Relatos eroticos, Sexo, Sexo gratis, Videos porno, Fotos porno, Porno, Porno gratis, xxx

Relatos eróticos Marqueze. El Sexo que te gusta leer.

por Janinho

Más enamorado que nunca de mi adorable novia Virginia, no pude oponerme a su deseo de un viaje en estas últimas navidades. A mí me era imposible ausentarme ni siquiera un día pues es en estas épocas cuando más trabajo tenemos en mi empresa. Mi novia se lo merece todo y, como me dijo ella, posiblemente sería la última vez que viajaría sin mí. Por fin, esta próxima primavera nos vamos a casar! No puedo esperar a que llegue la noche de bodas! Estoy seguro que ella también arde en deseos de hacer el amor conmigo! Pero es una chica fuerte y de creencias sólidas y, de alguna manera, quiere mantener su virginidad hasta que estemos casados. Y yo la quiero con tanta locura, que no puedo más que respetar su decisión, nuestro acuerdo.

El día 3 de enero la despedí con un fuerte y sentido abrazo en el aeropuerto. Incluso dejó que le besara en la boca, además en público! Ella no pudo retener una lágrima al alejarse de mí para coger ya el avión: – Te quiero, Juan! Eres mi amor, mi único y verdadero amor y lo serás siempre. A partir de ahora, siempre estaremos juntos!

Su viaje de avión, de muchas horas, lo pasó ausente, ensoñada, melancólica… De nada sirvió que María, su compañera en la tienda de moda, y su marido Gustavo la quisieran distraer o que doña Pilar, la dueña, no parara de charlar y charlar ni que Roger, el nuevo dependiente, la intentara animar en vano. Mi Virginia, girada hacia la ventana, estaba triste, quizás se sentía mal por haberme dejado en la ciudad, sólo y con trabajo hasta las cejas.

Pero al llegar a la selva, todo cambió. Virginita me llamó poco antes y le hice saber que la quería como nunca y que comprendía que se merecía unas vacaciones. Aunque la echaba mucho en falta, la animé a que se lo pasara muy bien. La verdad es que la selva presentaba un paisaje impresionante, la incesante banda sonora de los animales era increíble, la luz, las sombras, el color, el misterio… Después de los días de frío del invierno en Europa, se agradecía el calor, poder dejar la ropa de abrigo por una semana. Mi novia lucía una blusa blanca y una faldita de color caqui, tan corta que a menudo descubría sus braguitas blancas según el terreno por el que se movían. Roger, como era de esperar, no dejaba ni un instante de acercarse a mi novia, que ya mostraba su mejor humor. La verdad es que el chico, aunque algo más joven que mi Virginia,  no estaba nada mal y además era muy simpático y amable, y no dejaba de echarle los tejos, pero ella estaba enamorada de mí y para nada me sería infiel. Doña Pilar estaba también de muy buen humor, a diferencia de lo que era habitual en la tienda, aunque se quejaba de tanto calor y humedad. A pesar de su edad, cercana a los cincuenta, año más, año menos, estaba de muy buen ver. Alta, rubia, ni gorda ni flaca, pero con buenas curvas. A María y Gustavo se les veía muy bien. Se notaba que agradecían haber podido dejar unos días la ciudad y, sobretodo, a sus tres hijos con los abuelos. Para ellos era como una segunda luna de miel.

Agradecieron los cinco turistas cuando los guías les informaron que se detenían para pasar la primera noche, ya que estaban cansados de tanto andar. Montaron las tiendas de campaña y se dispusieron a descansar, que lo tenían bien merecido. Roger, que durante todo el día se estuvo comiendo a mi novia con los ojos, intentó sutilmente que mi Virginia le dejara pasar la noche en su tienda, pero ella le dejó claro que de ninguna manera, que para ella sólo era un buen compañero y que únicamente podía aspirar a que fueran amigos. Roger, muy correcto,  no insistió y se despidió de mi novia con un beso en la mejilla y un “buenas noches”. Cuando Virginia vio entrar en la tienda a María y a Gustavo no pudo menos que envidiar la suerte que tenían de estar juntos y tan enamorados como el primer día. Fue entonces cuando volvió a sentir la necesidad de estar conmigo, pero yo estaba a miles de quilómetros de distancia. Ya sola en la tienda se quitó la blusa y se dio cuenta que estaba muy sudada, así como el bonito sostén. Se bajó la faldita y las braguitas estaban completamente empapadas por el calor y la humedad. Optó por quitárselas y, al olerlas, se dio cuenta que no estaban mojadas sólo por el calor.  El flirteo con Roger le había puesto a cien. Para ver si se refrescaba un poco, decidió dormir totalmente desnuda. No sabía que unos ojos le estaban estudiando todos los movimientos a través de la tela de la tienda y se la imaginaban tan atractiva como era en realidad! Cuando se tumbó, en la tienda se sentía muy sola. Por un momento casi se arrepintió de no haber dejado entrar a Roger con ella. Así no se habría sentido tan triste y abandonada. La verdad es que podían haber compartido la tienda, como amigos, sólo hablar y dormir, sin hacer nada malo. Pero claro, en ese caso no podía haberse desnudado completamente. Y quien sabe si Roger se habría conformado sólo con eso! Mi Virginia no quería de ninguna forma serme infiel. Se tendría que resignar a estar sola y pensando en mí, su amor. Se acariciaba los pechos, los pezones erectos, y enseguida acercó su mano al clítoris, duro y respingón. Pasaría la noche sola y no me engañaría con nadie, pero eso no quería decir que no pudiera tener un poco de placer. Tumbada boca arriba, abrió sus lindas piernas, introdujo un dedo en su vagina, pronto dos, y tres y luego, totalmente húmeda, cuatro, con el pulgar acariciando el clítoris. Empezó a gemir, suavemente, para no despertar a nadie. Pensaba en mí y se puso todavía más caliente. Con la otra mano comenzó a masajearse las nalgas, el pubis, la cintura, los pechos… Pronto metió un dedo en el culito y enseguida, le acompañaron los otros cuatro, en un incesante vaivén. Los suspiros presagiaban un cercano orgasmo cuando oyó unos pasos hacía su tienda. Rápidamente se levantó, cubrió sus pechos con un brazo y se tapó el pubis con la faldita. Este Roger! Ya se podía imaginar que no la dejaría en paz tan fácilmente! Por un momento dudó de si le permitiría entrar en la tienda e incluso, quedarse un rato con ella. La verdad es que en esos momentos le iría de perlas un hombre, y más si era tan guapo como Roger. Y yo estaba lejos, muy lejos! Cuál fue su sorpresa al ver aparecer en la entrada a Gustavo, el marido de María! – Virginia, huy, perdona, estás desnuda! Oí unos gemidos y pensé que no te sucediera nada malo! Yo que sé, algún animal salvaje que hubiera entrado en tu tienda… Bueno, la verdad es que, además, no puedo dormir, pensando en ti. No te preocupes, María duerme como un tronco desde hace un rato! Estás irresistible, me enamoré de ti sólo verte, y así, desnuda… hmmm!- y se acercó a abrazar a mi novia, que dijo:
- No, vete, Gustavo! Pero qué te has creído? Tengo novio, lo sabes bien! Y nunca le haría eso a mi compañera María, tu mujer!
- Sólo un besito, pues, uno sólo, de verdad, y me voy!
- No, no, no puede ser!
- A ver, quita la mano y déjame ver tus tetas, que bajo la blusa se veían muy bonitas!
- Vete, Gustavo, o voy a gritar!
- Ven, ven un momentito, cielo, a ver, aparta la faldita…
En esas que mi Virginia le propina una bofetada en la mejilla, teniendo sin remedio que descubrir su pecho, y cuando Gustavo, con ojos como platos, le coge las tetas para besarlas, ella le da otra bofetada, se aparta y se dispone a gritar.
- No, no, por favor, ya me voy, no armes un escándalo! Pero debo decirte que estás muy apetitosa! No te enfades, mujer! No es mi culpa que estés tan buena! Mira que eres tonta, pudiendo estar conmigo y querer pasar la noche sola! Ya sabía que eras una estrecha! Una calientabraguetas! Todo el día mostrando las piernas, los muslos, incluso las bragas, hinchando el pecho, con posturitas sexis y provocativas…
- Vete de una vez o te vuelvo a dar! Qué vergüenza! Un hombre casado! Y con una amiga mía! Eres de lo peor!
- No digas eso, es que estás irresistible! Bunas noches!
- Vete de una vez!

Sola otra vez en la tienda. Y con el coño caliente y empapado. Qué bien le habría ido un revolcón con Gustavo. Aunque era bastante mayor que ella, no estaba nada mal. Pero no podía hacerle eso a una amiga. Además, quería serme fiel por encima de todo! En fin! Se puso de rodillas y se introdujo los cinco dedos de su mano derecha en la vulva dispuesta a poner un poco de remedio a su calentura. Con la otra mano se acariciaba los pezones. Entonces vio su espejo de mano y tuvo una idea que le daría más placer. Se introdujo el mango en la boca y, una vez bien humedecido, levantó el culo como una gatita en celo y se lo acerco a su agujerito posterior. Sin casi esfuerzo, se abrió y pudo penetrarlo unos escasos centímetros para, enseguida, meterlo todo de un golpe y empezar un mete-y-saca que, acompañado de la mano casi entera en el chocho la puso a cien, a punto del orgasmo, intentando no gritar para no despertar a sus compañeros de viaje. Estaba a punto de perder el oremus cuando, de repente, oyó nuevos pasos fuera de su tienda. Como pudo, arrancó el mango de su ano y se tapó un poco con la blusa. Espió y lo que vio la sobrecogió: unos nativos salvajes estaban entrando en las tiendas y cogían a sus compañeros y a los guías. Mi Virginia se puso la falda y la blusa y se escapó corriendo de la tienda hacia la selva. Se escondió tras unos matorrales y enseguida vio como un par de salvajes iban hacia su tienda. Al momento, salían sorprendidos al ver que ella ya no estaba allí. Los demás apuntaban a los prisioneros con sus lanzas. Uno de los nativos, el que parecía mandar, agarró a María por el pelo y la arrastró unos metros. Ella gritaba y lloraba. Su marido y los demás no podían hacer nada, pues estaban desarmados y los nativos les superaban en número. Un par de los atacantes cogieron también a doña Pilar y la dejaron al lado de María.
- No nos hagáis nada, por favor! Os daremos lo que queráis, dinero, joyas!
No sé si la entendieron, pero como toda respuesta, el jefe cogió a María por la nuca, le arrancó el camisón y la puso boca abajo. Todos los atacantes empezaron a gritar y a reír. Cuando Gustavo hizo un gesto para defenderla, le acercaron más las puntas de las lanzas y se tuvo que contener. Roger estaba paralizado por el miedo. El jefe, alto, joven y musculoso, bajó las bragas de María y le levantó el culo, para que todos sus amigos le vieran bien. Ella lloraba todavía más: – Por favor, no me hagas daño, estoy casada, soy madre de tres hijos! – pero como respuesta, el jefe le cortó el sostén con la lanza y su bonito pecho quedó al descubierto. Todos admiraron el lindo cuerpo de la compañera de Virginia!

Mi novia veía aterrorizada toda la escena y no sabía qué podía hacer para ayudar a las dos mujeres. En esas, vio como quitaban el pantalón corto del pijama a doña Pilar y todos se relamían al darse cuenta que no llevaba bragas y verle el pelo rubio del pubis. Le quitaron también la parte de arriba del pijama y descubrieron que tampoco llevaba sostén. Los rotundos pechos de Pilar, con unas aureolas magníficas, encantaron a los nativos, que empezaron a sobarlos, lamerlos, mordisquearlos, chuparlos y besarlos. La dueña de la tienda lloraba y gritaba, pero los atacantes no le hacían ningún caso. La pusieron boca abajo al lado de María y mostraron también su culo a todos. Era difícil decidir cuál de las dos mujeres desnudas era más hermosa! El jefe se bajó una especie de falda y descubrió un gran pene, ya bastante morcillón. Lo mismo hicieron los dos que tenían sujeta a doña Pilar. Virginia no podía hacer nada, pero tampoco se podía quedar mirando y dejar que los nativos atacaran a sus compañeras. Sin pensarlo dos veces, agarró un a rama gruesa y una piedra puntiaguda y salió gritando hacia los atacantes. Estos se vieron sorprendidos ante la inesperada irrupción de mi novia armada.
- Dejad libres a mis amigas o os voy a atacar con mis armas!
Los nativos dejaron a Pilar y a María, que se abrazaron llorando aliviadas. Mi novia Virginia había ganado! O eso creía, pero se dio cuenta de que algo fallaba cuando el jefe se acercó hacia ella y, evitando fácilmente el golpe con la rama y la piedra, la desarmó en un segundo, la agarró por el pelo y la tumbo boca abajo. Le subió la falda y su pene se empinó al momento al ver que no llevaba braguitas y que tenía rasurado completamente el pelo del pubis y de la vulva, como si fueran de una niña. Los dos malhechores que habían dejado a Pilar, apuntaron con las lanzas a Virginia y le cortaron la blusa: sus pechos perfectos aparecieron ante todos. Gustavo, a pesar del miedo y la tensión, se dio cuenta que no podía evitar una erección, que era evidente bajo el pantalón del pijama. Lo mismo se podía adivinar en los calzoncillos de Roger viendo el culo al aire de mi novia, con la faldita en la cintura. El jefe apartó a sus compañeros y les indicó que Virginia era para él, que ellos podían tomar a las otras mujeres. El más grueso y bajito pareció enfadarse un poco, pero se giró hacia doña Pilar. Esta empezó a gritar aterrorizada. El más alto se fue hacia María, que se puso a llorar. Cuando Virginia vio sufrir tanto a sus compañeras, hizo un gesto pidiendo a los dos atacantes que se le acercaran. Tomo sus pechos y les indicó que eran para ellos, que no se hicieron de rogar y empezaron a mamarlos con fruición. Enseguida tremparon como locos! Cuando el jefe vio la escena y cómo empezaba a rezumar la vulva de Virginia, la penetró salvajemente, sin ninguna delicadeza, montándola como un hábil jinete, tirándole de la falda como si fueran unas riendas. Las otras dos mujeres miraban agradecidas a mi novia  y pensaban que, aún siendo virgen, se sacrificaba por ellas. Uno de los otros cinco nativos, con la cara pintada de blanco, dejó de apuntar a los hombres con la lanza, se bajo la ropa y se puso debajo de Virginia. El jefe le hizo unos aspavientos para que se fuera con otra de las mujeres, pero mi novia, para proteger a sus compañeras, le cogió el pene y le acercó la punta a su clítoris y, con fuerza, consiguió que entrara en su vagina, aunque también estaba ocupada por la enorme tranca del jefe. Mi novia no pudo evitar gemir y suspirar cuando perdió el mundo de vista con un fuerte orgasmo. Los indígenas que le mamaban el pecho, lo mordisquearon con más fruición, y el jefe y el de la cara de blanco se movían al unísono en su coño. Los otros cuatro atacantes, vestidos con piel de jaguar, estaban muy excitados y se querían sumar a la fiesta. Ataron rápidamente a los prisioneros masculinos, dejaron las lanzas en el suelo y se fueron hacía Pilar y María pero, al ver tan bonita a mi novia, dejaron a las dos chicas y se acercaron a mirar a Virginia. Ella, para evitar que fueran atacadas sus compañeras, les recibió con una sonrisa y se relamió el labio, con una lengua tan juguetona que los cuatro de jaguar parecieron entender que les brindaba la boca. Los cuatro se sacaron las pollas y pugnaron para ver quien conseguía que Virginia se la comiera. Sorprendentemente largas, todas besaron los labios de la chica y todas penetraron su boca. Virginia estaba tan bien que tuvo su segundo orgasmo: fue una explosión de gritos y de eyaculación vaginal! María y Pilar, antes de huir hacia la selva,  aprovecharon para desatar a Gustavo y a Roger, así como a los tres guías. Ellos enseguida cogieron las lanzas. Era el momento para sorprender a los nativos y hacerse con la situación ya que estaban desarmados! Pero, insospechadamente, Gustavo dejó la lanza, se bajó el pijama y se acerco a Virginia. Estudiando sus posibilidades pensó que ahora o nunca! Se puso encima de mi novia, sonrió al jefe que estaba en éxtasis follándola, e intentó hincarle su polla totalmente erecta por el culo. Pero no le era fácil pues ya tenía dos trancas en el coño. Escupió el ano de Virginia y lo ensanchó con un par de dedos hasta que consiguió que le entrara la puntita y, tras ella y en un momento, toda la verga. Eso era el cielo. Gustavo gritaba palabras soeces e insultaba a mi novia – Puta, ves como te gusta? Si ya decía yo que eres una calentorra! Te están violando y disfrutas, zorra! Vaya puta que estás hecha! Y que tía buena! Eres mejor de lo que me imaginaba, guarra! Tu culo es el mejor del mundo- y, el muy cabrón, pegaba las nalgas de mi novia, totalmente enrojecidas, y empezó a bombear con locura su ano, mientras era follada por dos pollas y hacía un francés a cuatro penes simultáneamente, aparte que dos hombres le comían salvajemente las tetas. Roger se dejó llevar por la situación y también se acercó a la increíble escena. Se bajó los calzoncillos y mostro una polla enorme. Cuando Virginia la descubrió, tan grande, erecto y apetitoso, explotó en un tercer orgasmo que se oyó en toda la selva! La chica agarró con fuerza el pene de Roger y lo empezó a masturbar con maestría: – Gracias, Virginia, gracias! Un sueño hecho realidad!
- Zorra, mira que bien se lo pasa la muy puta! – le gritaba muy excitado el marido de María follando el culo de Virginia.

Los tres guías no eran de piedra y estaban muy calientes. Miraron hacía donde habían huido Pilar i María, pero decidieron que era con Virginia con quien querían estar. Así que el más decidido y mayor se sacó el pene erecto, se puso con Gustavo tras Virginia y luchó para hacerse un hueco en el ano de la chica. Parecía tarea imposible siendo follada ya por dos penes en el coño y el del marido de María en el culo, hasta que ella, al darse cuenta de la intención del guía, chupó y lamió los dedos de la mano que tenía libre y con ellos se abrió un poco más todavía el ojete y se lo lubricó con la saliva: el guía mayor aprovechó y la ensartó en un santiamén. Ella profirió un grito de placer inmenso! Los otros dos guías no pudieron aguantar más y acercaron sus dos vergas inhiestas a la mano libre de Virginia. Ella las cogió y les hizo una paja conjunta! Los dos nativos de las tetas le metieron sus penes entre ellas para que les hiciera una cubana impresionante! El jefe hizo un grito de guerra y empezó a eyacular y eyacular en el coño, ante lo cual el de la cara de blanco tuvo también un increíble orgasmo, juntando su leche a la del jefe en la vagina de mi novia. Gustavo llenó de semen el culo de mi novia – Puta, ya me viene, te voy a inundar de mi leche, a que te gusta, zorra!- y, al momento, el guía más decidido también contribuyó a inundarle sus entrañas. Los cuatro nativos explotaron en la boca de la chica y ella ya no pudo más e irrumpió en su cuarto orgasmo, gritando como una posesa: – Pero que buena está vuestra leche, bandidos hijos de puta! Dadme más, más!
Roger y los guías a quien les hacía una paja conjunta explotaron en la cara de mi novia que, también con la cara completamente blanca, se relamía de placer! Los dos nativos de la cubana le llenaron el pecho de leche y ella lo recogía para sorberlo con gusto.
María y Pilar se acercaron y vieron a todos con cara de placer y  a Virginia inundada de blanco. Cuando María se dio cuenta que Gustavo, su esposo, estaba dando por el culo a su compañera, empezó a llorar, y enseguida decidió su venganza: se puso a cuatro patas, como una gatita, mostrando el culo y el coño a todos los hombres presentes y enseguida Roger se fue hacía ella y le empezó a restregar el pene en su agujerito trasero hasta que se le volvió a poner duro. Gustavo se fue hacia Roger para apartarle pero su esposa le dijo: – Como le toques o le digas algo, ten por seguro que me voy a divorciar de ti, cabrón!
- Pero María, yo soy tu esposo!
- También lo eras cuando estabas dando por el culo a mi compañera, pobre, que se sacrificó para salvarnos. Eres un cabrón, Gustavo! Venga, Roger, métemela hasta el fondo, escoge el agujero que prefieras, son para ti!
Roger no se hizo de rogar y penetró con alegría el coño de María. El guía más decidido acercó el pene, erecto de nuevo, en la boca de María y esta se lo limpió de los líquidos del culo de Virginia: – Qué rico está, hmmm, que bueno!

Doña Pilar estaba a cien y se abrazó a uno de los guías, le besó apasionadamente y le acercó una mano a su pecho. El otro compañero se fue hacia ellos y le empezó a lamer el cuello, la espalda, fue bajando hasta el culo de la mujer. Era muy suave y rico, pero muy prieto y pequeño. Endureció la lengua y le penetró el agujerito con paciencia y devoción: – Señora, tiene un culo muy bueno! Pero es muy chico!
- Es que nunca me han hecho el amor por ahí, hijo!
- Nunca le han dado por el culo? Pero con qué hombres ha estado usted? Un culo tan bueno y tan irresistible! Eso lo remedio yo! – y acercó la punta de la polla a la boca de Pilar y cuando la tuvo bien húmeda y dura, la empinó hacia su culo y pacientemente le fue entrando con firmeza y suavidad. El otro guía aprovecho para penetrarle el coño y los tres siguieron una follada frenética de pie. Dos nativos de jaguar se acercaron a Pilar y esta les cogió los penes y se los masturbó con firmeza y pasión. Un guía se sumó al conjunto y mamó con alegría los grandes y ricos pechos de la dueña.
Virginia lamió la polla del jefe nativo, le abrazó y se la volvió a chupar para dejarla bien limpia de sus jugos. Gustavo le pidió si también se la chupaba a él y ella le dijo que no, y que le había dado por el culo sin su consentimiento, que era un cabrón y que se apartara de ella. Así que este, se fue hacia Pilar y esta le cogió la polla y le hizo una buena paja junto a los penes de los salvajes. El nativo de la cara de blanco, impresionado por las artes amatorias de mi novia, le acercó el mango de la lanza y se lo intentó introducir por el coño. Ella, que estaba haciéndole un francés al jefe, al ver que el mango no entraba en su vulva, cogió la lanza y llenó la punta del mango con su saliva y los jugos lubricantes del pene del jefe y se la devolvió al indígena, que la penetró suavemente y con facilidad con ella. Uno de los vestidos de jaguar, al ver la escena, le acercó otra lanza a la boca de la chica y esta la tomó, junto al pene del jefe, y cuando estuvo bien lubricada, le penetró el culo con ella. Los dos nativos movían las lanzas con mucha destreza y Virginia dejó las lanzas completamente empapadas con un nuevo orgasmo. El jefe sacó su polla de la boca de la chica, apartó al indígena, y cogió con firmeza la lanza que tenía ensartada en el culo y se lo penetró también con su pene enorme. Ella estaba encantada al sentir la tranca del jefe en el culo junto a la lanza! El nativo de blanco, que movía la lanza en su coño y que antes ya había probado lo acogedor que era, tomó ejemplo del jefe y también la penetró junto a la lanza, por delante. Con los dos mangos y los dos penes moviéndose hábilmente en el culo y la vagina, mi novia no pudo resistir tener otro estruendoso orgasmo que resonó en la noche y fue respondido por el eco de mil sonidos de animales de la selva. Sus suspiros y gritos se sumaron a los de María, que estaba siendo follada por Roger por delante y por uno de los nativos de jaguar por detrás, mientras chupaba la polla al guía más decidido, que le llenó pronto la boca de leche. Cuando Gustavo vio tanto placer en su mujer, inundó de semen la cara de doña Pilar y esta, follada de pie por los dos guías más jóvenes, por delante y por detrás colmada de leche caliente, tuvo un orgasmo como nunca en su vida y gritó loca de placer.

Los tres guías, Gustavo, Roger y los nativos de jaguar dejaron a Pilar y María, satisfechas y felices, y se fueron hacia Virginia y admiraron como el jefe le estaba dando por el culo junto a la lanza, con la faldita en la cintura, mientras el nativo de la cara de blanco estaba bajo ella follándola con su pene y con otra lanza. Ella parecía la diosa del amor! Los nativos se acercaron a Virginia y esta les sonrió pícaramente. Estos le empezaron a oler las axilas y, con aprobación y placer, a lamérselas. Luego, a  cuatro patas igual que mi novia, como animales, le empezaron a oler los pies y, con cara de gusto y satisfacción, a acariciárselos. Los tres guías se empalmaron enseguida y acercaron sus tres penes a la boca de la chica. Ella, golosa como nunca, les besó las trancas apasionadamente y dejo que las tres entraran en su boca para chuparlas apasionadamente. Roger volvía a tener duro el pene al ver a mi chica y quería estar con ella. Pero cómo? Tenía la boca llena con los penes de los tres guías, una polla y una lanza follándola por el coño, otra polla y otra lanza le estaban dando por el culo. Además, los nativos de jaguar estaban abrazándola, tocándola, lamiéndola, oliéndola por todas partes. La chica vio el deseo de Roger y le cogió el pene con la mano, se lo introdujo junto a los de los tres guías y le hizo una mamada impresionante. Luego le sonrió y con cara de mucho deseo, ella misma se subió más la faldita, lo atrajo hasta su culo y lo introdujo centímetro a centímetro hasta tenerlo completamente dentro junto a la lanza y el pene del jefe. Roger movió rítmicamente la lanza con la ayuda del jefe y lo mismo hizo el salvaje de blanco hasta que Virginia gritó de placer al sumergirse en un orgasmo inolvidable. Las pollas explotaron al unísono, las de Roger y del jefe en el ano, del indígena de blanco en la vagina, de los otros nativos en todo el cuerpo, de los guías en la boca… Incluso Gustavo aprovecho para hacerse una paja y llenar el pecho, el cuello y la cara de la chica con su leche, que le miró entre enfadada y pícara, como resignada.

Empezó a desaparecer la noche y la selva despertaba. Los nativos totalmente satisfechos abrazaron a mi Virginia, la tendieron sobre la hojarasca y empezaron a mearle encima al tiempo de cantar una canción, como si fuera un rito de purificación y de limpieza. Los guías se sacaron sus penes e hicieron lo mismo. Y Roger y Gustavo también orinaron sobre ella. Virginia les miró agradecida, se sentía limpia y fresquita, lo mejor para resistir el calor del día que empezaba. Los atacantes desaparecieron como habían venido y los turistas empezaron a desmontar las tiendas. María i Pilar estaban muy agradecidas del sacrificio de mi novia y ella también de haberles podido ayudar. Roger estaba totalmente enamorado de mi Virginia. Gustavo sería el que pasaría peores vacaciones porque María le negó la palabra durante todo el viaje y no pudo consolarse ni con doña Pilar, que se vio satisfecha todas las noches por los guías, ni con Virginia, que se mantuvo fiel a mí, su novio, aunque nadie supo si Roger le acompañó alguna vez a su tienda o si los nativos volvieron a hacer alguna visita a mi novia en alguna otra ocasión o, quizás, todas las noches que duró el viaje, un viaje inolvidable.

GD Star Rating
loading...
GD Star Rating
loading...
Mi adorable novia Virginia (VII) - En la selva, 8.4 out of 10 based on 38 ratings
  
categoría:

Ningún comentario »

Aún no hay comentarios

Canal RSS de los comentarios de la entrada | URL para TrackBack

Deja un comentario

Debes iniciar sesión para hacer comentarios.

Bienvenido a la mayor comunidad de escritores de relatos eróticos


Copyright © 2008. Gestores Profesionales de Contenidos Digitales S.L.
Todos los derechos reservados