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La tetona de mi prima

28 de marzo de 2003

Ella le ayudaría a terminar su paja..y quizas a algo mas

Mi nombre es Carlos y vivo en un pueblo del interior de España. Tengo 19 años, mido 1,70 y de cuerpo estoy algo gordo, por lo que os haréis una idea de mi éxito entre el sexo femenino. Para colmo soy bastante tímido. Este relato trata sobre lo que me pasó a finales del verano de 2002. Mi hermano se iba a casar a principios de Septiembre, por lo que mandó invitaciones a todos mis tíos y primos. Algo curioso pasó con mis parientes de Valencia. Todos vendrían a la boda, pero la hija mayor pasaría unos días en mi casa antes de la boda debido a que tenía otra boda el mismo día en otra ciudad, creo que de una amiga suya. Llegó una calurosa tarde de Agosto, justo cuando acabábamos de comer. Llamó al interfono y lo cogí yo.

-¡Hola, soy Bea! ¿Me abres, Carletes?-.

-¡Hola! ¡Pasa, pasa!-. Me encanta cuando me llama Carletes. Mientras sube las escaleras hasta llegar a mi piso, os la describiré: tiene 24 años, es algo más alta que yo, tiene los ojos marrones, el pelo rizado y castaño oscuro y sus labios son carnosos. Tiene un cuerpo bastante bonito, ni delgado ni gordo, macizo, y la piel más bien pálida. Pero lo que más me gusta de ella son sus descomunales pechos, que tiemblan de manera exuberante cada vez que se ríe como dos enormes flanes rellenos de leche. No hará falta decir que es mi prima favorita y nos llevamos bien.

Sonó el timbre de la puerta. Abrí y me quedé de piedra.

-¡Ho…la!- Estaba preciosa. Llevaba un top ajustado de tirantes morado y una minifalda negra. Mi polla (de tamaño normalucho) dio un respingo al ver aquel par de ubres apretujadas y el magnífico canalillo que cubrían con su redondez.

-¡Hola, Carletes!-. Me besó en ambas mejillas. Creo que todavía tenía cara de tonto. -¿Qué tal?-. Entró y saludó al resto de mi familia. Yo salí del estado de catalepsia momentánea y fui a la cocina a preparar café. Cuando terminé, fui al salón y me senté a escuchar la conversación que mantenía con mis padres y hermanos. En seguida me puse a ver la tele para que mis padres no me pillaran mirando el escotazo de mi prima Bea.

Al día siguiente, por la mañana, me disponía a ir a la piscina. Salí de mi dormitorio y me crucé con mi prima en el pasillo. Llevaba un pijama bastante holgado, a pesar de lo cual, al cruzarnos, me rozó con una de sus espectaculares mamas. Nada más sentirlo en mi brazo, me corrió un escalofrío por todo el cuerpo.

-¡Uy! Perdona, Carletes, es que voy dormida todavía-, y entró en el lavabo. Mi hermana me llamó desde la cocina.

-Esta tarde os quedáis solos Bea y tú. Papá. Mamá y yo tenemos trabajo y Raúl (mi hermano, el novio de la boda) va a casa de su novia. No sé si lo disimulé bien o no, pero se me dibujó una gran sonrisa en la cara que me duró toda la mañana.

Después de comer, como dijo mi hermana, nos quedamos solos en casa mi prima y yo.

-Voy a mi habitación. Si necesitas algo, llámame-, le dije a Bea. Y me fui a mi dormitorio porque ya no aguantaba más la presión que tenía en los calzoncillos desde su llegada.

Me puse a navegar por Internet y no me costó mucho tiempo encontrar páginas en las que salieran modelos como a mi me gustan, es decir, con tetas grandes. Comencé a pajearme cuando, de pronto, entró mi prima Bea sin llamar. Me guardé la polla como pude dentro del pantalón (estaba toda erecta)y desplacé el ratón a toda velocidad hasta la X para cerrar la página, pero no se cerraba. Me moriría de vergüenza. Que no lo vea, que no lo vea.

-Carlos, mira a ver el mando de la tele, que no funciona. ¿Qué haces?¡Oh!-. Lo vio. –No he visto nada, no he visto nada-. Y salió de mi habitación cerrando la puerta.

Yo me quedé pasmado. No sabía qué hacer. Intenté seguir con el pajote pero mi picha se había asustado tanto como yo y no reaccionaba. Así que apagué el ordenador y fui al salón para intentar arreglar el dichoso mando de la tele. Entré y Bea me miró y me dijo:

-Perdona. No sabía que…Lo siento-.

¡Bah! No te preocupes-, contesté. –Ya está-. Le tendí el mando y ella lo cogió.

-No, en serio. Perdóname. ¿Terminaste con …lo que hac&iacut

e;as? Porque dejarlo a la mitad te puede dar problemas-.

-Nada, no te preocupes. Como has entrado sin llamar me he puesto un poco nervioso y…Dentro de un rato ya estaré bien-.

-Bueno, lo decía porque yo…podría ayudarte. Sólo si tu quieres-.

Me quedé petrificado. Observándola. Bea se había hecho un moño informal. Llevaba un pantalón de chándal gris y un top muy ajustado de color azul claro con un pronunciado escote. Yo asentí sin decir nada y con cara de lerdo.

-¡Anda, ven!-, me dijo ella. Se levantó y se dirigió al pasillo. La seguí mirando su espalda. Algo me extrañaba. No se notaba ningún broche ni tirante debajo del top. ¡Dios mío!: ¡¡NO LLEVABA SUJETADOR!! Noté que mi corazón aceleraba el ritmo.

Mi prima giró a la derecha y entró en el baño. Se dio la vuelta y me dijo:

-Quiero que quede claro que esto lo hago porque tuve la culpa de lo de antes, así que no te acostumbres-. Después sonrió. Esto me tranquilizó un poco.

-Siéntate-, dijo, indicándome el inodoro. Bajé la tapa y me senté.

Ella se puso frente a mí. Se inclinó y se apoyó en mis rodillas. Sus enormes ubres apenas se sujetaban dentro del top. Se puso de rodillas y me abrió las piernas. Mi polla crecía por momentos debido a tan excitante situación. Puso sus manos en mis caderas y tiró de mis pantalones y mis calzoncillos y mi polla, erecta y erguida (nunca la había visto tan larga y dura), apareció entre los dos. Empecé a notar un ardor en el vientre.

-Mírame a los ojos, mi niño-, dijo. Esto me puso más caliente. Nuestros ojos se encontraron. Se llevó una mano a la boca y lamió la palma. Después la bajó y empezó a masajearme la polla. Muy lentamente. Se veía que tenía experiencia y yo me quería morir del gusto. Ella empezó a sonreír.

-¿Te gusta?-.

-¡Oh, síííí!-.

-¿Quieres que aumente el ritmo?-.

-¡Sí, por favor!-.

Ella aumentó al velocidad. Yo no sabía dónde poner las manos. Me retorcía de gusto. En seguida se me fueron los ojos a sus magníficos tetones. Estaban temblando y saltando debido al movimiento del brazo de mi prima. La miré otra vez a la cara. De pronto ella paró y se puso seria. ¿Se había acabado todo? Se miró a las tetas y luego me volvió a mirar a los ojos.

-Perdóname-, le dije, porque creí que esto la había ofendido.

-¡Qué pasa! Quieres que te haga una cubana, ¿verdad?-.

-Yo…yo…-.

Mi prima no dijo nada, sonrió, se llevó las manos al escote y tiró del top hacia abajo, lentamente. Sus enormes pechos saltaron hacia adelante y hacia abajo. Eran preciosos: grandes, con volumen, tenían una gran aureola rosada y un pezón que a mí me pareció algo pequeño, pero me encantó, y como su piel era pálida, se le notaban las venas. No estaban muy erguidos debido a su gran peso.

-¡Qué!, ¿no dices nada?-.

-¿Cuánto te…miden?-.

-Un poco más de 130 cm.-, contestó ella con una sonrisa orgullosa.

-S..son…mu…muy bonitos-. Mi prima se rió de mi estupidez y sus voluminosas mamas comenzaron a temblar. Ahí ya no pude más y me lancé hacia ellas. Las acaricié, las estrujé, las lamí, las chupé y las mordí. Eran blanditas y estaban muy calientes. Mi prima seguía riéndose. Me apartó y se abrazó los pechos, mirándome. Después se llevó otra vez la mano a la boca, la lamió y me acarició un momento la polla con su saliva. Se arrimó a mí, me echó el cuerpo para atrás y comenzó a hacerme una cubana estupenda. Empezó lentamente y luego aumentó el ritmo. Así estuvo unos 2 ó 3 minutos. Yo no aguantaría mucho más.

-¡¡¡Me voy a correr!!!-.

-¡No!, espera , mi niño-. Paró de hacerme la cubana y me hizo ponerme de pie. Así estuvimos unos segundos. Ella dijo:

-Ahora vamos a por el postre-. Sonrió. Me agarró la polla con su mano derecha y se la acercó a la boca. Comenzó a darle besitos en el glande, después la lamió entera y a continuación se la metió en la boca. Empezó a chuparla con fuerza, mirándome a los ojos. De repente volvió a parar durante unos segundos. A continuación siguió y volvió a pa

rar. Así estuvo 4 ó 5 veces. Mis cojones estaban hinchados, deseando expulsar su preciada carga.

-Si sigues así me va a salir muchísima leche-, le advertí a mi prima.

-Es lo que quiero-, contestó.

Me puso a cien.

Entonces comenzó a pajearme con fuerza.

-¡Córrete en mi cara, mi niño!-.

Empezamos a gemir los dos a la vez. Yo porque llegaba al orgasmo y Bea, para ponerme caliente.

Los primeros lefazos comenzaron a salir a borbotones, espesos, y le caían en la cara, los ojos y la boca, la cual mantenía abierta. Algunos chorretones le llegaron al pelo. Cuando terminé, su boca estaba llena de cremoso esperma. Tanto que al ponerse de pie se le cayó un poco en sus tetones. El que le quedó en la boca se lo tragó. Después le di las gracias y finalmente nos duchamos juntos.

Autor: krusty

krusty ( arroba ) clubeljueves.com

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