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MI COMPAÑERA DE JUEGOS

7 de septiembre de 2006

Hace pocos años, pasé una tremenda experiencia, con una ahijada de la que era mi esposa en esos momentos. La chica cuando la conocí, pensé que se trataba de una niña ya casi adolescente. Aunque me había hecho el firme propósito de no tocarla, por considerarla menor de edad, la nena como yo le decía, logró seducirme al punto que finalmente llegué acostarme con ella. Aunque no me arrepentía de haberlo hecho, ya que disfruté enormemente con ella en la cama, sí me sentía mal por dos cosas, una que para mi era una menor de edad y la otra es que se trataba de la ahijada, de la que era mi mujer como ya les dije. Pero mayor sorpresa me llevé yo cuando mi esposa me comentó con una sonrisa de oreja a oreja, que su ahijada le había ido con el cuento a ella. Digo me sorprendió, ya que aunque mi ex-mujer era de mente sumamente abierta, no esperaba que lo tomase de esa manera, pero más me sorprendí, cuando también me dijo que su ahijada, realmente tenía su misma edad. Que se trataba de una amiga de su niñez, que ella que por uso y costumbre la llamaba madrina y ella a su vez le llamaba ahijada. Las dos habían estudiado juntas y realizado mil travesuras, antes de que mi ex-esposa me conociera y se casase conmigo.

La cosa es que yo en medio de todo caí por inocente, en esos momentos. Bueno por otras causas finalmente me divorcié de mi tercera esposa y no la he vuelto a ver desde hace tiempo. Pero a su amiga, Silvia la que yo pensé en cierto momento que era una preadolescente y resultó ser una enana, de las que según un medico amigo mío, después de que se la describí me dijo que era del tipo liliputiense, o sea que proporcionalmente es una persona de estatura muy pequeña. A diferencia de los otros tipos de enanos que no las mantienen.

Pero volviendo al tema, un buen día me la encontré en la calle, para ser más preciso estaba sentada en el lobby del hotel, en el que yo me encontraba terminando de realizar una negociación, en esos momentos. Para variar vestía casi como una niña de escuela, medias blancas tobilleras zapatos escolares de color negro, con una faldita a cuadros, una blusa de mangas cortas de color blanco, su cabello sujeto por dos crinejas y hasta un pequeño bulto sujeto a su espalda como las niñas de escuela. Al principio no la reconocí, pero cuando esa aparente jovencita, no dejaba de mirarme de manera seductora, me llamó la atención. No fue hasta que esbozó su seductora sonrisa, que la pude reconocerla a ella y acordarme de todas las travesuras, que habíamos hecho los dos en mi casa.

Después de saludarnos, nos pusimos a charlar por un buen rato, fue cuando me enteré que se dedicaba al oficio más antiguo del mundo, pero con la peculiaridad de generar en sus clientes, la ilusión de que ella era una menor de edad. Experiencia que en parte, yo ya había vivido con ella, mientras conversábamos despreocupadamente, coloqué una de mis manos sobre el muslo derecho de Silvia, muy cerca de sus entrepiernas, cuando una señora mayor, se me quedó viendo de una manera tan desagradable que entendí de inmediato la razón de su enojo. Pero justo en ese momento, llegó el cliente que Silvia esperaba, un hombre bastante mayor, con una facha de abuelo buena gente.

Tras despedirse de mí, me dio el número de su portátil y quedamos en comunicarnos. Como a la siguiente semana, al encontrar su número en mi cartera, decidí llamarla únicamente con el fin de saludarla. Cuando escuché por el teléfono una tierna voz infantil, pensé que me había equivocado, pero de inmediato ella me reconoció y siguió hablando de manera normal, fue después que me dijo que era parte de su modo de ganarse la vida, después de lo cual la invité a cenar, para seguir charlando sobre nosotros. Quedé en pasar a buscarla por su apartamento, al llegar esperaba que vistiera de manera normal, pero nuevamente me encontré con casi una preadolescente. Aunque bien arreglada, cualquiera que no la conociera, pensaría que se trataba de una niña menor de quince años. Por suerte se me ocurrió decirle que ella e

scogiera al restaurante que quisiera ir, por dos cosas, una de seguro ya la conocían lo suficiente como para no estar jodiendo pensando que se trataba de una niña y lo segundo es que así se sentiría mucho más confiada.

No es que yo pensara hacerle nada malo, pero entendí que ella se sentiría mucho mejor, como en efecto sucedió. Apenas llegamos al restaurante, el jefe de los meseros casi la carga en sus brazos como si fuera una niña pequeña, apenas nos sentamos el mismo jefe de los meseros, le trajo su bebida favorita, mientras que yo esperé a que me trajeran una cuba libre. La verdad es que se veía tan convincente con esa ropa puesta y su manera de actuar, que realmente parecía una colegiala. En esos momentos Silvia usaba un corto vestidito floreado de color blanco, su pequeño bulto con la imagen de un dibujo animado de moda, de calzado estaba usando unas finas sandalias de color blancos, que hacían juego con toda su indumentaria. Su cabello recogido con una llamativa cola de caballo y más nada.

Cualquiera que no la conociera, pensaría que se trataba de un padre o abuelo, llevando a su hija o nieta a cenar. Silvia o la Nena como yo le decía en ocasiones, conversó conmigo sobre como se ganaba la vida, ya que aun siendo abogada, al parecer por su corta estatura y rostro tan infantil, nadie la quería contratar. En una de esas mientras charlábamos sentí de momento que algo me estaba tocando mis entrepiernas, era la nena haciendo una de sus travesuras. En cierto momento simplemente me dejé llevar por la situación en que nos encontrábamos y metiendo mi mano bajo la mesa lo dirigí directamente a su coño. Así mientras cenábamos estuvimos jugando un rato, hasta que llegó la hora de irnos, ya estaba ella sentada en el asiento mientras que yo le daba un fugaz beso antes de cerrar la puerta de su lado, cuando aparecieron varios policías, de inmediato me dieron la orden de poner las manos sobre mi cabeza, y la manera tan brusca en que me estaban tratando, fue al parecer por que alguien los había llamado, denunciando a un sucio viejo se encontraba corrompiendo, a una dulce niña. La verdad es que estuve a punto de que me arrestasen, de no ser por que Silvia de inmediato sacó su identificación, aclarando el mal entendido.

El resto del camino a su casa, casi no hicimos otra cosa que reírnos de lo sucedido. Hasta que ella de momento, sin decir más nada, colocó su pequeña mano izquierda sobre mi verga. Acto seguido se dio a la tarea de sacarla de su encierro, y sin perder tiempo de inmediato se puso a mamármela. Por suerte ya estábamos llegando a su casa, por lo que dejó de mamar y riéndose como quien termina de hacer una travesura me invitó a su casa. Invitación que acepté de inmediato, aunque estaba bastante conciente de quien se trataba, la ilusión que ella generaba con esa forma de vestir, de hablar y hasta de actuar, hacía que la situación fuera mucho más excitante de lo que era de por sí. Cuando entré me llevé una pequeña sorpresa, toda su casa parecía una casa de muñecas, grandes peluches, infinidad de muñecas de todos tamaños y colores adornaban tanto la sala, como el resto de su casa, hasta cuadernos y libros escolares se encontraban también por casi todos lados, eso sin contar la infinidad de fotos de ella misma vistiendo desde uniformes escolares, trajes de baños y vestidos infantiles, como también fotos bastante eróticas de ella misma.

Silvia me invitó a sentarme, casi de inmediato me trajo una bebida, de inmediato la escuché decirme con esa voz infantil. Papito, la nena quiera jugar. Siguiendo el juego le respondí de inmediato. Y la nena a que quiere jugar con su papito. A lo que ella poniendo cara de traviesa me respondió. Al Doctor y la enfermita. Yo me sonreí y le dije, bueno yo seré el Doctor y tu la nena que esta enferma. Poniendo mi cara bien seria le continué diciendo. Así que jovencita por favor quítese toda la ropita, que la voy a examinar profundamente. La Nena siguiendo el juego, que ella había iniciado, parada frente a mí imitando a una niña pequeña, moviéndose de lado a lado, me dijo. Doctor lo que pasa es que me pica mi cosita, al decir eso se levantó la falda del pequeño vestido, mostrándome sus infantiles bragas de algodón adornada con muñequitos. Yo le volví a decir, jovencita por favor quítese toda la ropita, que la voy a examinar profundamente.

De inmediato Silvia comenzó a qu

itarse su pequeño vestido, quedando únicamente con sus braguitas de algodón puestas, sus pequeños senos apenas algo desarrollados, quedaron completamente al descubierto, mientras que yo me la comía con los ojos, ella seguía actuando como si en realidad fuera una niña, pero más pequeña de lo que aparentaba realmente. Tomándola por una de sus manos la guié hasta frente a mi, coloqué mis manos sobre sus pequeños senos, y se los acaricié por unos instantes, como sí estuviera examinándola realmente, luego coloqué mi oreja pegada a su pecho y le dije que tosiera, realmente no escuché nada aparte del fuerte latido de su corazón. Pero poniendo cara de preocupación, le dije de inmediato. Esto no suena nada bien, mejor te acuestas en la camilla y te quitas la braguita, señalando el sofá de la sala, en ese momento la Nena hizo un pequeño berrinche, a lo que le dije, si te portas bien y me haces caso, te voy a dar un dulce, para que lo chupes hasta que te canses, como el que agarraste en el auto.

De inmediato Silvia hizo caso, se acostó en el sofá y ella misma se quitó la pequeña braga de algodón. Dejando su depilado coño, completamente al descubierto. Hasta en ese momento parecía una jovencita menor de quince años, quien diría que la Nena ya estaba por cumplir los treinta, fue cuando me acordé que cuando la conocí, sus senos como que eran más protuberantes, por lo que me dio algo de curiosidad y nuevamente me centré en ellos, mientras se los acariciaba observé una casi imperceptible cicatriz, en la parte inferior de ambos senos, al igual que alrededor de sus paraditos pezones. Poniendo mi voz más grave le dije. Jovencita le voy a practicar un examen de sus pechitos, me dice si siente algo, cuando lo esté haciendo.

Tras acariciar nuevamente sus pequeños senos, dirigí mi boca a uno de sus pezones los que chupé y hasta mordisqueé por unos instantes, hasta que la escuché ligeramente quejarse. Silvia siguiendo su juego me dijo en tono de reproche, pero Doctor yo te dije que me pica aquí y al decir eso abrió sus pequeñas pero bien formadas piernas, dejando por completo su depilado coño ante mi vista, mientras que con una de sus manos señalaba insistentemente su clítoris. Acto seguido centré mi atención en el área que me señalaba con tanta insistencia. Realmente lo que observé fue un hermoso coño rosadito sin un solo vello sobre su piel, de proporciones en apariencia algo pequeño, pero un buen coño al fin.

Lentamente con mis dedos separé sus labios superiores hasta que con mis dedos índice y pulgar, tomé su sonrosado clítoris, lentamente lo fui apretando entre ambos dedos, a lo que la Nena respondía diciendo ahí mismo es que me pica Doctor, si ahí mismo es, que rico. Por un corto rato me dediqué acariciar su ya inflamado clítoris, su vulva comenzó a humedecerse, mientras que con los dedos de mi mano izquierda, comencé a introducirle desde el índice hasta el anular, lentamente le fui palpando el interior de su vulva, hasta que ella dio un pequeño sobre salto y gimió de placer, por lo visto había tocado el famoso punto G. sin detenerme seguí tocando esa área con la yema de mis dedos, a lo que Silvia respondía contorsionando ligeramente su cuerpo de placer, gimiendo y lo que a mi me sorprendió, fue sentir como con su vulva a la vez que se la tocaba internamente, con ella me apretaba los dedos. Yo nada más de sentir eso, estaba súper excitado, deseoso de arrancarme toda la ropa y caerle encima.

Pero esa no era la parte del juego, que ella hubiera querido que yo siguiera, por lo que a pesar de mi excitación le dije, jovencita veo que estas muy malita, por lo que te voy a dar unos besitos en tu cosita para que te cures bien rápido. Sin perder tiempo dirigí mi cara directamente a su depilado coñito y con mi lengua comencé a lamer su clítoris. Silvia ya no gemía, más bien casi gritaba de placer.

Por un buen rato seguí dándole ese tratamiento, lamía, chupaba, y mamaba todo su coño. Al tiempo que yo le hacía eso con mi boca, con mis manos de manera apresurada, me fui quitando toda la ropa, hasta quedar del todo desnudo. Sus pequeñas manos las colocó sobre mi cabeza, y con fuerza me apretaba contra su pequeño cuerpo. Aunque su apariencia fuera de niña, los aromas, gemidos y gritos de mujer en celo que no los podía disimular o disf

razar. Así estuve lamiendo y chupando su divino coño, hasta que me aseguré de que ella había logrado disfrutar de un placentero y delicioso orgasmo.

La enana quedó casi desmayada, pero tan pronto me incorporé frente a ella, de inmediato se revitalizó del todo y aún en esa actitud infantil, me dijo. Papito la Nena quiere jugar a mamá y papá. A lo que yo le respondí, como tú quieras Nena. Debido a nuestra diferencia de peso y tamaño, la tomé entre mis brazos, cargándola mientras que yo tomaba asiento en el sofá, en que momentos antes ella había estado acostada con sus piernas completamente abiertas. Tras tomar asiento rápidamente Silvia se acomodó sobre mi cuerpo, pude ver como de manera casi sin esfuerzo alguno, como ella comenzaba a introducir, dentro de su depilado coño, completamente mi erecta verga. La sensación de tenerla cabalgando sobre mi cuerpo era algo especial. Con mis manos alcanzaba a acariciaba con fuerza, su clítoris y sus pequeños senos. Sus gemidos, sus gritos, el movimientos de sus caderas sobre mi cuerpo, sus lindas y blancas nalguitas que ocasionalmente me dejaban ver su colorado esfínter anal, su aroma de mujer, en fin toda ella era algo bien especial.

En cierto momento Silvia cambió de posición aún en pleno movimiento, hasta que su rostro quedó frente al mío, su rostro reflejaba un placer inmenso, las distintas caras que ponía, a medida que mi verga entraba y salía de su bien lubricada vulva eran algo indescriptible, para completar yo sentí como su coñito apretaba deliciosamente mi instrumento haciendo que sintiera un placer como hacía tiempo que no disfrutaba vi como sus pequeños senos bamboleaban de arriba abajo, o de lado a lado según se moviera ella sobre mi. Mis dedos aparte de explorar y apretar su acalorado clítoris, en ciertos momentos los pasé sobre su esfínter, a lo que ella respondía dando un brioso respingo. Sus pequeñas uñas se clavaban sobre mi piel, al momento en que tanto ella como yo alcanzamos un divino clímax. Tras lo cual poco a poco nos fuimos quedando tranquilos hasta detenernos por completo. Silvia se recostó sobre mi pecho y así permanecimos quien sabe por cuanto tiempo.

Cuando ella se separó de mi cuerpo de inmediato fue al baño para asearse del todo, de donde regresó completamente bañada de pies a cabeza, el agua aún chorreaba por sus parados pero pequeños senos, en una de sus manos traía una toalla húmeda, con la que sin perder tiempo se puso a limpiar mi verga.

Como que no habíamos quedado del todo saciados, ya que casi de inmediato la Nena siguió con su juego, diciéndome de manera infantil. Papito la Nena quiere ser ahora la Doctora. A lo que yo respondí, dándole un profundo beso en la boca, mi lengua se enredó con la de ella por un buen rato. Cuando nos separamos, la escuché decir a manera de juego, haciéndose la brava. No papito así no, yo soy ahora la Doctora, así que te toca ser el enfermito. Yo seguí con el juego y me senté en el sofá, mientras ella me preguntaba. Bueno ¿dime papito que es lo que te pasa? En ese momento lo único que se me ocurrió decirle fue, es que tengo un problema con mi amiguito, a lo que ella de manera ingenua, al mismo tiempo que me agarraba el pene, preguntó que le pasa papito a tu amiguito, se ve cansado. Pero el solo hecho, de que su mano me lo agarrase, fue más que suficiente, como para que se volviera a poner erecto entre sus dedos. Fue cuando le dije, ves Doctorcita no hace más que tú lo toques, que se pone duro como una piedra.

De inmediato Silvia imitando la curiosidad infantil, lo agarró con mayor fuerza entre sus dedos y comenzó a masturbarme divinamente. Hasta que se detuvo y me dijo, papito te voy hacer una prueba, aunque me parece que tu amiguito esta muy bien. Simplemente sin rodeo alguno se introdujo mi verga dentro de su colorada boquita, sus rojos labios chupaban deliciosamente el glande de mi verga. Yo estaba que casi no aguantaba las ganas de venirme, por lo que sin decirle nada la tomé entre mis brazos y sin que sacase mi verga de su boca, le di vuelta hasta que su coño quedó frente a mi boca, no perdí tiempo alguno y de inmediato me dediqué nuevamente a mamárselo, pero con la diferencia de que de cuando en cuando sacaba mi lengua de su coño y con ella lamía profundamente, el centro de sus blancas nalguitas. Cosa que cada vez que se lo hacía Silvia volvía a dar un brioso respingo.

Hasta

que después de un corto rato como que se acostumbró a que con mi lengua tocase superficialmente su esfínter, al principio después me centré en que cada lamida fuera en lo posible más profunda que la anterior. Hasta que dejando de mamar mi verga me dijo en su tono de voz normal pero casi suplicando, para mi mayor sorpresa. Papito métemelo por el culito, por fa. Yo dejando de lamerla entre sus nalgas le pregunté. ¿En serio quieres que te de por el culito? A lo que Silvia respondió que si. A pesar de todo eso me parecía un abuso, pero como fue ella la que me lo pidió, estaba dispuesto a penas escuchase el primer grito de dolor, suspenderlo. Pero para mi mayor sorpresa apenas comencé a penetrarla por el culo, el culito de Silvia se fue ajustando a mi verga de manera única, no se quejó, más bien fue a mi a quien le pareció demasiado rápida la penetración. La manera en que ella movía sus caderas con mi verga dentro de su culito era sorprendente. Yo la apretaba con fuerza contra mi cuerpo, una de mis manos se alojó por completo dentro de su coño, mi boca besaba y mordía sabrosamente todo el cuello y el rostro de ella, hasta que no la sentí gemir de placer no dejé de meter y sacar mi mano de su coño, al tiempo que mi verga entraba y salía de su culo.

Después de eso yo también me vine completamente del todo dentro del culito de ella, pero nos quedamos abrazados casi hasta la mañana del siguiente día. Cuando nos despertamos, Silvia rápidamente se volvió a dar otro baño, yo esperé que ella terminase de asearse y saliera de la ducha para también darme una buena ducha. Cuando salí del baño, ya ella me tenía un tremendo desayuno preparado, pero lo mejor de todo era que me lo sirvió completamente desnudita.

Apenas me tomé una tasa de café, cuando le dije en tono de juego, Papito quiere jugar con la Nena. Parándose a mi lado, con las manos en la cintura me preguntó ¿A qué? Fue cuando la tomé por la cintura, la levanté del suelo y la recosté sobre la mesa. De inmediato agarré la miel para endulzar las tortas y se lo fui regando por casi todo su cuerpo. De inmediato comencé a pasar mi lengua sobre su piel, mientras que Silvia se disfrutaba de lo que yo le estaba haciendo. Ya serían como las diez de la mañana cuando volvimos a tener otro divino encuentro. Toda ella llena de miel y yo lamiéndola de pies a cabeza, al terminar ambos nos bañamos juntos, sin dejar de besarnos y acariciarnos mutuamente.

Cuando nos estábamos secando de momento se acordó o por lo menos así me pareció a mí, de que tenía una cita con otro cliente, por lo que me pidió que la llevase a su encuentro, ya que prefería no salir de su casa manejando vestida de la manera en que estaba. Cuando finalmente se terminó de vestir, nuevamente parecía una inocente niña menor de quince años. Ya en el camino quedamos en vernos nuevamente la semana siguiente, en mi caso yo no era su cliente sencillamente era como me dijo ella, su compañero de juego.

Al llegar a la zona bancaria, sacó su portátil del bulto e hizo una llamada, en pocas palabras le dijo a la persona que le había atendido que ya estaba por llegar, después de eso colgó y me indicó que entrase directamente al estacionamiento de una de las principales firmas, ya dentro me pidió que la dejase frente a un ascensor de uso privado. Silvia completamente dentro de su personaje infantil, se bajó del auto alegremente, vestida con uniforme de colegiala y con su pequeño bulto sujeto a su espalda, una vez que yo me retiré lo suficiente, tocó el botón de llamada. A los pocos minutos se abrió la puerta, de ella salió el presidente de la firma en persona, quien después de dar un rápido vistazo, abrazó a Silvia y le dio un beso en el cachete, como si se tratase de su nieta. Después de ese corto encuentro la tomó de la mano y la condujo dentro del ascensor.

Después de eso e vuelto a jugar con Silvia, en ocasiones en mi casa y en ocasiones en la suya. Pero hasta donde tengo entendido, hoy por hoy, es una de las mejores pagadas en su particular oficio.

Autor: Narrador narrador (arroba) hotmail.com

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