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LA TIA SOLTERONA

12 de abril de 2007

Siempre me ha atraído mucho mi suegra, bueno, suegra en el sentido figurado, porque no me he casado, solo estoy de novio, para ser más especifico, los pechos de mi suegra. Ella debe haber sido muy bonita cuando joven, ahora ya tiene 58, es baja, con un poco de barriga, producto del tiempo y de haber tenido tres hijas.

Su pelo rubio, sus anchas caderas, y unos pechos grandes y redondos. Pienso que en más de una oportunidad ella debe haberse dado cuenta de cómo he tratado de vérselos,mientras se agachaba o nos servía comida, etc. Sólo en una oportunidad tuve la suerte de verlos, pero fue en forma indirecta a través del reflejo de una ventana cuando fuimos con sus hijas a la playa. A todo esto ella es viuda con tres hijas. (Yo me como a la mayor).

Llegó fin de año. Como siempre yo lo pasé junto a mis padres y familiares y después de dar los respectivos abrazos, partí rumbo a la casa de mi novia. Toqué a la puerta y la que me abrió fue mi suegra. Estaba preciosa, con un vestido negro ajustado con un escote que ni les cuento. Me saludó muy contenta, me abrazó, deseándome lo mejor para este año. No desaproveché la oportunidad de apretarla bien contra mí, sintiendo esas poderosas tetas frotarse contra mi pecho. Luego me hizo pasar.

Saludé a mi novia, a sus hermanas, que también estar bastante ricas y a unos familiares de ella. La velada transcurrió sin novedad, bebimos y cuando quedábamos pocos, se organizó una salida al campo al otro día.

Partimos temprano en la mañana. Llegamos a un lugar muy lindo que conocía el novio de Karina (18 años), la hermana menor.

Todo verde y al lado de un río, donde se formaban unas pozas grandes donde podríamos bañarnos. A todo esto, dentro de los familiares, había una tía solterona de mi novia, que también nos acompañó, que es la protagonista de esta historia.

Mientras hacíamos el asado, ella en dos oportunidades se agachó delante mío, dejándome ver uno pechos que no tenían nada que envidiarle a los de mi suegra. Luego de comer, los más jóvenes nos fuimos a bañar.

Estábamos en el río cuando llega esta tía y con unos pantalones cortos y una bolera, también se mete a bañarse. Como es de suponer, la bolera se mojó y se le translucieron los pezones. Comentario que no escapó entre el novio de mi cuñada y yo, argumentando que la tía se gastaba un muy buen par de tetas.

La tía, pese a sus 55 años, era bastante jovial y buena para las bromas, en especial las de doble sentido, conversadora, por lo cual enganchó muy bien con nosotros, los más jóvenes.

Terminamos de bañarnos, y entre la conversación, salió el tema que en su casa, ella tenía un vehículo, que acá en Chile le decimos "cacharrita ", de los años 50. Que sólo le estaba ocupando espacio en el patio y que ella se quería deshacer.

Le comenté que ese vehículo, podría valer bastante dinero si se arregla un poco y se vende a la persona indicada. Para hacer el cuento corto, me invitó a su casa a ver el vehículo, y que si lo vendía, me daría una comisión. (Yo soy Ingeniero mecánico).

Al otro día llegué a su casa. Se notaba que la señora tenía muy buena situación económica. Vivía en una casa muy grande, con alberca, un gran jardín. En el fondo del patio, tapado con una lona estaba el vehículo. Lo revisé, y la verdad estaba en muy buenas condiciones. Ella me miraba mientras trataba de hacerlo arrancar. Bajé las herramientas de mi camioneta y comencé a trajinarlo, hasta que luego de una hora logré ponerlo en marcha.

En todo ese rato, la tía me mantenía con puras cervezas. A ella le encantaba tomar cerveza en los días de calor, y ni les cuento el calor que hacia ese día. Me decía que su refrigerador lo tenía lleno de latas de cervezas.

En una de esas, ella me sorprendió mirando

sus tetas, mientras se apoyó en el auto y su blusa se separó. Me dijo que me concentrara en el auto en vez de estar viéndole las tetas, todo en broma. Yo, aunque me dio mucha vergüenza, continúe la broma, le diciéndole que sería culpa suya si el auto no se reparaba, por que me estaba distrayendo al colocarse así. Ella se rió. Luego de un par de minutos, esta vez conscientemente, la tía se colocó de la misma forma, asegurándose que se le vieran, incluso las movió de lado a lado, continuando la broma. Yo la vi de reojo y me sonreí.

Ella se burlaba de mi, jugando a excitarme, tomando la cerveza helada y pasándola por su cuello emitiendo sonidos de placer, pasándola entre sus pechos, diciendo que ¡Hm!. qué heladita esta…Mm. ¡se siente tan bien! Todo como broma, pero lo que ella no sabía es que yo si me estaba calentando de verdad.

Reconozco que siempre he sido un hombre muy caliente y que la mujer no debe cumplir grandes requisitos para ser mi candidata al sexo; un poco de alcohol y ya todas tienen algo bonito.

Empecé a contar los envases de cervezas que la tía había traído y eran ocho, es decir nos habíamos tomado cuatro cada uno. Con razón la tía ya me estaba pareciendo una posible candidata.

Su contextura sin ser gorda, era bastante gruesa; su culo se podía apreciar a través de la larga falda y era de un volumen muy considerable, es decir grande; sus tetas, para que decir, redondas y grandes, iguales a las de mi suegra, pero con otro color de piel, como me encantan a mí. El morbo de estar con una mujer mucho mayor que yo, fue consumiendo mi imaginación y más todavía al ser la hermana de mi suegra.

Le pregunté por que nunca se había casado, me respondió que estuvo a punto de casarse , pero que poco antes de su matrimonio, sorprendió a su novio con otra mujer y desde ahí nunca más confió en ningún hombre, y que, por eso, aún continuaba virgen.

Yo quedé helado con la última afirmación, hasta que ella rompió el silencio con una carcajada.

- ¡Cómo se te ocurre que voy hacer virgen a los 55años! ¡Soy solterona, pero no tonta! – Casi me la creo – DA, da, ja, lo que pasa es que soy muy fogosa y los hombres se asustan de mí, yo creo.

- Jajaja – La verdad nunca me ha hecho falta un hombre, vivo bien sola y no me acostumbraría con un hombre al lado. Además a mi edad lo único que agarraría seria un viejo de 60 que ni siquiera le funcionaria, y para estar cuidando viejos, con la cosa mala… ¡Ni loca!, mejor solita no más.

- ¿Y no se aburre? – No, para eso tengo mi vibrador.

- (otra vez me dejó helado) – Jajaja (era broma), pero para qué te voy a negar que de repente hecho de menos un buen revolcón.

Ya el auto quedó de lado, el calor era insoportable, por lo que entramos a la casa. Entré al baño, me saqué mi polera y me lavé un poco. Al salir ella me esperaba con otra lata de cerveza. Me senté en el sofá, ella se sienta a mi lado, le comenté la cantidad de cervezas que habíamos bebido. Me preguntó si me sentía mareado o algo, por las cervezas, y que no eran tantas.

Yo diciéndolo en tono de broma, pero pensándolo en serio, le dije que la cerveza despertaba mis instintos animales que llevaba dentro. Ella no se rió, un minuto de silencio, coloca su mano en mi pierna, y mirándome directo a los ojos, me dice: "¿Por qué no lo dejas salir? ". Esa era mi señal de que ya no hablábamos en broma. Sin embargo algo no me dejaba actuar y me quedé callado, pero mirándola fijamente.

Su mano lentamente fue subiendo por mi pierna hasta posarse sobre mi verga, que ya no aguantaba ser liberada. Dejó su botella en la mesa y con sus dos manos comenzó a bajar el cierre de mi pantalón. Metió una de sus manos y se encontró con mi verga durísima, sobre mi ropa interior, la acarició, la apretó, su vista no se despegaba de mi bulto a la espera que saliera, lo que tanta falta le estaba haciendo.

Yo aún no la tocaba. Poco a poco fue soltándola, hasta que quedo completamente expuesta. Ella no la perdía de vista y la acariciaba suavemente con su mano. "Te prometo que esto nunca lo sabrá mi sobrina".

Puso su cabeza a escasos centímetros de mi verga. Podía sentir su respiración en mi verga, siento su mano como la coge de la base y siento como su cara se frota con ella. Mis manos acarician sus negros cabellos,

invitándola a metérsela dentro de la boca.

Siento la punta de su lengua justo en la punta de mi pene. Un escalofrío me recorre entero, haciéndome emitir gemidos de placer. Su lengua suavemente me sigue acariciando, tal como si fuese un helado, hasta sentir como lenta y suavemente se va introduciendo centímetro a centímetro, mi erecto compañero de tantas batallas, hasta sentir sus labios rozando mi vello púbico en señal que estaba introducida en su totalidad.

Manteniéndola unos segundos en esa posición vuelve a sacarla tan lentamente como entró y luego repite la operación. Nunca me habían hecho un mamada de esa forma, era una mamada profesional, 100 veces mejor que cualquiera que me hubiesen hecho antes. La capacidad de acomodarla dentro de su boca hasta llegar a su garganta era increíble y la suavidad con que lo hacia era más excitante aun. Yo sabía que no podría aguantar mucho tiempo así, era grandioso.

Tuve que tomarla fuerte del pelo y obligarla a acelerar el movimiento o hubiese acabado en su boca con esos movimientos tan suaves. Mientras lo hacía, ella misma desabrochó su blusa blanca, quedando con unos sostenes de color carne de gran tamaño para sostener sus voluminosos pechos. Yo mismo desabroché esa prenda liberando dos hermosas tetas, grandes, redondas, con pezones oscuros y muy marcados.

La tiré hacia atrás en el sillón y me sumergí en ese par de tetas a chuparlas y apretarlas, ella acariciaba mi cabello y me pedía que lo hiciera más suave. Me costó, por que no es mi estilo, ser tan delicado, pero comencé a lamérselas suavemente, consiguiendo que sus pezones crecieran enormemente y haciéndola ronronear de placer.

Una de mis manos se metió debajo de su falda y acariciando sus piernas fui subiendo hasta topar con la tela de su calzón que se encontraba muy mojado. La acaricié por sobre esta prenda, encontrándome con sus pelos que sobresalían por el lado. La masturbé lentamente, como a ella le gustaba, sin dejar de besar sus pechos. Ella con la cabeza echada hacia atrás y su mano aferrada a mi verga gemía de placer.

Dejé de masturbarla y me desnudé completamente. Ella solo traía su larga falda. Traté de sacarla por debajo, pero su generoso culo me lo impidió.

Ella se para y se desabrocha la falda, dejándola delante de mí, con un calzón grande, también de color carne, los que lentamente se fue sacando dejando una generosa mata de pelos delante mío.

Se sentó sobre mí, de frente, colocando una pierna a cada lado, dejando sus pechos en mi cara. Acomodó con su mano mi verga en la entrada de su concha. Traté de meterla, pero a ella le dolió. Me dijo que me quedara tranquilo hasta que ella se acostumbrara a mí. Lentamente fue entrando, presionada, se notaba que hacia tiempo no tenia una verga metida en su coño. Con una lento mete y saca, su vagina se fue dilatando favorecida por la gran humedad que generaba.

Ya entraba sin problemas. Sus movimientos eran lentos. Podía sentir como sus paredes me apretaban y soltaban la verga, ella sabía muy bien lo que hacía, la sensación era deliciosa. Mis manos atraparon su tremendo culo, que realmente era grande, más de lo que se podía apreciar a simple vista con ropa. Ella trataba que sus tetas en cada subida y bajada se frotaran contra mi cara y mi boca. Comenzó a moverse más y más rápido, disfrutaba, gemía, movía la cabeza de lado a lado. Yo con mis manos no le soltaba el culo apretándoselo cada vez más. Sus movimientos y quejidos me indicaron que iba a acabar por lo que la apreté más fuerte. Ella me pidió que le chupara fuerte las tetas, y mientras yo lo hacia dio un grito de placer y me mojó completamente en un orgasmo monstruoso, pero sus movimiento no se detenían continuó igual.

Le pedí que cambiáramos de posición. Se puso en cuatro patas sobre el sofá y yo por detrás de un golpe, aferrado a sus anchas caderas comencé a penetrarla violentamente. Ella me pedía más, que lo hiciera más rápido, más fuerte, me pidió que me quejara, que le dijera si le gustaba su culo, que la tratara como una cualquiera, cosa que hice, diciéndole que me encantaba su enorme culo, que me fascinaban sus grandes tetas, lo que me gustó que me la chupara, que se la quería meter por el culo.

Me salí de ella y le di un beso negro, cosa que la hizo gritar de placer, moj

ándolo bien, metiéndole el dedo chico para dilatarla, para posteriormente penetrarla. Ella me decía que la tenia muy caliente, pero que hacía muchos años que no lo hacía por el culo y que seguro le dolería. No le hice caso, nuevamente la tomé por detrás y traté de metérselo, pero me fue imposible, por que le dolía mucho, me dijo que en otra oportunidad me dejaría hacerlo, pero que ahora no. Yo le dije que me dejara acabar en su culo, aunque fuera solo la punta, pero me dijo que no. No tuve más remedio que volver a metérselo por la vagina. Ella al sentirlo, apoyó su cara en el sofá dejando completamente levantado el culo.

Hazme acabar nuevamente, pero besándome el culo como recién y te dejo terminar en mi boca. Sólo con escucharla me dieron ganas de acabar. Me costó mucho no hacerlo, le abrí sus grandes nalgas y comencé a besárselo, alternando mis lamidas con su concha. Gritaba de placer, sentí como nuevamente ella acabaría, me centré en besarle el coño, hasta que sus jugos inundaron mi boca y mi cara, con un grito que emitió, que creo se debe haber escuchado hasta en la calle.

Rápidamente se da vuelta y se mete mi verga hasta el fondo, chupándomela muy fuerte, metiéndola y sacándola rápidamente, dejándola a veces enterrada hasta el fondo de su garganta, dándome un placer increíble. Traté de hacerlo durar un poco más, pero no podía, con mis quejidos le indiqué que acabaría, pensando que sacaría un poco la verga de su boca, pero al contrario, la metió hasta el fondo de su garganta, recibiendo mi espeso y caliente semen en su garganta.

Sentía como lo tragaba sin ningún asco. La sacó de su boca, con un hilo de semen y saliva que colgaba desde la punta de mi verga hasta su boca. Siguió chupándomela ahora más suave, retirando cualquier resto de semen que hubiese quedado, hasta dejarla completamente limpia.

Luego se levantó y se sentó a mi lado, sin decir ninguna palabra, solo mirándonos y riéndonos, completamente mojados en sudor. Bebimos el resto de la cerveza que nos quedaba. Me preguntó si me quería bañar a lo que respondí que sí. Paseándonos desnudos por su casa, me pasó una toalla y me mostró el baño. Me bañé, me vestí. Ella se había vestido también.

Me dejó hasta la puerta, un vecino que estaba regando afuera nos miraba. Nos despedimos con un apretón de manos y me preguntó cuando volvería a terminar con la cacharrita…

Autor: Ingeniero

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