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ME FOLLO MI HERMANO

21 de septiembre de 2007

Me llamo Beatriz y vivo en Madrid. Actualmente tengo 28 años, pero hoy en día aún me excito cuando pienso en todo lo que pude descubrir en mi propia casa gracias a mi hermano Daniel.

Dani era un chico guapo, ojos azules, pelo castaño oscuro, alto, delgado…un chico normal con cierto encanto. En cuanto a mí, tenía una media melena también castaña, los ojos del color del caramelo y un culito respingón. Mis pechos ya se habían desarrollado y, aunque no tenían un tamaño escandaloso, llamaban la atención. La relación que teníamos Daniel y yo era la de dos hermanos normales. Nos llevábamos bien contadas veces, el resto estábamos peleándonos por la paga, el mando de la televisión o chorradas similares.

Como casi todas las mujeres, en cuestiones de salir por ahí y de sexo, yo fui más precoz que Dani, y mientras él disfrutaba con su ordenador yo empecé a salir algunas noches con mis amigas del colegio y a tener mis primeros roces con los chicos a los que conocíamos en las discotecas. Más de una noche llegué un poco más bebida de la cuenta y al día siguiente casi tuve que sobornar a mi hermano para que no se fuese de la lengua.

A menudo me preguntaba que demonios haría Daniel en su habitación cuando yo salía los sábados y mis padres se iban de cena. Yo sólo me había besado con dos chicos, tontear con muchos, pero besarme sólo con dos, y ni hablar de meterme mano. Casi no sabía lo que era eso, a penas me había tocado yo misma y cuando lo había hecho, las sensaciones que había tenido me habían desconcertado.

Un día, aprovechando que Daniel había ido a la biblioteca me colé en su cuarto como una espía y comprobé, satisfecha, que tenía su ordenador encendido bajando cosas de Internet. No tenía mucho tiempo, así que me senté y comencé a ojear, directamente, que se estaba bajando. A pesar de que los nombres de las películas fuesen en inglés, no me supuso mucho esfuerzo saber de que iban. Mi hermanito se estaba bajando películas de sexo filial. Movida por la curiosidad, y el morbo, me dirigí a la carpeta donde estaban los archivos descargados y bajando el volumen, puse una en marcha.

Una chica estaba a cuatro patas mientras un chaval la enculaba salvajemente mientras la gritaba en inglés. Fui leyendo los subtítulos y no salía de mi asombro cada vez que leía uno ¿esto era lo que querías, hermanita?. Rápidamente apagué la película y salí de la habitación de Dani notando cierta humedad en mi entrepierna.

Durante días no hacía más que dar vueltas en mi cabeza a la imagen de mi hermano mirando esas películas. ¿Hasta donde podría llegar? Supongo que la excitación natural me hizo querer comprobarlo, haciéndome más osada, comencé a frotarme el coño y el culo sabiendo que mi hermano seguía mirando en la puerta. Poco a poco observé que no sólo era yo la que estaba siendo más atrevida en aquello, también Dani estaba dando pasos.

A lo largo de los días, Dani iba abriendo un poco más la puerta, para mirar mejor, tanto que un día, al mirarle de soslayo me di cuenta de que estaba con su polla en la mano, masturbándose con fuerza mientras me miraba en la ducha. Se acostumbró a que yo le viese allí de pie, con su tranca en la mano, meneándola como un obseso, y tanto fue así, que un día, me di la vuelta en la ducha y estaba de pie, en medio del baño, a pocos metros de mí corriéndose como un animal en el suelo.

Me quedé mirando como se corría sin apartar su mirada de mí, de mis tetas, de mi coño. Dejó que la leche se le cayese por las piernas, machando todo el suelo del baño y sin decir nada, agarró mis braguitas limpias, que tenía preparadas para ponerme, y se limpió con ellas. Después, las dejó en su sitio y salió del baño como si no hubiera pasado nada. Yo, sal&iacute

; de la ducha, y sin pensarlo bien, me puse las braguitas a pesar de estar hechas un asco. La idea de que allí estaba la leche de mi hermano me hacía cosquillas en el estómago y así estuve todo el día, terriblemente excitada (solo que yo aún no sabía lo que era estar cachonda).

Pasaron los días y mis duchas seguían siendo el alimento de sus pajas y yo seguí poniéndome las bragas caladas cada vez que él me las dejaba en el baño. Una noche, estando en mi habitación, oí a mi hermano gemir levemente en la suya. Pensé que estaría masturbándose así que decidí asomarme a ver como lo hacía y si me producía verle esas cosquillas en el estómago y la entrepierna. Había dejado la puerta de su cuarto levemente abierta y me asomé un poco. Aquello me dejó rota. Mi hermano tenía puesta su web cam y a través del MSN se veía otra polla. ¡Mi hermano estaba masturbándose con un tío! La verdad es que pude pensar que era un enfermo, pero por raro que parezca, aquello me hizo ver que mi hermano era un pervertido, un cerdo que me ponía a mil.

Sin poder evitarlo llevé mi mano a mi entrepierna y sin saber que hacía empecé a frotar mi coñito. Aquello era demasiado, empecé a tener espasmos y tuve que hacer esfuerzos enormes por no correrme agarrada a la puerta y gritar como una loca. Me corrí a la vez que él se echaba su leche sobre su vientre y el chico del otro lado de la cámara nos mostraba su culo metiéndose un par de dedos. Me fui a la cama todo lo sigilosa que pude, pero no podía dormir. La imagen de mi hermano me tenía obnubilada y estaba intentando no volver a tocarme, ya que creía que no era lo correcto, cuando oí la puerta de mi cuarto. Levanté levemente la cabeza para ver a Daniel al lado de mi cama, totalmente desnudo y nuevamente empalmado.

Estabas espiándome hace un rato por la puerta de mi cuarto, dijo él. Yo asentí sin atreverme a decir mucho más, así que él me miró seriamente y dijo, deja que me meta contigo en la cama. Me eché a un lado del colchón y él se tumbó a mi lado.

Notaba su pene erecto contra mis muslos desnudos y poniéndose de lado me miró a los ojos mientras posaba su mano en mi coñito mojado. Dani rozó las braguitas caladas y acercó sus labios a mi oído ¿qué es esto hermanita? ¿Tienes el conejito mojado? Yo volví a asentir cerrando los ojos ya increíbles.

Sentí como mi hermano guiaba mi mano hacia su pene, donde sin saber que hacer empecé a frotar. Mi hermano jadeaba y babeaba en mi oído y yo solo podía gemir. Un orgasmo increíble me sacudió calando la mano de mi hermano, que no dejó de frotarme. Vaya, la perra de mi hermanita me ha mojado todo…esto supone un castigo duro…una buena inyección para que deje de mojarlo todo. Dani bajó hacia mi coñito palpitante y empezó a chuparlo, abriéndolo con las manos y dejando que su punta rozara mi clítoris. Si no me acabase de correr, lo hubiera hecho en ese momento, pero como acababa de tener un orgasmo, no podía tener otro tan rápido, cosa que aprovechó Daniel para darme unas buenas lamidas.

Sin mediar palabra y ya loco por la excitación se colocó entre mis piernas, entonces me asusté. No Dani, no lo hagas supliqué. Solo la puntita Bea, solo te voy a meter mi puntita y te la saco, Dani comenzó a meter la puntita y así estuvo un par de embestidas, cuando sin más me la metió de un solo empujón. Aquello dolió mucho así que cuando iba a gritar mi hermano me tapó la boca con la mano para que no nos oyeran nuestros padres.

Solo la puntita repetía, mientras me la clavaba como un loco. El dolor dio paso a un placer increíble y me relajé por completo, por lo que Daniel me destapó la boca. Me has mentido…me dijiste que solo la puntita, le decía entrecortadamente. Daniel seguía follándome como un loco y me repetía una y otra vez hermanita, mi hermanita, te estoy follando.

A mi me excitaban sus palabras por lo que le imité como pude, fóllame más hermanito, vamos guarro, que te gusta follarte a tu hermanita. Aquello debió ser mucho para él porque me miró y me dijo, me voy a correr hermanita, pero me voy a correr en tu cara de niña buena, ¿vale? Yo estaba al borde del orgasmo por lo que accedí sin pensarlo. Un par de empujones más y yo me corr&iacu

te; como una loca dejando toda su polla húmeda de mis flujos, entonces él se salió y se sentó a horcajadas sobre mis tetas, con su pene apuntando hacia mi boca.

Mientras con una mano se la meneaba, con la otra me cogía los carrillo. Abre la boca, saca la lengua. Yo hacía lo que me pedía mientras aplastaba su polla contra mi boca. Pídemelo hermanita, pídeme mi leche.

Yo le miraba extasiada, dame tu leche hermanito, pónmela calentita por toda mi cara, dámela en la boquita. Y entonces comenzó a soltar chorros de semen mientras me decía toma perra, toma puta. Algunos sobre mis labios, pero casi todos en mis mejillas y en mi lengua. Traga, traga, decía agarrándome la boca.

Yo metía la lengua y tragaba todo aquello, mientras, sin tocarme, volvía a correrme de nuevo. Dani me metió el pene en la boca para que se lo limpiase bien, y una vez que lo hice se levantó de la cama. De pie me miró y sonrió, eres una puta hermanita…esto aquí no acaba… Y sin más, salió de mi cuarto, dejándome así, llena de leche…

Autor: Calabefa

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