Relatos de sexo entre mujer y mujer. Sexo homosexual

Lo has hecho con alguna chica?

Mónica nos cuenta una experiencia lésbica que tuvo en sus años de universidad, lo bello de la relación y lo injusto del trato que recibe de la sociedad. Flechazo a primera vista.

Debo decir que los sigo prefiriendo a ellos, pero sería hipócrita asegurar que no me gustó lo que pasó aquella noche, aunque me haya costado mi reputación.

Ocurrió mientras estudiaba mi carrera. Habían pasado los exámenes parciales y era el momento de liberar tensiones. Las chicas del departamento y unas vecinas organizamos una pijamada. Música, chistes, juegos, botanas y una que otra copita amenizaron la reunión.

Durante el jolgorio conocí a Brenda, una chica de Chihuahua que había viajado para visitar a su hermana, una vecina de nosotras. Se trataba de una joven absolutamente normal, tres o cuatro años mayor que yo, cuyo cuerpo bien podría decirse que quisiéramos tener la mayoría de las ahí presentes. En lo particular, nunca me ha costado trabajo reconocer la belleza física de las chicas, y no por eso me considero "rara". Esa vez no fue la excepción. En varias oportunidades Brenda me sorprendió observando la envidiable silueta de su cuerpo tras su delgado camisón, mostrándome una sonrisa que parecía libre de toda malicia. Igualmente le sonreía confiada en que aquellos cruces de miradas no se envolvían en nada más que la casualidad.

Quiso el destino que en un juego de prendas nos tocara ser las primeras en ser eliminadas, así que nos separamos del grupo y nos pusimos a platicar. Su forma de ser me resultó aún más cautivadora que su aspecto. Platicaba de sus andanzas amorosas con una amenidad tal, que no me importó en lo más mínimo renunciar al ambiente de la reunión con tal de escucharle. Oí de las aventuras con sus novios, de cómo se inició en el sexo, de la vez que lo hizo con su profesor con tal de pasar la materia, en fin, de las cosas más locas que había vivido.

-¿Lo has hecho con una chica?- preguntó como si su cuestionamiento no tuviera la menor connotación de escándalo. Tras unos instantes, una vez recobrada del impacto de la pregunta, le contesté negativamente, supongo que con mi rostro aún enmarcado por la sorpresa. -¡Vaya!, se nota que eres liberal, pero no libre- me contestó en tono magistral, como el del psicólogo que analiza a su paciente. Me tomó de la mano y me condujo al interior de mi recámara. En el trayecto, las miradas de varias de mis compañeras se cruzaron con la mía, con un evidente dejo de interrogación. Por mi parte tampoco estaba segura de lo que pretendía mi nueva amiga. Quizá sólo estaba jugando y yo debía seguirle el juego. Así lo hice.

Una vez que llegamos a mi cuarto, sin cerrar la puerta, me sentó en la cama de mi compañera de cuarto y empezó a besarme en los oídos y a recorrer mi cuerpo con sus manos. Había llegado al límite de mi paciencia. Era el momento de ponerle un "hasta aquí". Su cautivadora personalidad no le daba derecho a usarme para sus "aberrantes" intenciones. Debía pararle el alto. Debía, pero no pude…

Aquellas hábiles manos fueron capaces de aprisionar mi alma en un instante. Sabían dónde y cómo tocarme, mejor que ninguna de las varoniles manos que habían pasado por mi cuerpo a lo largo de mi vida. Recorrían mis zonas de gozo con tal acierto que parecían conducidas por mi mente. No pude más. Me entregué agradecida al placentero momento, respondiendo sus manoseos con caricias, sus besos con los míos, sus gemidos con mis súplicas de placer.

Retiró mi camisón para descubrir mis senos y recorrerlos con su experta lengua, que tan eficaz como húmeda, brincoteó juguetona entre mis riscos y sus cúpulas, alimentándome a través de ellos con vasto placer. Mientras, sus manos se deslizaron bajo mi fiel prenda, a menudo la última en abandonarme, para encontrar con destreza mis aberturas inferiores, que, anhelantes y lujuriosas, recibieron con alborozo la visita de aquellos hábiles dedos, eróticos gnomos que se desplazaron bulliciosos entrando y saliendo por aquellas puertas que se abrieron de par en par para recibir gustosas el arribo del máximo placer. Gemí como nunca. No pude evitarlo.

Afuera de mi cuarto todo era escándalo.

Las otras chicas habían seguido paso a paso el desarrollo de aquella "impudicia" y la reprobaron abiertamente. Sumida en el deleite de la entrega, observé de reojo los rostros "consternados" y condenatorios de mis compañeras. "Quién iba a decir que Mónica y Brenda eran unas mariconas", "cómo era que Claudia, la compañera de cuarto de Mónica, podía vivir con ella", "porqué tenían que echarnos a perder la velada de esa manera",… Esa noche oí de todo. Si digo que no me importó sería mentir. Me atormentaba la idea de saber que mi reputación se estaba haciendo añicos, pero aquella bonita experiencia lo valía. Puse oídos sordos al mojigato escándalo exterior y me concentré en los agradables momentos que mi nueva amiga me estaba regalando.

Tratando de poner en práctica sus enseñanzas, procuré ofrecer a Brenda un trato similar al que ella me había dado. Tras desnudarla por completo, recorrí su cuerpo con mi lengua mientras mis dedos la penetraban de la misma manera como eventualmente lo hacían conmigo misma. La hice llegar y eso me colmó también de máximo placer.

Sea por "repugnancia" o solidaridad, alguna de las chicas cerró la puerta de mi cuarto. Creo que ni a Brenda ni a mí nos importó mucho. Envueltas en la cima del placer, nos fundimos en un apasionado 69, bebiendo nuestros jugos y regalándonos excelsos momentos de insuperable entrega. Alcancé mi segundo orgasmo y a los pocos minutos lo alcanzó ella.

Nos despedimos como si fuéramos amigas de la infancia que no se verán jamás. No pudimos evitar ambas la aparición de las lágrimas, mitad por saber que no nos volveríamos a ver y mitad por entender que nuestra puritana sociedad a veces castiga la búsqueda de la felicidad.

A partir de esa noche dormí sola por muchas semanas. Mi compañera de cuarto pidió asilo en otra recámara y sufrí la "ley del hielo" por mucho tiempo. Tuve que darme por bien servida con que no me echaran del departamento. Me parecieron injustas aquellas que consideraba mis amigas, pero las comprendí. Aprendí entonces que el estado de desarrollo de nuestro mojigato entorno social las obligó a comportarse como lo hicieron. Finalmente me "perdonaron" aunque supe que para ellas siempre estaría "marcada" porque alguna vez fui "rara".

Autor: Mónica

eMail: mm2001 (arroba) starmedia.com

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El ascensor

Una chica termina por ceder a los deseos de una amiga lesbiana dentro de un ascensor.

Me llamo Mónica, tengo algo mas de treinta años, y la verdad es que nunca había hecho demasiado caso a los maliciosos cotilleos que circulaban por el bloque en el que vivo con mis padres, respecto a que mi amiga y vecina Paqui, de mi misma edad, era una lesbiana.

He de reconocer que algunas veces me había dado la sensación de que me miraba con un cierto deseo e interés. Pero como ella nunca me había hecho la más mínima insinuación achaque mi impresión a haber oído esos rumores, y no le di ninguna importancia.

Ese día iba a salir de compras con mi amiga, y estaba muy contenta porque, gracias al buen tiempo, podía volver a ponerme un vestido de primavera que me gustaba mucho, pero que me costaba horrores de abrochar ya que tenia un montón de odiosas trabillas en la espalda que eran muy difíciles de ajustar.

Dio la casualidad de que también estrenaba un coqueto sujetador calado con cierre por delante, realmente precioso, que me ayudaba a realzar todavía mas mis ya de por sí grandes y firmes pechos; que siempre he pensado que eran la parte más atractiva de mi anatomía, dado que es en la que más se fijan todos los hombres que conozco.

Mi vecina iba con una corta minifalda, que le permitía lucir sus largas piernas; y un fino suéter, que lucia como de costumbre sin sujetador. Pues, en verdad, sus pequeños senos apenas necesitan nada que los mantenga firmes. Aun así en mas de una ocasión le había aconsejado su uso, aunque solo fuera para disimular los traviesos y puntiagudos dardos de carne que se marcaban claramente en la ceñida blusa, como queriendo atravesarla.

Les cuento todos estos detalles para que se hagan una idea de lo mal que lo pase cuando nada mas arrancar el ascensor, en el que por suerte bajábamos las dos solas, note que se me soltaba el cierre del sujetador. Así se lo dije a Paqui, y esta paro el ascensor de inmediato. Le comente que tendríamos que subir hasta mi casa a que me lo pusiera bien, pero ella me dijo que lo mas seguro es que no hiciera falta llegar a esos extremos.

Después, soltándome el lazo del vestido con desenvoltura, se metió hábilmente debajo del mismo, para intentar arreglar la incomoda situación allí mismo.

Yo me sentí muy violenta, sobre todo cuando note la insinuante presión de su rodilla en mi intimidad, bien instalada entre mis piernas separadas, pues mis braguitas eran muy finas y me hacían notar todos sus roces con demasiada intensidad. Pronto sentí su cálido aliento entre mis senos; y, aunque no vi ningún motivo para ello, note como apretaba suavemente mis pechos, al mismo tiempo que conseguía cerrar de nuevo el sujetador.

Mientras Paqui salía de debajo de mi vestido pude notar claramente como se apoyaba, brevemente, en mi sensible entrepierna. La verdad es que no me enfade lo mas mínimo ante su osadía; al contrario, me sentí bastante excitada con la insólita experiencia.

Por eso me puse roja como un tomate y no me atreví a mirarla de nuevo a los ojos.

Ni siquiera cuando, a los pocos instantes de arrancar, note que se me volvía a soltar el sujetador. Al oírme maldecir se imagino lo que sucedía, volvió a parar el ascensor y, dedicándome una sonrisa de lo más turbadora, se introdujo de nuevo bajo mi vestido.

Esta vez Paqui palpo de manera rápida, pero claramente posesiva, toda mi intimidad por encima de las bragas, antes de llegar a mis pechos, que ya temblaban de excitación.

Y, durante todo el tiempo que estuvo bajo el vestido, el continuo roce de su inquieta rodilla se hizo tan insidioso que termine por empapar las braguitas con mis dulces flujos.

Luego, al llegar a la altura de mis turgentes senos, abrió totalmente el sujetador, aunque no venia a cuento. Dedico todo el tiempo que quiso a contemplarlos con detenimiento, mientras yo sentía su cálido aliento a escasos centímetros de mi piel mas sensible.

Después utilizo las dos manos para, con mucho tacto, y unas caricias tan suaves como enervantes, volver a introducir uno de los senos dentro de su copa. Como vio que yo no decía nada (aunque mi corazón latía a toda maquina y mi respiración era cada vez mas agitada), al introducir mi otro seno en su copa correspondiente, me masajeo a fondo todo el pecho; amasándolo, y estrujándolo, de una forma realmente cariñosa y sensu

al.

En vista de mi pasividad aprovecho la estupenda ocasión que le brindaba para acariciar y jugar, dulcemente, con mi grueso pezón rosado; hasta que este, agradecido, se endureció como una pequeña piedra entre las amorosas manos que lo cobijaban.

Una vez que Paqui hubo abrochado mi sujetador, no puso el menor disimulo en apoyar toda la palma de su mano en mi excitada entrepierna; llegando al extremo de deslizar uno de sus dedos a lo largo de mi húmeda rajita, antes de salir del vestido, con una sonrisa de oreja a oreja. Pues mientras salía sus dedos se deslizaban por encima de mis bragas, de un modo turbador, empapándose en el abundante fluido que encharcaba la prenda.

Después, ya con el ascensor en marcha, me miro fijamente a los ojos, y empezó a oler su mano como si se hubiera probado el mejor de los perfumes. Yo estaba tan cortada que no hacerte a reaccionar, ni siquiera cuando se me volvió a soltar el cierre del sujetador; pero se me debió de notar en la cara, pues ella, sin necesidad de consultarme, volvió a detener el ascensor. Esta vez, sin decirme ni una sola palabra, se fue directa al asunto.

Paqui solo se detuvo unos breves instantes en juguetear con mis húmedas braguitas, haciendo que sus hábiles dedos con solo unos movimientos separaran mis labios menores hasta provocar un indecente bostezo, antes de llegar de nuevo ante mis pechos.

En cuanto abrió el sujetador del todo, perdió solo unos momentos en recrearse la vista con el abrupto paisaje, antes de empezar a masajear uno de mis senos con sus largos y hábiles dedos. Su boca, y su lengua, se encargaron de que el otro se convirtiera en un autentico volcán; y pense, al sentir sus maravillosos mordisquitos en mi pezón, que me iba a correr en cualquier momento.

Pero fue su otra mano, la que introdujo dentro de mis bragas, para explorar mi todavía virginal cueva, la principal culpable de que me corriera como nunca antes lo había hecho, mientras mordía mis manos para amortiguar los escandalosos jadeos que emitía.

Mi viciosa vecina no se conformo solo con eso y, desentendiéndose de mis agradecidos pechos, bajo su cabeza hasta llegar a la altura de mi entrepierna.

Allí, después de bajar mis lindas braguitas hasta sacármelas por los tobillos, se dedico a contemplar a su gusto mi encharcada intimidad, generosamente expuesta ahora que por fin podía separar mis piernas mucho más, como ella deseaba.

Pronto se entrego a una larga serie de succiones y lameteos que me hicieron alcanzar una increíble serie de orgasmos que, aun hoy, los recuerdo y me tiemblan las piernas.

Sobre todo el ultimo que alcance dentro de aquel ascensor, en el que Paqui además de pellizcarme el abultado clítoris con una mano mientras saboreaba golosamente mi cueva, se las ingenio para introducir uno de los expertos dedos de su otra mano en mi estrecho orificio posterior; incrustándolo casi por completo en su interior antes de empezar a maniobrar hábilmente, consiguiendo arrancarme un autentico aullido de placer.

Quede tan floja después de este violento orgasmo que me tuve que apoyar en mi amiga, debido a que mis débiles rodillas amenazaban con doblarse de un momento a otro.

Desde luego ese día no fuimos de compras, subimos a su casa y me enseño todo lo que una mujer puede enseñar a otra respecto a los secretos del amor. Desde entonces vivimos juntas, y no hay día que no riamos al recordar la cara que pusieron los ancianos vecinos que abrieron, aquella mañana, la puerta del ascensor, y vieron el aspecto que teníamos.

Datos del autor/a:

Nick: Peli.

E-mail: yopeli (arroba) teleline.es

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Mi Cuñadita

Lesb, primera vez. Una solicita cuñada ayuda a una joven a descubrir su cuerpo y a llegar a degustar las mieles lésbicas.

Por Angelica (Angie)

Mi primera mujer fue Camila, y eso nunca lo he podido olvidar. Ahora ya estoy casada y esto da muchas ventajas en cuanto al sexo, los viajes, etc. Mi esposo viaja mucho, y para que no me quedara sola, me asignó como guardián a su hermana Juliana.

Juliana es una bella chiquilla de 17 años, con muy poca experiencia , sus padres, que son fanáticos religiosos la cohiben a morir. Estudia en un colegio de esa comunidad religiosa y sólo para mujeres, tiene un amigo (casi novio) en el colegio de la misma comunidad para hombres.

Como estrictamente religiosos que son le prohiben todo lo que tenga que ver con sexo, es pecado mortal, le dicen. A su novio lo mismo, hasta los besos son pecaminosos según ellos.

Cuando ella llego a mi casa fue una sorpresa, casi ni la conocía, la había visto dos veces con uniforme y una en el matrimonio muy elegante. Me sorprendí al verla en sudadera y mucho más cuando estuvimos en la piscina de la unidad residencial.

Desde ese momento me entraron deseos de hacerle el amor, de recordar lo que habíamos hecho con Camila, pero ¿cómo? Era mi cuñada y bastante inocente, ¿qué hacer?

Decidí observarla y facilitarle los libros de la Pareja y la Sexualidad así como los videos educativos que tenemos mi esposo y yo. Pero debía hacerlo con mucho cuidado, tener mucho tacto.

Una vez que salía del baño me puse a leerlo en mi cuarto, ¿qué lees? me pregunto, ah , educación sexual, Pero vos sos casada. Y ¿que? Más debo aprender. Y le metí mi primer veneno : Como me case sin saber mucho, ahora debo aprender bastante para que no se me aburra el flaco, je, je. Ella se sonrojo, pero tomo el libro y lo miró, le dije. Aprenda que usted está en edad… Pero en el colegio… nada, yo sé cómo son allá, pero no les vamos a decir nada. Ok…, OK., me respondió.

Te lo dejo en tu cuarto, el tomo I, para que empieces cundo quieras. Ok, Ángel (así me llama).

Esa tarde le dejé el libro junto a la cabecera de la cama, así que después de cenar se fue tempranito a su cuarto, ya me lo sospechaba . Sentí que se lavaba los dientes y encendió la lámpara de la cama. Como estaba viendo TV. La sentí ir al baño varias veces. No le dije nada

Al día siguiente como si nada, pero estaba más contenta antes de ir al colegio. En la noche, lo mismo, después de hacer unas tareas, se fue temprano a acostarse.

Al día siguiente en la noche me pidió el tomo dos, aproveché para decirle , lo que quieras preguntar sólo dime, se sonrojó otra vez.

Pegué la oreja a la puerta pero sólo oía el movimiento de las paginas del libro. De verdad estaba muy interesada.

Como sabía de su temor a la oscuridad quise hacerle una broma y me hice la que iba al supermercado al ratico fui y apagué los interruptores de la luz. Quedó a oscuras y sentí el grito, no obstante me escondí un ratico y volví, ¡Juliana! ¡Juliana! Qué pasó, me contestó casi llorando, ¡se apagó la luz…!. ¡Espera!

Busqué los interruptores y encendí la luz, ella me buscó y me abrazó, le sequé el par de lágrimas. Después de consolarla le recomendé, tomemos una ducha que está haciendo calor. Ella fue primero y luego yo, de verdad me sentí fresca.

Más tardecito sentí que me buscaba, no quería acostarse sola, eran las 9 y media y no se había acostado, generalmente lo hacía a las 9. Le dije, si tenés miedo dormís conmigo. Sí tenés ¿verdad? Sí Ángel, anda y busca tus cosas… el corazón me latía a prisa, no sabía qué hacer.

Ya en la cama, le dije ¿qué tal los libros? Se tapó la cara y me dijo "muy interesantes" Si te dije que hasta yo tenía que aprender. Sí pero uno no se imagina haciendo eso… ja, ja, estás muy joven además en el colegio te enseñaron que el sexo es pecado… en el libro es lo primero que dice que eso no es pecado ni nada de eso… AH ya estas aprendiendo algo. Mira, para que no digas no te imaginas eso te puedo mostrar uno de los videos, eso sí, no se lo digas ni a tu hermano. Ahí puedes salir

de la duda. ¿Ok? ¡Ok!

Espera traigo algo para que nos sintamos más cómodas, y encendé el VHS. Traje el primer video de introducción mostrando los genitales y las diferencias sexuales. Y además traje una botellita de vino chileno deliciosa junto con dos copas.

Ella miraba curiosa y algo excitada, yo no podía evitar observarla, estaba súper excitadísima pero tenía que calmarme. Cuando terminó el primer capítulo la mandé por hielo, para adelantar un poco la cinta. La coloqué justo antes de una escena de caricias que termina en hacer el amor. Mientras disfrutaba la escena se apuró su copa como si fuera agua, no podía separar los ojos de la pantalla, hasta vi como movía las piernas abriéndolas y cerrándolas, en clara señal de excitación.

Después de la escena, le dije, ahora hay que dormir… ¡Ahhh, que pereza..! Mañana vemos más, ¿te gustó? Sí, interesante. Ya no te da pena, ¿verdad? No, seguro que no. Mañana vemos más, OK. . Apagué todo y me hice la dormida, pero juro que una vez ella se durmió me tendí en la alfombra y me masturbé como loca, pensando en ella y cuidando de no gritar para no despertarla…

Me acosté, y ella , instintivamente se recostó en mí. En medio de esa dicha me quedé dormida.

Al día siguiente estuve bastante atareada, pero busqué el cassete sobre la masturbación era necesario darle un empujoncito a mi Julianita. Esta vez, y aprovechando que era viernes, preparé vodka con zumo de naranja… Mientras lo preparaba se me ocurrió buscar un video más real, busqué uno que tiene una escena donde una muchacha de unos 17 se hace una deliciosa pajita, en una escena como de 10 minutos. La dejé lista, por si ella preguntaba más detalles. Para estar más seguro, le pregunté por la tarde, ¿necesitas toallas sanitarias? Voy al súper, ¡NO! No me viene hasta dentro de 15 días. ¡OK! Todo bien.

Después de que estuviéramos listas ella fue rápidamente a mi cuarto. "Bueno Julianita, ahora vas a ver una de las cosas más importantes de la sexualidad, la autoestimulación erótica", "escucha la importancia que le dan." El narrador empieza haciendo una introducción donde habla de las maravillas de la masturbación como preparación para el orgasmo en pareja, a medida lo veíamos le daba más vodka a Juliana, hace calorcito, me dijo, ¡fresca! Quitémonos lo de arriba y nos quedamos en brasier. Ella empezó a observar curiosa y apuraba el vodka, la chica del video educativo hacía un simulacro de masturbación que no convencía, mostraban vibradores y otras cosas , pero todo fingido. Ella lo notó, "pero no muestran bien" me dijo, tranquila que si no yo te explico. Pero no me sentía con fuerzas todavía y seguí mi plan. La envié por hielo. Mientras cambiaba el casette. Cuando ella volvió le quité la pausa, "siéntate que ya van a explicar bien" , OK, y ella se apresuró. La escena es deliciosa, sin apuro muestra como ella comienza acariciándose, desde el cuello, pasando los senos y el vientre ,y termina en un delicioso orgasmo que la hace estremecer y gritar…

"¿Así se siente de fuerte?" Sí, Juliana, pero , ¿no hay peligro de lastimarse? No si lo haces delicadamente. Espera y apago el VHS. Para contestarte. Apagué y vino la avalancha de preguntas mientras le servía más. Pero dime la verdad. ¿Qué? ¿Vos sí lo has hecho? Claro Juliana… y ¿sí se siente así como muestran? Sí, probalo y verás. Mañana lo pruebo… Pero ¿de verdad no se lastima uno? No Julianita… Interminable.

Ok, acostémonos y mañana lo probás ¿Ok? Sí ¿OK? Estaba que ardía de deseos pero no me atrevía, estaba que me abalanzaba sobre ella, pero temía su reacción.

Decidí acostarme, ella se tendió en el otro lado… Me quedé dormida un momento, y me despertó un movimiento de las cobijas, ella se movía para un lado y otro, y le notaba una mano entre las piernas: este sentimiento me paralizo casi totalmente, mientras trataba de ver bien qué hacía. Esperé un poco y cuando pensé que ella ya estaba resuelta estiré mi brazo y le toqué la espalda, "hacelo bien" le dije, y ella brincó del susto, "Yo &iques

t;qué?" No, no te de pena, bobita… y comencé a acariciarla suavemente, yo te enseño, para que podás dormir. ¿Sii? Sí, Julianita.

Le comencé a quitar el brasier, despacio, "tócate los senos, como la chica de la pelicula" suavecito, qué delicia sentía a medida que se los iba tocando… qué piel tan suave…

Mis manos recorrieron su cuerpo, suavemente tratando de guiarla … Le quité los pantis y le coloqué la mano en su sexo, y comencé a movérsela suavemente. Suavemente mientras la sentía respirar fuerte… y hacía todo el esfuerzo por no besarla…

Le comencé a acariciar junto con su mano, y comencé a acariciarle los senos, ella se dejaba, le sentía húmeda su cuquita, tierna, dulce, … Busqué su clítoris y ah sorpresa, se sentía grandecito ya durito por la excitación. Julia, le dije, acaríciate aquí, suavecito, ella lo hacía y se estremecía. Cuando comenzó a mover las caderas y a gemir, comencé a besarle los senos. Ella gemía más y más, gritaba de placer, poco a poco fui bajando, por el ombliguito, mientras le acariciaba ese clítoris delicioso, llegué a su nidito, le abrí las piernas y ella me empujó instintivamente la cabeza contra ella. La lamí unos dos o tres minutos y sentí cómo se soltó en su primer orgasmo… Delicioso… terriblemente fuerte y delicioso…

Esperé a que se recuperara acariciándola en los senos y la cara… ¡Ahhh delicoso! Me dijo, volví a besarla ahora con más ganas , fueron no sólo uno sino 6 orgasmos que le hice tener… Ella a mí me acarició y me hizo tener dos pero no quiso lamerme allá, por pudor…

No te preocupes mi amor, tu educación apenas está empezando…

Angie

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Mujer de dos caras (II)

Lesb, bisex, sodomización-primera vez, trío, relato del dia. Las dos amigas siguen con su relación lésbica. Ambas, aunque por separado, se acuestan con su profesora de aeróbic. Y llegarán a formar un tórrido trío con el novio de una de ellas que hará feliz a su chica cumpliendo la fantasía de la primera sodomización.

Hola de nuevo, han pasado unas semanas después de lo que os conté de mi relación con Carlota, aquella noche que pasamos juntas fue maravillosa y por supuesto lo hemos repetido un montón de veces, aunque no con las comodidades de aquella noche ya que no disponemos de casa para encontrarnos, lo hemos hecho en las duchas del gimnasio o en mi casa un día que me quedé sola, pero normalmente vamos a un pequeño cuartito que hay en el terrado de su casa y que nunca sube nadie.

Desde el primer momento acordamos no contárselo a nadie y seguir con nuestras relaciones con nuestros novios, procuramos que todo siguiera con normalidad, la verdad es que también me apetecía un buen polvo con Eduardo a parte de montármelo con Carlota.

No obstante, Carlota a los pocos días rompió con su novio, según decía no tenía nada que ver con lo nuestro, pero yo sospechaba que se estaba decantando por el lesbianismo como tendencia sexual completa.

Seguimos acudiendo al gimnasio, teníamos un bono de 3 veces por semana (lunes, miércoles y viernes) y Carlota cuando yo me despistaba se perdía por los vestuarios con Carmen, realmente le había cogido afición a hacérselo con tías. Carmen, los días que no iba como clienta (martes, jueves y sábados) daba clases en el mismo gimnasio de aeróbic para sacarse un dinero, con lo que cada día estaba por allí. Cuando llegaron las vacaciones, teníamos todo el día libre y para sacarme un dinero, empecé a trabajar en una hamburguesería los viernes y los sábados, como Carlota seguía con Carmen, no le importó los viernes ir sola al gimnasio.

Por no perder un día del bono, empecé a ir los jueves en lugar de los viernes, allí me encontraba a Carmen, que por casualidad daba la hora de aeróbic que asistía yo. Realmente era guapa, y con aquellas mallas ajustadas que llevaba, mostraba una figura preciosa, nos fuimos conociendo y pasó lo que tenía que pasar, usando la misma técnica que con Carlota, primero como quien no quiere la cosa y poco a poco llegamos a más, hasta que en las duchas nos lo montamos las dos. Era una verdadera maestra, me hizo gozar muchísimo en aquel encuentro y sin esperar que ella me lo propusiera, le dije de ir a su casa, naturalmente aceptó.

Recordando lo que me contó Carlota, me vestí sin el tanga, y nos dirigimos al coche, aún no habíamos salido del parking ya estaba trabajándome los bajos, yo la imite y puse mi mano en su entrepierna, tampoco llevaba nada, por lo visto, nunca se ponía ropa interior. Mis dedos jugaban con su agujerito, entraban y salían, pellizcaban, apretaban su clítoris obligándola a gemir mientras conducía, sus piernas muy abiertas se movían rítmicamente a cada embestida mía. Estando paradas en un semáforo, se corrió violentamente, un motorista que estaba junto a la ventanilla del coche se percató y vio mi mano metida debajo de su falda mientras ella se agitaba furiosa, nos estuvo siguiendo un buen rato, por fin entramos en el garaje de la finca de Carmen. Bajamos del coche y nos dirigimos al ascensor, una vez dentro nos besamos y acariciamos todo el cuerpo, vive en un noveno piso y tardó lo suficiente en subir como para que mi top acabara enrollado a mi cintura, me comía las tetas y los pezones mientras metía sus dedos en la vagina. Por suerte era tarde y nadie nos vio, en el vestíbulo de la escalera le bajé la faldita y empecé a pasar mi dedo por su culo a la vez que mi lengua entraba en su coño, como pudimos llegamos al apartamento y entramos.

Fuimos directas al dormitorio desnudándonos del todo por el pasillo, ya en la cama volvía a meter mi lengua repartiéndola entre el orificio del culo y su concha. Estábamos sudorosas, nuestros cuerpos se movían a oleadas de placer, se puso con sus piernas entre las mías haciendo rozar nuestros coños y moviéndose como si quisiera follarme con su clítoris. Nos corrimos las dos a la vez, y nos quedamos estiradas una junto a la otra. Nos pusimos a hablar.

– ¿Desde cuando te van las tías? -le pregunté – – Desde hace dos años que voy al gimnasio y me enrollé con una chica que trabajaba allí de recepcionista.

– – – ¿Y no has estado con chicos desde entonces?

– – – Por supuesto que sí, me encanta hacerlo con tíos, en asuntos de sexo estoy abierta a muchas posibilidades y no me gustaría tener que rechazar ninguna.

– – – A mi me pasa lo mismo, no por montármelo con alguna chica voy a prescindir de una follada con mi novio.

– – – ¿Con cuantas chicas has estado?

– – – Con dos, contigo y con Carlota. – – Al decirle esto se quedo pensativa, y después de pensar un poco me dijo: – – ¿Tu sabias que estoy liada con Carlota?

– – – Sí, aunque no sé hasta que punto. De hecho Carlota se acuesta contigo y conmigo.

– – – Nuestra relación no tiene ningún compromiso, solamente es de sexo, pero no sé que pensaría si supiera que tu y yo nos hemos acostado.

– – – Y seguiremos acostándonos, espero

– – – Sí, claro, pero creo que sería mejor que no se enterase, no quisiera hacerle daño ni perderla como amante.

– – – De acuerdo, de momento lo mantendremos en secreto, pero somos muy amigas y no tenemos secretos entre nosotras, no le esconderé durante mucho tiempo lo que hacemos.

– – – Vale, ya pensaremos la manera de decírselo.

– Dimos por terminada la sesión de sexo, nos vestimos y me llevó a mi casa, no sin antes instalar en mi coño sus dedos hasta que llegamos, casi en la puerta de casa y ya cansadísima me corrí por ultima vez aquel día. Nos besamos y quedamos para el Jueves siguiente. Dormí un poco incomoda por tener que ocultar aquello a Carlota, ella era la persona con la que más confianza tenía y me parecía estarle fallando.

Al día siguiente, con mi novio y Carlota fui a la playa, estuvimos los tres jugando y bañándonos, me miraba a Carlota, con su pequeño bikini, sus pechos (más desarrollados que los míos) pugnaban por salir y el tanga del bikini marcaba un precioso culito. Entonces caí en la cuenta de que hacía casi un mes que no hacía el amor con ningún chico y llegué a la conclusión que estas cosas no dejan de gustar de un día para otro. Se me ocurrió que si yo le dejaba a mi novio a ella no le importaría compartir al "suyo". Comencé a tramar la manera de que se enrollaran y se me ocurrió decir que me encontraba mal, que me dolía la cabeza y que quería ir para casa, eran las 11,30 de la mañana y hasta las 15h no volverían mis padres de trabajar. En media hora llegamos a casa, por el camino me encargué de calentar un poco el ambiente, le metía mano al paquete de Eduardo mientras hablábamos de lo grande que la tenía, él, primero un poco cortado, intentaba disimular su bulto con la camiseta que llevaba puesta, yo veía que Carlota solo hacia que mirar mi mano como se movía dentro de las bermudas de Eduardo, hasta Eduardo se dio cuenta que Carlota no perdía de vista lo que estaba pasando y llevado por el morbo se levantó la camiseta y dejó a la vista su pene cogido por mi mano, los ojos de Carlota estaban súper abiertos, ¡¡¡ con el tiempo que hacia que no cataba una polla !!!. Decidí dar el último empujón a mi plan y bajando la cabeza empecé a chupársela mientras conducía, de reojo, veía a Carlota con su mano metida en el tanga, moviéndola rítmicamente y sin dejar de mirar, incluso empezó a acariciar mi cabeza marcando el ritmo de la mamada.

Llegamos a casa, ya en el ascensor seguí chupándosela pero ahora, Carlota, de rodillas a mi lado también participaba de la fiesta, por supuesto Eduardo no protestó lo más mínimo de que las dos nos aplicáramos a pasar nuestras lenguas por su polla. Fuimos directos a la cama de mis padres y allí nos desnudamos los tres, Carlota estiró de un empujón a Eduardo en la cama y sentándose sobre él se metió todo el pene de un golpe, se lo estaba follando salvajemente mientras él aullaba de placer, yo me senté en la cara de Eduardo para que me comiera, mientras aprovechando que no veía nada, me besaba con Carlota (la verdad, es que no me importaba lo mas mínimo que me viera con Carlota, si no le gustaba ya me buscaría otro novio), Carlota dio un grito de placer en el momento que Eduardo se corrió dentro de ella, volver a notar la leche caliente

después de tanto tiempo dentro de ella fue demasiado y también se corrió violentamente, en unos segundos volvía a estar la polla dura, mientras Eduardo comía mi conejo Carlota se había apartado y yo volvía a chuparle haciendo un 69, cuando no pude más me incorporé y poniéndome a 4 patas esperé a que me follara, él ante aquel panorama de mi coñito abierto esperando su polla no se hizo de rogar y me embistió por detrás, entraba y salía con fuerza de mi cuerpo, Carlota ya un poco recuperada y olvidándose de nuestro pacto de silencio se situó delante mío ofreciéndome su concha y bajando la cabeza comencé a pasar mi lengua. La sorpresa de Eduardo debió ser mayúscula, su novia, una folladora como pocas, comiéndole la almeja a su mejor amiga, paró incluso de follarme, durante unos segundos permaneció inmóvil. Él era de aquellos tíos machitos que no entienden que una tía se lo monte con otra habiendo tíos, supongo, porque no le veía la cara, que estaba a punto de darle un ataque, mientras yo seguía bebiendo la miel de Carlota y limpiándole con la lengua los restos de semen de Eduardo. Mi culo seguía delante de su polla moviéndose instintivamente, esperando que volviera a meterla, de repente la volvió a meter, pero no en el coñito que ya estaba muy abierto y mojado, sino que de un solo empujón la introdujo en mi culo que hasta ese día había permanecido virgen. Me puse a gritar desesperadamente, realmente me dolía muchísimo, intentaba zafarme de su polla pero me tenía bien cogida con sus manos en mis caderas, empezó un mete y saca rítmico, sin importarle mis quejas y lloros, él seguía a lo suyo. Carlota se había incorporado y miraba la escena, en vez de ayudarme a escapar de Eduardo, la muy puta se puso a besarme y a tocarme las tetas, en unos minutos mi esfínter se dio poco a poco de sí, junto con los tocamientos y besos de Carlota empecé a notar un placer nuevo, notaba la polla como entraba y salía haciendo todo el recorrido con lentitud y viendo que me empezaba a gustar, Eduardo soltó una mano y empezó a acariciar mi clítoris.

Aquel ataque de Eduardo había conseguido que gozara con él más que todas las veces anteriores que habíamos follado, cuando aceleró el ritmo noté que se iba a correr, le hubiera dicho que no se corriera dentro si no hubiera tenido la boca ocupada por la lengua de Carlota, ya no podía parar de moverme, ahora era yo que movía el culo rítmicamente; por un momento noté como si su polla aumentara aún más de tamaño y con grandes espasmos se corrió, noté su leche caliente dentro de mis entrañas y me corrí yo también inmediatamente.

Quedé estirada boca abajo, exhausta, el semen salía de mi culo cayendo entre mis muslos, cerré los ojos y me relajé con el dolor de mi ano bastante vivo. Eduardo estaba de pie, quizás pensando lo que había hecho, su polla seguía tiesa, encularme debía ser una fantasía para él, y se había hecho realidad. Carlota era la única que parecía insatisfecha y sentándose al borde de la cama, se puso a limpiar la polla de Eduardo con la lengua, éste reaccionó volviendo a estar a punto, Carlota se puso a cuatro patas y guiando con la mano la polla se la apuntaló en el culo y empezó a empujar hacia tras, el pene de Eduardo entró primero la cabeza, un gemido de Carlota me hizo abrir los ojos, le miré a la cara y pude ver sus ojos como se le iban de gusto, la polla seguía entrando hasta el fondo, con la boca abierta susurraba que la iba a partir en dos, pero ella no paraba, se movía hacia delante y hacia detrás, ella sola se estaba enculando mientras Eduardo sin apenas moverse veía su cipote como se perdía en el interior de mi amiga. Yo no podía moverme y me limité a mirar mientras me acariciaba, Carlota se corrió un par de veces antes que Eduardo volviera a correrse definitivamente, cayó de rodillas agotado del esfuerzo (no creí que pudiera correrse tres veces en tan poco tiempo), yo aproveché para que en aquella misma posición y abriendo las piernas me hiciera una ultima comida de coño.

Había sido una buena mañana de sexo y perfecta para mis propósitos. (CONTINUARA)

A diferencia de la primera parte, éste y los siguientes capítulos de esta historia son fruto de mi imaginación, d

e hecho la idea me la dio Xandra aprovechando alguna de sus vivencias, pero sin tener relación con su aventura con Carlota. Si os gusta o queréis comentarme algo o darme alguna idea para continuar el relato os lo agradecería.

Carles

Carles15 (arroba) hotmail.com

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Mujer de dos caras (IV)

Hetero, bisex, orgía. La orgía continúa aunque con menos participantes. Todo se comparte y se degusta.

El domingo por la mañana, tarde, nos fuimos despertando, los cinco estirados en la cama de Carmen, yo tenía mi cuerpo molido, mi vagina estaba muy irritada y mi culo me dolía todavía bastante después de haber tenido dentro la enorme polla de Jorge.

La que parecía no tener límite era Carmen, metida debajo de las sabanas chupaba la polla de Eduardo que sin llegar a ponerse a tope la tenía "Morcillona" y le cabía toda dentro de la boca de Carmen. Carlota, tan dolorida como yo, me acariciaba los pechos suavemente y pasaba la lengua por los pezones, me estaba volviendo a excitar y en aquel momento me apetecía más aquellas caricias que la orgía salvaje de la noche anterior. Juan, viendo el estado de nuestros cuerpos se levantó y fue a la bolsa de deporte a buscar un linimento para aliviarnos sobre todo nuestros culos. Nos pusieron a Carlota, Eduardo y a mí con el culo en pompa, estaban rojos de la irritación; poniendo la pomada en sus dedos, Juan empezó a ponerla primero en mi ano, fue pasando los dedos, era como una vaselina, casi sin darse cuenta alguno se metía un poquito para adentro, con la intención de que quedara bien embadurnado, me estaba excitando otra vez, pequeños gemidos delataban mi estado, Carmen hacía lo mismo con el culo de Carlota con una mano y con el de Eduardo con la otra; empecé a acariciarme mi clítoris suavemente, los sabios dedos de Juan ya entraban y salían con facilidad de mi ano, que realmente con aquella pomada estaba notando muy aliviado. Parecía que volveríamos a empezar la fiesta, pero ahora nos apetecía algo más tranquilo, Carmen se estiró a mi lado y cogiéndome de la cabeza empezó a besarme, yo acariciaba sus pechos y estirándome del todo a su lado di a entender a Juan que me apetecía estar con ella, entendiendo nuestros deseos, los otros tres se fueron de la habitación y nos dejaron solas, fui bajando con mi lengua por el cuello hasta llegar a sus pezones que mordiéndolos un poco enseguida se pusieron erectos y duros, mis dedos ya hurgaban su vagina, ella también acariciaba mis pechos con gran dulzura, (parecía mentira que una mujer como aquella, tan salvaje con el sexo, pudiera ser tan tierna) me susurraba al oído palabras que me sorprendían, hablaban más de amor que de sexo, me llamaba cariño, mi amor, era la primera vez aquel fin de semana que en lugar de follar, hacía el amor.

Volvimos a besarnos, ahora era ella la que bajando la cabeza chupaba mis tetas, siguió bajando hasta mi vulva, sus dedos se volvieron a meter en mi cavidad vaginal acompañados con su lengua, me estremecía de gusto notando como mi clítoris era absorbido por su boca, lo chupaba como un pequeño pene y me hacia disfrutar muchísimo, me corrí entre espasmos mientras ella se bebía mis jugos ávidamente, con la boca llena de ellos volvió a subir y me besó, mi lengua notaba mis jugos calientes en su boca, nos separamos e intercalamos nuestras piernas de manera que nuestros coños quedaron unidos, comenzamos a movernos, parecía que habían hecho una ventosa, a cada movimiento Carmen suspiraba ruidosamente, aceleró el ritmo, era evidente que iba a correrse, me cogía por la mano y el muslo, cuando se corrió abundantemente clavó sus uñas en mi nalga, me había marcado como suya, las mismas marcas se las vi a Carlota el día que nos lo hicimos con Eduardo. Yo también me volví a correr, me dio la sensación de que sus flujos se metían directamente dentro de mi almeja y eso me hizo perder el control y correrme también con gran cantidad de líquidos. Quedamos las dos en silencio, mientras oíamos los ruidos inequívocos que venían de la sala contigua; Juan, Carlota y Eduardo no habían estado perdiendo el tiempo.

Nos levantamos y entreabriendo un poco la puerta los vimos, en aquel momento Carlota y Juan chupaban a la vez la polla de Eduardo, mientras Juan tenia metido en dedo en el culo de Carlota, esta lo masturbaba. Me llevé una sorpresa cuando Eduardo se incorporó un poco y pude ver como tenía incrustado en el culo el enorme consolador de la noche anterior, le entraba completamente y si no se hubiera movido, no lo hubiera visto. Los días anteriores hubiera cortado con Eduardo si me hubiera puesto pegas al frenesí sexual de las ultimas seman

as, ahora viéndolo completamente integrado a una libertad sexual como la que estábamos viviendo me hubiera fastidiado perderlo, incluso viéndolo en aquel momento no pude resistir la tentación de acercarme a los tres y sin pedir permiso a las dos chupones me senté encima de él y metiéndome su polla comencé a cabalgarlo; él me cogía las nalgas e imprimía un ritmo rápido, la noche anterior fue el único que no me folló, y que caray, era mi novio, así que me cogió con muchas ganas, con el aliciente del consolador que le martilleaba el culo, se corrió dentro mío, noté su leche como resbalaba por mis piernas a la vez que yo también explotaba en un orgasmo magnifico.

Carlota y Juan que se habían quedado sin juguete que chupar y poniéndose a cuatro patas, Carlota recibía la polla de Juan alternativamente entre su almeja y su culo, mientras él la cogía por los pechos y apretándolos la hacía gemir en una mezcla de placer y dolor, de vez en cuando le azotaba las nalgas y llamándole zorra le gritaba que no parara y que era su putita, a lo que ella respondía que sí y que hiciera con ella lo que quisiera, por fin de un golpe de cadera Juan se corrió dentro de ella a la vez que ella también llegaba al clímax. Quedaron los dos estirados en el suelo, mientras yo, todavía ensartada en Eduardo notaba la sensación de que su polla se aflojara dentro de mí.

Carmen había quedado aparte, masturbándose mirándonos y llegando al orgasmo casi a la vez que Carlota y Juan. Después de unos minutos para recuperarnos, Carmen se levantó y dijo:

– Vamos a la playa

– – – De acuerdo -dijimos todos al unísono

– – – Venga, y a la vuelta veremos si era cierto eso que decía Carlota de que hiciera Juan con ella lo que quisiera.

– – – Qué haremos -dijo Carlota

– – – A la vuelta, cariño, lo sabrás a la vuelta

– – (CONTINUARA)

– –

A diferencia de la primera parte, éste y los siguientes capítulos de esta historia son fruto de mi imaginación, de hecho la idea me la dio Xandra aprovechando alguna de sus vivencias, pero sin tener relación con su aventura con Carlota. Si os gusta o queréis comentarme algo o darme alguna idea para continuar el relato os lo agradecería.

Carles

Carles15 (arroba) hotmail.com

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