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Me encantan las vergas

7 de mayo de 2009

Alberto me metió su vergota en la concha para mojarla, luego me la colocó en la entrada de mi culo y despacio me empezó a clavar la verga en el ano, abriéndose camino entre mis nalgas. Cuando comencé a sentir que me entraba la verga, mi suegro empujó su daga hasta que entró toda y así fue como mi culo se desvirgó.

Mi nombre es Sandra y soy de Buenos Aires.

Tengo 31 años, mido 1.69, peso 53, mis medidas son 97-63-85, cabello castaño claro, ojos verdes. Estoy casada con Luis (34) desde hace ya 10 años, no tenemos hijos todavía. Soy ejecutiva de una empresa internacional y una gran puta sedienta de verga.

Conocí a mi marido cuando éramos muy jóvenes, teníamos 18 y 19 respectivamente, nos enamoramos y salimos hasta que nos casamos. Luis vivía con su padre y hermano ya que la mamá había fallecido cuando era pequeño, yo con mis padres y un tío hermano de mi madre.

Al tiempo de estar saliendo con Luis yo volvía a casa cada día más caliente de las fajadas que nos dábamos, pero nunca pasaba de ahí. Un día llegué a casa muy, pero muy caliente y me encerré en mi cuarto a pajearme furiosamente.

Cuando estaba en lo mejor y jadeando fuerte, -ya que según yo-, estaba solita, cuando de pronto abren la puerta de mi cuarto y mi tío me ve en plena faena. Se acercó a mi me dijo que él calmaría mi calentura. Comenzó a manosearme, chuparme y finalmente me desvirgó. A partir de ese momento cada vez que llegaba a casa muy caliente, mi tío me daba una buena repasada y me cogía.

Cuando tenía ya 19 años, cogía con Luis y por otro lado me cogía también mi tío. Un día ocurrió lo siguiente. Salimos una noche mi tío Alberto, Luis y yo como otras tantas veces… fuimos al cine y me senté en medio de los dos. En determinado momento de la película, siento que me están tocando una de mis piernas y cada vez más arriba, me puse nerviosa y le dije a Luis que estaba mi tío que se comportara, pero él no me hizo caso; al cabo de un rato me estaba tocando la concha sin ningún reparo. En ese momento miré a mi tío, quien se acercó y me dijo:

- ¿La estás pasando bien putita?-, y sin más se acercó a mi boca y me dio un chupón de novela.

Luis al ver eso me comenzó a meter más adentro los dedos en la vagina, después de un rato me doy vuelta y Luis me comienza a besar y siento la mano de mi tío juntándose a la de mi novio y me masturbaban en conjunto hasta que me llegó a un tremendo orgasmo.

Salimos los tres del cine muy contentos y sonrientes, y al llegar a casa, nos fuimos directo a mi cuarto; Luis le dijo a mi tío que por qué no entraba con nosotros y me cogía. Así lo hizo y mi flamante novio se quedó mirando como la putita de su novia se abría las cachas del culo para ofrecerle el ano a su tío. De veras que mis gemidos decían todo, y mi novio seguía las acciones con su palo en la mano y pajeándose hasta que explotó. Lo miré y le dije:

- ¿Te gustó lo que viste cabrón? ¿Te gusta que te ponga los cuernos con mi tío? Bueno, pues entérate que es él quién me desvirgó y me ha cogido desde mucho antes que tú.

A Luis se le paró inmediatamente la verga y mientras me escuchaba se pajeaba nuevamente. Él, al confirmarme que le había gustado se estaba poniendo completamente a mi merced y fue en ese momento que mi pariente me dice:

- Parece que a tu galán le gusta que le pongas los cuernos-, así que le pregunté: – ¿Te gusta ser cornudo?-, y me contestó que él quería ser todo lo que yo quisiera que fuera y que si mi placer era ponerle los cuernos entonces que se los pusiera, que él estaría feliz.

Desde ese día que aceptó las condiciones para que nos casáramos fue aprendiendo más y más cómo debía portarse conmigo. No sólo lo hacía sentirse un feliz cornudo, sino que además cada vez que tenía la oportunidad, ya que estábamos con alguien hacía todo para que supieran que lo era.

A los cuatro meses, nos casamos. En la reunión, había una gran cantidad de amigos con los cuales yo le había puesto los cuernos y todos o muchos de ellos; al felicitarnos, le decían: “Muchas felicidades… Ahora sí que vas a ser un cornudo con todas las letras, ya que ahora ya no cogeremos a tu novia sino a la puta de tu mujer”.

La fiesta fue un éxito, bailé con todos y todas y me manosearon a más no poder. Tenía yo una calentura que rayaba en la locura. Llegó el momento de irnos al hotel y le dije a mi marido:

- Mi vida, hoy es nuestra noche de bodas y quiero pasarla con tu papá, así que nos iremos los tres al hotel. Esa noche, Luis la pasó en el living de la suite y yo cogiendo con mi suegro, que me hizo gozar como una verdadera perra.

Como a las 9 de la mañana le digo a Luis que viniera al cuarto. Se sentó en la cama y me preguntó que cómo estaba, le dije que muy bien y que como era mi noche de bodas se suponía que me deberían desvirgar y había decidido que lo hicieran.

- Pero Sandra ¡si ya no eres virgen!- – Además de cornudo eres un tonto-, le dije en tono alto. -Y mi culo cómo está ¿eh?- – Si tú lo dices es virgen… – Bueno Alberto, quiero que me rompas el culo ahora delante de este cornudo consciente y sumiso. ¿Qué es lo que eres Luis?-, le grité. – Un cornudo… – ¿Qué más idiota?- – Un cornudo consciente y sumiso- – Así es como me gusta, que sepas que debes contestar inmediatamente.

Alberto me puso encima de él; me metió su vergota en la concha para mojarla con su leche y la mía y luego me la colocó en la entrada de mi culo y despacio me empezó a clavar la verga en el ano, abriéndose camino entre mis nalgas. Cuando comencé a sentir que me entraba la verga, le dijo a mi marido:

- Ven, dame un beso mientras me desvirgan el fundillo y disfruta de tu noche de bodas ya que en unas horas nos vamos de luna de miel.

Así lo hizo y cuando me estaba besando, mi suegro empujó su daga hasta que entró toda y así fue como mi culo se desvirgó. Horas después estábamos en Ezeiza a punto de tomar un avión y yo con el culo roto y lleno de leche. Estando en la sala de espera para embarcar le dije:

- Querido, soy la mujer más feliz del mundo teniendo un cornudo como marido que entregó a su mujercita en la noche de bodas, creo que vamos a ser muy felices juntos, ¿qué te parece? – Sandra, soy el hombre que siempre quise ser, y tengo la mujer que merezco que hace lo que quiere donde, con quién y cuando lo quiere, y por eso te quiero.

Al rato estábamos rumbo a Jamaica. Una vez llegados lo primero que hice fue mirar a todos los machos que había disponibles y le dije:

- Luis, quiero que esta semana sea de lo mejor, así que buscaré un negro vergón, para sentir si es verdad lo que dicen de ellos. ¿Estás de acuerdo? – Claro que sí, lo que digas está muy bien.

A las 3 horas ya había encontrado el ejemplar que sería mi acompañante por una semana. Un negro con una soberbia verga que no se hizo del rogar. Luis se quedó en el bar del hotel mientras nosotros fuimos al cuarto.

¡Cómo me cogió ese muchacho!, ¡qué verga tenía!, no entraba en mi boca, y mi concha parecía que tenía algo que me llenaba toda y cuando me la metió por mi culo, pegué un grito que se debió haber enterado todo mundo, ya que casi me partió el culo en dos. Sí me lo partió ya que hasta me sangró y cuando terminamos fuimos al bar; yo caminaba con el culo abierto ya que no podía hacerlo normalmente. Al sentarnos, lo hice despacio y Luis me preguntó que qué me pasaba.

-Querido, te cuento que este Max tiene entre las piernas algo increíble y me reventó el ano, es por eso que me cuesta moverme.

Esa noche Max se vino a nuestra suite y se quedó toda la semana. Luis cuando le vio la tranca, se asustó de lo grande que era y me dijo que con semejante aparato me dejaría hecha una cacerola de lo grande que era.

- Mira cornudo, lo que haga con mi conchita y mi culo es cosa mía, a ti no te tiene que importar, lo único que debes cuidar es que yo sea quien goce y que esté feliz de hacerlo.

Luis tomó la leche del negro y le gustaba ya que él me llenaba tanto y me dejaba tan abierta que podía meterme bien adentro su lengua para limpiarla y succionaba para poder sacar más leche, ¡qué placer!

Todos en el hotel sabían que éramos recién casados ya que yo me encargaba de hacerlo saber y también que Luis era un grandísimo cornudo consciente, ya que hasta el gerente del hotel una noche nos invitó a cenar, y como soy una reputa perdida, de inmediato acepté.

En la mesa no sólo me decía lo buena que estaba sino que me tocaba las piernas y hasta llegó a meterme un par de dedos en la vagina que cuando estuvieron bien mojados los sacó, se los mostró a Luis y los chupó y dijo.

- ¡Qué buen sabor que tiene tu mujer!, lo miré a Luis sonriendo, y él dijo: – ¿Le gustó? Pues bien puede servirse más si lo desea ya que sólo quiero que mi mujer sea la más feliz del mundo.

Al rato estábamos los tres en la gerencia, y yo, mamándole la verga al gerente antes de que me la clavara, que así lo hizo a los pocos minutos, se vino muy rápido por lo cual me quedé muy caliente; así que al salir de allí le pedí a Luis que telefoneara a Max para que viniera a cogerme.

Por hoy queridos amigos, basta, espero que estén gozando de la historia de mi vida y que vayan aprendiendo a ser cornudos de verdad, ya que ustedes deben hacernos felices a nosotras y ustedes deben sentirse halagados al tener una puta en casa.

Autora: Sandra

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Me encantan las vergas, 7.5 out of 10 based on 12 ratings
  
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2 comentarios »

  1. josebru dice:

    Muy buen relato! Si te siguen gustando las porongas, avisame si algun dia vienes por Tucuman.
    Saludos.-

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  2. Candyboy dice:

    q rico sandra! sin te gustan tanto las vergas agregam para darte hasta el cansancio [correos NO permitidos en comentarios - eliminado por la administración R.M.]

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  3. Ghoete dice:

    Hola sandra, exelente tu relato, me encantaria poder escribir uno en donde tu seas la protagonista. Contactame que no te arrepentiras.

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