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LA CALIENTE MUJER DE MI AMIGO

24 de abril de 2005

Hola, me llamo Carlos, tengo 37 años y vivo en Valencia. A continuación les voy a contar algo que me sucedió hace dos semanas cuando me desplacé a Madrid a pasar unos días en casa de un amigo. El se llama Ricardo, su mujer Virginia y tienen dos niños de corta edad.

Antes de casarse yo estuve tonteando con Virginia, pero la cosa no fue a más, por lo que los dos comenzaron una relación que acabó en matrimonio ya que ella se quedó embarazada.

A pesar del paso del tiempo Virginia sigue estando estupenda, tiene 32 años, es rubia (teñida) pelo largo, mide 1.65 m, es delgada, tiene un buen pecho entorno a los 95 cm, caderas redonditas con un muy atractivo culo y sobre todo una sonrisa muy dulce.

Cuando la vi solo pude pensar en lo que había perdido.

El recibimiento fue muy agradable, nos dimos un gran abrazo y me llevaron a mi dormitorio. Para poder alojarme habían trasladado a su hija menor al dormitorio del niño y me habían dejado la habitación que estaba pegada al cuarto de matrimonio. El día se desarrolló con normalidad, me contaron como iban sus vidas y yo les expliqué un poco mis últimas aventuras, sigo soltero tonteando con todas las que se me ponen a tiro y con la vida de crápula de siempre. A lo largo de la conversación noté como Virginia ponía mucho interés en todo lo que contaba y de vez en cuando decía que me envidiaba por todas las experiencias y aventuras que tenía. Cuando nos fuimos a dormir y como el cabecero de mi cama estaba pegado a la pared del dormitorio de ellos no pude evitar oír la conversación que mantenían los dos y en la que Ricardo la reprendía por sus continuos comentarios de envidia, ella contestaba que porqué iba a mentir, echaba de menos todas esas experiencias que no había podido disfrutar por haberse casado tan jóvenes y que encima en cuestión de sexo él era un torpe y no la satisfacía.

A la mañana siguiente, cuando me levanté, Ricardo se había ido a trabajar, los niños estaban ya en el colegio y Virginia se encontraba en la cocina preparando la comida. Salí de mi habitación y me dirigí a la cocina, al llegar a la puerta me quedé parado y observé como estaba de espaldas a mi ligeramente inclinada sobre el fregadero y con una camiseta larga que apenas le tapaba el culo, por lo que se veía ligeramente una pequeña braguita blanca. Ella se dio la vuelta y me vio allí en la puerta parado mirándola.

V.- ¡Buenos días Carlos! No te oí llegar, ya pensaba que no te ibas a levantar. Siéntate que te pongo el desayuno.

Rápidamente me acerqu&eac había acabado de desayunar y me fui a vestir a mi dormitorio. A continuación salí a dar un paseo para refrescarme.

Durante la comida Virginia comentó que quería ir de compras y Ricardo dijo que el tenía trabajo y no podía, pero que yo podía acompañarla.

C.- Por mi parte no hay problema, no tengo nada mejor que hacer.

V.- Estupendo, así me dices que tal me queda la ropa.

A eso de las cinco salimos los dos. Ella iba con un vestido fino y que se ajustaba mucho a su cuerpo, por lo que marcaba perfectamente su maravilloso trasero y sus pechos ya que llevaba un amplio escote.

Nos dirigimos al metro y esperamos unos minutos, cuando llegó venía repleto, por lo que le dije que era mejor esperar al siguiente, pero Virginia me cogió de la mano y me dijo.

V.- A esta hora vienen todos a tope, así que vamos a subir rápido y empuja al personal para hacer hueco.

Sin decir más nos apretamos contra la gente que iba en la puerta y fuimos entrando poco a poco, eso si, totalmente apretujados. Como ella no alcanzaba ninguna barra para sujetarse me indicó que la agarrase bien para que no se cayese sobre los pasajeros (algo difícil dadas las apreturas en que nos encontrábamos). Cuando arrancó el metro se pegó a mi de forma que nuestros cuerpos estaban frente a frente y sus pechos se pegaban a mi, al igual que su pelvis, por lo que sin yo quererlo y como consecuencia del rozamiento producido por el movimiento del metro, mi pene fue creciendo hasta tal punto que se notaba descaradamente y empujaba el vientre de Virginia a cada momento. Estaba tan avergonzado que no me atr

evía ni a mirarla y eso que estábamos con las caras casi pegadas. En un movimiento brusco del metro ella tomó mi mano y se la llevó a su cadera diciéndome:

V.- Sujétame fuerte o voy a acabar encima de otro pasajero.

Llegamos a la siguiente estación donde yo esperaba que se bajase personal, pero en vez de ello lo que ocurrió fue que subió más gente, por lo que Virginia se pegó más a mi y mi mano cayó sobre su culo, quedando presionada por los pasajeros vecinos, por lo que no pude hacer nada para quitarla. Yo esperaba alguna reacción molesta de ella, pero en cambio noté que comenzó a moverse un poco hasta que mi mano se situó entre los dos cachetes rozando por fuera el tanga de hilo que llevaba puesto. Yo ya no podía más, mi mano acariciando su culo que se movía acompasadamente al ritmo que marcaban los vaivenes del metro, mi polla que se frotaba contra su pelvis y sus pechos que estaban pegados a mí y con una vista espectacular debido al escote tan generoso. Debía estar rojo como un tomate, pero ella no decía nada y además a cada momento se pegaba más contra mi presionando mi polla que estaba a punto de reventar. No se cuanto tiempo transcurrió, pero yo estaba a punto de correrme si seguía en esa situación.

V.- Nos bajamos dentro de dos paradas.

Esta frase me sacó de mi estado y vi como ella se giraba para prepararse para salir.

Yo no podía quedarme a medias, así que sin pensarlo dos veces pasé mi mano por delante de su pecho y la empujé ligeramente hacia atrás de forma que me pegué a su culo y comencé a moverme de forma que mi polla se ajustó perfectamente entre los dos cachetes. Para mi sorpresa ella no dijo nada y comenzó un ligero movimiento rítmico de sube y baja de forma que en escasos minutos tuve un orgasmo descomunal que disimulé lo mejor que pude para que los pasajeros no se percatasen.

Al llegar a la estación nos bajamos y yo esperaba que ella me dijese algo, pero en cambió actuó como si no hubiese pasado nada o como si no se hubiese dado cuenta.

V.- Bueno Dime que hago. Todos los días la casa, los niños, la comida y por la noche nada, llevamos casi un mes sin echar un polvo. ¡Estoy harta!

A la mañana siguiente me levanté, me dirigí a la cocina para desayunar y allí estaba de nuevo Virginia con la camiseta hasta la cadera y sus braguitas, esta vez negras, apareciendo por debajo cada vez que hacia algún movimiento en sus tareas culinarias.

V.- Buenos días Carlos. ¿Qué te apetece desayunar?

De buena gana le hubiese dicho que me la comería a ella, pero no era lo más adecuado.

C.- Un café y una tostada. Gracias.

V.- Luego tienes que ayudarme a limpiar las lámparas, tengo que subirme en la escalera y yo sola no puedo, tengo miedo de caerme. ¿Te importa?C.- No, como quieras.

Cuando acabé de desayunar nos fuimos al trastero, cogimos la escalera y comenzamos las tareas domésticas.

V.- Gracias por ayudarme, Ricardo nunca puede, siempre viene muy cansado y no está para mucho ejercicio. Cada vez me hace menos caso. Hazme el favor, sujeta la escalera y yo me subo a limpiar las lámparas.

C.- Espera, es mejor que suba yo.

V.- ¡No! Tu sujeta abajo para que no se mueva y yo me subo a limpiar, que los hombres no tenéis cuidado y os dejáis polvo por todos lados.

Dicho esto, se subió a la escalera y yo me quedé abajo contemplando sus maravillosas piernas y con un primer plano de sus bragas, que me quedaban justo a la altura de la vista. En ese mismo momento había tenido una erección y ya no sabía para donde mirar, me daba vergüenza que ella pudiese girarse hacia abajo y me viese con los ojos fijos en su culo.

V.- Carlos, voy a subir un poco más, haz el favor de sujetarme a mí, no vaya a caerme.

Ella subió el pie derecho un peldaño más y yo inmediatamente la sujeté por las caderas, teniendo ahora mi cara pegada a su trasero, con una visión aún mejor que la anterior ya que al subir el escalón, la braguita se le había deslizado entre los cachetes y yo tenía mi nariz metida prácticamente en el culo. Virginia inició unos lentos movimientos para limpiar la lámpara, lo que hizo que su culo fuese arriba y abajo dándome ligeros toques en mi cara. Mi erección iba en aumento y estaba a punto de lanzarme a comer ese apetitoso culito que tenía al alcance de mi boca, mis manos, casi sin darme cuenta se habían deslizado por su cadera y estaba

n apoyadas sobre su piel justo por debajo de sus braguitas. Ya no podía más y aprovechando sus movimientos fui subiendo hasta colocarlas justo en su cintura bajo la camiseta. Ella seguía moviéndose y continuaba ese deslizamiento aproximando mis dedos a su monte de venus, mi cara se pegó a su trasero y pode notar el olor de su sexo, mi nariz estaba ya pegada a su orificio anal y se rozaba con los pliegues de su braguita. ¡¡¡¡UUUMMMM!!!! Ya no podía más, estaba totalmente excitado y ella no me decía nada. De repente se dejó caer ligeramente hacia atrás de forma que mi nariz se metió profundamente en su ano. Yo aproveché para rodearla más con los brazos y llegar con mis manos a la parte anterior de su braga, ahora no lo dudé y deslicé dos dedos dentro de la braguita acariciando su vello púbico, inicié un pequeño movimiento rotatorio y me fui aproximando a su clítoris. Ella se inclinó sobre la escalera de forma que su culo se me abrió obteniendo una maravillosa vista. Mis dedos ya habían llegado a su clítoris que yo estaba acariciando con suavidad. Mi lengua lamía el contorno de su agujerito trasero apartando la braguita como podía. Virginia se movía adelante y atrás haciendo que mi lengua se introdujese por momentos en ese delicio recibió con dos besos, nos preguntó que tal la mañana y actuó con total normalidad.

Ricardo nos dijo que al día siguiente tenían una cena de empresa a la que estaban invitadas las mujeres, por lo que yo les dije que saliesen los dos y yo me quedaba cuidando a los niños.

La tarde pasó sin ninguna novedad y a la mañana siguiente Virginia se fue a la peluquería, por lo que cuando me levanté no había nadie en casa, así que decidí salir a pasear y comer fuera.

Por la tarde Ricardo y Virginia se arreglaron para salir y yo me senté en el salón a ver la televisión. Cuando se iban, me quedé admirado al verla como iba vestida. Llevaba zapatos de tacón con unas medias de encaje y una minifalda negra de tablas que acababa en su cintura, desde la que salía un corpiño, también negro, que lucía un amplio escote por el que se veían casi al completo unos estupendos pechos que a mi me dejaron boquiabierto. Estaba impresionante, no podía entender como Ricardo no se la estaba follando día tras día.

V.- ¡Bueno, nos vamos! Te he dejado una pizza en el horno.

C.- Que lo paséis bien, yo me quedo viendo la tele y cuidando a los niños. Ciao.

R.- Hoy ponen una porno en el canal plus, ¡A ver lo que haces! No vayas a manchar el sofá.

C.- Si, seguro. Vosotros pasándolo bien y yo haciéndome pajas.

V.- ¡Que guarros sois! No habléis de esas cosas. Hasta luego Carlos.

Allí me quedé comiendo pizza y pensando en la suerte que tenía mí amigo por tener una mujer tan escultural. Pasado un buen rato y como no tenía sueño me decidí a poner el canal plus y esperar a que pusieran la porno. Total, mis amigos iban a llegar tarde y no tenía nada mejor que ver y la verdad es que mereció la pena, la película era buena. Cuando estaba en lo mejor (una escena de doble penetración) oí que se abría la puerta de la calle, por lo que cambié rápidamente de canal, me levanté para ver quien era, pero al estar totalmente empalmado me senté de inmediato y me tapé con un cojín. La puerta del salón se abrió y entró Virginia.

V.- ¡Hola! C.- ¿Qué haces tan pronto en casa?V.- Ricardo estaba muy animado con sus colegas y me ha dicho que se quedaba en la Disco y que espera allí con los amigos hasta que vayas tú, así que yo me vengo a cuidar a los niños.

C.- ¡Venga ya! Yo ya no salgo, vuelve tú si quieres.

V.- No hijo. Tu amigo se lo pasa mejor con los colegas que conmigo.

La verdad es que no entendía a Ricardo, tenía delante un pedazo de mujer y la ignoraba por completo. Ahora mismo, delante de mi estaba un auténtico bombón, con esa minifalda, el escote que dejaba ver todo ese pecho, no podía entenderlo y yo estaba sin palabras.

V.- Bueno, ¿Qué estabas viendo?

Y dicho esto cogió el mando a distancia de la tele y empezó a pasar los canales hasta llegar a la peli porno. Al verla se quedó quieta mirando fijamente y sin mover ni un músculo.

V.- ¿Estabas viendo esto?

Había una escena en que una chica se encontraba con dos hombres.

V.- Que suerte tienen algunas.

Al oír es

to me levanté y me puse detrás de ella, puse mi brazo izquierdo en su cadera y pasé el derecho por encima de su hombro introduciendo mi mano en su escote y sacando uno de sus pechos. Ella no se movió por lo que mi mano izquierda descendió hasta el borde de su falda y la fui subiendo por el exterior de su pierna acariciándola por encima de sus medias que para mi sorpresa terminaban justo por encima del borde de la minifalda, por lo que mi mano entró en contacto con su piel y se de entre sus labios carnosos. ¡Que delicia! Con una mano sujetaba mi pene y con la otra me empujaba el culo para que mis embestidas fuesen más violentas en su boca. Me iba a correr de un momento a otro, así que la retiré hacia atrás sacándosela de la boca.

V.- ¡¡No!! No me la quites ahora. Deja que te la coma bien hasta que te corras en mi boca.

C.- Ya tendrás tiempo luego.

V.- No por favor, déjame acabar, necesito sentir como se corren en mi boca.

Y sin casi darme cuenta se la metió de nuevo y continuó una mamada que me hacía volver loco. Yo miraba desde arriba y veía su boca que lamía mi glande y de repente se tragaba mi miembro al completo. Su cabeza se movía con rapidez y su boca devoraba mi polla produciéndome un tremendo placer, tanto visual como físico. Ya no podía aguantar más.

C.- Me voy a correr.

V.- ¡Si mi amor! ¡Hazlo en mi boca!C.- Pero no prefieres que lo haga fuera.

V.- ¡¡¡NO!!! Quiero sentir tu leche, notar su sabor, deseo que te corras en mis labios, poder lamer tu líquido espeso y blanco.

C.- ¡¡¡AHHHHH!!! ME CORROOOV.- ¡¡¡UMMMMM!!!! ¡¡SIIII!! ¡¡¡Dame tu leche mi amor!!! ¡¡¡Que rica!!! ¡¡SIIII!! Déjame que te la chupe, que no se pierda ni una gota. ¡¡UMMMM!! ¡¡¡Toda mía!!! ¡¡¡Toda mía!!!

Y mientras yo expulsaba toda mi leche ella se esmeraba en lamerme la punta y tragarse todo lo que salía por allí.

C.- Ahora te toca a ti mi niña. Ven vamos al sofá.

V.- ¡No! Yo no.

C.- ¿Qué?V.- Que yo no quiero nada.

C.- No Virginia, No puedes quedarte así.

V.- ¡No, por favor!

Se puso de pie e hizo amago de salir de la habitación, pero yo la cogí de la mano, la acerqué y la tomé por detrás apretando mi polla contra su cuerpo y sacando sus pechos del corpiño. Tenía los pezones erectos así que no me cabía duda, estaba excitada y tenía que devolver lo que ella había hecho por mí. Mi mano derecha se metió bajo sus bragas y mis dedos comenzaron a jugar con su clítoris, juntó sus piernas en un vano intento de evitar mis caricias, pero ante la insistencia de mis dedos por tocar su botoncito, cedió y se abandonó en mis brazos. Mi mano izquierda pasaba de un pecho a otro apretando sus pezones y acariciando todo el contorno de sus tetas, mi boca mordía su cuello y mi mano derecha se movía libremente entre sus piernas, di dos pasos con ella, la puse de rodillas y la incliné de forma que su pecho se apoyó contra el sofá, subí su falda hasta la cintura y pude observar un diminuto tanga de encaje que se incrustaba entre sus piernas, lo separé y acerqué mis labios al delicioso agujerito trasero, mis labios y mi lengua comenzaron a jugar con él, lo besaba y lamía para producirle el mayor placer posible, fui deslizándome hacia abajo y por fin pude saborear su concha, que en ese momento estaba inundada de sus flujos y me llenaba los labios con un rico sabor a sexo. Virginia comenzó a moverse, llevó sus manos atrás y cogiéndose los cachetes, abrió su culo de forma que yo pudiese tener acceso a lo más profundo de su sexo.

V.- ¡SI! ¡Cómemelo! ¡SI! Me encanta. C.- ¿Te gusta? Mi amor.

V.- ¡SI! ¡SIGUE! ¡Que rico mi vida! ¡No pares!C.- ¡No! Voy a comerte entera. Quiero que disfrutes como nunca lo has hecho.

V.- ¡SI! Hazlo por favor. Quiero ser toda tuya.

Como ya estaba bastante lubricada me incorporé, llevé mi polla a la entrada de su concha y se la metí poco a poco hasta que estuvo toda dentro.

V.- ¡SI! La siento dentro de mi. Me gusta. ¡UUUMMMM! Que bien. Ahora muévete por favor.

C.- Si, voy a darte todo el placer que necesitas.

Y comencé un suave movimiento deslizando mi Hacia mucho tiempo que no sentía de esta manera.

C.- ¿Ya has terminado? V.- Yo si, pero veo que tú no has acabado ¿Verdad?C.- No te preocupes, con verte disfrutar a ti me doy por satisfecho. Ha sido estupendo.

V.- No cariño, no te puedes quedar así. Y menos con esa maravilla que tienes.

Estaba mirando mi pija que se encontraba

firme y en posición de ataque.

C.- ¿Quieres que te folle otra vez?V.- ¡¡NO!! No podría. Hace mucho que no hago este tipo de ejercicio y no estoy preparada para otro polvo como este. Pero déjame que yo haga algo para relajarte. Túmbate.

Dicho esto me eché en el sofá, ella tomó su tanga lo enrolló alrededor de mi polla y comenzó a deslizarlo suavemente arriba y abajo, de forma que me producía una gran excitación. El rozamiento que producía en el capullo me hacía sentir una sensación electrizante. Bajó su mano entre mis piernas frotando el tanga en mis testículos, a continuación descendió hasta llegar a mi ano y aquí se entretuvo como queriendo introducírmelo por él. Yo estaba terriblemente excitado y ella no paraba.

C.- ¡Estoy a punto de correrme! V.- Espera no tengas prisa, déjame hacer.

Acercó sus labios a mi capullo y comenzó a dar lametadas alrededor para, por fin, introducírselo en la boca y volver a mamar con verdadero arte. Por un momento paró, me miró a los ojos y se rió.

V.- ¿Te gusta? ¿Quieres correrte ya?C.- ¡SIIII! No puedo más V.- Pues hazlo en mis bragas, mójalas con tu leche.

Tomó de nuevo su tanga, envolvió mi capullo con él, se lo metió en la boca y continuó con esa estupenda mamada hasta que no pude más y expulsé mi leche que se derramó en esa prenda negra que ahora mezclaba sus flujos con mi líquido blanco.

No puedo expresar el tremendo placer que sentí, pero cuando acabó me quedé tendido en el sofá sin poder moverme.

V.- Te dejo, Ricardo puede llegar y no es conveniente que nos vea en esta situación.

C.- No te vayas, quédate un poco más. V.- No mi amor. Buenas noches.

Me vestí, estuve viendo un poco la televisión y finalmente me fui a dormir.

Al día siguiente Virginia actuó como si no hubiese pasado nada. Estuvimos los tres con los niños en el zoo y un día después se acabaron mis vacaciones y volví para Valencia. Ahora no hago más que pensar en ella y en lo que me gustaría vivir en Madrid para poder estar siempre junto a esa estupenda mujer. Cuando vuelva a verla, si ocurre algo volveré a escribir para contároslo. Ciao.

Autor: Charly

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