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LOS CALZONES DE MI SUEGRA I

26 de septiembre de 2005

Las cosas ocurren muchas veces sin que uno las busque, simplemente ocurren. Esto fue más o menos lo que me pasó. Soy un hombre normal de 34 años, casado en un matrimonio normal y feliz, con una mujer que me satisface plenamente de 32 años y un hijo de 11. Cuando nos casamos, mis suegros nos dejaron a vivir con ellos, ya que su casa es grande y cómoda, por un tiempo mientras comprábamos la nuestra. De esto ya hace 12 años. Con mis suegros tengo una relación más que buena, nos queremos y respetamos mucho y no tenemos ningún problema.

Una tarde, de esto hace unos meses, me fui a la casa más temprano. Había un funeral de un familiar de mis suegros, y ellos con mi mujer irían al cementerio, por lo tanto estaría solo. Cuando llegué a la casa, al entrar al salón me encuentro con mi suegra sentada en el sofá. Su actitud era un poco extraña, bajaba su falda apresuradamente, roja como la grana, mientras me miraba sorprendida.

-¡Hola suegrita! La saludé- yo creí que andaba en el cementerio.

-No quise ir me respondió entrecortadamente- Ud. sabe que esas cosas me deprimen.

Di una rápida mirada alrededor y me hice cargo de la situación. Unas dos o tres revistas porno de mi propiedad estaban desparramadas en el sofá y en un rincón del mismo estaban… los calzones blancos de mi suegrita..! Inmediatamente me senté sobre ellos. Tomé una de las revistas y la hojeé -Son buenas estas revistas, suegrita le dije en tono burlesco- ¿le gustaron? -Yo no leo esas cosas respondió secamente, mientras se levantaba del sofá alisando su falda con sus manos y con la mirada buscaba algo.

-Pero estaban a su lado… comencé a decir.

-Ya le dije que no las leo respondió haciéndose la enojada, mientras con su vista seguía buscando algo.

-¿Busca esto, suegrita? le pregunté sacando con mi mano los calzones que estaban debajo de mi cuerpo y mostrándoselos.

Ella los miró entre avergonzada y enojada.

-¡Ya! -Casi gritó- ¡entréguemelos! alargando la mano para tomarlos.

Yo hice una verónica con sus calzones y los escondí a mis espaldas.

-Se los entrego suegrita, si me los deja ponérselos se me ocurrió decirle en el momento.

-¡¿Usted está loco?! Replicó- ¡cómo se le ocurre tamaña barbaridad, ¿no se da cuenta quién soy? -Sí respondí calmadamente- Ud. es mi suegrita, pero además es una mujer muy hermosa.

-¡Ya, lo que faltaba! ¡Vamos, entrégueme mis calzones y olvidemos el asunto! -Ya le dije suegrita, sólo se los entregaré si me deja ponérselos.

-¡Usted está loco! -respondió y con una mueca de enojada se dio vuelta y subió las escala al segundo piso. Yo la mi Tomé las revistas y las puse bajo los cojines del sofá y pensé en subir al segundo piso tras mi suegra y ver qué pasaba o devolverle sus calzones, cuando en eso llegan mi mujer con mi suegro.

-Hola mi amor me saludó mi esposa con un beso- -Hola, -los saludé a ambos. Menos mal que no se me ocurrió seguir a mi suegra.

En eso asomó por la escala mi suegra, sonriendo. Venía con la misma ropa, ¿se habría puesto otros calzones o todavía andaría sin nada debajo? -¡Hola querido! saludó a mi suegro- ¿Qué les pasó que llegaron tan rápido? -Nada respondió mi suegro- se puso algo latosa la cosa y decidimos volvernos con Andrea.

Subimos con mi mujer y conversamos de temas domésticos. Ella decidió darse una ducha y yo bajé. Mi suegro se puso a ver televisión y mi suegra se fue a la cocina a preparar la cena. Entré tras ella y tomándola por detrás por los hombros, le dije -Suegrita, ¿está enojada? -No respondió seria- ¿por qué había de estarlo? Lo mejor que puede hacer es devolverme los calzones y aquí no ha pasado nada.

-Ya le dije suegrita… si usted me deja ponérselos… son suyos. ¿Se puso otros ahora? -¿Qué cree usted? Respondió ya no tan seria, casi en un susurro- ahora váyase al comedor, no sea cosa que alguien entre…

Por lo visto, a ella tampoco le interesaba que alguien se enterara de mi juego. Decidí continuar a ver qué pasaba. Durante la cena, todos conversamos diversas cosas, pero de

repente nuestras miradas se cruzaban, como dándome a entender que teníamos algo pendiente. Ambos estábamos nerviosos, pero debíamos disimular muy bien. Esa noche no pasó nada, todos nos fuimos a acostar, aunque yo estuve muy inquieto y pienso que mi suegra también.

Al día siguiente, no aguanté y la llamé por teléfono.

-Hola suegrita, ¿cómo amaneció? -Bien Luis ¿y usted? me respondió. Ya no la notaba tan dura, parecía más relajada.

-Bien suegrita, cuénteme continué- ¿ha pensado en lo que le dije? -Mire Luis me respondió algo seria- terminemos el jueguito, dígame dónde tiene mis calzones y damos por finalizado el jueguito. Imagínese que los descubra Andrea, ¡quedaría la grande! ¡y si sabe que son míos será peor! -No se preocupe suegrita le contesté- los tengo yo y están muy seguros. Hagamos un trato. Si usted quiere que se los devuelva, no se ponga calzones y si no, me lo dice a la noche y yo se los devuelvo y asunto terminado, pero… bueno usted sabrá.

-¿No ha pensado que puedo ser su madre?… además soy la madre de su esposa! -Suegrita, lo que sé es que con todo este asunto, veo en usted una mujer hermosísima y deseable… Piénselo…

-Así es que quiere que lo espere sin calzones?… ¿no quiere que también me saque el sostén? O quizás sería mejor que lo espere en pelotita ¿no cree? Ja, ja, ja! -No sería mala idea. Bueno espero que a la noche saberlo. Chao suegrita.

-Chao y no se haga ilusiones.

En la tarde cuando llegamos en la tarde, mi señora subió a darse un baño, mi suegro llegaría como en una hora más y el niño estaba en casa de un compañero. Mi suegra como siempre en la cocina preparando la cena. Entré a la cocina, la tomé por detrás de las caderas y le di un beso de saludo en la mejilla, cerca del oído.

-Hola suegrita le dije- ¿cómo está? ¿Se puso calzones o está esperando los que yo le tengo? -¿Qué cree usted? Me respondió casi en un susurro- ¿por qué no lo averigua usted mismo?Me puse nervioso. Bajé mis manos por sus muslo tenga paciencia… ya me devolverá mis calzones! me dijo muy bajito, refregando su rico culo con mi pico y dándome un leve beso de despedida.

La cena fue llena de nerviosismo, tratamos de hacer todo normal, pero igual que la noche anterior, miradas cómplices nos lanzábamos ahora más cargadas de calentura. En la noche no pudo pasar nada. Llegó el día siguiente y después de dejar a nuestro hijo en el colegio y a mi mujer en su trabajo, me fui al mío, pero me las arreglé para inventar una excusa para salir por un rato. Llamé a mi esposa para decirle que saldría a hacer un trámite, para que no me llamara y partí para la casa.

Al llegar, mi suegra estaba en la cocina. Estaba vestida solamente con una camisa de dormir negra semitransparente hasta la rodilla y bastante escotada. Yo dejé la chaqueta y la corbata sobre el sofá.

-Te estaba esperando me dijo como saludo sin volver la cabeza, dándome la espalda. Yo la tomé de las caderas y la apreté contra mi cuerpo, acariciando con mis manos ese estupendo par de nalgas que me traía loco, duras, grandes y bien formadas. Ella se volvió y nos besamos apasionadamente. Yo bajé los tirantes de su camisón dejando al descubierto unas tetas redondas grandes y con pezón que estaba erecto, oscuro y largo. Comencé a lamerlos y chuparlos, deleitándome por primera vez con las ricas tetas de mi suegra… por supuesto que eso le daba un morbo especial y así lo sentía ella también. Ella con la cabeza echada hacia atrás gemía suavemente y se dejaba gozar. Fui bajando los besos, le subí el camisón y besé su estómago algo abultado y llegué al tesoro más preciado… me arrodillé y con mis dedos acaricié esa mata de vellos abundantes y fui entreabriendo los labios vulvares… luego los besé y los olí… un aroma de calentura total expelía… estaban mojados… los lamí y poco a poco fui metiendo mi lengua entre ellos… Ella aumentó sus gemidos, y comenzó a mover levemente sus caderas, acompasándose al ritmo de mis lamidas… en eso encontré su clítoris… ¡uuuuuf fue lo más rico! Lo lamí y chupé con verdadero deleite… ella gemía y gritaba calladamente, se meneaba como loquita y amasaba sus grandes tetas, empujaba mi cabeza pidiéndome m&aacute

;s y más…

-Así… así… Luis… qué rico… ¡cuánto tiempo que no me lo hacían..! ¡Ohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh cielos…! Ahhhhhhhhhhhhhggggggg es… tan… ri…co…creo que… creo… aaaaaah… ohhhhhhh… creo que acabo… acabooooooooo! …. ooooohhhhhhhhh por… favor… sigue… sigue… así… más… más… acabooooooooo!Quedó algo desmadejada, yo me incorporé, tenía la cara empapada de sus jugos, la besé sintiendo ella el sabor de sus propios jugos, me limpié con su camisón y la seguí besando.

-Vamos a mi cama me pidió- hace mucho que no echo una mañanera y quiero sentir la sensación nuevamente en mi propia cama…. vamos!Subimos la escala abrazados, yo le iba acariciando su rico culo, que despertaba tantos deseos y tantos piropos en la calle y ahora era mío.

-¿Qué rico tiene el culo, suegrita! ¡Cuánto se lo he admirado, cuanto me ha calentado! -Ahora es tuyo Luis, todo mi cuerpo es tuyo. Quiero nuevamente sentirme mujer deseada, quiero gozar de mi cuerpo y hacer gozar a un macho como tú… ¡gracias por darme tanto! -mientras tanto me iba desnudando, me sacó la camisa y cuando entramos a su dormitorio solamente llevaba puesto mis slip y ella su camisón arrollado a su cintura.

La cama estaba revuelta, pues según dijo quería sentir que aún no se levan eso más me calentaba, pues veía en ella una mujer distinta, era mi suegra pero mi real suegra caliente como una puta.

Abrió lo que más pudo sus piernas y me abrazó. Puse la cabeza en la entrada y ella comenzó a pasarla por los labios como si fuera un pincel, gritando y gimiendo, no le importaba lanzar gritos, estaba desesperada de tener un pico en su concha. Luego levantó las caderas y ella misma se ensartó… le entró con un grito de dolor hasta el fondo y comenzamos un meneo suave al principio, que fue incrementándose a medida que nuestro deseo y calentura aumentaba, hasta que con un grito y un bufido, levantó las caderas como medio metro y comenzó a acabar entre gemidos, quejidos y sollozos… eso hizo que yo, que me había aguantado bastante, me soltara y le lanzara chorros de caliente leche que le inundó su caliente y mojada concha, confundiéndose sus líquidos con mi semen…

-¡Qué rico yernito..! ¡Qué rico… como me lanza sus moquitos..! Así… así… lléneme la zorra caliente de sus moquitos..! Qué cosa más rica..! Creo que me vuelvo loca…! me vas a matar…! Así… assssiiiiiiiiiiiiiiii… ¡nunca me imaginé… gozar tanto con… con mi yerno…!Y quedamos tendidos, desfallecientes, con nuestras respiraciones entrecortadas y con un placer inenarrable. Yo me tenía que ir a mi trabajo. Nos duchamos juntos, en otra sesión de manoseos, donde ella volvió a mamarme la verga, haciéndome acabar con su boca, cosa que al principio le dio como asco, pero luego los tragó tranquilamente, contándome que muy pocas veces había chupado un pico, pero muy poquito y jamás ni siquiera pensó sentir los moquitos en su boca.

-¡Lo que me había perdido! Exclamó- ¿mi hija se lo chupa así y se los traga, yernito? -Sí suegrita respondí- ella es experta y cuando no podemos culear, ella me lo chupa y acabo en su boca.

-¡Y ella queda con ganas? -Después yo también le como su conchita o le hago una pajita con los dedos. Pero eso es cuando no estamos en nuestra cama, por supuesto.

-¿Dónde? quiso saber.

-En el auto, en un paseo, en el cine…

-Por lo visto son bien degeneraditos. ¡Cómo me gustaría hacer todo eso… recuperar el tiempo perdido… tengo una amiga que me cuenta muchas cosas… cochinitas… quizás muchas son sólo fantasías… o quizás no…, pero me dejan muy caliente.

-Suegrita linda le dije- conmigo usted recuperará el tiempo perdido, le prometo que haremos muchas cosas, todo depende que este secreto lo guardemos bien y le prometo que lo pasará muy bien! -Hay tantas cosas que nunca he hecho en mi vida… pero contigo estoy dispuesta a hacerlo todo! Si hasta me he acostumbrado a masturbarme por ti… anoche después que nos acostamos… uuuuuf!Nos dimos un rico beso, me vestí y ella desnuda me dejó en la puerta.

-Llámame y dime cositas cochinas y ricas por teléfono, para yo esperarte caliente, ¿ya? -Bueno suegrita, prometido.

Ese fue el comienzo de una relación rica con mi suegra, que trató de recuperar el tiempo perdido y se dio cuenta que a pesar de los años o la edad,

nunca es tarde para calentarse y gozar.

Si alguna suegrita o madurita pasa por algo similar, mucho me gustaría compartir experiencias. Comentarios a mi correo.

Autor: José pepe9969 ( arroba ) starmedia.com

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