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La polla de mi papá

20 de mayo de 2009

Estábamos solos y sin prisas, lo que me hizo en la ducha había sido un aperitivo. Me abrió de piernas,  y empezó a besarme los muslos mientras se acercaba a mi polla, se detuvo en los huevos, los lamió, chupó y subiendo con los labios por mi polla se la tragó de un golpe, no se como lo hacía, pero me estrujaba el capullo con su garganta como si quisiera tragársela, me retorcía, pero no podía escapar.

No recuerdo cuando empezó, solo sentí su mano en mi pecho y como se deslizaba hacia abajo muy despacito, de pronto se posó sobre mi polla que ya estaba tiesa, metió la mano bajo el calzoncillo la cogió y tiró de la piel hacia abajo. Entonces la soltó y retiró su mano.

Yo no sabía que hacer, ni siquiera estaba seguro de lo que había pasado. Era por la tarde, en verano, estábamos echando la siesta y las caricias de papá me habían despertado un poco desorientado, no sabía si había sido un sueño, pero lo cierto es que estaba excitadísimo.

Lo miré, dormía boca arriba, es un hombre de 55 años, gordo, no está calvo, pero si peina abundantes canas, sobre todo sus sienes y patillas, el abundante pelo de su pecho es rizado y teñido de blanco. Un camino de pelo me conduce por su redonda barriga hasta su pubis, llevaba calzoncillos de algodón blancos, ya bastante usados y un poco estirados por el uso, la cosa es que le podía ver parte de los huevos por la pernera y la cabeza de la polla asomaba entre la raja.

Era enorme, de un color violeta rojizo, yo estaba nervioso, con la boca seca y el corazón a mil por hora. Lo miraba y parecía dormido, me volví hacia él y puse mi brazo sobre su barriga, esperé, y bajé un poco más, él no parecía darse cuenta, así, poco a poco, igual que él, llegué a posar mi mano sobre su polla, estaba caliente y ya salía más de media por la raja del calzoncillo y se había puesto durísima, si antes me pareció grande, ahora estaba enorme. La acaricié suavemente e intenté abarcar todo su grosor, no lo conseguí, a mis dedos, pulgar y corazón le faltaba casi dos centímetros para poder tocarse. De pronto se oyó un ruido en el pasillo, retiré la mano, mi papá se dio la vuelta justo antes de que mi madre entrara en la habitación.

- Vamos levantaros que vais a pasaros el día durmiendo y tenemos cosas que hacer. – Ya voy, respondió mi padre, y se sentó en el filo de cama

Yo me hice el remolón, no podía levantarme en esas condiciones, así que seguí boca abajo mientras mi padre se ponía un pantalón corto y salió de la habitación. Yo empecé a meneármela y no tarde mucho en correrme, además no podía arriesgarme a que me pillaran.

El resto de la tarde fue normal, como si nada hubiese pasado. Fuimos a la playa y allí jugamos en las olas y con la colchoneta hinchable, fue entonces cuando viví otro momento morboso, estábamos mi padre y yo colgados uno a cada lado de la plancha flotadora, entonces nos atrapábamos con las piernas por la cintura y nos quedábamos quietos mecidos por las olas. Yo le tenía atrapado de forma que mi polla chocaba con su barriga y mi culo se posaba sobre su paquete, así quietos y flotando relajadamente noté como la polla de mi papá empezaba a crecer, él se movía apretándola a mi culo, la apoyaba a lo largo de la raja, entre los cachetes y la frotaba de arriba abajo.

Y así colgados de la colchoneta y abrazados por debajo de agua seguimos sintiéndonos y apretándonos, seguro que notaba la mía durísima contra su barriga, en un momento quiso cambiar de posición, pero lo atrapaba fuerte con mis piernas y mi papá siguiéndome el juego se frotaba conmigo. En esto estábamos cuando se acercó mi hermana a quitarnos el flotador, aunque le dije que no, mi papá me obligó a compartirlo. Nos fuimos más cerca de la orilla y comenzamos otro juego, consistía en pasar buceando por debajo de las piernas de cada uno y de esta forma recorrer la playa.

Comenzamos a jugar con varios primos y hermanos, cinco en total. Me aseguré de estar después de mi papá en la línea del juego, así cuando me tocaba me cogía a sus muslos muy cerca de los huevos para tomar impulso, a la tercera vez le atrapé el paquete por detrás para impulsarme y la encontré dura como una piedra, a la siguiente pasada fue él que me la cogió cuando pasaba buceando entre mis piernas. Terminó el juego y yo estaba para reventar. Ya era tarde y la familia decidió volver al apartamento, estábamos de veraneo en el sur de España, y allí empezó el turno de duchas, todos con prisas, se ducharon mis hermanas, mi madre y solo quedábamos mi padre y yo por pasar al cuarto de baño. Entonces me dice mi papá:

-Venga, pasa a ducharte tú y cuando estés en la ducha me avisas que pase para afeitarme.

-Eso, y daros prisa que después no encontramos mesa para cenar, dice mi madre.
Entré a la ducha y llamé a papá. El pasó, comenzó a enjabonarse, yo había dejado las cortinas de la ducha entreabiertas y lo miraba afeitarse. Nunca lo había mirado de aquella manera. Tiene una espalda ancha, fuerte y peluda, los brazos musculosos por el trabajo, es camionero, y unas piernas fuertes. Yo la tenía tiesa y me la meneaba despacito cuando veo que papá se enjuaga la cara, se quita el bañador y abre las cortinas, entonces instintivamente me doy la vuelta y él entra en la ducha diciendo, ¿quieres que te frote la espalda?, claro, contesté yo.

Me apoyé con las dos manos en la pared y él detrás me enjabonaba despacio, de arriba abajo, cada vez más abajo, se acercó y noté su polla dura rozando mi raja, metió su mano entre mis piernas y cogiéndome los huevos me dijo: ¿y esto te lo has lavado bien? vamos a ver, me giró, se arrodilló y empezó a chuparla. Se la metía entera en la boca y sacaba la lengua para lamer mis huevos, la sacaba y volvía a tragársela, movía la lengua alrededor de mi capullo, chupaba con fuerza y después suave casi sin rozarla, desde el capullo con la boca abierta la tragaba entera, entonces apretaba los labios y subía hasta el capullo, allí movía la lengua de una forma que me temblaban las piernas.

De pronto siento como una corriente que sale desde la base de los huevos hasta la punta de mi polla y que recorre mi cuerpo, casi me hace caer, pero papá me sujeta bien sin sacársela de boca, sigue moviendo su lengua, pasando la lengua por mi hipersensibilizado capullo, con la leche saliéndole por los labios y empieza a acariciarla con sus manos mientras la boca se dirige a atrapar mis huevos, los chupa los saborea y vuelta a por la punta.

Yo encogido por el placer apoyado en sus hombros le pido que pare, pero aún me hace temblar una vez más por el placer que me da su boca en mi polla. De pronto se oye golpear la puerta, era mi madre:

-¡Vamos daos prisa que estamos todos esperando ya! Mi padre me dice que salga y me vista que él sale enseguida.

La noche transcurrió normal, aunque yo me encontraba un poco ausente, no se me olvidaba la mamada que me había hecho mi papá. Sentía rabia por no habérsela cogido bien, quería acariciarla, besarla, coger sus huevos y sentir su peso en mis manos y chuparlos, quería recorrerla con mi boca y saber que se siente con un pedazo de carne tan grande y duro, saber a que sabe su semen,… yo no podía poner interés en las raciones de pescado que había en la mesa, solo me preocupaba que no vieran el bulto de mi pantalón.

De vez en cuando miraba a mi padre conversar tranquilamente y como me miraba de reojo y le salía una sonrisilla picarona que me ponía a cien. No pude aguantar más, me levanté y fui corriendo al baño, allí me la menee hasta correrme. Volví a la mesa y por fin pude cenar algo y charlar sin que mi mente se desviara a otros pensamientos. Por la noche cuando volvimos al apartamento era tarde y todos se fueron a la cama rápidamente, yo no podía dormir. Me levanté a la cocina y pasé por delante del cuarto de mis padres que tenía la puerta abierta por el calor, miré y lo vi tumbado boca arriba y me vio.

-¿Dónde vas?, dijo flojito para no despertar a mi madre. -Voy a subir a la terraza, hace calor y quiero refrescarme.

No se por que dije eso, pero salió así. Salí del piso, cogí la escalera de la terraza, estábamos en el último piso del edificio, así que llegué enseguida. No llevaba ni cinco minutos cuando apareció mi padre en calzoncillos, su polla salía por la raja, no dijo nada, se acercó y se asomó al borde de la terraza. Yo estaba junto a él, apoyado con mi espalda, mi corazón latía fuerte, sin pensármelo moví mi mano y atrapé la polla de mi papá, estaba poniéndose tiesa y noté como crecía en mi mano, rápidamente me arrodillé y la metí en mi boca, así sentía como crecía llenándomela toda, empecé a lamer su capullo que brillaba húmedo a la luz de la luna, el apenas se movía, solo lo oía gemir despacito y de vez en cuando me decía:

-Así, sigue así mi niño, que gusto me estás dando… Ummmm…sigue cariño.

Claro que seguía, cada vez con más ganas, la chupaba tal y como lo había imaginado, intentando imitar la mamada que me había hecho él en la ducha. La tragaba todo lo que podía, pero su grosor impedía que me la tragara entera, no me entraba ni la mitad, mientras la sujetaba con mis manos intentando abarcarla, acariciaba sus huevos que se ponían duros y se escondían, entonces los sacaba de un chupentón, momento en el que gemía mi papá, me cogía la cabeza con sus manos para dirigir el ritmo, me tapaba las orejas, así que solo oía el latir de mi corazón y el chapoteo de la polla entrando en mi boca. De pronto se retiró y me dijo: -Ven aquí, túmbate en esta hamaca. Cosa que hice inmediatamente.

El tiró de mi bañador y lo sacó. Entonces empezó la mejor mamada de mi vida, ya había pasado el miedo, estábamos solos y sin prisas, lo que me hizo en la ducha había sido un aperitivo. Me abrió bien de piernas, las colocó sobre sus hombros y empezó a besarme los muslos mientras se acercaba a mi polla, se detuvo en los huevos, los lamió, chupó, besó, mordió y subiendo con los labios como ventosas por mi polla se la tragó de un golpe, no se como lo hacía, pero me estrujaba el capullo con su garganta como si quisiera tragársela de verdad, yo gemía me retorcía, pero no podía escapar.

Siguió abriéndome los cachetes y noté como ponía su lengua en la entrada de mi culo, creí que me desmayaba, le pedí que parara, cosa que no hizo de inmediato, se levantó, yo me senté en el borde de la hamaca y lo cogí por sus muslos volviendo a tragarme aquel pollón duro, venoso, con un capullo gordo brillante.

Con mis dedos mojados empecé a acariciar el culo de mi papá, él se abrió de piernas un poco para facilitarme las cosas, logré meter dos dedos mientras él me follaba la boca con fuerza, a veces tocaba mi campanilla provocando alguna arcada, pero no dejé que se parara. Entonces me pidió que lo dejara tumbarse. Se tumbó en el suelo y se abrió de piernas, me agaché y seguí comiéndomelo, él levantó su culo y me dijo.

- ¿Has follado alguna vez por el culo? Métemela, ¿si, quieres?

Y así apoyé mi capullo en su entrada y empujé. Que maravilla, le bombeaba con fuerza mientras miraba como papá se pajeaba mirándome a los ojos.

-Así ni niño, así, dale tu lechecita a papá. Sigue, más fuerte, Hummmmm.

No pude aguantar más, a pesar de haberme corrido dos veces ya aquel día, mi polla soltaba chorros sin parar mientras papá apretaba su culo estrujándomela y sacando mi última gota. Intenté sacarla, no me dejó – Espera un poco, me viene ya.

Se la cogí y seguí meneándosela hasta que noté como se endurecía más aún y empezó a soltar chorros en su barriga, entonces me bajé, la atrapé con mi boca y rebané hasta la última gota mientras metía mis dedos en su culo. Cuando pararon los espasmos me abracé a él y tumbados en el suelo de la terraza recuperábamos la respiración, pasados unos minutos y sin comentar nada me dijo: -Vamos a acostarnos antes de que nos echen de menos, mañana te enseñaré más cosas.

Autor: Juan Granada

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