Mi suegra Julia, era una mujer muy bella para sus 53 años, llevaba viviendo con nosotros 5 meses desde la muerte de su esposo, mi esposa es la hija menor y quiso atender a su madre después de que quedara sola sin su marido, más que a la muerte de su padre su madre entró en una crisis nerviosa que hacÃa que tuviera que estar con compañÃa durante el dÃa, sus nervios estaban muy sensibles. Asà fue como a las dos semanas mi esposa decidió traerla a casa para "atenderla" mejor.
Mi esposa es una mujer joven de 21 años, se podrÃa decir que en muchas cosas es aún una niña desarrollada, su ternura e inocencia fueron parte de las cosas que hicieron que me enamorara de ella, posee un cuerpo muy bien formado con pechos pequeños y trasero redondo y firme. Pero a pesar de su edad mi suegra posee un cuerpo realmente cautivante, posee unos pechos que según se aprecian a través de sus ropas son firmes y grandes, y un trasero grande y redondo con caderas muy apetecibles, es una mujer que la madurez ha pronunciado aún más esa belleza que sólo los años dan a una mujer como ella. Yo tengo 23 años y sin ser un guapote, tengo buena pinta y sobre todo una buena verga de 19 cm de largo y bastante gruesa.
Como les decÃa mi suegra cuando se vino a vivir con nosotros estaba bastante afectada por la muerte de su esposo, asà que mi esposa la consentÃa en todo lo que podÃa, y yo trataba de apoyar a mi mujercita en lo que hiciera por hacer sentir bien a su madre. Durante las primeras semanas no tuve ningún problema en aceptar los cuidados de mi mujer hacia su madre, (mi suegra), pero con el pasar del tiempo mi mujercita empezó a descuidar sus atenciones conmigo por su madre, fue asà como nuestras sesiones de sexo se fueron haciendo cada vez más escasas, hasta llegar el punto de hacerlo una vez cada semana o cada dos semanas.
Yo siempre he sido un hombre muy caliente y esta abstinencia por parte de mi mujer estaba logrando que pasara todo el dÃa con una erección tremenda. Asà con el pasar del tiempo mis deseos sexuales iban en aumento mientras que la rabia hacia mi suegra, la mujer que acabó con mi vida Ãntima con mi mujer también crecÃa. Dos meses después de su llegada una tarde en que mi mujer necesitaba salir a hacer unas compras me dijo que estuviera pendiente de su madre, yo le dije que estaba bien, que yo estarÃa pendiente de lo que mi suegra necesitara. Me dijo que su madre se habÃa recostado un rato.
Como a la hora de estar solo viendo televisión, empecé a escuchar unos ruidos que provenÃan del cuarto de mi suegra, me acerqué despacio y abrà la puerta lentamente para no asustarla, cual fue mi sorpresa al entrar en la habitación, mi suegra la madre de mi esposa permanecÃa dormida sobre su cama pero su bata estaba entreabierta y una de sus manos permanecÃa metida entre sus muslos, mientras que la otra sobre uno de sus senos que estaban libres bajo la bata, fácilmente se notaba que no traÃa sostén, y sus grandes senos yacÃan libres bajo su bata, la visión de esta escena hizo que mi verga se pusiera erecta casi de inmediato pidiendo salir de su encierro dentro de mi pantalón, como les habÃa dicho mi suegra es una muy hermosa y deseable para su edad, asà que como verán fue fácil poner mi verga en pie de guerra.
Mientras mi suegra dormida tenÃa su mano sobre sus muslos internos gemÃa suavemente, y su respiración era entrecortada. Ver a mi suegra asÃ, la mujer que habÃa provocado mi decadencia sexual con mi mujer hizo que quisiera vengarme en ese mismo momento, por lo que armándome de valor bajé el cierre de mi pantalón y dejé libre mi verga que estaba a punto de reventar, me acerqué a la cama y muy despacio empecé a acariciar los muslos de mi suegra desde las rodillas fui subiendo hasta sus muslos y despacio acaricié sus muslos internos rozando apenas sus labios vaginales con mis dedos, la sensación era realmente increÃble sentir la suavidad de su piel y su calor interno me pusieron aún más excitado.
Entonces mie
ntras con una mano acariciaba sus muslos con mi otra mano empecé a masturbar mi verga me masturbaba despacio queriendo seguir el ritmo de mi mano en sus muslos, ella se movió un poco inconscientemente dejándome ver su gran vagina grande y con pocos vellos, sus labios vaginales eran maravillosos apenas para ser chupados, acerqué aún más mis dedos a su raja y toqué esos labios maravillosos, calientes y húmedos, ella gimió, yo mientras tanto yo masturbé mi verga aún más fuerte, cuando sentÃa que me semen iba a ser expulsado acerqué mi verga a su rica raja y descargué todo mi semen acumulado durante tantos dÃas sobre su vagina húmeda. Inmediatamente retiré mis manos de sus muslos y con cuidado de no despertarla bajé su bata hasta cubrirla, ella no despertó, yo guardé mi verga dentro del pantalón y salà de ahà directo al baño a limpiar los restos de semen en mi mano.
Esa noche cuando me acosté junto a mi esposa no hacÃa otra cosa que recordar lo sucedido esa tarde con mi suegra dormida, recordaba su vagina húmeda y grande y mi verga de nuevo se puso dura. TenÃa que buscar la oportunidad de repetir lo que habÃa hecho ese dÃa y quizás avanzar más.
Pasaron algunas semanas y mi suegra empezaba a recuperarse, ya comÃa con nosotros en la mesa principal y a pesar de estar aún muy triste por la pérdida de su marido, empezó a relacionarse más con mi esposa y conmigo. Lo único que no habÃa querido abandonar aún era su ropa negra de luto, decÃa que era una forma de honrar la memoria de su difunto marido. Sus vestidos eran largos y conservadores, pero denotaban su fenomenal cuerpo debajo de ellos. Fue entonces cuando decidà poner en práctica algún plan para cogerme a la madre de mi esposa, mi esposa empezó a asistir a unas reuniones comunales para la ayuda mutua entre vecinos los sábados en la tarde por lo que mi suegra y yo nos quedábamos solos en casa.
En una ocasión aprovechando que mi suegra estaba en su habitación, fui al cuarto de baño, me desnudé y me duché, pretendiendo haber olvidado la toalla de baño llamé desde el baño a mi suegrita, la cual escuchó mis llamados desde el baño, tÃmidamente se acercó a la puerta del baño y me dijo que si necesitaba algo, a lo que respondà que habÃa olvidado la toalla y que por favor me alcanzase una del cuarto de mi esposa y mÃo.
Ella me dijo que estaba bien que ya iba, cuando tocó la puerta de nuevo le dije pase, y ella entró en ese momento aproveché para abrir la cortina de la ducha no del todo pero si lo suficiente para que sin esfuerzo pudiera ver mi verga que de la emoción estaba muy erecta, ella se acercó y me dio la toalla , yo le respondà que gracias mientras ella rápidamente salÃa del baño, sé que sà vio parte de mi verga porque cuando se acercó a entregarme la toalla pude ver cómo su mirada iba directamente a la parte de la cortina que medio cubrÃa mi verga. Yo me masturbé furiosamente recordando la cara de mi suegra al ver mi verga erecta a través de la cortina de baño. Asà pasó el tiempo y ya mi suegra tenÃa casi cuatro meses con nosotros, cada dÃa eran más las ganas acumuladas de cogerme a mi suegra, esa mujer que ya tenÃa varios meses de estar de luto y que aún vestÃa de negro para recordar a su marido.
El dÃa que mi difunto suegro cumplió cuatro meses de muerto mi suegra pidió que la llevásemos al cementerio, querÃa honrar la memoria de su marido con unas flores sobre su tumba. Mi esposa debÃa asistir a una reunión importante por lo que me pidió que llevase yo a su madre, yo acepté de buena gana era una oportunidad de estar con esa mujer que tanto deseaba a solas, aunque fuera visitando a su difunto marido en el cementerio. Asà que me puse un jeans ajustado y una camiseta y esperé a que mi suegra se alistará para llevarla al cementerio.
Cuando la vi venir hacia el carro casi se me sale la baba, venÃa vestida con un vestido negro ajustado debajo de la rodilla, con una pequeña abertura en un costado y su escote era aunque recatado muy prometedor, unos zapatos negros de tacón alto, se venÃa realmente deliciosa, mi verga despertó en ese momento. Subió al coche, de camino al cementerio hablamos de cosas sin importancia, llevamos las flores hasta la tumba de mi difunto suegro y permanecí
; a su lado mientras hizo sus oraciones en forma silenciosa. Una hora después nos retiramos del cementerio, venÃamos rumbo a la casa cuando decidà poner un poco caliente la conversación, asà que en tono de broma me volvà hacia mi suegra y le pregunté asÃ:
Doña Julia ¿le puedo preguntar algo?, – Claro, respondió ¿qué pasa Adrián?, – Mire doña Julia yo siempre he tenido una duda, las mujeres que guardan luto ¿es solamente con el vestido o también su ropa interior debe ser negra? – SabÃa que la pregunta era fuerte y la comprometerÃa a una respuesta directa. Ella me miró un poco extrañada, seguro por mi pregunta y agachando la cabeza me respondió:
Mira Adrián, el luto se lleva tanto por dentro como por fuera, asà que no preguntes más, esto es todo lo que te voy a responder. Y diciendo esto se volteó hacia la ventana y no dijo más. Entonces yo armándome de valor le dije:
Mire Doña Julia es una lástima que una mujer tan hermosa como usted quiera permanecer guardando luto a la memoria de su marido por tanto tiempo, ¿no cree usted que podrÃa conseguir otro hombre que la hiciera feliz?, usted es muy bella y cualquier hombre se sentirÃa complacido de tener una mujer como usted a su lado. Ella se volteó rápidamente hacia mà y con un gesto combinado de tristeza y un poco de rabia me respondió:
No sea tonto Adrián, quién va a querer estar con una mujer como yo, soy vieja, además nunca pensarÃa en serle infiel a la memoria de mi difunto esposo, ¡tu suegro!, él fue el único hombre de mi vida y lo será hasta el dÃa que yo muera también. – La tonta es usted doña Julia, claro que muchos hombres serÃan felices de estar con usted, es más yo mismo serÃa muy feliz de tener una mujer tan bella como usted. – Adrián eres muy bueno en decirme eso pero sé que no es verdad.
Guardó silencio y no supe que más decir. El viaje tardaba cuatro horas de ida y cuatro de regreso, por lo que cuando venÃamos de regreso estaba oscureciendo ya un poco. VenÃamos pasando al lado de un lago en una zona despoblada por donde a esa hora era muy probable que pasase alguien más. Mira Adrián qué hermoso el atardecer en el lago, es un bello espectáculo. Entonces decidà detener el auto para que bajásemos a contemplar el atardecer frente al lago. – Gracias Adrián, gracias por dejarme contemplar este bello espectáculo. No tiene que agradecer nada suegrita, usted sabe que yo estoy para complacerla en todo lo que me pida, y diciendo esto dirijo mi mirada al bulto en mis pantalones.
Me acerco al agua y toco con mi mano, la siento tibia, entonces le digo a mi suegra: – Escuche doña Julia, ¿por qué no nos damos un baño el agua está muy rica?, esta tibia. – Estás loco Adrián, es tarde y además no traigo ropa de baño. – No se preocupe suegrita yo tampoco traigo y diciendo esto me quito la camiseta y los jeans quedando únicamente en un bóxer pequeño y ajustado que muy poco disimulaba mi gran bulto bajo él. – Adrián ¿qué haces?, ¿estás loco?.
Y cuando terminó de decir esto ya yo estaba dentro del agua. Entonces insistÃ: venga suegrita que el agua esta rica. – No Adrián ya te dije que no ando ropa de baño. – Mire, no se preocupe por eso hágalo igual que yo, si anda en ropa interior ¿verdad?. – Claro que sà respondió de forma inmediata. – Es más, para que no se sienta mal yo me volteo y no la miro hasta que entre al agua. Ella se quedó pensativa un momento y agregó – Está bien pero voltéate mientras me quito el vestido. Pasaron como dos minutos cuando la escuché entrar al agua. Entonces mi volvà y ahà estaba ella se veÃa realmente excitante con el agua hasta sus hombros, esa visión hizo que tuviera una erección inmediata.
Nadamos durante gran rato hasta que casi oscurecÃa y entonces decidà que era momento de poner salir del agua. – Suegrita creo que es hora de salir de aquÃ. – Pero Adrián es que… – Esta bien suegra yo salgo primero del agua para que vea que no tengo prejuicios con mi suegra. Y diciendo esto salà del agua, mi bóxer estaba pegado a mi cuerpo y se me marcaba completamente la verga sobre él. Mire suegra ya puede salir de por sà esta ya oscuro no creo que pueda verla mucho. Está bien Adrián, y diciendo esto salió del agua, la visión que tuve en ese momento me dejó con
la boca abierta.
Su cuerpo era realmente deseable, sus pechos eran grandes y firmes para su edad y aquel culo era una delicia, y lo más excitante era ver su ropa interior negra de encaje, una ropa no muy sexy pero si muy deseable. No pude disimular mi admiración y mi verga se puso dura en un segundo, estaba más grande que nunca. Mi suegra se percató de la situación porque mirando directamente hacia mi bulto dijo: Adrián ¿qué te pasa?, No me digas que te excita ver a una vieja mujer como yo, soy fea y no tengo nada para excitarte. Entonces le dije: Discúlpeme suegra pero la verdad usted es la mujer más bella y deseable que podrÃa tener junto a mÃ, como le dije hace rato en el carro usted es muy bella y serÃa muy feliz de poder tenerla junto a mÃ.
Mi suegra me miró extrañada y dijo: Adrián, no te burles de mà ¡sabes que soy una vieja sola,! Armándome de valor le dije: Entonces dÃgame que es esto que tengo entre mis piernas, mire, e inmediatamente bajé mi bóxer dejando libre mi verga grande y completamente erecta ante sus ojos, ella hizo un gesto de asombro y continuó.
- Eres muy malo Adrián, sabes que soy una mujer vieja y sola, además de que soy tu suegra, y tú mismo sabes que hace mucho que no tengo ningún tipo de contacto sexual con nadie, que ni siquiera me he masturbado por respetar la memoria de tu difunto suegro, y tú vienes aquà y me muestras tu pene erecto, ¿sabes lo que eso significa para mi, sabes?. – No sé lo que significa para usted querida suegra pero para mà significa que la deseo con todo mi ser que desearÃa tomarla entre mis brazos y hacerle el amor fuerte y salvajemente.
Diciendo esto me acerqué a ella y la tomé entre mis brazos y empecé a besarla en su boca, ella se quedó quieta no respondió, de pronto su respiración se hizo más acelerada. – Déjame Adrián, soy tu suegra, soy una viuda decente. – Usted será una viuda decente suegra pero también es mujer y sé que necesita esto. Terminando de decir esto la tomé y la acerqué más a mà presionando mi verga contra su vagina cubierta únicamente con su calzón negro de encaje que hacÃa que se viera realmente excitante, la besé de nuevo en los labios ella esta vez no protestó, abrió su boca recibiendo mi lengua dentro de ella y respondiendo de una forma muy ardiente. – Está bien Adrián, es cierto hace tiempo que necesito algo como esto. Y procedió a sujetar mi verga con su mano, la empezó a acariciar con ansias. – Sà Adrián esto es lo que necesito, una verga grande y gruesa como esta, una verga que me haga sentir mujer de nuevo y alivie el dolor de mi soledad, ande hágame feliz yernito.
Yo solté la parte de su sostén y éste cayó en el suelo sus tetas grandes y ricas quedaron libres, eran redondas y firmes. – Uhhh qué ricas sus tetas suegra, le decÃa mientras procedÃa a meterlas en mi boca y chupar sus pezones erectos. Con mis manos corrà su calzón negro hacia un lado para meter uno de mis dedos directamente dentro de su vagina. -Ahhh, eso es Adriancito haga feliz a esta vieja, ¡demuéstrele que aún está viva!. – Sà suegrita me la voy a coger hasta que no pueda más, va a sentir que vuelve a la vida y mientras decÃa esto, chupaba sus tetas y metÃa un dedo en su vagina. -¡Ahhh , espere Adriancito, ahhhh!, y sentà como su vagina se contraÃa y expulsaba un chorro de jugo. Estaba teniendo un orgasmo, mi suegrita adorada estaba teniendo un orgasmo y aún no me la habÃa cogido.
Ella permaneció inmóvil un instante y después poniéndose de rodillas metió mi verga en su boca, la metió hasta la mitad que era lo que entraba en su boca. – Ay Adriancito me hace usted muy feliz, tiene usted una verga deliciosa, mucho más grande que la de mi difunto esposo. Me dijo mientras seguÃa mamándola con ansias. – Chúpela Suegrita, chupe mi verga que es toda suya, mi verga esta para hacerla feliz, para que recupere todo el tiempo perdido que ha guardado de luto, chupe mi puta, mi suegrita puta, chupe.
Ella cada vez chupaba con más ganas, metÃa mi verga en su boca y pasaba su lengua por mis bolas, las chupaba igual que mi verga, era tan rica la mamada que me estaba haciendo que sentà cómo mi semen subÃa por mi verga, entonces le dije: – Suegrita, suegrita voy a terminar. – Ella mamó con más ganas y me dijo. – Venga yernito dele toda su lechita caliente a su sue
grita, que ella la quiere en su boca. Y diciendo esto recibió toda mi descarga de semen en su boca. – Ahhhh, Ahhhh, tome mi suegrita tome toda mi lechita. ¡Ahhhh!. Ella bebió hasta la última gota de semen.
Mi verga permanecÃa dura, entonces tomando a mi suegra la recosté sobre su propio vestido de luto, abrà sus piernas y las levanté dejando expuesta una vagina deliciosa, bajé mi cabeza besé su raja, chupé sus clÃtoris y sin decir más acerqué mi verga a su raja y de un solo empujón la metà hasta el fondo. – Aahhhhh, qué rico yernito, qué rico deme asà fuerte, ahhhh, qué delicia y mientras decÃa esto movÃa sus caderas presionando mi verga en su vagina, era una sensación maravillosa. -Ahhhh yernito, y de nuevo tuvo un orgasmo, su cuerpo se retorció bajo el mÃo, yo seguà empujando más fuerte mi verga en su raja, ella gemÃa y yo estaba a punto de acaba, aceleré mis empujes y un potente chorro semen salió disparado dentro de la vagina de mi suegra.
¡Ahhhh suegra qué rico!. Permanecimos inmóviles el uno sobre el otro, ahà sobre su vestido de luto, nos besamos suavemente mientras ella me abrazaba y me decÃa:
- Sabe Adriancito, usted me ha hecho la mujer más feliz del planeta, de ahora en adelante seré suya cuando usted lo quiera.
Entonces abrazándola contra mà respondÃ: Pues suegrita yo creo que usted va a recuperar todo el tiempo de luto perdido junto a mÃ, le voy a enseñar lo que su marido nunca pudo hacerle, y mientras decÃa esto sentÃa como mi verga se empezaba a poner dura de nuevo. Mi suegra sonrió y tomó mi verga de nuevo entre sus manos….
Autor: Adrián
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