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Mi amigo gay Jaime

18 de enero de 2009

Se la metí y comencé a moverme tocando sus piernas y su verga; Jaime abrió sus piernas y quedé encima de él penetrándolo hasta el fondo, hasta que sentí que me iba a venir; me salí y lo acosté boca abajo, se lo metí y me apretó con sus nalgas y comencé a venirme, él contrajo sus músculos como lo había hecho con la boca, pero ahora era con el ano.Terminé como nunca, tuve un orgasmo larguísimo.

Mi historia se lleva a cabo en mi ciudad natal, una ciudad pequeña del centro del país, no muy ajetreada, pequeña y cálida.

Tenía en ese entonces un amigo que gay (vamos a decirle Jaime) que eventualmente nos invitaba unos tragos y pasábamos la bohemia en su casa con otros amigos, guitarras y buen relajo. A mí siempre me llamó un poco la onda gay, aunque no me considero uno de ellos me resulta excitante el hecho de que otro hombre me toque la verga o el culo, además es mucho más fácil conseguir sexo con otro hombre que con una mujer y las relaciones son menos complicadas, se trata de ir a que te la mamen y “hasta luego que te vaya bien”, sin reclamos ni nada de eso.

Pues ese día se terminó la bohemia, todos los amigos nos despedimos y nos enfilamos a nuestras casas; la verdad yo ya estaba algo pasado de copas y normalmente en ese estado me dan unas ganas terribles de coger, me he cogido mujeres horrendas en momentos como esos, pero esa noche no estaba disponible ninguna de mis amigas que usaba con ese fin, así que no me quedaba de otra más que llegar a casa y hacerme una chaqueta, rica, pero aburrida.

Apenas iba entrando por la puerta cuando se me ocurrió que todos mis amigos se habían ido a sus casas y mi amigo Jaime se había quedado solo, con muchas cervezas y cigarros que me llamaban a seguir la fiesta, así que me regresé por el mismo camino. Una vez que estuve cerca de su casa, tuve mucho cuidado de que nadie me viera, ya era de madrugada, pero me preocupaba que alguno de mis amigos pensara lo mismo que yo y me nos sorprendiéramos en la movida. Me acerqué a su puerta y toque el interfón, me respondió con voz de dormido:

-¿Quién es? -Yo le dije: soy yo, ¿puedes abrirme la puerta por favor?

Él no me preguntó nada, solo se abrió la puerta y me enfilé a su casa en medio de un gran jardín bien cuidado, con pasto y flores. Una vez que llegué a la puerta me recibió con una bata de dormir y me preguntó:

-¿Está todo bien?

Yo le dije: Si, no pasa nada, sólo que no tengo sueño y pensé que podía estar contigo unos minutos más. Él me sonrió y me invitó a pasar a su cuarto de juegos donde estuvimos con los demás amigos jugando billar apenas hacía media hora. Me ofreció algo de tomar, a lo que no me negué. Platicamos por un rato y yo con el alcohol estaba súper caliente, pero no tenía la confianza para pedirle una mamada, así que pensé que sería buena idea pedirle permiso de usar su baño y dejar la puerta abierta para que fuera él quien hiciera el movimiento inicial.

Me metí al baño a orinar, con tanta cerveza ya saben, pero dejé la puerta abierta y él me podía ver claramente ya que el excusado estaba justo en la entrada, por si fuera poco le seguí haciendo la plática para que tuviera que voltear a verme y así lo hizo, aunque no tuve la respuesta que yo creí, sobre todo porque yo no podía orinar tranquilo con esa erección.

Seguimos platicando un rato más y me decidí a otra cosa, le dije que me dejara bañarme, en ese momento vi su expresión y me di cuenta que sin quererlo ya había hecho yo el primer movimiento, pero ni modo, además ya era tarde y estaba borracho, lo que quería era que me dieran una mamada para irme a mi casa a dormir.

Él también estaba borracho para ese momento, así que subimos a su recámara para que pudiera tomar un baño. Me metí a la regadera, dejando la puerta abierta, pero mi excitación estaba al tope. Él se quitó del marco de la puerta y ya no me estaba viendo, solo se acercó cuando le pedí una toalla para secarme. Me dio la toalla y vi como me miraba, así que ambos sabíamos que iba a pasar, o eso creía yo.

Me invitó a sentarme en su cama, puso una película, la momia con Brendan Frasier. Yo me senté con un short encima solamente que le acababa de pedir prestado, no me había puesto nada debajo y el short estaba grande, bastante grande.

Comenzamos a ver la película y yo tenía mi tanda de cervezas a un lado de la cama, con mis cigarros y el control de la televisión, que más puede pedir un hombre. Para este momento él ya se había quitado la bata de dormir y tenía puesto solo el pantalón de la pijama, yo me recargué en la cabecera para ver la película, pero el bulto del short era más que obvio; Jaime se recostó a un costado mío y me puso la mano en la pierna a lo que accedí sin problemas, después sentí que me iba subiendo la mano, ya acariciándome de arriba abajo en movimientos suaves.

Después de ir subiendo poco a poco me empezó a meter la mano por entre el short hasta que pudo tocar mis huevos que para ese momento estaban duros por la excitación. Yo no dije nada y él subió hasta mi verga que estaba a todo lo que daba, me encontraba en una excitación que me había durado horas para ese momento ya, así que me acarició muy suavemente por un rato; llegó un momento en que ya quería que me la mamara y me quité el short quedando completamente desnudo.
Él de inmediato bajó a mi verga y me acarició con su cara, aunque lo que yo esperaba era que se la metiera a la boca, pero no lo hizo; me pidió que me recostara y así lo hice, ahora sí estaba seguro que me la iba a mamar, pero grande fue mi sorpresa cuando se bajó hasta mi ano y comenzó a chuparlo, eso era nuevo para mí, nadie me lo había hecho antes y se siente delicioso. Él me chupaba el ano y me masajeaba la verga y los huevos con sus manos, era mucha más excitación que nunca, me puso a mil.

Después de un rato le rogué para que me chupara la verga porque ya me quería venir, ya no aguantaba más. Jaime se puso de rodillas en la cama y me tocaba el ano con la punta de sus dedos, además me tocaba los huevos y me la chupó de una forma que no pude aguantarme, le dije: “me voy a venir”, así que él no me soltó, me apretó con la boca más fuerte y se movió más rápido, hasta que terminé en su boca, la verdad no hay como los gays para las mamadas, pero este tipo me había hecho sentir como nunca antes.

En ese momento yo pensé que se había acabado la fiesta, me tomé una cerveza, me fumé un cigarro y le agradecí por su hospitalidad, pero no contaba con que para él había sido solo el principio. Me fui a limpiar al baño y regresé, pero cuál fue mi sorpresa que lo encontré en la cama viendo una película de lesbianas, me pidió que me sentara y pues lo hice, de cualquier forma no había manera que se me parara la verga sino hasta dentro de otros veinte minutos, tiempo para el cual yo ya me imaginaba durmiendo como oso en mi propia cama.

Él me siguió tocando y le dije que ya no se me iba a parar, que me quería ir a mi casa a dormir, pero él se me la metió a la boca, la verdad para ese momento me dio mucha flojera y pensé en ponerme más firme y decirle que la fiesta se había terminado, pero me daba unas mamadas con tanta fuerza que me empezó a excitar nuevamente, lo hacía como una bomba de vacío, además me tocaba los huevos y verlo tan comprometido con su trabajo no pude evitar, se me paró otra vez, como la primera vez, así que dije, “ya se la ganó”.

Me la mamó por otro rato, llegó un momento que estaba tan excitado que le dije que se volteara para que yo pudiera tocarlo, cosa que yo nunca había hecho antes. Jaime se volteó un poco, lo suficiente como para que yo pudiera alcanzar su pija con la mano. Lo toqué y se excitó, así que le estaba devolviendo el favor con la mano. La escena por sí sola me calentó más aun, cuando lo vi sentarse en la cama y jalar una bolsita de su cómoda; sacó un lubricante y un condón, así que supe que era lo que quería. Me puso el condón y lo vi como se untaba un poco de lubricante en el culo.

Me dejó acostado, pero se puso encima de mí y de frente. Se metió mi verga de un solo golpe y comenzó a montar como un jinete mientas yo con la mano le hacía una paja, después de un rato se paró y se acostó a un lado mío, así que me puse de frente a él, subí sus piernas en mis hombros y puse una almohada debajo de su cadera con lo que dejé su ano en muy buena posición para metérsela.

Se la metí sin ningún esfuerzo y comencé a moverme de atrás hacia adelante, tocando sus piernas y su verga que no era grande; Jaime abrió sus piernas y quedé encima de él penetrándolo hasta el fondo, sin dejar de moverme hasta que sentí que me iba a venir; me salí y lo acosté boca abajo con las piernas abiertas así que se lo metí y me apretó con sus nalgas de una forma tan rica que comencé a venirme, cuando él sintió que me estaba viniendo contrajo sus músculos para apretarme, como lo había hecho con la boca, pero ahora era con el ano.

Terminé como nunca, tuve un orgasmo larguísimo, había sido la cosa más rica que me había pasado, lo disfruté sin culpas ni remordimientos. Él se quedó acostado y me agradeció el momento; yo, por supuesto, le agradecí también y me fui a mi casa recordando los detalles de esa cogida tan rica. Todavía me acuerdo y trato de no olvidar los detalles porque me sigo haciendo pajas pensando en esa ocasión. Esa fue la única vez que me cogió de esa forma, después de esa vez lo seguí visitando y la pasé muy bien, pero nunca como esa vez.

Ya les contaré después de otra ocasión en la que fui a su casa y lo encontré borracho y desnudo…

Autor: AA

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Mi amigo gay Jaime, 7.7 out of 10 based on 10 ratings
  
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1 comentario »

  1. Leon09 dice:

    Muy excitante tu relato. Me ire a masturbarme imaginando que soy tu amigo

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