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ME FOLLARON A MORIR

4 de noviembre de 2007

Voy a comenzar aclarando, para todos aquellos que me lo preguntan y que se lo preguntan ellos mismos, que todos los relatos publicados son reales. Voy a seguir con una descripción mía y de los demás involucrados en esta historia. Primero tengo que decirles que tengo 20 años, de tez morena, pelo negro aunque me gusta teñirlo, ahora lo tengo de color más rubio, ojos marrones, no soy alta, pero tampoco baja, lo que menos me gusta de mí es mi cola, es un poco ancha y debería endurecerla como dicen algunos de mis amantes, mis tetas no son nada chicas, considero que son grandes para mi edad y mi estatura. Tengo un piercing en cada pezón, otro en el ombligo, uno en la lengua y algunos más en cada oreja. Un tatuaje en el cachete izquierdo de mi culo y otro en la espalda bajo la nuca.

Ya describí un poco a Raúl, mi suegro, que tiene 50 años, es grandote, fornido, con casi nada de panza, su pija es normal, tal vez un poco más de 20 cm y su semen es espeso. El cerdo, que en todos nuestros encuentros usa la máscara, tiene 53 años, es grandote, alto y gordo, con bastante panza y peludo, tiene el mejor pedazo, gordo y largo y su semen es muy espeso y acaba bastante.

Armando es el más elegante, no tan fornido, tiene 51 años, su verga es más bien larga, sus bolas enormes y afeitadas, su semen es también espeso y acaba bastante aunque no tanto como el cerdo. José es el más delgado, no tan alto, tiene 49 años, su verga no es muy grande, normal, curvada a la izquierda y su semen es más líquido. Antonio es el más chico y bajito, pelado, con poco pelo a los lados de la cabeza y tiene 50 años, su verga es como la de José, tal vez algo más chica y su semen es el más líquido de todos, bien líquido, pero acaba mucho. Todos están casados, tienen muy buenos trabajos, viven muy bien y yo soy su consentida.

Después de dos encuentros, el relatado antes y otro, me empezaron a llegar regalos a mi departamento. Un teléfono celular nuevo, lencería, vestidos, zapatos, un reloj, hasta una tarjeta de crédito. En una oportunidad fui a pagar el alquiler de mi departamento y el encargado de cobrarme, también encargado del departamento, me dijo que tenía tres meses pagados. Me sentía como lo que era en realidad; la putita de un grupo de viejos con plata. Las reglas o condiciones del “club” eran pocas, yo debía estar disponible cuando ellos me dijeran y debía hacer lo que me pidieran, yo aclaré que no quería nada de sadomasoquismo y lluvia dorada y el otro de esos y ellos me dijeron que me quedara tranquila, que a ellos tampoco les llamaba la atención.

La idea era que nos encontráramos una vez por mes, pero después de tres muy buenos encuentros en tres meses cambiaron a dos encuentros por mes y tal vez tres. Un día que estaba en la oficina Raúl me llamó y fui a verlo. Me dijo que estaban planeando un fin de semana en una casa de Armando, lejos de la ciudad. Que me iban a confirmar cuándo sería, pero que fuera pensando.

Llegó el día y me puse un vestido no ajustado y una tanga bien chiquita que consistía de dos tiras o hilos y un triangulito que cubría mi concha, sin corpiño. Me armé una mochila con algo de ropa y un abrigo. Tenía que esperarlos a tres cuadras de mi departamento para no llamar la atención. Pasaron por ahí a las 8:00 de la mañana, estaba un poco fresco y me puse el abrigo. Venían en una camioneta de esas todas cubiertas bien bonitas con vidrios oscuros, Armando, que manejaba, José a su lado y Raúl atrás. Y en un auto muy bonito también y nuevo venía manejando el cerdo y a su lado Antonio.

La camioneta venía adelante, Raúl me abrió la puerta y subí. Saludé a todos con besos y partimos de ahí. Cuando íbamos en camino me dio calor y me saqué el abrigo. Raúl y José aplaudían y me miraban las tetas. Habría pasado un poco más de media hora de viaje cuando Raúl se acercó a mí, me pasó un brazo por atrás de la cabeza y me agarró las dos

tetas con ambas manos. Él sonreía y yo me mordía el labio inferior. Mira esto, le dijo a José. José se dio media vuelta y veía cómo Raúl me agarraba las tetas, me las juntaba, las apretaba, las acariciaba desde abajo y así un buen rato. Yo estiré mi mano y busqué su bulto. Armando miraba por el espejo retrovisor, yo le sonreía. Mi suegro tenía un jogging y con una mano me las ingenié para bajárselo apenas. Raúl se dio cuenta de mi entusiasmo por su pedazo y me dejó de manosear las tetas, me empujó apenas de la cabeza para abajo para que le comiera el trozo.

-Ummm… y yo que no desayuné-dije mientras me agachaba y todos rieron a carcajadas.

Su verga estaba apenas poniéndose dura, sobre una de sus piernas. La tomé con una mano y la pajeé toda, lentamente, con una mano, de las bolas a la cabeza. La veía crecer y me enloquecía, me agaché más hasta ponerla en mi boca, pero sin bajarme del asiento. Enseguida empecé a mamarla muy lentamente acompañando las mamadas con una paja con una de mis manos, rozándola suavemente con mi lengua.

Raúl empezaba a gemir y me metía mano por atrás, en mi entrepierna encima de mi pantalón. Sentía una mano recorriendo mis muslos y adivinaba que era José. Esa mano subió por la pierna hasta meterse debajo del pantalón por el agujero de la pierna y me acariciaba el cachete del culo. Dejé de pajear a mi suegro y dejé la mano en la base cerca de las bolas, las acariciaba de vez en cuando y no dejaba de mamarla. Casi de repente la camioneta fue disminuyendo la velocidad hasta detenerse.

-Tenemos que comprar algunas cosas-dijo Armando.

José bajó inmediatamente después y yo me senté, me arreglé y salí junto con Raúl. Paramos en un mini market y al lado nuestro estaba el auto del cerdo. Cuando se bajó corrí un poco hasta él y me colgué de su cuello para saludarlo y darle un beso. Saludé también a Antonio y entramos. Era un lugar con bastantes cosas, muy variadas, con un tipo que atendía detrás de un mostrador y un par de compradores más allá. El del mostrador no me quitaba la vista de encima y miraba también a mis acompañantes. Armando compró algunas cosas para comer, yo me probaba unos lentes de sol y el cerdo me los vio, me preguntó si me gustaban, le dije que sí, me preguntó si quería que me los comprara y sólo le sonreí.

Fuimos al mostrador y los pagó, me puse de puntitas de pie, le di un beso en la mejilla y le dije, gracias papi. Él me tomó la cintura y bajaba su mano a mi culo. El tipo del mostrador me cacheteó el culo. Llegamos a una calle de tierra y más allá a un portón. Se acercó un tipo de seguridad, habló con Armando y abrió el portón. El tipo de seguridad se quedó parado ahí viendo cómo pasábamos. Cuando cruzamos comenzó una calle asfaltada y empecé a ver mucho verde, muy lindas casas. Dimos algunas vueltas por las calles hasta que llegamos a una entrada que llevaba a la casa de Armando.

Era grande y muy bonita, con un enorme garaje al que se llegaba por un caminito bien marcado. Detuvieron los vehículos y se empezaron a bajar. Armando abrió y José me tomó de la mano para acompañarme. Entramos y Armando se fue a la cocina, otros salieron y otros fueron al baño. José me soltó la mano y me quedé un rato mirando todo alrededor. Apenas se cruzaba la puerta el espacio se agrandaba, se abría en un estar con dos sillones grandes, largos y cuatro chicos, dispuestos contra las paredes. Esta sala estaba un poco más abajo que el resto de la casa con algunos escalones que separaban ese estar de la cocina, de la puerta y de un pasillo que llevaba a los dormitorios, a los baños y a un segundo piso. Al lado de la cocina estaba el comedor, muy grande también, con una barra dividiendo ambos lugares y con una mesa larga y otra redonda en la cocina.

Había un televisor enorme en el estar y otro en el comedor. Realmente estaba encantada con el lugar y me quedé admirándolo un momento. Después Armando y José salieron, Raúl venía del baño y me dijo que saliera. Cuando crucé una puerta-ventana de vidrio, que estaba en el comedor, ya estaba afuera, había una pileta y un inmenso parque, todo verde. Casi todos estaban en la churrasquera para hacer el asado (carne en una parrilla que se asa con las brazas del fuego), menos

el cerdo, que estaba sentado en una reposera al lado de la pileta. Sin pensarlo dos veces me saqué la remera, me saqué el short y me fui corriendo para tirarme a la pileta ante la ya atenta mirada de casi todos.

El agua estaba un poco fría, pero muy relajante. Nadé un poco mientras el cerdo se encendía un cigarrillo y Antonio venía de adentro y se sentaba al lado del cerdo. Después de un rato me aburrí y salí del agua mucho más fresquita. Me quedé parada para secarme con el sol y el aire un poco mientras todos me miraban y comentaban cosas.

El cerdo se movió un poco a un costado y me hizo una seña de que me sentara al lado de él. Me senté y le agarré lo poco que le quedaba de cigarrillo y me lo fumé. Me recosté en la reposera y él me abrazó y me llevó contra su pecho. Con la otra mano libre me empezó a masajear una teta. Yo estiré mi mano bajo su short de baño y masajee su verga hasta que se fue poniendo dura. Le apretaba los huevos y él se esforzaba por llevar su boca a mis tetas. Me senté en la reposera y le bajé el short. Agarré su verga con las dos manos y lo pajee. Él me acariciaba la espalda y buscaba mis tetas con la otra mano. Me tiré de cabeza sobre aquel hermoso pedazo, lo tenía con una mano y lo presionaba sobre el estómago del cerdo para comerme sus bolas.

Sentí sus manos en los cachetes de mi culo y sentí cómo corría la finita tanga que llevaba. Empecé a lamer y morder su pedazo y a apretar sus bolas. Con su fuerza característica me tomó de la cintura y no se cómo, pero me puso de tal manera que quedamos haciendo un 69 con su cara metida en mi entrepierna. Tiraba lengüetazos cortos y rápidos en mi clítoris que me arrancaron rápidamente unos gemidos.

Me metí su verga en la boca y empecé a babosearla toda y la fui mamando con la lengua pegada a el acomodaba la reposera desde atrás para quedar sentado. Cuando estuvo puesto el forro lo estiré y el cerdo me agarró de la cintura y me acomodó arriba de él. Puse mis rodillas a cada lado de la reposera y fui bajando con su verga en la mano hasta que entró. El cerdo pasó sus manos de mi cintura a mis tetas, sin levantar las manos, acariciándome todo el estómago y dejándome las manos en las tetas, una mano en cada teta. Las acariciaba suavemente, recorriéndolas todas, abarcando cada parte de ellas, hasta que en un momento las dejó debajo de mis tetas, pero agarrándolas, con cuatro de sus dedos bajo mis axilas y el dedo gordo debajo de mis tetas, como sosteniéndolas.

Así me masajeó los pezones y después me empezó a levantar de ahí para que su verga entrara y saliera de mi concha. Mis manos estaban en sus varoniles brazos y era él quien imponía el ritmo de las penetraciones. Me levantaba y su pija salía, no toda claro, me bajaba, no me dejaba caer, y su pija entraba toda otra vez. Así mantuvo el ritmo un buen tiempo hasta que la humedad de ambos comenzó a producir los primeros ruidos al yo bajar y subir por su pedazo. Dejaba de subirme y bajarme para dejar sus manos en mis tetas, acariciarlas, apretarlas, jugar con los pezones, estirarlos tirando de los piercings, agarrando cada teta desde abajo y apretarla.

Después volvía a subirme y bajarme y así un buen tiempo hasta que por fin me dejó abajo y él hizo unos movimientos pélvicos casi imperceptibles dándome a entender que había acabado. Me levantó del mismo lugar donde casi siempre tuvo sus manos y me dejó sentada a su lado en la reposera. Se sacó el forro y lo tiró a un costado, su pija estaba toda chorreada de semen por haber caído del condón.

Me levanté, caminé hasta la parte de los pies de la reposera y me subí en ella y gateando fui hasta su entrepierna. De cuclillas me dediqué a limpiar su pedazo. Con la lengua primero traté de recuperar el semen que había chorreado hasta sus bolas y así sin levantar la lengua de su pedazo iba hasta la cabeza, bajaba y subía. Antonio se levantó de la reposera de al lado y fue hacia atrás mío. Puso sus manos entre mis muslos y mis cachetes del culo y me levantó apenas y fue metiendo su verga lentamente en mi concha y así entraba y salía de ella ayudándose con sus manos en mi cadera.

De repente aceleró sus embestidas y yo me dediqué a abrir la boca y dejar la pija del cerdo dentro de ella para lengüetearla cuando Antonio me d

ejaba por sus penetraciones. Antonio se detuvo, dio unas embestidas más y sacó su verga de mi conchita. Saqué la verga del cerdo de mi boca, di media vuelta mi cabeza y vi a Antonio con la pija en una de sus manos y con la otra sacaba el forro y lo tiraba al césped. Acaricié un poco más la verga del cerdo y me levanté.

Me senté en el borde de la reposera y Antonio se acercó con la verga en su mano para que se la limpiara. La agarré con mi mano derecha, corrí el cuero para atrás y como todavía quedaba algo de semen, acerqué mi boca, saqué la lengua y sentí una gota de semen caer en ella. Sin meter la lengua en mi boca la acerqué a su pedazo y lo lamí y besé hasta dejarlo brillante por la saliva. El cerdo se había sentado en la reposera y se había pegado atrás mío para manosearme las tetas mientras le limpiaba el trozo a su amigo. Armando llamó a todos adentro porque la comida estaba lista y había que preparar la mesa. El cerdo y yo llegamos de últimos y todos ayudamos.

Yo seguía desnuda, sólo con la tanga puesta y todos me rozaban, me cache boca sin lamerla antes ni nada de eso. Armando estaba atrás mío con su pija en la raya de mi culo y una mano en una de mis tetas apretándola y la otra mano en mi entrepierna, por delante, abriendo mis labios vaginales con dos dedos y metiendo un tercero adentro de mi concha. Después subía a mi clítoris, lo acariciaba y lo friccionaba rápidamente y después lo volvía a acariciar suavemente provocando mis gemidos. Yo seguía con la pija de mi suegro en mi boca, friccionando cada vez más con los labios. Armando me decía al oído cosas como, qué linda chupa pija sos nena. Sos nuestra trolita nena. Sos toda una putita, una putita hermosa, con un terrible par de gomas.

Raúl me sostenía la cabeza apretándola contra su pedazo para que no me apartara de él. Soltaba su verga y su mano pasaba a mi otra teta, la acariciaba, buscaba el pezón, lo apretaba y tiraba del piercing. Armando dejó de meterme dedos en la concha y me empezó a pasar su verga durísima por toda la raya del culo, de arriba hasta abajo. Primero la pasó a lo largo y después la pasó con su cabeza pegada a la raya de mi culo. Raúl agarró su verga, se pajeó un poco y empezó a escupir semen en mi boca, agarrándome la cabeza para que todo su semen quedara dentro de mi boca.

Levanté mi cabeza, abrí la boca y le mostré a mi suegro su propio semen en mi boca y me volví a agachar sobre su pija, junté los labios como si fuera a besar y largué un poco de semen sobre el pedazo de mi suegro, tragué lo otro que quedaba en mi boca y rápidamente la abrí de nuevo para meterme su pija en la boca y limpiarla todo, incluyendo el poco semen que yo misma había tirado sobre ella.

-¡Ay! ¡Qué hija de puta! ¿Viste eso?-le preguntó mi suegro a Armando.

-Siiii… es una atorranta esta nena. Le gusta mucho ser nuestra trolita.

Armando salió de la pileta con la pija empalmadísima, Raúl se puso de pie, me tomó de una mano y me ayudó a salir.

-Déjame la cola-le dijo Armando a mi suegro.

Raúl se acostó sobre el césped y Armando me llevó hacia él. Raúl se pajeaba y Armando me llevaba de tal manera que me pusiera encima de él. Abrí mis piernas y las separé encima de él abriéndolas a cada lado suyo. Armando me hizo arrodillar y después me fui acercando a la verga de Raúl que todavía la sostenía con una mano. Me levanté apenas y volví a bajar sobre su pija que se abrió paso fácilmente a través de mi conchita.

-Ummm… está calentita-dijo Raúl haciendo referencia a mi concha.

Me moví un poco de arriba abajo y sentí la mano de Armando en mi espalda, que me empujaba apenas hacia adelante inclinándome sobre mi suegro. Todo esto se hacía muy lento mientras la verga de Raúl parecía seguir ensanchándose dentro de mi concha. Al sentir esto yo le sonreía. El tenía sus manos sobre mis muslos y los acariciaba, de ahí pasaron a los cachetes de mi culo, puso sus dedos cerca de la raya de mi culo y fue abriendo separando mis cachetes. Yo giré mi cabeza para ver y vi a Armando con su verga en la mano acercándose a mi culo, estaba de rodillas entre las piernas de Raúl. Puso lentamente la cabeza de su pija en el agujero de mi culo y

fue empujando lentamente. Grité muy fuerte, aahhhhhyyyyyyhhhhh y él la sacó. Volvió a meter solo la cabeza y me preguntó, ¿sigo nena?, me tomé un segundo para contestar y le dije, si papi, pero despacio.

Y la fue metiendo muy de a poco. Yo seguía gritando y cuando los gritos eran muy fuertes él se detenía, manos en mis muslos y los subía a mis tetas, me acariciaba los pezones para calentarme y que me olvidara a pasar un poco el dolor. Después de unas cuantas penetraciones de ambos sentí que me acostumbraba y que el masajeo de mi suegro sobre mis pezones y las penetraciones de ambos me daban un gran placer. Raúl se detuvo por un momento, dejó de penetrarme y Armando aprovechó para cogerme el culo. Tenía su pecho sobre mi espalda y yo estaba cada vez más cerca del pecho de Raúl. Las penetraciones de Armando hicieron que por fin cayera sobre el pecho de mi suegro. Yo intercambiaba entre gritos y gemidos muy fuertes.

-Ahhhhgggg…uuuumm…ahhhhh…aaghhhh…ummm…siiii.

Raúl empezó a moverse de nuevo con leves movimientos pélvicos. Los tres estábamos produciendo un coro de gemidos. Mis gritos y gemidos fuertes apenas sobrepasaban sus gemidos roncos y ásperos. Varios minutos así y ya todo era goce. Sus movimientos parecían acompasarse, parecían turnarse para entrar y salir de mis agujeros.

-¿Intentamos llenarla al mismo tiempo?-le preguntó Raúl a Armando y ambos se detuvieron.

-Hoy me tocaba llenarla a mí-le dijo Armando a Raúl.

-Ya se, pero que se lave después, que se quede un buen rato tranquila. Igual mañana también podés llenarla todo el día-charlaba mi suegro con Armando mientras yo seguía en el medio de los dos.

-Bueno, está bien-contestó Armando.

Armando volvió a penetrarme hasta que le dijo a Raúl, ummm… voy llegando, entonces Raúl empezó a moverse lentamente. Un poco más de tiempo así y Armando dijo voy, y Raúl repitió lo mismo. Menos de un segundo después Armando empezó a largar semen en mi culo y aún menos tiempo después empezó Raúl a llenar mi concha con su semen. Una especie de triple gemido-grito muy fuerte nos unió tanto como las acabadas. Después yo también empecé a tener un tremendo orgasmo que no podría compararlo con algún otro. Después de terminar su acabada Armando se tiró encima de mí y quedamos los dos sobre Raúl que tampoco se movía. Después de un rato ambos reaccionaron con insultos y halagos hacia mí como era costumbre. Armando se levantó, quedando de rodillas y fue sacando lentamente su pija de mi orto.

-Tenés que ver esto. No sabés cómo le sale la leche del culo a esta pendeja-le decía a Raúl.

Cuando su verga estuvo toda afuera se puso de pie y me ayudó a mí a ponerme de pie. Me fui levantando y la leche caía de mi concha sobre la verga de Raúl que se empezaba a teñir de blanco. Nos quedamos los tres un rato parados, yo abrí las piernas y el semen seguía saliendo de mi concha. Desde atrás Armando abría mi culo y lo llamaba a Raúl para que viera su semen en mi orto. Ninguno de los dos dejaba de sorprenderse. La leche de mi suegro empezaba a bajar por mis piernas. Armando me empezó a dar un par de cachetadas en el culo.

Después de un rato Raúl se tiró al agua, yo lo seguí y después se tiró Armando. Armando se me acercó por atrás mientras salía de abajo del agua y me preguntó si estaba bien. Más que bien papi, le contesté sonriendo y me besó apasionadamente. Disfrutamos un rato más del agua y salimos. Nos sentamos un rato en las reposeras y después nos fuimos adentro. José y Antonio estaban en uno de los sillones grandes enfrente del televisor, viendo algo de deportes. Los tres fuimos hasta ellos.

-No saben cómo la llenamos a la nena-les dijo Armando.

-La llenamos al mismo tiempo por atrás.

Antonio me acarició una teta mientras su otra mano seguía en mi muslo e iba subiendo de a poco, lentamente hasta llegar a mi entrepierna y volvía a bajar y volvía a subir acercándose cada vez a mi conchita y a la tanga, pero sin terminar de llegar. José era el más detallista, yo veía como daba lengüetazos a mi pezón, como si disparara con su lengua, lamidas cortas y seguidas, de lado a lado y de adentro hacia afuera de su boca. También lo a

pretaba apenas con los dientes y tiraba despacio, agarraba el piercing con los dientes y también tiraba de él. Lamía todo el pezón y subía recorriendo en círculo mi teta para después morderla apenas y babearla toda.

Antonio sólo daba lamidas y chupaba mi teta, le daba más atención a su mano en mi entrepierna que de a poco iba acercándose a mi concha hasta tocarla apenas con los dedos. Yo abría las piernas casi instintivamente porque estaba disfrutando mucho de todo eso y me sentía casi perdida. Cuando Antonio ya había corrido mi tanga a un costado y empezaba a pasar sus dedos por mis labios vaginales apareció al lado de él el cerdo, que recién se levantaba. Se sentó un rato y veía tele y nos veía a nosotros. Después se puso de pie y dijo, me voy a dar un baño.

-Te acompaño papi-le dije.

Me puse de pie y lo seguí. Tenía ganas de darme una ducha. El se desnudó y se metió debajo del agua. Yo me metí y él me empezó a jabonar por todas partes, sin dejar un sólo lugar sin tocar con el jabón. Le dije lo que habíamos hecho con mi suegro y Armando afuera, cerca de la pileta, lo mucho que me había gustado y lo mucho que me había dolido también, sobre todo al principio. Estuvimos como una hora más o menos ahí hasta que salimos. Me puse otra tanga y una camisa suya que me quedaba bastante larga, bastante más abajo de mi culo.

Cuando llegamos a la sala todos nos fuimos al comedor. Nos sentamos en la mesa y comimos algo dulce, café, mate, ese tipo de cosas. Yo estaba sentada en las piernas del cerdo. Antonio se paró y trajo un mazo de cartas y nos pusimos a jugar a algunas cosas. Después de un buen rato jugando, tomando algo fresco y riendo bastante el cerdo propuso otro juego. Nos paramos todos y fuimos al living, al estar. El cerdo me puso un pañuelo en los ojos y explicó el juego.

Iban a pasar de a uno y yo tenía que adivinar de quién era la verga que tenía en mi mano primero y en mi boca después. Con la mano era más fácil, podía tocarla y acerté cada una de las pijas que agarré. Después con la boca tenía que descubrir de quién era usando la boca como si fuera el tacto. Me costó un poco más de esta manera y confundí la verga de Antonio con la de José. Después de nuevo con la boca, pero esta vez tenía que adivinar de quién era por el sabor, es decir por medio del sabor de cada pija. Ahí sólo acerté la del cerdo y la de mi suegro Raúl. La del cerdo porque su sabor y su olor son inconfundibles, son fuertes y la de mi suegro porque estaba acostumbrada a ella.

Fue bastante entretenido y reímos todos al final cuando Armando preguntó quién había ganado y José dijo que todos. Después de eso, como estaba sentada en el sofá, Raúl me empujó apenas para atrás. Quedé recostada con la cabeza entre el espaldar y el apoya brazos del sofá. Abrió mis piernas y empezó a penetrarme. Se movía con todo, muy rápido, tenía una mano apoyada en el espaldar y la otra la tenía sobre una de mis tetas. Los demás miraban y animaban sus pijas para ser los próximos. Antonio seguía manoseando mis tetas y estiraba otra mano hacia mi cola. Con un dedo recorría toda la raya de mi culo desde el principio hasta que llegaba abajo a mi concha, volvía a subir y se quedaba en el agujero de mi culo metiendo apenas la punta de un dedo.

Con la verga de José en mi boca gemía como podía. Armando se subió a la mesa y me empezó a penetrar. José estiraba una mano y agarraba una de mis tetas. Antonio se pajeaba bien lento con una mano en mi otra teta. Armando daba largas embestidas y lentas. Me agarraba el culo, me lo manoseaba, como si me lo estrujara y acariciaba mis piernas sin dejar de penetrarme. Enseguida la humedad de mi concha comenzó a generar el ruido lógico al chocar Armando contra mí. Aceleró un poco su ritmo. José me agarró de la cabeza con ambas manos y me cogía la boca. Aprovechaba las embestidas de Armando que me llevaban hacia adelante para cogerme la boca, pero también hacía un movimiento.

No faltó mucho para que descargara el semen de sus bolas en mi boca. Cuando empezó a largar semen me metió la pija bien adentro para que tragara todo el semen. Armando seguía con sus embestidas firmes, José sacó su pija de mi boca y se sent&o

acute;. Unas penetraciones más y Armando también vació sus bolas, pero en un forro. Sacó su verga de mi concha y se sacó el forro tirándolo después en el piso. José se puso de pie y se fue hacia atrás mío. Se arrodilló arriba de la mesa y comenzó a besarme todo la espalda hasta llegar a los cachetes de mi culo. También me besaba en la boca y volvía a bajar recorriendo toda mi espalda con una mano en mis tetas, manoseándolas como podía, tirando de los piercings.

Después se apartó un poco, se puso un forro en la verga y me fue penetrando despacio hasta perder su pija dentro de mi concha. Me tomó del pelo y se sostenía de ellos haciendo movimientos pélvicos para penetrarme. Mis gemidos no tardaron en llegar y sus insultos me provocaron aún más placer.

-¡Que putita sos nena! ¡Cómo me gusta clavarte!

Antonio se paró frente a mí con su verga en la mano, seguía pajeándose y sin avisar empezó a largar semen en mi cara. Su leche empezó a caer de mi rostro lentamente después de un ratito, mientras José seguía entrando y saliendo de mi concha. En el momento de mayor placer, con el semen de Antonio en mi cara, José tomándome del pelo y penetrándome a la vez que me seguía diciendo cosas, golpearon la puerta. Todos se vieron sorprendidos. José dejó de penetrarme, pero Armando se puso de pie como si nada y fue hasta la puerta. Miró por la mirilla de la puerta y abrió. No creo que haga falta que les diga que estaba desnudo y que desde la puerta se podía ver toda la escena; una chica joven desnuda arriba de una mesa en cuatro patas con un tipo de casi 50 años atrás suyo y otros tres tipos sentados en los sofá. El diálogo que se alcanzó a escuchar fue más o menos este.

-Hola Ricardo, ¿qué andas haciendo?-preguntó Armando.

-Acá andamos. Estaba al lado y Pablo (hijo de Ricardo, vecino allí de Armando) dijo que había sentido ruidos esta tarde en tu casa. Yo lo dejé pasar, no me imaginé que ibas a estar acá porque no nos dijiste nada, pero hace rato vi luz y pensé que sí estaban, pero ahora veo qué hacen.

Armando se movió un poco y le dejó paso a Ricardo, que entró en la casa. Desde las escaleras de la sala saludó a todos y todos le devolvieron el saludo.

-Ella es Carolina, le decimos la nena, y coge por donde sea, mama como una diosa.

Se sacó el forro y se pajeó un poco. Mientras se pajeaba con una mano me empujaba con la otra tirándome para atrás, afirmé las manos en la mesa detrás de mi espalda y José apuntó con su pija a mis tetas y en un par más de pajeadas empezó a largar leche sobre mis tetas, en el medio de ambas y un poco en cada una de ellas. Con una sonrisa en mi rostro veía como tiraba el cuero para adelante y daba repentinos movimientos con su mano sobre su verga que hacían que las últimas gotas de semen cayeran sobre mi pecho. Armando y Antonio se pararon, prepararon algunos tragos y con Raúl preparamos unas pizzas entre chistes y manoseadas a mi cuerpo. Vimos algo de televisión mientras comíamos y tomamos tragos bastante fuertes.

Después de comer y ver un buen rato tele, le chupé la pija a Raúl que estaba sentado al lado mío. Seguía sentada y sólo me acomodé de costado para mamar su verga. Antonio se acercó por atrás y me masajeó el culo, me lo apretó, me lo mordió un poco. Raúl tiraba su cabeza para atrás afirmándose en el espaldar del sofá disfrutando con la mamada que le estaba dando y metía una mano por debajo mío entre mis tetas y el sofá para agarrar una de mis tetas. Antonio me acariciaba el muslo y se puso detrás de mí, me paró apenas el culo, abrió los cachetes de mi culo y fue metiendo lentamente su pija. Una vez adentro empezó a sacarla y meterla despacio, abriendo los cachetes de mi culo y apretándolos también. Una mano de mi suegro se puso en mi cabeza, acompañando los movimientos de mi boca para chupar su verga.

Lo pajeaba rápido y le daba lamidas, rozando su pija con el piercing de mi lengua, y mamadas con los labios. Antonio sacó su pija de mi culo antes de acabar y me corrió del sofá para que me quedara arrodillada en el piso con la pija de mi suegro todavía en la boca. Antonio tomó mi mano libre y la puso sobre su pija. Lo pajeé un poco y despu

és dejé de chupar la verga de Raúl para correrme apenas al lado y meterme la pija de Antonio a la boca. Pajeaba a Raúl y comía la húmeda pija de Antonio y me cambiaba para comer la verga de mi suegro y pajear a Antonio y así seguía.

Ellos se debatían en gemidos y yo disfrutaba de sus vergas calientes y cada vez más húmedas. En un momento cuando estaba comiendo la pija de Antonio, éste se irguió despegando su espalda del espaldar del sofá, me tomó de los pelos, me tiró la cabeza para atrás y apuntó su verga a mis tetas vaciando todo el semen sobre ellas. Yo sonreía, me mordía el labio inferior y sacaba la lengua sin perderme detalle de su acabada en mis tetas, sin soltar la pija de Raúl. Cuando dejó de largar semen me soltó el pelo y me tiré de cabeza sobre la pija de Raúl.

-¡Qué hija de puta esta pendeja! ¡Cómo te la come!-decía Antonio.

Yo apresuraba las pajeadas sobre la verga de mi suegro y al bajar mi mano bajaba mi boca acompañándola, apretaba bien fuerte los labios sobre su pedazo para provocar la mayor fricción y acelerar la salida de su semen. No tardó en dar resultados. Raúl puso una mano en mi cabeza y con la otra agarró su verga, sosteniéndola, soltó todo un caudal de semen en mi boca que infló mis cachetes.

-Ahhhhh….. Aaaaggghhh…ufff….ummm….aahh-gemía Raúl.

Cuando sacó la mano que sostenía mi cabeza lo miré, le sonreí con los cachetes inflados por su semen, me hice para atrás y abrí apenas mi boca para dejar caer su semen de a poco en mis tetas donde todavía quedaba leche caliente…

Autor: Carolina k_ro_quiroga_84 (arroba) yahoo.com.ar

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