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Maestro y alumno II

29 de junio de 2012
por ErosLover

Okey hombres, aquí estoy de regreso con un relato que espero les guste. Si bien la primera parte ha sido la peor puntuada de todos mis relatos, eso no me desanimó con esta historia. Así que aquí tenemos la continuación. ¿Se dará algo entre José y Nahúm? Sigan leyendo y lo descubrirán

Maestro y alumno II

José se sorprendió cuando vio a Nahúm entrar a su cubículo totalmente solo. Ya eran las 9:30 de la noche, y aunque él estaba dando tutorías hubiera esperado que Nahúm se presentara junto a Susana.

-¿Y Susana? -preguntó el profesor mientras su alumno tomaba asiento frente a él.

-Tuvo que irse temprano -respondió Nahúm sonriendo, haciendo que algo en el pantalón de José comenzara a apretar. Todo lo relacionado con ese alumno excitaba al profesor.

-¿Falta alguien más después de ti? -preguntó el profesor.

-No, ya todo mundo se fue -respondió Nahúm-. De hecho, creo que ya no hay nadie por aquí.

A José no le asombró esa información. Ninguno de los profesores en aquella zona de cubículos gustaba de trabajar a altas horas de la noche.

-¿Y qué traes para hoy? -le preguntó el maestro a su alumno.

Nahúm comenzó a contarle del trabajo que había realizado junto con Susana durante los últimos quince días. No obstante, José no le prestaba realmente atención. Estaba pensando más con los genitales que con la cabeza. Su pene erecto a su máxima potencia prácticamente le gritaba que aquel era el momento que había estado esperando. No había nadie en los alrededores, solo él y el alumno que lo volvía loco. Cualquier gemido, cualquier sonido que produjeran no llegaría ser oído por nadie. No tendrían que preocuparse porque alguien los importunara y los fuera a encontrar haciendo cosas que supuestamente un profesor no debería hacer con un alumno.

-Me muero por cogerte.

El silencio reinó durante un momento en el cubículo, antes de que José se diera cuenta que no solo había pensado lo anterior, si no que lo había dicho en voz alta.

Nahúm de repente parecía asustado. Sus ojos estaban totalmente abiertos y miraba a su profesor como si no diera crédito a lo que acababa de oír.

-¿Qué dijo profesor? -preguntó el chico con voz aguda.

En condiciones normales José se hubiera excusado inmediatamente y le habría dicho a Nahúm que aquello era un ejemplo típico de metonimia o algo así. Creía haber escuchado que el chico había mencionado algo de eso durante su discurso. Sin embargo, estaba tan caliente que decidió arriesgarse en ese momento.

-Nahúm -dijo el profesor mientras se ponía de pie y rodeaba el escritorio que lo separaba de su querido alumno-. Ve como me tienes.

Se sentó sobre el escritorio, justamente al lado de donde Nahúm había dejado su trabajo, y donde tenía recargadas sus manos. Tomó una de las manos del chico y la puso sobre su pene erecto.

-¡Profesor! -exclamó el chico asustado mientras retiraba su mano y se ponía de pie.

-Por favor Nahúm -le pidió José mientras se ponía también de pie frente a él y lo tomaba de los hombros-. No puedo pensar en nadie más que tú. Me muero desde hace tiempo por tenerte entre mis brazos y hacerte mío.

-Pero yo no soy gay -le respondió su alumno confundido, pero sin quitarse las manos de José de encima.

-Yo tampoco -le respondió José-. No me gustan los hombres, solo me gustas tú.

José atrajo a su pupilo hacia sí, y le plantó un beso en la boca. Nahúm no le correspondió, pero tampoco hizo ademán de separarse nuevamente de él. José aprovechó aquello para repegarse más contra él, para sentirlo más cerca de él y de esa manera darle algo de satisfacción a su deseo.

Poco a poco Nahúm fue reaccionando. Sus labios comenzaron a moverse lentamente primero, y después con fruición. Para sorpresa de José, su alumno era excelente besando, sabía en que momentos usar la lengua y en que momentos aplicar una leve presión sobre sus labios. Su pene se emocionó ante la idea de ser el siguiente allegado a eso.

José tomó a su alumno de la cintura y comenzó a levantar la playera que el chico llevaba en ese momento puesta. Le asombró y le agradó ver el cuerpo delgado de su alumno. Su abdomen no estaba marcado pero era totalmente liso, y sus tetillas oscuras resaltaban contra su pecho libre de vello.

Nahúm alzó los brazos para que José pudiera quitarle la playera. El chico parecía confundido, pero no era una confusión que fuera a dejar pasar el gran instante que se aproximaba.

-¡Oh Nahúm! -exclamó José mientras se quitaba los anteojos para después volver a acercarse a su alumno para besarlo.

En ese momento el chico le correspondió el beso inmediatamente. Los labios de sus pupilo se movieron buscando atrapar a los labios de José entre ellos, querían abrirlos para dejar el paso de la lengua del chico al interior de la cavidad oral de José.

El profesor se separó de los labios de Nahúm, pero no de aquel cuerpo que lo volvía loco. Fue a besarle su oreja, y Nahúm gimió levemente mientras su cuerpo se contraía un poco, demostrándole a José con un roce que ahora ambos penes se encontraban en igualdad de condiciones.
José bajó por la barbilla del chico hacia su cuello mientras con su mano izquierda le daba un suave masaje a Nahúm en su instrumento. El chico gimió con más fuerza, y tímidamente estiró la mano para poder acariciar el pene encerrado de José con sus manos.

Al maestro aquello no le bastaba. Demostrando una habilidad inusual, rápidamente con la mano derecha se desabrochó el pantalón y sacó su pene de su ropa interior, dejándolo al exterior. Luego volvió a conducir la mano de su querido alumno hacia él.

Nahúm lo tomó primero de una forma muy suave, pero mientras José seguía besándole el cuello, el chico comenzó a apretar con más fuerza el pene de su profesor. Jugaba con él, descapuchándolo, rozando suavemente con su pulgar la cabeza y luego encerrando el tronco entre sus manos para realizar un suave movimiento desde la parte superior hasta la base y de regreso.

José hizo que su alumno se volviera a sentar sobre la silla en la que había estado primeramente mientras él tomaba asiento en el escritorio justamente frente a él. No tuvo que decir nada, solo tuvo que guiar levemente la cabeza de Nahúm para que éste atrapara el pene de su profesor entre los labios.

El primer roce fue un extásis para José. Nahúm atrapó entre sus labios su glande y comenzó a darle un masaje con la punta de la lengua. Como en la mejor de las fantasías del maestro, la mirada de su alumno se alzó hacia su profesor como si le preguntara si lo estaba haciendo bien.

-Continúa -le pidió José con la boca entreabierta.

Nahúm recorrió con la punta de su lengua aquel poderoso tronco desde la cabeza hasta la base. Llegó a los testículos con vello de su maestro y los besó como un tierno amante.

-Chúpalos también -le dijo su profesor.

El alumno recorrió en primer lugar con su lengua todo el testículo derecho de su profesor, lambiéndolo como si fuera una bola de helado, y posteriormente se lo metió a su boca. Tiraba ligeramente de él succionándolo, sin llegar a hacerle daño a su profesor.

Mientras Nahúm comenzaba a alternar los testículos del docente, José se desabrochó la camisa. Lo hizo desabrochando uno por uno de los botones, pero aún así de manera rápida. Su pecho blanco y con una ligera capa de vello, al igual que su abdomen liso quedaron a la vista. Los dos eran de un color bastante pálido, ya que José era de piel clara y normalmente no dejaba que el sol le diera sobre su cuerpo.

Nahúm volvió a subir su lengua a lo largo del falo de su profesor, aunque para ese entonces el suyo propio también estaba liberado y siendo masajeado por una de sus manos. Aquella imagen le encantó a José, ver a su querido alumno subiendo con su lengua a lo largo de su pene mientras se masajeaba su propia polla, una polla relativamente pequeña (de aproximadamente unos 13 centímetros).

-Trágala toda -le pidió José con voz suplicante a su pupilo.

El chico se separó de la verga de José y se le quedó viendo detenidamente. Parecía como si el chico se estuviera preguntando si aquella herramienta de 17 centímetros iba a entrar en su boca. Aparentemente el chico decidió que sí, pues abrió la boca y comenzó a engullir cada uno de los centímetros que su profesor se cargaba en su entrepierna.

José disfrutó ampliamente de cada centímetro de su verga que se perdía en aquel agujero, el cual le transmitía una sensación de calor sumamente agradable. Era como meter su polla a un baño sauna. Y lo mejor es que la sensación de calor no llegaba de golpe, si no poco a poco mientras su pene se perdía en el orificio oral de su alumno.

Nahúm llegó hasta la base del pene de su profesor, aunque vale decir que los últimos centímetros los metió lentamente intentando evitar las arcadas. Y vaya que lo logró, pues aunque tenía los labios pegados contra la pubis de su maestro no hizo ningún movimiento por alejarse, si no que más bien intentaba saborear el sabor a piel y hombre que poseía su profesor. Aunque no lo admitiría en voz alta, Nahúm sabía que aquello le estaba gustando bastante.

El chico comenzó a levantar su cabeza para sacar el pene de su profesor de su boca, pero antes de tenerlo completamente fuera volvió a engullirlo lentamente. Nahúm lo hizo varias veces más, y cada vez incrementaba la velocidad con la que lo hacía.

José comenzó a disfrutar con aquello, y sin proponérselo comenzó a mover ligeramente la cadera. Literalmente empezó a coger a su alumno por la boca, pues éste dejó de moverse y permitió a José meter su pene libremente entre sus labios.

El clímax de José se acercaba, pero él no quería que aquello terminara así. Antes de que su venida fuera inevitable se detuvo y levantó a Nahúm. El chico lucía un poco confundido, pero se dejó guiar por su profesor para ponerse de pie.

En aquel momento José bendijo a su compañero de cubículo. Sabía que en uno de los cajones guardaba condones y lubricante. José había encontrado en algunas ocasiones condones usados en la papelera, y sabía perfectamente que el profesor que usaba el cubículo por las mañanas tenía fama de pasar a las chicas lindas con un diez. Pero eso no era importante en aquel momento.

José se dirigió hacia aquel cajón, tomó un condón y el tubo de lubricante. Aunque nunca había tenido sexo con otro hombre, parecía lógico que necesitaría de él dado que el ano era una abertura más estrecha que la de una mujer.

-¿Para qué es eso? -inquirió un poco asustado Nahúm.

-¿No es obvio? -le preguntó José mientras con un ligero empujón le hacía recostar su pecho sobre el escritorio, el cual afortunadamente no tenía nada encima aparte del trabajo de Nahúm.

-No estoy seguro de esto -dijo el chico con voz temblorosa mientras su profesor le bajaba los pantalones y la ropa interior hasta el piso.

-Nahúm, de verdad quiero hacerte mío -le dijo José mientras le acariciaba la pierna-. No sabes cuanto he soñado y fantaseado con esto. Dame solo una oportunidad. Dicen que también es placentero para el que recibe -continuó hablando José mientras acercaba sus dedos hacia el pequeño orificio de su alumno para poder acariciarlo.

Nahúm no dijo nada más, pero movió las piernas para que su profesor pudiera quitarle los zapatos (los cuales no tenían agujetas) y posteriormente toda la ropa, dejándolo solo en calcetines.

José se relamió la boca con la vista que ahora tenía justo frente a él. El trasero de Nahúm era sencillamente fantástico, redondo y no demasiado grande pero sí macizo. Parecía que el chico lo ejercitara de alguna manera. Era liso y suave, sin nada de vello. Su color era pálido, ya que evidentemente el chico no dejaba que le diera muy seguido el sol en aquellos lugares.

-Y ahora… -expresó el profesor, sin saber que hacer.

Dejó que el sentido común lo guiara. Abrió el bote de lubricante y dejó caer una porción generosa sobre el pequeño agujero que Nahúm tenía entre sus nalgas. José utilizó los dedos de su otra mano para embarrar el líquido y luego con su dedo índice empezó a introducirlo en el interior de su alumno.

-Ah -se quejó levemente Nahúm.

-¿Qué se siente? -le preguntó José mientras enterraba su dedo hasta el fondo, en un intento por meter la mayor cantidad de lubricante posible en el interior de su alumno.

-Molesto, pero a la vez placentero -respondió el chico mientras contorsionaba su rostro, aunque José no podía ver eso.

José estaba fascinado viendo como su dedo se perdía en el interior de aquel cuerpo, y super excitado al saber que le seguiría su miembro.

Cuando consideró que ya había introducido suficiente lubricante, el profesor se puso de pie y se colocó el condón. Había hecho aquello con anterioridad, pues no era ningún casto, pero nunca teniendo su pene a punto por culpa de un hombre. Colocó más lubricante sobre el forro que cubría su pene y posteriormente puso éste en la entrada del pequeño agujero de Nahúm.

José empezó a empujar, y aunque encontró algo de resistencia la presencia del lubricante lo hizo todo más fácil. El glande del maestro comenzó a entrar en ese pequeño agujero mientras su alumno se quejaba con más fuerza.

-¿Duele? -preguntó José cuando tuvo su cabeza dentro. La perspectiva que tenía era increíble, su tronco unido a aquel trasero exquisito, además de la cintura delgada de Nahúm y su espalda que a pesar de su delgadez daba la idea de su masculinidad si se la contemplaba con detenimiento.

-No, dolor no -contestó Nahúm-. Es más bien molesto.

José asintió mientras continuaba metiendo su pene lentamente en aquel pequeño ano que nunca antes había alojado algo que no fueran desechos. Fue un tiempo largo pero placentero para ambos hasta que las caderas de José chocaron contra el trasero de su pupilo.

-Ya está todo dentro -anunció el maestro.

Su alumno no le respondió, pero los suaves gemidos que daba parecían indicar que si bien le resultaba difícil también estaba disfrutando a lo grande de aquello.

José tomó por las caderas a su pupilo, y comenzó a sacar su pene de aquel ducto en el que se hallaba. Sin embargo, cuando tuvo la mitad de su pene afuera volvió a meterlo. La sensación era sencillamente increíble. El recto de Nahúm presionaba su pene por todos lados, y la resistencia que presentaba parecía un masajeador que le daba un placer máximo a aquella verga.

Poco a poco el profesor fue acelerando el ritmo del mete y saca, y llegó incluso a sacar completamente su pene antes de volverlo a meter al fondo del agujero de su querido alumno. Nahúm disfrutaba de aquello, y mientras más sacaba su pene el profesor o más rápido lo metía gemía con más fuerza.

En una de las metidas más profundas, el recto de Nahúm empezó a apretar por todos lados el pene de su maestro. José no pudo aguantar aquello, era simplemente fantástico y comenzó a venirse mientras se agachaba para pegar su cuerpo contra el de su alumno lo más posible.

-¡Oh Nahúm! -le dijo al chico en el oído mientras su pene rezumaba las últimas gotas de su líquido eyaculatorio.

-Mmm… creo que le acabó de manchar su escritorio profe -le dijo Nahúm con algo de pena.

José no pudo evitar reírse mientras pasaba sus brazos por debajo de Nahúm, con el fin de atraerlo más hacia sí.

-No te preocupes -le dijo José mientras olía su cabello-. He pasado el mejor momento de mi vida y aunque quede una mancha sobre el escritorio bien habrá valido la pena.

Aquello era totalmente cierto. La verdad es que ni siquiera en sus fantasías con su pupilo José había disfrutado de aquella manera. Ahora solo sabía que quería tener a Nahúm lo más cerca posible en cada momento de su vida.
—-
Bueno, ahí estuvo la historia del profesor José y su alumno Nahúm. ¿Les gustó? ¿Les gustaría algo más acerca de ellos?

Bueno, y también les tengo una noticia. Para todos aquellos que usen Facebook, quiero decirles que abrí una página ahí. Quizás sea algo presuntuoso, pero si quieren seguirme solo tienen que visitar mi perfil en esta página (dándole click en la parte superior donde dice ErosLover) y en donde dice sitio web aparece la dirección de la página en facebook. Ahí denle me gusta y estará al tanto de la publicación de nuevos relatos y de otras cosas que estaré compartiendo por ese medio, ¿de acuerdo? ;)

Un beso enorme, y espero estar compartiendo más fantasías con ustedes próximamente

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1 comentario »

  1. mauricio25 dice:

    Excelente relato, pero yo habría hecho que el profe la recibiera primero por el culo y así enseñarle a su alumno, jeje. No te preocupes. La historia es tuya y es muy cachonda.

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