La mirada

Romántico. Nunca acabé, yo pensaba que lo hacías en el baño

Tu mirada, tu forma de verme. Me envuelves con tus ojos, fijos y cercanos, certeros y posesivos.

Tu espigado enfoque que no me incomoda, que dirige tus pupilas a mi universo. Tus manos gruesas y obscuras, con alto grado de pelo negro en tus dedos, recorren mi espalda.

Sentir que me acaricias, que hundes tu contacto en mí. Sentir que mi piel cambia con el paso leve y sin prisas en mi piel. Levantas con tus dedos mi camiseta, introduces tu mano y ahora mi espalda sabe y conoce lo que tus dedos quieren y desean transmitir. Preguntas con tus dedos, mi piel responde, granulándose. Símbolo de pertenencia, soy tuyo. Recorres mi espina dorsal, introduces tus manos para iniciar o terminar en mis gluteos. La gran cantidad de carne, que detectan tus manos, que ahora cambian de manera, las formas cambian, ahora en vez de recorrer, ahora se entretienen, tratando de identificar con justos movimientos, que formas tengo yo ahí, intentan entablar comunicación tus dedos con mis nalgas. Se intensifica el esfuerzo, tratas de probar mi dureza, intentas con más fuerza juntar la piel y separarla. El sitio, para hacerlo no ha sido un lugar aislado, sin gente, sino el lugar que se identifica a si mismo como el “lugar de la putería”. Da risa oir ese nombre en los altavoces. Conjunción de hombres con hombres, mujeres con mujeres, hombres con mujeres. Hay de todo, hombres recios como tú, hombres fuertes que se visten débiles, mujeres que pretenden ser hombres. Solo espíritus de un sexo que se equivocaron de cuerpo. Huele a sexo, ese clásico olor de lubricación de penes en penes, vaginas en vaginas. Hemos pasado varias horas descubriendo que la cerveza sabe mejor fría, que el margarita frozen sabe a sal. Tú sentado en una silla alta, yo a tu lado de pie, sintiendo como tu verga esta dura, como mi ano lo concientes con tu dedo medio. No se si lo haces para demostrar algo, no se si te excitas por la hazaña o la hazaña consiste en que los demás te vean como tu brazo se pierde en mi pantalón. No eres así en privado, aqui no ocultas tus sentidos. Tomé mis precauciones antes de venir aquí, preveí que quizá podrías ponerte intenso. Le atiné. Volteo a verte y con tu mirada me atraes, con tus dedos de la mano izquierda me penetras. Aquí me besas, intensamente. Hace meses que ni la boca querías abrir al besarme, ahora tu lengua inserta tu saliva en mis labios. Tus labios van de la boca al pómulo y de ahí a mi oído. Introduces tu lengua en mi canal ótico. Lavas mis penas, destapas mi ánimo. Acaso te excita que me pierda en la sensación de tu boca en mi oído, acaso te encanta ponerme dispuesto a lo que sea. Doble penetración ahora, por mi ano y por mi oído, pierdo el instante, se graba en mí con escueto título “faje en público”. Siento mi humedad recorrer mi truza, siento tu humedad en mi oído, siento la humedad de tus dedos en mi camino rectal. Lugar de sexo y putería. ¿Cuantos no andan perdidos?, ¿Cuantos miran lo que me estás haciendo?.

Aquí eres una parte incluyente de la obra, de la farsa, de la tragicomedia, del evento, del espectáculo. Te bajo poco a poco el cierre del pantalón. Tu mirada me indica que quieres algo más. Acorto mi camino hacia ahí, flexiono mis rodillas y me introduzco en el espacio preciso de la barra en la que te encuentras. Te pones de pie y abres el botón arriba del abierto cierre. La estatura perfecta para que pruebe un líquido raro y escaso, de un venero que corre de tu pubis hacia mi boca. Cierro mis ojos y respiro profundo, como profundo es adonde me llegas. Rígido y duro es el camino, mi humedad facilita el deleitar mi boca, pero realmente aquí el único que sexualmente disfrutas eres tú, porqué para eso es la mamada, para que el que la da, se excite, pero nunca sentir placer sexual, es mas bien sensualidad. Algo he hecho bien, porqué siento tu verga más dura, más venosa que nunca. Tamaño perfecto, ni corta que solo toquen mis papilas gustativas, ni tan larga que comience a tocar un dueto con mis cuerdas vocales, ni tan flaca que se salga, ni tan gorda que me rompa los bordes de la boca. Abro mis ojos y veo mas pies y mas cabrones a un lado tuyo. Raro, sobándose la verga, excitándose con el espectáculo. Ni te vas a venir porque tardas mucho, ni quiero que te vengas. Me alejo y te medio acomodo el paquete apuntando hacia arriba. Ya me cansé de la posición y veo la manera de levantarme. Vale madre que se enteren. Me vuelves a abrazar y sigues platicando con tus cuates. Yo no estoy ahí, los estrobos potentes me han traido al paraiso de la verdad. Diriges nuevamente tu atención hacia mí. La pregunta que definirá el premio mayor o el retiro del juego. ¿que haz observado en mí, cuando lo hemos hecho, que me diferencia de la mayoría de los cabrones con los que has culeado?.

Mirada de incredulidad, mirada de ignorancia. Insisto nuevamente, ¿Que haz notado que nunca he hecho contigo cuando lo hemos hecho?.

Respuesta equivocada, “-que a tí te gusta que te culeen-“.

Me desbarranco de esta carretera, sin frenos de seguridad, sin bolsas de aire. El tema se ha abierto y me suelto.

“-no cabrón, en todos estos meses, en casi todo este año que llevamos, nunca me he venido, siempre haz sido tú, el que ha llegado-” “-pero yo pensé que te daba pena o que lo hacias en el baño-“.

“-no cabrón, nunca ha habido la manera de hacerlo así-“.

Tu mirada incrédula, mi corazón que te ama, mi necesidad sexual insatisfecha, mis lágrimas que no viste, el lamento que emano y que como la mayoría de los “hombres”, ni te preocupa el otro. Convertido en un instrumento de masturbación, me quedo, con tu brazo en mi nalga, tu lengua en mi oido, sin carne erizada, sin ganas de nada.

 

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