La psicologa me engaño XI

Bajé a mi cuarto de sirvienta con una mezcla de sentimientos que me confundían hasta la desesperación. Por un lado, había visto la cruda realidad de mi Ama Marcela. Una mujer desalmada y cruel, quien se había apoderado de mi cargo de gerente en la compañía para la cual trabajaba y, de paso de todos mis bienes, al unísono de haber acabado con mi matrimonio y toda posibilidad de vida familiar, desde hacía ya dos interminables años hoy cumplidos. Como aniversario de mi esclavitud, había sido regalada con la llegada del nuevo inquilino declarado como Novio de mi Señora y nuevo Amo mío y acto seguido se me había permitido asistir a mi primera luna de miel de mis Amos-Amantes.

Había sido presentada ante mi nuevo Amo, no solamente como esclava y sirvienta, sino también con la orden perentoria de convertirme en la puta personal y propiedad de mi Señor Marcos subordinada a sus más ínfimos caprichos. La buena noticia había sido mi exitoso debut como mujer exuberante ante los ojos de mi ahora Dueño y Señor. No había dejado de notar el trato preferencial que había recibido del hermoso efebo, y el contraste manifiesto entre mi Ama como mujer y yo, su sirvienta, claramente superior en todo como fémina. Creo no equivocarme al afirmar, que la intención de la señora Marcela con su novio era utilizarme como cebo, para atraerlo definitivamente a su lado, ya que ella sola no lo había logrado en todo este tiempo como jefa del asistente de sugerencia.

Rogaba me permitiera conquistarlo, no soportaba perderlo después de haber sido poseída por ese súper macho. Por otro lado, estaba inmensamente agradecida con mi Ama, con su dominación intransigente, había logrado convertirme en una hermosa chica transgénero y ahora me brindaba en bandeja de plata la oportunidad única de disfrutar de su Novio, un fisicoculturista hermoso, hombrezote generosamente bien dotado. ¿Que más le podía pedir yo, insignificante ser, a la vida?

Verificando que mis Amos ya no me necesitarían más por esta noche y coligiendo que probablemente ya estarían dormidos en el sopor de la borrachera, comencé a despojarme de las sexis vestiduras con las que me había ataviado por indicación de mi Señora, para conquistar y atraer a su Amante y Señor mío. El sucio espejo de mi pobre habitación, seguía hablándome con dulzura, devolviéndome la coqueta figura sinuosa de una Vanessa lasciva, rejuvenecida y provocadora. Instintivamente mis manos volaron y empezaron a acariciar a aquella epifanía que se retorcía de placer con solo rememorar los momentos vividos hace tan solo unos minutos. El ano, afortunado depósito de tan honorable miembro, enrojecido seguía palpitando aún pidiendo en silencio repetir la faena sin resignarse a descansar.

Sigilosamente y sin aviso, la puerta de mi recamara se empezó a abrir muy despacio y una mano masculina, con sus dedos índice y medio colocados delicadamente en una boca de gruesos labios varoniles, me indicaba silencio. Me arrodillé de inmediato fijando mi vista al helado piso de mi recamara, Amo: ¿en que le puedo servir?, perdóneme por presentarme desnuda, no sabía que aún se me requería.

No te angusties Vanessa, su Señora está profundamente dormida, tanto alcohol hizo muy pronto su trabajo. Mi amo estaba ataviado con la bata de seda que moldeaba su hercúleo cuerpo a la perfección y debajo de ella se insinuaba su hermoso falo que había comenzado a erectarse como homenaje a mi cuerpo desnudo. Me turbé sobremanera y no atinaba a pronunciar palabra, solo deseaba que la visión que tenía frente a mi no desapareciera o fuera tan solo un sueño.

Vanessa, deseo decirte muchas cosas si quieres escucharme por favor. Amo, su sirvienta y esclava está para servirle, no tiene que pedir ningún favor, mi vida solo tiene significado en la complacencia de mis Amos, quienes me dan posada y me regalan con las sobras de su mesa. Señor, me honra entrando en esta pobre habitación, no soy digna de su presencia aquí, si me lo permite, me visto y me apresto a recibir sus ordenes.

No es necesario Vanessa, estás como deseo verte, eres una mujer muy hermosa. Te pido disculpas por lo que pasó en la recamara de Marcela, no me gustó como fuiste azotada sin piedad, fue un acto injusto y no consentido. Señor, Amo mío, si me permite hablar…Puedes hablar cuanto quieras Vanessa, conmigo todo es y será muy diferente. Dueño mío, Amo, su piedad y consideración no son necesarios, es mi obligación de esclava sumisa, hacer caso en todo a sus propietarios. El Ama Marcela no ha hecho nada que no sea de mi agrado o no consentido. Ella es mi dueña y yo le pertenezco en todo al igual que ahora a usted Amo Marcos. Todo lo que mi Ama haga es justo para mí y no tengo ningún derecho a cuestionarla. Al contrario, estaré eternamente agradecida con ella por haberme permitido asistir a su luna de miel con su novio mi ahora Señor.

¿Te agradó lo que hicimos? Me encantó Amo, ¿y a usted? Digo… lo que hicimos los dos, ¿le agradó? Mucho, Vanessa, mucho, no me la puedo quitar de la cabeza. Por ello bajé a buscarla, la necesito pero no como esclava, la quiero como mujer, como mi amante.

¡Oh Señor! Mis oídos escuchan música, Amo, soy su puta personal, no lo olvide, el Ama lo consintió, lo ve con buenos ojos, permítame besar sus pies. No Vanessa, yo deseo besar los tuyos. Me tomó entre sus férreos brazos y me izó como una pluma, mis piernas rodearon su cintura y mi lengua pronto se entrelazó con la suya, nuestras bocas sedientas y jadeantes se buscaban como las abejas a la miel en primavera. Mis manos inexpertas frente a tan marmórea masa se veían pequeñas e insuficientes para abarcar tanto músculo. Parecía hecho de acero. Sus manos se entretenían con mis redondos glúteos, buscando que sus dedos encontraran reposo en mi cubículo recién habitado por el falo de mi Dueño y Señor.

Dígame que no estoy soñando Amo mío, dígame que es verdad lo que escucho de sus labios. Soy suya, le pertenezco, solo deseo ser digna de usted Señor. Y yo de ti Vanessita, siempre había soñado poseer una travesti como tu. Soy más que travesti Amo –le repliqué con atrevimiento- soy una chica transexual.

Me depositó suavemente en mi camastro y dejó descargar toda su humanidad sobre mí. Posando sus negros ojos en los míos, y sin dejar de acariciarme, comenzó a decir entre beso y beso, Vane, se que como transgénero, eres una mujer completa encerrada en el cuerpo de un chico y me fascina tu condición. Posees lo mejor de dos mundos y además eres muy hermosa, tu cuerpo sería la envidia de cualquier modelo de pasarela y mira que he conocido a varias que se han peleado por mis favores.

Apartó mis piernas con gentileza colocando cada una de ellas en sus anchos hombros y su lengua no tardó en engolosinarse con mi desarrollado clítoris -como él empezó a llamarlo desde entonces-. Nena, sabes muy rico, ninguna mujer tiene un clítoris como el tuyo y ahora es mío, me pertenece. Desde ahora te declaro mi novia secreta. Ya no serás más mi esclava ni mi puta.

Amo, me enloquece, me subyuga y es mi obligación obedecer a sus deseos. Pero le ruego, le suplico, permítame seguir siendo su esclava y sirvienta, además de su novia secreta, a lo cual acepto sin reparos. No sabría explicarlo, pero el Ama tiene razón cuando dice que a mi me gusta el castigo al cual que ella me tiene sometida casi a diario, así como el hecho de ser sirvienta y esclava. No me imagino otra condición para mi que la de ser sumisa y estar sometida a mis Amos, es un placer excitante para mi, servir sumisamente.

Pero Vanessa, creí que sufrías con el castigo y que desearías liberarse de la esclavitud a la que estás sometida hace ya dos años. Me gustaría tener la certeza de que estás conmigo y me deseas, no solamente por que te fue ordenado. Creí notar angustia y tristeza cuando me fuiste presentada en la tarde de ayer por Marcela, como esclava y sirvienta.

Es cierto Amo, me entristecí mucho y deseé gritar de dolor porque no entendía la situación. Pero todo cambió cuando lo vi desnudo y se me permitió hacer el amor con usted. No quiero mentir cuando le digo que sí sufrí una desilusión tremenda cuando pude ver a mi Señora, por primera vez en dos años, totalmente desnuda, fue horrible. Pero todo fue compensado por su masculinidad y ternura conmigo. Amo, perdóneme, pero más que obedecer órdenes, me enamoré de usted tan pronto lo vi y fui asignada como su esclava y puta personal.

Marcos, mi Amo, no dijo nada más, su enhiesto falo buscó mi ano y comenzó a ensancharlo con frenéticas embestidas. Perdí el aliento, abrí la boca para tomar aire como podía, este hombre se había apoderado de mis glúteos y usándolos como agarre, se apoyaba para bombear y asegurarse que esta vez no quedara ni un milímetro de su verga sin entrar en mi estrecho recto, sus testículos se estrellaban en mis nalgas con un ritmo pausado y producían un sonido de sordos timbales. No necesité más explicaciones ni respuestas a mis interrogantes, mi galán había decidido demostrar con sus acciones y con lujo de detalles, que me iba a convertir en la puta más agradecida del mundo y que mi recto iba a ser totalmente colonizado por una verga sedienta de poseer a una transexual travesti como lo era la esclava Vanessa.

Cuando mi Amo-Amante estaba a punto de eyacular, sacó su pene de mi recto y lo introdujo en mi boca jadeante. Un chorro caliente y espeso de blanca esperma llenó mi garganta, tuve que beber con rapidez para no ahogarme y poderlo recibir todo sin desperdiciar ni una gota. Qué exquisito sabor y aroma, qué diferencia a lo que había recibido en las mezclas con lluvia dorada que se me suministraba a diario como alimento, qué sensación sentir este miembro palpitando como un corazón acelerado, disparando semen en cada contracción como en un parto de los dioses, y todo por causa mía y en mi homenaje.

Mi amante pronto se durmió, el ejercicio de poseer a su esclava por segunda vez y con tanto ímpetu en tan corto tiempo, lo dejaron exhausto a merced de mis caricias y mi lengua. Lo tenía para mi sola, sus ojos entrecerrados y su respiración, al principio entrecortada y después calma, me producían un inmenso sopor. Mi lengua y mis manos no sabían por donde empezar, quería más y seguí succionando el néctar que aun quedaba alrededor de su hermoso falo hasta dejarlo inmaculado. Su ano sudaba y su agridulce sabor, pronto fue devorado por mi lasciva lengua que intentaba penetrar, atravesando, ese vestíbulo de palpitante carne rosada.

Me entretuve allí minutos inolvidables. Era mucho hombre para mi Ama y yo no estaba dispuesta a dejárselo a ella sola, estaba segura de que en una batalla entre las dos, yo saldría triunfante. Él me había besado mi pene, y no dejé de notar con placer, como entornaba los ojos y se excitaba con la labor. Mi Ama nunca me ganaría, yo tenía doble sexo, ano-vaginal y clítoris superdesarrollado, ya me lo había dicho mi Señor.

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