Mi comadre Sandra

Ella se quejaba dolorosamente, está muy grande. Seguí con movimientos lentos, mi pene entraba y salía de su colita, al cabo de un rato sus quejidos de dolor fueron disminuyendo, Sandra comenzó a jadear; mi pito que entraba y salía del ano de Sandra, continuaba yo con movimientos lentos; ella aparte de jadear empezó a gemir y esos gemidos se escuchaba que ya eran de placer.

Hola amigos, a continuación les platicaré una historia que me sucedió hace algún tiempo, es la segunda que mando a esta página; empezaré diciéndoles que a Sandra quien es la protagonista de este relato, la conozco desde hace muchos años, fue mi compañera de primaria en la escuela pública donde yo asistí, en la secundaria sus papás la cambiaron a una escuela religiosa de paga, ahí continuó sus estudios; aunque habíamos sido compañeros, nunca hubo una amistad entre nosotros; luego, cuando la cambiaron de escuela menos contacto tuvimos, sólo la llegaba a ver en la calle; siempre llamó mi atención, ya que ella para mi gusto es muy hermosa.

Cuando entramos a la preparatoria, yo en la escuela pública a la que siempre fui y ella en la escuela particular ha donde la habían cambiado y siendo que vivimos en una ciudad pequeña en la que todo se sabe, me enteré que Sandra estaba saliendo con un chico y que sus papás de ella no estaban de acuerdo con esa relación; ese muchacho era más o menos de nuestra edad y trabajaba en una frutería. Los papás de Sandra por lo que se supo estaban indignados porque este chico era humilde, sin estudios, y su trabajo en la frutería era la de descargar camiones, amigas mías que conocían a Sandra me platicaron en ese entonces que los papás de ella le habían prohibido seguir con esa relación, sin embargo Sandra continuó viéndose a escondidas con ese muchacho, se embarazó y terminó huyendo con él.

Se supo que los papás de Sandra la fueron a buscar para decirle que si decidía quedarse con ese muchacho se olvidara de ellos, Sandra aceptó esa situación y se distanció de su familia. Después me enteré que ella se había salido de la escuela; me la llegué a encontrar algunas veces en la calle cuando su embarazo ya se le notaba, luego de unos mese la vi cargando a su bebé, recuerdo que se observaba descuidada en su persona, cosa que me sorprendía ya que Sandra cuando vivía con sus papás era una chica bien arreglada y un tanto soberbia, siempre andaba con ropa que estaba de moda y que se notaba era de buena calidad; sin embargo, después de que se había ido a vivir con ese muchacho se veía muy diferente.

Así pasó el tiempo, yo terminé mi preparatoria y me fui a estudiar arquitectura a la capital del estado donde nací, a mi casa sólo iba cada fin de semana; de vez en cuando llegaba a encontrarme a Sandra caminando por alguna calle; al concluir mi carrera, me establecí en mi ciudad natal, para ese entonces tenía yo 23 años (Sandra igualmente tenía esa edad) Puse un despacho en un local que renté; varias veces en que llegaba o me iba de mi despacho me encontraba a Sandra caminando por esa calle, me enteré que vivía con su marido muy cerca de ahí, se seguía observando descuidada, con esto quiero decir que no se le notaba un peinado adecuado, ni ningún tipo de maquillaje, aparte de que su ropa se veía desgastada, aunque diré que siempre andaba limpia y a su hijo que para entonces ya iba en la primaria, lo traía impecable; en esos días ya tenía otro bebé pequeño de sólo unos meses de edad.

A pesar de que a Sandra no le ayudaba su ropa, se le veía un cuerpo atractivo, de hecho desde que estudiaba y estaba soltera tenía una hermosa cara y poseía una linda figura, y al parecer después de tener a sus dos hijos, lejos de afectarle la había hecho embarnecer, notándosele un cuerpo exuberante. Sus senos son grandes, sus caderas anchas, su abdomen se le veía plano, es de piel blanca, su cabello es de color amarillo trigueño, lacio y largo, le llega a la cintura, en su cara tiene un poco de pecas, sus ojos son de color verde claro, mide como 1.75m, sus piernas son alargadas y bien torneadas, tiene sus pestañas rizadas y una mirada de chica tímida.

Así que por el hecho de que éramos vecinos a Sandra me la topaba frecuentemente, hasta ese momento no nos saludábamos, yo no sabía si ella me recordaba, cada vez fue llamando más mi atención, hasta que mi forma de mirarla se empezó ha hacer un tanto descarada, ella se daba cuanta y agachaba su vista para no encontrarse con mis ojos; en una ocasión fui a una tienda cercana a mi despacho, al entrar me di cuenta que Sandra estaba ahí, había comprado unas cosas he iba saliendo, llevaba de la mano a su hijo mayor el cual comenzó ha hacer un berrinche  porque quería una bolsa de frituras, Sandra un tanto nerviosa le decía que en ese momento no llevaba dinero, al pasar junto a ellos le dije: Que se lleve las frituras el niño, yo se las invito. Ella volteó a verme un tanto sería y de manera cortante me dijo: No gracias. Cargó a su hijo y se fue de ahí.

En otra ocasión, después de haberme tomado unos tragos fui a mi despacho, eran como las nueve de la noche, al llegar y estacionar mi camioneta vi en el espejo retrovisor que Sandra venía caminando sola por la banqueta, esperé un poco a modo de bajarme cuando ya viniera cerca, así lo hice y cuando pasó junto a mi, quizás animado por el efecto del alcohol le dije: Adiós, que preciosa estás mi reina. Ella al escuchar eso clavó su mirada al piso y caminó rápido alejándose de ahí. Me arrepentí de haberle dicho eso porque en realidad yo no sabía como reaccionaria ella, quizás se lo podía decir a su marido y habría problemas.

A los pocos días de eso, me fue a ver a mi despacho una persona llamada Luís, quien es dueño de varios negocios en la ciudad donde vivo, me hizo saber que pretendía construir un club campestre y quería que le dirigiera la obra, llegamos a un acuerdo, me dijo que me iba a presentar a un maestro albañil que era su compadre, al cual le tenía mucha confianza, solicitándome que él participara en la obra, le dije que yo no tenía ningún inconveniente, le llamó por teléfono, lo citó en mi despacho, esta persona llegó a los pocos minutos, cuando entró me di cuenta que se trataba del esposo de Sandra, don Luís me lo presentó, yo lo conocía de vista, pero nunca había cruzado palabra con él.

Platicamos del proyecto y al final don Luís dijo: Bueno, entonces pronto comenzaremos a trabajar, pero esto hay que celebrarlo, comamos juntos mañana. En seguida le mencionó al esposo de Sandra: Que te parece que sea en tu casa, sería bueno que el arquitecto probara lo rico que guisa tu esposa, yo te llevo todo lo necesario. Él contestó: Claro, desde ahora le aviso a mi mujer. Quedamos de vernos al día siguiente a las cuatro de la tarde, el esposo de Sandra me indicó la calle y número de su casa; al otro día yo estuve puntual a la cita; aunque ya sabía que ellos vivían cerca de mi despacho, nunca me había fijado donde era exactamente, al llegar al número me di cuenta que se trataba de una vecindad.

Yo iba preocupado por lo que le había dicho días antes a Sandra, no sabía si se lo habría platicado a su esposo, aparte, el hecho de saber que estaría en la casa de esa chica me hacía sentir nervioso; al tocar la puerta de la vivienda fue Sandra la que me abrió, le di las buenas tardes, ella me miró a la cara aunque de inmediato bajó su vista, me contestó el saludo en voz baja y me dijo que pasara, don Luís y el esposo de Sandra se encontraban sentados en los sillones de una pequeña sala, me saludaron, se notaba que ya se habían tomado algunas cervezas, el departamento era muy reducido, sólo eran dos cuartos, en uno estaba la sala, un comedor chico y una pequeña estufa, todo muy junto, y en el otro cuarto se veía que era donde dormían; Sandra luego que me abrió se fue a la estufa, estaba cocinando algo.

Don Luís después de saludarme le dijo a Sandra: Comadre, te presentamos al arquitecto, tú esposo y yo le platicamos de lo rico que guisas y él nos dijo que quería ver si era cierto. Ella volteó y sonrió tímidamente; don Luís, el esposo de Sandra y yo comenzamos a platicar y a tomar cervezas, ella siguió cocinando, como a la media hora se dirigió a su esposo diciéndole que ya estaba todo listo, nos pasamos a la pequeña mesa del comedor, Sandra nos comenzó a servir, al terminar de comer don Luís me dijo: ¿Ya se dio cuenta que no exageré cuando le mencioné lo sabroso que cocina mi comadre? Yo le contesté: Todo estuvo delicioso, gracias señora, pocas veces se come así de sabroso. Ella ahí en la estufa volteó a vernos con una sonrisa un tanto forzada.

Después de comer don Luís bajó de su coche unas botellas de brandy y me dijo: Mi compadre y yo siempre tomamos aquí, quizás usted no esté muy a gusto, pero le pido de favor que nos siga acompañando. Le dije que si; Sandra sirvió unos platos de comida y los tomó diciéndole a su marido: Voy a comer con mis hijos, si quieres algo me hablas. Se dirigió al otro cuarto que había ahí en la vivienda, nosotros seguimos tomando, después de un rato ya estábamos ebrios, principalmente el esposo de Sandra, me empezó a abrazar diciéndome que le caía muy bien, luego me mencionó que me quería invitar de compadre.

Le dije que aceptaba, él llamó a Sandra, la cual salió del cuarto donde estaba con sus hijos, su esposo le indicó que se sentara junto a nosotros diciéndole: Ya invité al arquitecto de compadre para que sea el padrino de nuestro hijo mayor que va a ser su primera comunión. Ella le contestó: Como tú decidas. Su esposo con una marcada voz de ebrio le mencionó: Ya se que es como yo decida, no te estoy pidiendo tu opinión. Sandra se quedó agachada; luego, se levantó y comenzó a recoger los platos de la mesa, seguimos tomando, su esposo a cada rato le gritaba diciéndole que se fuera a sentar con nosotros, sus peticiones iban acompañadas de groserías e insultos, ella no contestaba nada, yo me estaba sintiendo incomodo de esa situación, en un momento que don Luís y el esposo de Sandra platicaban, fui a orinar, el baño estaba afuera de la vivienda, lo compartían con otros vecinos.

Cuando regresé me di cuenta que don Luís y su compadre seguían hablando, al pasar junto a Sandra de manera discreta le dije: El otro día me comporté muy vulgar contigo, ojala me disculpes. Ella sin contestarme nada se fue a acomodar unos platos que había lavado, de lo que le mencioné a Sandra ni don Luís ni su espeso se dieron cuenta, le habían subido mucho a la música; yo me volví a ir a sentar con ellos, nos tomamos otras copas, el esposo de Sandra estaba más que ebrio y sólo decía incoherencias, pasado un rato ese tipo se quedó dormido en el sillón, le dije a don Luís que nos fuéramos, los dos nos salimos despidiéndonos de Sandra, la cual se notaba entre enojada y avergonzada.

Don Luís y yo seguimos la parranda otro rato, nos fuimos a un bar, estuvimos conversando de varias cosas, dentro de ellas me platicó de Sandra y su esposo diciéndome: Mi compadre siempre se queja conmigo de que Sandra es muy fría y santurrona, por eso busca otras mujeres que le hagan en la cama lo que ella nunca quiere hacerle, y pienso que mi compadre tiene razón, Sandra es una mojigata, en una ocasión le propuse que saliéramos, ella me contestó con groserías advirtiéndome que a la próxima vez que la molestara le iba a decir a mi compadre y para evitar problemas no le volví a insistir; pudo haber tenido conmigo una relación discreta, le hubiera ido bien, porque se habría ganado un dinerito que buena falta les hace. Yo lo escuché sin hacer ningún comentario al respecto.

Como a la semana de esa parranda, estando en mi despacho, mi secretaria entró a mi privado informándome que me buscaba alguien llamada Sandra, le mencioné que la hiciera pasar, fue una sorpresa el ver que era mi vecina, la saludé y la invité a que se sentara, le ofrecí algo de tomar, ella me dijo que no, que sólo iba por un instante, le insistí que tomara algo, terminó aceptándome un café, mi secretaria lo preparó, Sandra que se notaba nerviosa me dijo: Vengo de parte de mi marido, él no pudo venir porque anda trabajando fuera de la ciudad, no se si recuerda que lo invitó de padrino de primera comunión de mi hijo mayor, me da pena el momento que mi esposo escogió para hacer eso, quisiera saber si en realidad acepta esa invitación, si por alguna razón no lo desea, no hay ningún problema, hoy tengo que dar en la iglesia el nombre del padrino, esa es la razón de mi visita.

Le contesté: Noté que hubo una imposición de parte de tú esposo y posiblemente tú no quieras que yo sea el padrino. Sandra me mencionó: Yo acato lo que mi marido decide. Le dije que entonces aceptaba; Sandra me hizo saber que con posterioridad su esposo me pasaría a avisar el día. Viendo que Sandra estaba encaminando la platica para despedirse le dije: Aprovechando que te veo, quiero decirte que me da mucha pena lo que pasó el otro día cuando te encontré en la calle, discúlpame por lo que te dije, no acostumbro comportarme así, no se lo que me pasó, créeme que no volverá a ocurrir. Noté que Sandra le daba sorbos grandes a su café, luego me dijo un tanto seria: Espero realmente que no vuelva a suceder porque podría usted tener problemas con mi marido. Enseguida nos despedimos y se fue.

Al día siguiente, al llegar a mi despacho, mi secretaria me entregó una invitación que Sandra un rato antes me había llevado, ahí decía el día, la hora y la iglesia donde iba a ser la misa de primera comunión de su hijo, era para el siguiente sábado; un día antes de la primera comunión, el esposo de Sandra me llamó a mi despacho mencionándome que tenía que salir fuera de la ciudad y que no iba a poder estar en la misa, sugiriéndome que yo tampoco fuera y que mejor en la siguiente semana nos viéramos para festejar nuestro compadrazgo, le dije que si; me di cuenta que lo único que le interesaba a ese tipo era el festejo y la borrachera; de momento tuve la idea de no ir a la misa, pero al otro día por la mañana me puse a pensar que ya le había comprado las cosas religiosas que se les dan a los niños en el momento de su primera comunión y que quizás su mamá no llevaría nada creyendo que yo como su padrino se las iba a entregar porque esa es la costumbre.

Después de darle vueltas al asunto decidí ir, llegué a la iglesia un rato antes de que comenzara la misa, a los pocos minutos vi que Sandra entraba con su hijo y una señora que era conocida mía y que después supe era comadre de ella, no me vieron, la misa empezó, me acerqué con Sandra para darle las cosas que tría, noté que se sorprendió de verme, aunque no me dijo nada, tomó las cosas dándome las gracias y se las llevó al niño, luego de concluir la misa y ya estando afuera de la iglesia, Sandra me volvió a dar las gracias, me mencionó que su esposo le había dicho que yo no iba a ir, le dije que eso no hubiera sido correcto, que si era el padrino del niño tenía que estar presente en su misa, fui a la camioneta por el regalo que le había comprado, al dárselo el niño se puso muy feliz.

Sandra me dijo: Que pena arquitecto, hoy no preparé nada para invitarlo a comer, pero en estos días le vamos a organizar algo. Yo les mencioné: Que les parece si mejor yo las invito a comer a algún lado, Sandra me contestó: No puedo, tengo que regresar a la casa porque en cualquier momento llega mi marido. Su comadre de Sandra dijo: Mi hija ya debe estar llegando a mi casa, viene de visita y no puedo dejarla esperando afuera, pero tú comadre, no tienes nada que hacer, ya sabes que cuando los fines de semana tu marido se va, llega hasta el lunes, para que pierdes el tiempo en ir a esperarlo.

Su comadre y yo le seguimos insistiendo hasta que Sandra aceptó, aunque no de muy buena gana; nos subimos a mi camioneta, pasé a dejar a su comadre que vivía en la misma vecindad de ella, al bajarse le volvió a decir: Recuerda que tu esposo anda disfrutando, así que tú diviértete. Yo no entendía porque le decía eso; Sandra, mi ahijado, el bebé mas pequeño de ella y yo, nos fuimos a un restaurante, estando ahí platicamos de varias cosas, recordamos cuando habíamos sido compañeros de escuela, al terminar de comer, mi ahijado le insistió a Sandra que lo dejara ir a unos juegos infantiles que había en la entrada del restaurante, ella aceptó diciéndole: Bueno, pero sólo unos minutos, porque ya nos tenemos que ir, tu papá puede llegar en cualquier momento. Mi ahijado le contestó: Aay  mama, mi papá cuando se va los fines de semana regresa hasta el lunes. Ella le dijo: Eso a ti no te importa, ya te dije que sólo un rato y no discutas.

Mi ahijado se fue a jugar, el hijo más pequeño de Sandra se había quedado dormido en sus brazos, en ese momento le dije: Se notaba que no tenías ganas de venir, posiblemente me tienes desconfianza por lo vulgar que me porté la otra vez cuando te encontré en la calle, pero me gustaría aclararte que todo fue motivado por que me atraes mucho, yo se que eres casada y que nunca voy a tener una oportunidad contigo, pero no puedo evitar decirte que me encantas, envidio a tu marido por tener una esposa tan bella como tú. Ella se quedó callada y agachada, luego de unos instantes me dijo: Ya me quiero ir. Yo ya había pagado la cuenta, al mencionarme eso se levantó de la mesa, yo también lo hice, nos dirigimos a la salida, llamó a su hijo y nos subimos a la camioneta, en el trayecto del camino no hablamos, cuando estábamos a punto de llegar a su casa me mencionó: No me lleve hasta mi casa, no quiero que mis vecinos lo vean, déjeme una calle antes; La bajé donde me dijo, cuando descendió de la camioneta de forma muy seria y seca me dio las gracias.

El jueves de la siguiente semana llegaron a mi despacho el esposo de Sandra y don Luís, iban a recoger los planos del club campestre, el esposo de Sandra me dijo que no había tenido tiempo de hacerme una comida, pero que eso estaba pendiente, no me mencionó nada sobre la invitación al restaurante que le había hecho a su esposa e hijos, en realidad no sabía si Sandra le habría platicado. Don Luís me mencionó que ese día por la tarde iba a salir de viaje junto con el esposo de Sandra, que irían a xxx (Una ciudad que está lejana del lugar donde vivimos) que regresaban hasta el lunes siguiente, me platicaron que se llevaban a unas chicas y que pretendían pasársela bien con ellas todo ese fin de semana, me invitaron pero yo les dije que no podía porque ya tenía otros compromisos.

Ese mismo día jueves por la noche cuando estaba cerrando el despacho, Sandra venia caminando por la calle cargando a su bebé, cuando llegó junto a mí la saludé y le pregunté hacia donde iba, me dijo que se dirigía al centro a comprar leche, le pregunté si quería que la llevara en la camioneta, ella me respondió: No, gracias, quiero caminar. Yo le mencioné: Creo que con lo que te dije el día que fuimos a comer sólo terminé de hacerte enojar. Ella me contestó: No quiero hablar más de eso, me voy porque van a cerrar la tienda, Yo le mencioné: Lo que te dije no fue para molestarte, te quise dejar en claro lo que significas para mi, me encantaría que hoy o mañana pudieras aceptar ir a tomar un café, a comer o a cenar conmigo, sólo para platicar y aclarar todo esto. Ella me dijo muy molesta: Creo que usted no ha comprendido que yo estoy casada, no se porque se atreve a decirme tales cosas ¿Es tan tonto para pensar que voy a salir con usted? ¿Y mi esposo que haría mientras? ¿Esperarme cruzado de brazos ahí en la casa?

Yo le mencioné: Bueno, si en este momento me atreví a pedirte que saliéramos es porque se que tu esposo no va ha estar este fin de semana. Ella aún más molesta me contestó: Haa, o sea que encima de todo nos anda espiando, y de que sabe que no esta mi esposo quiere aprovecharse de la situación, que gran abuso de su parte, por desgracia, mi condición de mujer no me permite golpearlo pero ganas no me faltan, esto se lo diré a mi marido y él se entenderá con usted. Luego que me dijo eso se fue a paso rápido, era evidente que Sandra ya estaba muy molesta por mis ocurrencias.

Al otro día que era viernes, me fui a comer a mi casa, ya no regresé a trabajar, como a las cinco de la tarde tocaron el timbre, al abrir me di cuenta que se trataba de la comadre de Sandra, la misma que la había acompañado a la iglesia el día de la primera comunión de su hijo, esa señora se llama Lola, la hice pasar saludándola y nos fuimos a la sala, a doña Lola mi familia y yo la conocemos desde hace años, cuando nací le ayudaba a mi mamá en los quehaceres de la casa, trabajó ahí con nosotros hasta que yo tuve como cuatro años, después se casó y se fue, ella dice quererme mucho porque me vio y cuidó cuando fui bebé.

Doña Lola me dijo: Aparte de venir a saludarte quiero contarte algo, sucede que mi comadre Sandra hace un rato me platicó que ayer en la noche la invitaste a salir y que se había portado cortante contigo, yo le dije que hizo mal, porque mientras ella siempre está metida en su casa, su marido se anda divirtiendo, mi comadre sabe que él tiene otra mujer en la capital y que ya la hizo su amante y sabe también que todos los viernes se va con ella, a Sandra le dice que va a trabajar, pero no es cierto, le ha encontrado notas de muebles que ya le ha comprado para su casa y otras cosas más, yo le digo que no sea tonta, que de vez en cuando salga a divertirse, que se distraiga; su marido no ha sabido aprovechar a mi comadre, anda buscando pellejos teniendo un filete en su casa, Sandra es una mujer linda, limpia, responsable con sus hijos y su casa, yo no se ese tipo que quiere.

Doña Lola me siguió contando: Sandra cuando vivía con sus papás estaba acostumbrada a una buena vida y ahora su marido la tiene muy mal, muchas veces me va a pedir cosas de comer porque ese tipo se desaparece por días sin dejarle un sólo peso, la ropa que trae está toda desgastada y alguna hasta remendada, mientras el irresponsable de su marido gastándose el dinero con otras mujeres; hace un año sus papás de Sandra viendo su situación le dijeron que para ayudarla le ponían el negocio que ella quisiera, mi comadre les pidió una tienda de ropa, sus papás le compraron todo incluida mucha mercancía y le dieron dinero para que pagara un año de renta de un local, su marido con engaños le pidió ese dinero, luego hizo que malbaratara la mercancía pidiéndole también el dinero, jamás le devolvió nada, sus papás de Sandra al ver que no ponía el negocio estuvieron preguntándole insistentemente cual era el motivo, hasta que mi comadre se vio tan presionada que terminó peleándose con ellos.

Por último, doña Lola me dijo: Mi comadre no se merece vivir así, quisiera que reaccionara y le exigiera más a su marido o de plano buscara una vida mejor, pero lo veo difícil; cuando yo le dije que había sido una tonta con no aceptar tu invitación a salir, ella se quedó pensando y me mencionó que eso ya no tenía remedio; quisiera pedirte que te animes a llamarle, acá te dejo el numero de su celular, yo ahora que regrese vuelvo a platicar con ella para convencerla, si decides llamarle márcale como en una hora; pensaras que me meto en lo que no me importa, pero quisiera que esta niña se distrajera un poco, que platicara con alguien más, para ver si su mente se aclara y reacciona.

Cuando doña Lola se fue, estuve pensando en todo lo que me había dicho y pasada la hora que me mencionó me decidí y marqué al número de celular de Sandra, ella me contestó, la reconocí por su inconfundible voz de timbre muy femenino, yo le dije: Hola, ¿Cómo estas? Habla el arquitecto. Ella en un tono de enojo me respondió: ¿Por qué me marcó aquí? ¿Quien le dio este número? Yo le respondí: Eso es lo que menos importa ahora, después te lo explico, se que estás molesta, que ayer fuiste clara conmigo, es la última vez que insisto, no pretendo incomodarte más, sólo quiero saber si me das una oportunidad de salir contigo, no pienso quitarte mucho tiempo. Ella me contestó: usted es la persona más necia que he conocido, no se como hacerle entender que soy una persona casada y que no quiero meterme ni meterlo en problemas.

Yo le mencioné: Pero es que no puede haber problemas, porque no vamos a hacer algo malo, sólo iríamos a tomar un café o cenar a algún lugar, es más, podemos ir a la ciudad de xxx (Es una Ciudad que es más grande que en donde vivimos y que está como a treinta minutos por carretera) ahí nadie nos va a conocer, cenamos, platicamos un rato y nos regresamos, no le veo el problema, además, tu esposo no está en la ciudad y no es que yo lo ande espiando, sino que él mismo me lo platicó, así que no te verías tan presionada en tiempo, que dices ¿Aceptas? Se quedó callada un rato y luego me dijo: Sucede que aunque no está mi marido, están mis hijos, y no puedo dejarlos solos, pero, suponiendo que saliera con usted, seguramente pensaría que soy una mujer de lo peor por aceptar una invitación de este tipo con un hombre distinto a mi esposo y quizás por ello quisiera usted faltarme el respeto; no estoy dispuesta a arriesgarme a eso.

Yo le contesté: Jamás te faltaría al respeto, yo no niego que me encantas, pero se que es imposible que entre tú y yo pudiera haber algo, me conformo por lo menos con estar junto a ti aunque sea unos minutos. Ella me dijo: Déjeme pensarlo, en mí teléfono me quedó registrado su número, si me decido yo le marco en un rato.

Pensé que nunca me iba a llamar, sin embargo, apenas habían pasado veinte minutos cuando mi teléfono sonó, era Sandra y al contestarle mi dijo: Hola, creo que ya me volví igual de loca que usted; si le parece nos veamos a las 8:30 en la construcción que están haciendo en la esquina de mi casa; no llegue tarde porque ese lugar esta oscuro, ojala no piense mal de mi por el hecho de estar aceptando esta invitación, lo hago como amigos, lo último que haría en mi vida sería faltarle al respeto a mi marido. Yo le mencioné que no se preocupara. Ya faltaba poco tiempo, me duché, me vestí y me fui en la camioneta al lugar que Sandra me había indicado, no había nadie, pero al poco rato vi por el espejo retrovisor que ella venía llegando, abrió la portezuela de la camioneta  y se subió, me dijo que nos fuéramos pronto de ahí, se veía muy nerviosa.

Ella llevaba puesto un sencillo vestido de tela muy delgada y una especie de sandalias, me sorprendió ver que traía en sus brazos a su bebé el más pequeño enredado en una ligera frazada, en ese momento me mencionó: Mi hijo el mayor se quedó en la casa de doña Lola, me decía que le dejara también a mi bebé, pero no quise porque me da miedo que se ponga a llorar y no sepan que hacer con él, así que decidí traérmelo; al grande nunca lo había dejado encargado, me da también un poco de miedo haberlo hecho, veremos que pasa. Luego me preguntó: ¿Le molesta que traiga a mí bebé? Yo le dije que no.

Tomamos la carretera; durante el trayecto me fue platicando cosas de sus hijos en relación a que estaban muy acostumbrados a ella, etc., después de un rato yo le dije: Podrías intentar ya no hablarme de usted, somos de la misma edad, y creo que hay cierta confianza entre nosotros. Ella me contestó: El hablarse de usted no tiene nada que ver con la edad, es por respeto, además pienso que mucha confianza no la hay. Yo sólo sonreí y ya no le mencioné nada al respecto.

El bebé de Sandra se había mantenido dormido durante el camino; llegamos a un restaurante, le pregunté al valet parking si habría lugar, nos indicó que si, lo cual ya era tener suerte porque todos los sitios públicos los viernes por la noche están llenos; dentro del restaurante y justo cuando acabábamos de ordenar, comenzó a tocar una orquesta que ahí había, el ruido era moderado, sin embargo fue suficiente para que el bebé de Sandra despertara, comenzó a llorar fuerte, la gente que estaba en las mesas cercanas volteaba a ver que sucedía.

Sandra me mencionó que iba a salir un rato para ver si afuera se callaba, en ese momento nos llevaron el primer platillo; como no regresaba salí a buscarla, un mesero me alcanzó y me dijo que no me podía ir sin pagar la cuanta, esa situación me molestó, porque no era mi intención hacer eso, discutimos, tuvo que llegar el gerente del restaurante, le expliqué la situación, terminaron regañando al mesero, Sandra andaba paseando a su bebé en el estacionamiento, al ver que yo discutía con esos tipos llegó junto a nosotros, ya no quise que entráramos, les dije que me llevaran la cuenta y que nos retiraríamos del lugar.

Pagué la cuenta, tardaron un poco en llevarnos la camioneta, Sandra estaba temblando, quizás por el frío que hacia y creo yo que también de nervios por lo que había pasado, me quité mi chamarra y se lo puse en la espalda, ella me dijo: Gracias, pero, usted se va a congelar. Le dije que no se preocupara. Nos entregaron la camioneta y al subirnos lo primero que hice fue poner la calefacción, el frío esa noche había arreciado mucho, sentí alivio y yo creo que el bebé de Sandra también porque se quedó callado, ella me dijo: Discúlpeme por lo que sucedió, si no hubieran comenzado a tocar esa música mi bebé no habría despertado, por mi culpa se peleó usted con esas personas, ya arruiné la noche Yo le mencioné: El mesero fue un imprudente, pero no te preocupes, no has arruinado nada, con el simple hecho de que me estés acompañando la noche para mi es linda.

Ella me dijo: Mejor regresémonos. Yo le mencioné: Por lo menos hay que cenar algo. Sandra respondió: Ya esta haciendo mucho frío y si bajo a mi bebé le puede hacer mal, esto que traigo para cubrirlo es muy delgado, no pensé que fuera a descender tanto la temperatura, y seguramente donde entremos va a ver ruido, va a comenzar a llorar otra vez y ya no quiero hacerlo pasar a Usted otro mal rato.

Me quedé pensando y le dije: Te invito unas hamburguesas en restaurante que está cerca, las pueden traer a la camioneta y aquí mismo nos las comemos. Ella me contestó: Como Usted quiera. Me dirigí a ese restaurante, llegando pedí las hamburguesas y demás cosas, las llevaron y en lugar de quedarme ahí puse en marcha la camioneta y le dije a Sandra: Vamos a un sitio que te va a gustar, ahí nos comemos las hamburguesas. Ella no dijo nada, pero cuando vio que me estaba saliendo de la ciudad me mencionó: ¿Hacia donde vamos? Aquí ya no hay nada. De reojo vi su cara con un gesto de miedo, le mencioné: No te preocupes, vamos a un mirador en donde se ve toda la ciudad, ya estamos cerca.

Ella me dijo: Ya es tarde, debe estar solo y yo traigo a mí bebé. Le mencioné: A esta hora siempre hay gente en sus coches disfrutando de la vista. Sandra ya no dijo nada aunque se le seguía notando un gesto de preocupación, llegamos al lugar y efectivamente había varios coches, busqué un sitio que me gustó, estacione la camioneta, y le mencioné: Mira como se ve ¿Te gusta? Ella me contestó: Si, es una vista hermosa. Comencé a abrir las bolsas que traían las hamburguesas, papas y demás cosas, el bebé de Sandra estaba durmiendo, le dije que lo recostara en el asiento de atrás para que pudiera comer, ella lo hizo y luego se sentó junto a mi, comimos observando las luces de la ciudad y las estrellas, yo lo mencioné: Jamás me imaginé que después de haberme costado tanto trabajo convencerte de que salieras conmigo, terminaríamos comiendo hamburguesas en mi camioneta. Ella sonrió y me dijo: Es mi culpa, pero acá está lindo.

Yo le pregunté: ¿Sigo siendo desagradable para ti? Ella me contestó: Nunca he considerado que usted sea desagradable, me he enojado cuando me ha dicho cosas indebidas. Le seguí preguntando: ¿Te molesta cuando alguien te dice que eres linda y le gustas? Ella me respondió: No es que me moleste, pero en mi caso me siento incomoda porque soy casada y le debo respeto a mi marido. Le dije: En un supuesto caso que tú no estuvieras casada ¿Hubiera podido tener una oportunidad de ser tú novio? Ella me mencionó: Pero que caso tiene hablar de ello, mi realidad no la puedo cambiar.

Terminamos de comer y nos quedamos callados, comenzó una canción en la radio, Sandra me dijo que le gustaba; en ese momento le mencioné: El estar junto a ti me hace sentir mucha tranquilidad, quisiera que este momento durara para siempre, envidio a tu esposo, el te puede tener todo el tiempo, es un tipo con suerte. Ella me dijo: No se crea, quizás no valgo tanto la pena. Yo le respondí: Claro que si, eres una chica linda, agradable, tierna, se nota que eres una excelente madre, en fin. Sandra se quedó sería sin contestarme nada, miraba hacia el frente; luego, casi de forma imperceptible se arrimo un poco en el asiento acercándose más a mi y delicadamente recostó su cabeza en mi hombro; sentí ternura al verla, mi brazo derecho se lo pasé sobre sus hombros abrazándola, ella no me dijo nada.

Nos volvimos a quedar en silencio, la luz que se reflejaba de la ciudad y la de la luna que ese día estaba casi llena, era suficiente para poder ver, Sandra continuó con su cabeza recargada sobre mi hombro, tenía los parpados de sus ojos cerrados, como ya habían pasado algunos minutos sin que habláramos y sin que se moviera, pensé que se había dormido, en voz baja le pregunté si estaba despierta, ella me contestó que si, la luz de la luna le daba en su lindo rostro, esa luz hacia brillar su pelo dorado, sus carnosos labios se veían hermosos, olía ligeramente a loción de bebé; poco a poco fui moviéndome hasta poner mi cara junto a la suya, pensé que Sandra iba a abrir sus ojos y a moverse de ahí, pero no fue así.

Muy despacio mi boca llegó a la suya dándole un beso tierno, ella sin reclamar abrió un poco sus labios para recibir los míos, no podía creer que estuviera besando a esa chica, su saliva tenía un sabor dulce, seguía con sus parpados cerrados, con mis manos acariciaba suavemente su espalda por encima de su delgado vestido, así continuamos besándonos unos instantes más hasta que separó su boca de la mía, sin decirme nada se quedó sentada mirando hacia el frente, tomó mi chamarra que rato antes le había prestado, se la tapó y se arrimó a la ventanilla de su lado, yo me le acerqué, la tomé de su barbilla haciendo que girara su cara hacia mi para seguir besándola, ella me dijo: No, ya no, esto no está bien. Le mencioné: Es sólo un beso. Y sin dejarla decir más, fundí mi boca en la suya.

Ese beso fue más apasionado que el anterior, sus labios al igual que los míos se movían acariciándose mutuamente, Sandra abría su boca dejando que mi lengua hurgara ahí adentro, con mis manos le recorría su espalda y lentamente las fui moviendo hasta que llegué a sus senos comenzándoselos a acariciar por encima de su delgado vestido, ella al sentir esto balbuceando con su boca pegada a la mía me decía: No, deténgase, no haga eso. A pesar de sus palabras continuábamos besándonos ardientemente, al cabo de unos instantes mis manoseos se volvieron más intensos dándole apretones a sus enormes tetas, Sandra continuaba diciéndome que no hiciera eso aunque no despegaba su boca de la mía; metí una mano por debajo de su vestido tocándole delicadamente sus muslos, fui subiéndola lentamente hasta llegar a sus pantaletas, ella con su boca pegada a la mía decía con voz apagada: Yaaa, ya bastaaa.

A pesar de sus ligeros reclamos siguió besándome intensamente; sentado en el asiento de la camioneta poco a poco la fui jalando hasta que ella quedó montada sobre mi, es decir, sentada sobre mis muslos, mi verga para ese momento de lo erecta que la tenía casi reventaba mi pantalón, ella indudablemente que debió sentirla; en esa posición sus piernas le quedaron abiertas y su vestido se le subió un poco, durante ese movimiento nuestros labios nunca se separaron, ella balbuceando me decía: Aayyyy, espere ¿Qué hace? ¿Por qué así? Sin embargo, se fue dejando llevar quedando completamente montada sobre mis muslos; mis manos se las puse en su trasero subiéndole aún más sobre su espalda su delgado vestido, le comencé a acariciar sus nalgas por encima de sus pantaletas, ella me abrazaba de mi cuello sin dejar de besarnos, fui metiendo mis manos por debajo de sus calzoncitos tocándole la piel de sus suaves y enormes nalgas, sin despegar su boca de la mía Sandra continuaba reclamando: Yaaa, no me toque así, yaaaa.

Mis dedos recorrieron la piel de sus voluptuosas nalgas; luego, teniéndola montada ahí sobre mi pasé una de mis manos por en medio de sus piernas abiertas y comencé a acariciarle su vagina por encima de sus pantaletas, cuando sintió mis dedos en esa parte lanzó un ligero gemido, al mismo tiempo que me dijo: Ya no, yaa no, entienda que esto no está bien.

A pesar de sus reclamos continuamos con ese beso apasionado, la tela de sus pantaletas en la parte de su vagina se sentía muy húmeda; sin dejar de besarla metí uno de mis dedos por debajo de sus calzones y comencé a acariciarle su vagina de forma directa, Sandra dio otro gemido y echó su cabeza para atrás diciéndome: Aay , ahí ya nooo. Luego, volvió a unir febrilmente sus labios a los míos, su conchita se encontraban muy mojados de sus propios jugos. Comencé a meterle un dedo en su lubricada y caliente vagina, ella gemía con su boca pegada a la mía, despegué mis labios de los suyos y besé su cuello de forma ardiente, otra vez echó su cabeza para atrás diciéndome con voz entre quebrada:Aaaaayyy, yaaa, no me vaya ha hacer moretones. Seguí besándole su cuello, metiendo y sacando cada vez más rápido mi dedo en su vagina, los gemidos de Sandra aumentaron en intensidad.

Continué besándole su cuello como loco, mi dedo siguió entrando y saliendo de su caliente vagina, se escuchaba el chasquido que mi dedo hacía en ese mete y saca, ella gemía y temblaba encima de mi, con sus manos me apretaba mis hombros que era de donde me tenía agarrado; llegó el momento en que con una de sus manos le dio un fuerte jalón a mi brazo haciendo que mi dedo saliera de su vagina diciéndome: Yaaa, yaa, basta. Aproveché ese instante para desabrochar mi cinturón, aunque a Sandra la tenía sentada sobre mi, alcé un poco mi cintura con todo y su peso para poderme sacar mi pantalón y mis calzones, quedando los mismos a la mitad de mis muslos, mi pene bien erecto rozaba las pantaletas de ella. Sandra al darse cuenta de esto me dijo con voz temblorosa: ¿Qué pretende? No, eso ya no. Acariciándole sus nalgas y besándole su cuello balbuceando le dije: Quisiera que me pudieras sentir un momento. Pasados unos instantes Sandra empezó a gemir otra vez por las lamidas que le daba en su cuello y con voz de clara excitación me dijo: Si quiere métala un poquito, pero la saca cuando yo le diga.

Con mis manos levanté un poco sus nalgas y jalé sus pantaletas hacia un lado, acomodé mi pito en la entrada de su vagina y se lo comencé a meter, mi miembro fue resbalando hasta entrar todo, ella se quejó muy fuerte: Aaaay, haaa, huuu. Con mis manos puestas en sus nalgas comencé a hacer que las subiera y bajara sobre mi verga, Sandra gemía, al cabo de unos instantes solté su trasero y ella sola siguió moviéndose, aparte de gimotear empezó a jadear, luego entre sus jadeos y gemidos me dijo: Aay , haaa ¡Nos van a ver! ¡Nos van a ver! Yo le contesté: No, nadie nos ve. Sandra continuó moviendo su cintura y sus nalgas encima de mi pito, cada vez lo fue haciendo más rápido y más fuerte, podía yo sentir como una buena porción de mi verga entraba y salía de su concha.

Quise desabrocharle los botones de su vestido para poder llegar a sus senos, pero no podía hacerlo, parecía como si estuvieran atorados, por la excitación que tenía y desesperado por no podérselos desabrochar le di un jalón a su vestido en esa parte, los botones se desprendieron y cayeron, rompiéndose una porción del frente de su vestido, ella me dijo: Aay , noo ¿Qué hace? Sus senos quedaron al descubierto sólo tapados por su sostén el cual se lo subí liberándolos, comencé a chupárselos como un loco, eran realmente enormes, ella empezó a darse sentones más fuertes sobre mi verga, se podía escuchar como sus nalgas chocaban y rebotaban contra la carne de mis muslos, su cabeza la hecho hacia atrás agarrándose con sus manos de mis hombros y enterrándome ahí sus dedos, nunca había tenido encima de mi unas nalgas tan grandes.

Los sentones que Sandra se deba sobre mi pito eran a tal grado que la camioneta se movía, su cabeza la seguía teniendo echa hacia atrás, con mi boca le lamía sus grandes senos; ella continuó jadeando, gimiendo y moviéndose encima de mi, debido a esos movimientos tan rápidos que ella hacia, empecé a sentir ganas de eyacular, para aguantar más le dije: Vamos a cambiar de posición, bájate un momento. Sandra detuvo sus movimientos, se hizo hacia un lado saliéndose mi verga de su vagina; quedó sentada sobre el asiento a un lado mío, respirando de forma agitada; aproveché para terminarme de quitar mi pantalón y mis calzoncillos, ella no me decía nada, se arregló su sostén cubriendo sus senos, se quiso abrochar su vestido pero no había forma ya que estaba sin botones y roto de enfrente.

Le pedí que se pusiera sobre el asiento en cuatro patas, ella en voz baja y con un marcado tono de nerviosismo me dijo: Noo, ya debemos parar esto. Yo le insistí diciéndole: Vamos, por favor. Ella me respondió quedamente: Pero me da vergüenza ponerme así. A pesar de haber dicho eso observé como lentamente se fue acomodando en esa posición sobre el asiento de la camioneta, me coloque atrás de ella y en la parte de su trasero le subí su vestido por encima de su cintura. Sandra al sentir eso volteó y me dijo con voz temblorosa: Nooo ¡No haga eso! Aún que replicó siguió colocada en esa posición,  pude tener a la vista sus grandes y lindas nalgas, le bajé delicadamente sus pantaletas hasta la mitad de sus muslos, ella volteando hacia atrás para verme de inmediato me dijo: Aay , no, no, no las baje. Pero no obstante de ese reclamo continuó puesta en cuatro patitas sin que se moviera de ahí; puse una de mis rodillas en el asiento y la otra pierna la bajé al piso de la camioneta, le acomodé mi pito en la entrada de su vagina, se lo froté en ella durante algunos segundos, Sandra gemía ligeramente; luego, de un sólo empujón se lo metí todo, ella al sentir eso gritó: Haauu, despaciooo.

Me comencé a mover lentamente haciendo que la totalidad de mi miembro entrara y saliera de la panocha de Sandra, la linda sensación que yo sentía es inenarrable, ella se quejaba quedamente, con esos movimientos lentos disfrutaba cada centímetro caliente y húmedo del interior de su cuevita; poco a poco me fui moviendo más y más rápidos, hasta que llegó el momento en que el mete y saca era a toda velocidad, yo me mantenía agarrado de los costados de su cintura, mis músculos golpeaban fuertemente sus nalgas, otra vez estábamos moviendo la camioneta, sus gemidos aumentaron en intensidad y comenzó a jadear notoriamente, con sus uñas rasguñaba el asiento, mis testículos rebotaban en su trasero; Sandra resoplaba y se quejaba sin parar.

En ese momento encendieron las luces de un coche que estaba cerca de nosotros, Sandra dijo: ¡Ya nos vieron! De inmediato se sentó en el asiento saliéndose mi pito de su conchita, yo igualmente me senté junto a ella, de forma rápida se jaló su vestido para taparse su pecho, lo mantuvo agarrado con una mano porque no lo pudo abrochar ya que estaba roto de enfrente y se le habían caído todos los botones; sus pantaletas las tenía a medios muslos, ahí sentada se las jaló como pudo acomodándoselas; el coche que había encendido sus luces al pasar junto a la camioneta dio varios acelerones y luego se fue, con el ruido que el coche hizo y yo creo que también por los fuertes quejidos que Sandra estaba dando unos segundos antes, su bebé había despertado y comenzó a llorar.

Tomó a su bebé del asiento de atrás, empezó a mecerlo en sus brazos; luego, sacó una lata de leche de una bolsa que traía y le preparó un biberón, el bebé se calmo, lo siguió meciendo, Eran las doce y media de la noche, Sandra me dijo: Ya me quiero ir, estoy preocupada por mi hijo. Me subí mis calzoncillos y mi pantalón y le pregunté: ¿Doña Lola tiene teléfono en su casa? Ella me contestó: Si, pero no tengo crédito en mi celular. Le dije: Si quieres llama del mío para que sepas como está y no vayas preocupada en el camino.

Sandra aceptó, le bajé al radio para que ella pudiera escuchar, como todo estaba en silencio oí que doña Lola le decía que su hijo estaba bien, que ya se había dormido, mencionándole que tratara de divertirse y que dejara de preocuparse. Sandra se despidió y concluyó la llamada, yo fingiendo no haber escuchado le pregunté como estaban las cosas, ella me dijo que su hijo estaba durmiendo y en seguida me mencionó: Ya lléveme, estoy muy nerviosa. Puse en marcha la camioneta y nos fuimos de ahí, Sandra volvió a pasar a su bebé al asiento de atrás, él ya se había callado con su biberón.

Al revisarse su vestido me dijo: No tiene ni un botón y toda la parte de enfrente se rasgó, cuando llegue a mi casa no se como voy a entrar, en el patio de la vecindad deben estar varios de los vecinos tomando, siempre se reúnen los viernes por la noche, se van a dar cuenta de las condiciones de mi ropa. Yo le dije; Discúlpame, no sentí haberlo jalado tan fuerte. Ella me mencionó: No es su culpa, se rompió por lo gastada que está la tela. Le dije: Antes de llegar a tu casa vamos a la mía para que te preste ropa. Sandra me contestó: No, mejor ya lléveme, alguien me puede ver que voy a su casa y habría problemas, ya veré como me las ingenio para entrar sin que se me note tanto.

Continué por la carretera, me di cuenta que Sandra veía su vestido con tristeza y preocupación, en ese momento a las afueras de la ciudad donde estábamos íbamos pasando por un centro comercial muy grande que recién habían inaugurado y pensando que en esos lugares hay tiendas que cierran tarde le dije: Quizás aquí te pueda conseguir ropa.

Ella no me contestó nada, le fui dando vuelta al centro comercial, todas las entradas de los estacionamientos ya estaban cerradas, pero adentro había autos, lo que significaba que podía haber tiendas abiertas; junto al centro comercial había un motel, le dije a Sandra: Los estacionamientos ya están cerrados, vamos a entrar a este lugar para que no te deje en la calle, acá estarás segura mientras yo voy caminando a buscar una tienda de ropa. Al tiempo de decirle eso di la vuelta y entré al patio del motel, pienso que ella de tantas tiendas con anuncios luminosos que había no se enteró a que lugar entrábamos; un tipo me hizo señas indicándome hacia que cubículo me tenía que meter, al entrar llegó atrás de nosotros y cerró una cortina de metal que tenía una pequeña rendija que era por donde cobraban.

Me baje de la camioneta, me acerqué a la rendija y le pregunté a ese tipo si en el centro comercial estaría abierta alguna tienda de ropa, me contestó que no porque ya era tarde, pero me dijo que su patrón era dueño de un almacén de ropa que había junto al motel, que ya estaba cerrado, pero que si me urgía le podíamos pedir que abriera, le dije que si, le fui a avisar a Sandra que pronto regresaría: Ella me preguntó: ¿Donde estamos? Yo le respondí: Es un motel, me metí aquí porque el estacionamiento del centro comercial ya esta cerrado y no quise dejarte en la calle, iré a conseguirte ropa. Ella me dijo ya hablándome de tú: ¿Estás loco? No me dejes sola, me da miedo, traigo a mi bebé ¿Como se te ocurrió meternos acá? Yo le mencioné: Este lugar es seguro, tardaré sólo unos minutos. Sandra se quedó con un marcado gesto de angustia y enojo en su cara.

El chico que me estaba esperando me abrió la cortina y luego que salí la volvió a cerrar, nos dirigimos a la gerencia del motel, llegando le explicó a su patrón lo que yo andaba buscando y él me dijo: Acá en la gerencia tengo una entrada al almacén, vamos y ahí escoges lo que quieras. Nos metimos y encendió las luces, me puse a buscar la ropa, no sabía sus tallas, escogiendo al calculo le compre un cambio completo: Chamarra, playera, blusa, jeans, calcetas y unas botas. Pagué, les di las gracias, me regresé al cubículo donde estaba Sandra, al llegar a la camioneta le hice saber que había encontrado ropa, ella me dijo: Ya vámonos, no me gusta estar aquí. Yo le mencioné: Pero antes ponte la ropa porque de lo que se trata es que no llegues con el vestido roto a tú casa, bájate un momento. Ella descendió de la camioneta y me dijo: Esta bien, pero voltéate, no me veas. Sandra se iba a quitar el vestido ahí a un lado de la camioneta, yo le dije: Acá no, entra a la habitación. En ese momento abrí la puerta del cuarto y encendí la luz.

Ella se quedó mirando sorprendida y me dijo: No sabía que ahí había una habitación, pensé que esto era todo. Yo le mencioné: Deberías de meter a tú bebé un momento al cuarto, lo recuestas en la cama y te pones con calma tu ropa, acá afuera hace mucho frío. Sandra sin responderme entró a la camioneta tomó su bolso y cargó al bebé, nos metimos a la habitación y lo recostó en un extremo de la enorme cama que ahí había; puse a funcionar la calefacción, encendí la televisión con el volumen bajo y me acosté en el otro extremo de la cama, ella tomó la ropa y entró al baño para ponérsela, salió como a los diez minutos, cuando la vi me sorprendió, Sandra era linda, pero con esa ropa se veía espectacular, ella me dijo que todo le había quedado a su medida, que las botas eran medio número más del que usaba pero que le ajustaban bien, durante algunos instantes se estuvo viendo en un espejo, yo le decía que lucía hermosa, ella sólo sonreía.

En ese momento le dije: Recuéstate, descansamos unos minutos y luego nos vamos. Sandra sin contestarme nada se subió a la cama y se acostó junto a su bebé, es decir, en el otro extremo de donde yo estaba, le pregunté: ¿Porque te vas tan lejos? Ella me respondió: Para estar con mi bebé. Me quedé callado y Sandra al cabo de dos o tres minutos me preguntó ¿Quieres que me acerque a ti? Yo le dije que si, se fue moviendo en la cama aproximándose hacia mi, su cuerpo quedó a unos cuantos centímetros del mío, nos mantuvimos quietos por un rato, viendo la tv, los dos estábamos boca arriba, no nos decíamos nada hasta que ella me mencionó: Gracias por la ropa que me compraste, dime cuanto gastaste, ahora no podría pagártela, pero en unos días te daría el dinero. Yo le mencioné: No te preocupes, acéptala como un regalo, además, es lo menos que podía hacer después de haberte roto tu vestido. Sandra me dijo: Esta noche sólo he sido una molestia para ti. Yo le mencioné: Claro que no, esta noche es la más genial de mi vida.

Nos mantuvimos callados por otro rato, hasta que de reojo vi que a Sandra, le escurrían lágrimas de sus ojos, la voltee a ver y le pregunté: ¿Te pasa algo? Ella suspiró y me dijo: No, nada. Le mencioné: Entonces porque lloras. Sandra me respondió: Realmente no es nada importante, solo estaba recordando que cuando iba a la escuela y vivía con mis papás me encantaba esta marca de ropa que me trajiste, si mis papás me compraban de otra me enojaba mucho, una vez les boté unas blusas que no me gustaron; la vida da muchas vueltas, desde hacia años que no volvía a estrenar ropa de esta marca; bueno, pero no te amargaré más la noche con mis historias. A Sandra le seguían escurriendo lágrimas en sus mejillas, con una de mis manos se las limpié y le mencioné: Ya nada de llorar, una chica tan linda como tú nunca debe estar triste.

Al limpiarle sus lágrimas me pegué más a ella, Sandra se acurrucó recargando su cabeza en uno de mis hombros y en voz bajita me dijo: Es lindo este lugar Yo le mencioné que si y luego de un rato le dije: Hoy tuve un día pesado en el trabajo, tengo dolor de espalda, ya me hacia falta un momento de descanso. Sandra se quedó callada y pasados unos instantes me mencionó: Quizás un masaje te ayudaría. Yo le dije; Si, eso sería ideal. Sandra volvió a quedarse en silencio y luego de un rato me mencionó: Cuando era niña y mi papá llegaba cansado del trabajo, le sobaba su espalda, si quieres lo puedo intentar contigo. Yo acepté encantado. Estaba recostado boca arriba, Sandra se hincó en la cama junto a mi, se quitó su chamarra y me dijo que me pusiera boca abajo, al quedar en esa posición me comenzó a dar apretones suaves en la espalda, sobándomela de arriba hacia abajo.

Masajeó por varios minutos mi espalda y hombros, lejos de relajarme me comencé a excitar, mi pene paulatinamente se fue poniendo erecto; Sandra después de un rato me dijo: Colócate boca arriba para que te sobe tu pecho. Yo no quería hacerlo porque sabía que se iba a notar lo erecto que tenía mi miembro, sin embargo, no encontré excusa para decirle que no y me puse boca arriba, ella se quedó mirando el bulto que se hacia en mi pantalón y sonriendo nerviosamente me dijo: ¿Por qué estás así? Yo le respondí: Desde hace un rato que estuvimos en el mirador, me quedé excitado porque no alcancé a terminar, y con los masajes me sucedió esto, disculpa, no fue mi intención.

Sandra hincada a un lado mío siguió sonriendo tímidamente, luego se recostó junto a mí y me dijo: Pensé que hace un rato habías terminado dentro de mí, estaba preocupada porque en estos días dejé de tomarme mis anticonceptivos. Yo le respondí: No me dio tiempo de terminar. Sandra guardó silencio; luego de un rato se enderezó quedando sentada en la cama, se dio cuenta que mi pito seguía erecto y me dijo: Ya se te quedó así. Le mencioné: Me daré un baño con agua fría para calmarme. Ella se rió y me dijo: Que cosas se te ocurren, eso te haría mal.

Continué recostado boca arriba hasta que ella me mencionó: Si quieres, te puedo acariciar para que termines, no sería otra cosa, sólo caricias para no dejarte así. Yo le respondí: Claro, sería genial. Ella con voz nerviosa me dijo: Bien, iré al baño, mientras desabróchate tu pantalón. Yo estaba sorprendido por lo que Sandra me había ofrecido; no sólo me desabroché el pantalón sino que me lo quité por completo junto con mis calzoncillos, seguí acostado boca arriba con mi pene bien parado, cuando salió del baño se le quedó mirando fijamente por algunos segundos, luego se subió a la cama y se sentó junto a mi diciéndome: ¿Sabes? Eres un chico especial, si hago esto es para no dejarte con ganas, espero que no pienses mal de mí. Yo le mencioné: Claro que no. Ella me dijo: Sólo te acariciaré.

Sandra se hincó a mi costado, yo continuaba boca arriba; con una de sus manos suave y lentamente comenzó a acariciar mi pene, sus ojos estaban fijos en él, en ese momento no nos decíamos nada, la palma de su mano recorrió varias veces toda la punta de mi pito; luego, cerró su puño en él y me bajo el prepucio dejando al descubierto la cabeza de mi miembro, se le quedó observando por un momento y volteándome a ver con una sonrisa nerviosa me mencionó: Es lindo ¿Ya te lo habían dicho? Yo le respondí: No, eres la primera que me lo hace saber: Ella me dijo: No seas mentiroso. Y al mencionarme eso fue inclinando su cabeza hacia mi verga y me la empezó a besar, me dio cuatro o cinco besos tiernos en la palpitante, enrojecida e inflamada cabeza de mi pito; luego, comenzó a pasar su tibia lengua en esa parte de mi miembro, lo saboreo como si fuera un caramelo; en seguida, se lo introdujo lentamente en su boca hasta comerse la mitad, empezó a subir y bajar despacio sus labios; yo estaba sorprendido, no podía creer que Sandra por iniciativa propia me estuviera haciendo eso.

Así me la estuvo mamando por un buen rato, hasta que se detuvo, se sacó mi verga de su boca y comenzó a pasarme su lengua por mis testículos, recorrió cada centímetro de ellos al mismo tiempo que con una de sus manos me masturbaba lentamente mi miembro; en ese momento me preguntó: ¿Te gusta? Yo le dije: Sí, me encanta. Sus labios los regresó a mi verga para seguirla chupando, su cara estaba completamente sonrojada, sus parpados los tenía entrecerrados.

Sus carnosos labios se veían hermosos subiendo y bajando lentamente en mi pito, el cual, estaba empapada de su saliva y de los líquidos lubricantes que me salían, esos líquidos a ella también ya le habían humedecido todo el contorno de sus labios; en momentos se sacaba mi pito de su boca y me chupaba mis testículos y luego me lo volvía a succionar, cuando mi verga salía de su boca se estiraban entre la cabeza de mi pito y sus labios, hilos de mi liquido seminal, Sandra al ver esto sonreía tímidamente y se limpiaba de forma suave con una de sus manos. Todo lo que ella estaba haciendo me tenía sorprendido, yo pensaba que Sandra era una mujer fría, de acuerdo a los comentarios que su marido le había hecho a don Luís y que luego él me los platicó; sin embargo, en ese momento ella estaba demostrando lo contrario.

La mamada que me estaba dando era tan rica y excitante que sentí que mi eyaculación estaba por llegar, se lo hice saber, ella no se sacó mi verga sino que la siguió mamando con más intensidad, comencé a sentir como varios chorros de semen me salían, era una sensación delirante, Sandra gemía con sus labios apretados a mi pito, me exprimió hasta la última gota de esperma; luego, poco a poco fue disminuyendo el sube y baja de sus labios en mi pene hasta que lentamente se lo sacó de su boca, al enderezarse vi que mantenía sus labios bien apretados, reteniendo el liquido que yo le había depositado ahí, se levantó de la cama con una sonrisa pintada en su rostro y se fue al baño, escuché como abrió las llaves del lavabo y se enjuagó su boca; luego, regresó volviéndose a recostar junto a mi y con una risita tímida me preguntó ¿Te gustó? Le respondí: Fue algo increíble.

Ella me mencionó: Ya vámonos, me preocupa mi hijo. Yo le dije: Vuelve a llamarle a doña Lola, ahí está mi celular. Sandra me respondió: No, ya es tarde, me da pena hablar a esta hora, mejor vámonos. Le pedí que nos quedáramos unos minutos más. Sandra sin contestarme nada permaneció recostada junto a mí, ambos guardamos silencio por un rato, luego le dije: Lo que me hiciste fue fabuloso, me gustaría hacerte lo mismo. Ella me preguntó: ¿A que te refieres? Yo le dije: Me encantaría hacértelo oral. Sandra rió nerviosamente y me mencionó: No, eso no, así dejemos las cosas. Recostados como estábamos voltee a verla y le comencé a dar besitos en sus labios diciéndole: Por favor, mi amor, déjame besarte tu sexo. Sandra cerró los parpados de sus ojos sin contestarme nada.

Me enderecé quedando hincado en la cama, le quité sus botas, ella sin moverse y con sus ojos cerrados me decía en voz baja: Heey, espera ¿Qué haces? le desabroché su pantalón y lentamente se lo fui jalando, se le bajó junto con sus pantaletas, Sandra continuaba con sus parpados cerrados y diciéndome quedamente: Ya detente, no podemos seguir con esto. Sin embargo, a pesar de sus palabras ella permanecía inmóvil recostada boca arriba sobre la cama, le saqué por completo su pantalón y sus calzoncitos, quedó con sus piernas bien juntas, delicadamente se las separé un poco; debo decir que Sandra para haber tenido dos hijos lucia muy bien, no había en su cuerpo estrías ni marcas, su vientre era lindo y plano, había pocos vellos en su sexo, no porque se depilara sino porque se veía que naturalmente así era, sus vellitos delgados y rizados tenían una tonalidad dorada, su linda vagina de color rosado se notaba intacta, no parecía que de ahí hubieran salido dos bebés.

Me metí en medio de sus piernas, incliné mi cabeza y fui besándole sus rodillas y sus muslos, luego su entrepierna, hasta que llegué a su vagina, ahí le lamí de forma ardiente: Ella me decía con voz entre cortada: Nooo, nooo, me da vergüenza todo esto. Sin embargo, ahí permaneció permitiendo que yo siguiera adelante, casi de inmediato en que comencé a lamerle su vagina Sandra empezó a gemir; le recorrí su cuevita con mi lengua de arriba hacia abajo en varias ocasiones; localicé su clítoris y comencé a chupárselo, al mismo tiempo que uno de mis dedos lo metía y sacaba en su orificio vaginal, Sandra cada vez fue gimiendo más fuerte, me tomó de mi cabeza y empezó a mover su cintura levantando y dejando caer ligeramente sus nalgas sobre el colchón, sus puños los fue apretando en mi cabello, al mismo tiempo que me decía: Huuuy, haaa, se siente bieen, aay , haaa. Así estuvimos un rato, su cabeza la movía de un lado a otro hasta que comenzaron a aparecer unos espasmos en su estomago y vientre al mismo tiempo que gritando me decía: Yaa papi, yaaa, yaaa. La hice explotar por completo y luego separé mi boca de su conchita.

Hincado en medio de sus piernas, hice que se enderezara quedando sentada en la cama, la besé en la boca, ella respondió de forma apasionada, se notaba excitada; separé mis labios de los suyos, le quité su blusa y su playera, le desabroché su sostén y se lo quité también, quedó completamente desnuda, sólo con sus calcetas puestas, para ese momento ella ya no me reclamó nada, yo también me despojé de toda mi ropa, la recosté otra vez boca arriba y me subí sobre ella, le besé su cuello ardientemente, luego sus senos, dándome un banquete con esas enormes tetas, sus pezones eran hermosos, extendidos y de un color rosa tenue, sus puntas estaban erectas y duras, succioné un pezón y el otro en varias ocasiones, ella gemía dulcemente y de forma suave me acariciaba mi espalda; en seguida, me puse sobre su cuerpo de forma invertida, colocando mi cara en su vagina, mi pene quedó encima de su rostro, en un 69, comencé a besarle su conchita y a lamerle su clítoris, ella se metió mi pito en su boca mamándolo amorosamente, mi verga estaba bien erecta.

En esa posición estuvimos varios minutos, podía escuchar el sonido que hacían sus labios al estarme mamando mi pito, cuando yo arremetía con mi lengua en su vagina ella gemía sintiendo en mi verga las vibraciones de su boca; luego, me bajé de su cuerpo, me hinqué entre sus piernas, puse mi miembro en su concha y poco a poco se lo fui hundiendo, ella no replicó, cuando todo lo tenía adentro, comencé el mete y saca, con mis manos detenía sus piernas a mis lados.

Así le estuve dando un buen rato, ella gemía un tanto raro, era como si estuviera llorando; ahí hincado poco a poco fui aumentando la velocidad con la que la penetraba, podía ver como la totalidad de mi pito entraba y salía de su linda y mojada vagina, le solté sus piernas y me dejé caer sobre su cuerpo, Sandra con sus manos me acariciaba mi espalda, elevó sus piernitas y con ellas me abrazó mi cintura, yo le besaba su cuello, el mete y saca de mi pito era a una rápida velocidad, ella fue gimiendo más y más fuerte al mismo tiempo que me decía: Aay , papi, papi, me haces sentir. Sus jadeos eran intensos, con mis manos le acariciaba sus enormes senos, le lamí cada centímetro de su cuello; así estuvimos por varios minutos hasta que Sandra apretó sus manos a mi espalda y sus piernas a mi cintura, luego dio varios gritos prolongados y fuertes, hasta que poco a poco fue aflojando su cuerpo, quedándose callada y quieta.

Me separé de ella diciéndole que su pusiera en cuatro patitas, Sandra sin replica alguna de forma lenta se enderezó y se acomodó en la cama quedando empinadita, con sus rodillas puestas sobre el colchón, sus manos las estiró agarrando un cojín y apretando sus puños en el en espera de que mi pito la penetrara, la agarré de sus grandes nalgas, le acomodé mi miembro en la entrada de su vagina y de golpe se lo metí, ella pegó un grito diciéndome: Huuuy papi, despacito por favor.

Agarrado de sus nalgas comencé a hacer que toda mi verga le entrara y saliera de su rica panocha, ella empezó de nuevo a gemir, le jalé sus brazos y se los puse en su espalda, lo cual hizo que dejara caer su pecho y cara sobre la cama, de esta manera sus espectaculares nalgas se ensancharan más, en esa posición le comencé a dar arremetidas fuertes, metiéndole y sacándole lo más rápido que podía mi verga en su cuevita, se lo hice así por algunos minutos, Sandra con su cara enterrada en el colchón cada vez gritaba más fuerte, hasta que llegó el momento en que me decía: Aay , papi, papi, haa, yaa, por favor yaa, yaaa. Al soltarle sus brazos que tenía yo aprisionados sobre su espalda se dejó caer en la cama boca abajo saliéndose mi pito de su vagina, aún que ya no tenía mi pito adentro ahí recostada boca abajo en el colchón seguía gimiendo suavemente, me recosté de espaldas junto a ella  y le dije que se subiera en mí.

Sandra se enderezó lentamente, su respiración era aún rápida, su cuerpo estaba empapado en sudor, cuando se iba a montar le dije que lo hiciera dándome la espalda, ella sonrió nerviosamente, pero sin replicar se volteó en esa posición y se fue sentando lentamente sobre mi pito hasta metérselo todo; luego, comenzó a moverse despacio, poco a poco fue tomando velocidad hasta que se empezó a dar fuertes sentones sobre mi miembro, se encontraba inclinada agarrándose con sus manos de mis piernas, mi pene salía casi por completo de su vagina y luego se lo comía todo, sus quejidos de placer aparecieron otra vez diciéndome: Haa, haaay, que rico papi, haaa. Era hermoso ver su gran trasero subiendo y bajando sobre mi verga, así duramos algunos minutos, ella no paraba de gemir y jadear suavemente moviéndose a su gusto; luego, le dije que se volteara, Sandra se bajó de mí cuerpo quedando hincada a un lado, en seguida se volvió a montar de frente a mí, se fue metiendo muy despacio mi pene y cuando todo estaba adentro comenzó a mover sus nalgas y su cintura de una forma muy rica.

Metía y sacaba mi verga de su vagina y a ratos movía su cintura de atrás hacia delante, al cabo de unos instantes se daba fuertes sentones sobre mi miembro, sus grandes senos se los detenía ella misma con sus manos para que no se le menearan tanto, así estuvo un rato, hasta que llegó un momento en que su cabeza la echó un poco hacia atrás y sus ojos se pusieron en blanco, a los pocos segundos lanzó varios gritos diciendo: Haaay, papito, papito, yaa, yaa mi amor yaaaa. Arqueó su cuerpo hacia atrás deteniéndose con sus manos de mis muslos, así se quedó un momento, convulsionándose un poco; luego, se enderezó inclinándose hacia mi y me abrazó amorosamente, toda mi verga se le quedó adentro; por los gritos que había dado su bebé despertó y comenzó a llorar, ella no hizo caso, el bebé siguió llorando, Sandra seguía abrazada de mi, parecía como si no escuchara, entonces le dije: Mi amor, ve a revisar a tu hijo, estaá llorando mucho. Ella reaccionó y me contestó con una voz adormilada: Si, si, ya voy, perdón.

Se separó de mi saliéndose mi pito de su vagina, fue al otro extremo de la enorme cama a ver a su bebé, le empezó a decir palabras dulces tratándolo de calmar, lo cargo en sus brazos y así desnuda como estaba lo anduvo paseando por la habitación, la pude admirar por completo, realmente era una chica espectacular, tenía un cuerpo voluptuoso y sensual, su considerable estatura, su abdomen plano, sus anchas caderas, sus redondas y enormes nalgas, sus monumentales senos, su pelo dorado que caía como cascada por toda su hermosa espalda, su linda cara y su mirada de niña inocente, aunado a lo que me había demostrado que sabía hacer en la cama, era más que suficiente para quedar enamorado de esa mujer; me acordé de lo que me había dicho su comadre Lola con respecto a que el marido de Sandra andaba buscando pellejos teniendo en su casa un filete, Sandra era más que un filete, era el corte de carne más exquisito que había probado, creo que si ella hubiera sido mi esposa, la habría tratado como una reina para que nunca se fuera de mi lado.

Luego de que su bebé se durmió lo volvió a recostar en el extremo de la cama donde estaba antes de que lo cargara y me dijo: Vistámonos, hay que irnos porque ya es muy tarde. Vi el reloj, eran las tres de la mañana; Como no había eyaculado, yo seguía muy excitado, y esa excitación se acrecentó en mí al estar observando a Sandra dar vueltas por toda la habitación, completamente desnuda paseando a su bebé, me hizo verla con mucha pasión pero a la vez con ternura, entonces le dije: Recuéstate conmigo sólo unos minutos más y luego de ello te prometo que nos vamos. Ella replicando un poco en relación a que ya era tarde me hizo caso y se volvió a recostar, recargó su cabeza en uno de mis brazos y se pegó a mi cuerpo, seguíamos desnudos.

Comencé con el control remoto a cambiarle a la televisión, sintonicé un canal porno, Sandra al ver las imágenes me dijo: Déjale un momento. La escena que pasaban era de un tipo penetrando de perrito a una chica, Sandra se reía un tanto nerviosa de lo que veíamos, yo le pregunté: ¿Te gustan las películas porno? Ella me contestó: En mi vida sólo había visto una, fue hace varios años en compañía de la persona que hoy es mi esposo, en ese entonces sólo éramos novios, ese día terminamos teniendo relaciones sexuales, ya me lo había pedido varias veces pero yo no quería, me daba miedo porque era yo virgen, de hecho esa fue mi primera vez y con eso bastó para que quedara embarazada, como verás eso no me trae buenos recuerdos, no porque ahora me arrepienta de haber tenido a mi primer hijo sino porque creo que la forma y el momento no fueron los adecuados.

La película porno siguió, nos quedamos callados observando; en ese momento a la protagonista la penetraban por el ano, de reojo observé como Sandra al estar viendo esa escena tenía un gesto dibujado en su cara, la chica gritaba mucho con la penetración anal, Sandra seguía observando un tanto sorprendida, yo le pregunté: ¿Alguna vez tu esposo te ha penetrado de esa forma? Ella sonrió nerviosamente y me dijo: Noo, claro que no, Yo volví a preguntarle: ¿Y nunca te lo ha pedido? Sandra me respondió: Aay  que preguntas haces ¿Tengo que contestar? Yo le mencioné: Si tú quieres. Ella sonrió y me dijo: Hee, sí, alguna vez me lo llegó a pedir, o más bien varias veces, pero jamás he querido, pienso que debe ser doloroso.

Sandra se enderezó en la cama y me dijo: Ahora si ya vámonos, son casi las cuatro de la mañana. Yo le mencioné: Heeey, espera, mi amor, el estar acá contigo para mí es un sueño, deja que dure un poco más, te lo pido. Sandra sin decirme nada se dejó caer otra vez en la cama, me volteé hacia ella abrazándola y le mencioné: Hace un momento cuando te separaste de mí porque tú bebé lloraba, ya no pude terminar ¿Podríamos hacerlo un momento más? Por favor, no me dejes así.

Ella sonrió ligeramente mirándome en forma sarcástica, se rascó un poco la cabeza y me dijo: Ya es tarde, aparte me siento mal por lo que estoy haciendo, me remuerde la conciencia, mejor vámonos. La miré y le dije: Esta bien, como tú quieras. Ella se enderezó en la cama quedando sentada ahí junto a mí, yo seguía recostado boca arriba, después de unos segundos volteó a verme y con una tímida sonrisa me mencionó: ¿Sabes? No puedo decirte que no con esa cara de niño triste que pones; quedémonos unos minutos más. Yo le dije: Gracias mi amor. Luego le pregunté: ¿Podrías volverme a dar besitos en mi miembro? Sandra me dijo: ¿Otra vez? No me gusta hacer eso, eres la primera persona a quien se lo hago, ni siquiera a mi esposo se lo había hecho, aunque, mmm, si quieres lo hago, pero serían sólo unos segundos y ya heee.

Me puse de pie en la cama y le mencioné que así me lo hiciera, ella me preguntó: ¿Por qué así? Mejor acuéstate. Yo le mencioné: No, así, anda, por favor. Sin contestarme nada se hincó en la cama frente a mi pene con sus piernas bien juntas, con una risita nerviosa pintada en su rostro le dio varios besitos a la cabeza de mi pito y luego comenzó a succionarlo de forma muy rica, mi pito que de por si ya estaba a una media erección de inmediato se puso duro como una piedra, creciendo en su totalidad adentro de su boca; Sandra metía y sacaba una buena parte de mi miembro, a la vez que con una de sus manos me acariciaba mis testículos, era muy excitante verla desnuda de rodillas ahí frente a mi mamando mi verga, sus parpados los tenía cerrados.

Con mi pito adentro de su boca comenzó a gemir, eso me hacía suponer que lo estaba disfrutando, la velocidad del mete y saca cada vez fue más rápida, pensé que en cualquier momento iba a detenerse puesto que me había dicho que sólo lo haría durante unos segundos; sin embargo, siguió mamándomela por varios minutos, sus dientes en ningún momento me raspaban, sólo sentía su lengua y sus carnosos labios, era una mamada realmente rica, con una mano me tenía agarrado de mi pito y con la otra me seguía acariciando mis testículos, más de la mitad de mi verga entraba y salía de su boca, por la fuerte velocidad que estaba imprimiendo comencé a sentir ganas de eyacular, en ese momento le dije: Me vas ha hacer terminar. Ella continuó chupándomela velozmente, hasta que le mencioné: Sandra, me voy a correr. Sacó mi pito de su boca, con una mano me masturbo y lo dirigió a su pecho, volteando su cara hacia un lado y cerrando sus ojos, comencé a eyacular, salio mucho líquido el cual le escurrió por sus tetas y su abdomen.

Cuando Sandra se dio cuenta que había yo terminado por completo soltó mi pito, tomó papel sanitario y comenzó a limpiarse, yo le dije: Porque no mejor te bañas, yo aprovecho y me baño contigo porque ya sudé demasiado. Ella me contestó: Si, creo que eso haré porque esto que me echaste tiene un fuerte olor. Se quitó sus calcetas, nos metimos a la regadera, el agua estaba muy rica, nos comenzamos a enjabonar cada quien por su lado, todo iba bien, pero cuando vi que Sandra se estaba lavando su sexo, nuevamente me excitó mucho, sin decirle nada la abracé y la comencé a besar en la boca, ella también me abrazó y respondió a mi beso, le acaricié su espalda y sus nalgas, el agua nos caí en nuestros cuerpos; seguimos con ese beso apasionado que se prolongó por varios minutos, tomé una de sus manos y la puse en mi pene, ella comenzó a acariciármelo, mi pito de nueva cuenta se puso a tope.

Dejé de besarla, le dije que quería volverla a penetrar, ella con un ligero movimiento de cabeza me dio a entender que estaba de acuerdo, la fui acomodando inclinándola hacia el frente, la tome de sus grandes nalgas poniendo mi pito en la entrada de su rica vagina y se lo metí, ella estaba empinada agarrándose con sus manos de sus propias rodillas ofreciéndome su lindo y enorme trasero; agarrado de su cintura le comencé a dar fuertes arremetidas, Sandra pujaba cada vez que mi pito le entraba hasta adentro.

Luego de estar un rato así, se enderezó haciendo que mi pene saliera de su vagina, me dijo que ya se había cansado de estar doblada; se volvió a inclinar hacia el frente pero ahora recargó sus manos en la pared, poniendo nuevamente a mi disposición sus suculentas nalgas diciéndome: Así sigue. De inmediato le hice caso, mi pito volvió a buscar la entrada de su vagina y de nueva cuenta la penetré, le acariciaba su espalda y su trasero, al mismo tiempo que mi pito entraba y salía de su caliente conchita; tomado de sus hombros comencé a darle fuertes embestidas, mi pene lo hacia yo salir casi por completo de su cuevita y luego de un sólo golpe se lo volvía a meter, cada vez que hacía esto ella lanzaba un grito entre dolor y placer, me fui moviendo más y más rápido, hasta que la velocidad del mete y saca era al máximo, Sandra gemía y jadeaba como si estuviera llorando diciéndome: aah, papi, aaah, cielo, Aaaaay mi rey, aaay .

Le continué metiendo y sacando mi verga en esa posición durante algunos minutos, ella no dejaba de gritar, la acústica del baño hacia que sus gritos, jadeos y gemidos se oyeran muy fuertes; al verla que estaba tan excitada aproveché y embarrándome uno de mis dedos con jabón, comencé a metérselo en su ano, ella al principio no dijo nada; sin embargo, cuando la mitad de mi dedo ya estaba adentro de ese orificio, jadeando me volteó a ver diciéndome: aay, haa, nooo, ahí, no, me dueleee. Yo seguí metiéndole y sacándole mi verga en su vagina, de momento no hice caso a su reclamo y continué con mi dedo dentro de su culito, pero, al quererle meter más, ella se enderezó, haciendo que mi pito y mi dedo salieran de sus orificios, le pregunté: ¿Por qué te quitas? Ella me respondió: Lo que me estas haciendo me duele. Sin decirme más, tomó una toalla y comenzó a secarse el cuerpo.

Le mencioné: Perdóname, pensé que te iba a gustar ¿Te enojaste? Sandra me respondió: No me agradó que me tocaras ahí. En seguida me dijo: Ya me dio frío. Nos pasamos a la habitación y le mencioné: Otra vez me quedé a la mitad, nunca terminé. Sandra un tanto seria me contestó: Es tu culpa, así que ya vámonos. Me quedé callado, me senté en la cama y me sequé mi cuerpo con una toalla, ella se fue del otro lado a donde estaba su bebé; sentado en la orilla del colchón me puse mi camisa, pensé que Sandra también se estaría vistiendo, pero cuando me di cuanta estaba atrás de mi, seguía desnuda, me acarició mi pelo y me dijo: ¿Estas molesto? Yo le mencioné que no. Sandra me abrazó por detrás hincada ahí en la cama y me dijo: ¿Sabes? Esta ha sido una linda noche.

Continuó abrazándome por mi espalda y luego de unos instantes me mencionó: Si quieres hazme el amor por detrás, me da miedo, pero podemos intentarlo, quiero que seas tú el primero que me lo haga de esa forma. Se bajó de la cama así desnuda como estaba, se sentó junto a mí y me dio un tierno beso en la mejilla; luego, sin decirme nada se hincó en el piso, se metió en medio de mis piernas, tomó mi pito con una de sus manos y delicadamente me lo empezó a mamar, lo chupó durante dos o tres minutos de una forma muy amorosa, sus labios subían y bajaban lentamente en mi verga, sus ojos los mantuvo entre cerrados; luego, dejó de mamármelo y haciendo mi pito hacia arriba me lamió mis testículos con mucha pasión, pude observar como en ese momento sus ojos los tenía en blanco, hubo un instante en que balbuceando me dijo: Que ricas bolas y que sabroso pene tienes. Esa frase me sorprendió que saliera de la boca de Sandra.

En seguida se puso de pie y con su mirada hacia abajo me preguntó: ¿Qué quieres que haga? Me levanté de la cama y la besé en la boca, ella respondió a ese beso amorosamente; luego, le pregunté: Estas segura que quieres que te lo haga por detrás. Sandra tímidamente me respondió: Creo que si, sólo te pido que lo hagas con cuidado. Le mencioné que se colocara en la posición de perrito, ella sin replicar así se puso en la orilla de la cama, al verla en cuatro patas con su enorme trasero a mi disposición, hizo que mi miembro casi reventara de lo erecto que lo tenía; parado sobre el piso me coloqué atrás de ella, le acaricié sus enormes nalgas diciéndole: Te la voy a meter un momento por tu vagina. Ella me contestó: Si papi. La penetré por su conchita, ella en cuanto sintió que mi verga le entraba se quejó suavemente diciéndome: Aayy que ricaa está.

Me mojé con saliva uno de mis dedos y comencé a hurgarle su ano, lentamente se lo fui metiendo tratando de no lastimarla, ella al sentir eso me decía: Haaay, humm, despacito, despacito por favor. Mi dedo poco a poco fue penetrando el apretado culito de Sandra, ella gemía ligeramente y en momentos daba leves quejidos de dolor, yo le decía palabras de amor para tranquilizarla y le acariciaba su espalda; continuaba metiéndole mi verga en su vagina muy lentamente, llegó el momento en que todo mi dedo estaba adentro de su ano, entonces, lo comencé a mover despacio, Sandra se quejaba levemente al mismo tiempo que continuaba diciéndome que lo hiciera con cuidado.

Después de un rato le saqué mi dedo de su ano al mismo tiempo que puse mí verga en la entrada de ese reducido orificio, ella volteó y me dijo con voz temblorosa: Tengo miedo. Le mencioné que se tranquilizara y muy lentamente comencé a meter mi miembro en su apretada colita, ella se agachó en la cama pegando su cara en el colchón, sus brazos y manos los estiró hacia el frente apretando con sus puños la colcha de la cama, mi pito fue entrando poco a poco y con cierta dificultad en ese estrecho agujero, ayudó mucho el que estuviera embarrado de sus líquidos vaginales, Sandra comenzó a quejarse: Aayyy, aaaah, despacio, despacio. Cuando ya tenía la mitad de mi pene dentro de su ano le pregunté: ¿Te duele? Ella me contestó con voz entrecortada: Siií, me duele, me duele mucho.

Continué empujándole muy despacio mi pito, la estrechez de su ano me lo ligaba, hasta que me di cuenta que ya había entrado todo; agarrado de su cintura comencé a moverme de forma lenta, ella se quejaba dolorosamente: Aauu, huuy, me lastima, está muy grande, me lastima mucho. Seguí con movimientos lentos, una porción corta de mi pene entraba y salía de su colita, poco a poco y al cabo de un rato sus quejidos de dolor fueron disminuyendo, Sandra comenzó a jadear; la parte de mi pito que entraba y salía del ano de Sandra cada vez fue siendo mayor; continuaba yo con movimientos lentos; ella aparte de jadear empezó a gemir y esos gemidos se escuchaba que ya eran de placer: aaaahhhh, papito, papito lindo.

Continué moviéndome atrás de ella tomado de su cintura, poco a poco comencé a darle arremetidas más fuertes, hasta que llegó el momento en que mi verga entraba y salía a toda velocidad de su apretado culito, mis testículos chocaban contra sus enormes nalgas, Sandra para ese instante gritaba muy fuerte: Haa, haa, aay, papi, papi, te amo, te amo, aay, haag, haaa. Pegó su cara al colchón para ahí ahogar sus gritos, sus puños seguían bien apretados a la colcha de la cama, mi verga continuaba penetrando su ano con mucha fuerza, Sandra con su boca pegada en el colchón de la cama pujaba y decía cosas que yo no podía entender.

En ese momento sentí que mi eyaculación ya no la podía detener, le di algunas embestidas más hasta que chorros de semen caliente comenzaron a salir de mi pito inundando su orificio anal, me moví como un loco detrás de ella hasta expulsar todo mi esperma, Sandra por su parte gritaba como desesperada con su boca pegada al colchón. Mis movimientos fueron lentamente desminuyendo hasta quedar inmóvil agarrado de su enorme trasero, los dos jadeábamos sin parar; me separé de sus nalgas y me recosté boca arriba en la cama, Sandra se dejó caer boca abajo a un lado mío, no nos decíamos nada, sólo se escuchaban nuestras agitadas respiraciones, pasados unos instantes ella se enderezó, en su cara se le notaba sueño, me dijo: son las 6 de la mañana, descansemos 10 minutos y nos vamos. Le dije que si, nos metimos debajo de los sarapes, se puso de lado y yo la abracé por su espalda pegándome completamente a ella.

Sin sentirlo nos quedamos dormidos hasta las nueve de la mañana cuando nos despertó el llanto del bebé, ella se levantó de forma precipitada y al ver la hora se asustó, de inmediato nos comunicamos con doña Lola, nos dijo que todo estaba bien, nos fuimos y las cosas no pasaron a mayores, ya que el esposo de Sandra no había llegado a su casa esa noche. Después de platicar con ella en tres o cuatro encuentros más que a escondidas tuvimos, comprendió que la vida que estaba llevando con su esposo no la merecía ni ella ni sus hijos, aparte de que en esos encuentros hicimos el amor de una forma muy apasionada, al poco tiempo se volvió a acercar a sus papás reconciliándose con ellos; inició un juicio para divorciarse de su esposo, actualmente ya no vive con él, renta un lindo departamento donde habita con sus dos hijos, tiene un buen empleo en una empresa de una de mis amigas la cual la ha ayudado mucho, creo que ahora tiene una vida tranquila y feliz.

Si tienen algún comentario los agradezco.

Autor: lobomarron

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10 comments

  1. Excelente muy bien un poco fantasioso yo diría pero bueno
    Me gustaría ver una de sus fotos para ver que bella es como la escribes y si ya vives con ella o aún no
    Te felicito

     
  2. En qué momento rentaron la habitación imbécil. Estaba interesante pero luego resultó ser un invento con lo anal en la primera cita así como el sexo en la primera cita.

     
  3. Muy buena experiencia te felicito pk pudiste ser buen hombre semental y por tu paciencia pudiste comerte un buen culito..y de paso le diste a dar cuenta k comomujer se merecía un buen hombre….

     

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