MARTA

Ella, que no le quitaba la vista a mi polla extendió su mano y la acarició delicadamente con sus uñas haciéndome una cosquilla indescriptible y provocándome ligeras convulsiones en mi pene y abdomen.

Hola soy Ale.

Esto que les contaré fue real, los nombres de las chicas no, claro, pero después de 15 años yo todavía lo pienso bien y no me lo creo.

Marta llegó a mediados de curso de traslado de otra escuela y el único puesto vacío que quedaba en la clase era a mi lado, así es que fue mi compañera de clase durante todo el curso. Era de mediana estatura digamos que bien rellenita pero con una muy buena proporción de tetas cintura y caderas, de ese tipo de chicas que cuando la miras, los ojos se le van uno para las tetas sin poder controlarlo y como ella estaba conciente de eso usaba las ropas lo más ajustadas posible gozando cada vez que notaba que la miraban. Hicimos amistad muy rápido pues ella era muy abierta y espontánea pero pronto comencé a sentir ese cosquilleo que sube por los huevos hasta el ombligo cada vez que la tenía cerca y ella se dio cuenta de algo quizás por cómo la miraba o cómo la saludaba cada mañana. A pesar de todo yo era algo tímido con las chicas pues no había probado aún mi primer bocado de sexo y además las chicas no me prestaban mucha atención a pesar de que mi aspecto a los 18 se acercaba más a un hombre en su etapa temprana como lucían muchos de mi aula, pero con Marta era distinto porque a ella le gustaba el coqueteo conmigo, yo me di cuenta que al sentarse a mi lado su saya se subía exageradamente dejando ver sus muslos que eran verdaderamente muy excitantes con el aspecto que le daban sus vellos rubios sobre su piel algo tostada por el sol y siempre que ella podía buscaba la manera de hacer contacto físico con alguna parte de mi cuerpo ya fuera agarrándome las manos, tocándome la pierna o rozándome con su brazo. La de pajas que me hice pensando sólo en eso.

Un día me enteré que rondaba un comentario acerca de que yo le gustaba, y estoy seguro que lo echó a rodar ella misma quizás viendo que yo era un poco tímido, y fue entonces que decidí romper mi timidez, ya eran demasiadas las pajas y no aguantaba mucho más, así que mientras la profe de literatura se esforzaba en hacernos unos chicos cultos le escribí en un papel “si te sigues subiendo la saya se me va poner dura” y lo puse como si nada encima de su cuaderno siempre atendiendo a la profe, ella lo leyó y me miró, primero seria, y en ese momento se me unió el cielo con la tierra pero cuando ya estaba a punto de ponerme rojo, sonrió y con disimulo y aprovechando que estábamos en la última mesa, levantó más su saya hasta que pude ver sus bragas de color blanco y en el mismo papel me escribió “eres un zorro” y deslizó su mano por mi muslo hasta posarse sobre mi polla que ya se estaba poniendo rebelde pues el pantalón no le daba chance de acomodarse y comenzó a apretármela con delicadeza siempre mirando hacia la profe. No sé qué cara tendría yo que la profe se me quedó mirando e hizo un alto en lo que hablaba y Marta retiró su mano. Yo por supuesto recé para que no me preguntaran nada pues para responder había que pararse… y yo no podría.

Después de algunas sonrisas maliciosas durante el resto del día no pasó nada más excepto que me invitó a su casa con otros del aula para terminar un trabajo de historia que se debía entregar al día siguiente, quedamos a las tres y a esa hora estuve allí, pero cual sería mi sorpresa cuando la vi al abrirme la puerta. Vestía una camiseta medio transparente, larga hasta mitad del muslo a través de la cual podían verse perfectamente sus tetas con la marca más clara de la trusa, voluminosas pero muy consistentes y con lo que es la areola inflada y muy rosada, una tanga con encajes blancos terminaban de dibujar aquella aparición erótica que no me dejaba salir de mi estupor hasta que al fin me tomó por una mano, me haló hacia adentro de la casa y cerró la puerta; otra vez el cosquilleo pero esta vez la polla se empezó a llenar de sangre y la podía sentir aumentar de volumen con cada latido del corazón. Me desplomé sobre una butaca de la sala y ella vino hacia mí y se paró justo delante, me incorporé en el asiento y me deslicé hasta el borde quedando con la cara casi pe

gada a su vientre pero sin tocarla entonces ella tomó la iniciativa me agarró muy suavemente el rostro con ambas manos y nos buscamos con la vista entonces me dijo :

– A ver cómo se te pone ahora

– Oye espérate… ¿y los demás?

– Esos no van a venir, así que tenemos toda la tarde.

Me soltó y comenzó a subirse la camiseta hasta descubrir sus dos lindas tetas, ya no le miré más a los ojos, lo que tenía delante mío era algo increíble, de hecho, era la primera mujer real, desnuda, que tenía tan cerca en mi vida, y a mi entera disposición. Debido a mi inexperiencia no sabía muy bien por donde empezar así que me dejé llevar por mis instintos y comencé a deslizar la punta de mis dedos a lo largo de sus piernas y muslos lo más delicadamente que mis nervios me permitieron, ella colocó sus manos sobre mi cabeza, la seguí tocando, lo estaba disfrutando, mis manos subieron un poco más y se encontraron con sus nalgas, muy firmes y con esa piel tan tersa, las acaricié apretándolas suavemente y al mirarle a la cara buscando su aprobación la encontré con ojos cerrados y su cabeza tumbada hacia atrás, definitivamente lo estaba haciendo bien, entonces comencé a besarla en el vientre apenas rozándola con mis labios sin apartar mis manos de sus nalgas, ya estaba toda erizada y podía sentir pequeños estremecimientos de su cuerpo al contacto con mis labios ya no pudo contenerse más y comenzó a presionar mi cara contra su vientre sin dejar de acariciarme y lo que antes eran besos delicados se convirtieron en chupones, lenguazos y mordidas en toda su pelvis y fuertes apretones de nalgas. Empezó a decirme con la voz entrecortada por la excitación :

– Ay sí Ale qué rico …más… así me gusta… duro.

De pronto, como si ambos lo hubiéramos pensado a la vez nos detuvimos ella se agachó y comenzó a zafarme el cinto, yo intenté ayudarla pero me quitó las manos y en dos segundos ya me estaba sacando el pantalón por los pies, se trabó con los zapatos y de un tirón se fueron los zapatos también. Mi polla, durísima y con la cabeza entre roja y morada ya se vio libre todo impedimento y alcanzó toda su longitud y grosor, erecta como un soldado en pie de guerra y buscando un objetivo para perforarlo. Marta aún agachada se sacó la camiseta dejando al descubierto sus dos buenas tetazas. Me recosté en el asiento y entonces ella que no le quitaba la vista a mi polla extendió su mano y la acarició delicadamente con sus uñas haciéndome una cosquilla indescriptible y provocándome ligeras convulsiones en mi pene y abdomen.

– !Qué tremenda pollaza que tienes!!!- exclamó sonriendo y algo asombrada.

Eran sólo 19 cm pero muy gorda

– ¿Sí que se te pone dura no?

– Así tú me la pones. Está que se parte- sólo alcance a decirle cuando se me abalanzó y comenzó a pasarme la lengua desde los huevos por la parte inferior del pene y moviéndola de lado a lado hasta la misma punta repitiendo esta operación de arriba abajo muy lentamente a veces esmerándose en chuparme los huevos metiéndoselos en su boca y agitando la lengua mientras con la mano me hacía una paja pero todo esto muy despacio y muy delicada, era una paja completamente diferente a las que yo me había hecho hasta ese momento y lo mejor de todo es que no tenía que usar yo mis propias manos.

Cerré los ojos, crucé las manos detrás de mi cabeza y no me quedó duda que en ese momento yo era el ser humano vivo que más cerca estaba del cielo. Cuando estuvo su lengua cerca otra vez de la punta de mi polla abrió muy grande la boca y la introdujo hasta su garganta provocando otra convulsión de mi pene, comenzó a chupar, lamer, saborear, no se cuantas cosas a la vez siempre aumentando el ritmo y la intensidad, meneando su lengua con mi polla dentro de su boca lo que me sumergía en un torbellino de sensaciones nunca antes experimentadas por mí que ya me estaban poniendo a punto de correrme en su boca. Como toda una experta cambió el rimo quizás advirtió que estaba demasiado cerca del clímax y se sacó la polla de la boca, se levantó, y se sacó las bragas, quedó parada, desnuda con esas curvas que me tenían tan excitado y en el momento que trataba de escarrancharse sobre mí, la detuve y le dije :

– Quédate así parada frente a mí.

– ¿Qué vas a hacer?

– Sólo cierra los ojos y disfruta.

Eso lo había aprendido de alguna película porno que furtivamente veía en casa de mis amigos.

Parada desnuda frente a mí con los ojos cerrados primero la besé en los labios sin hacer contacto con el resto de mi cuerpo sólo mis manos en su cara, me comí con pasión su boca, fui bajando lentamente primero las manos por su espalda y besándola por el cuello escuchando una avalancha de suspiros hasta llegar a sus bellas tetas, agarrarlas con firmeza y chuparlas primero despacio y luego tratar de comérmelas, seguir bajando por su vientre y sus caderas, ella erizada toda, y bajar por el camino más corto desde su ombligo a su escaso vello púbico con mis manos nuevamente presionando sus nalgas y mordisqueando toda la zona del pubis. Quiso sentarse pero no la dejé entonces se dio cuenta de lo que yo haría. Abrió bastante sus piernas permitiéndome el acceso a su coño que ya estaba bien mojado. Me acomodé como pude en el suelo y me situé debajo de ella y comencé a pasar mi lengua por la cara interior de sus muslos muy cerca de las nalgas, el culo y los labios externos de su coño, chupando toda esa área hasta que por fin un lengüetazo en su misma raja la hizo estremecer y agarró mi cabeza con ambas manos y la orientó de forma que mi boca no pudiera abandonar esa pequeña porción de su cuerpo. Chupé todo su coño y la lengua registró cada rincón de la zona moviéndose como una serpiente y haciendo énfasis sobre todo en su clítoris que aumentaba de tamaño notablemente. Comenzó entonces a realizar un meneo involuntario de la pelvis de adelante hacia atrás a veces soltando una mano para apretarse las tetas pero nunca soltó mi cabeza como si temiera que la privara de ese enorme placer, yo por mi parte seguía chupando y lamiendo todo su coño aumentando cada vez la intensidad y el ritmo y escuchando como me decía entre suspiros

– Ay coño que rico tu mamas… asííí… ay…. que rico Ale sigue no pares.

Nada de parar, todo lo contrario. Con el aumento del ritmo de mi lengua también aumentó el del meneo de su pelvis y más presión hacían sus manos sobre mi cabeza hasta el punto que casi no podía respirar pero con gusto me ahogaría de esa manera. De momento los movimientos dejaron de ser rítmicos y cadenciosos, comenzaron a parecerse más a sacudidas espasmódicas y comenzó a decir con una voz que parecía que lloraba

– Ale me vengo coño no pares… más duro, más duro ….aaaay qué rico.

Se estaba viniendo con mi boca , con mi lengua. Eso para mí era además de algo completamente nuevo era indescriptiblemente excitante. Esa posición bastante incómoda de por sí hizo que al terminar su maravilloso orgasmo sus piernas se quedaran temblorosas y se derrumbó sobre el sofá que tenía a su lado sonriente y jadeando todavía me dijo

– Esa mamada nunca me la había hecho nadie, merece un diez

Yo realmente no sabía ni que contestar pero sí pensé que para mí estaba mejor ya que empecé con sobresaliente y el dolor de cuello era entonces algo secundario.

Me puse de pie y caminé hacia ella y sólo se me ocurrió decirle agarrándome la polla erecta

– ¿Y ahora cómo bajamos esto?-

– No te preocupes macho, de eso yo me encargo.

Me extendió una mano y me haló hacia ella, yo me dejé tumbar en el sofá amplio y mullido se encaramó sobre mí a horcajadas y comenzó a frotarse su coño todo mojado contra mi polla dura y extendida sobre mi pelvis. Agarré sus tetas y las amasé todo lo fuerte que pude y comenzó con ese delicioso y rítmico meneo de su pelvis

-Todavía tengo cosquillas… qué rica está, caliente y dura… y gorda.

Y diciendo esto se levantó un poco y con una hábil manipulación orientó la punta de mi polla hacia la entrada de su vulva, mojada y muy caliente, bajó lentamente y fue entonces que sentí como iba entrando dentro de ella, en ese orificio ajustado y tibio que a todos nos ha llevado a la gloria más de una vez. Era esa la primera vez que penetraba a una chica y realmente creo que no había existido una sensación de placer más intensa en toda mi vida. Comenzó a menearse mientras se la introducía pero esta vez contoneando sus caderas y provoca

ndo en mi polla una cosquilla indescriptible. En ocasiones cambiaba el ritmo y se inclinaba un poco hacia mí para que le chupara las tetas y yo disciplinadamente le proporcionaba el placer deseado mientras mis manos se concentraban en apretar sus nalgas todo lo que podía y deslizarme hasta encontrar su culito para hacerle cosquillas en el mismo orificio y esto hacía que me devolviera intensos gemidos. Los movimientos comenzaron a aumentar en ritmo y ella cada vez buscaba con más frenesí el roce de su clítoris con la base mi polla, la tenía clavada hasta lo último y ya no pude aguantar más así que la agarré fuerte por las nalgas y le impuse el ritmo que yo necesitaba para terminar con un orgasmo que parecía que me quedaría vacío por dentro, Marta a su vez logró también otro orgasmo, loco, intenso revolcando su cuerpo sobre el mío comiéndome los labios, gritando, gimiendo hasta que quedamos abrazados, muy quietos pasando los últimos espasmos de nuestros sexos, sin que la cosquilla remanente nos dejara movernos. Era el segundo orgasmo que Marta tenía conmigo en ese rato juntos.

Continúa….

Autor: Ale

gimbao_rpc ( arroba ) yahoo.com

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Kara Marqueze
Kara Marqueze
Buenas! soy Kara de Relatos.Marqueze.net, vuestra anfitriona. Bajo mi nombre republicamos relatos que, estando incluidos desde hace tiempo en Relatos Marqueze.net, no sabemos su autor. Si eres autor de uno de estos relatos y/o sabes quien es el autor, escríbenos y le daremos el crédito que se merece! Un besito donde quieras...
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