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Me gusta mi prima

13 de enero de 2009

Me corrí en los pantalones. Ella lo advirtió y dio unos golpes finales a mi bulto con cada una de sus tetas. Antes de separarse de mí, pasó un dedo por mi corrida en mis pantalones y se acercó ese dedo a los labios untándoselos como si fuese protector labial.

Me gusta mi prima. Siempre me ha puesto muy cachondo… que cada vez que estoy cerca de ella estoy deseando retirarme a desahogarme. Muestra una sensualidad natural que al parecer soy el único que nota o al menos soy al que más le cuesta disimular.

Ella tiene la piel de un tono dorado que invita a acariciar. Un cuello más suave que una leve brisa de campo. Y cielo santo, esos hermosos senos, perfectamente esféricos en los que se adivinan unos pezones tiernos y sabrosos… Su rostro es silvestre como el de las ninfas de los bosques. Te puedes perder en sus ojos color marrón profundo. Su pequeña nariz y rasgados labios complementan unas mejillas levemente pronunciadas. Tiene unas caderitas anchas y un ostentoso trasero que bien recuerda al de las nativas brasileñas.

Viene a verme de vez en cuando a mi casa porque intercambiamos libros, películas y series de televisión. Me resulta difícil esconder mi excitación cuando estamos los dos solos en mi habitación enfrente del ordenador. Y para incentivar mi situación, cuando navegamos por Internet saltan ventanas emergentes de contenido pornográfico. Cuando eso sucede yo hago algún comentario picantón, tal como: mira esos qué bien se lo pasan. O también: vaya boca más grande tiene esa muchacha. Ella me dedica una media sonrisa o me mira con el morro fruncido agitando levemente su cabeza.

La última vez que vino, era domingo por la mañana. Yo estaba a punto de hacerme una gayola porque tenía el calentón mañanero. Y bueno, tuve que contenerme por su presencia. La hice entrar a mi habitación y la dejé copiar unas pelis a su memoria usb mientras yo ordenaba mi habitación. Ella estaba centrada en la pantalla escarbando entre mis carpetas y archivos. Llevaba una camiseta blanca que apenas le llegaba a la cintura y unos shorts rosas de los que suele llevar por casa. No pude evitar mirarla de arriba abajo, allí inclinada en la silla enseñando una delgada línea de sus bragas. Mostrando la curva natural de la mujer que nos vuelve locos a todos acabada en ese generoso trasero que a falta de unas palmaditas generaría unas olas que se transmitirían a lo largo y ancho.

Yo llevaba puesto el pijama y la erección aún no me había bajado. Ella se encontraba de espaldas y no me veía. No podía dejar de pensar en su cuerpo. Me deslicé la mano por debajo del pijama y empecé a sobármela. Se me puso aún más dura. Cegado por el deseo me saqué la verga y empecé a pajearme detrás de ella. Fueron unos pocos segundos hasta que entré en razón y me la volví a guardar. Esto no es una fantasía, me dije, esto es la realidad, aquí no va a pasar lo que estás deseando que pase. En ese momento mi madre que estaba limpiando el salón me dijo que tenía que salir a hacer un recado, así que me quedé solo en toda la casa y con mi primita en mi habitación.

Me senté a su lado. Me dijo lo que quería copiarse a su memoria usb. Yo con las manos en mi regazo para que no notara el bulto, le pedí su pen-drive y lo conecté en la parte de abajo de la torre. Mientras se copiaba navegamos por Internet buscando novedades, curiosidades y demás. Yo aproveché y tomé el ratón por debajo de su brazo y así rozar uno de sus pechos con el brazo. Le enseñé un video gracioso que tenía por ahí. Echamos unas risas y al acabar el vídeo se terminaron de copiar los archivos. Ella se agachó a recoger su pen-drive posando sus senos sobre mis piernas. En ese momento pensé que iba a reventar de la excitación. Una de sus grandes tetas me estaba acariciando la punta del cipote. Mi verga quería salirse del pijama, no aguantaba más.

La oscilación de su seno colgando en el aire, pero apoyado ligeramente en mi miembro erecto me masajeaba la punta. Ella tenía que notar ese contacto sin más remedio. Me dejé llevar por la excitación y apoyé una de mis manos en su espalda. Empecé a acariciar suavemente su espalda. Le frotaba hacia arriba para que se le levantara un poco más la camiseta. Mientras tanto ella luchaba por sacar el pen-drive de la ranura usb. Pasé a acariciarle la espalda con las dos manos. Mis manos recorrían toda la superficie de su espalda, sus hombros, su cuello… Ella metía pequeños tirones al pen-drive, con lo que conseguía que sus senos se agitaran más y se restregaran más con mi verga.

Mis manos llegaban a sus caderas, incluso al inicio de su trasero. Metía las manos por debajo de la camiseta, acaricié su costado. En ese momento se estremeció. Lanzó un suspiro. Me susurró que le estaba haciendo cosquillas. Sabía perfectamente que esas caricias no eran inocentes. Tenían intención. Me dí cuenta que ya había renunciado a extraer su memoria usb de la ranura. Sin embargo, seguía zarandeando sus melones y restregándolos por mi verga. Ya no era un discreto roce con una de sus tetas, ahora mi verga estaba entre sus dos senos.

Mi miembro aún dentro del pijama se hundía entre esas montañas. Del placer que me proporcionaban yo me sentía en la gloria. Mi excitación llegaba a las puntas de mis dedos que posados sobre su costado agarraban la carne amasándola. Se inclinó un poco más, y tomó sus pechos entre sus manos, apretándolos sobre el bulto de mis pantalones de pijama. Bajé mis manos hasta sus glúteos, ahora accesibles por la nueva postura que había adquirido. Apreté sus glúteos mientras ella ahogaba mi verga entre sus pechos y me los restregaba enérgicamente.

No podía aguantar más, cada vez iba más rápida en su movimiento. Me corrí en los pantalones. Ella lo advirtió y dio unos golpes finales a mi bulto con cada una de sus tetas. Me surgió una considerable mancha en la entrepierna. Antes de separarse de mí, pasó un dedo por mi corrida en mis pantalones y se acercó ese dedo a los labios untándoselos como si fuese protector labial.

Justo en ese momento se escucha mi madre entrando a mi casa. Mi prima tomó su pen-drive, me dio un dulce beso en la mejilla y se marchó. Desde ese momento sabía que mi relación con ella iba a ser más íntima. O al menos eso es lo que yo deseaba.

Autor: Pascual

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