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La piruja de Apatzingan

17 de marzo de 2009

La penetré y le comencé a dar con mi grueso pito en un lento metisaca hasta que todo mi miembro quedó alojado en las calientes paredes del interior de su vagina, gozando la introducción de esta vergota que la llenaba completamente y la hacía gozar de un modo que estoy seguro nunca antes había sentido a juzgar por los gritos de felicidad que lanzaba al aire expresándome su deleite.

Mi nombre es Rubén Benito y como es mi primera historia en esta página contaré una experiencia que me llena de placer al recordarla…  Siempre he trabajado como agente de ventas para una empresa de Guadalajara en el giro ferretero y por lo tanto conozco muchos clientes para el lado de “tierra caliente” México.

Pues bien, todo empezó en un viaje que realicé a Apatzingán, Mich. A donde fui para cubrir mi ruta mensual como de costumbre. Pasé a visitar a varios clientes ese día, sin mucha suerte, estuvo baja la venta ese día. Estuve paseando por toda la bella ciudad, hasta que llegué a visitar a mi último cliente, su local se encuentra a la vuelta de la plaza principal, eran ya casi las 7 PM así que tenía que darme prisa, llegué a su local, ya estaban cerrando y una chica que ya había tratado un par de veces a la que llamaremos “Claudia” se me acercó y  dijo:

Claudia: Hola Benito, ¿como estás? Benito: bien ¿y tú? Claudia: Muy bien también, tú cada vez que vienes más guapo ¿verdad?” Benito: Así es, oye “CLAUDIUXXX” (así solía ponerse en los mails y mensajes que me enviaba)  ¿está don Javier? Claudia: No está, pero me dijo que ya no lo alcanzaba a atender hoy que si puedes venir mañana” Benito: “OK mañana vengo”

Me quedé para ver si veía a mi muy buena amiga Karina (secretaria de mi cliente) para invitarla a salir pero no tuve suerte, en otras ocasiones ella me atendía muy bien incluso salimos varias veces, pero su novio llegó por ella,  así que me “conformé con lo que había ” y no quería masturbarme así que invité a salir a Claudia, la verdad nada más para pasar el rato, cabe mencionar que ya nos habíamos tratado un par de veces y me había dejado saber muchas intimidades pero nunca quise abordarla por que no era de mi agrado.

Benito: ¿Te llevo a algún lado Claudia?- le pregunté con sarcasmo- Claudia: Respondió coquetamente “si, si no te desvío mucho”

En eso subimos a mi vocho blanco y comenzamos a conversar de diferentes temas música, gustos, etc., me dijo que se tenía 22 años y que se sentía un poquito sola, (en este momento me di cuenta que se me estaba sirviendo en bandeja de plata) así que sin más ni más aproveché para invitarle unas cervezas para poder llevarla a donde yo quería.

Así estuvimos cerca de 20  minutos en el auto solo paseando y empecé a tomar el camino hacia los moteles de aquella hermosa ciudad sin preguntarle le comenté:

Benito: Quiero mostrarte un lugar (a estas alturas yo sólo quería llevarla a la cama para saciar mis más bajos instintos, sin importar cuan fea estuviera). Claudia: – Con voz ingenua respondió- “OK, está bien”

Estuve viendo en cual motel llevarla hasta que vi uno que me llenó el ojo, su nombre era “Xcaret”, lo tenía todo, muy colorido, nombre exótico y sobretodo muy barato, pues no pensé gastar mucho con una chica que era la primera vez que salíamos y que ya casi la tenía con los calzones en la mano.

Durante el trayecto, ella me demostró su ansiedad por sentirme dentro de ella acariciándome la verga sobre el pantalón. Al llegar al motel ya citado, del que ella ya conocía muy bien (supongo que la llevaron otros agentes de ventas ahí je jeje), descendimos del automóvil nos dirigimos al cuarto que se nos destinó, y tan pronto cerramos la puerta nos desvestimos rápidamente.

Ya en el cuarto Claudia con carita de “mosca-muerta” se arrodilló frente a mí obsequiándome la más grande y rica mamada que jamás me hayan dado, en verdad era muy buena, toda una maestra en el arte de la mamada, seguro que esos labios ya habían complacido a mil hombres, pensé.

Estos instantes en los que nos encontrábamos solos, me daba oportunidad de admirar su figura, rellena, con unas tetas pequeñas y una  barriga abultada blanca. No era nada guapa ni apetecible, pero creo que  quería sentir un poco de amor aunque fuera usada sólo como un objeto sexual.

La subí por fin a la cama donde se dejó caer boca arriba, entreabriendo las piernas, dejando a mi merced la sonrosada pepita que ya se veía  dilatada y lista para recibir mi hermoso camote, la penetré delicadamente y le comencé a dar y a dar con mi grueso pito en un lento mete y saca, hasta que todo mi miembro quedó alojado en las calientes paredes del interior de su vagina, gozando intensamente la introducción de esta vergota que la llenaba completamente y la hacía gozar de un modo que estoy seguro nunca antes había sentido a juzgar por los gritos de felicidad que lanzaba al aire expresándome su deleite.

Claudia: ¡Así Benito, entiérrame todo tu pito! ¡Deja que tu falo me llegue hasta la garganta! ¡Anda vergudo, dame más, ¿No ves cómo me tienes? Dámelo, papi dame con todo lo que tengas, ¡dame con todo lo que tengas! Benito: ¡Toma Claudia, toma! Claudia: ¡Así Benito, dame con todo!

A estas alturas me tenía desesperado que se lo metía y se lo metía y no sentía placer, así que  enfurecido le empecé a gritar….

Benito: ¡Apriétamelo, apriétamelo por favor dame placer!

Así estuvimos hasta que ella se vino dejando escapar de su flácida vagina los jugos que yo tanto había buscado, mientras que yo, metiéndole la verga, le seguí dando hasta que mis huevos arrojaron toda mi leche contenida de los embates que le di a la piruja que tenía a mi merced.

Después de este primer encuentro, siguieron muchos más que se los contaré en otra ocasión, en los que ella me reveló que en Morelia (ciudad capital) la habían sodomizado, violado y enseñado todas sus antiguas parejas (Jonathan, Saúl, Luis, etc., etc.) a como ser una “mamadora experta”, pues vaya que tenía mucho camino recorrido con los hombres de aquella ciudad.

Yo, por mi parte, disfruté de su compañía , porque la llevaba a la cama gratis y cuantas veces quisiera, sin compromiso y sobre todo porque Claudia era una prostituta “tapada” con la que yo hice lo que quise, pero que nunca pude amar apasionadamente.

Autor: Rubén Benito

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La piruja de Apatzingan, 8.6 out of 10 based on 5 ratings
  
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1 comentario »

  1. iscdgt dice:

    hola, soy de michoacán, ojalá podamos ser amigos e intercambiar experiencias, saludos[correos NO permitidos en comentarios - eliminado por la administración R.M.]

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