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LA MAESTRA

8 de enero de 2007

Realmente la señorita Alicia no era mi maestra, pero si una muy buena amiga de mi abuela y mi madre. Resulta que desde que yo tenía más o menos unos catorce años, en lugar de gustarme lo que a la mayoría de los chicos de mi edad les gustaba, a mi me gustaban más las cosas que le agradaban a las chicas, incluyendo los chicos. Tanto mi madre como mi abuela quizás por el amor que me tenían en esos momentos, no pudieron o no quisieron ver lo evidente. Pero ya mis dieciocho años era algo tan evidente mi gusto por otros chicos, que se me notaba hasta por los poros. Tanto así que después de lo que me sucedió en las prácticas de natación a las que asistía regularmente, mi madre y mi abuela lo tomaron de manera muy calmada.

Sucedió que varios de mis compañeros del equipo de natación, decidieron aprovecharse de mi debilidad por ellos. Realmente nos encontrábamos los cuatro en los vestidores, en esos momentos yo recién terminaba de salir de la ducha, únicamente con mi toalla alrededor de mi cintura, creo que fue Rodrigo el que me sujetó por la espalda, un moreno más alto y corpulento que yo. Apenas me sentí que me estaba sujetando, traté inútilmente de zafarme, pero lo único que logré fue que se me cayese la toalla, quedando totalmente desnudo. Al mismo tiempo que me sujetaba, Rodrigo me proponía que lo dejase que él me metiera su verga dentro de mi culo. De momento comencé a sentir entre mis nalgas el roce de su verga, cosa que en otras ocasiones ya había tenido dentro de mi, pero nunca estando frente a otros chicos, aunque con Sergio y Francisco, los otros dos que estaban en el vestidor con nosotros, también ya había tenido sexo, pero a solas.

Al verme en esa situación, no me quedó más remedio que ceder a su petición, aunque algo avergonzado. Ya que aunque en otras ocasiones, había tenido sexo anal y oral con ellos, siempre había sido a solas, sin más nadie presente. Dejé de hacer resistencia y apenas Rodrigo notó que me quedé tranquilo, comprendió que yo había decidido cooperar, por lo que me soltó. Simplemente me coloqué en cuatro patas y Rodrigo embadurnando su verga con agua y jabón comenzó a pesarla por sobre mi esfínter, hasta que poco a poco al principio comenzó a penetrarme y una vez que ya tenía su glande dentro de mi, me tomó por la cintura y sin consideración alguna como de costumbre, me empujó el resto de su verga. Lo que disfruté plenamente a medida que seguía abriéndose paso dentro de mi cuerpo.

Rodrigo continuó agarrándome por la cintura y sujetándome con fuerza, comenzó a bombearme tan sabrosamente como de costumbre, mientras que yo movía mis nalgas de atrás para adelante, sentía como entraba y salía constantemente su verga de entre mis nalgas. Mientras Rodrigo y yo hacíamos eso, lo escuchaba decirme de manera repetitiva. Vamos mariconcito mueve ese culito. A lo que yo calladamente le hacía caso y continuaba moviéndome tal como él me lo pedía. Hasta que Sergio, se colocó frente a mi cara, manoseando su miembro de manera provocativa. Creo que en ese instante nada más de verlo se me hizo la boca agua, así que deseoso de tenerlo dentro de mi boca, estiré uno de mis brazos y con mi mano derecha lo tomé entre mis dedos y lo fui acercando a mis labios, mientras que Rodrigo continuaba dándome verga divinamente, sin que yo dejase de mover mis nalgas al ritmo que el moreno me marcaba, sabrosamente dándome una que otra nalgada.

Ya me encontraba lamiendo la verga de Sergio, al momento que el flaco Francisco se acercó de igual forma que lo hizo Sergio, manoseando su erecta verga. Pero como cuando traté de llevármela a la boca, para ponerme a mamar su verga de manera alterna con la de Sergio, pero como Francisco se negó, simplemente me dediqué a masturbarlo, mientras que Rodrigo seguía y seguía dándome duro. En ocasiones había fantaseado con

tener sexo con dos chicos a la vez, pero jamás con tres a un mismo tiempo. Disfrutaba intensamente de todo el placer que ellos tres me proporcionaban, cuando el conserje y un guardia, nos sorprendieron in fraganti.

Fue la cosa más vergonzosa y embarazosa del mundo, que me había sucedido hasta ese día. Ninguno de los dos, ni el conserje ni el guardia, quisieron tranzar por olvidar lo sucedido, para hacerles la historia larga algo más corta, les diré que a los cuatro nos expulsaron del equipo de natación. Como les dije al principio, cuando eso sucedió y se supo en mi casa, como que a nadie le sorprendió mucho realmente, me refiero a mi abuela y mi madre, lo tomaron de forma muy calmada. A pesar de lo descriptivo que fue el guardia, al explicarles a ellas como me habían encontrado, con un chico sobre mis nalgas, mientras que con mi boca se lo mamaba a otro y a un tercero lo masturbaba.

Pero regresando a la señorita Alicia, les diré que todo lo que me sucedió con ella debió ser invento de mi abuela. Como a la semana todavía yo de la vergüenza que sentía, no salía de mi habitación. Hasta que mi abuela Milagros, prácticamente me llevó a su casa para tomar que según mi abuela, unas tutorías ya que en las primeras clases de la universidad salí bastante malito en matemáticas. La señorita Alicia, que es casi de la misma edad de mi madre, pero se ve mucho más joven y bella. El primer día la señorita Alicia, después de estar casi una hora evaluando mis conocimientos, me dijo que lo mío era simplemente, era falta de concentración o flojera de pensar. Pero el segundo día todo fue bien diferente, apenas me senté y me fijé en ella, me di cuenta que se encontraba con sus piernas bastante abiertas, más de lo que usualmente una mujer acostumbra a sentarse, además la corta falda que estaba usando se encontraba bastante arriba de las rodillas, así que sin esfuerzo alguno, pude ver su coño apenas oculto bajo la tela de sus pequeñas pantaletas de encaje negro. Aunque había visto a mujeres desnudas en más de una ocasión, la verdad es que nunca me habían llamado la atención. Pero el ver el coño de la señorita Alicia, tan cerca de mí, fue algo bien diferente, ya que capturó mi atención de inmediato. Pero ella seguía actuando como si nada, yo hasta llegué a pensar que de seguro ella sabía lo que me había sucedido en el club de natación y pensaba que no tenía porque preocuparse de mí. Pero a pesar de eso, la manera en que ocasionalmente se tocaba su coño, me comenzó a poner bastante nervioso y excitado a la vez.

En cierto momento, no se de donde ni como apareció una pequeña cucaracha, la que yo realmente nunca vi y a ella le ha dado, lo que me pareció a mi un ataque de pánico. Como una loca comenzó a gritar y a sacudir su cabellera, casi de inmediato aun dando gritos y moviéndose de un lado al otro de la sala, comenzó a quitarse toda la ropa, diciendo que el pequeño insecto se le había metido dentro de su ropa. Yo boquiabierto, nada más la veía como mientras daba saltos de un lado a otro y se iba quitando toda la ropa. En medio de su ataque se me acercó entre gritos y llantos, agarrándome por los brazos y diciéndome que se la quitara de encima. Yo como pude auque bastante asustado, comencé a buscar al condenado insecto, mientras que ella terminaba de quitarse lo que le quedaba puesto, quedando completamente desnuda ante mí.

Aunque nunca en mi vida el cuerpo de una mujer me había llamado la atención, el de la señorita Alicia me tenía completamente atolondrado. Ella comenzó abrazarme y sentí algo, que nunca en mi vida había sentido hasta ese momento. El placer de tener el cuerpo de una mujer entre mis brazos, no se de donde se me ocurrió decirle que ya le había quitado la cucaracha y ella me sorprendió dándome un gran beso, pensé que era de agradecimiento. Pero su boca no se separaba de la mía, yo también continué besándola y acariciando todo su desnudo cuerpo. El calor de su piel, me tenía como loco. Mi verga que en ocasiones me masturbaba cuando me daban por de tras, la tenía a mil. En ese instante en lo único que deseaba era metérsela a ella a como diera lugar. No se de donde saqué las fuerzas necesarias, la coloqué sobre la mesa donde estudiaba, como pude me quité los pantalones y de inmediato agarrando mi verga la dirigí

a su coño.

A medida que la iba penetrando, el placer que comencé a sentir fue algo que jamás ni nunca había disfrutado antes. La señorita Alicia movía sus caderas de una manera increíble, yo estaba mudo de la emoción, no es que me hubiera enamorado de ella, simplemente el tenerla entre mis brazos y el estar metiendo y sacando mi verga de su sabroso coño, me tenía como loco. Ella por su parte no dejaba de decirme que le diera más duro, lo que me excitaba más aun. Sus gemidos, sus gritos de placer, así como su acelerada respiración eran algo que yo jamás soñé disfrutar. Por primera vez en mi vida tenía a una mujer entre mis brazos y me gustaba, tanto que me pregunté a mi mismo, como era posible que nunca me hubiera interesado por ellas. En esos instantes me vine como un perro, es decir fui algo rápido esa primera vez. Cuando nos separamos, la señorita Alicia me tomó de la mano, me llevó a su dormitorio, donde terminó de quitarme el resto de mi ropa, dejándome acostado sobre su cama. Por un corto rato entró al baño de donde salió con una pequeña toalla entre sus manos.

Limpió mi verga y cosa que jamás me habían hecho, se puso a mamármela como yo se lo hacía a mis compañeros. Esa fue otra cosa de las que yo nunca había disfrutado, el ver como mi propia verga desaparecía entre sus labios, me puso nuevamente a millón. Su cabeza bajaba y subía rítmicamente tragándose todo mi miembro, el verla así de esa manera chupando toda mi verga, me hizo sentir especial. Pero mi excitación era tal que estuve a punto de venirme, de no ser por que ella cada cierto tiempo me agarraba los testículos entre sus dedos y los jalaba de una manera que me permitía seguir disfrutando de lo que con su boca me hacía. Yo estaba que no cabía en mi, de lo bien que me sentía, tanto que sin que ella sacase mi verga de su boca, me fui moviendo hasta que su coño quedó al alcance de la mía. Por un largo rato mientras que ella me lo mamaba yo le lamía su coño, insistentemente. Hasta que ambos alcanzamos el clímax.

Desde ese día, casi se puede decir que me convertí en su marido y ella en mi mujer. A diferencia de otras personas, Alicia acepta que todavía tenga mi gusto por los hombres, hasta en ocasiones me he puesto su ropa y ha ella le ha fascinado arreglarme. Cuando no, hasta hemos compartido a uno que otro de mis amigos. Pero las relaciones entre ella y yo son algo salvaje. Por otra parte mi madre y mi abuela están encantadas y al igual que Alicia eso de que yo siga teniendo un particular gusto por los chicos como que no les molesta mucho.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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