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LA LECHITA DE MI PAPI

11 de septiembre de 2007

Me llamo Marcela y tengo 19 años. Desde hace unos meses he conocido las sensaciones más maravillosas que jamás podré sentir. Creo que me he vuelto salvaje. ¡Una chica tan tranquilita e inocente!, según dice mi abuela.

Mis padres, Carlos y Martha, se llevan bien y jamás hubiera pensado que uno pudiera engañar a otro.

Un día, en septiembre del año pasado, mi mamá tuvo que salir de viaje. Normalmente, el que sale de viaje es mi papá por su trabajo. Pero esa vez le tocó a ella. Se fue por una semana y quedamos solos en la casa mi papá y yo.

Mi padre tiene 43 años. Es algo calvo pero muy velludo y se mantiene bastante bien. No es fisicoculturista ni deportista profesional pero aún está firme y hace algo de ejercicio.

Durante nuestra primera noche solos, yo estaba preparando unos sándwiches para cenar mientras veíamos una película en la tele, ambos en bata. Yo me senté al lado de mi papi mientras comíamos y al terminar puse mi cabeza en su regazo mientras él me acariciaba el cabello.

En la película, justo en ese momento, estaban pasando a una pareja que estaba muy apasionada. De repente siento bajo mi cabeza un bulto muy grande y duro. Me sentí turbada, y creo que papá también. Pero hubo una fuerza que no sé de dónde salió dentro de mí, que me hizo comenzar a acariciar con mi cara ese enorme bulto. Mi padre no decía ni una palabra.

No puedo decir que no supiera nada de sexo porque siempre se habla entre amigas y el cine y la tele de hoy dan bastante información. Pero era bastante más desinformada y tonta que la mayoría de las chicas de mi edad en otros ambientes. Eso sí, lo poco que sabía despertaba en mí gran curiosidad. Yo, todavía ni siquiera mi cuerpo me había atrevido a tocar con demasiada liberalidad.

Como estaba contento, no sé qué fuerza me llevó a actuar como actué. Mi madre y mi abuela dirían que se me metió el diablo. Pero qué suerte que así fue.

Seguí acariciando a mi padre y de repente subí una mano y comencé a acariciarlo, subiendo y bajando por esa forma dura y alargada que había bajo su bata de noche.

De repente me animé y pregunté. ¿Me lo mostrarías? Nunca he visto a un hombre, me muero de ganas, y prefiero que seas tú.

Mi padre apenas pudo balbucear un – Nnnooo…, ¡cómo crees!-, pero se oía muy inseguro. Yo insistí y comencé a abrir la bata, lentamente. Dejé al aire su bóxer del que salía, por la abertura, parte de su pene durísimo y rojo pues se había excitado algo por la película y mucho por mis caricias.

¿Puedo tocarlo? Sin esperar respuesta puse mi mano sobre él. Estaba caliente. Mis labios fueron instintivamente hacia ese duro mástil.

La cabeza era enorme y tenía un color rojo muy fuerte. Mi lengua comenzó a pasar alrededor de ella.

- Nena, espera…, esto está mal. Decía papá, pero no se quitaba.

Mi lengua seguía recorriendo eso tan grandote, tan rico, que me llenaba la boca.

- Papá-, digo, -enséñame, decime qué hacer. Quiero seguir, no sé qué me pasa, estoy quemándome.

Papá empezó a mover las caderas de arriba a abajo y dijo:

- Dale nena, chupá. Ahí, justo ahí, pasá la lengua, más rápido. Metétela en la boca, y frotá tus labios por todos lados mientras movés la lengua. Pásame la mano por los huevos, abajo, eso, así.

Ahora te voy a dar yo, leche. Mucha lechita caliente, vas a ver qué rica. Ésta es la "teta" de papito, toda para vos, pero esta leche es más rica, vas a ver. Dale, dale más duro que ya casi sale.

Papá seguía moviendo las caderas cada vez más fuerte, pero yo también cada vez estaba más caliente, sentía como si hormigas me caminaran por el bajo vientre, necesitaba algo pero quería también mamar y mamar, quería esa leche

que papá me prometía.

De repente mi papi empezó a gemir muy fuerte. Gritaba: – Acá te va la leche, tómala toda, no dejes ni una gota. Te va, yaaaa, ¡ayyy! ¡ayyy!, que se sale toda.

Sentí unos chorros calientes que entraban con fuerza a mi boca. Exquisitos, me encantaron. Papá gemía fuertísimo, hasta pensé que le dolía y casi paro de chupar, pero me gritó: -¡Noooo, no parés!, dale hasta lo último.

Luego terminó. Me dijo:

-Lamé todo, no dejes nada. ¿Te gustó la lechita de papá? -Me encantó, pero quiero más. Papá, por favor, hacé algo, no sé qué necesito, estoy muy caliente.

Me dijo: -Espera, no te pongas impaciente, papá te va a enseñar todo. Se paró y me dijo: Ahora acostate en el sillón. Te toca a vos.

Me acosté. Me empezó a besar toda y a pasar las manos por el cuerpo. Yo hervía. Su lengua recorrió mi boca, mi cuello y se fue deslizando a mis pechos. Mordisqueó los pezones y su mano empezó a frotarse, primero suavemente, en mis vellos púbicos, donde sobresale el hueso. Un calor me fue inundando. Su lengua siguió bajando, recorrió mi ombligo y siguió su camino. Con las dos manos abrió mis labios mayores.

Decía: -Mi bebita, qué rica está.

Su lengua empezó a pasarse por los costados de los labios, lamió mis labios menores y llegó a mi clítoris. Movía la lengua increíblemente bien, rápido, lento, rápido. Yo casi enloquecía. Él también pasaba su lengua por la entrada de la vagina, por mi ano, volvía a la vagina y al clítoris.

- ¿Te gusta lo que hace papito? Y seguía trabajando con la lengua.

Se quedó trabajando en mi clítoris y su mano acariciaban el ano y la entrada de la vagina. Pero su lengua se sacudía cada vez más locamente en mi clítoris.

De repente exploté. De mí salían y salían jugos, no sé de donde saqué tanto, pero fue fabuloso.

Nos abrazamos y empezamos a besarnos. Papá me cargó y subió la escalera conmigo en brazos. Me llevó a su cuarto y me tiró en la cama enorme.

Me dijo. ¿Querés que sigamos jugando? Yo ardía de deseos y creo que ni le contesté, con mi mirada lo supo. Me pidió que le sacara su lechita otra vez, así que empecé a lamerlo. Su "cosa", como yo decía, su pene, más técnicamente, o su "teta", como él me había dicho, estaba otra vez durísima. Me dijo:

-Nunca me había calentado tanto como con mi nena. Estás riquísima y papá te va a dar de comer mucho, te va a cuidar, pero, esto va a quedar entre nosotros.

-Por supuesto que sí papi, pero ya dame lechita otra vez.

-Pero ahora no te la voy a dar en la boca, te la voy a poner allá abajo. Al principio te puede doler un poquito, pero luego te va a gustar mucho, así que aguantá.

-Si papi, donde quieras, pero dame, quiero que me des todo.

Papá se acostó sobre mí, me abrió bien las piernas. Bajó un poco con su cara hasta mi entrada y me lamió un poquito hasta que yo casi gritaba y con una mano me masajeaba sobre el pubis y me acariciaba el ano y la entrada de la vagina.

Yo estaba como loca. Volvió a subir y me dijo: -Ya ahí te va, aguantá un poco. Me metió el pene en la entrada de la vagina y empujó. Yo creo que estaba tan caliente que sólo sentí un ardor al principio pero me encantó. Metió y metió y me dijo: Ya te va hasta el fondo. Dio un empujón y se metió, creo que casi entraron hasta los huevos de tan lubricada que estaba yo y del empujón que dio. Papá empezó a moverse, lento al principio, luego más rápido. Jadeaba y gemía. Me dijo: Nena, ahí te va la leche, ya te va toda, otra vez. Yo sentía hervir mi cuerpo y volví a explotar.

Explotamos juntos. Fue un orgasmo brutal. Él me dijo que así se llamaba eso que había sentido.

Esa noche me dio su leche caliente otras 3 veces. Dos en la boca y otra en la vagina. Él también me mamó con locura otras dos veces.

Mientras mamá estuvo de viaje creo que no nos levantamos y cogimos y cogimos como 100 veces. De todas formas. Nos mamamos, me penetró, usamos juguetes, hicimos mil cosas, pero eso es para otro cuento.

Desde ese tiempo mi papá y yo, como mi mam&

aacute; ya no sale casi de viaje, nos vamos papá y yo por lo menos cada dos semanas de fin de semana "padre-hija", para conocernos bien, y durante las semanas salimos con cualquier excusa un par de horas y nos metemos en cualquier hotel para que me alimente como debe ser. Su leche me ha gustado mucho y pienso seguir tomándola durante mucho tiempo.

Autor: Marcela

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