El culo de Daniela

Tomó mi fierro con una mano, asegurándose del grosor y se fue sentando sobre mis caderas. La punta ya estaba en la argolla de su ano y fue bajando despacio hasta que quedó completamente estacada. Ella con sus piernas llevaba el ritmo. Sus tetas en mi cara eran un deleite. Mi mango estaba feliz en su raja. Con una mano, la apretaba fuerte y con la otra le metía los dedos como tubo en su panocha.

Hace ya bastante tiempo, que ya estoy radicado en la zona central de mi país. Vivo con un hermano y mi cuñada. Eso es otra historia. Ellos tienen unos amigos ya mayores, a quienes amigablemente los llamamos los tíos. Viven fuera de la ciudad. Es una casa agradable, con prados, piscina, juegos para los más niños, es bastante grande. Solemos ir los fines de semana, a pasar el día acompañados de tantas otras personas que pertenecen al círculo de amigos. Entre todos tenemos que ser unas 15 personas.

Bueno, dentro de estos está una hija de los tíos, llamada Daniela, casada, con hijos, una señora de unos 46 años que esta bastante buena, es simpática y tiene un cuerpo fenomenal. Siempre, entre todo el tumulto de gente que anda de paso por la casa, me ha tocado sentarme al lado de ella, y siempre entre los tíos y ella me comentan que yo debería haber tenido la misma edad de Daniela y que yo debería haber sido el padre de sus nietos. Se sentía que había buen feeling entre nosotros. Y así, siempre han sido las conversaciones entre nosotros, como queriendo decir algo, diciendo nada…

Yo, sinceramente, ya había empezado a mirar a Daniela y a otras señoras que llegan a la casa, con otros ojos. Es que realmente hay algunas que están de comérselas. Por ejemplo Paula, de unos 35 años, estupenda, tiene que medir como 1.75, morena, pelo crespo hasta los hombros, una cintura de avispa que hace destacar en todo su esplendor su hermoso par de tetas, que hacen dar ganas de darles algo más que un agarrón.

Daniela, tiene el pelo claro, es delgada, buenas tetas que siempre se les notan coronadas por la dureza de sus pezones, es una mujer destacable entre tantas otras, que por ahí rondan. Hubo como tres fines de semana que yo no asistí a los encuentros de los domingos ya que estuve saliendo con una chica que conocí en la universidad. Mis salidas se prolongaban hasta casi las 8 de la mañana (nada fuera de lo común para un bohemio). De estas noticias, mi hermano se encargó de desparramarlas a todos en casa de los tíos, y de cómo seguramente lo estaba pasando. Y no me quejo, siempre que se pueda hay que pegarse un encontrón.

En uno de esos tantos fines de semana, coincidió con la celebración del cumpleaños de Sofía, otra que pertenecía al grupo éste. Comenzó temprano la celebración, fue almuerzo, media tarde y se remato con una cena, con sus bajativos correspondientes, que fueron bastantes, me pareció que habían comprado alcohol para emborrachar un ejército; que lo prolongó todo hasta ya bien tarde. Daniela sé sentó a mi lado, siempre en buena, todos riendo, y disfrutando.

Sentados todos a la mesa, y entre tanta conversación me preguntó que había sido de mí en todas estas semanas, y yo le conté. A lo cual respondió con varias cosillas. Una de esas era que sentía envidia por no poder salir, sus pretextos fueron los hijos, y su marido, que era un fóme, que lo único que hacía era ver el fútbol. Me decía que nosotros debíamos haber vivido en la época de esplendor romana, donde todo desataba la lujuria y el sexo, todos con todos y entre todos. ¡Uf!, entre tanto hablaba yo ya podía ver el inicio de su escote que dejaba ver que par de bonitas tetas. Realmente ya estaba alucinando y me la podía imaginar con las piernas abiertas mostrándome todo su esplendor. Me rozaba las piernas con las suyas, y yo perezoso me dejaba querer y entusiasmar.

Frente a nosotros estaba Paula, yo la miraba y parecía embobada, estaba en otra, un poco ya ebria tal vez. Yo se lo hago notar a Daniela, a lo cual ella se sonríe y con unos ojos pícaros me dice en tono de pregunta: ¿te gustaría verla desnuda…?, y me puse pálido, nunca me imagina que saliera con eso. Le respondí que no sabía, que acaso me estaba tomando el pelo. Ella respondió con un desafiante, ¡ven y veras! Y ahí me quedé… Observando como Daniela se ponía de pie y caminaba hasta ponerse al lado de Paula. Le dijo algo al oído, me miraron, Daniela le rozó con su mano un seno y se rieron. Al segundo se pusieron de pie y caminaron hasta la puerta. Nadie se dio cuenta si estaban o no. Y yo estaba pensando que era todo eso, de que estaría hecha mi suerte. Dudas. Todas juntas, no sabía si era verdad o me estaban tomando el pelo. Pero como nadie más me miraba y nadie más se había puesto de pie. Me arriesgué y me fui en busca de una sorpresa.

Ya que estábamos todos en el jardín, la única parte en que se pudieron haber metido era la casa, pero ¿dónde? Rondé los arbustos de media altura que circundaban la parte trasera y sigilosamente me allegué a una de las murallas de la casa. No sabía si entrar o no, por lo que opté por ver por cada una de las ventanas. Y de pronto sorpresa… Paula y Daniela metidas en el cuarto de lavado, besándose, frenéticamente, parecían que el mundo se les fuera a terminar, las manos de ambas, ya habidas de tanto gustar, recorrían sus cuerpos, todo era un sueño y era para mí… yo ya me lo tenía agarrado por encima del pantalón.

Daniela le levantó la camiseta a Paula, dejando ver toda esa majestuosidad reprimida ante una frágil tela que desgarró con un fugaz zarpazo. Se descubrieron unos enormes pezones que Daniela chupó, mordisqueó, torció, probó, y tocó, pero todo hecho tan lento y con tanta delicadeza, que cada vez que lo hacía Paula arqueaba su espalda, como regalando algo más que sus tetas. Un poco más en eso y comenzó a bajar por su estómago, recorriéndola con su lengua, se quedó un momento en su ombligo, como simulando que era la abertura de su vagina. Así seguía y seguía mientras sus manos desataban el cinturón, tomaba con fuerza su trasero; habría el botón del jeans, y llevaba sus manos a los pezones erectos de su suave compañera; bajó la cremallera y por atrás del pantalón, comenzó a jalar de ellos; su culo realmente era prisionero de su vestimenta, pero se veía venir exquisito y así fue.

Desde donde yo estaba, se veía de medio perfil, por lo que notaba todo. Terminó por bajar completamente el pantalón y sus manos se fueron a su entrepierna, tocó un poco, estiró y soltó el elástico del calzón; lo que hacía gemir cada vez un poco más a Paula, hizo presión sobre la vulva. Así estuvieron hasta que Paula bajó las manos y sacó por sobre los hombros la blusa que Daniela traía; tenía un sostén tan delgado que dejaba ver todo. Daniela le sacó los pantalones, y luego la tanga, dejando en su cara unos hermosos labios de rojo intenso. Daniela los palpó, besó, estiró, abrió. Paula se acomoda un poco y abrió sus piernas para que pudiera tener alcance a todo un poco más. Su lengua ya se acercaba a su clítoris y lo tocaba, y con cada roce se veía como el cuerpo se estremecía.

Fueron momentos exquisitos para mí. Unas damas hermosas y perfectas para mi gusto, comiéndose mutuamente. Fácil vino, fácil se fue, y en un rato la hizo llegar al orgasmo, sus espasmos la dejaron rendida, en un rato estuvo tendida en el suelo tratando de recuperarse, y así y todo, Daniela la seguía estimulando, ahora con sus dedos metidos en el culo. Pronto los sacaba para que Paula se los chupara y mojara, y pronto se los volvía a ensartar, con unos movimientos que hacían que Paula se contorneara sobre su espalda.

Daniela se puso de pie y buscó algo con la mirada. En un momento fugaz sus ojos se toparon con los míos y sonrío. No a mí, pero lo hizo. De la muralla contigua tomó el mango de una escoba y lo lubricó con los jugos de Daniela, también su saliva y la de ella; lo colocó en la base del ano y poco a poco lo fue metiendo. Ella estaba en cuatro y dejaba ver sus dos aberturas. Una vez ya calado en su raja. Daniela se colocó por debajo de las caderas de Paula y comenzó a masturbarla con sus dedos, luego la lengua y como fuese que sintiese placer. La misma Daniela se encargaba de sacar y meter el mango de su ano. Y ya de plano sus espasmos fueron cada vez más fuerte y una corriente de orgasmos sucesivos hizo que Paula quedara como loca. Luego se relajó, se acomodó un poco y quedó fumándose un cigarrillo. Daniela se arregló y se aprontó a salir de la casa. Yo dejé mi erecta anatomía tranquila un poco, la acomodé, y fui rápido a instalarme en la mesa. Todavía lo llevaba prendido con tan grato espectáculo. Que espectáculo.

A los minutos llegó Daniela y me preguntó si me había gustado lo que había visto y yo le dije que no me había movido de la mesa.  En eso, desde la otra punta de la mesa, mi hermano me pregunta con un grito, por qué me había demorado tanto en el baño, a lo que respondí ruborizado, que estaba con diarrea… bueno me puse rojo porque me pilló Daniela mintiéndole y por haber gritado frente a todos un problema estomacal inexistente. Daniela me tomó del brazo, me miró, se rió y volvió a preguntar si acaso me había gustado lo que había visto. A lo que, solo el hecho de volverla a imaginar, me calenté de nuevo, y respondí que me había encantado. Ella se curvó un poco, alejándose de la mesa, tratando de verme el bulto, y lo consiguió. Me dijo todo al oído: se nota, parece que hay que alivianar las tensiones reprimidas en tu calzoncillo; mientras que con la punta de la lengua rozaba mi lóbulo.

Me quedé como animal, que una mujer, de un poco más de 45, me estuviera coqueteando, era para cumplir una de tantas fantasías; y de apoco las estaba cumpliendo. Este evento sucedió poco después de 17:00 horas, y estuve tratando que Daniela me llevara a la habitación del lavado todo el resto del día; ella me evitó y me dejó caliente como bestia. Todo mi nerviosismo y calentura lo fui reprimiendo con whisky, hasta quedar casi ebrio. Al despedirnos todos de todo; Daniela se acercó a mí y con un dulce beso, mientras que con su mano tocaba mi entrepierna me dijo: Espera mi llamada, dentro de la semana te invito a comer carnes, ¿te gustan?  Yo respondí agarrándole el culo… ¡me encantan!  Y nos marchamos a casa, todos felices y yo más caliente que antes.

Toda la semana estuve pensando lo vivido y cada día esperé como tonto la llamada al mediodía, pero todo fue en vano. El día jueves recibo la llamada de Daniela y me dice que me pasará a buscar al paradero de autobuses que está fuera de la facultad en 20 minutos, yo me puse nervioso y mi fiel compañero se despertó como resorte.

A los 10, ya estaba esperando; a los 15 llegó Daniela acompañada con uno de sus hijos. De todo pasó por mi mente, entonces era una invitación a almorzar. Me saludó de forma grata igual que siempre y me dijo que íbamos a comer a un local de comida rápida, porque sus hijos habían ido con el padre, como ocasión especial, a otra ciudad a ver carreras de auto todo el día; y que no había tenido ganas de estar metida en la cocina. Puse cara de pregunta y siguió diciéndome que a su hija menor la llevaría en la tarde a la guardería. Así que ningún problema. Yo y mi fiel compañero nos motivamos un poco. Uf que me esperaba, yo alucinaba y me reía solo.

Ya solos en su casa me abrazó por la espalda besándome el cuello y las orejas. Con sus manos me tomó el lomo por sobre el pantalón y me lo comenzó a apretar cada vez más firme. Lo mío ya era un fierro, solo lo que quería era acabar pronto con tanta espera. Se puso frente a mí y por fin pude tenerla al alcance de mis manos. Le saqué la blusa, rompí su brassier, solté sus pantalones y le metí mano por todas partes, trataba de llegar hasta donde mis manos podían.

Ella me detuvo y me calmó, todavía ambos de pie, y yo con tremendo animal reprimido; me miró y comenzó a bajar hasta la altura de mis caderas. Sacó todo el cinturón. Bajó los pantalones, y se quedó mirando el bulto que había escondido tras la tela de mi ropa interior. Si yo trataba de hacer algo ella se detenía y me decía que no hiciera nada, porque si lo hacía todo terminaba.

A través de la tela apretaba a mi fiel amigo, lo empujaba con la punta de los dedos o lo llevaba desde un lugar a otro. Me tenía como loco. De sorpresa se decidió y comenzó a bajar el calzoncillo despacio, hasta que solo la punta de mi miembro estaba tapada y lo jaló saltando en su cara como resorte jugoso y sabroso, como me lo dijo ella en esos momentos. Me lo tomó con una mano y me lo tocó y apretó, todo de forma cada vez más exquisita.

Me preguntó si yo me masturbaba, y le respondí que sí lo hacía, y que lo hacía pensando en ella. Me encantaría verte haciéndotela dijo, pero será para una próxima oportunidad y sonrió. Con el borde de los labios empezó a chuparme la punta, cada vez más fuerte, hasta que lo metió todo en su boca y yo gozaba como enajenado, me chupó las bolas, las mordió, la cabeza con los dientes apretó, yo ya veía que soltaba toda la leche que para ella tenía guardada.

Yo estaba muy excitado, pero era ella quien gemía y gemía, diciéndome que estaba toda mojada, que su clítoris ya necesitaba ser acariciado y que sus labios querían ser abiertos con fuerza. ¡Quiero que termines en mi boca! ¡Quiero que ya acabes para que me la chupes a mí! ¡Quiero que me lo metas! ¡Quiero que me rompas el trasero! Tanta calentura reprimida cedió y mi cuerpo lo sintió… todo mi semen quedó puesto sobre su lengua, a lo cual ella gustosa saboreó y se lo tragó; me limpió hasta la última gota, y lo siguió chupando hasta asegurarse de que ya más nada salía. Se puso de pie, se bajó la falda y luego los calzones en un acto impulsivo y con fuerza de los hombros me tomó y me empujó hacia abajo.

Delante de mí quedó expuesta una zorrita húmeda… por el borde de su pierna se veían los jugos caer, estaba bien limpia, ni pelos tenía, bien depilada, con una línea que invitaba a todo un paraíso. Se pasó los dedos por la vagina y vi como sus labios se abrían un poco o se ajustaban a la forma de sus dedos, me los pasó por la boca y me preguntó ¿te gusta? Esto me va a gustar más que a ti me dijo, me dio la espalda y las nalgas se las tomó con las manos, se las abrió, mostrándome un llamativo orificio y me dijo prueba esto.

Mi cara se hundió en su raja, se la comí como pude, ella se curvó hacia delante, se apoyó en una silla y abrió más las piernas, me quedaba a mi entera disposición su ano y su dulce vagina. Mi dedo gordo se lo metí en su ano, mientras que los dedos restantes quedaban en busca de la abertura de su concha.

Mi otra mano de lleno se la metía en la concha y también estimulaba su clítoris, sus jugos corrían por sus piernas. En eso estaba cuando me dijo: ¡métemelo ahora por favor, ya no aguanto más! Se dio la vuelta tomó mi fierro con una mano, lo corrió un poco asegurándose del grosor supongo y se fue sentando de poco sobre mis caderas. La punta ya estaba en la argolla de su ano y fue bajando despacio hasta que quedó completamente estacada.

Ella con sus piernas llevaba el ritmo. Sus tetas en mi cara eran un deleite. Mi verga estaba feliz en su culo. Con una mano, la apretaba fuerte y con la otra le metía los dedos como tubo en su panocha. Siguió como loca después de varios orgasmos y se acomodó sobre una mesa, donde me dejó toda su vagina dispuesta a recibir un buen ajuste, y en eso estuve entrando y saliendo, sus quejidos y gritos eran espectaculares, creí que todo era un sueño.

Estuvimos hasta casi las 19:00 horas juntos, tenía que buscar a su hija y creo que pronto llegaría el resto de su familia. Hace ya tiempo que no nos vemos, yo me fui al sur de mi país, y por el trabajo ya casi no viajo.

Queridos amigos esto me sucedió cuando estaba en 2º año de la universidad, fue fantástico, esta fue mi mejor fantasía juvenil cumplida.

Autor: kérico

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Kara Marqueze
Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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