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LA MEJOR AMIGA DE MI MUJER

26 de octubre de 2005

Hola me llamo Roberto, y la historia que voy a contaros sucedió hace más o menos un año en unas vacaciones en las que paramos en casa de Susana, la mejor amiga de mi mujer, para una corta visita.

Íbamos de camino a Barcelona a pasar unos días con mi familia y aprovechar dejar los críos con mi madre para que mi mujer y yo pudiéramos pasar unos días solos. Como vivimos en Granada, decidimos ir a Barcelona por Murcia y Alicante y parar un par de noches en casa de Susana. Susana no es ninguna belleza. Más bien bajita y un poco gordita, pero con una cara muy guapa y un sentido del humor que haría reír a un muerto. Susana se había separado de su marido Carlos hace más de un año y vivía en un piso en el centro de la cuidad con sus 3 hijos. A los 40 años, no es que Susana giraba cabezas, pero tampoco estaba de mal ver. La verdad sea dicha siempre me había dado un poco de morbo, tal vez por ser la única amiga de la infancia que aún mantenía contacto con mi mujer.

Cuando llegamos nos recibió muy contenta. Había hecho una paella para comer y nos sentamos en su balcón a disfrutar de un precioso día de verano. Después de comer pusimos a los críos a tomar una siesta y mi mujer, Susana y yo nos sentamos a tomar un café y a conversar. La conversación fue más o menos trivial. Un poco de eso otro de aquello hasta que Susana hizo un comentario que me dejó con la boca abierta. Hasta ahora, Susana había siempre mantenido el decoro de una mujer casada. Es más, nunca le gustaron los chistes picantes ni los comentarios de doble sentido. Sin embargo en ese momento comentó que hacía mucho que no echaba un polvo y si yo no tenía algún amigo dispuesto a pasar una noche loca sin ningún tipo de atadura. Yo sonreí simplemente y le dije, bueno si quieres venir a Granada, seguramente te puedo conseguir algo. Yo claramente, lo que quería decir es déjame a mí y te hecho un polvo que te hago gritar pero claro, ese tipo de comentario delante de mi mujer estaba fuera de lugar.

La conversación cambió de sentido y nos levantamos recogimos la mesa y limpiamos la cocina. Susana nos cedió su habitación por que era la única que tenía una cama matrimonial y ella se trasladó al estudio. Esa tarde después de cenar Susana entró en la habitación para coger su pijama y yo haciéndole la broma le dije que si no estaba demasiado crecidita para dormir con pijama. Ella se rió y dijo, bueno solo mientras vosotros est ella se sentó Susana mientras yo me quedé sentado en el sofá directamente en frente de Susana.

Mientras miraba la tele, no podía apartar la mirada de sus piernas. Ligeramente entre abiertas, me permitían una vista privilegiada de las bragas de Susana. En mi delirio visual, me parecía ver vellos púbicos asomándose por los lados de sus piernas. Mi corazón palpitaba y la erección en mis pantalones era evidente. Yo estaba seguro que Susana sabía lo que hacía, mientras hablaba con mi mujer, habría y cerraba lentamente sus piernas. Al no poder aguantar, decidí irme a dormir y unos minutos más tarde vino mi mujer. Yo tenía una erección grandísima y quería desahogarme, pero mi mujer es de las que no les gusta follar en una cama que no sea la suya así que me dio un beso se dio media vuelta y se quedó dormida. Esa noche no pude dormir.

La visión del coño de Susana era más fuerte de lo que podía soportar. Lentamente me levanté de la cama y me dirigí a la cocina a beber un poco de agua. Al atravesar el salón para ir a la cocina, me di cuenta que la luz del baño estaba encendida. Era Susana que estaba en el servicio así que me oculté un poco ya que estaba en calzoncillos y no quería que me viera. Cuando salió del servicio me di cuenta que solo llevaba las braguitas blancas que yo había visto antes. Ahora se podía apreciar el encaje del frente que se adaptaba perfectamente a su pubis. Tenía a la mejor amiga de mi mujer prácticamente desnuda delante de mí, y ella no sabía aún que estaba ahí. Se d

irigió al frigorífico y al abrir la puerta la luz del interior iluminó sus pechos grandes con unos pezones magníficos y obscuros. Bebió agua y luego regresó a su cama. La silueta de Susana, prácticamente desnuda era más de lo que yo ya había aguantado. Necesitaba ver más, pero no podía arriesgar el ser pillado in fraganti, así que lentamente me acerqué hasta su puerta que estaba entre abierta.

Tenía la ventana abierta, así que la luz de la calle me permitía una visibilidad casi perfecta de su cuerpo semi desnudo en la cama. La contemplé e imaginé lo que sería hacer el amor con la mejor amiga de mi mujer. De repente, Susana empezó a moverse y a tocarse los pechos. Mientras sus manos acariciaban sus pezones, gemía suavemente. No podía creer lo que estaba observando. Me quedé quieto y casi sin respirar, no quería ser descubierto, pero al mismo tiempo necesitaba aliviar aquella terrible erección que tenía entre las piernas. Sin pensarlo mucho, me quedé donde estaba. A este punto, Susana tenía una mano es sus pechos y la otra había desaparecido debajo de las bragas. Mientras acariciaba su sexo, gemía y se movía al ritmo de su dedo, entrando y saliendo de su vagina. Susana levantó la pelvis, cerró las piernas y se quitó las bragas que impedían mi total visión de su zona púbica.

Ya completamente desnuda, abrió sus piernas de manera que en la tenue luz, podía verse el vello púbico y su gran monte de Venus. Imaginé una vagina carnosa y unos labios dignos de ser devorados, veía su dedo entrar y salir de ese agujero de placer. Por un momento, su mano abandonó la intimidad de su entrepierna y tomó algo que reposaba a un lado de su almohada& Un vibrador no muy grande que inmediatamente introdujo en su vagina. Mientras jugaba con el vibrador y lo metía y lo sacaba, sus caderas se movían al mismo ritmo que su mano acariciaba sus pechos. Su cabeza reposaba tirada hacia atrás y un poco haci minutos entré yo también a ducharme y en el suelo del baño me encontré las braguitas de Susana enrolladas en una esquina. Me aseguré que la puerta estaba bien cerrada y casi temblando me las llevé a la nariz. Su olor me invadió e instintivamente saboree la dulzura de su sexo que aunque indirectamente, ahora conocía. Una vez más me masturbé con el sabor de los jugos vaginales de Susana, sentí su olor, su sabor y en mi mente le hice el amor incansablemente.

Esa tarde salimos hacia Barcelona. Al despedirnos, mientras mi mujer acomodaba a los críos en el coche, Susana se me acercó y me preguntó con un aire de picardía, si había dormido bien. Yo sonreí y simplemente contesté que no tan bien como ella. Me dio un beso fraternal en la mejilla y nos despedimos. Dentro de dos meses volveré a Alicante en un viaje de negocios, mi mujer me ha pedido que invite a su amiga a cenar para aliviar un poco su soledad… me pregunto que querrá decir con eso… Pero eso, será otra historia. Saludos.

Autor: Roberto

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