Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

Tres semanas habían pasado ya desde el último enfrentamiento entre Inuyasha y una de las criaturas de Naraku. La batalla fue muy larga y peligrosa, aunque al final Inuyasha logró derrotar a Kagura utilizando su gran espada el Colmillo de Acero. Las heridas que sufrieron Inuyasha y los demás habían sido muy importantes y requerirían de tiempo y muchos cuidados para sanar completamente.

Aome junto con la anciana Kaede cuidaban de todos y los curaban con las hierbas medicinales que tantas veces les habían curado anteriormente. Sin embargo, las heridas de Sango no cedían y parecían no querer desaparecer de su cuerpo malherido. Ante esta situación, Aome decidió regresar a su época por medicamentos más eficaces que pudieran hacer un milagro.

Como parte del tratamiento que curaban las heridas de Inuyasha y el Monje Miroku, todos tenían que ir a bañarse a las aguas termales durante al menos 45 minutos, ya que el agua caliente desinfectaba las heridas y aceleraba el proceso de cicatrización. Durante estas últimas semanas en las que los dos hombres compartían la ducha, Inuyasha notaba la persistente mirada del Monje Miroku hacia su cuerpo desnudo. Al no saber porqué lo hacía y estar débil prefirió olvidarse de esto por unos días hasta que pudiera aclarar el asunto con Miroku directamente.

Como los dos ya habían sanado completamente, cada uno tomaba su baño en horas separadas e Inuyasha ya se había olvidado de las miradas de Miroku. No obstante, mientras que Inuyasha tomaba un refrescante baño nocturno, un aroma conocido llegó al agudo olfato de Inuyasha percatándose de que alguien lo espiaba desde los arbustos. No había duda alguna, el Monje Miroku se escondía tras esas ramas; y esta vez Inuyasha no dejaría pasar la oportunidad de averiguar el por qué de este comportamiento tan fácilmente.

-”¡Miroku sal de ahí…! Sé que me estás observando desde hace ya varios minutos. ¿Piensas bañarte o no?”-

Al sentirse descubierto, Miroku pensó en huir y después negarlo todo; pero ya era demasiado tarde para eso, además de que ya no podía seguir guardando ese sentimiento por más tiempo sin que lo notaran los demás. Temblando un poco, Miroku se dirigió hacia las aguas termales y se fue desprendiendo de sus ropajes lentamente mientras decía: -”Lo siento Inuyasha, pensé que no estarías aquí y al verte en el agua pensé en retirarme y volver cuando tú hubieses terminado. Estaba por irme cuando me hablaste.”- -”No es la primera vez que me ves desnudo así es que no hay porque sentirse apenado. Es más, los dos somos hombres y no hay nada que tenga yo que tú no tengas.”-

Al decir esto Inuyasha señaló su gran verga que reposaba tranquilamente entre sus piernas. Miroku sintió un escalofrío recorrer su cuerpo al tiempo que observaba como Inuyasha tocaba aquel pedazo de carne que tanto deseaba.

-”¿Por qué estás tan nervioso Miroku? ¿Te sucede algo?”- -”No, este, lo que pasa es que me duele un poco la herida que tengo en el hombro izquierdo. Parece que no ha sanado completamente después de todo.”- -”¿Por qué no nos habías dicho? Déjame ver tu herida.”-

Inuyasha se aproximó al desnudo y tembloroso cuerpo de Miroku. Al estar tan cerca uno del otro, Miroku podía percibir la poderosa energía que ese hombre mitad monstruo emanaba. Inuyasha examinaba el hombro de Miroku y al sentir sus dedos en su piel, Miroku no pudo esconder más le excitación que esto le provocaba y su polla comenzó a cobrar vida rápidamente.

Inuyasha lo notó de inmediato, sin embargo prefirió seguir viendo la herida de Miroku e ignorar aquel hermoso y venoso palo de por lo menos 20cm de largo que pedía ser devorado urgentemente. Miroku lo dudó sólo un momento antes de saber lo que a continuación se avecinaba. Siempre pidiéndoles a las mujeres de las aldeas que tuvieran un hijo con él le habían conferido una reputación de mujeriego. No obstante sus instintos siempre le revelaban su preferencia hacia los musculosos y rudos guerreros que en esa época

abundaban debido a las guerras. Desde que había conocido a Inuyasha su corazón latió como nunca y secretamente odió a Aome por robarle cualquier esperanza de algún día tenerlo entre sus brazos.

-”Pues parece que ya sanó completamente la herida que tienes en este hombro Miroku. ¿Acaso lo que dijiste sólo fue un pretexto para venir a bañarte conmigo?”- -”Me has descubierto Inuyasha; ya basta de mentiras y falsas intenciones.”-

Al decir esto la mano de Miroku acercó el cuerpo de Inuyasha al suyo eliminando los ya escasos centímetros que los separaban. Todo fue tan rápido que Inuyasha no alcanzó a esquivar la lengua lasciva de Miroku introduciéndose en su boca… ¿O a caso no deseaba evitarlo? -”¡Apartate de mí depravado…! ¿Cómo te atreves a besarme? Te destrozaré ahora mismo con mis garras…”- -”No lo niegues Inuyasha, tú también sientes lo mismo que yo… Eso es más que evidente, y aunque digas lo contrario tu cuerpo te delata.”-

Sin esperarlo, el beso que Miroku dio a Inuyasha despertó su gran verga. Inuyasha tenía una erección de campeonato y por mucho que tratara de ocultarla no podría. Miroku casi se vuelve loco al observar aquel grandioso bastón ahora en erección. Mediría mínimo 25cm y su grosor era envidiable, rodeado de venas palpitantes y con unos huevos pesados como dos grandes limas que colgaban placidamente en la base de aquel magnífico nabo. Miroku se acercó de nuevo a Inuyasha y tomó la cabeza de su reata en sus manos; acariciándolo suavemente. Inuyasha sólo se dejaba hacer complacido por las caricias que le propiciaba Miroku.

-”No sabes por cuanto tiempo he anhelado este momento Inuyasha. Sabía que algún día serías mío y que podría tenerte junto a mi cuerpo desnudo dándome placer.”-

Inuyasha no dijo nada, se sentía culpable al traicionar a Aome, pero sus instintos de bestia eran más fuertes en esos instantes; la última vez que cogió había sucedido hace más de 50 años cuando ensartó su garrote en la húmeda pucha de Kikyo. Aome no permitía que él la tocara siquiera, así es que tendría que deshacerse de toda esa tensión sexual a como diera lugar.

-”Más vale que lo aproveches bien Miroku, porque será la única vez que esto suceda… Así es que quiero que te esmeres, ahora chúpamela, trágatela toda degenerado…”- -”Te juro que no te arrepentirás de esto Inuya…”-No terminó la frase porque ambas manos de Inuyasha presionaron su cara contra su pelvis haciendo que Miroku se tragara más de la mitad de aquel inmenso pito de un sólo bocado. Inuyasha controlaba los movimientos mientras que sólo soplaba y bramaba por el indescriptible placer que le generaba la mamada…

Dos dedos de Inuyasha comenzaron a abrir paso en el ano de Miroku, tratando de dilatarlo lo más pronto posible para poder descargar toda su furia y partirle el culo con su tremenda arma. En pocos minutos los esfínteres de Miroku cedieron y cuatro dedos eran los que entraban y salían a toda velocidad del culo del monje propinándole un sublime placer, aunque no se podría comparar con lo que le esperaba al recibir el cipote de Inuyasha. Una vez fuera del agua Inuyasha colocó a Miroku a gatas sobre el monte y enfiló la cabeza de su salami al interior de Miroku… Sin previo aviso se la enterró de un sólo golpe provocando un fuerte grito de dolor mezclado con placer… Al monje le costó acostumbrarse al grosor de la verga de Inuyasha, pero una vez logrado el placer era lo más cercano al cielo, lo más sublime, era indescriptible el sentir aquel trozo de carne raspar las paredes de su dilatado culo cada vez que Inuyasha lo sacaba casi por completo para una vez más enterrarlo entero de nueva cuenta y sin previo aviso.

Inuyasha estaba frenético, ni siquiera la concha de Kikyo le había proporcionado tanto placer en el pasado. Disfrutaba cada embestida que le daba a Miroku, y sentía como su sangre hervía al recorrer el interior de su cada vez más sudoroso cuerpo. Ya habían pasado cerca de los 20 minutos e Inuyasha parecía incansable, y el pobre agujero de Miroku ya comenzaba a sangrar debido a la terrible fricción que aquel mástil producía… Sin previo aviso, Miroku sintió como un río de semen invadía sus intestinos y se escurría hacía afuera por su destrozado culo que era capaz de retener tal cantidad de mecos en su interior. Inuyasha alcanzó el orgasmo y termin&oac

ute; de una manera increíble dando un grito que se escuchó hasta la aldea. Jadeante después de tanto cabalgar a Miroku, Inuyasha vio que el monje aún no había terminado y decidió ayudarlo a que se vaciará y lo masturbó por unos minutos para luego introducir aquella verga en su boca. Después de todo el sabor salado que desprendían aquellos jugos pre seminales, no eran del todo despreciables. Al poco tiempo Miroku descargó sus mecos en la cara de Inuyasha que los recibía ansiosamente tratando de tragar lo más que podía.

Los dos cayeron rendidos en el pasto… Después de unos segundos ambos se dirigieron al agua para lavarse y borrar todo rastro que pudiera delatarlos ante Aome, Sango o la anciana Kaede… Al terminar caminaron de regreso a la aldea, ya que Inuyasha temía que su grito causara sospechas entre los aldeanos. Antes de entrar a la choza, Inuyasha se cercioró de que nadie los observara y dio un cálido beso a Miroku agradeciéndole el favor… Después le guiñó el ojo y entró a la habitación…

Autor: Aníbal

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
LOS VERDADEROS INSTINTOS DE INUYASHA, 7.0 out of 10 based on 17 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados