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La sobrina y la tía

17 de marzo de 2009

Di la vuelta al sillón y quedé frente a su culo. Le bajé la bombacha y le empecé a chupar el culo tratando que mi lengua fuera lo más profundo posible. Esto la enloqueció. Se apretaba los pezones y gemía, le apoyé la cabeza de la pija y le pedí que se relajara, la pija se le deslizó adentro. Cuando sintió que la cabeza le había entrado, ella empujó con todas sus fuerzas hacia atrás, una y otra vez.

Ella era dos años menor que yo (20) y había llegado desde el interior de la provincia para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de la capital de mi provincia. Yo la conocí por que era amigo de su tía, una mujer, en esos momentos, de 44 años, viuda ella, de muy buena estampa. Ana (así llamaremos a mi novia) era muy reacia a mantener relaciones sexuales, pero era muy calentona. Así es que al principio, solo se animó a agarrarme la pija y a hacerme unas hermosas pajas.

Al tiempo ya me permitió que yo también se las hiciera a ella. Por último, y a iniciativa de ella, un día me la empezó a chupar: lo hacía lentamente e iba aumentando la velocidad y la fuerza de succión poco a poco. Cuando me sentía cerca de acabar, suavemente le tocaba la frente, ella sacaba la pija de su boca y me hacía terminar como pocas veces recuerdo.

Cierto día se molestó porque yo le hacía sacar la boca de mi pija antes de acabar, o porque yo le hacía sacar la boca de mi pija antes de acabar. En realidad lo hacía por una cuestión de delicadeza. Pero a partir de esa vez, le acabé en la boca y ella se la tomaba toda.Para nuestras sesiones de sexo oral, casi siempre íbamos a la terraza del edificio de departamentos en el que ella vivía con su tía. Nos íbamos detrás del tanque de agua, nos sentábamos en el suelo y allí nos dábamos masa.

Una noche de luna llena, con el cielo muy despejado (es decir, con la noche iluminada casi a giorno) estábamos en nuestra acostumbrada sesión de placer, cuando alcanzo a ver que lentamente se entreabre la puerta de la terraza. Yo estaba con mi dedo metido en su concha desde atrás, y ella chupando delicadamente.

Al ver que había alguien en la puerta, me pongo rígido y eso hace que arremeta con fuerza mi dedo en su concha: parece que fue en el momento justo ya que ella también se tensó por la llegada de su orgasmo y comenzó a chupar más fuerte.

No la quise cortar, con la esperanza de que no entrara nadie. Me quedé mirando fijamente la puerta y alcancé a ver a una mujer que se estaba tocando las tetas mientras nos miraba. Grande fue mi sorpresa al reconocer entre las sombras a la tía viuda.

Con Susana (así llamaremos a la tía) teníamos gran confianza y muchas veces habíamos hablado de sexo entre los tres y le habíamos dado a entender que algo pasaba. Su actitud era siempre de recomendarnos que nos cuidáramos respecto del embarazo ya que ella era la responsable de Ana ante su familia y no quería problemas.

La cuestión es que decidí que cada uno disfrutara de su paja tranquilamente. Al tiempo Ana tuvo que viajar a su lugar de origen a visitar a sus padres.

Al sábado siguiente Susana me pide que la acompañe a una fiesta, cosa que ya había hecho en varias oportunidades con anterioridad, así es que, siguiendo con la costumbre, el sábado salimos rumbo a un casamiento.

En la fiesta comimos, bailamos y bebimos bastante. Al regreso a su, casa bien entrada la madrugada, me pidió que nos sentáramos en el living a tomar un café y a charlar un poco. La misma comenzó comentando cosas graciosas de la fiesta.

En un momento dado me preguntó como andaba mis relaciones con Ana, que si nos cuidábamos como ella nos pedía, etc. Le dije que sí, que nos estábamos cuidando. Me dijo que no me creía, que le diera detalles de lo que hacíamos. Le dije que estaba loca.

Ella apeló a nuestra confianza y me dijo que con tantas cosas que habíamos hablado con anterioridad a esta relación, que ahora no me hiciera el tímido.

Era un argumento contundente, así es que con mucho recelo y muy metafóricamente, traté de dar a entender lo que hacíamos. Ella me escuchaba atentamente. Cuando hice una pausa me preguntó si eso me satisfacía. Le dije que sí.

Me propuso que fuera más específico en mi relato, y que para que no me avergüence, apagaría la luz y se sentaría de espalda a mí. Así, en la oscuridad, comencé a relatarle la noche en que ella nos espió. Mientras hablaba en voz muy baja, notaba por sobre el respaldo del sillón en el que ella se había sentado, que sus hombros se movían; había tirado su cabeza hacia atrás y había cerrado sus ojos.

Me puse de pie y me acerqué lentamente a ella sin dejar de hablar. Al llegar a la altura de su cabeza, vi como sus manos se movían entre sus apretadas piernas.

Le apoyé la pija en su cabeza. Ella levantó una mano y comenzó a acariciármela por sobre el pantalón. Encontró el cierre y lo bajó lentamente. Se puso de rodillas en el sillón y empezó a chupármela casi con desesperación. Había metido una de sus manos por la concha y con la otra se acariciaba el culo: un culo muy bien formado.

Mientras tanto yo le había bajado los breteles del vestido y había sacado sus tetas al aire: tenía unos pezones rojos y erectos. Ella misma llevó mi pija hacia sus pechos y allí los restregó en sus pezones.

Di la vuelta al sillón y quedé frente a su culo. Le bajé la bombacha y le empecé a chupar el culo tratando que mi lengua fuera lo más profundo posible. Esto la enloqueció. Se apretaba los pezones y gemía.

Cuando tuve su culo bien lubricado, le apoyé la cabeza de la pija y le pedí que se relajara. Eso hizo. No hizo falta más: la pija se le deslizó poco a poco adentro. Cuando sintió que la cabeza le había entrado, ella empujó con todas sus fuerzas hacia atrás, una y otra vez. (Creo que me dolió más a mí que ella.) Se enderezó lo más que pudo y me pidió que le metiera una mano en la concha y que con la otra le apretara las tetas.

Acabamos juntos, parecía que mi leche no me terminaba de salir más y sentía en mi mano que su flujo orgásmico me la bañaba.

Nos quedamos tendidos en el sillón, recuperándonos. Se ofreció a bañarme, lo obviamente acepté. Llenó la bañera y me llamó cuando estaba todo listo. Nos metimos al agua y nos bañamos. Salimos y ahí fue que me dijo que era la primera y última vez que esto pasaba entre nosotros, que se debió a la bebida, y que se yo cuantas cosas más.

Antes de despedirme, me besó y me acarició la pija.

Obviamente, no fue la última vez…

Autor: Sexobseso

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