los tres días que pasamos los tres juntos en aquella suite, aparte de las salidas a las comidas, tomar unas copas en alguna terraza, ir a bailar, etc., a veces mi marido se ausentaba por unas horas y nos dejaba a Julio y a mi solos para que, sin su presencia, pudiéramos Julio y yo ser más espontáneos en nuestros juegos amorosos.

En aquellos tres días Julio y yo llegamos a intimar mucho, a entendernos casi con la mirada, a desearnos con todos los poros de nuestra piel…en fin, fue el afianzamiento de una gran amistad y un entendimiento casi perfecto en lo sexual. Ese hombre alto, un poco más que mi marido, de cuerpo atlético y fibroso, con unos atributos sexuales dignos de envidia y sabiéndolos usar con maestría, elegante, con un carisma y saber estar muy por encima de lo normal, ese hombre me impresionó desde el primer momento que lo vi y, afortunadamente, hoy día es mi mejor amigo, es “mi amante” como me gusta llamarlo.

Ahora bien, mi marido es un hombre excepcional para mí, no lo cambiaría por ningún otro hombre, ni siquiera por Julio, que tanto me gusta y tantos placeres me proporciona. Amo a mi marido con locura y él me ama, sin egoísmos, con ternura y comprensión, con lealtad. Y ahora que nos va tan bien en el sexo, estamos aún más unidos y nos sentimos íntimamente más felices y confidentes.

Había transcurrido poco más de un mes desde nuestro primer encuentro y cada semana nos juntábamos los tres en algún hotel, fuera de mi ciudad y lo pasábamos a tope de sexo. Para mí era alucinante tener a esos dos machos potentes para mí sola, esos dos machos que tanto me quieren y que tanto sexo y cariño me prodigan. Un jueves pasé toda la noche con mi amante a solas, con el permiso de mi marido y fue una fabulosa velada, apenas dormimos algunos ratitos entre follada y follada.

Una noche nos llamó por teléfono para invitarnos a pasar el siguiente fin de semana en su casa, quería darnos una sorpresa. Por supuesto aceptamos y el viernes a las cinco de la tarde estábamos ya en la población donde él vive, a unos 40 kilómetros de nuestra casa. Paramos en una cafetería y lo llamé por teléfono para indicarle dónde estábamos. A los 15 minutos apareció él y nos dijo que lo siguiéramos con nuestro auto. En las afueras, en una urbanización de chalets junto a la playa entró a su garaje y nos indicó que entrásemos también nuestro auto. Nos bajamos, nos besamos y nos guió hacia la entrada principal de su casa.

Había que subir unas escaleras de 5 peldaños y allí arriba apareció una rubia preciosa, muy sonriente. Le calculé unos 30 años, unos centímetros más baja que yo y más delgada, aunque de pecho abundante y caderas bien marcadas. Iba descalza, con unos diminutos jeans desgastados y en la parte de arriba solo llevaba el sujetador del bikini. Cu

ando nos vio se vino hacia mí y me plantó un beso en la boca al tiempo que decía hola Carmen. A continuación se fue hacia mi marido e hizo lo mismo, le dio un beso directamente en la boca y le dijo hola Manuel. Julio, solo dijo, como suponéis, ella es Karina, mi esposa y para ella es como si os conociera de siempre porque le he hablado mucho de vosotros. De ella partió la idea de invitaros a venir aquí, os quería conocer en persona.

A continuación ella me pasó su brazo por mi cintura y tiró de mi hacia dentro de la casa. Cruzamos un amplio salon y salimos a una gran terraza cubierta, con vistas al mar. El mobiliario de la terraza era de bambú, tanto la mesa (con cubierta de grueso cristal), como los amplios sillones de alto respaldo y apoya brazos, con cojines. También había un columpio de dos plazas, muy bien acolchado y a él me encaminó y se sentó a mi lado, sin soltar el brazo que rodeaba mi cintura. Yo llevaba puesto un pantalón fresco gris, de talle bajo y una camisa blanca anudada por delante. Movía suavemente la palma de su mano directamente por mi piel y ella estaba muy pegada a mi.

La verdad es que no me molestaba en lo más mínimo, me gustaba, me hacía tomar confianza con ella rápidamente. Julio preguntó a cada uno lo que quería tomar y pronto lo trajo. Karina, además de muy guapa, es muy simpática y de buen humor. Nos contó que llegó el día anterior, jueves y estaría hasta el jueves siguiente.

Su trabajo, azafata de vuelos internacionales, le obligaba a veces a ausencias de hasta tres semanas. Nosotros sabíamos eso y también que es alemana. Se conocieron en un vuelo a Japón y se gustaron lo suficiente, como para pasar juntos los dos días que ella descansó en Tokio, antes de otro largo vuelo. Siguieron viéndose en España y terminaron casándose, hacia ya poco más de un año.

Nuestros maridos se fueron al garaje para recoger nuestro equipaje y subirlo a nuestra habitación. Karina se levantó y tomándome de la mano me fue llevando por toda la casa para enseñármela. Después me dijo si me apetecía bañarnos en la piscina y le comenté que no me había traído el bikini. A esto ella me dijo que nos podríamos bañar desnudas porque nadie nos podía ver desde otra casa o la calle, o que me pusiera uno de ella. De momento preferí cubrirme con un bikini de ella, subimos a su guardarropa y sacó varios. Ella también se iba a poner otro. Se desnudó completamente y yo la imité, para probarme algún bikini de aquellos. Me resultaban pequeños porque mi culo es más grande que el de ella.

Con muchas risas y bromas fuimos cambiando de uno a otro y, al final, me decidí por uno que, aunque apenas me cubría los pelitos y los pezones pero, bueno…de momento era algo. Ella se puso el más diminuto que tenia, color negro, que le resaltaba aún más la blancura de su cuerpo. Al llegar a la piscina allí estaban sentados y tomando unas copas nuestros maridos. Nosotras tomamos también y Julio se desnudó completamente para bañarse, mi marido lo imitó y nosotras…nos quitamos los bikinis. En el agua fue un puro cachondeo los cuatro desnudos y mucho manoseo y besos. Julio me acercó a un lateral de la parte poco honda y con un profundo beso de lengua, me metía los dedos en la vagina y me excitaba el clítoris.

Me calenté mucho y en pocos minutos estábamos en el césped haciendo un 69 genial. Miré alrededor y vi a Karina en el agua chupándole la polla a mi marido, que estaba sentado al borde de la piscina y con cara de mucho placer. Nunca había visto a mi marido con otra mujer y el espectáculo hizo que me corriera enseguida en la boca de Julio. Después él se puso a horcajadas sobre mí y con su polla entre mis tetas, asomando por delante un buen trozo que me llegaba a la boca. En eso estaba cuando noté una lengua hurgando en mi coño con mucha habilidad. Primero supuse que era mi marido pero no, algo diferente noté a como lo hace él y, como pude, me arqueé y me encuentro a Karina a cuatro patas entre mis piernas, mi marido desde atrás le tenía su polla ensartada en su vagina y ella haciéndome una comida de coño riquísima, que me tenía al borde del orgasmo.

Otra cosa nueva para mí. Nunca antes había estado con otra mujer y ahora, esta guapa alemana, me estaba llevando a las nubes del placer. No me dio tiempo a pensar,

pronto me vino un riquísimo orgasmo y Julio también me soltó toda su leche sobre mis tetas, cara y boca. Karina siguió lamiéndome el chochete y pronto ellos se corrieron también, quedando los cuatro tumbados por el césped y después seguimos jugando dentro de la piscina, entre copa y copa.

Después subimos a ducharnos y a vestirnos para salir de cena y baile. Cuando salía de la ducha llegó Karina, para ayudarme a escoger mi atuendo. Le gustó mi vestido negro de seda, ajustado, por encima de las rodillas y tirantes en la parte de arriba. Zapatos negros de alto tacón y medias caladas, también negras, a medio muslo. Tanguita roja y sujetador rojo de encaje, de media copa. Una vez que yo estaba terminada, fuimos a su vestuario para ver qué se ponía ella. Me gustó un vestido rojo parecido al mío, así que ella fue totalmente de rojo y yo de negro, muy escotadas por arriba, muy cortos los vestidos por abajo y los altos tacones marcando bien la esbeltez de las piernas. Nuestros maridos al vernos silbaron y nos piropearon al vernos tan sexis.

Nos fuimos en el BMW de Julio, ellos delante y nosotras detrás charlando y riendo. Me encantó el lugar a donde fuimos. Era como una gran cabaña, con un interior lujoso y muy confortable, donde casi todos los clientes eran extranjeros, mayormente alemanes. Nuestra cena consistió en pescados y mariscos, muy bien regada de buenos vinos. A las once de la noche limpiaron las mesas de todo lo relacionado con la cena y empezó la música para bailar. Julio pidió una primera botella de champan y después de tomarnos la primera copa y brindar por nuestra felicidad, me llevé a mi marido a bailar, quedando Karina recostada sobre Julio, haciéndose arrumacos mutuamente.

Aprovechamos el baile para comentarnos lo acontecido hasta ese momento y los dos coincidimos en que Karina es una chica magnífica, igual que ya había demostrado serlo Julio. Nos sentíamos confiados y felices con ellos. Después bailé alternativamente con Julio y mi marido, al igual que Karina. Empezaron a llegar gente más joven y aquello se llenó por completo. A esto que se acercó un alemán de unos 30 años, amigo de Karina y Julio, los saludó y nos presentaron, él iba acompañado de otro amigo y también nos lo presentó.

Karina y yo bailamos con ellos, unas veces con uno y otra con el otro, así que ella y yo disponíamos de cuatro compañeros de baile y lo aprovechamos a lo grande. Con tanto alcohol estábamos las dos muy distendidas, felices, con muchas risas y mucho toqueteo. Los nuevos se aprovecharon bien y nosotras de ellos. Eran unos buenos mozos grandotes y muy rubios, aparte que sabían muy bien bailar.

De regreso a casa, como a las 5 de la madrugada, los cuatro completamente desnudos nos estuvimos bañando en la piscina y seguíamos tomando champan, acompañado de muchos besos y caricias. Después Julio me tomó de la mano y nos fuimos arriba, a su dormitorio y me tumbó sobre una cama inmensa de grande, yo tenía los pies colgando y él, de rodillas en la alfombra, me abrió las piernas y me dedicó una comida de coño sublime, me hizo orgasmar dos veces. Después, sobre la cama, nos hicimos un 69 de campeonato.

Cuando vinieron mi marido y Karina yo estaba a cuatro patas en la cama y Julio me follaba desde atrás y Karina, al verme en esa postura, no se lo pensó, se sentó delante de mi con su coño junto a mi cara y me dijo: me debes una cariño y acercó su coño a mi boca. La miré a los ojos con amor y le pasé mi lengua por sus labios vaginales, que ya los tenía muy húmedos, introduje mi lengua y probé por primera vez en mi vida el sabor y olor de un coño, me gustó, mientras Julio no paraba de atizarme desde atrás. Mi marido por su parte, le acercó su polla a la boca de Karina que la chupó con deleite. Yo fui la primera en tener un gran orgasmo, enseguida me siguió Julio y casi al instante también mi marido y Karina. Uffffffff, quedamos los cuatro rendidos y felices tumbados en la cama y me dormí.

Como a las doce del medio día me desperté con necesidad de orinar, en la cama solo estaba Karina, que me tenía abrazada desde atrás y con su mano derecha jugaba con mis pezones. La urgencia de ir a orinar me obligó a levantarme para ir al baño y Karina se levantó rápidamente y se vino conmigo, cuando entramos al baño Karina se tumbó boca arriba en la bañera y me d

ijo: orínate sobre mí. Jajajaja, aquello me hizo mucha gracia, pero le seguí el juego y yo también entré a la bañera, de pie sobre ella empecé a orinar y ella se restregaba todo mi orín por su cuerpo, jajaja, la verdad es que aquello tenía su morbo. Después nos lavamos juntas, dándonos jabón una a la otra y salimos desnudas en busca de nuestros maridos que ya estaban desayunando, también desnudos, en la terraza cubierta, junto al salón. Nos sirvieron a nosotras tostadas con mermelada y café.

Julio propuso irnos a bañar a la playa y comer en un chiringuito. Aceptamos encantados y eso hicimos. Regresamos muy cansados y dormimos una siesta hasta las 7 de la tarde. Aquella noche (sábado), nos fuimos a cenar a un restaurante de Benidorm y a continuación nos fuimos a una discoteca que ellos conocen, donde lo pasamos muy bien. Esa noche iba yo de blanco y Karina de verde. La verdad que, aunque había mucha gente, no pasábamos desapercibidas.

Tuvimos muchas invitaciones para bailar y aprovechamos a los más interesantes para darles un buen repaso de besos y toqueteos. Las dos estábamos a tope de calientes. Una de las veces que fuimos al aseo, Karina me abrazó y nos pegamos un beso de lengua súper sensual, mientras nos acariciábamos las tetas y las nalgas. Uhmmmm, esta mujer me sacaba de quicio, qué morbo y qué ricura.

Cuando llegamos a la casa, Karina se desnudó rápidamente en el salón y se vino a mi, me quitó la poca ropa que llevaba puesta y abrazada y besándome la boca, caímos en la alfombra besándonos y acariciándonos una a la otra por todo el cuerpo. En un momento determinado, estábamos de lado, haciendo un rico 69 y Julio se me acercó por detrás y me colocó su hermoso pollón dentro de mi vagina, lo mismo hizo mi marido con Karina. Así los cuatro acompasados, nos estuvimos dando placer unos a otros bastante rato. Karina y yo nos bañábamos una a otra la boca y cara con los flujos de nuestros orgasmos y ellos se cambiaron, de forma que mi marido vino a follar conmigo y Julio con Karina, hasta que ellos no pudieron más y nos llenaron con sus leches de amor y lujuria.

Después nos fuimos al dormitorio de ellos, los cuatro en la gran cama. Karina y yo en el centro, cara a cara besándonos y acariciándonos, Julio acoplado detrás de mi y mi marido detrás de Karina. Julio se mojó los dedos y me los pasaba por el agujerito del culo, después introdujo uno, dos y a continuación me fue metiendo su hermosa polla hasta tropezar con sus gordos huevos. La sacaba despacio, la volvía a meter suavemente hasta que al poco se movía con mucho ímpetu. Las tetas de Karina chocaban con las mías, por los embates que le daba mi marido desde atrás en su loca follada. Nosotras nos abrazamos lujuriosamente, con nuestras bocas unidas y compartíamos nuestros múltiples orgasmos, entre gemidos y gritos de tanto placer. Ellos aguantaron como media hora follándonos, unas veces más lentos, otras más rápidamente, hasta que terminaron por correrse en nuestro interior, todos jadeando, convulsionados y gritando cada uno su placer. Después, agotados, nos quedamos dormidos.

Cuando desperté ya era medio día, estaba sola en la cama y me levanté a ducharme. A continuación, desnuda, bajé a buscarlos. Desde la terraza del salón los vi en el césped, junto a la piscina. Julio estaba tumbado boca arriba y Karina sobre él, con su polla metida hasta los huevos en su coño, mientras mi marido desde atrás de ella, le metía su dura polla por el culo. Ellos jadeaban y ella chillaba por el placer que experimentaba su lujurioso cuerpo. Me fui a la cocina a buscar algo de comida y más tarde me reuní con ellos, que ya estaban dentro de la piscina. Me dijeron que iban a llegar dos matrimonios alemanes amigos de ellos, que los habían invitado a comer con nosotros.

Efectivamente, al poco rato llegaron. Eran muy típicos alemanes los cuatro, ellos y ellas, grandotes, muy rubios y de piel sonrosada por el sol mediterráneo, les calculé que andarían sobre los 30 a 35 años. Se saludaron y nos presentaron. Como los cuatro estábamos desnudos, ellos y ellas enseguida también se desnudaron.

Bien, lo que aconteció a partir de ese momento, os lo contaré en una segunda parte. Os anticipo que fue mi primera orgia y la disfruté a tope.

A todas y a todos os envío muchos besos.

Autor: Carmen Aguirre

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Kara Marqueze
Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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