Después de leer varios de los relatos que están en esta página, pensé que me gustarÃa compartir mi experiencia.
Después de un año de ingresar con frecuencia en una sala de chat, donde conocà amigas y amigos, se dio lugar a una cita para conocernos personalmente, cabe aclarar que todos eran personas de entre 40 y 50 años, yo tengo 35, me ubico más entre gente de más edad.
Asà que se formalizó la cita para estar en una ciudad cercana, yo acepté asistir por que poniéndome de acuerdo con una amiga especial quedamos de conocernos en ese lugar ese dÃa. Una de las amigas originaria de Querétaro fue quien hizo los arreglos para la reunión, hizo las reservas de habitación, de salón, en fin todo.
Llegó el dÃa de la reunión y fuimos llegando de a poco, y nos fuimos identificando y comenzando a conocernos personalmente, un dÃa anterior a esto recibà un mail de mi amiga especial avisándome que no podrÃa estar ese dÃa conmigo y asà sin más explicación no asistirÃa, pero siendo que tenÃa yo todo listo y pagado pues decidà asistir.
Se hizo al fin la hora de la cita, bajando de mi habitación me dirigà al salón donde quedamos de reunirnos, llegando ahà comencé a saludar a los conocidos que portaban en pequeños gafetes el nick que usan en la sala de chat. Pasaron buenas y alegres horas de diversión, conociendo amigos y amigas, charlando y bebiendo, conforme fueron pasando las horas las bebidas fueron haciendo su labor, embriagando y relajando a las parejas, se comenzaban a ver parejas bailando ya más pegadas o buscando lugares aislados en ese salón iluminado tenuemente, y conforme se hacÃan parejas, los que no llevábamos pareja definida, nos fuimos aislando, yo dolido por la actitud de mi amiga especial, me fui a una mesa al extremo de la sala a beber y observar, al acercarme a la mesa, una señora se acercó también a sentarse a la misma mesa, asà que decidimos compartir la mesa, ya que aunque conocÃa su nick, no tenÃa mucho trato con ella.
Era una mujer de 52 años, vestida muy recatada con una falda debajo de la rodilla, zapato de tacón, un saco a juego con la falda y una blusa blanca. Ella es entrada en carnes, gordita, con unas piernas que adiviné muy gruesas por lo que dejaba ver su falda, con una cola enorme, y un par de tetas que se adivinaban grandÃsimas, se habÃa tomado ya un par de tequilas y estaba un poco alegre y conversadora, pero a la vez según me contó estaba aburrida ya que sus amigas se habÃan aislado cada una con su galán…
Como ella no tenÃa amigo especial nadie la acompañaba, asà que compartimos penas, ella sin galán y yo sin mi amiga, comenzamos a quejarnos mutuamente de la situación y del por que todos se aislaban, yo después de haberme tomado unos tres tequilas andaba ya un poco subido de tono, y después de ver tanto cuerpo de mujer, pues andaba con una cachondez subida, asà que pensé, por que no intentar algo con esta señora, madura pero buenÃsima, tal como siempre me han gustado las mujeres.
Pasado un rato, y entre la plática de risas que tenÃa con Martha (tal es el nombre de la señora), le dije que si bailábamos, a lo que me dijo que no, por que luego el chisme llegarÃa a oÃdos de su esposo y no querÃa problemas, además que él era muy buena gente y comprensivo, yo le dije que comprendÃa, pero que no era justo que hubiera ido a solo a ver a la gente divertirse, asà que le dije, Martha pues entonces vamos a un salón que está cerca de aquÃ, y ahà bailamos y asà nos divertimos, ella sonriendo dijo, no es mala idea, ya que aquà no nos hacen caso y como tú pareces muy serio, pues vamos.
Salimos del salón aquel sin que nadie notara nuestra ausencia, al salir del hotel y dirigirnos a un hotel al otro lado de la calle ella sintió frÃo y me dijo, no mejor no vamos Pablo, que te parece si mejor nos sentamos en una de las mesas del lobby y platicamos o jugamos cartas (según me contó le encanta jugar baraja), le dije claro Martha, vamos, pero no estarÃamos a gusto, que te parece si mejor vamos a tu cuarto o al mÃo y ahà jugamos más cómodos y sin que nadie nos moleste, de esa manera nadie te verá conmigo y no irán a chismearle a tu marido (el marido ya era conocido de varias amigas de ella)
Ella lo pensó un momento y luego dijo, tienes razón, vamos a mi cuarto. Le dije pero que te parece si antes nos llevamos unos tragos para jugar a gusto, lo que ella aceptó ya que como estaba aburrida tenÃa ganas de un tequila, asà que la dejé ir a su cuarto, yo salà a la vinaterÃa cercana, compré una botella de tequila, unos vasos y cigarros, me dirigà a su cuarto y ahà estaba ella esperándome, su cuarto solo tenÃa una cama matrimonial y nada más, asà que nos sentamos en la cama a jugar.
Ella se quitó los zapatos y el saco, quedando en la falda y en su blusa blanca, que trasparentaba el brasier que contenÃa sus enormes tetas, al verla asÃ, mi verga se comenzó a inquietar, asà que me senté en la cama por un lado para comenzar a jugar, le servà su tequila y yo el mÃo, brindamos y comenzamos a jugar.
Ella me enseñó varios juegos que yo no conocÃa, pero que rápido aprendÃ, nos estábamos divirtiendo cuando sonó el teléfono, era una amiga, Imelda, que la estaba buscando, asà que escuché que la invitó a jugar con nosotros, llegó Imelda al cuarto, una mujer un poco más alta que Martha, con un culo enorme, y unas tetas que la hacÃan parecer más gordita de lo que era, ya que la bata que llevaba la hacÃa ver asÃ. Imelda tendrá unos 50 y tantos también, llegó medio alegrona con la bebida, pero igual de desencantada por que en el salón de abajo las parejas se habÃan aislado y ella como también iba sola, se aburrió.
En ese momento se pusieron de acuerdo para llamar a sus maridos, a quienes llamaron desde la habitación, pidiéndome silencio, después que ambas se reportaron con sus viejos como ella mismas dijeron, se sentaron a jugar.
Comenzamos a jugar, y a beber, a fumar, y el ambiente se comenzó a relajar, ya Imelda me daba palmadas en la pierna y Martha también, yo a veces cuando iba al baño les pasaba muy cerca de ambas sintiendo sus enormes culos pegados a mi, pero de ahà no pasó.
Pasado un buen de tiempo, ambas estaban ya más ebrias que yo, y se distendÃan jugando y gritando alegremente, Martha se habÃa aflojado la blusa de la falda y se le veÃa ya el brasier y su falda la tenÃa tan subida que cuando me inclinaba lograba verle los calzones, e Imelda tenÃa el batón, ya subido sobre las rodillas, dejando ver unas piernas gordas buenÃsimas.
Esto hacÃa que mi verga estuviera en estado de dureza que ya no aguantaba, la calentura me tenÃa a mil. En una de esas les dije vamos a ponerle emoción a esto, ¿por que no apostamos aunque sea frijolitos?, a lo que ellas respondieron con risotadas, diciendo que eso era de niños, entonces juguemos de prenda, quien pierda se quita algo, asà se hará emocionante, Martha se quedó medio seria, pero dijo que aceptaba, Imelda como siempre solo siguió lo que decÃa Martha y aceptó también, como estaban ya muy tomadas la pena se habÃa ido.
El primer juego lo perdà yo, asà que me quité mi camisa, quedando en pantalón nada más, las dos mujeres solo me miraban y reÃan, la siguiente mano la perdió Martha que ya desenfadada, se quitó la blusa sin más, diciendo, que además ya tenÃa mucho calor, quedando solo con su brasier blanco con encaje, eso me comenzó a poner más caliente aun, ya que tiene unas tetas enormes, caÃdas supuse, pero grandiosas y se notaba como que querÃan salir por delante del brasier, sus llantitas a mis ojos la hacÃan ver más excitante.
La siguiente mano la volvió a perder Martha, que estaba muy tomadita, asà que sin más se paró sobre la cama y se desabrochó la falda, pidiéndome que le ayudara con el zÃper, lo cual hice, y dejó caer la falda, quedando en un medio fondo beige brillante, que dibujaba su enorme culo y como era más corto que la falda, se le veÃan las piernas gordas que tenÃa.
Al sentarse se subió el fondo para acodarse sobre la cama dejando al descubierto ya casi descaradamente su calz&
oacute;n. La siguiente mano la perdió Imelda, que un poco renuente pero con una orden de Martha, se puso de pie y se sacó la bata, quedando en brasier negro y calzones, de esos grandes negro también.
Esa vista me tenÃa loco, unas nalgas grandÃsimas, unas piernas llenitas, sus llantitas se le veÃan divinas y sus enormes tetas, se veÃan también salir del brasier. Se sentó nuevamente y seguimos jugando. Ambas ya más relajadas, olvidándose de sus preocupaciones y de sus maridos. Y yo claro más caliente que nunca con semejante par de mujeronas ahÃ.
Olvidé decir que ambas usan lentes, asà que parecÃan lo que eran en realidad un par de amas de casa. A la siguiente mano perdà yo, asà que sin más, me paré y me giré de espalda para quitarme el pantalón, para que no se dieran cuenta que mi verga estaba a reventar, pero Martha dijo, no Pablo sin esconderse, nosotras nos encueramos enfrente de ti, asà que tú también, asà que me giré frente a ellas y me quité el pantalón, quedando solo en bóxer negro, pero con mi verga completamente dura y haciendo bulto, al verla las dos mujeres solo la miraban, y reÃan.
Dejé mi pantalón y me senté de nuevo a jugar. El tequila seguÃa corriendo e Imelda ya casi no coordinaba, se estaba durmiendo ahà sentada junto a mi, y sus tetas casi se salÃan del brasier, de hecho se le veÃa ya la aureolas café oscuro de una de sus tetas. Con el movimiento y las risas, cada vez se le salÃan más, pero en su estado ya no le importaba.
La siguiente mano la perdió Imelda, asà que se dijo y ahora que me quito, yo le dije pues el brasier…a menos que te quieras quitar los calzones, a lo que ella solo se carcajeaba, asà que le dije yo te ayudo con el brasier, no opuso resistencia, me puse detrás de ella a buscar el broche entre las carnes de la espalda, se lo encontré y se lo zafé, el brasier cedió al peso de sus enormes tetas.
Ella aun con algo de pena, se tapaba con las manos, pero le dije a ver déjame quitarlo completamente quitándole las manos de enfrente y sacando el enorme brasier, viendo sus enormes tetas, del tamaño de una sandÃa cada una, con unos pezones café oscuro grandes y unos pezones largos que ya estaban duros, haciendo como si no me importara me sete a jugar de nuevo, y al momento se olvido que estaba enseñado sus tetas, además que casi se quedaba dormida.
Seguimos jugando, en eso Martha me comentó algo acerca de que ella se sentÃa al fin una vez en su vida contenta por que nunca se habÃa divertido tanto, asà que en esta charla se nos fue un rato y no jugábamos, cuando miramos a donde estaba Imelda, yacÃa tendida de espalda ya en la cama, dormida, con sus tetas desparramadas sobre ella y con las piernas abiertas, su calzón negro le cubrÃa hasta el ombligo y le cubrÃa lo que adiviné era una grandiosa vagina, gorda y jugosa.
Martha y yo reÃmos y dijo sigamos jugando, con las cartas que tenÃamos en la mano vimos lo que tenÃamos y de verdad paso que aunque dormida pero perdió Imelda, asà que Martha llamando a Imelda le decÃa que pagara la apuesta, pero obvio, Imelda estaba completamente dormida, yo le dije, repetimos la mano y listo, a lo que Martha contestó, ah no, ¡Imelda paga!, y como nomás trae los calzones puestos, vamos a quitárselos, yo le dije que estaba mal por que ella dormÃa, y Martha insistió diciendo que deudas de juego eran deudas de honor, asà que me dijo ayúdame a quitárselos.
Martha de pie en el suelo a un lado de Imelda y yo hincado sobre la cama al otro lado de Imelda, intentamos despertarla, Martha le decÃa comadre, tienes que pagar, perdiste.
Imelda solo movÃa la cabeza, abrió los ojos y Martha le repitió que te vas a quitar los calzones comadre, a lo que Imelda solo meneó la cabeza diciendo si, si, asà que me dijo Martha, Pablo, quÃtaselos, Martha se reÃa y decÃa, la primera vez que un hombre que no es mi compadre le quita los calzones a mi comadre, yo me puse en medio de las piernas de Imelda, se las levanté y las extendà hacia delante, como acostándola, abrà mis piernas sobre las de ella y le tomé el calzón por el elástico, y comencé a bajarle los calzones, saliendo su barriguita pronunciada y sus llantitas.
Bajo su ombligo comenzó una mata de pelo negro abundante, como no podÃa sacar el calzón de debajo de ella,
le dije, Imelda, levanta la cola para bajarte los calzones, a lo que Imelda dormida y todo reaccionó levantando la cola y dejándome jalar los calzones, le mostré mi miembro y le dije, ¿tu marido no la tiene asÃ?
Ella solo señaló un tamaño con sus dedos y dijo no, la de mi marido es asà de chiquita, y nunca se le puso asà como a ti Pablo, a lo que solo sonreà y me senté, el ambiente estaba ya muy caldeado, Martha estaba sudando ya, y yo también, pero en ella aun ganaba su decencia, y sus ganas de jugar, asà que seguimos y ya haciendo trampa, la hice perder y le dije Martha a pagar, a lo que sin más, y sin chistar se quitó el brasier pidiéndome también ayuda, parándose junto a mi…
Que cosa más rica estaba viendo.. un culo enorme redondo, dos nalgas abundantes cubiertas por un calzón blanco una cintura marcada aunque llena de llantitas, como pude me tarde y le zafé el brasier.
Al zafarlo se giró y frente a mi se lo quitó y lo hizo a un lado cubriéndose las tetas, le dije, a no Martha no se vale taparse, si te tapas ya no te dejo ver mi verga, y me reÃ, a lo que ella respondió, está bien Pablo, no me voy a tapar, y se volvió a sentar, ella también ya ebria como yo, la siguiente mano obvio decirlo la perdió Martha, asà que le dije Martha fuera calzones, y ella se reÃa y decÃa: ni modo a pagar…
Se puso de pie y se los bajó de un tirón, como estaba de pie solo vi su barriga blanca y sus llantitas, sus caderas anchÃsimas sostenidas por dos columnas de gruesa carne que son sus piernas, y ese triangulo de pelitos negros bajo el vientre.
Ella se reÃa nerviosa pero relajada, sentándose de nuevo y al abrir las piernas un inconfundible olor a sexo, diferente al de Imelda me llegó a la nariz…eso me excitó mucho más, mi pene dio un salto, a lo que Martha se fijó y me dijo, mira está viva, se movió tu palo, yo le dije solo se acomodo y nos reÃmos, dijo entonces Martha ¿y ahora que vamos a apostar?, le dije ahora vamos a jugar de castigo, el que pierda paga con un castigo, y ella dio si, pero nada de castigos que sean de salir encuerada al pasillo, le dije no claro que no, serán castigos para hacer aquà en la cama, y nos reÃmos…
Ya en ese momento pudo más todo y le dije, el que pierda le da un beso al otro en su sexo, Martha abrió tremendos ojos y dijo, ¿si yo pierdo te doy un beso en tu verga?, yo le dije si, y si yo pierdo yo te doy un beso en tu conchita.
Martha ya más cachonda también, dijo, está bien Pablo pero yo nunca eh besado una pija, yo le dije: siempre hay una primera vez, entonces me preguntó y tú has besado una conchita?, yo le dije si claro la besé y me la comà y me reÃ, ella preguntó entonces, como que te la has comido?, si le contesté, me la he comido mira, comerse una conchita es lamerla y morderla con los labios, ella puso cara de admiración diciéndome, a mi nunca me lo han hecho, le dije para eso también hay una primera vez-
Martha solo sonrió y dijo si con la cabeza. Le dije seguimos jugando? y ella ya nerviosa dijo que si, asà que a la siguiente mano perdÃ, yo querÃa besar su vagina, ella me miró y me dijo perdiste, le dije si, pues déjame darte el beso, ella se rió y me dijo, es que nadie me ha tocado la conchita Pablo, solo mi marido, le dije, solo voy a pagar el castigo, ella sonrió y dijo, pero primero enséñame como es eso de besar si?, a ver dale un beso a la conchita de mi comadre ella ya está abiertita mÃrala.
Volteé a mirar a Imelda que estaba dormida tal como la dejamos con sus piernas abiertas, y le dije claro mira, y me acerqué a la conchita de Imelda aprovechando para tocar sus muslos abriendo sus piernas más, y acercando mi boca a su conchita, y asà acercándome me acerqué, le di un beso entre los labios de su conchita, el olor de Imelda es muy fuerte pero delicioso, y me quedé ahà por un par de segundos dándole pequeños lengüetazos al clÃtoris.
Imelda reaccionó moviendo el culo hacÃa arriba, e inmediatamente noté que su vagina emanaba un olor más fuerte, me levanté y le dije a Martha ese es un beso, me agaché y metà mi cabeza entre las piernas de Martha, le mordà los labios vaginales con mis dientes excitándola más, su clÃtoris es grande e hinchado, comencé a besarlo y lamerlo, a jugar con el, sin pensarlo más.
Comenc&eacut
e; a mamarle su conchita desenfrenadamente, abriendo mi boca y lamiendo desde la entrada hasta el clÃtoris, acerqué mis dedos y le abrà su concha ella reaccionó diciendo, no me toques Pablo, nadie me a tocado, solo mi marido, solo bésame la concha, no me la toques, levanté la cara y mirándola le dije, Martha para besártela bien tengo que tocarte, a lo que dijo, está bien, si es por eso, está bien, me clavé de nuevo en su concha ya completamente escurriendo lÃquido, que me tragaba, metà mi lengua directo a su vagina hasta el interior que estaba caliente, sentÃa las contracciones de la vagina de Martha en mi cara.
Comencé a meter un dedo por junto de mi boca, y al meterlo Martha solo gemÃa y empujaba más, y cedÃa más, lamà despacio toda su vagina, baje hasta sus nalgas, y apartando con mis manos esas enormes masas de carne, pude ver su ano, cerradito y sin más lo comencé a tocar con mis dedos húmedos, Martha gimió y dijo ahà no Pablo, el culo no me lo toques, le dije es parte del beso, ella decÃa, está bien Pablo sigue cabrón.
Mojé mi dedo en su vagina y lo dirigà despacio a su ano e intentaba tocárselo, pero no se podÃa por sus enormes nalgas, y ella sintiendo eso levantó la cola y se puso una almohada debajo de las nalgas dejándome asà ver mejor todo, desde su concha abierta, hasta su ano.
Mientras le mamaba la conchita y le metÃa el dedo en el culo, que se le fue como mantequilla, ella apretaba los dientes, hasta que echándome las piernas a mi espalda comenzó a gemir fuerte, cabrónn, Pablooooo…me estoy viniendoooooooo que cabronnn eresssssssss, sigueeeee, sigueeeeeeeee
Sentà en mi cara un chorro húmedo, y Martha me apretaba entre sus piernas y me empujaba la cara contra su concha, y gemÃa y gritaba, Pablooooo me vengoooooo papiiiii, asÃiiiiiiiiiii, daleeeeee másss cabroooonnnn, mássssssssss…
Cuando terminó de venirse seguà mamando su conchita ahora abierta completamente e hinchada, ella se movÃa ya despacio también tomándome de la cabeza, yo comencé a subir por entre sus piernas para colocarme encima de ella, Martha no se resistió, cuando me acomodé sobre ella, sobé esas enormes tetas, comencé a mamárselas lamiéndole los pezones entre esa masa de carne blanda, ella misma lo acercaba a mi boca y me daba de mamar, sus piernas estaban rodeándome sobre mis piernas.
Martha jadeaba y empujaba sus tetas a mi boca, diciéndome, ¿te gusta mi chichita Pablo ? yo solo seguÃa mamando, comiéndome sus tetas, mordiendo sus pezones, ella al sentir mi verga pegada a su concha pegó un saltito en la cama, y me miró diciendo, Pablo … ¿me vas a coger?, yo le dije, si Martha, te voy coger, ella sin apartarme y apretándome con sus piernas, me decÃa, noo Pablo, no me vas a coger, nadie me a cogido solo mi marido, y no le voy a ser infiel ahora…
Yo me acercaba más a ella intentado que mi verga topara con su vagina, y ella no se resistÃa…y me volvÃa a preguntar… Pablo…¿me quieres coger verdad?, si Martha, te quiero coger, y ella repetÃa no Pablo, no seas cabrón, no me cojas.
Mi verga estaba ya con la puntita metida entre los labios justo a la entrada de su vagina húmeda, la miré y le dije Martha solo déjame mojar la puntita en tu conchita ella me miraba y me decÃa…mmmm Pablo …¿nomás la puntita? mmmm, está bien pero no me cojas cabrón…comencé a moverme despacio, jugando con mi verga en su entrada…
Se escuchaba el chapaleo de mi verga jugando, ella comenzó a moverse más y a gemir… en un movimiento como para acomodarme me subà un poco..y mi verga entró completa en esa gran conchita…sentà la humedad abrazando mi verga y mis huevos tocando sus nalgas…
Martha gimió fuerte y me apretó más y solo dijo, ayyy Pablo, ya me metiste todo el palo cabróonnn, me estás cogiendo…me estas cogiendo cabrónnnnn. Comencé a moverme sobre ella empujando con mi cuerpo el suyo metiéndole la verga en cada empujón y sintiendo como mis huevos pegaban contra sus nalgas. Martha gimiendo me abrazaba y decÃa, siiiii cogeme, asÃiiiii, dameeeeee cabronnn, dame massss, cogeme, méteme todo el pito, chúpame las tetas dale,mamamelasss…cojéeme pablitooooo dame tu lechita bebé damelaaaaaaaa
SentÃa en mi verga claramente cada orgasmo que Martha tenÃa, sus jugos bañaban
mi verga de un lÃquido caliente que resbalaba fuera de la vagina y empapaba sus nalgas, mis huevos y la cama. Me apoyé en mis manos a sus lados y levanté el torso para empujar hasta el fondo y dejarle mi semen hasta adentro, Martha gemÃa y me apretaba con sus piernas…
Caà rendido sobre sus enormes tetas…respirando agitados y bañados en sudor, entrelazados y aún dentro de ella, mi verga comenzó a perder tamaño y a salir de ella, me abrazó y me dijo… ay Pablito… nomás era un beso cabrón, mira como me cogiste, me bajé de ella…y me recosté a un lado… lo que pasó después… se los platico en la siguiente…
Gracias por la lectura del relato, gracias por sus votos.-
Autor: Pablogto
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