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Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Lo que yo sentí ese día con la picha de mi jefe en mi culo no lo había sentido nunca antes, al tiempo que él mascullaba, me vino una ola de placer tan enorme, tan bestia, que pensé que iba a perder el conocimiento. Él percatándose terminó de imprimir más fuerza a sus embestidas y al final nos corrimos los dos juntos a gritos como locos, jamás en mi vida había sentido nada igual. El culo me ardía de calor y de dolor, pero el placer había sido inmenso.

Este relato es cien por cien real. Sólo he cambiado los nombres y algunos detalles para que alguien que pueda leerlo no me descubra. Me presentaré: me llamo Raquel y tengo 25 años, soy morena de estatura media, tengo las tetas bastante grandes y duras y un culo bonito. Me encanta ir bastante apretada en el vestir, y eso hace las delicias de los tíos que me miran.

Hace año y medio trabajo en una pequeña Cía. como administrativa. El trabajo es rutinario pero yo estoy a gusto, pues somos pocas personas en la oficina y tenemos un jefe que no se porta como tal. Es bastante simpático y nos deja hacer. Mientras el trabajo salga, él no se mete en nada. Mi jefe tiene 36 años y está casado. Es alto, tiene buen aspecto y se cuida bastante pues va a un gimnasio. Viste bastante bien y es educado en las maneras.

El caso es que yo llevo como digo más de año y medio trabajando en mi empresa y nunca me había pasado por la cabeza que pudiera ocurrir algo como lo que pronto os relataré. Yo vivo con mi novio desde hace tres años. Pablo tiene dos años más que yo, y nos llevamos bastante bien. Nos queremos y en cuanto al sexo pues la verdad, yo creía que bastante satisfactorio hasta que… conocí a mi jefe.

En las últimas semanas había percibido que mi jefe estaba cómo más atento conmigo. Se dirigía más de lo habitual y su actitud era bastante amable, aunque siempre súper correcta. Sin embargo, como digo en los últimos tiempos yo notaba como que me miraba más y eso al principio me hacía sentir algo más cohibida, aunque en modo alguno incómoda.

Quizá lo que pasaba es que llegaba el buen tiempo y claro, con él, mi vestimenta se había aligerado. Solía utilizar jerseys bastante pegados que sin duda resaltaban de forma evidente mis tetas. También me había comprado últimamente dos pantalones que me ajustaban como un guante. Lo cierto es que en más de una ocasión notaba yo que a mi jefe se le iban los ojillos hacia mis tetas, y que parecía estar más atento de lo habitual cuando me levantaba de la silla, sin duda para recrearse bien conmigo.
El caso es que nunca había reparado en la idea de poder tener algún atractivo para mi jefe, ni por supuesto él había generado en mí la más mínima atención en ese sentido. Pero eso, empezó a cambiar. En el fondo me gustaba notar que me miraba y cómo lo hacía. A veces me levantaba a la fotocopiadora y me imaginaba que en ese instante el debería estar mirándome el culo. Esta era una situación que sin saber exactamente por qué me empezaba a provocar cierto morbo. Cómo son los tíos me decía yo para mis adentros. Siempre pensando en lo mismo. Pero de ahí no pasaba.
El caso es que pasaban los días y el juego se repetía un poco sin querer. El me hablaba y me miraba algo más fijamente a los ojos, y a mí su actitud me divertía. Era mi jefe y me atraía eso de que se le notara tanto lo bobo que estaba por mí, aunque siempre de lo más correcto. Aunque insisto todo se desarrollaba más como un juego que como otra cosa.

Cierto día, mis compañeras marcharon bastante puntuales, cosa poco habitual en mi trabajo, lo que dio lugar a que nos quedáramos solos. Él salió de su despacho y me preguntó algo intrascendente sobre unas facturas. Yo le contesté y noté que él se quedó callado mirándome y como un poco abstraído. Yo volví la cabeza y de nuevo me puse a trabajar en mi ordenador. Él se volvió a su despacho, pero al poco volvió a salir. Me preguntó no se qué otra chorrada, pero en esta ocasión se acercó más de lo habitual a mi mesa. Él estaba de pie y yo sentada en mi silla giratoria. De repente me volví para contestarle y advertí que se había situado más cerca de mí de lo habitual. Le contesté mirándole a la cara y el permaneció inmóvil. Bajé la cabeza y en esa situación su bragueta quedaba justamente enfrente de mi cara, como digo a poco más de medio metro.

Yo me quedé parada y sin saber exactamente por qué fija mirando al frente justo a su cinturón que me quedaba a la altura de la cara. Pasaron unos segundos de indecisión entre ambos, y en ese momento él se aproximo más hacia mí, y puso su bragueta exactamente delante de mi cara. Yo miré hacia arriba, y fue entonces cuando él terminando de aproximarse completamente me cogió decidido por la parte de atrás de la nuca y empezó cadencioso a rozarme su paquete contra la cara. Al principio mi reacción instintiva fue echarme hacia atrás, pero sin saber por qué, no lo hice. Su presión en mi nuca se hizo más fuerte al tiempo que el roce y el sobeo de su ya paquetorro contra mi cara se hizo más violento.

Notaba por momentos como la picha se le iba inflamando y haciendo cada vez más enorme. En ese momento me invadió una sensación indescriptible de deseo que me hizo restregarme a mí contra su bragueta por propia iniciativa. Fue entonces cuando él advirtiendo mi participación, comenzó a desabrocharse el cinturón y a bajarse presuroso los pantalones y los calzoncillos. Al poco apareció la picha más gorda, dura y bonita que jamás hayan contemplado mis ojos, y eso que he visto reales creo que con esa 5. Yo pensaba que mi novio Pablo tenía un buen instrumento, pero lo que se mostró ante mis ojos la superaba en tamaño y belleza. Era gordísima y marcaba unas venas superabultadas.

Como es fácil imaginar la boca se me hizo agua en ese mismo instante, y yo creo que se me abrió no sé si de la sorpresa o de las ganas que tenía de comerme y saborear aquél pedazo de carne absolutamente enorme, lustroso y lozano. En un santiamén la tenía bien metida y empecé a chuparla como si me fuera la vida en ello. Era increíblemente dura y suave al mismo tiempo y además, tenía un sabor espléndido. A esas alturas mi chochito estaba ya completamente mojado y palpitaba de ganas. Pasaron apenas un par de minutos de mamada y mi jefe empezaba a ponerse más excitado todavía a juzgar por sus movimientos de cadera y por lo durísimo de su nabo. En ese estado me la sacó de golpe y me cogió de la barbilla interrumpiendo lo que para mí estaba resultando una gozosísima mamada. Debo decir que a Pablo, mi novio le gusta mucho que se la chupe, pero la sensación que me provoca la picha de mi jefe es completamente distinta. Su picha sabe bien.

La picha de mi jefe es distinta, o a lo mejor es que me provoca esa sensación por ser precisamente la de mi jefe. Bueno, pues como digo, me cogió por los brazos e hizo que me levantara. Apartó la silla y dándome la vuelta hizo que me tumbara y apoyara mi pecho y mis brazos sobre mi mesa de trabajo. Me abrió de piernas y situado en cuclillas empezó a recorrer suave mi culo con su cara y sus manos. Yo estaba totalmente ida, como en una nube o soñando. A pocos centímetros de mi cara tenía un montón de papeles, y detrás de mí a mi jefe de rodillas magreándome el culo ya como un loco. La situación me tenía a 1000. Mis tetorras estaban aplastadas contra la mesa, el corazón me latía fuerte y escuchaba a mi jefe mascullando suciedades.

En esto que mi jefe se incorporó, y pegándose a mí y dándome pequeños bocaditos en la espalda y el cuello empezó a desabrocharme los ajustadísimos tejanos, no sin poco esfuerzo. Al final cuando ya los tenía desabrochados, tiró con fuerza de ellos hacía abajo y en el tirón se llevó con ellos las bragas. Allí estaba yo, con todo mi culazo en pompa a merced de mi jefe que ya se afanaba en explorármelo y con una pernera del pantalón enredada en uno de mis tobillos.

Empezó directo por lamerme el agujerito del culo y yo di un respingo. Debo reconocer que esto me hizo sentir un poco guarra, pues Pablo no lo había hecho nunca, pero al mismo tiempo me calentó muchísimo. Sentir una lengua que era la de mi jefe pugnando por meterse en el agujero de mi culo al tiempo que con sus dedos me pellizcaba el clítoris, me puso todavía más frenética de deseo de lo que ya estaba.

¡Qué culo tienes Raquel, qué culo tienes! ¡Este culo me está volviendo loco hace meses! Mi jefe no paraba de acariciarlo y amasarlo alocadamente con sus manos. En un momento, totalmente alocado empezó a darme cachetes con la mano, mientras seguía diciendo no se qué barbaridades sobre mi culo. A mí al principio me sorprendió un poco su actitud, pero lo cierto es que pasada la sorpresa inicial empezaba a gustarme sentir la sensación de sus palmetazos contra el culo que debía empezar a ponerse bastante rojo, pues sentía el escozor.

- Hija de puta que caliente me tienes, que caliente me pones cabrona. ¡Cómo me gusta este culo! Cómo he soñado con este día, al tiempo que sus palmetazos iban en aumento con una de sus manos, pero sin dejar de tocarme el coño de una manera deliciosa.

Debo advertir que no soy sado ni nada por el estilo y que era la primera vez que me golpeaban de esa manera, pero pasada la primera sorpresa, lo cierto es que cuanto más me pegaba y más fuerte lo hacía, más excitada y caliente sentía que me ponía. Al mismo tiempo, él, advirtiendo mis quejidos mezcla entre la excitación y el dolor de los golpes, más se animaba a machacarme con sus azotes, mientras no dejaba de sorberme el ano y la entrada de mi chochito totalmente encharcado desde hacía un montón de rato. Tan mojada estaba que sentía como me destilaba lo que sin duda debía ser una mezcla entre sus babas y mis flujos…

De repente mi jefe se incorporó y en una actitud entre nerviosa y algo violenta se apoyó contra mí, y en ese instante percibí el calor de su picha gorda y suave apoyada contra la carne de mi culo. Fue una sensación de locura. En eso que cogiéndose la picha me la situó justo en el agujerito de entrada de mi culito y empezó a empujar. Yo, entre ingenua y un poco despistada reaccioné diciendo lo único que entonces se me ocurrió: No, no, ¿qué haces? ¡Que por ahí no es! Métemela, métemela, pero es más abajo. ¡Métemela ya! ¡No aguanto ni un minuto más!

Mi jefe, lejos de reaccionar y corregir la trayectoria de su pollón, hizo aún más presión como animado por mis expresiones, y, empujando con una fuerza casi violenta me metió por el ano todo el pedazo de cabeza rosada y enorme de su picha. Mi reacción de dolor no se hizo esperar. Sentí como si me rajaran el culo de abajo arriba en aquél preciso instante.

El dolor fue insoportable y empecé a gritar para que se apartara. Él lejos de apartarse continuó empujando, y al final sentí como todo aquél pedazo de carne se terminó de abrir camino y quedó completamente empotrada e instalada en mis intestinos. El dolor seguía y mi excitación se paralizó por momentos. Sin embargo, a los pocos segundos y a medida que él empezó a moverse de atrás a adelante, sentí un calor, una quemazón enorme en mi ano al tiempo que una sensación de cosquilleo como nunca antes había sentido.

Mi jefe empezó a bombearme el culo, y como si algo extraño hubiera de repente explotado dentro de mí, empecé a sentir mucho gusto, como ganas de hacerme caca y sobre todo, ganas de que siguiera y lo hiciera más y más rápido, pues a medida en que me follaba, aquella sensación nueva para mí iba en aumento. Mi jefe se estaba prácticamente volviendo loco, me follaba y me follaba el culo sin compasión, casi como importándole una puta mierda lo que yo pudiera estar sintiendo. Él sólo parecía interesado en horadarme, en taladrarme el culo con su enorme nabo, al tiempo que me cogía las tetas por encima del jersey.

Cuando él percibió que a mí la maniobra empezaba a hacerme efecto, imprimió todavía mayor aceleración a sus vaivenes y en ese estado, pasados apenas dos minutos noté como si una ola me embargara y empezara a ascenderme muy deprisa por una rampa hacía arriba y sin final.
Debo anticiparos amigos que soy multiorgásmica y que cuando me follan por el coño -nunca antes nadie me había follado el culo- me corro fácilmente dos o tres veces en el tiempo en que él se corre una. Mis orgasmos son sostenidos en el tiempo y bastante buenos -o al menos eso creía yo-.

Sin embargo, lo que yo sentí ese día con la picha de mi jefe empotrada en mi culo no lo había sentido nunca antes en toda mi vida. De repente, y al tiempo que él mascullaba no se cuantas guarrerías pegando su boca a mi oreja, me vino una ola de placer tan enorme, tan bestia, tan indescriptible, que en un momento dado pensé que me faltaba el aire y que iba a perder el conocimiento. Él percatándose de mi situación, terminó de imprimir más fuerza a sus embestidas y al final nos corrimos los dos juntos a gritos y como locos. Os juro que jamás en mi vida había sentido nada igual. El culo me ardía de calor y de dolor, pero el placer había sido inmenso.

Mi jefe me sacó la picha y la tenía algo manchada de sangre. Sin duda su follada había sido en extremo salvaje. Mi culo era virgen y estrecho y no estaba preparado para recibir semejante pedazo de rabo y con unas embestidas como las que él, inmisericorde me aplicó. Yo me di la vuelta y me subí las bragas como pude absolutamente zombi. Estaba mareada e ida con una sensación de cansancio total. El culo me dolía horrores y estaba como flotando. Mi jefe también con aspecto de salir de la sala de un gimnasio pugnaba por limpiarse la polla con su pañuelo y recogerse y arreglar sus pantalones. Sudaba como un pollo.

Se sentó en la silla de enfrente y nos quedamos mirándonos absortos y satisfechos, pero sin hablar. Nunca antes, nadie me había follado por el culo. Nunca antes, nadie me había follado de una forma tan salvaje y casi tan violenta, pero desde luego, que nunca antes jamás, nadie había hecho que me corriera de una manera tan bestia, tan animal, tan fuerte.

Las sesiones de follada salvaje en la oficina continúan cuando nos quedamos solos. Lo que más me gusta de mi jefe es lo loco que se pone cuando me la está metiendo. Cuando me folla por el coño me vuelve totalmente chapeta ver como se ensaña en dármela una y otra vez como buscando el límite de mi placer. Mis orgasmos por el coño son maravillosos y además, como me corro varias veces en pocos minutos, gozo como una loca viéndole a él la cara que pone de salido.

Sin embargo, para salvajes los que me hace por el culo. Me encanta el placer que me provoca el dolor inicial, luego grandemente atenuado por el placer que me provoca el correrme por ahí. Además, ahora ya lo tango más dado y me entra mucho mejor.

Jamás olvidaré la primera vez que me lo hizo. Esa, me ha marcado de por vida. La picha de mi jefe me tiene completamente pillada. Ahora cuando follo con mi novio es como si lo hiciera con un muñeco, pero lo quiero y creo que puedo compatibilizarlo. Cada uno me da cosas distintas. La picha de mi jefe es mucha picha.

Autora: Raquel

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