La polla entraba y salÃa en el chumino de mamá como un resorte, su bien lubricado chocho presagiaban una corrida cercana. Cuando comenzaron los primeros estertores aceleré al máximo el ritmo del metisaca y comencé también a bombear leche dentro del chocho de mamá. Ella ya, en plena corrida, era una lección viviente de la inmensa satisfacción de un polvo bien metido.
Cierto dÃa me llamó Luis, un amigo de la familia. Me dijo que su padre estaba organizando un baile de disfraces y que aquello iba a ser una gran bacanal. Me invitó a asistir, no al baile que solo era para parejas amigas de los organizadores, sino a estar con él en el centro de seguridad del edificio donde se iba a celebrar el baile.
Resulta que este señor, el padre de mi amigo Luis, tenÃa alquilado un edificio industrial en los alrededores de Madrid y se le quedó desocupado y antes de volver a alquilarlo quiso organizar un gran baile de disfraces. Ellos eran amigos de mis padres pero se separaron y el padre de Luis se casó con una chica casi de nuestra edad, de modo que la amistad que tenÃan nuestras familias se fue distanciando poco a poco.
Luis se iba a hacer cargo de la garita de seguridad que estaba situada en el último piso del edificio, para controlar las cámaras de seguridad repartidas por el edificio, por si alguien se sobrepasaba o sucedÃa alguna incidencia, y a eso me invitó. Bueno, no solo a vigilar las cámaras de seguridad, sino además se habÃa hecho con dos disfraces y me propuso que por turnos, cuando la bacanal estuviese en su apogeo, nos bajásemos a los pisos a follarnos a quien pudiésemos, porque me aclaro:
-Lo de los disfraces no es más que para que no los reconozcan, porque a lo que vienen es a follar.
Y como a eso de las 11 de la noche comenzaron a llegar los invitados. El padre de Luis estaba en la recepción de la planta baja, dando la bienvenida a todos los participantes. Bueno, quizás también estaba para controlar que nadie se les colara, porque habÃan organizado todo con mucho detalle.
Los coches directamente a las plantas de garaje y se accedÃa por las escaleras. HabÃan desconectado los ascensores, y en la planta baja control por parte del padre de Luis y después a pasar por un vestidor, donde la joven esposa del padre de Luis y otra señora les proporcionaban un disfraz a cada asistente y ya luego, disfrazados e irreconocibles porque el disfraz incluÃa una mascara veneciana obligatoria para todos, se subÃa a las plantas. La primera, bien iluminada donde habÃa camareros para ofrecer bebida y comida, la segunda, a media luz donde solo habÃa sillones y una pista de baile y la tercera, casi a oscuras que estaba bien surtida de sofás.
Bueno, el edificio aún tenÃa una cuarta planta donde Luis y yo por la tarde habÃamos colocado unos biombos y subido los sofás más cómodos que habÃa en el edificio y una quinta planta donde sólo estábamos nosotros en la cabina de seguridad controlando las cámaras. Luis pretendÃa subirse a la cuarta planta a su madrastra amparado en el anonimato que le proporcionaba su mascara y me ofreció que yo hiciese otro tanto con alguna señora que me gustase, para eso estarÃamos muy atentos a los vestuarios para ver quien entraba y cómo salÃan vestidas para luego ir sobre seguro.
En eso andábamos cuando Luis me avisa sorprendido que mi padre estaba entrando en la fiesta.
-Y tu madre también, mÃrala en esa cámara- me dice señalándome una pantalla donde se veÃa a mi madre risueña entrando en la recepción. -Vienen a follar- apostilla Luis mientras yo estaba alucinado viendo a mi madre entrando en esta bacanal. -No jodas, cómo va a venir mi madre a follar- le dije un tanto incrédulo por lo que estaba viendo: mi madre sonriendo dejándose besar y abrazar muy cariñosamente por el padre de Luis.
Como comprenderán, desde que mi madre entró en el edificio, mi atención sólo se centró en ella. No me podÃa creer que mi madre viniese a que se la follasen. Seguramente venÃan de invitados y ver lo que habÃa, pero cuando llegase el momento seguro que mi madre no follaba, aunque Luis desde ese momento no hacÃa más que incitarme ofreciendo alternativas que ninguna me convencÃa:
-TÃo, ya sabes, o te la follas tú o se la folla un desconocido. -Que no tÃo, que no, que mi madre no viene aquà a follar, ya verás como no participa en la bacanal.
Le decÃa sin apartar ojo a las cámaras para ver todo lo que hacÃa mi madre, porque no las tenÃa todas conmigo.
-Bueno, tu piensa lo que quieras, pero estate atento, porque como no andes listo, te la piÃlla un desconocido y se la folla delante de tus ojos.
En eso si que le hice caso, estaba atento a cualquier movimiento de mi madre y la verdad es que la cosa no pintaba nada bien, porque amparada en su disfraz y en su anonimato, mi madre estaba de lo más animada. En la planta primera pasó como un rayo, nada de beber o comer, enseguida la vi encaminarse a la segunda planta, donde la música, el baile y los sofás a media luz parecÃa le llamaban más la atención.
Pude contemplar atónito como bailaba con un desconocido y como se pegaba a su cuerpo. No crean que era el desconocido quien la magreaba, era ella la que magreaba al desconocido. La vi como otro desconocido la arrimaba contra una pared y la restregaba a fondo. La estaban metiendo mano descaradamente, lo que Luis aprovechó nuevamente para ponerme en alerta:
-TÃo, baja a por ella que te la follan. Fóllatela tú antes que te la folle un desconocido. -Pero estás loco, cómo me voy a follar a mi madre. TÃo que es mi madre, no es como tu caso que es tu madrastra.
-El loco eres tú como no aproveches y dejes que se follen a tu madre delante de tus ojos sin hacer nada. Una ocasión como esta no se presenta todos los dÃas, te vas a estar arrepintiendo toda la vida de no haberte decidido.
En esas estaba Luis, alertándome y animándome a que me fuese a follar a mi madre, cuando di un salto del sillón y salà disparado hacia las escaleras. Un desconocido se estaba llevando a mà madre hacÃa la planta tercera donde sólo se subÃa a una cosa: a follar.
Los pillé cuando ya la tenÃa tendida en un sofá y las bragas por entre las rodillas. Joder si me descuido un minuto ya no habÃa remedio, porque estaba a punto de metérsela.
Al verme el tÃo se quedó un tanto sorprendido. Yo me acerqué a él y le dije al oÃdo: es mi esposa. Él sólo dijo: perdone, y me la dejó en el sofá, con las faldas levantadas, las bragas por las rodillas y llena de ansiedad a la vez que musitaba: quién me la va a meter.
Yo la agarré entre mis brazos y diligente me la llevé en volandas hacia el piso de arriba, donde por la tarde habÃamos preparado Luis y yo unos apartados para follarnos a alguna señora, pero era a mi madre a quien me estaba subiendo.
-Dónde me llevas- preguntó mi madre abrazada a mi cuello y entre mis brazos. -A follarte cielo, te llevo a follarte. – Le dije con voz ronca y con un marcado acento francés. Se me daba muy bien imitar voces y por supuesto mi madre no me reconoció. -Estoy muy cachonda- me dijo toda melosa y como aprobando mi decisión.
Hasta ese preciso instante yo no habÃa asumido que me iba a follar a mi madre. Actué de manera compulsiva, sin meditar mis actos, pero la situación era la que era: mi madre querÃa que se la follasen y era yo quien la estaba subiendo hacia un apartado donde tenÃa preparado un sofá amplio y cómodo para hacerlo.
La deposité con mimo sobre el sofá y la abracé con pasión. Le busqué afanosamente las tetas y se las acaricié con fogosidad. Empezaba a asumir que me estaba follando a mi madre y me puse a cien. No me lo podÃa creer, le estaba acariciando las tetas a mi madre, a la vez que le bajaba las bragas y dejaba su chochito al aire.
Me encaramé encima de ella, le abrà ligeramente las piernas, me saqué la polla y sin pensármelo se la comencé a meter. Cuando noté que ya se la habÃa metido a mi madre, me puse súper excitado, la polla parecÃa que no dejaba de crecerme dentro del chochito de mamá y mi calentura iba a más. Nunca en mi vida me habÃa excitado tanto metiéndosela a nadie, pero claro, nunca antes se la habÃa metido a mi madre. El morbo que sentÃa en ese momento era apoteósico.
Ella en cambio estaba relajada, disfrutando del lugar, del momento y del desconocido que se la estaba metiendo. Utilizaba el chochito con maestrÃa, lo abrÃa cuando se la metÃa y lo contraÃa cuando se la sacaba. Era evidente, más allá de cualquier duda razonable, que no era la primera vez que mi madre follaba fuera del matrimonio, pero la pasión con la que yo se la estaba metiendo, terminó haciendo mella en ella y comenzó a jadear, primero tÃmidamente y después expresivamente.
Jadeaba cada uno de mis envites y los acompasaba a las envestidas de mi polla en su chocho. Estuvimos disfrutando de un apasionado metesaca durante un buen rato y la cosa no dejaba de ir en crescendo. Al rato noté que todo el cuerpo de mamá se iba tensionando. Las manos, los brazos, las nalgas, el vientre y por supuesto el chocho. ParecÃa inminente una corrida descomunal.
Yo aceleré ligeramente el ritmo del metesaca a la vez que subÃa la polla cuanto podÃa para excitar los más posible su clÃtoris, pero mamá era una maestra en esto del follar y se fue amoldando progresivamente a lo que estaba a punto de suceder: una explosión de placer se estaba gestionando en su chocho. La polla me entraba y salÃa en el chumino de mamá como un resorte, la intensidad era manifiesta, sus gemidos también lo eran, sus contracciones, su Ãmpetu mezclado con la suavidad de su mojado y bien lubricado chocho presagiaban una corrida cercana.
Cuando comenzaron los primeros estertores aceleré al máximo el ritmo del metesaca y comencé también a bombear leche dentro del chocho de mamá. Ella ya, en plena corrida, era una lección viviente de la inmensa satisfacción de un polvo bien metido. Se retorcÃa, babeaba, gemÃa, pero en ningún momento dejó de aprisionar mi polla dentro de su chocho. Creo que tuvo orgasmos de todos los niveles y sensaciones. Estuvimos abrazados y recuperando la respiración al menos diez minutos sin decir absolutamente nada.
Al rato ella se incorporó ligeramente y tanteó para buscar sus bragas. Mientras se las calzaba me dijo algo que nunca olvidare:
-Nunca nadie me ha follado con tanta intensidad. Seas quien seas tienes que follarme otra vez- a la vez que me informaba de su número de teléfono.
-Prométeme que me llamaras y que volverás a follarme- me pidió casi implorándome.
-Te lo prometo. Te volveré a follar.
Y asà me despedà de ella en aquella bacanal que se organizó como baile de disfraces y en la cual, inopinadamente, me follé a mamá de una manera casi, casi demencial, pero la pasión habÃa calado en mÃ: Me morÃa de ganas de volver a metérsela a mamá.
Los dÃas siguientes fueron muy tensos para mÃ. Yo veÃa a mamá de los más contenta y risueña y yo me mordÃa reprimiendo mis ansias de tirármela nuevamente. Un dÃa, apenas transcurrida una semana la llamé y le dije que me morÃa de ganas de volver a verla. Ella se derretÃa hablando conmigo, por supuesto ocultaba mi voz detrás de un fingido acento francés y voz ronca.
Me citó para la tarde del dÃa siguiente. Le dije que por mi parte no habrÃa problema y me quedé a la expectativa de donde me iba a citar. Me entró nerviosismo pensando si mamá tendrÃa más o menos organizadas sus aventuras sexuales fuera del matrimonio, y en efecto las tenÃa. Me citó en un chalet en una urbanización próxima a la ciudad. Era de una amiga de ella, viuda, que por supuesto yo conocÃa desde niño.
Al llegar a la urbanización me puse como un flan de nervioso, pero aquà estoy, dispuesto a entrar, darme a conocer a mamá como su amante del disfraz y follármela tan intensamente como la primera vez. Ya les contaré.
Autor: Pancho Alabardero
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