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LA INSEMINACION

29 de agosto de 2007

Cuando Luis me comentó el problema que tenía para dejar embarazada a su mujer debido a que sus espermatozoides no tenían movilidad, lo primero que me vino a la cabeza es que Laura, su esposa, se sometiera a una inseminación artificial, pero vivir en un pequeño pueblo marca mucho, y la familia de Laura es muy religiosa y de buena posición no permitiría que su hija quedara embarazada de esta manera.

Luis me comentó que lo habían hablado y que tras mucho pensarlo querían que su mujer quedara embarazada por el método natural, que teniendo en cuenta que era su mejor amigo, que gozo de buena salud y que tengo estudios superiores era la única persona en la que podían confiar para guardar el secreto y que el hijo naciera en buenas condiciones. Mi primer impulso fue decirle que estaba loco y que mi mujer, Marga, pensaría lo mismo, pero viendo su preocupación y la seriedad de su exposición, así como que ellos eran los únicos que cuando estuvimos sin empleo nos dejaron dinero para que no nos embargaran la casa le prometí exponérselo a Marga y comentarle algo.

Tras mucho pensarlo en casa y hablarlo con mi esposa decidimos devolverles el favor a Luis y Laura y así se lo hicimos saber, ellos nos comunicarían los días más propicios y nos trasladaríamos a su casa para probar.

El siguiente mes Luis me telefoneó y me dijo que el jueves y viernes siguientes eran los más propicios para que Laura quedase embarazada, así que ese día quedamos para comer en su casa. Así fue, comimos juntos y ninguno comentó nada de lo que iba a suceder, pero después del café Luis comenzó que deberíamos de prepararnos, así que Laura subió a la habitación de matrimonio y después de darle cinco minutos me dispuse a subir yo, estaba muy nervioso, aquello no era hacer el amor con una mujer, sino hacerle un favor a un amigo y a una amiga sin pensar en ningún momento en disfrutar del acto.

Cuando entré en la habitación Laura estaba con un camisón tendida sobre la cama, una gran cama antigua, de las que le llegan a uno por la cintura, me invitó a pasar y a comenzar con lo pactado. Ella estaba también muy nerviosa, me dijo que era la primera vez que estaría con otro hombre que no fuera su marido, yo, aunque he tenido mas experiencias he de reconocer que me encontraba como la primera vez. Comencé a desnudarme, mientras, Laura giraba la cara para no mirar, cuando estuve totalmente desnudo, mi pene no abultaba mas que el de un niño pequeño, los nervios no permitían excitarme, y el cuerpo tapado de una mujer que giraba su cara no ayudaba, aunque Laura tenía un cuerpo estupendo que muchas veces había deseado con la mirada, sobre todo cuando lucía unas maravillosas minifaldas y unas blusas que dejaban entrever el canalillo de sus pechos.

Llevé mi mano a mi pene y comencé lentamente a masturbarme hasta que este alcanzó un tamaño considerable, llevaba varios días de abstinencia preparándome para este día, una vez lo tuve a punto le dije a Laura que podíamos empezar, la giré sobre la cama, dejando su cuerpo transversal a esta y con las piernas colgando sobre el lateral de la cama, subí lentamente su camisón hasta la cintura, dejando ver su coñito, un coñito recortado, precioso aún en aquellas circunstancias, inerte y listo para ser penetrado.

Ella seguía sin mirarme a la cara, avergonzada quizás por la situación y esperando no intimidarme quizás con una mirada de rechazo, yo tomé con una mano mi pene y lo acerqué a la entrada de su cuevecita, la cual no se encontraba lubricada, lo que añadido a sus nervios hizo que me fuera difícil penetrarla, poco a poco la punta de mi pene comenzó a abrirse paso entre sus labios, eran cálido y sonrosados y por primera vez se ofrecían a otro hombre, los noté suaves y carnosos y mi pene fue desapareciendo dentro de ellos, mientras Laura soltaba unos gemidos mitad placer mitad dolor. Cuando lo tuve totalmente dentro noté una enorme sensaci&oac

ute;n de bien estar, de calidez, algo diferente a lo normal, algo que se siente muy pocas veces y solo en esas situaciones de nervios y tensión. Comencé a mover mi cuerpo adelante y atrás hincando mi pene en su conejito, el cual fue poco a poco cediendo a movimientos y amoldando su cavidad al tamaño de mi pene, Laura a su vez fue perdiendo los nervios, y aunque sin mirar notaba como sus caderas comenzaban el movimiento del amor, dejando que mi pene frotara su clítoris y a la vez buscando placer a la situación.

Sus movimientos consiguieron que su coñito se lubricara, y comencé a notarlo húmedo, ya no solo era cálido, estaba jugoso y esto unido a mi abstinencia consiguieron que por mi mente pasara no solo terminar lo que habíamos empezado, sino hacerle realmente el amor, a aquella preciosa mujer que indefensa sobre la cama dejaba que yo le hiciera con su cuerpo lo que hubiera permitido a otro hombre que no fuera su esposo, aunque no por eso podía ocultar que aun que su mente lo intentara su cuerpo se entregaba a otro hombre y facilitaba su tarea segregando fluidos que gratificaban el roce, yo tuve en esos momento una eyaculación muy abundante y generosa y aunque intenté no mostrar el placer que esta me producía unos gritos arrancaron de mi boca, lo que hizo que Laura moviera frenéticamente sus caderas llegando a un orgasmo, que también intentó disimular, pues habíamos pactado con mi mujer que ella en ningún momento disfrutaría de la situación…… avergonzado me vestí rápidamente y abandoné la habitación. Al asomar a la puerta pude ver desde arriba del salón como Marga y Luis esperaban mi salida, yo únicamente comenté que ya estaba hecho y Marga y yo regresamos a casa quedando para el día siguiente por la tarde para repetir nuevamente la situación.

En casa esa noche no quise comentar nada de lo que había ocurrido, estaba incluso avergonzado ante Marga, pero noté claramente excitada a mi mujer, ella me preguntaba como habían transcurrido todo y su cálido cuerpo se ceñía al mío notando como sus pezones estaban endurecidos y como su pierna rozaba las mías. Supuse que esos días de abstinencia unidos a saber que su marido en la habitación del piso de arriba hacía el amor con una mujer la habían calentado, aunque como al día siguiente debía realizar la misma experiencia no quise hacer el amor con ella, además estaba muy cansado por todo lo ocurrido y me giré para poner dormir.

Aunque habitualmente duermo profundamente, debido a la excitación del día algo hizo que me despertara, noté que era Marga la que me había despertado sin querer, con sus movimientos, la notaba nerviosa e inquieta, noté como ella se había llevado su mano a su entrepierna, olvidada por mí aquella noche y que debía de estas húmeda de excitación, e iniciaba una masturbación, estaba dándome la espalda en posición fetal y mientras con una mano rozaba con su dedo índice y anular su mojado clítoris con las otra y tras sus piernas introducía uno de sus dedos en su coñito que quizás deseaba algo mas grande. No parecía disgustarle la masturbación, pues en el silencio de la noche pude escuchar el chasquido de sus dedos rozándose con su mojado agujerito, cada vez a un ritmo mayor y son una respiración que se entrecortaba jadeante. Giró sobre sí y quedó tendida boca arriba, retirando la sabana que la cubría y que le daba calor, pude divisar su silueta gracias a la tenue luz que iluminaba la habitación a través de la persiana. Sus piernas entreabiertas dejaban paso a través de la braguita a sus dedos que jugueteaban con su clítoris ya al borde del orgasmo, sus dedos se introducía y salían de su agujero humedeciéndola más y haciendo que su cuerpo jadease y se retorciera sobre el colchón. No duró mucho la situación y tras unos rápidos movimientos de dedos noté como llegaba al orgasmo, estirando sus piernas en la cama y apretando sus dedos contra su clítoris para saborear los últimos segundos de placer. No dije nada y seguí durmiendo.

El siguiente día llegó pronto y tras la comida Laura y yo subimos al piso de arriba, aunque hoy no me encontraba tan nervioso, pues la experiencia anterior había sido placentera, también debió ser igual para Laura, pues mientras me desnudaba pude apreciar como miraba mi cuerpo, así como que su camisón estaba ligeramente levantado y dejaba ver

ese coñito que hoy iba a volver a ser mío.

Ella bajó de la cama y acercándose a mi me dijo si quería que hoy fuera ella la que me ayudara a poner a tono mi pene, yo le dije que eso no era lo pactado, pero pensamos que si no contábamos nada a nuestros cónyuges tampoco pasaría nada, así que tras sentarme en el sillón de la habitación Laura se arrodilló a mis pies y asiendo mi pene con ambas manos comenzó a besarlo y a lamerlo lentamente, notaba su cálida lengua sobre el capullo y mi pene comenzó a crecer en pocos segundos, alcanzando su máxima talla. Noté un gran placer cuando Laura fue introduciendo lentamente mi pene en su boca logrando que desapareciera íntegramente en ella, no hubiera pensado que fuera una gran chupadora de pollas, pero esa no iba a ser la única sorpresa de la tarde, con sus manos acariciaba mis huevos y mi polla entraba y salía de boca, yo entré en un éxtasis de lujuria y le pedía que siguiera chupándola, ella mordía sus laterales, lamía mis huevos y la hundía hasta el fondo de su garganta, lubricándola y absorbiendo los fluidos que emanaban de esta.

Cuando pensó que ya estaba bien a punto se levantó y quitó su camisón, dejándome ver uno pechos firmes, con unos pezones duros que no dejaban escapar la excitación que ella también tenía, nos levantamos y fuimos a la cama, hoy no iba a ser un acto aséptico como el día anterior, nos fundimos en un largo beso mientras mis manos acariciaban pechos y bajaban hasta su coñito para encontrarlo lubricado y deseando que mi polla la penetrase.

Besé su nuca y su cuello y rodee con mi lengua sus labios, bajando por la garganta, saboreando cada centímetro de su piel, llegué a aquel valle que entre sus tetas se me ofrecía cálido, quedando mis mejillas entre cada uno de sus pechos, que con ambas manos junté y chupé sus duros pezones, para sin soltarlos acercar mis labios a la entrada de su coñito, que ahora justo delante de mi se me ofrecía. Sus carnosos labios estaban húmedos y entre ellos se apreciaba brillando el liquido lubricante que habría segregado, la abrí y saboreé con mi lengua, asiendo con mis labios su clítoris y presionándolo ente ellos. Laura movía su cuerpo con convulsiones, estaba al borde del orgasmo y ahora su coño no opondría resistencia.

Mi polla estaba a punto de reventar, así que no debíamos perder ni una gota de mi semen, ella me volteó y me dejó boca arriba en la cama dejando que mi polla apuntara al techo, luego abrió su coño y de rodillas sobre mí fue clavando mi polla dentro de sí, estaba muy excitada y lubricada así que casi no noté resistencia, su culo giraba sobre mí haciéndome gozar y gemir, ella no paraba de moverse y fue la que me folló. Llegamos juntos a un largo orgasmo que derramó dentro de ella todo el semen que tenía, pero Laura no pensaba en quedarse embarazada esa tarde, sino en disfrutar de mi cuerpo, me dijo que desde el día anterior no había podido olvidar el polvo que habíamos pegado y que hoy iba a dejarme sin una gota de mi semen, introdujo nuevamente mi polla en su boca y saboreó el semen que aún fluida dentro, escurriendo hasta la última gota y relamiéndose de ella dejándola nuevamente a punto de una nueva cabalgada.

Esta vez fui yo el que tomó la iniciativa así que bajamos de la cama, nuestros cuerpos sudaban y desprendían placer por sus poros, la coloqué de espaldas a la pared y le dije que ahora era yo el que se la iba a follar, tomé cada una de sus tetas con mis manos y mientras con mi polla busqué su coño, no tardé en encontrarlo y este abrió su puerta a la primera llamada, pues aún rezumaba mi esperma dentro de ella, le clavé la polla de un solo golpe y comencé a moverme golpeando con mis huevos su culito mientas mis manos jugueteaban con sus pezones y los apretaban. Mis movimientos cada vez eran más rápidos y fuertes, golpeando con mi polla su coño fuertemente, ella pedía que la taladrara, que le diera todo lo que tenía para ella, no la decepcioné y nos corrimos nuevamente.

Laura se tendió sobre la cama, sudando y desbordando mi semen que fluía de su coñito y resbalaba por sus ingles, yo me vestí, pues fuera Luis y Marga debían estar preocupados y salí del cuarto asomándome al salón. Mi sorpresa fue mayúscula, Luis y Marga no est

aban nada preocupados, sino que ambos estaban desnudos en el sofá, supongo que la calentura del día anterior y la abstinencia de Marga había hecho que ellos también tomaran su ración de sexo. Luis tenía a mi mujer tumbada sobre el sofá y él estaba con su cabeza metida entre sus piernas chupando su coño y saboreando a mi mujer, preparándola para ser follada, aunque ella después de tantos días estaría muy húmeda. Marga gemía de placer con las caricias de Luis y su cuerpo se convulsionaba recibiendo sus placeres, la lengua rodeaba la entrada de su coño apoderándose de su clítoris el cual mordisqueaba con sus labios.

Marga tenía una de sus manos apretando sus tetas, mientas con la otra dirigía los movimientos de Luis y le mandaba para que este recorriera minuciosamente todos los rincones de su coñito. Luis trabajaba bien esa faceta, y su lengua desaparecía entre la cavidad de Marga, follándosela literalmente con su lengua.

Cuando ya estuvo suficientemente caliente la colocó a cuatro patas sobre el sofá y abriendo sus nalgas con ambas manos comenzó a introducir su polla en el chochito de Marga, que gritaba de placer al sentir como la perforaba. Primero fue lento, con mimo y cuidado, pero a medida que la desesperación de marga, sus gritos, y su movimiento de culo fueron más voluptuosos Luis fue acelerando también sus movimientos de pelvis, haciendo que ese duro nabo la golpeara una y otra vez haciéndola llegar al más sonoro de los orgasmos que yo le recuerdo.

Luis sacó su polla chorreando leche del coño de mi mujer y la sentó en el sofá, colocando su polla rezumante entre sus tetas, para que Marga asiéndolas la presionara entre ellas y exprimiera todo lo que aún quedaba de semen dentro de ella, mojando sus tetas, que esta frotaba con deleite, Marga parecía extenuada, pero Luis abriendo sus piernas todo lo que pudo le iba a dar nueva ración de aquello que hacía tantos días no recibía. Tomó su polla por la base y paseándola de arriba abajo por su abertura ésta entró resbalando por su propio fluido seminal clavándose nuevamente dentro de mi mujer.

Marga gritaba que la jodiera como un cabrón, no parecía importarle que desde arriba la pudiéramos oír, no creo que eso le importara realmente, sabía que yo habría disfrutado también, aunque no sabía como, aunque ahora viéndola follada por otro hombre y acabando de hacerlo con Laura no me importaba, creía que si esto ocurría algún día no podría aguantarlo, pero ahora estaba muy excitado, entré en el cuarto y salí de la mano de Laura para que pudiera presenciar el ataque final de su marido follándose a mi mujer, eso le quitaría quizás ese sentimiento de culpa por haber disfrutado conmigo.

Luis de rodillas sobre la alfombra se movía con asombrosa agilidad dentro de Marga, mientras que ésta asiéndole por el culo se introducía una y otra vez a Luis dentro de ella, apretándole con las piernas para que el roce fuera mayor. No tardaron en volver al correrse al unísono, Luis se separó de ella y pudimos ver como el coñito de Laura estaba totalmente empapado de los efluvios con los que la había regado Luis, un hilillo de semen salía de dentro de ella goteando sobre la alfombra, lo que aún me excitó más, mientras él tumbado sobre la alfombra dejaba que su polla fuera recuperando el estado de reposo dejando a su vez salir las últimas bocanadas de su semen.

La escena me había excitado tanto que mi polla volvía a estar a punto para una nueva embestida, pero ahora, sabedor de todo, cogí a Laura por una mano y bajamos las escaleras, la primera impresión de ambos fue de sorpresa al descubrirlos desnudos y cubiertos de semen, pero los tranquilicé y les comenté que había disfrutado mucho con la escena, que podíamos divertirnos ahora todos juntos. Laura y Marga al ver el bulto de mi pantalón no lo dudaron y tumbándome sobre la alfombra comenzaron a desnudarme. Laura fue quitándome los botones de la camisa mientras mi mujer me quitaba los pantalones y los calzoncillos, dejando al descubierto mi bien erecta polla, no vaciló y la introdujo directamente a su garganta, mientras Laura se fundía conmigo en un caluroso beso y mis manos acariciaban sus tetas que casi rozaban mi pecho, pudiendo notar lo duros que se habían puesto sus pezones, sin duda todos estábamos muy excitados, incluso Luis, que apart

ado estaba relajándose con la visión de dos mujeres devorándome mientras se masturbaba.

Mi polla entraba en la boca de mi mujer, y el roce de los pechos de Laura me trasportaban a la mejor de mis fantasías, el hacer el amor a dos mujeres. Marga apretaba mis huevos que era lo único que dejaba salir de su boca y Laura ahora sobre mí y el posición de 69 acercó también su boca a mi polla, que entraba y salía de la boca de las dos mujeres sin que yo pudiera acertar en cual estaba. El coño de Luisa me daba junto delante de mi boca, ofreciéndose y contoneándose ante mí, así que no lo dudé y alargando mi cabeza lo comencé a chupar, mi lengua recorrió todo su sexo y le fui introduciendo la lengua a la vez que ella con sus movimientos adelante y atrás ayudaba a que esta penetrase más hondo.

Estaba a punto de correrme cuando mi mujer apartó a Laura y le dijo que ahora le tocaba a ella saborear el polvo de su marido, Laura entonces se dedicó de rodillas a acariciarme y pesar mis pezones y mi boca mientras Marga se colocó sobre mí, con su coñito empapado de Luis, aun con restos del otro hombre que se la había follado ante mis ojos, no me importaba, me excitó aún más y cuando noté suave su coño, mi polla resbalando ante el semen de Luis, sacando su esperma entre los movimientos de Marga, iba a reventar, a inundar nuevamente su coño, a sentir el cálido líquido manar dentro de mi y soltarlo estallando en su coño rebosante.

Laura de rodillas tras de mí dejaba que acariciara y chupara sus pezones con su culo en pompa, Luis no desaprovechó la ocasión y con su nabo en una mano con la otra abrió el sexo de su mujer y se dispuso a gozarla después de que yo hubiera depositado mi dulce elixir dentro de ella, eso debió darle un gran morbo, pues aún se sintió con fuerzas de una nueva cabalgada. Apretaba su culo e hincaba su polla dentro de ella, yo la podía ver, de espaldas a la alfombra y chupando las tetas de su mujer, que iban y venían delante de mi cara con las embestidas de Luis sobre Marga. No duré más y gritando solté toda la carga que me quedaba sobre Marga, que se corrió saltando sobre mí, mientras Laura soltaba unos gemidos de placer junto a mi boca y veía como Luis soltaba un poderoso chorro de semen en el coño de su esposa que ya lleno de mi no podía retener el nuevo manantial de esperma que le soltó y este calló abundantemente sobre la alfombra.

Quedamos durante muchos minutos extenuados, luego nos duchamos y fue entonces cuando Luis y Marga confesaron que eran amantes desde hacía años, que nos lo querían confesar y por esos habían urdido la trama del falso embarazo, que realmente Laura no sabía nada y creía realmente que su marido no era fértil para tener hijos, lo que hizo que en nuestra ingenuidad aceptáramos el juego, un juego que al final nos ha reconfortado muchas veces desde entonces.

Autor: Magapex

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