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La licenciada y yo

8 de octubre de 2009

Le levanté de nuevo la falda y haciéndole a un lado la tanguita la penetré, le chupaba las tetas mientras la bombeaba, la licenciada gritaba, y no dejaba de mover su culo hacia atrás y adelante, ella se corrió sobre mi verga.

Esta historia es real, sucedió hace unas semanas 100% verídica…

Esta historia da inicio cuando yo cortejaba a una licenciada que tenía su oficina cerca de mi casa, ella tiene 42 años de edad, tiene unos senos verdaderamente enormes, es delgada y un trasero no tan deseable, yo tengo 20 años apenas, pero la verdad es que ya se me hacía agua la boca con tan solo pensar en la lamida que le daría a ese par de senos…

Todo comienza en que una tarde, yo le llevaba como siempre, o al menos por lo regular lo hacía, un par de deliciosos pasteles, al verme me pasa adelante (estábamos en su oficina) al yo ingresar, la deliciosa de su secretaria se retiraba (deliciosa, porque tenía un trasero enorme, pero los pechos de la lic. me volvían loco)

Me ofreció asiento y me pidió que cerrara la puerta ya que deseaba merendar tranquila, yo accedí a estar sentado en una silla que se situaba a su lado y al verla, se me para mi orgullo, ella vestía una blusa negra con un gran escote, el cual permitía ver su tremendo busto, asimismo tenía una falda larga roja con una abertura por la parte de la pierna izquierda, unas medias negras que woow, unos zapatos rojos de esos de tacón de aguja.

La verdad es que estaba tan nervioso que cuando iba a servirle el pastel se me cayó uno por encima de su pierna y zas! le manchó la media y parte del zapato, me levanto corriendo para ir al baño a traer un paño húmedo, en eso cuando me hinco frente a ella para limpiarle, no sé si por inercia o por causas X le levanto un poco la pierna, levanto un poco la mirada y veo que las medias son de esas que están a media pierna y sujetadas por un liguero negro.

Aproveché para ver su ropa interior que era negra, pero no le tomé mucha importancia en tanto me dijo “espérate, lo hago yo” luego ella dio un pequeño levantón y me dijo que le detuviera la silla y que cerrara los ojos un momento mientras ella se quitaba las medias para lavarlas, acepté y cerré los ojos, cuando de repente ella se iba a caer yo abro los ojos precisamente cuando la falda estaba a media pierna y pude ver esa tanguita negra de seda completamente, me levanto para detenerla mientras la falda cayó, quedé de frente a su rostro y sin más ni más increíblemente rozó mis labios sobre los de ella lo cual me puso caliente, más de lo que ya estaba.

Haciéndose un tanto la desentendida se agachó a recoger la falda cuando por casualidad dejó sus nalgas sobre mi pene que estaba más erecto que cuando la vi, entonces me dijo -Tito, ¿Que cosa es eso? -Perdón por el mal rato que te he hecho pasar-explicó, luego yo un tanto avergonzado le dije -¿Pero de que se trata? -Del gran obsequio que tienes en el pantalón-respondió. Yo sonrojado y un poco ya entrado en confianza le dije que me disculpara, pero yo la observaba y me fascinaba como era ella y más luego le dije,- tampoco había visto la linda ropa interior que usted usa, la cual le luce bastante bien,- dejando la falda en el suelo me dijo, -¿De veras quieres ver como luzco con toda mi ropa interior? A lo cual yo respondí que sí.

Ella se soltó la blusa y dejó caerla, vi un sostén el cual estaba ya forzado el pobrecito de estar soportando tan grandes bellezas, luego me dijo, -¿Quieres jugar? Yo aun ignorante (aparentemente) Le pregunté, – ¿A que? Entonces ella me responde, que me quería ver en ropa interior también, A lo cual accedí, estuvimos jugueteando de vernos en un espejo que tiene en su oficina, luego me acerco a uno de sus senos y le bajo un poco el sostén y empiezo a besar, morder y lamer ese duro y erecto pezón, ella empieza a gemir levemente, en tanto me di a la tarea de buscar con mis manos el broche del sostén y la otra el otro seno, cuando el sostén de seda cayó al suelo y ella me avienta de un empujón a su silla, por un momento pensé que había acabado esto, pero no fue así, me dio un fuerte beso, el cual por ser el primero que ella me daba será inolvidable.

Luego ella se hincó ante mí y me bajó el bóxer y empezó a sobar mi pene con gran cuidado y lentamente que me lo puso más erecto aún, luego se lo introdujo de un solo bocado en su boca, la verdad fue estupendo, ese lame aquí y lame allá me puso loco, al yo estar listo para venirme le dije que me tocaba a mí hacer lo que sabía, ella se sienta sobre su escritorio y abriendo un tanto las piernas me indica que puedo continuar, le bajé la tanguita de seda negra por sobre el liguero y me enseñó ese universo de vellos púbicos que había en su vagina, yo sin más me dispuse a lamerme un dedo e introducirlo en su vagina una y otra vez, lentamente, ella gimió más fuerte que la primera vez, lo cual a mi me puso super caliente.

Después de unos minutos me dijo que hacía tiempo que me deseaba dentro de ella, desde la segunda vez que la visitaba (para ello era la quinta vez que yo llegaba a su oficina) y me pidió que la penetrara, que no me demorara más,  así lo hice, me puse de pie frente a ella y se la fui introduciendo poco a poco, dándole un beso bien de lengua procedí al mete y saca,  ella tenía muy húmeda su vagina, esa lubricación me favoreció y la penetré más adentro, mis huevos golpeaban sus nalgas en cada empellón.

Vi como sus lindas y negras medias estaban húmedas lo cual me excitó más y acabé dentro de su conchita, el momento me dejó algo cansado así que me senté en la silla, pero al verla como se secaba las medias y se ponía la ropa me puso de nuevo en erección, le levanté de nuevo la falda y haciéndole a un lado la tanguita la penetré, le chupaba las tetas mientras la bombeaba, la licenciada gritaba, y no dejaba de mover su culo hacia atrás y adelante, ella se corrió sobre mi verga y no aguanté más, seguí el metisaca hasta dejarle bien llenita su cueva con toda mi leche caliente, terminé, me vestí para irme me ordenó que lo repitiéramos de nuevo lo más pronto posible…

Desde ese entonces, la he visitado hasta en su casa y hemos tenido sexo hasta en su cuarto, incluso estando sus hijos en casa, lo mejor de todo, su marido ni sus hijos lo saben, para lo cual estamos felices

Autor: Tito

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